Capítulo 3. Deja vú

Advertencias: Participación de varias naciones. Sorpresas varias.
Summary: del origen de las naciones.
Fanfic: Hetalia
Autora: Mikki_chan
¡Dedicado a mi amiga Nikki y a Naiko!

• Fandom: Axis Powers Hetalia.
• Claim: Francia, Bélgica, Suiza, España, mención de las islas británicas. Aparición de Pueblos Celtas (Oc´s).
• Resumen: Nostalgia.
• Advertencias: Francia algo oc´s. Belgica, Suiza, y otros países. Las Galias (Oc´s). Mención de Roma, etc.
• Notas: El libro "Cesar", de Collen Mc Cullough me brindó información interesantes sobre la conquista de las Galias y su idiosincracia. Esto, aunado a lo leído en el libro “ El druida” de Lyewellyn Morgan sobre Vercingétorix me dio muchas ideas.
• Disclamer: Hetalia pertenece a Himaruya, el resto a mí 3.

Capítulo 3. Deja vú

Año 53 antes de Cristo

El mundo se estaba cayendo.

A pedazos, se caía.

Con la sangre de su hermana Belga aun en sus manos, Carnuta se dirigió al bosque sagrado. Las hermanas que conservaban aún su libertad estaban allí y era el día de la decisión.

La tan temida decisión.

Pero… lo que acababa de suceder lo cambiaba todo.. ¿o no?

Muchos eran los guerreros de la Galia libre que pululaban en la entrada del bosque. Reyes tribales, druidas, señores de la guerra.. pero todos se apartaron ante el paso de Carnuta no sólo por ser anfitriona del consejo de guerra –no por nada, el sagrado bosque de los carnutos, el lugar más sagrado de la Galia estaba en su casa- sinó más que todo, por lo que traía entre manos.

– “De modo que aquí estas, Galia Carnuta. Te esperábamos y…”

La voz, potente y viril, masculina y carismática, se detuvo en seco al ver el bulto que Carnuta cargaba entre sus brazos. Algo pequeño e insignificante. Un bultito de carne rosada y rizos de oro que rodeaban dos verdes ojos…

– “Belga dijo que tú debías decidir que hacer con ella…” –explicó Carnuta, mientras el alto jefe galo contemplaba con asombro el rostro infantil- “nació en casa de Belga”

– “¿Es su hija?”

– “Sabes bien que nosotras, las tribus galas, no podemos tener hijos Vercingétorix” –le recordó Carnuta- “podemos vernos como humanas pero no tenemos hijos, no somos…”

– “No son humanas, lo sé” –el guerrero contempló al adorable bulto rosa y oro- “¿estas segura que es…. Como tú? ¿Cómo ustedes?”

– “Si. Belga y yo estamos seguras. Es… como nosotras. Pero nació en las tierras de Belga no mucho después de que ella combatiera contra Roma”

Vercinguétorix tomó a la bebita entre sus brazos y acarició sus ricitos. Antes de devolverla a los brazos de Carnuta con preocupación.

– “No… ¿se supone que se vea así?” –dijo inquieto- “luce como una recién nacida.. increíblemente frágil e indefensa. ¿Es asi como son ustedes, es asi como debe de ser?”

– “No. Es lo que no entiendo. Es demasiado indefensa para ser una tribu, no sobrevivirá sin estar bajo el cuidado de otra… y Belga no esta en condiciones de ocuparse de ella. Está muriendo”

Vercinguétorix se sentó sobre una piel de lobo por allí y pareció pensativo.

– “Eso no puede ser. No lo puedo aceptar. Belga no va a morir, así como Helvecia no ha muerto aún y…”

– “Es lo que te venía a informar. Helvecia murió hace dos días. Murió al encontrar a un bebé.. que es como nosotras”

– “¿Dónde está? ¡quiero verlo!”

Carnuta negó con la cabeza.

