9. Sol, arena y mar

—¡Qué calor! —Sakura se llevó una mano a la frente para hacerse sombra sobre los ojos, que contemplaban fascinados el azul verdoso del mar que se extendía frente a ellos. Sin pensarlo dos veces se abalanzó hacia la playa y en un segundo se deshizo de sus sandalias para correr con los pies desnudos sobre la arena.

—¡Akira espera! La arena… —Syaoran intentó llamarle, pero el aludido ya iba lejos.

—¡Ay, está caliente! —decidió regresar sobre sus pasos y volver a la seguridad de sus sandalias frente a las carcajadas de los demás que salían de la casa detrás de ellos para llegar a la playa.

—¿Te gusta el mar, Akira? —preguntó Tomoyo con una radiante sonrisa. Conocía muy bien la respuesta, pero aún así la castaña asintió con vehemencia.

—¿Sabían que los primeros navegantes que llegaron a Japón…? —a pesar de haber encontrado la oportunidad perfecta, Yamazaki no pudo dar rienda suelta a su imaginación cuando Chiharu apareció detrás de él justo a tiempo para detenerlo.

—La casa no está tan mal. ¿Es de tu familia, Eriol? —Meiling bajaba las escaleras que conectaba el poco modesto chalet con la arena.

¿Tan mal? Yo más bien diría que es preciosa —rió Fuutie. De cualquier manera, a Eriol no pareció afectarle el comentario anterior.

—Sí, aunque solamente he venido un par de veces —sonrió el inglés.

—¿Por qué? —Akira arqueó una ceja, dubitativa—. ¿No te gusta?

—No es eso. Simplemente prefiero los climas un poco más templados. Si tuviera que elegir entre la montaña y el mar, creo que escogería la montaña, pero eso no significa que no me guste el mar. En cambio, hay alguien que no parece tan satisfecho de estar aquí —sus ojos añiles se posaron en Syaoran, quien se había quedado a algunos metros de ellos, mirando de forma contemplativa el mar y sin prestar mucha atención a sus acompañantes.

—¿Syaoran-kun?

El joven no respondió. Ni siquiera sabía por qué, pero una idea perturbaba cada vez más su cabeza y no se la podía sacudir por más que quisiera. Bien, quizás no era propiamente una idea, sino un corto recuerdo que se repetía cual disco rayado en su mente.

Tomoeda, cuatro días atrás.

—¿A la playa? —las esmeraldas de Sakura parecieron abrirse un poco más al escuchar el sustantivo.

—Sí. Eriol tiene una casa junto al mar y nos invitó a pasar unos días allá, aprovechando que el viernes saldremos temprano de clases y los clubes suspenderán actividades por los trabajos que van a hacer en el sistema de tuberías durante el fin de semana…

—¡Oh! No sabía que era por eso —se extrañó Sakura. Syaoran entornó los ojos e intentó fruncir el ceño, aunque cada vez le era más difícil no reír ante los límites que la distracción e ingenuidad de su compañera alcanzaban.

—No lees bien los anuncios en los tableros ni prestas atención a la jefa de grupo, ¿verdad?

Sakura se encogió de hombros y sonrió, disculpándose por ser tan distraída. Syaoran hizo su disculpa a un lado, no siendo eso lo que buscaba con su comentario.

—Bueno, de todas formas sólo quería avisarte que este fin de semana no voy a estar en la ciudad para reunirnos a continuar lo de Física. ¿Por qué no te tomas tú también un descanso y lo retomamos después? De cualquier forma ya hemos avanzado mucho y podemos seguir trabajando en los puntos siguientes a lo largo de la semana.

—Tienes razón. Entonces diviértete mucho en la playa. Con el calor que está haciendo seguramente el mar estará muy bien —sonrió ella y sacó su obentô del maletín. Estaban en el receso y se habían quedado en el salón para platicar al respecto—. Yo aprovecharé el fin de semana para hacer otras cosas. Incluso quizás invite a Tomoyo al acuario. Hace tiempo que teníamos pensado ir…

—Ah, por cierto: Daidouji-san… —Syaoran titubeó—, creo que ella también irá con nosotros.

Fue evidente que la castaña no se esperaba eso. Su rostro se transformó repentinamente en una expresión de desconcierto y Syaoran se preguntó inmediatamente si no había dicho algo mal.

—¿Tomoyo irá con ustedes?

—Creo que sí. Meiling dijo que la invitaría —cada vez se sentía más culpable, como si estuviera haciendo algo que iba de mal en peor.

—Ah…

—Aunque no sé si fue Mihara-san quien insistió en que Daidouji también fuera.

—¿Chiharu también? —Sakura parecía cada vez más desconcertada. Esta vez a Syaoran le quedó claro que sólo lo estaba empeorando.

—¡Pero a ella la invitó Yamazaki! Es decir… —mejor calló. ¿Debía seguir hablando?

—Ah… —Sakura bajó un poco la mirada, pero logró emitir una sonrisa un tanto descorazonada—. Bueno, espero que se diviertan mucho. Gracias por avisarme de todas formas, así tendré tiempo de planear todo lo que tengo que hacer este fin de semana.

—Oye, si fuera por mí te invitaría, pero… —pero Meiling había dicho explícitamente que no quería ver a Sakura Kinomoto en ese viaje. Después de la famosa fiesta del viernes pasado, a la que ni él ni Sakura habían podido asistir, su prima parecía más molesta que nunca y su inexplicable odio contra la castaña se había desarrollado exponencialmente. Incluso había amenazado con llamar a Yelan Li para contarles cosas que él no entendió muy bien en medio de su balbuceo, pero que a fin de cuentas no se escuchaban nada agradables.

En resumen, las cosas solamente habían empeorado. La única solución posible a la insoportable histeria de Meiling pudo plantearla Eriol al proponer un fin de semana junto al mar, y a Syaoran no le quedó otra opción que acceder a las condiciones impuestas por su prima.

— No te preocupes por mí —la voz de Sakura lo sacó de sus pensamientos para devolverlo al presente—, en verdad no hay problema: hay mucho que hacer en mi casa.

Syaoran casi escuchó un crack en su interior al sentir como si algo se rompiera dentro de él. Vio frente a sí los vanos esfuerzos de la joven por sonreír tras escuchar cómo sus amigos se iban de paseo dejándola sin siquiera invitarla y se dio cuenta de que no le gustaría estar en su lugar.

—Oye, yo… —¿Qué le iba a decir? No podía decirle que prefería quedarse para hacerle compañía, que los demás se fueran al infierno y que ellos dos hicieran planes juntos. Definitivamente no podía, ¿cierto? Era una ridiculez.

