1. Una nueva identidad

 ¡CRASH!

Brincó bajo las sábanas al escuchar el estrepitoso sonido de algo que se estrellaba contra el suelo, justo junto a su cama, y rápidamente sus ojos aún somnolientos tras la larga noche de descanso se dirigieron hacia la zona frente a su mesa de noche.

—¡Ay no… Kero! —lanzó una mirada a su gato, seguro responsable de que su reloj despertador yaciera ahora sobre el piso, abandonando su lugar encima de la mesita. El animal, aparentemente gustoso de haber logrado la atención de su ama, saltó sobre ella y metió su peludo cuerpo color miel entre las sábanas.

—Uhm… ¿qué hora es? —se inclinó sin bajar del colchón para recoger el aparato y echó una mirada a los números rojos de la pantalla digital— ¿Qu… a qué hora sonó la alarma?

Ni siquiera se dio cuenta del momento en que salió de entre las sábanas y se vistió con el uniforme de la escuela. Se lanzó la corbata al cuello sin detenerse a anudarla y, tomando su maletín, bajó rápidamente las escaleras hasta llegar a la cocina, en donde encontró un vaso de jugo de naranja y su obentô, junto con una nota que leyó rápidamente mientras se tomaba el jugo de naranja a toda prisa:

Seguramente volviste a quedarte dormida, así que ahora no te dejé desayuno. De todas formas no morirás de hambre con lo que tienes para llevar.
Touya

PD: Ya hace cuatro días que empezó el ciclo escolar. Deja de dormir como si fueran vacaciones” (1).

Sakura se mordió el labio al leer la postdata de su hermano. Sabía que era verdad: en vacaciones no había hecho más que dormir hasta casi entrado el mediodía y ahora le costaba demasiado trabajo poder levantarse temprano para llegar a la escuela. Su hermano, en cambio, nunca había tenido problema alguno en despertar a la hora en que él se lo propusiera y todas las mañanas se tomaba tiempo no solamente de preparar su desayuno, además del lonche de su hermana, sino de limpiar la cocina y dejar su recámara impecable. Por si fuera poco, todavía salía de la casa con suficiente energía para pedalear en la bicicleta hasta la universidad, a unos 4 kilómetros de ahí.

—No sé cómo le hace —murmuró Sakura para sí con remordimiento mientras dejaba su vaso vacío en la tarja y tomaba su obentô para salir a toda velocidad hacia la calle, calzando sus zapatos en apenas un segundo, justo antes de cruzar la puerta y cerrarla tras de sí.

—¡Lo siento Kero, te daré de comer cuando regrese! —gritó al escuchar el maullido del felino desde su ventana mientras cruzaba el jardín frontal hasta la reja—. ¡Adiós!

Llegó al salón de clases jadeando tras la carrera de diez cuadras y las escaleras de tres pisos. Encima de eso, ¿por qué su salón de clases tenía que ser el último del enorme pasillo?

— ¡Disculpe!— exclamó casi sin voz nada más deslizar la puerta de entrada al salón. Al instante se escucharon varias risillas que inundaron el lugar. Mirando a su alrededor, Sakura notó sin sorpresa que todos la contemplaban con divertidas expresiones en sus rostros. Un color carmín trepó sin demora hasta sus mejillas, pero suspiró con alivio al constatar que el escritorio del profesor se encontraba vacío.

— Buenos días Sakura —la recibió una voz familiar mientras se aproximaba a dejar su maletín sobre su escritorio.

—Buenos días Tomo… —se vio interrumpida por el flash de una cámara apuntando directamente hacia ella al voltearse para saludar a su amiga—. ¿Qu-qué haces?

—Tan sólo mírate Sakura, estás sudando y jadeando, tu ropa y tu cabello son un desastre y tus mejillas tienen un fabuloso tono colorado…

—¿Y…?

—¡Te ves divina! —Sakura casi se cae de espaldas ante el exaltado grito de su compañera y mejor amiga, quien aprovechó el momento para tomarle otra foto—. Pareces una fabulosa guerrera después de una batalla sin cuartel, disfrazada de una adorable estudiante de preparatoria para ocultar su verdadera identidad.

—Eh… —no, no existía respuesta posible ante semejante comentario. Debería estar acostumbrada, pensó Sakura, pero la verdad era que a esa clase de cosas uno jamás logra adaptarse por completo. La afición de su amiga por tomarle fotos y grabarla en cualquier momento del día era únicamente comparable con su afición por la moda y su vasta (prácticamente inacabable) imaginación. Confundida, atónita y aún con el pulso por encima de lo normal, Sakura ni siquiera dio cuenta del momento en el que su amiga se tomó la libertad de anudarle la corbata y acomodarle los cabellos, pasando incluso un pasador sobre su oreja derecha. Alisó sus ropas lo mejor que pudo y le lanzó una mirada para contemplarla desde su posición.

—Listo —dijo Tomoyo para sí al ver finalmente en orden la imagen de su hermosa compañera Sakura Kinomoto: una joven de sedosos cabellos castaños apenas por encima de los hombros y brillantes ojos color verde esmeralda que resaltaban espléndidamente en su bello rostro de tez clara que con singular frecuencia se teñía de tonos carmín dada la tímida personalidad de la chica, quien apenas unos días atrás (el primero de abril) había cumplido 16 años, siendo la menor de todo el salón. A decir verdad, de acuerdo a su fecha de nacimiento debió pertenecer a una clase más abajo desde la primaria, pero no había sido así y de esta manera Sakura siempre había tenido que cargar con el estigma de ser “la pequeña” (2).

La clase tomó asiento al entrar el profesor en el aula y dar comienzo el primer curso de la mañana. Fue Tomoyo quien tuvo que tirar de un brazo a su amiga para que se sentara también, pues ésta parecía más espaciada que de costumbre. No era realmente extraño que la distraída castaña se abstrajera durante la clase de matemáticas… o durante cualquier otra clase, pero para alguien que la conocía desde la más tierna infancia era evidente que varios pensamientos cruzaban la mente de ésta en esos instantes.