– “Es insólitamente débil. Debe estar con una nodriza humana todo el tiempo o se enfría. La noche que murió Helvecia el niño estuvo a punto de morir dos veces de frío… por eso lo he dejado con cuatro nodrizas humanas que se turnen para tenerlo en brazos y mantenerlo cálido. Aunque eres tú quien decidirá finalmente que haremos con él”

Los ojos azules de Vercinguétorix contemplaron a Carnuta con suspicacia.

– “¿Qué quieres decir?”

– “Ninguna de nosotras puede tener bebés, y tu lo sabes” –le dijo la personificación de la tribu de los carnutos- “los escasos sobrevivientes de la casa de Helvecia dijeron que tú debías decidir si el bebé moría o no. Porque ellos ya ni siquiera saben si se harán llamar helvecios… son tan pocos, están esclavizados, humillados y acabados como galos libres. Roma y su Gobernador de las Galias * prácticamente acabaron con los varones helvecios. Supongo que por eso es que el bebé está más muerto que vivo”

El rubio Vercinguétorix se puso de pie y empezó a pasearse nerviosamente por la tienda. Tenía muchas cosas que hacer, mucho en que pensar, pero esto no lo entendía, ni él, ni los druidas, ¡ni siquiera las mismas personificaciones de las tribus entendían lo que estaba pasando!. Aquellos bebés… tan menudos, frágiles e indefensos como un bebé mortal cualquiera, aunque no lo fueran.

¿Qué eran esos bebés?. Las tribus decían que eran … algo como ellas, pero a la vez, no lo eran. Eran algo.. galos, pero a la vez no. Y eso era lo que confundía al Caudillo de la Confederación de la Galia Libre. Algunos murmuraban dejarlos morir, porque en plena batalla podían ser fácilmente conquistables por Roma. Además que lo ocurrido con la pequeña e irritable Helvecia le dolía profundamente.

– “El bebé nació… o mejor dicho, apareció, bajo el charco de sangre de Helvecia. Mis druidas tienen la opinión que el bebé robó lo que quedaba de la vida de ella… muchos dicen que si le hubiéramos matado o si le dejamos morir, Helvecia podría… “

– “¿Helvecia está muerta o no?”

– “Si. Muerta. Totalmente. Vi su cadáver y su cuerpo se extinguió después que ese bebé lloró”

– “Y.. ¿sus restos?”

– “Nosotras no tenemos restos. Helvecia quedó sobre la tierra muerta.. y se fundió con la tierra”

– “¿Qué tontería es lo que dicen tus druidas, entonces? ¿quieren matar al bebé? ¡que locura!, si Helvecia ha muerto y se ha fundido con la tierra, nada de lo que hagamos la regresará… ¡menos aún matar a ese bebe!”

– “¿Y esta?”

Vercinguétorix contempló los adorables ojitos verdes de la niña.

– “La pequeña hijita de Belga”

– “Pero… Belga no la ha tenido en el vientre..”

– “No sigas Carnuta. Sé que los bebés no son galos… pero de alguna forma… siento que son míos. Todos estos pequeños seres, que son o serán pueblos algún día, han ido apareciendo en las tierras aún llamadas Las Galias, después que yo hice el juramento de amarlas a ustedes. Se que entonces era todavía un niño y ustedes no me tomaron en serio, pero he estado preparándome porque siento que la misión de mi vida es proteger la libertad, nuestra forma de vida. Quizá sea tonto, pero estas pequeñas tribus o representaciones de pueblos futuros… siento que son míos, como si algo de Helvecia se hubiera quedado aquí, pese a que ella ya se ha ido… aunque yo le haya fallado”

Carnuta contempló al caudillo con expresión soñadora. Si, Vecingétorix había sido muy joven cuando se había enterado que ellas tenían forma humana, pero había sido sincero en jurar lealtad y amor hacia ellas desde que le conocieran –aquella tarde en que se reunieron- desgraciadamente, como bien dijo, ellas no habían tomado en serio sus juramentos, sus promesas y el amor del muchacho y habían seguido peleándose, luchando contra los romanos y entre si, dándole la excusa perfecta a Roma y a su Gobernador para intervenir y dividirlas, venciéndolas una a una; hasta que finalmente entendieron que las palabras y las promesas de Vercinguetorix eran ciertas y que debían unirse bajo su mando para permitirles seguir siendo libres.