—Diviértete mucho, ¿sí? —inesperadamente Sakura tomó sus manos y sus impresionantes verdes ojos se fijaron en él cuan grandes eran—. Hazlo por mí. ¿Sabes? ¡Amo el mar! Me encanta lanzarme en las olas, coleccionar conchitas y caracoles y enterrarme en la arena, pero desde que Touya entró a la universidad papá y yo dedicábamos los fines de semana y las vacaciones para ir a visitarlo o para recibirlo en casa, así que hace años que no voy a la playa; por eso no te lo voy a perdonar si no te la pasas bien. Lo dejo en tus manos, ¿ok? —le guiñó un ojo y le regaló una enérgica sonrisa—. Encárgate de que todos se diviertan y lo disfruten. Yo los espero aquí el lunes.

Syaoran parpadeó. ¿En qué momento se habían cambiado los papeles? ¿Acaso ella había se había dado cuenta del cambio que él había experimentado en su estado de ánimo al verla triste? No podía ser que ella dijera esas cosas para animarlo a él, que a fin de cuentas era quien se marchaba de paseo con las amigas de ella dejándola ahí. No, era imposible, casi irrisorio.

Sakura Kinomoto. ¿Qué clase de persona extraña era ella?

Casa de playa Hiragizawa, tiempo presente.

Lo cierto es que no podía quitarse de la cabeza esa idea. Era como un sentimiento de culpa que azoraba su pecho. ¿Por qué? Se preguntaba; después de todo, aunque a lo largo de las últimas semanas ambos se habían llevado muy bien, especialmente después de lo ocurrido el viernes pasado, eso no significaba que tuviera que invitarla a un paseo de fin de semana… a pesar de que las amigas de la chica Kinomoto también estuvieran con ellos.

—¿Qué les parece si hacemos algún castillo o una escultura con la arena? —escuchó la voz de Akira, quien volvía a corretear por la arena, esta vez con las sandalias bien puestas. Tomoyo y Eriol se unieron al mesero y comenzaron a decidirse por una figura.

Syaoran sonrió. Al menos había sido una buena idea invitar al chico. Tampoco tenía tanto tiempo de conocerlo, pero no podía negar que ese muchacho tenía carisma. Gracias a él la conversación en el camino había fluido bastante bien, además de que todos parecían de buen humor, en parte gracias a la energía que ese enclenque muchacho inyectaba al ambiente. Incluso había pensado que Daidouji estaría cabizbaja pensando en su amiga, y lo más extraño era que había sido la misma Tomoyo quien le sugirió incluir al mesero en sus planes, aunque quizás no debería sorprenderle tanto, pues a leguas se veía que había una excelente química entre Akira y la chica. Probablemente algún día terminarían siendo pareja.

—Un castillo de arena… ¡qué infantil! —escuchó un bufido a su lado y no tuvo que pensar un segundo para saber de quién se trataba—. Bueno, mientras ellos se aburren con cosas para niños yo iré a cambiarme. ¿No quieres nadar un rato conmigo, Xiao Lang? El agua se ve deliciosa.

—Voy a acomodar la comida que trajimos y ver si no falta nada más para el almuerzo y la cena —respondió él, aún distraído con sus pensamientos. Su prima resopló ante la falta de atención y entró a la casa.

—¿Crees que puedas ser un poco más condescendiente con ella? Sé que es caprichosa, pero no olvides que lo único que le interesa es estar contigo —se acercó Fuutie a él y ambos caminaron a la casa para verificar la alacena.

—¿Tampoco a mí vas a decirme qué es lo que te está molestando? —habló su hermana nuevamente tras algunos minutos de silencio mientras ordenaban latas y comida fresca en sus respectivos lugares—. Eres muy obvio Syaoran. ¿Realmente esperabas que no me diera cuenta? Conozco muy bien a mi hermanito —se jactó al ver su gesto sorprendido.

—No es nada —y frunció el ceño, pensando que era verdad: realmente no tenía por qué molestarse por esas cosas—. Sólo estoy un poco distraído con cosas que no valen la pena. En un rato se me pasa.

—Es por lo de tu amiga Kinomoto, ¿verdad? —lo vio alzar las cejas, sorprendido—. Tomoyo venía diciendo algo al respecto: que a su amiga Sakura le encanta el mar y le fascinaría haber venido, aunque a Meiling no le cae muy bien. De cualquier forma, Tomoyo no parece tan nostálgica como tú. Ella se está divirtiendo mucho con Akira, ¿por qué no haces tú lo mismo?

—En primer lugar, Kinomoto no es mi amiga, sino una compañera —se apresuró a aclarar él, sintiendo las mejillas arderle—; además, no es… no es eso. Bueno, no precisamente —¿Por qué hacía tanto calor en ese condenado lugar? Al entrar había estado seguro de que el interior de la casa era mucho más fresco que el exterior— … sólo me molesta que Meiling haya insistido tanto en que ella no debía venir. ¿Para qué mencionarlo? Como si yo fuera a invitarla siquiera —bufó desviando la mirada.

—No sé por qué te extraña tanto. Sabes que Meiling es muy celosa —recalcó su hermana.

—Ése es su problema —Syaoran se encogió de hombros—. ¿Y por qué Kinomoto? Desde el primer día que la vio la ha odiado sin razón alguna. No es como con las demás compañeras de la escuela, es más bien como si estuviera predispuesta solamente hacia Kinomoto.

—¿Quieres decir que no cela a las demás? —inquirió Fuutie, incrédula. Syaoran negó con la cabeza.

—No realmente. Quiero decir; desde que gritó en el patio que yo era su prometido y lo hizo tan público, sí ha tenido discusiones abiertas con algunas de ellas e incluso amenaza a otras, pero es cosa de una vez y las deja en paz. En cambio, a Kinomoto no la deja ni un minuto.

—Ya veo por qué —susurró Fuutie para sí.

—¿Qué dijiste?

—Nada, olvídalo —sonrió—. No creo que valga la pena seguir hablando de eso aquí, ¿no te parece? Mejor hay que divertirnos con los otros. ¿Ya no queda nada más por acomodar? Creí que habíamos traído más cosas.