—Sakura, ¿estás bien? —susurró a su amiga cuando el profesor se volteó hacia el pizarrón para escribir. La aludida parpadeó un poco antes de regresarle la mirada.

—Sí, ¿sabes? Hoy, mientras corría hacia acá, estuve pensando en algo y creo que…

—Señorita Kinomoto, ¿va a empezar tan temprano el día de hoy? La clase no lleva ni 5 minutos de haber iniciado—, advirtió el profesor y una vez más la atención del grupo se dirigió hacia ella.

—¡Sí, lo siento! —sus mejillas volvieron a teñirse de rosa y la joven se enderezó, nerviosa—. Te diré durante el receso —susurró a su compañera rápidamente y se apresuró a sacar sus notas del maletín.

———————

—¿Y bien? —Tomoyo se sentó sobre el césped y abrió su obentô— ¿Qué era lo que querías decirme?

—Pues he estado pensando… en realidad no es la primera vez que se me ocurre. Ya se me había ocurrido antes, pero como Touya no me dejaría jamás, nunca lo había considerado en serio…

—¿Vas a declararte a Yukito? —la castaña parpadeó al escuchar esto e inmediatamente se puso del color de la grana. ‘Van 7’ contó Tomoyo el número de veces que había sucedido esto a lo largo del día, siendo apenas mediodía.

—¿Yo? N-no, no… ¡no! Yuki… ¿D-de qué hablas? —de acuerdo, era evidente que no era eso lo que estaba planeando decirle, aunque no podía ignorar la encantadora expresión de la atolondrada joven cada vez que oía siquiera mencionar al mejor amigo de su hermano: el gentil Yukito Tsukishiro, de quien estaba enamorada prácticamente desde el día en que lo conoció, varios años atrás.

—Está bien, ¿entonces qué era? —decidió sacarla de su apuro regresando al tema. Sakura pasó saliva y contempló un momento Tomoyo. Esa chica de largos y ondulados cabellos negros siempre la metía en problemas y sólo se limitaba a sonreír tranquilamente con sus bellos ojos violetas, los mismos que soltaban chispas de emoción cada vez que llegaba con un diseño nuevo para vestir a la castaña con él y grabarla de mil maneras diferentes. Su piel tersa y de alabastro rara vez se mostraba afectada por cambios de humor, pues la astuta y extrovertida joven parecía no conocer la timidez o el coraje, mucho menos la sorpresa o el miedo.

Hmmm, a veces me gustaría tener ese temple’ pensó con una mezcla de admiración y envidia, sabiendo que sus caracteres siempre habían resultado ser opuestos desde el momento en que se conocieron, aunque probablemente fue eso mismo lo que las unió como grandes amigas. Una cosa era muy segura para Sakura: podía confiar ciegamente en Tomoyo Daidouji. Con ella, hasta el más profundo de sus secretos estaría siempre a salvo, además de que siempre podía acudir a ella cuando tuviera algún problema o necesitara un consejo, ya que éstos en su mayoría resultaban acertados. A sus escasos 16 años era una joven muy analítica y ecuánime, así que rara vez se equivocaba en su juicio y eso, además del afecto que sentían una por la otra, era algo que Sakura no podía dejar de estimar en alto.

—¿Sakura? —la voz de su amiga la trajo de vuelta a la realidad— ¿Qué es lo que querías decirme?

—¡Ah, sí! —Sakura miró su comida durante un instante y regresó su atención a la morena—. Tengo que conseguir un trabajo de medio tiempo.

Tomoyo parpadeó. Rara vez la otra iba directo al grano cuando hablaba, así que debía ser en serio cuando lo hacía. Decidió esperar a que continuara.

—Etto… —Sakura pasó saliva al no obtener respuesta alguna y, sujetando firmemente la caja de comida entre sus manos, continuó—. Siento que… bueno, ya no quiero ser una carga para Touya. Desde que papá murió él ha tenido que hacer muchos sacrificios por mí. No sólo tuvo que cambiarse de universidad para regresar a Tomoeda y perdió un semestre por eso, sino que… ya sabes, trabaja medio turno todas las tardes y se desvela hasta muy tarde haciendo proyectos y tareas. Creo que a veces ni siquiera duerme.

—Es natural, él intenta sacar adelante su carrera, pero también se preocupa mucho por ti —sonrió Tomoyo con su dulzura innata, aunque Sakura jamás adivinaría que detrás de esa sonrisa se ocultaba la añoranza que tan sólo el nombre Touya Kinomoto despertaba en su mejor amiga aún desde antes que éste comenzara su carrera universitaria. Tomoyo tosió un poco para regresar su cabeza al presente—. Me dijiste que había tenido que volver a empezar su proyecto para titularse, ¿verdad?

—Ya casi hubiera terminado de no ser así… —susurró Sakura con la vista baja.

—Oye, pero no es tu culpa, no te sientas así —intentó consolarla al ver que el tono de la castaña decaía.

—No todo es mi culpa, claro, pero… Mírame: soy un desastre. No consigo levantarme temprano ni siquiera para preparar mi desayuno y, en lugar de eso, él cocina para los dos.

—Pero tú limpias la casa y haces las compras y preparas la cena todos los días.

—No es suficiente —meneó la cabeza—. Además, aunque tenemos la casa y el dinero que nos dejó papá, sé que Touya quiere estudiar una maestría que no ofrecen en Tomoeda.

—Creí que tenía beca.