Varias veces, durante los últimos años, Vercinguétorix había tenido que soportar la traición de alguna de las galias. Aun ahora, no todas las galias estaban unidas contra el invasor romano..**

Hedua luchaba con Roma, contra sus hermanas.***. Iberia era ya hace mucho tiempo una provincia de Roma, asi que estaba fuera de esta guerra….

De hecho, Vercinguétorix pensaba que Iberia era celta… pero que había dejado de ser gala hace mucho tiempo atrás… desde sus amores con Cartago.

Pero ahora.. estos bebés.. ¿Qué significaban?

Desgraciadamente, fue en esos momentos, al contemplar a la adorable bebita en sus brazos –que solo dormía, como una recién nacida- que Carnuta supo de repente –y estaba súbitamente segura- que su hermana, la galia Belga.. estaba muerta.

– “Trae al bebé de Helvecia, Carnuta” –pidió el caudillo, ajeno a las sensaciones de la galia- “tenemos que movernos de prisa. Si tu joven hermano Albión logró rechazar a Roma, nosotros no podemos ser menos que él y es cosa de asegurar la victoria de Gergovia. Nuestra caballería hará el trabajo..”

– “¿Y esta bebé?”

– “Belga, Carnuta. La bebé se llamará Belga Segunda. Como su madre. Estoy seguro que en cuanto expulsemos a los romanos de la Galia, Belga se sentirá mejor y cuidará con esmero a la bebita, pero para mí esta niña es Belga Segunda. Y nada más. Ahora vé por el pequeño Helvetia..****”

– “¿Helvetia?”

– “Si. Ese es el nombre del bebé.. del niño. Tráelo. Quiero verlo”

Carnuta asintió, sin animarse a decirle a su caudillo los temores que sentía sobre la muerte de Belga –la bebé que tenia en brazos no tendría necesidad de ser llamada Segunda, porque Carnuta sabia que no había otra Belga, viva- pero a la vez sintiéndose orgullosa por lo que Albión había hecho. Había perdido a varias hermanas por culpa de Roma y su ambicioso y astuto Gobernador, pero la Isla había logrado rechazar los intentos de invasión con éxito, aunque el costo no había sido tan fácil como Carnuta hubiera querido. El intento de invasión de ese Gobernador romano, el tal Julio Cesar a Albión había sido rechazado, aunque Carnuta era consciente que a su hermano le iba a ser difícil seguir enviándole a sus chicos –como lo había hecho antes-; había perdido a muchos en su propia gente ya antes de ser invadido..

– “Después de la victoria y expulsión de los romanos, enviaremos ayuda a Albión, no pudimos hacer nada por él mientras Roma lo atacó pese a que él nos apoyó a nosotros… creo que se lo debemos Carnuta” –dijo Vercingétorix- “pero ahora, lo primero es acabar con ese César.. y expulsar a Roma de aquí”

Mientras Carnuta marchaba en busca del bebé de Helvecia, con la pequeña Belga Segunda en brazos –y Vercinguetorix creía que su querida Galia Belga seguía viva- el rubio caudillo se dirigió a ultimar detalles y visitar a sus jefes y demás aliados. Aunque su mayor alegría y satisfacción se la llevó cuando visitó la tienda donde descansaba Auvernia, la del cabello interminable; porque los ojos azules del jefe galo se iluminaron al contemplar con alegría la imagen pálida de su muy amada Auvernia****, quien sostenía en sus brazos al bebé más adorable que Vercingétorix había visto jamás.