—No, eso fue todo. Gracias por ayudarme —le sonrió su hermano y le propuso que fueran a ayudar a los demás con el castillo. Fuutie lo siguió entonces hacia afuera y lo vio unirse a los otros. Sabía que no podía estar equivocada: ése no era el mismo Syaoran que había dejado China poco más de un año atrás. El sólo hecho de imaginarlo haciendo algo tan sencillo e “infantil” (como había dicho Meiling) como un castillo de arena era antes impensable. Y no sólo se trataba de eso…

Syaoran quizás no lo había notado, pero la manera en la que defendía a su amiga —o compañera, como él insistía— decía mucho de él. Para ella quedaba claro que no podía tratarse de cualquier compañera, pues en tal caso el muchacho no se molestaría en darle tantas vueltas al asunto ni le importaría siquiera la actitud que tuviera su prima frente a ella. Sin embargo ése no era el caso y quedaba demostrado que, en mayor o menor grado, a Syaoran le importaba, y lo más seguro era que Fuutie no hubiera sido la única en notarlo: Meiling debía saberlo muy bien a estas alturas, y su actitud respecto a la muchacha cada vez que su nombre salía a colación daba muestra de ello.

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—¿Puedo sentarme contigo? —Akira levantó la mirada y vio a Eriol metiéndose bajo la sombrilla para quedar de pie a su lado. Hacía rato ya que todos se habían dispersado y ella había decidido echarse tranquilamente sobre la arena, junto al extravagante castillo que con ayuda de los demás había construido, mientras ellos nadaban y jugueteaban en el agua.

—Claro —Sakura se movió para hacerle espacio en la toalla que había tendido sobre la arena.

—Gracias. Oye, ¿puedo hacerte una pregunta? —esperó a que Akira asintiera y continuó—. ¿Por qué no te metes a nadar con los demás? Pensé que te gustaba mucho el mar.

Sakura se turbó. Claro que no podía meterse al mar con los demás, empezando por el hecho de que no podía ponerse un traje de baño sin que todos notaran un pequeño detalle: que no era un hombre. ¿Y cómo explicarlo?

—Bueno, es que yo… —bajó la mirada—, no sé nadar.

—¿En serio? —no vio la cara de Eriol, pero su voz no denotaba emoción alguna, así que no supo si le había creído o no—. Pero no es algo de lo que tengas que avergonzarte; en realidad es algo muy normal —el inglés sonrió, aunque ella no lo vio—. De cualquier forma no necesitas nadar para entrar. ¿Por qué no te unes a Mihara y Yamazaki? El agua no es profunda en donde están —señaló a la pareja que chapoteaba a escasos metros de la orilla.

—Ah, cierto… —Sakura soltó una carcajada nerviosa, no sabiendo qué decir a eso—; es que yo… ¡No se me había ocurrido!

—Eso no es problema. Puedes ir ahora mismo y cambiarte, ¿no te parece? —insistió Eriol.

—Eh, sí… —Sakura estaba a punto de rendirse. Pareciera que el muchacho tuviera una respuesta a cada una de sus excusas.

—Bien, entonces ve y diviértete con ellos. Te aseguro que es mejor que quedarse aquí sentado a la sombra. Mientras, yo iré preparando algo de comer; seguramente cuando salgan del agua todos estarán muy hambrientos —Eriol hizo ademán de levantarse y Sakura decidió aprovechar la oportunidad y se incorporó con él.

—¡Espera, déjame ayudarte!

—No tienes por qué. Ustedes son mis invitados, ¿recuerdas?

—No te preocupes, será mucho más divertido si lo hacemos entre dos. ¡Vamos! —Sakura se adelantó hacia la cabaña para evitar que él pudiera detenerla. Eriol rió para sus adentros al verla caminar delante de él. Observó las piernas que contrastaban significativamente con el short masculino y los delgados brazos que se agitaban contra el viento en su trotar.

—Deberías tener más cuidado. Ni siquiera te das cuenta de que corres como una chica —susurró para sí, siguiéndola divertido con la mirada al subir ella por las escaleras.

—¡Eriol! —Akira lo llamó desde la entrada, agitando una mano hacia él.

—¡Ya voy! —abandonó el resguardo de la sombrilla para caminar sobre la arena, no dejando de notar la chispa en la sonrisa femenina—. Debes ser muy despistado para no notarlo, Syaoran— rio para sus adentros y se acomodó los lentes mientras veía por el rabillo del ojo la figura del chino que nadaba de regreso hacia la orilla.

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—¡Nueve a tres! —señaló Fuutie entusiasta cuando la bola cayó lejos de la línea. Meiling celebró el pique con Syaoran en tanto Takeshi y Chiharu lamentaban la enorme diferencia por la que iban perdiendo.

El sol caía rápidamente por el horizonte, pero los jóvenes habían optado por aprovechar hasta el último rayo de luz de día para divertirse un rato más. Ya habían reposado lo suficiente después de la comida, así que sus energías se encontraban nuevamente a tope y la mejor manera de desquitarlas se encontraba justo en las redes de volibol, así que una vez formada la cancha y colocada la red, lo demás había sido más sencillo: dividir al grupo en equipos de dos personas, con un hombre y una mujer cada uno para hacerlo más equitativo.

—Li y Meiling son bastante buenos —comentó Tomoyo al lado de Sakura—. Creo que pronto nos va a tocar a nosotras contra ellos.

—No te preocupes —le sonrió ella confidente—. Sólo hay que dar nuestro mejor esfuerzo.

—No estoy preocupada —le corrigió Tomoyo—. Aunque no haya ningún hombre en nuestro equipo, de todas formas estás tú, y no conozco a ninguna mujer que tenga mejor aptitud para los deportes que tú, Sakura, así que confío en que podremos darles una buena batalla —una vez más esa extraña y bien conocida energía de orgullo emanaba de su idealista amiga.

—Eh… je-je—la elogiada no encontró mejor respuesta que una nerviosa risilla.

—¡Les dije que no podrían con nosotros, somos la combinación perfecta! —rió Meiling celebrando otro punto. Ya casi terminaban con la otra pareja.

—Creo que no me había tocado ver a Meiling tan feliz antes —observó Sakura, y aquello no podía ser más cierto, pensó Tomoyo.

—Es porque no tiene que preocuparse por una persona que no está —comentó Tomoyo con tono casual ‘… o que cree que no está’, sonrió para sus adentros, contemplando los verdes ojos de su amiga detrás de las gafas que el disfraz de Akira suponía.

—¿Qué? ¿Cómo que no tiene que preocuparse por alguien? —parpadeó Sakura confundida. Tomoyo meneó la cabeza y agitó una mano, restándole importancia al asunto.

—Olvídalo, sólo estaba pensando en voz alta. Realmente no puedo saber qué es lo que está pasando por la mente de Meiling, ¿cierto? Pero eso no importa. Lo que importa es que todos estamos aquí, juntos y felices. ¿Cómo te la estás pasando tú?