—Sí, pero tiene que volver a tramitarla para la maestría y no sabemos si pueda conseguirla. Además, aunque la tuviera, creo que Touya no se iría si no le demuestro que puedo arreglármelas sola. Sospecho que está pensando en terminar la carrera para entrar de profesionista y comenzar a recibir un buen ingreso, aunque su sueño es ser maestro, como papá.

—Se ve que has estado pensando mucho en eso —Sakura afirmó con la cabeza—. Es en serio, ¿verdad? Estás decidida a conseguir un empleo de medio tiempo — otro asentimiento— ¿Y crees que tu hermano lo aceptará tan fácilmente? —una mueca cruzó el rostro de la castaña.

—Definitivamente no. Ya sabes lo sobre-protector que es… —elevó los ojos al cielo y Tomoyo sonrió.

—Entonces no tiene por qué enterarse.

—Pero ¿cóm… eh?— Sakura quedó sin palabras cuando Tomoyo tomó sus manos y se acercó para contemplarla de cerca, con los ojos chispeantes y una amplia sonrisa.

—¡Ay, Sakura, eres tan noble! —la abrazó, casi ahorcándola durante un par de segundos— ¡No te preocupes, si eso es lo que quieres, yo te ayudaré. Quieres que Touya no se entere, ¿verdad? Entonces tengo la solución ideal para ti… Sólo déjalo en mis manos y todo estará bien. Ven conmigo a mi casa después de clases. Por fortuna tengo algo que creo que te servirá y, de paso, ¡matamos dos pájaros de un tiro, jojojo!

¿Jojojo?’ Sakura sabía que debía estar feliz, después de todo su amiga era la persona más confiable del mundo y siempre tenía la solución, pero… ¿por qué le daba tanto miedo la repentina risa de su amiga y ese brillo singular en sus ojos que normalmente significaba problemas para ella? Una parte de ella quiso salir corriendo en ese instante, pero su conciencia seguía diciéndole que debía escuchar a la morena… aunque su piel se erizara tan sólo de escuchar aquella risilla astuta.

Bueno, al menos veré cuál es el su idea y ya decidiré luego lo que haré’ decidió y pasó saliva rápidamente. No podía ser tan malo, ¿cierto?

————————

—Uhm… aún no entiendo para qué me va a servir esto.

—Suenas escéptica. ¿Acaso no confías en este plan?

—No, no es eso… —llegó la voz de Sakura desde el otro lado del biombo—. Un momento, ¿cómo voy a confiar en tu plan si ni siquiera me has dicho de qué se trata?

—Ya lo verás.

—Entonces dime —Sakura salió a la luz y se puso de frente a ella. Tomoyo la miró de arriba abajo y le pidió dar una vuelta, cosa que la castaña hizo sin saber en realidad por qué. No obstante, una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de la morena.

—Muy bien, ahora sólo queda un detalle —Tomoyo le acercó una silla y ella se sentó. Sintió que su amiga le tomaba el cabello para amarrárselo en dos pequeñas colitas cerca de su nuca y, acto seguido, le colocaba lo que parecía ser una extraña peluca color chocolate.

—¿Qu-qué haces? —esto comenzaba a ponerla nerviosa.

—Te transformo —contestó como si fuera la cosa más evidente del mundo mientras deslizaba un par de gafas sobre su nariz.

—Pe-pero… ¿para qué?

Tomoyo no respondió a su pregunta inmediatamente. En lugar de ello, se concentró en arreglar algunos flecos de la peluca para que cayeran sobre la frente de la castaña y a los lados alisó algunos mechones largos para cubrir las orejas. Tras lanzar una mirada supervisora sobre ella, finalmente sonrió y le tomó de la mano para ponerla de pie y dirigirla hacia un espejo de cuerpo completo que se encontraba en uno de los rincones del cuarto de Tomoyo. Sakura miró su reflejo, que en realidad no parecía el suyo, sino el de un chico de aproximadamente su edad vistiendo jeans entubados, mas no ajustados, y una playera tipo polo a cuadros azules y con mangas y cuello en un celeste liso. Para completar la imagen, unos zapatos deportivos en blanco y azul. Sus lentes no tenían aumento, aunque hacían buen complemento para una imagen casual, pero con cierto grado de intelectualidad. Sakura hizo una mueca hacia su amiga.

—Vamos, ¡Te ves divina!… o debería decir, ¿divino?

—Parezco hombre.

—Ése es el punto. Es el disfraz ideal… aunque quizás necesitemos algunas vendas para disimular mejor tu pecho.

—¿Por qué? No necesito un disfraz; quiero buscar trabajo, no entrar a una hermandad.

—Veamos, Sakura… —Tomoyo se sentó sobre una orilla de la cama y adquirió una expresión un poco más seria—. Quieres trabajar, pero sin que tu hermano lo sepa, ¿cierto?

—Sí.

—¿Y en qué pensabas trabajar exactamente?

—No lo sé, en cualquier cosa. Supongo que buscaré en los anuncios clasificados si alguien necesita algún empleado de medio tiempo.

—Exacto. Por otra parte, ¿en qué trabaja tu hermano?

—No sé… en todos lados.

—¿Cuántos trabajos ha tenido en los últimos 3 meses?

—Unos… ¿dieciocho?— Sakura se encogió de hombros, diciendo un número al azar (aunque no estaba lejos de la realidad). ¿De qué se trataba todo eso? De repente se había convertido en un interrogatorio aparentemente al azar por parte de su amiga.

—Cambia mucho de trabajo, ¿no?

—Ya te he dicho que busca empleos temporales, sin contrato. A veces la universidad no le permite trabajar en varios días, así que trata de adaptarse a ello. Además, en algunos empleos esporádicos de trabajo pesado pagan mejor que en un trabajo normal —Sakura también se sentó, cada vez estaba más confundida con la actitud de la otra.