Y mientras los demás hacían preparativos, ultimaban detalles y ordenaban estrategias, Vercinguétorix, Caudillo único de la Galia Libre, jugó con el bebé que Auvernia, Carnuta y él habían encontrado en el mismo campo de batalla de Gergovia.

Un bebé rubio y de ricitos brillantes como el sol. Ojos azules y sonrisa contagiosa y juguetona.

– “Tú serás la Galia unida” –le dijo al bebé, tan rosado, rubio, sano, alegre y juguetón, que mecía en brazos- “tú lo serás. Lo sé, lo siento. Y voy a proteger tu vida, con la mía. Tu vida, la de tus madres las Galias.. y la de tus hermanos. No conozco aún a tu hermano menor, pero eres más fuerte que él y deberás ser bueno. Su madre, Helvecia, ha muerto.. pero yo sé que tu le cuidarás. También debes ser buen hermano con tu hermana pequeña. Es una bebita muy hermosa, de adorables ojos verdes…”

– “Que bueno que sea niña” –se alegró Auvernia, que estaba cansada de cuidar a aquel inagotable torbellino de energía que era el bebé Gallia, como llamaba Vercingétorix al niño- “adora a las mujeres ¿lo sabías?, apenas es un bebé, pero sonríe y se carcajea con las nodrizas de tal forma que imagino que al crecer será un verdadero seductor… también es cariñoso con los niños lindos”

– “Bueno, bueno… no me sorprende” –rió el caudillo- “tú y Carnuta son muy amorosos, de por si, los galos somos un pueblo bastante cariñoso….”

– “Los celtas, Vercingétorix. Si dices galos, dices los celtas…”

– “No, digo galos. No conozco aún a tu hermano. E Iberia es algo diferente a ustedes. Más apasionada..”

– “¿Asi que hay más bebés?” –murmuró Auvernia con inquietud, notando que su caudillo y señor quería disimular algo- “¿Qué ha sucedido?”

Vercingétorix dudó en decirle sobre la muerte de Helvecia –hubiera preferido mil veces que fuera Carnuta quien lo dijera y no él- pero no tuvo necesidad de atormentarse mucho tiempo, porque la puerta de la tienda se abrió y uno de sus oficiales le avisó que todo estaba listo para la partida..

– “¿A dónde vamos?” –preguntó Auvernia, quitando al adorable Gallia de brazos de su padre.

Mientras se liberaba con pesar de los bracitos del bebé, Vercinguétorix contestó.

– “A Alesia”

Setiembre, Año 52 antes de Cristo

Los bebés lloraban.

El alto y negro caballo de Vercinguétorix, flaco y hambriento como todos los seres vivientes que estaban sitiados en Alesia, contempló a aquellos tres bebés sin comprender nada, como pocos eran los galos que entendían.

Los druidas estaban agónicos y famélicos. Y todos los que estaban vivos estaban desesperados.

Y aquellos tres bebés que no paraban de llorar.

Habían llorado todos los días, desde que empezó aquel maldito sitio, sin detenerse; habían chillado pese a que les habían dado de comer –y eso era un lujo en una ciudad sitiada, donde la gente desfallecía de hambre- pero mientras los hombres morían y las mujeres apretaban los dientes, los bebés lloraban.

Y más de un galo había estado a punto de rebanarles la garganta, porque por mucho que amaran a los bebés, su llanto incesante sólo acrecentaba sus temores, y sus angustias. Solo una cosa les había detenido. Eran los bebés del Caudillo, sus hijos, como los llamaba el gigante rubio, que jugaba y los acariciaba cada vez que podía. Y es que los bebés sólo hallaban paz en sus dolores aferrados al cuerpo del guerrero que era de los pocos que entendían que aquellos cuerpecitos no eran capaces de entender ni de callar los horribles dolores que les afectaban..