—Uhm… —dudó Sakura—. Bueno, es un poco difícil no poder meterme al agua, pero de todas formas me he estado divirtiendo mucho.

—Pero… aunque no tuvieras que esconderte no estarías tan tranquila usando un bikini en estos días, ¿cierto? —un guiño de su amiga la tomó por sorpresa. Enseguida entendió a qué se refería ésta.

—¿Eh? ¿Cómo… supiste?

—Soy tu mejor amiga, Sakura-chan —rió Tomoyo con harto deleite—. Conozco todo sobre ti, y tu período menstrual no es la excepción.

—¡Shhh-Tomoyo! —la apenada castaña se apresuró a cubrir con una mano la boca de su amiga, temiendo por primera vez que alguien fuera a escucharlas. Hubieran podido hablar antes sobre millones de cosas de mujeres y ni siquiera le hubiera venido a la mente que las dos parejas jugando o la que en esos momentos fungía como “árbitros” le fueran a escuchar, pero nada más con oír aquellas palabras se habían encendido en ella todos los focos de alarma, tal como sucedía ahora con su rostro ahora rojizo.

—Tranquila, no nos pueden escuchar… ¡ah, ya nos toca! Vamos, Sakura, es nuestro turno de intentar vencer a Li y Meiling —comentó la de ojos violetas con la misma calma de siempre y se puso de pie para ayudar a su amiga a hacer lo mismo.

—No vayan a confiarse, porque aún tenemos energía para al menos cinco partidos más—señaló Meiling al verlas llegar a la cancha—. ¿Verdad, Xiao Lang?

Por toda respuesta, su primo se encogió de hombros y se acercó con el balón hacia Akira

— Saquen ustedes primero —le tendió el balón, extrañando al ojiverde con la falta de emoción en su voz.

Parece extraño. ¿Será que no se la está pasando bien?’ se preguntó Sakura ‘Pero ¿por qué?’. Sea cual fuera la razón, no le gustaba verlo así.

—¡Syaoran! —le gritó cuando éste le dio la espalda para regresar a su lado de la cancha. El aludido se viró a verla—. No se te ocurra distraerte ni bajar la guardia, o los haremos morder el polvo.

—¿Qué? —Syaoran pareció salir de su estado de sopor y la contempló como si apenas pudiera creer aquellas palabras (la verdad es que ella misma apenas podía creer que acababa de decirlas). De cualquier manera su estupor no duro mucho, pues inmediatamente el chino hizo una mueca burlona y alzó el mentón—. ¡Ja! Ya veremos quién muerde el polvo —y regresó a su lugar. Sakura sonrió para sí al ver que había logrado cambiar en algo el estado de ánimo del ambarino. Ahora sólo tenía que preocuparse por darle una buena batalla en el juego para que esas energías no decayeran y, de paso, procurar no terminar ella misma con la cara en la arena.

—¿Quieres sacar, Tomoyo? —Sakura pasó el balón a su amiga y se colocó al frente, mirando con la expresión más amenazadora posible a Syaoran, quien le devolvió el gesto. Tomoyo caminó a la línea de saque y los contempló en su fingida batalla muda durante apenas dos segundos. No fue necesario más.

Si tú misma te dieras cuenta, estarías más preocupada que Meiling’ Tomoyo golpeó la pelota y la vio pasar la red. Syaoran la repelió de su cancha en seguida, pero Sakura hizo una plancha rápida y el balón terminó lejos del alcance del chino. Sakura festejó viendo al joven en el suelo.

Sólo espero que no te rompa el corazón… aunque invariablemente alguna de las dos saldrá herida aquí’ se lamentó Tomoyo lanzando una rápida mirada a Meiling también. ¿Debería interferir? Después de todo, los dos chinos supuestamente estaban comprometidos y una buena amiga no permitiría que su mejor amiga se metiera con alguien que ya había sido “apartado”. Pero no tenía idea de cómo podría detener a Sakura de hacer algo de lo que la castaña ni siquiera se daba cuenta que estaba haciendo; menos aún cuando el objeto de la discordia tampoco parecía enterado de que un triángulo se estaba conformando más rápido de lo esperable entre ellos.

Lo que es más: no le cabía duda de que Syaoran no estaba del todo feliz con el asunto del compromiso. A decir verdad, pareciera que Meiling fuera la única conforme con ello.

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La noche había caído rápidamente sobre ellos. Habían intentado prolongar las cosas en la mayor medida posible, pero invariablemente llegaba el momento de decir las buenas noches e irse a descansar. Los signos de cansancio y los párpados pesados aparecían poco a poco en los rostros de todo el grupo. Sin embargo, cuando el azar conspira contra uno, ninguna hora es demasiado tarde para plantar una zancadilla más en el trasero:

—¿Qu-qué? —Akira parecía estupefacto. Los demás lo contemplaron confundidos, a excepción de Eriol y Tomoyo, el primero porque era quien acababa de hacer la sugerencia que tanto parecía divertir a la segunda.

—¿Qué pasa, Akira? —Takeshi fue el primero en hablarle—. A mí me parece una excelente idea. Además, las habitaciones son lo suficientemente grandes y se pueden acomodar algunos futones extra sin problemas

—A mí también me gusta. Los chicos pueden estar en la planta baja y nosotras en la planta alta, ¿qué les parece? —secundó Chiharu.

—Y si todos los hombres están en una habitación y las mujeres en la otra, me voy a sentir más segura de que ninguno intente hacer… “travesuras” —añadió Fuutie, guiñándoles un ojo con aire de superioridad al sentirse como la adulta responsable en aquel grupo conformado primordialmente por adolescentes.

—Eso también te incluye a ti —bostezó Meiling, sabiendo que ahí también se encontraba el prometido de su prima.

—Sí, pero yo no estoy en la “edad de las hormonas” —argumentó Fuutie a su favor—. Mira, ¡Akira incluso se ha puesto rojo! ¿Qué estabas pensando hacerle a Tomoyo? No esperabas que les permitiéramos estar juntos, ¿o sí?

—¿Yo… a Tomoyo? —Sakura se señaló y luego a su amiga, no comprendiendo por qué la hermana de su compañero diría semejante cosa.

—No te hagas el inocente. Todos ustedes son iguales, por eso tú también te vas con ellos —Fuutie señaló a los demás chicos—. ¡Buenas noches! —les guiñó un ojo y acto seguido se dirigió a la planta alta arrastrando a las muchachas consigo, a quienes apenas les dio tiempo de despedirse de los varones.