—¿Y qué pasaría si un día, en uno de sus cambios de ocupación, fuera a coincidir de empleado en donde tú estés trabajando? Después de todo, no son muchas las ramas de empleo que tienen en común la necesidad de trabajadores de medio tiempo, ¿o sí? Por lo que sé, suele limitarse a comercio, restaurantes y entretenimiento.

—Pues…— Sakura se descubrió sin respuesta. Era verdad: Touya cambiaba con tanta frecuencia de trabajo, que la posibilidad de que algún día coincidiera en el mismo lugar que ella no parecía tan remota. De manera que tenía que admitirlo: al parecer, Tomoyo había pensado en todo. Sakura dejó escapar un suspiro de derrota—. Está bien, supongo que tendré que intentarlo.

—Piénsalo: no está nada mal. Realmente pareces un chico… uno muy lindo y algo debilucho, pero un chico al fin.

—¿Un asexuado, quieres decir?

—Un poco, quizás, aunque aún así te sugiero que tengas cuidado con las mujeres; a muchas les gusta tu tipo —una risita, seguida de una mirada oscura por parte de su amiga, hicieron subir un escalofrío por la espalda de Sakura.

—No estás hablando en serio… ¿verdad?

—En realidad sí, pero no importa —una risita más—. Ahora veamos lo que haremos con tu voz. ¿Crees que puedas hablar en un tono un poco más grave?

—¿Así?— Sakura intentó engrosar un poco la voz, pero la otra meneó la cabeza de forma negativa.

—¿Puedes hacerlo sin que suene tan… fingida?— Sakura tosió un poco para intentar aclarar su garganta y lo intentó una vez más.

—¿Qué tal así?

—Mucho mejor. Aún suena un poco delgada, pero mucho más suave. Si puedes mantenerla, no estará mal. De cualquier forma, no necesitamos que hables como un hombretón; creo que la mitad de los chicos de nuestro salón aún tienen voz de niño— Tomoyo se llevó una mano a la boca para evitar reír— ¿Crees que puedas mantenerla así en una conversación fluida?

—Supongo que sí; no es tan difícil— respondió la castaña con el mismo tono de voz. Tomoyo dio un aplauso y pegó un pequeño brinco para ponerse de pie con una enorme sonrisa y ojos centelleantes.

—¡Ay Sakura, serás un rompecorazones! —una gota de sudor resbaló por la frente de la aludida al escuchar semejante exclamación.

—No lo creo… —pero entonces pareció recordar algo—. Oye, ¿por qué dijiste que sería como matar dos pájaros de un tiro?

—¡Cierto! —al parecer su pregunta le recordó algo importante a Tomoyo, pues ésta dio la vuelta inmediatamente y corrió hacia su escritorio, volviendo después con una cámara en mano—. Últimamente he estado teniendo muchas ideas para diseños masculinos, incluso hice algunos modelos (como éste), pero creí que no iba a encontrar a alguien que los usara para mí —mientras hablaba, tiraba de la mano a su amiga para levantarla y daba vueltas a su alrededor, enfocando cada ángulo y posición posibles— ¡Pero ahora eso ya no es un problema! Tú, mi modelo favorita, ahora también serás mi modelo favorito, es tan… ¡perfecto!

Debí imaginarlo’ Sakura se quedó momentáneamente congelada ante la chispeante efervescencia de Tomoyo. Dejó que ésta continuara haciendo con aquella cámara lo que quisiera. Después de todo, siempre se las ingeniaba para que terminaran haciendo eso mismo, de manera que ya estaba un tanto acostumbrada.

—Ahora no te preocupes, con los diseños que tengo podrás vestirte sin problema alguno y encontrarás buenas combinaciones mientras hago otros. Tú sólo preocúpate de encontrar un empleo que te agrade y todo lo demás déjalo en mis manos.

Pero Sakura aún tenía sus dudas:

—¿Qué pasará si me descubren? —en realidad, ése era su principal temor.

—Tranquila, este tipo de trabajos suelen ser para estudiantes como tú, así que normalmente lo único que necesitas es presentarte, hablar un poco con la persona en cargo y mostrar una actitud amable. No curriculum, ni necesidad de demostrar cosas muy complicadas y, más importante aún, no te pedirán un montón de documentos para comprobar tu identidad— Tomoyo le guiñó un ojo.

—Espero que tengas razón —suspiró, inquieta, revisando una vez más su imagen en el espejo—. Aunque de cualquier forma hay algo que sí voy a necesitar.

—¿Qué es?

—Un nombre.

———-

—Dime muchacho, ¿por qué te interesa el puesto? —preguntó el afable dueño: un hombre mayor que probablemente rondaba los 65 años de edad.

—Tengo que serle sincero, señor: necesito el dinero y la seguridad de un ingreso estable mientras continúo con mis estudios —Sakura miró a los ojos al señor. No venía realmente preparada para una entrevista. En realidad, apenas regresaba de casa de Tomoyo, caminando con el disfraz que ésta le entregara para poner a prueba la credibilidad de su nuevo ‘yo’, cuando pasó por aquel pequeño restaurante en cuya puerta pendía un letrero sobre una vacante para mesero. Decidió intentarlo y pasó a preguntar.

—Bueno, me gusta que seas sincero. Además, a fin de cuentas es la razón por la que solemos buscar trabajo, ¿cierto? ¿Cuántos años tienes?

—Dieciseis

—Entonces supongo que estás estudiando en la Preparatoria Seiju. ¿Sabes? Ahí estudia también un sobrino mío, quizás lo conozcas, su nombre es Ka…

—Lo siento, en realidad dudo que pueda conocerlo. Acabo de mudarme a Tomoeda, pero sigo asistiendo a la preparatoria Ouran —habló de acuerdo al plan de Tomoyo, quien había acertado al pensar que probablemente podría encontrarse con alguien (un cliente o compañero de trabajo) que asistiera a la misma escuela que ellas, máxime estando a sólo unas cuadras de ahí.