Tantos galos muertos en la batalla de Alesia.

Tantos galos muertos de hambre en Alesia.

Y las dos muchachas que cuidaban de los pequeños –Carnuta y Auvernia- las mismas que habían empezado la guerra de las galias luciendo juveniles y alegres.. ahora lucían avejentadas y maduras.. como si tuvieran 40 años humanos a más. Los galos que aun razonaban, notaban sorprendidos que estas jovencitas se habían envejecido de modo alarmante, pero ninguno era capaz de entender que el caudillo y las dos personificaciones de las últimas tribus libres de la galia, estaban deseando pasar el tiempo posible con los bebés.

– “Llévenlos con Germania” –ordenó el caudillo galo, mientras abrazaba a sus hijos, acariciándoles con ternura- “él ha estado luchando del lado de Roma, lo sé, pero sé también que de recibir a los bebés, y sabiendo lo que son, no rechazará su cuidado. Llévenlos con él: Auvernia, Carnuta. Eso es lo que les ordeno..”

– “No puedes hacer eso… ¡no lo hagas!”

Las dos mujeres contemplaron con amor el rostro de su amado señor y caudillo. Juntos habían luchado, llorado, soñado con una Gallia libre –como era el nombre del bebé de ojos azules, el favorito, el más amado de Vercinguétorix, su hijo primogénito, como decía- y el sueño estaba roto, destruido, devastado. Roma había ganado.

– “Es lo único que puedo hacer” –dijo el jefe galo a las dos mujeres, mientras los druidas lloraban y los famélicos acompañantes sollozaban- “Roma y su Gobernador han dado su palabra. Si yo me entrego, las mujeres y los niños podrán abandonar la ciudad sin ser asesinados” –se volvió a Auvernia- “saca también a cuantos hombres puedas. Disfrázalos si es necesario. Ya saben que hacer..”

Los druidas asintieron entre lágrimas.

– “Lo principal, es que los bebés no caigan en custodia de Roma. Mientras él no los tenga, la Galia no será una provincia sumisa y aunque estoy seguro que sospecha de su existencia, no puede estar seguro.. asi que llévenselos”

– “Pero ¿y tu?¿y tu?”

Los ojos azules del caudillo contemplaron a lo que quedaba de sus Galias. Las besó y después cargó a sus hijos, estrechándolos en sus brazos..

– “Mi muerte les dará al menos la posibilidad de escapar… quizá puedan librarse de ser provincias romanas sumisas.. eso me basta” –se volvió hacia el ceñudo bebé rubio y de ojos verdes- “mi pequeño Helvetia… me pregunto si me recordarás. Supongo que no, pero.. tengo esperanzas que al menos Germania logre aceptarte en su familia y criarte. Eres un bebé rudo y tienes muchas ganas de sobrevivir… sé que sobrevivirás. Lo sé. Ojalá logres llegar con Germania.. no me enfadaré si le llamas padre… o si te consideras germanico.. lo que me importa es que vivas..”

Carnuta contuvo un sollozo y casi tuvo que arrancar a Helvetia de brazos de su padre..

– “Mi preciosa Belga” –la bebé contempló al alto y rudo hombre rubio ante ella y algo de aquella apostura pareció quedar en sus ojos verdes- “eres tan linda.. que espero que puedas sobrevivir de alguna forma. Adáptate mi hija, y busca apoyo entre tus hermanos o en Germania,…” –el caudillo rió amargamente- “y si ellos se niegan, pues busca o invéntate un hermano que si te ayude y te cuide, mi hija…. Quizá me olvides, pero no importa. Mientras vivas.. no importa. Los humanos pasamos, ustedes viven más… aunque sé que también mueren. Pero yo no quiero que ustedes mueran. No quiero. Deseo que tú y tus hermanos lleguen a ser pueblos libres y prósperos mucho más civilizados de lo que Roma pueda ser jamás…”

La bebé hipó como entendiendo la despedida de su padre, mientras Auvernia ponía en brazos del caudillo a su amado Gallia libre… su primogénito. Su coquetón bebé de rubios cabellos y ojos azules -¡tiene mis ojos!, había dicho Vercinguétorix, cuando encontraron al bebé- el mismo que lloró, lloró y lloró mientras su padre lloraba también, aferrado al minúsculo cuerpecito..