—Buenas noches, Akira, ¡pórtate bien! —se despidió Tomoyo de lo más divertida, dejando que su curiosidad sobre lo que su amiga haría en semejante situación hiciera desaparecer (al menos momentáneamente) cualquier preocupación que el asunto del famoso “triángulo amoroso en formación” pudiera traer a su cabeza.

—¡No! Pero… ¡Tomoyo! —clamó Sakura casi con terror. ¿Qué clase de broma podía ser ésa y por qué su amiga participaba en ella?

—Bueno, ahora que ya se fueron, ¿alguien tiene alguna sugerencia sobre lo que podemos hacer? —habló Eriol con una enorme sonrisa, como si el rostro desencajado de Akira no fuera la gran cosa.

—¿Y si nos llevamos comida a la habitación para seguirle?

—Acabas de cenar, ¿aún tienes hambre? —le espetó Syaoran a Takeshi, quien se encogió de hombros con el mismo gesto despreocupado de siempre.

—Siempre que como se me ocurren las mejores historias de terror, ¿Qué les parece? —sonrió Yamazaki.

—¿De te… de terror? —como si pudiera ser posible, ahora el rostro de Akira sí que había pasado del rojo carmesí al más blanco mármol.

—Si ése es el caso, también podemos ver una película —conjeturó Eriol—. Me parece que tengo algunas de terror en esta casa.

Sakura casi sintió ganas de llorar. Eso verdaderamente tenía que ser una horripilante y muy pesada broma. Lo sabía, sabía que algún día el destino le haría una mala jugada en relación a su fobia por los fantasmas y prácticamente cualquier cosa que perteneciera al rango de lo paranormal, pero no esperaba que fuera a suceder el mismo día en que tenía que dormir disfrazada de chico entre un montón de hombres, en pleno día rojo de su calendario femenino.

No, eso ya no era una broma, era una conspiración del universo.

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Aquello era una auténtica pesadilla y no podía esperar el momento de despertar. Sentada sobre el sofá de la amplia habitación, Sakura sentía que sudaba frío mientras veía cómo ese espíritu rencoroso causaba una masacre con todos los pobres sujetos que habían ido a dar a esa casa embrujada que, para fastidiarla aún más, tenía que estar precisamente en la playa.

Apenas iban a la mitad de la película, pero a ella le parecía que había durado días enteros.

Eriol se puso de pie para ir al baño y vio al pobre Akira que luchaba por no cerrar los ojos y contener un buen grito.

—¿Estás bien? —preguntó gentilmente.

—S-sí… sí —repitió ella, apenas pudiendo articular palabra. En ese momento Syaoran, que contrario a Akira y Eriol había escogido sentarse sobre el suelo junto a Takeshi, desvió su atención hacia ellos.

—No te ves bien. Pareces un poco pálido y estás sudando —puntualizó acercándose a inspeccionar al chico más de cerca, momento en el que Yamazaki también se les unió. Eriol los dejó y caminó hacia el sanitario.

—De verdad, sólo estoy un poco cansada… ¡cansado! —se corrigió inmediatamente. Estaba tan aterrada por la maldita película que no podía ni concentrarse en su papel.

—Tienes razón, yo también. Creo que no falta mucho para que se acabe, así que en un rato más podremos ir a dormir —habló Takeshi, aunque Syaoran aún no estaba convencido de que se tratara de cansancio y nada más. Era muy extraña la forma en la que Akira estaba actuando desde que habían entrado a la habitación, y todo parecía haber empeorado desde el momento en que habían elegido la película que verían. De hecho era el único que aún no había probado bocado alguna de las botanas que habían traído para ver el largometraje.

—A mí no me parece que sea solamente cansancio. Quizás estás enfermándote —habló finalmente.

—¿Enfermán…? ¡No, estoy bien, en verdad!

—Estoy de acuerdo con Syaoran —Eriol regresó a la habitación—. ¿Por qué no nos dijiste Akira?

—¿Qué cosa? —parpadeó Sakura, confundida.

—Acabo de venir del baño y encontré que había algunos papeles con manchas de sangre en el bote de la basura —comentó el inglés con total seriedad—. Fuiste tú el último en ir al baño cuando empezó la película ¿no? Dime, ¿estás lastimado o tuviste una hemorragia en la nariz?

Sakura quedó de piedra. Lo único que su mente pudo formular en ese preciso instante fue una rápida oración implorando que la tierra se abriera en ese segundo y se la llevara hasta el centro para quemarla rápidamente en material incandescente.

Mátenme, por favor’. Sabía a qué sangre se refería Eriol. Lo que él y los demás no sabían era de dónde y por qué había salido, y era eso precisamente lo que no estaba dispuesta a decirles.

—No se ve bien, se está poniendo rojo —escuchó los comentarios como sonidos ahogados. Creyó percibir que era Syaoran quien hablaba—… y caliente. Creo que tiene fiebre —le pareció también sentir una mano sobre su frente.

—Será mejor que lo recostemos —sugirió Eriol y el ambarino estuvo de acuerdo.

—Estoy… bien —insistió ella de manera automática al sentir que entre los dos chicos la levantaban en vilo y la llevaban a la única cama en la habitación.

Mejor que me lancen por la ventana’ pensó Sakura y luego supo que ni eso serviría, estando ellos en la planta baja.

El universo definitivamente la odiaba.

—¿Por qué no dijiste nada antes? ¿Era mucha sangre, Hiragizawa? —incluso Yamazaki se escuchaba preocupado.

—Parece que se va a desmayar. ¿Akira, nos escuchas?

—¡Hey, Akira! Responde: ¿estás lastimado? ¿De dónde? —una vez que estuvo recostada sintió que tomaban de su playera y comenzaban a levantarla para quitársela. Fue sólo entonces que reaccionó.

—¡No, no estoy lastimado! —con torpes movimientos al aire se apresuró a retirar las manos, que resultaron ser las de Syaoran, y se sentó sobre la cama.

—¿Entonces por qué estás sangrando? —el chino se sentó a su lado, contemplándola con gesto serio y preocupado. Sakura suspiró.

—Yo no… —suspiró y decidió cambiar de estrategia—. De la nariz, sólo era una hemorragia, nada de qué preocuparse.

—No fue por el balonazo que te di, ¿o sí? —Syaoran frunció el ceño recordando una jugada durante el partido de la tarde en la que una de sus bolas picadas había ido a dar directamente a la cara del mesero—. Déjame ver eso —encendiendo la lámpara de mesa a un lado de la cama tomó su rostro con una mano y lo alzó al tiempo que él mismo inclinaba la cabeza para inspeccionarlo más de cerca.