—Ah, ¿eres del pueblo vecino? —el señor pareció sorprendido—. ¿Y seguirás yendo a esa escuela?

—Me queda a sólo 10 minutos en tren y vivo cerca de la estación —sonrió Sakura apegándose al personaje ideado por su amiga.

—Está bien. ¿Has trabajado en algún restaurante antes?

—En realidad, no…— Sakura se llevó una mano a la nuca.

—Mira, éste normalmente es un lugar tranquilo, aunque alrededor de las 7 de la tarde comienza a llenarse por los estudiantes que salen de sus clubes. Son bastante ruidosos, pero muy hambrientos y piden mucha comida, así que no me puedo quejar, pues es una ventaja estar cerca de Seiju… —y el hombre continuó hablando sobre el ritmo que seguía el negocio a lo largo del día, sus clientes favoritos y algunos platillos extraños que le habían llegado a pedir. Hubo un momento en el que Sakura ya no pudo seguir el hilo de la conversación, aunque le agradó la afabilidad con que el hombre hablaba y se limitó a sonreírle.

—Señor Higurashi… —los interrumpió un hombre de unos treinta años que salía de la cocina con un mandil blanco ligeramente manchado. El dueño se volvió hacia él y mantuvieron una rápida charla sobre algunos ingredientes que hacía falta comprar. A continuación el hombre, que aparentemente era el cocinero, regresó por donde salió y el mayor caminó nuevamente hacia Sakura.

—Disculpa voy a tener que ir a comprar estas cosas. Pero ¿qué tal si vienes mañana a hacer una prueba? Vamos a ver cómo te sientes con el puesto y entonces hablaremos, ¿te parece bien?

—Oh… ¡Sí, perfecto! —Sakura parpadeó, no pudiendo creer su fabulosa suerte. ¿Realmente estaba logrando tener su primer trabajo tan fácilmente? Además, parecía que su futuro jefe no era una mala persona, y no sólo eso: el hombre en verdad creía que ella era un chico. Bueno, era cierto que aún no trataban el asunto de la paga, pero por algo tenía que empezar y, por lo pronto, cualquier cosa sería buena.

—Ahora me voy… antes de que me cierren la tienda. Te espero mañana a las cuatro— el señor Higurashi se dirigió a la puerta y la abrió, mas se detuvo antes de cruzarla y giró su cabeza nuevamente hacia Sakura—. Por cierto, creo que no me dijiste cómo te llamabas.

—Sí, lo siento, mi nombre es Akira Yamamoto —sonrió la chica, habiendo esperado ese momento desde el instante en que había entrado al local.

——————–

—¿Entonces ya tienes empleo?— los ojos violetas de Tomoyo brillaron con entusiasmo ante las noticias de su amiga. Ambas se encontraban sentadas sobre la hierba durante el receso y conversaban cubriéndose del sol primaveral bajo la sombra de un árbol de cerezo.

—Etto… aún no es seguro. Hoy voy a hacer una prueba para ver si me aceptan.

—¡Ay Sakura, eso es fabuloso! No dudo que te vayan a aceptar —la emocionada joven le guiñó un ojo.

—Eso espero, pero aún tengo unas dudas… —frunció un poco el ceño.

—Dime.

—Si me quedo, mi turno empezará a las 4 de la tarde, así que tendré que salirme del equipo de porristas, pero ése no es el problema —meditó—, sino que no tendré tiempo de ir a casa a cambiarme saliendo de la escuela. Además… —hizo una mueca—ayer Touya no tuvo trabajo y llegó temprano a casa. ¡Casi me descubre cuando entré disfrazada como Akira!

—Ya veo, entonces tendremos que pensar en una solución para eso. Hay que encontrar un lugar en donde te puedas cambiar antes y después del trabajo sin ser descubierta —y con esto Tomoyo adquirió una expresión reflexiva llevándose una mano a la barbilla. Sakura también hizo lo mismo. Tan concentrada estaba la castaña intentando encontrar alguna respuesta, que inconscientemente pegó un brinco hacia atrás cuando su amiga dio un aplauso y soltó un grito excitado:

—¡Ya sé! Tengo las llaves del salón de música y siempre está solo antes de que empiecen los ensayos después de la escuela —explicó mientras tendía una mano a su amiga tirada en el suelo, —¿por qué no te cambias ahí? Saliendo del restaurante puedes venir a cambiarte a mi casa y así ya no tendrás que preocuparte de que Touya vea a Akira-kun

—Te gusta ese nombre, ¿verdad?— Sakura sonrió. No en vano le había resultado tan fácil a la morena pensar en un nombre alterno para su nuevo ‘yo’.

—Claro, ¿no te das cuenta? Akira Yamamoto rima perfectamente con Sakura Kinomoto.

Sakura se fue nuevamente de espaldas ante semejante respuesta. ¿Así que de eso se trataba?

—Está bien —suspiró Sakura—, entonces hoy lo intentaremos a la salida para…

—Así que aquí están —una voz familiar llegó desde unos metros más allá y ambas chicas se volvieron para ver acercarse a dos de sus amigas: Chiharu Mihara y Naoko Yanagisawa, la primera caminando más aprisa, agitando los bucles de su cabello color chocolate mientras andaba; la segunda siguiéndola por detrás con sus ojos sonrientes tras un par de gafas que no restaban belleza a su rostro ligeramente pálido.

—Ah, hola chicas —Tomoyo sonrió como si no hubieran estado a punto de verse descubiertas. Lanzó una mirada de “luego continuamos con esto” a Sakura y se movió para hacer espacio a las otras de sentarse.

—Desde ayer parece que ustedes dos se están escondiendo durante el receso. ¿Hay algo de lo que no quieran enterarnos?