– “Amas mucho bebé Gallia. Fuiste mi sueño Gallia unificada. Mi hijo…. Dudo mucho que Germania te reciba.. eres demasiado galo y no encajas con la familia germánica, pero….” –acarició sus ricitos- “ríe y ama, mi hijo… ama. Por ti, tus hermanos, tus madres y nuestra gente, es que me entrego al invasor en lugar de morir en batalla como es mi deseo. Tu vida vale más que mi anhelo hijo. Mi prisión, mi humillación y mi muerte nada importa mientras tu vivas. Temo que a ti Roma no te deje escapar, mi amado sueño. Pero vive.. vive… vive, ama y vive, quizá puedas sobrevivir en casa de Roma gracias a tu encanto, a tu belleza y a tu astucia. Vive por mi y tu, al menos tu, no me olvides hijo mío..”

Los chillidos del bebé Gallia inundaron la ciudad vencida y por una vez, todos y cada uno de los escasos sobrevivientes de Alesia entendieron el porque del llanto del bebé. Todos lloraban. Cuando habían entrado en esa campaña, y aun en Alesia, todos y cada uno, cantaban, eran un pueblo que cantaba, un pueblo risueño…

En adelante, estarían cargados de cadenas…

– “Nunca pierdas tu espíritu, Gallia” – dijo Vercinguétorix- “vive para siempre… Vivan, hijos míos. Vivan”

Y apretó los costados de su caballo, envuelto en sus mejores arreos militares, para ir –por sus hijos, lo que quedaba de las Gallias y su pueblo- a arrodillarse ante el conquistador romano.

Ese mismo día, los aterrados y silenciosos galos sobrevivientes salieron de los muros de Alesia y los tres bebés iban camuflados entre otros niños. Pero un jinete envuelto en capa roja, cuyo cabello oscuro coronado de juguetones rizos recorrió en silencio las filas de los exiliados. Buscaba a las dos mujeres… a la Galia Auvernia y a la Galia Carnuta, ignorante de que en el instante en que César y sus legionarios habían cargado de cadenas al caudillo galo las dos mujeres se habían desplomado.

Ambas estaban muertas. Y se fundieron en la tierra a escasos instantes de sus muertes..

Los druidas avanzaron en silencio. Y Roma miró al grupo que se marchaba, pensativamente..

* * *

Alise-Sainte-Reine.

Actualidad..

La estatua de siete metros de altura contempló impertérrita el paso de las delegaciones visitantes mientras la población rodeaba con respetuoso silencio las ruinas de la que fuera la ciudad gala de Alesia con sorpresa. No era inusual que el gobierno francés hiciera homenajes, pero lo que si era bastante raro era la llegada de aquellas representaciones extranjeras que habían alineado incluso delegaciones militares que saludaron con marcial respeto la estatua y el lugar..

Oficiales de alta graduación de países como Bélgica, Suiza, España, Holanda.

Y Francia. Con los oficiales de la más alta graduación de las Forces armées françaises..

En medio de aquel bosque de estandartes, los sorprendidos ciudadanos de Alise-Seinte-Reine vieron pasar a tres personas. Dos hombres y una mujer, que avanzaron con paso resuelto todo el pequeño bosque de banderas hasta encontrarse frente a la estatua que les contemplaba imponente..

Los tres países sentían a su alrededor, que, con solo cerrar los ojos, podían escuchar a su alrededor los gritos, el hambre, el miedo, el dolor de la caída de Alesia. Eran entonces unos bebés –físicamente humanos recién nacidos- pero aquella sensación no era fácil de olvidar..

