Tan Solo una Tarde de Verano

Verano-1Caminando por la arboleda sin fin, una dulce y gentil muchacha, paseaba mirando todo y nada a la vez, sus grandes ojos color esmeralda admiraban todo buscando un recuerdo, buscando algo, buscando a una persona.
Estaba sin rumbo alguno, pero sabia lo que buscaba, la persona que ella había perdido, él dijo “volveré”, no importa cuanto tarde, pensó, pero sé que volverá. Y siguió su camino. No sabia en que pensar, pensaba en él, si.. pero le dolía mucho el pecho, hace tiempo que no se veían, y ella lo extrañaba incesantemente, cada día, cada hora, cada minuto… no podía estar sin él, y ahora entendía el significado de amar.
Lo amaba por sobre todas las cosas, intentó distraerse, pero solo conseguía recordarlo aun más. Su confuso camino la llevo al parque, donde miro con profunda e infinita melancolía los columpios que allí había con niños pequeños en él, y recordó lo que había ocurrido tiempo atrás. Gotas de cristal brotaban de sus ojos sin poder contenerlas.. Estaba demasiado triste y nadie había podido consolarla o al menos que se distrajera un poco. Lo necesitaba, pero sabia que faltaba mucho tiempo para reencontrarse. Su vista se nublo nuevamente por sus lágrimas que caían por su rostro adulto y a la vez infantil. Su sonrisa, gentil, cálida y amable, ahora era melancolía y llena de tristeza, pero nada podía hacer. Después de contemplar el parque nuevamente, decidió seguir su camino sin rumbo. Su mente viajaba por todos los rincones de su propia vida, sus recuerdos y tan absorta estaba que se tropieza con alguien, este la toma de la mano antes de que ella pudiera caerse, y muy apenada por venir tan distraída, le pide disculpas con una reverencia y cuando levanta la vista, un apuesto joven, de cabello castaño, con sus ojos al mismo tono que su cabello, la estaba observando con profunda ternura y susurra el nombre de la muchacha, ella abre sus ojos color esmeralda llenos de sorpresa reflejada en ellos y da un salto hacia él abrazándolo con todo el amor que sentía, que no podía expresar por su ausencia, lo abrazo lo mas fuerte que pudo, y él le mostró una sonrisa gentil que ella solo conocía, que estaba total y enteramente dedicada a ella, la persona que él mas amaba.
Se miraron en el atardecer, aun abrazados, sus miradas expresaban todos sus sentimientos de amor profundo e infinito, y así, como una tarde de tiempo atrás se quedaron en los columpios, mirándose, queriéndose, amándose, hasta que la noche ya bastante avanzada les indicaba que era hora de regresar.


Verano-2

Todo indicaba que había estado soñando, un sueño realmente hermoso, la muchacha de mediana estatura aun contemplaba los columpios temiendo si lo que estaba ocurriendo era un sueño, eran sus recuerdos, o era la realidad. Ella estaba completamente confundida, no entendía lo que le ocurría, mientras el joven ante sí la contemplaba con profunda ternura. Ambos miraron el cielo, ya completamente oscuro, la luna iluminaba el lugar donde ellos estaban, era toda la iluminación que había y todo complementaba al clima de felicidad que reinaba en el aire. Él, con suma delicadeza, como si estuviera acariciando una fina seda, frágil, con temor a que se rompa, rodeo el talle de la muchacha como comunicándole que quería que lo acompañara, ella sin notar la sutil invitación del joven acompañante, ambos comenzaron a caminar, ambos embelesados con el otro. Los sentimientos de felicidad, confusión, sorpresa y reencuentro estaban a la orden del día y sus miradas comunicaban un torrente de palabras que no se decían, pero, a pesar del silencio reinante, se decían, tan solo con miradas llenas de cariño y amor, lo mucho que se amaban, que no hay limites en este mundo para describirlo. Parecían estar flotando en una nube, ambos en el cielo eterno, juntos, por siempre.
El había regresado y a ella ya no le importaba nada, solamente estar con el, había sufrido mucho este tiempo y ahora que lo tenia a su lado, que tenia la certeza que no era un sueño, que de ahora en mas haría lo posible para que el no se alejara de su lado, jamás. Quería pasar el tiempo que le quedaba con él, solo con él, el único dueño, amo y señor de su corazón. Se lo había arrebatado cuando era niña, y aun en estos días, él era el dueño. Él, había tenido que irse por cuestiones laborales, la había dejado todo un año sola, la quería mas que a su propia vida, y se lo había demostrado innumerables veces, pero a pesar de eso, su propia familia le impedía quedarse con ella, por eso se ausento y ahora estaba de regreso con todos los asuntos arreglados y con el consentimiento necesario para hacerla su esposa. Quería hacerlo lo mas pronto posible, no tenia ni idea como le haría esa pregunta tan importante, mas a una muchacha como ella. Quería ser lo suficientemente romántico y no titubear al decirlo, pero aun no se le ocurría manera, y todos sus intentos, en su propia mente, imaginando el momento, el se pondría nervioso, tendría que aclimatar a su futura esposa para que el mismo no se pusiera nervioso. A pesar de que era un excelente hechicero, capaz de realizar cualquier tipo de magia, era una persona muy tímida y reservada que solo aumentaba su encanto. La muchacha lo conocía hacia tiempo, tanto tiempo que conocía cada gesto de él, a pesar de que siempre vivía distraída, su alegría contagiosa, su sonrisa angelical, gentil y amable solo embelesaban al joven cada vez mas, poniéndolo cada vez más nervioso. En su caminata aun sin rumbo fijo, aun absortos en ellos mismos, mirándose, queriéndose, se detuvieron frente a un edificio acogedor y a la vez antiguo…