—¿Qu-qué… qué haces? —Sakura comenzó a tartamudear, sintiendo que el calor en su cara se triplicaba al sentir la intensa mirada del chino tan cerca de ella, con sus dedos quemándole la piel de la barbilla. ¿Qué era lo que estaba pasando? Difícilmente podía entender cómo era que había terminado sobre la cama, con Syaoran sentado en la orilla, inclinado hacia ella de esa manera, y mucho menos podía seguirle la pista a las extrañas sensaciones que bullían desde su pecho y cabeza desde el momento en que Li había rozado sin querer su cuello al acomodarla en el colchón.

—Ni siquiera se ve que tengas algún golpe o una marca en el puente de la nariz por el balonazo. Y no veo restos de sangre en los orificios ni en el borde de tu nariz —habló él de manera lógica y con una recobrada calma, como si el otro joven no lo estuviera contemplando con ojos desorbitados—. Aún así, se nota que no te sientes bien y estás comenzando a temblar. ¿Sientes escalofríos?

—¡No! En verdad, sólo estoy cansado.

Eriol sintió compasión al ver el gesto desesperado de la muchacha. Incluso se sintió un poco culpable por haber mencionado lo de la sangre y dejarla en esa situación tan vergonzosa y apremiante. Optó por llevar las cosas a buen término de una vez, de manera que se acercó a Syaoran mientras con una mano buscaba el apagador de la lámpara.

—No te preocupes, debe ser por el calor. Es normal que cuando hace mucho calor se rompan algunos vasos sanguíneos en la nariz, así que creo que lo mejor será que se acueste y permanezca boca arriba para contener el sangrado. ¿Qué te parece Akira? ¿Prefieres que te dejemos dormir? —preguntó, pero conocía perfectamente cuál sería la respuesta de la chica. No se necesitaba ser un genio para saberlo.

—¡Sí, gracias! Seguramente si duermo mañana amaneceré mucho mejor. No quiero preocuparlos, chicos

—Entonces quédate ahí —agregó Yamazaki—. Nosotros dormiremos en los futones.

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Al día siguiente el clima no podía ser mejor, al igual que el humor de Sakura, quien se había levantado con los primeros rayos del sol. Después del desayuno, ella y Tomoyo salieron a dar un paseo por la playa. Sakura llevaba una pequeña cubeta consigo para recoger conchitas y probablemente alguna que otra piedra.

—¿No tuviste problemas para dormir con la peluca? —quiso saber Tomoyo y su amiga negó con la cabeza.

—Aunque en algún momento de la noche se me cayó, pero hoy desperté antes que los demás y pude acomodármela nuevamente en el baño —se llevó una mano al falso pelo de Akira y sonrió orgullosa—. Creo que estoy aprendiendo rápidamente a disfrazarme.

—¿ despertaste antes que Hiragizawa y Li? —Tomoyo no lo podía creer, pero la otra asintió.

—Creo que se desvelaron mucho anoche.

—¿En serio? ¿Qué hicieron los chicos en la noche?

—Ay… —Sakura no quería llegar a esa parte, pero no le quedó otra opción. Entonces explicó a su mejor amiga el asunto de la película de terror y cómo por poco era descubierta por Eriol. Tomoyo escuchó atentamente su relato y no olvidó reírse al imaginarse al pobre Akira a punto de ser expuesto cuando los muchachos pretendían levantar su playera para examinarlo.

—No te burles —Sakura hizo un puchero—. ¡Casi sufro un trauma ahí! Imagínate si me hubieran descubierto…

—Pero eso no pasó… —Tomoyo pareció dudar—. ¿Dices que fue Hiragizawa quien descubrió lo de la sangre en el baño?

—Sí, ¿por qué?

Tomoyo quedó pensativa. Había notado algunas manifestaciones un poco “particulares” en lo que al trato de Eriol con Akira se refería. Incluso comenzaba a preguntarse si acaso el inglés no sabía ya de la identidad falsa de Sakura.

—Tomoyo… —Sakura intentó llamar su atención— ¿Qué pasa?

—Nada —se apresuró a sonreírle para evadir el tema—. Sólo pensaba en el desayuno de hoy. La hermana de Li es una excelente cocinera, ¿no lo crees?

—Sí, él me contó que ella estudió para chef y ahorita está trabajando como ayudante de cocina en una empresa de catering.

—¿Igual que el joven Yukito? —sonrió Tomoyo ante la mención del nombre y el inminente sonrojo que su amiga sufrió como consecuencia.

—Sí —Sakura se mordió el labio intentando luchar contra el repentino calor de sus mejillas—. No había pensado en eso, pero le preguntaré a Li si de casualidad Fuutie no trabaja en donde mismo.

—¿Entonces ella vino a Japón para buscar trabajo? —quiso saber Tomoyo y Sakura quedó pensativa. Syaoran le había comentado a Akira que no quería que el asunto del compromiso entre Fuutie y Eriol se hiciera público antes de la fiesta de compromiso. No sabía muy bien el por qué del mutismo, pero algo le decía que el chino no estaba contento con ese matrimonio y aún quería hacer algo por evitarlo. De hecho tampoco quería que las noticias sobre su propio compromiso se esparcieran, pero aparentemente era imposible detener a Meiling de divulgarlo por doquier.

—Te quedas callada como si fuera secreto de estado —bromeó Tomoyo—. Está bien, si por alguna razón no debes decirme lo entiendo —le guiñó un ojo a su amiga y desvió su atención hacia la arena—. ¡Mira! Ese caracol es perfecto.

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—¿Dónde andaban? —las recibió Yamazaki cuando regresaron a la casa—. Estábamos pensando ir a rentar unas motos acuáticas. ¿No quieren venir?

—¡Por supuesto! —Tomoyo asintió enérgicamente y caminó hacia el interior—. Sólo déjenme ponerme un traje de baño.

—¿Tú también vienes? —preguntó Chiharu a Akira—. Hiragizawa nos comentó que no sabes nadar, pero no tienes de qué preocuparte: tienen chalecos salvavidas.

—Es muy seguro —agregó Eriol asustando a Sakura. ¿En qué momento el inglés se había colocado justamente a su lado?—. Lo más probable es que sólo tengas que tocar el agua para subirte a la moto. Por lo demás, ni siquiera tendrías que pensar en el traje de baño o en quitarte la playera.

—¿No tengo que usar traje de baño? —aquellas palabras sonaron muy tentadoras para Sakura.