—N-no, ¡claro que no!— Sakura titubeó ante la suspicaz Chiharu, quien a veces parecía un agente de la KGB entrenada para detectar todo tipo de mentiras. Chiharu estuvo a punto de replicar ante la obvia actitud de la castaña, pero fue interrumpida por Tomoyo, quien con una sonrisa tranquila se dirigió a ella:

—Estaba pensando ir a Tokio el fin de semana y estoy tratando de convencer a Sakura de venir conmigo, pero insiste en que su hermano no la va a dejar. ¡Ya sé! ¿Por qué no vienen también ustedes, chicas? Quizás sea más fácil y seguro si vamos las cinco… por cierto, ¿dónde está Rika?

Wow, Tomoyo sí que sabe mentir’ Sakura se quedó contemplando a su amiga. ¿Cómo era posible que hubiera inventado semejante excusa en tan sólo un par de segundos? Lo peor era que sonaba totalmente convincente. Incluso Chiharu pareció creerle, o al menos se dejó distraer con el cambio de tema. Ahora las recién llegadas hablaban sobre su compañera faltante, quien al parecer había olvidado su comida en casa y fue por algo a la cafetería. Sakura, en cambio, seguía pensando en lo que acababa de suceder. ‘Creo que voy a tener que aprender a mentir si no quiero que me descubran tan fácilmente’ sonaba sencillo, pero sabía que no lo sería, seguramente menos para alguien como ella.

——————-

Qué bueno que ahora le dejé comida a Kero, o lo encontraría muerto de hambre cuando regrese del restaurante’ pensó Sakura en su pequeño gato, compadeciéndose del animal que, desesperado tras la larga espera por su comida el día anterior, había terminado haciendo trizas un par de calcetines de Touya, quien de castigo encerró al minino en una caja hasta que Sakura lo descubrió y liberó para darle de comer. ‘Qué cruel fue eso, herman…’

—Disculpe —un hombre llamó su atención desde una mesa—. Me gustaría ordenar de una vez.

—¡Claro! —Sakura se aproximó hasta él—. A sus órdenes.

Afortunadamente la actividad parecía ser muy tranquila en el restaurante. Sí había tenido que atender a varios clientes, pero no solían juntarse todos al mismo tiempo, de manera que no le resultaba difícil lidiar con las órdenes y sus respectivas mesas. Incluso el ambiente resultaba muy agradable: un lugar pequeño con decoración sencilla sobre unas paredes color durazno que relajaban a la vista para disfrutar de una buena comida. Aunque la parte que más le gustaba a Sakura era la vitrina donde se exhibían postres de todos tamaños y sabores. Era como si una parte del restaurante fuera en realidad una pequeña pastelería.

Aparte de ella, trabajaban en el lugar el cocinero y otro mesero. El señor Higurashi atendía la caja y a los clientes que pedían comida para llevar. Había tenido oportunidad de platicar un poco con el otro mesero, Yuta Aizawa, un muchacho de veinte años que buscaba entrar el año entrante a la universidad después de dos años de trabajar para conseguir el dinero suficiente. Él mismo le explicó cómo corría el trabajo en el lugar y le dio algunos consejos sobre los clientes frecuentes.

A decir verdad, Sakura estaba feliz. No había tenido problema alguno hasta el momento y el señor Higurashi parecía contento con su desarrollo a lo largo de la tarde. Faltaba ya poco para terminar, eran pasadas las siete y faltaba menos de una hora para acabar su turno, así que se sentía segura de poder obtener el trabajo. Lo único que tenía que hacer era intentar no arruinarlo todo. Vio que un par de clientes entraban por la puerta y se acomodaban en una de sus mesas. Se acercó inmediatamente para llevarles las cartas.

—Un oyako donburi (3)… —ordenó uno de ellos antes de que ella pudiera siquiera saludarlos, —y un jugo de zanahoria, por favor.

—Oyako-don…— Sakura se apresuró a sacar su libreta y anotar, pero entonces se detuvo—. Lo siento, pero no tenemos jugo de zanahoria.

No había terminado de decir esto cuando el joven se volvió hacia ella y clavó sobre los suyos un par de ojos intensos del mismo color del ámbar que la hicieron tragar saliva.

—¿Syaoran Li…? —susurró. Lo conocía, ese muchacho iba en su misma clase, aunque nunca había cruzado palabra con él, pero sabía algunas cosas de él gracias a su amiga Naoko, quien (al igual que la mitad de las mujeres en el grupo) estaba loca por él.

—¿Cómo sabes mi nombre? —su mirada se volvió más acusadora y Sakura comenzó a sudar sin saber qué hacer. La libreta comenzó a temblar en sus manos, ¿por qué había tenido que abrir la boca?

—Yo… etto…

—Vamos Syaoran, ¿quién en este restaurante no te conoce? Vienes aquí todos los días después de entrenar —habló el joven a su lado, quien resultó ser Takashi Yamazaki, otro compañero de clase que llevaba algún tiempo intentando ligar con su amiga Chiharu.

—Entonces debería saber que siempre pido jugo de zanahoria.

—Pe-pero no está en la carta —una confundida Sakura echó un vistazo a las cartas, las cuales aún estaban en sus manos.

—¡Akira! —se acercó el otro mesero al ver a su nuevo compañero en problemas y le dio una palmadita en la espalda—. Olvidé decirte algo: Syaoran-kun, siempre pide un jugo de zanahoria. Sé que no está en la carta, pero tú no te preocupes por eso, el señor Higurashi y Suzume-san ya lo saben y sólo tienes que pedírselo a Suzume-san. Les pido una disculpa, éste es su primer día —se dirigió entonces hacia los comensales.

—Eh… de acuerdo— Sakura asintió enérgicamente y procedió a anotar la orden. Confundida, ya se dirigía hacia la cocina cuando su atención fue requerida nuevamente:

—Oye… —le llamó Li alzando una ceja—, aún no has tomado su orden —señaló hacia el otro, quien permanecía sentado a la mesa con toda la tranquilidad del universo, como si disfrutara del mundo pacíficamente a través de sus ojos cerrados.