Había sido allí mismo…. donde pére habíase sacrificado por ellos…

– “Buenos días pére” –musitó la muchacha, una hermosa rubia de cabellos ondeados y brillantes ojos verdes- “yo…. estoy muy contenta de estar aquí contigo.. otra vez, desde aquella vez” –la boca de la chica se iluminó con una sonrisa- “¿sabes que tenías razón?, si bien Roma nos encontró pese al celo de los druidas, él estaba muy ocupado, así que pasé buen tiempo con Germania y sus chicos. Aunque… de hecho, con el tiempo tuve que buscarme un hermano mayor que me protegiera… ¡hice lo que tú me recomendaste, Pére!. Está allí atrás, vendrá después a ofrecerte algunas flores” –la nación de Bélgica volvió la mirada atrás, donde estaba la alta y maciza figura rubia de Holanda- “es un buen hermano mayor, y me cuidó bien… hasta que me independicé. Porque soy libre Pére. Ya no soy simplemente Belga, sinó soy Bélgica, la nación.. y estoy aquí para decirte que soy una nación libre y próspera.. como tú lo deseaste”

La rubia dejó la corona de flores a los pies de la estatua y retrocedió.

El rubio más bajo, se adelantó.

– “Yo.. eh…” –los ojos verdes de Vash Zwingli contemplaron la expresión indómita de la estatua- “tenías razón en lo que me dijiste. Pasé tanto tiempo con Germania y los suyos que me siento casi germánico y olvidé que tu fuiste… mi padre” –el suizo inclinó la cabeza- “pero…. Pero sobreviví, como tú querías. Sabes bien que en mi tierra no había nada, pero sobreviví. Cuando Adelgonde me comentó que iba a venir, me hizo recordar lo que había olvidado y por eso estoy aquí. Quizás soy más germánico ahora, pero sigues siendo mi padre. Incluso tengo una hermana germánica también.. ella…” –miró de reojo a las delegaciones extranjeras, donde una ilusionada Lichtenstein le sonreía- “ella preparó este arreglo para ti”

Vash dejó la corona de flores que el principado de Lichtenstein había preparado con ilusión desde que supo de la visita de Vash a su padre y retrocedió unos pasos..

El hombre más alto de entre los tres visitantes se adelantó.

No tenía nada en sus manos.

Sólo una rosa roja.

Los ojos azules de Francis contemplaron la alta y maciza figura que le contemplaba desde lo alto y apretó las manos a sus costados con inquietud. No había querido estar allí para no ver esa mirada que recordaba como una escasa neblina en su mente.. no había querido estar allí para no afrontar la sensación de vacío que sentía en estómago y quizá fue porque se sentía mareado que tuvo que apoyarse en la estatua misma..

– “Perdón Pére” –musitó en un susurro- “lo siento mucho. El que fuera recién nacido no me disculpa.. yo, no sé si puedes oírme o no, pero…. no fue mi intención olvidarte, nunca lo fue; pero como bien dijiste Roma me llevó a su casa donde olvidé lo que había sido antes de vivir con él… lo olvidé por largo tiempo. He sido una potencia por siglos, también tuve mi propio imperio colonial, pero te había olvidado Pére… pese a todo, te había olvidado…. Perdón, perdón Pére…. Perdóname”

Los ojos azules de Francis se llenaron de lágrimas pero fue entonces cuando su mirada tropezó con la inscripción de la estatua..

“La Gaule unie
Formant une seule nation
Animée d'un même esprit,
Peut défier l'Univers*”

Y al leer el texto, la personificación de Francia, nacido hace tanto tiempo atrás como “Gallia unida”, sonrió al fin. Casi podía sentir la voz de Pére susurrando en sus oídos..