Un alto edificio estaba ante ellos, antiguo, acogedor, romántico, una escalinata se extendía ante ello, en sus lados hermosos rosedales en flor. Blancas, amarillas y rojas las flores que enmarcaban la larga escalinata, todo era perfecto, Él, aun con la mano en el talle de la muchacha, la admiraba con un profundo sentimiento de gratitud y amor, embobado por la belleza de la joven muchacha de los ojos color esmeralda que admiraban al joven con cariño eterno. Subían lentamente la larga escalera que había ante ellos. Al llegar por fin a lo alto, al final de la escalinata, el antiguo edificio mostraba su grandeza y todo su esplendor. La noche ya estaba avanzada, y era una noche de verano donde la brisa acompañaba el ambiente, era el clima ideal, y el suave viento movía con delicadeza el cabello castaño claro de la muchacha, era como si el viento la estuviera acariciando suavemente y el joven muchacho no pudo contener una sonrisa, la muchacha ante sí se veía realmente hermosa, con una larga falda blanca con una blusa de fina seda que denotaba el buen gusto de la muchacha, se veía realmente soñada aquella noche ante la luz de la luna y su cabello castaño ondeando a la par del viento. Ingresaron al lugar caminando lentamente, y se dirigieron al final del camino. Una alfombra roja se extendía por todo el lugar, era realmente inmenso y la luz de la luna se filtraba por los grandes ventanales coloridos que el techo poseía. Al concluir el camino, se encontraban frente a un altar. Él, gira para mirarla, y se arrodilla frente a la muchacha que miraba todo con ojos soñadores, llenos de felicidad. El joven la mira con ternura infinita, sabia que era el momento preciso, tenia y debía hacerlo ahora, entonces le susurra suavemente, como si solo quisiera que ella lo escuche, la gran pregunta…

Verano-3

– Niña, ¿Quieres Casarte Conmigo?
Al escuchar esas palabras a la joven le brotan gotas de cristal puro por sus ojos verdosos. Había esperado ese momento por años y ahora, se sentía frágil, indefensa, y temblando como una hoja. Sabia que amaba al joven, sabia que debía aceptar, así que se inclino hacia la altura donde se encontraba, lo miro con total ternura, con amor profundo reflejado en sus grandes y hermosos espejos color esmeralda, lo tomo de la barbilla con la mano que tenia libre, ya que la otra la tenia el joven que tenia ante si, y lo beso con profundo amor. Luego separa un poco sus labios de los del y le dice…
– Obvio que acepto, si eres lo que más amo.
Ahora el joven estaba emocionado, no había titubeado al decirlo, se sentía feliz, como nunca se había sentido antes, y la muchacha que seria su esposa producía todo el torrente de sentimientos realmente inexplicables, felicidad, amor, ternura, todo se mezclaba y nada se definía. Solo que la amaba. Y ella, si, lo amaba a él. No importaba nada más. Entonces, estando tan cerca uno del otro, susurrándose…
– Sakura, te amo.
– Y yo te amo a ti Shaoran.