—¡Ah, lo siento! —y le pasó rápidamente la carta al otro.

—Un okonomiyaki (4) con carne de res, por favor —pidió Takashi sin ver la carta—, y un té de limón.

—Okonomiyaki, ¡excelente decisión! —sonrió Sakura sin poder evitarlo, era una de sus comidas favoritas.

—Gracias. Por cierto, ¿sabías que el okonomiyaki en un principio era preparado con larvas de mosca? Fue una de las muchas formas en las que los antiguos japoneses trataban de librarse de una plaga que arrasó por todo el sur de Japón durante el siglo IV, aunque gracias a eso podemos disfrutar ahora de este delicioso platillo, ¿no te parece?— sonrió Yamazaki alzando un dedo y sin siquiera abrir los ojos. Sakura se quedó estupefacta.

—¿Eh… en serio?—Takashi asintió animadamente, sin embargo, el otro no parecía tan convencido.

—Si yo fuera tú, no creería en la mitad de las cosas que dice… si no es que en todas.

—Eh… ¿entonces es mentira?

—No lo sé, pero suele serlo. Si tanto te interesa, te recomiendo investigarlo por tu cuenta. Por ahora… —se escuchó el sonido ahogado de su estómago revolviéndose y el joven se encogió de hombros—, tenemos un poco de hambre.

—¡Ah, sí, lo siento!

—¿Qué tal? Ese dúo dinámico son todos unos personajes, ¿no crees? —Yuta se colocó a su lado después de que ella entregara las órdenes al cocinero, contemplando desde su posición a los clientes que Sakura atendía.

—Pues… creo que son un poco… —pero, pensándolo bien, ella misma había tenido esa impresión desde antes—, sí, creo que tienes razón.

—Y aún no has visto nada. En verdad que no sé cómo le hace— Yuta hizo un ligero puchero.

—¿De qué hablas?

—Espera y verás, deben estar por llegar —el otro mesero revisó su reloj y asintió como para sí—. Oh, ahí están— y alzando las cejas indicó que la atención de Sakura debía dirigirse ahora hacia la puerta, en donde en ese instante tres mujeres de aproximadamente su misma edad entraban para encaminarse a una mesa cercana a la ocupada por Li y Yamazaki.

—Esa mesa es mía, tengo que ir a…

—Espera, aún no termina —Yuta la sujetó de la muñeca para impedirle continuar. Sorprendida, Sakura lo miró y éste le señaló que volviera a ver la puerta, por donde ahora entraban otras 4 jóvenes, éstas con el uniforme de la preparatoria Seiju. El nuevo grupo dirigió una mirada fría a las anteriores y acto seguido tomó lugar al otro lado de la mesa de los muchachos.

—Esa mesa es tuya. Será mejor que tú también…

—No te preocupes, ni siquiera notarán tu ausencia.

—Pero…

—Shhh, mira: —y la hizo volver su atención hacia las dos mesas recién ocupadas— ¿no te das cuenta de que esas preciosidades sólo vienen aquí a coquetear con ese chico chino? Casi todos los días lo hacen, son como un montón de cazadoras tras una misma presa, aunque ninguna de ellas ha hecho un movimiento aún.

—¿Un movimiento? —Sakura parpadeó, confundida.

—Akira, ¿te han dicho que eres un poco ingenuo? —el mesero arqueó una ceja y la joven hizo una mueca.

—Pues… sí— admitió, bajando la cabeza, ‘No puede ser, ¿él también? Pero en verdad que no entiendo de qué me está hablando’.

—Me refiero a que sólo se limitan a observarlo, como si esperaran a que él se decidiera por alguna de ellas. Lo que sí es divertido es ver cómo se lanzan miradas asesinas unas a otras, ¡son unas víboras! —Yuta sonrió ampliamente, absolutamente divertido—. Te voy a decir algo: en realidad, la razón por la que el señor Higurashi consiente tanto a ese tipo con sus juguitos de zanahoria no es por lo que consume, ni por su carisma ni nada parecido, sino por la cantidad de clientes que siempre arrastra. Ahora son dos, pero a veces son hasta cuatro mesas de chicas trastornadas detrás de él.

Sakura volvió a mirar al par masculino, aparentemente ajeno a lo que ocurría en las mesas contiguas, donde efectivamente se estaba llevando a cabo una silenciosa pero mortal guerra de guerrillas. ‘Son siete ahora y dice que hay más… pobre Naoko, ni siquiera se ha de imaginar la competencia que tiene aquí’.

—¿Cuál es su secreto? —Yuta suspiró—. Ese chiquillo las tiene a todas en la palma de su mano y ni siquiera le interesa. ¿Sabes lo que haría si tan sólo uno de esos bombones se fijara en mí? —Sakura no necesitó responder, pues el otro continuó antes de que lo hiciera—. En primer lugar, la amarraría a la cama para que no se escapara… y para otras cosas —bromeó y dio un ligero codazo en las costillas a Sakura, quien se sonrojó terriblemente ante aquello— ¡Vamos! No digas que tú no lo harías.

—Etto… en realidad yo…

—En cambio él… Míralo… ¡Argh, quisiera estar en su lugar! —nuevamente un puchero apareció en el rostro masculino—, ¿Por qué él? ¿Por qué no el guapo mesero?

Sakura se volvió a ver a su compañero. Contempló por un momento sus cabellos rojizos atados en una coleta corta. A continuación vio sus ojos verdes y las pecas que se mostraban en sus mejillas. Su nariz era un poco más grande de lo normal y sus orejas parecían ligeramente desorbitadas, como si quisieran escapar del marco de su delgado rostro. No era lo que se suele llamar “feo”, pero tampoco podría decirse que llamaba la atención por su atractivo.