—Bueno, sí, o quizás con un short sea suficiente —le guiñó un ojo Chiharu y con eso convenció a Sakura. Mientras no tuviera que quitarse la playera todo sonaba excelente para ella, así que se apresuró al interior para buscar qué ponerse, incluyendo una playera que no fuera blanca en caso de que fuera a mojarse…

—Hey, ¿qué llevas ahí? —la detuvo Syaoran cuando entró a la habitación de los varones para buscar su maleta. Sakura quiso dar la vuelta en el momento en el que se dio cuenta de que el chino se encontraba en ropa interior con su traje en una mano. Sin embargo sus movimientos fueron tan torpes que terminó tropezando consigo misma y cayendo de bruces al suelo. La cubeta que llevaba en una mano salió volando hasta la mitad del cuarto, en donde buena parte de su contenido se dispersó por el piso al voltearse.

—¡Lo siento, no sabía que estabas aquí! —cerró los ojos.

—¿De qué hablas? —Syaoran se acercó para ayudarla a ponerse en pie—. Sólo iba a cambiarme.

—¡De eso precisamente! —Sakura estaba roja como un jitomate, pero aquello sólo confundió más al varón.

—¿Te sientes bien? —desvió su atención a la cubeta— ¿Son conchas?

—Sí —respondió ella a ambas preguntas, girando la cabeza hacia la misma cubeta, esforzándose por evitar mirar el prácticamente perfecto cuerpo de su compañero—. Me gusta coleccionar algunas de cada playa a la que he ido. También llevo unas para mi hermano, porque hace mucho que no tiene tiempo de salir a la playa y creo que le gustarán —se acercó al desastre que había causado y comenzó a recogerlo.

—¿A tu hermano le gusta el mar?

—Sí —Sakura recordó que no se suponía que debía estar hablando de Touya, pero igualmente ya le había dicho una vez que Akira tenía un hermano, así que no tenía de qué preocuparse.

—Deja te ayudo —Syaoran se inclinó a su lado y Sakura vislumbró su torso bronceado junto a ella y trató de concentrarse en el dije con grabados chinos que pendía de una delgada cadena colgada a su cuello para no ver los perfectos pectorales sobre los que éste descansaba.

—¿Po… por qué no v…vas a vestirte mejor? Supongo que ibas al baño cuando entré, ¿no? —sonrió nerviosamente.

—No, en realidad me iba a cambiar aquí mismo —él se encogió de hombros con naturalidad y ella casi sintió que se desmayaba ante la idea—, pero ahora que lo mencionas creo que lo haré en el baño.

Gracias a Dios’ suspiró Sakura.

—Oye Akira… —se detuvo Syaoran y ella se volvió a verlo, aunque desistió al recordar que se encontraba semidesnudo.

—Dime —fingió ocuparse otra vez con las conchas regadas.

—Yo también conozco a alguien a quien le gusta mucho el mar y no pudo venir. ¿Crees que sería buena idea llevarle algo así también?

Sakura parpadeó. ¿A quién se referiría Syaoran? Todos los amigos que ella le conocía estaban ahí, incluyéndola. De cualquier forma asintió vehementemente.

—Creo que es una excelente manera de decirles que estuviste pensando en ellos estando lejos —le sonrió antes de ser atrapada nuevamente por un sonrojo al voltear a verlo una vez más. Tenía que dejar de hacer eso mientras él siguiera con semejante atuendo, se recordó.

—Tienes razón —lo escuchó caminar hacia el baño—. Gracias.

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Sentados a la hoguera, habían encontrado la ocasión perfecta para asar las salchichas que Yamazaki había traído consigo. El día había resultado agotador después de rentar las motos de agua y participar todos en un torneo de fútbol playero que se había organizado entre un enorme grupo de turistas y lugareños a unos doscientos metros de la casa de Eriol. Además, antes de caer la noche todos pusieron manos a la obra para recolectar la madera para la fogata que ahora los iluminaba en su última noche en la playa.

—Cuidado Akira, si ladeas así tu brocheta se caerá la salchicha —advirtió Meiling y Sakura movió la mano para regresar el alambre a su posición original.

—Gracias Meiling —sonrió. A lo largo de esos dos días había tenido oportunidad de convivir con la prima de Syaoran mucho más que en las semanas que ella llevaba asistiendo a la misma escuela y en el mismo salón. Había descubierto también que la china, aunque procuraba mantener la distancia y mostrarse fuerte e inflexible, era mucho más agradable de lo que pudiera parecer al ponerse el uniforme. Además, no le quedaba duda de que en verdad quería a Syaoran. La forma en la que constantemente buscaba la mirada ambarina y la cantidad de cosas que hacía para intentar pasar todo el tiempo posible con él sólo podían ser propios de una mujer enamorada.

—Oigan, éste parece el escenario perfecto para una historia de terror, ¿no creen? —sugirió Yamazaki y Sakura saltó al instante, pero Chiharu se adelantó a cualquier respuesta y tomó al chico de las orejas.

—No empieces con tus cosas —se puso de pie y él con ella—. Con permiso… —se disculpó y ambos comenzaron a andar hacia unas palmeras que estaban a unos metros—. Ya sé con qué cosas vas a salir, otra vez esa historia del calamar que… —se escuchó la perorata de la mujer mientras se alejaban hasta que ya no se pudo oír más que algún murmullo ininteligible de la discusión.

—Ese amigo tuyo es muy imaginativo —sonrió Fuutie a su hermano, quien se encogió de hombros.

—No me digas, no lo había notado —entornó los ojos.

—¡Pero es tan difícil saber cuándo está mintiendo! —confesó Sakura y Tomoyo sonrió.

—En realidad no lo es tanto, aunque tú eres muy inocente y por eso caes fácilmente.

—Debes aprender a desconfiar un poco más de las personas, Akira —secundó Eriol—. Recuerda que puede haber mentiras peligrosas.

—Eso depende de la intención de quien las diga —Tomoyo miró de soslayo al inglés—. Oigan, parece que está refrescando —se abrazó un poco las piernas—. ¿Qué les parece si preparo un poco de ramen? Quedará muy bien con la fogata y las salchichas —vio con satisfacción que los demás estaban de acuerdo—. Entonces iré calentando el agua. Hiragizawa, ¿te importaría ayudarme un poco? No sé dónde guardaron el paquete de ramen que traje.

—Será un placer —Tomoyo se levantó de su lugar y la ayudó a hacer lo mismo. Tenía que darle crédito a la joven Daidouji por su rapidez y astucia para idear un plan que los sacara de ahí. Algo le decía (y estaba seguro de que así era) que la chica quería hablar un momento a solas con él, y no dudaba que tuviera algo que ver con Akira.

