26. Torpe

Si, soy torpe, lo admito… no se lo admito a él, pero me lo admito a mi. ¿Como terminé así? Por ser torpe, torpe, torpe. ¿Como puedo tropezarme así? Por estar mirando al baka más grande y más egocéntrico del mundo, oh sí, tiene el ego más grande que jamás haya visto.

El muy tarado estaba lo más tranquilo arrastrando las miradas de todas. Si solo hubieran sido las miradas no estaría tan enojada, pero él no se conforma con eso. El muy idiota le estaba firmando autógrafos a cuanta arrastrada aparecia y le inflaba un poco más su ya superlativo ego.

Y si.. ganar el partido de básquet, haber hecho trizas al equipo rival y encima lucirse en cuanto punto podía había sido demasiado para las hormonas alborotadas de todas las féminas de la escuela. El, feliz de la atención recibida, y a mi que me parta un rayo. Fue justamente en ese instante donde todo se vino abajo, literalmente. Para no tirarle algo por la cabeza y quedar en evidencia de mis celos. Porque si, estoy celosa. Yo se que es un tarado, idiota, egocéntrico, pero es mi tarado, mi idiota y mi egocéntrico y no puedo gritarlo a los 4 vientos. Así que me levanté de las gradas donde estaba mirando el partido con el resto de mis compañeras de curso excusandome con alguna tontería y ahí comenzó mi calvario. Pisé mal y caí poco elegantemente entre los asientos.

Al instante estaban las chicas preguntándome cómo estaba y unos segundos después era levantada en vilo y dejando a mis amigas con la palabra en la boca mientras me sacaban del lugar de una manera poco amable.

– “Pero qué diablos te pasa, bajame”

– “En la enfermería”

– “Bájame de una vez” – pero ya no contestó, estaba preocupado, yo lo sabía, pero mi orgullo siempre puede más. Cumplió con su palabra y solo me dejo cuando me depositó en la cama de la enfermería para que me revisaran.

– “Tienes el tobillo torcido” – nos informó la enfermera – “Deberás hacerte alguna placa para estar más seguros, pero no es grave, con reposo estarás bien”

– “Muchas gracias” – intenté ponerme de pie pero Ranma me cargó antes de que yo pudiera decir algo más – “No piensas llevarme a casa así ¿no?”

– “No” – y no pude hacer mucho más, aunque sabía que me estaba mintiendo, me cargó en su espalda y yo me aferre a ella, a pesar de que en cierta forma había sido su culpa.

Yo disfrutaba los momentos que podia estar asi con el, y no tener que esconderme.

Y así salimos de la escuela, ante la miradas de todos, sonrojados y callados, pero mi tobillo vendado les indicaba que algo mal andaba y por eso estabamos así.

Caminamos en silencio hasta casa, el no se atrevió a preguntarme porque me había caído y yo no pensaba admitir la verdadera razón de mi caída.