Bueno… yo no lo llamaría tan guapo’ pensó mordiéndose el labio, ‘aunque sí es muy agradable’, sonrió. En seguida se disculpó con su compañero y fue a atender a las jóvenes de su mesa, quienes no le prestaron mucha atención cuando les entregó las cartas. Como no ordenaron en seguida, Sakura regresó por la orden del otro par, que ya estaba saliendo de la cocina, y volvió con Li y Yamazaki.

—Oye, estaba pensando que tu rostro se me hace un poco conocido —le habló Yamazaki al recibir su okonomiyaki— ¿No vamos en la misma escuela?

—Ah… no, ¡claro que no! Yo soy de la escuela Ouran—soltó una risita nerviosa— ¡Les deseo buen provecho! —y giró sobre sus talones para dirigirse nuevamente al grupo de mujeres.

—Vaya, pareces sonrojado —esta vez las tres le prestaron atención y voltearon a verlo por primera vez, con lo que deslizaron sus ojos a lo largo de toda su figura, sonriendo ampliamente—. No te preocupes, no mordemos —una de ellas le guiñó un ojo y Sakura se encogió de hombros.

—No, claro que no… disculpen, no es por ustedes, es sólo que…

—Vamos, no seas tan tímido. Eres nuevo, ¿verdad? —habló otra— ¿Cómo te llamas?

—Akira Yamamoto, a sus órdenes.

A continuación, las tres se dispusieron a presentarse y darle la bienvenida al “nuevo”. A Sakura le extrañó el cambio tan repentino ocurrido en su actitud, pero no se podía quejar de ello, pues definitivamente no era algo desagradable, además de que seguramente el señor Higurashi se daría cuenta de eso también y se decidiría a darle el empleo. Así pues, les sonrió mientras éstas hacían sus pedidos y regresó a la cocina para pasar la lista a Suzume. Cuando volvía al área de mesas se topó nuevamente con Yuta.

—Hey ¿tú también?— el hombre frunció el ceño

—¿Yo también?— Sakura alzó una ceja.

—Vamos hombre, ¿crees que no te vi con ellas hace un momento? Tienes que decirme luego cómo le hiciste.

—¿Cómo le hice? — la joven Kinomoto no terminaba de comprenderlo. Yuta se acercó un poco más a ella para verla mejor a través de las gafas que constituían el disfraz de Akira. Sakura se hizo inconscientemente unos centímetros hacia atrás, temerosa de que sospechara de su disfraz. El mesero, en cambio, se enderezó nuevamente y elevó los ojos.

—No estabas bromeando: sí que eres lento, ¿verdad?

Glosario

Obentô: Caja para el almuerzo que se lleva a la escuela o al trabajo. Lonchera.

Etto: muletilla similar al “este” en español, de uso MUY frecuente (yo tenía un amigo japonés que se la pasaba diciendo eso cuando se ponía nervioso).

(1) El ciclo escolar en Japón comienza en abril, ya sea en la primera o segunda semana. En este caso empezamos desde la primera semana. La mayoría de las escuelas usan el sistema de trimestres, aunque algunas se rigen por semestres. Creo que me inclinaré por la opción de los semestres para que no se confundan tanto, aunque los 2 sistemas tienen los mismos días de vacaciones (excepto por ligeras variaciones).

(2) Sakura es la más pequeña del salón, ya que en Japón los niños se dividen en sus grados de acuerdo a su edad. Todos aquellos que cumplen años antes del 31 de marzo de un año en cuestión pueden hacer trámites para entrar al ciclo de ese mismo año, pues el ciclo empieza oficialmente el 1° de abril. Por ejemplo, en el salón de Sakura todos debieron cumplir 16 antes del 31 de marzo para entrar al segundo año de prepa (3-4° semestre), pero Sakura ha estado “adelantada” toda su vida, así que eso ya no se puede cambiar. En el caso de la castaña, ella entró a primaria teniendo aún 5 años (cumplió 6 ese mismo día, por así decirlo). No sé si dejé muy claro este asunto.

(3) Oyako donburi, u Oyako-don. Es un delicioso platillo a base de pollo con huevo en una rica salsa sobre una cama de arroz. Por cierto, “oyako” significa “padre e hijo”. ¿Alguien sabe por qué? 😉

(4) Okonomiyaki. Consiste en una masa a base de harina, agua, ñame, huevo y col (o repollo) finamente rebanado a la plancha. Se cocina como una especie de omelette, pues se le agregan otros ingredientes al gusto, pudiendo ser preparado de muchas formas distintas. Como curiosidad, es uno de los platillos favoritos de Sakura en Tsubasa Chronicles y a Kero le encanta al estilo sureño en CCS.

Notas de la autora: Aquí estoy una vez más con una nueva historia. Como podrán apreciar, en este caso me desviaré nuevamente del drama y la tragedia para dirigirme a los terrenos de lo cómico y el romance, así que esta trama será bastante ligera. ¿La ventaja? Pues los capítulos serán más cortos, de manera que ya llevo bastantes avanzados y no tardaré tanto en actualizar en esta ocasión. También habrán notado que éste es un Universo Alterno, pero también tengo otra historia en cocción para aquellas que extrañen el drama, la tragedia y el universo sobrenatural de CCS, aunque ésa aún requiere algo de tiempo antes de que suba el prólogo.

Muchas gracias a Crystal por apoyarme una vez más y darme ánimos de publicar nuevamente (aunque lamento no haber escogido ninguno de los títulos que me sugeriste, ¡pero gracias de todas formas!)

¡Saludos a todos! Y para cualquier duda o aclaración pueden dejar un review o buscarme en mi cuenta de Facebook: Isis TemptationPrincess.

Ja ne!