“La Galia unida
formará una sola nación
animada por un mismo espíritu
y desafiará al universo”

Y fue entonces que Francis dejó la rosa a los pies de su padre. Su padre.

Desde la tribuna cercana, Antonio Fernández Carriedo hizo un gesto de saludo a la imagen. El era poco más que un sobrino para la estatua, pero el español estaba contento al comprobar que su viejo amigo Francia sonreía otra vez. A él le hubiera gustado tener alguna imagen que representara a Iberia, pero no tenía tal suerte. Al lado del español, Holanda parecía impresionado por la figura de aquel humano que había amado a su hermanita cuando esta no era más que un “algo” y la pequeña Lichtenstein, algo cohibida al hallarse entre el taciturno Escocia y un inusualmente callado Prussia, sonreía abiertamente contemplando a su “hermano mayor”.

Francia quiso pensar que, perdido entre las brumas del tiempo, Pére podía verlos ahora: Gallia Unida, Helvetia y Belga, ahora llamados por sus nombres de naciones: Francia, Suiza y Bélgica, pero unidas pese al tiempo, por un pasado.. un recuerdo..

Y un hombre, un ser humano, que soñó y los amó, cuando eran apenas sólo proyectos de naciones..

– “Vivan, hijos míos. Vivan” –pareció murmurar el viento a las tres naciones..

Y era el eco de la voz de su padre. Perdido y olvidado por largo tiempo, pero hallado otra vez y que hubiera sonreído satisfecho si levantara la cabeza y los viera ahora.. Países autónomos, diferentes.. ya quizá con no mucho en común, pero unidos por él.

Por un mismo padre..

Continuará..

(1) Roma y su Gobernador de las Galias *: Se refiere a Julio César como Gobernador.

(2) Varias veces, durante los últimos años, Vercinguétorix había tenido que soportar la traición de alguna de las galias. Aun ahora, no todas las galias estaban unidas contra el invasor romano..**.- El asunto es que en la Guerra de las Galias, el propio César da cuenta de que contó con el apoyo de las tribus galas por tiempos. Aplicando astutamente el “divide y vencerás”, César uso a las tribus unas contra otras, incluso contra el propio Vercingétorix.

(3) Hedua luchaba con Roma, contra sus hermanas.***.- Los eduos fueron una tribu gala que lucharon al lado de los romanos aun en la batalla de Alesia.

(4) El pequeño Helvetia..****.- Helvetia es el nombre una tribu antigua de donde proviene el nombre de Confederación Helvetica, o Suiza (hetalianamente Vash).

(5) su muy amada Auvernia*****.- Siendo galo, Vercingétorix a su vez pertenecía a una tribu gala, por ser lógico, deduzco que amaba más a su propia tribu que a las demás, aunque era avanzado para su época y deseaba una galia unida. Sip. Verciguétorix era el rey de la tribu gala de los auvernios.

Nota: Tras la conquista romana, Vercingétorix y la herencia gala fueron olvidados por largos siglos hasta casi a finales del siglo XIX que fue “redescubierto” por los franceses y reinstalado en su sitial como el primer héroe francés. Sólo en el siglo XX se han realizado numerosas representaciones de Vercingétorix, imágenes, cuadros, comics , películas cinematográficas entre otros. El texto en francés, es el inscrito en la estatua de Vercingétorix en Alise-Sainte-Rein, donde se especula que ocurrió la batalla y el sitio de Alesia, siendo su traducción lo más literal posible.
Efectivamente, es comentado por el mismo Julio César en su obra “La guerra de las Galias” que el caudillo Vercingétorix se sacrificó ofreciendo su vida a cambio de que los sitiados de Alesia pudieran vivir.

Como siempre, comentarios, dudas o tomatazos a mikki.chan@gmail.com aunque es mucho mejor para mi ver sus opiniones en el grupo de "Crónicas Card Captors", ¡en serio, mejor escriban al grupo!.

Próximamente: Capítulo 4. In Erinnerung