—Tomoyo tiene razón: esto se está poniendo un poco frío —observó Fuutie—. ¿Saben qué? Voy a traer algunas mantas —se puso de pie y su hermano la imitó.

—¿Siquiera sabes en dónde encontrarlas?

—No —admitió ella con una sonrisa y el castaño meneó la cabeza.

—Entonces creo que te ayudaré a buscarlas —y de esta manera, antes de darse cuenta, Meiling y Sakura se quedaron frente a la fogata sin más compañía que la otra. No tardó en formarse un silencio incómodo entre ellas.

—Así que… —titubeó Sakura intentando sacar algún tema de conversación—. ¿Hace mucho que tú y Syaoran están comprometidos?

—Desde que éramos niños —Meiling pareció alegrarse cuando el tema salió a relucir.

—¿En serio? —Sakura no podía imaginarse algo así en estos tiempos— ¿Y cómo sucedió?

—Oh, es una larga historia —rió la china—, pero empezó cuando éramos muy pequeños. Como las hermanas de Syaoran son entre 7 y 10 años mayores que él y yo no tengo hermanos, siempre estuvimos juntos desde que tengo memoria —sus ojos escarlatas se volvieron nostálgicos—. Entrenábamos y jugábamos juntos, y a veces hasta tomábamos la siesta en la misma cama. ¡Eran buenos tiempos! —le guiñó un ojo, aunque la forma en la que lo dijo y su mirada parecían indicar y lamentar que eso hubiera cambiado.

—¿Entonces sus papás arreglaron el matrimonio al ver que se llevaban tan bien? —quiso saber Sakura y la otra negó con la cabeza vehementemente.

—Xiao Lang y yo lo hicimos —anunció orgullosa.

—¿Qué? —Sakura alzó una ceja escéptica— ¿Ustedes mismos arreglaron su compromiso siendo aún tan chicos? —Meiling asintió.

—No sé si Xiao Lang te lo ha dicho, pero él tiene que casarse cuando cumpla la mayoría de edad para poder cumplir con sus obligaciones como Jefe de la familia Li —comentó la china en tono casual, pero al mismo tiempo en un sentido muy serio—, así que cuando teníamos diez años ambos hicimos un pequeño trato: si él no se enamoraba de otra mujer que la familia aprobara antes de cumplir la mayoría de edad, yo me convertiría en su esposa. Como Xiao Lang quería evitar que su madre le presentara a un ejército de mujeres para escoger, le contó de nuestro trato y entonces nuestro compromiso se formalizó.

—A menos de que él se enamore de alguien más —analizó Sakura.

—Eso ya no sucederá —Meiling frunció el ceño, pensativa—. En 16 años a Xiao Lang nunca le ha interesado conocer a otras chicas, así que en el tiempo que queda antes de la ceremonia es… imposible que encuentre a su esposa ideal —sonrió con aparente confianza, pero existía en sus ojos un destello de duda al momento de mencionar la palabra “imposible”.

—Tienes razón, quedan menos de cuatro años para…

—Poco más de un año, querrás decir —sonrió Meiling y alzó la barbilla—. En China la mayoría de edad es a los 18, no a los 20 como aquí.

—¡Hoeee! —los ojos verdes de la castaña se abrieron como platos— ¿En serio? —preguntó, casi gritó—. Entonces… ¿entonces ustedes dos se casarán el año que viene?

—Exacto —Meiling le guiñó un ojo.

Sakura quedó sin palabras. No podía imaginarse a su compañero de clase casándose en cuanto saliera de la preparatoria o algo así. Faltaba aún poco más de un año, pero seguía resultándole muy pronto.

—¿Y también en ese tiempo Fuutie y Eriol…?

—Con ellos es un poco diferente —aclaró Meiling—. De acuerdo con las costumbres de la familia, Xiao Lang es el único hijo varón que tiene derecho a escoger a su prometida, pero no es igual con sus hermanas —Meiling echó un vistazo hacia la casa para ver si no venía nadie aún—; por ejemplo, Fuutie no eligió estar comprometida con Eriol. Igual que con sus hermanas, en su caso fue él quien solicitó su mano a mi tía Yelan, la mamá de Xiao Lang. De hecho, Fuutie tendría que haberse comprometido desde los 16 años, pero el jefe de la familia es quien tiene que dar la concesión para el matrimonio y fue justo antes de eso que el papá de Syaoran murió. Así que, en el tiempo que duraron los funerales y las discusiones familiares respecto a la compañía Li y el futuro de Xiao Lang como jefe y sus hermanas, Fuutie cumplió la mayoría de edad y su compromiso seguía sin resolverse. Incluso llegamos a pensar que no se casaría nunca… —Meiling torció el labio al decir esto con cierto pesar.

—Un día, de repente anunciaron que la familia Hiragizawa había solicitado su mano —continuó—. A todos nos dio mucho gusto porque ya comenzaba a haber rumores en la familia sobre la soltería de Fuutie: había quien decía que nadie la querría como esposa y cosas así —apretó la mandíbula por un momento, visiblemente molesta de pensar en esos rumores. Sakura pensó que Meiling realmente le tenía aprecio a sus dos primos, después de todo estaba comprometida con uno y parecía afectada de lo que envolviera a la otra.

—Sí, eran buenas noticias, pero la ceremonia no se pudo celebrar como todos hubieran querido —Meiling volvió a animarse—, porque, aunque tía Yelan estaba de acuerdo, Eriol solicitó que fuera el próximo Jefe quien diera su bendición al matrimonio, así que tendrían que esperar a que Xiao Lang tomara posesión como Jefe del Clan Li.

—¿En serio? ¡Qué extraño es Eriol! Yo creí que no tenían esas costumbres en Occidente —rió Sakura, aunque aún le quedaba digerir todo el asunto de los matrimonios y las aparentemente estrictas reglas de la familia Li. Incluso no entendía una pizca de todo lo referente al asunto del tan mencionado “jefe”, que era lo que aparentemente Syaoran sería en cuanto se casara con Meiling, pero entendió que no era momento para profundizar en el tema cuando Chiharu y un regañado Yamazaki aparecieron en su campo visual para regresar a sentarse alrededor de la fogata.

—¿Y los otros? —preguntó Chiharu y Meiling le informó a dónde habían ido, aunque los demás no tardaron en aparecer.

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Al día siguiente el inevitable regreso a Tomoeda tenía que suceder, de manera que por la noche Sakura se encontró nuevamente de vuelta en casa, de vuelta a la realidad. Habían partido de la playa desde mediodía y desde que llegó había tenido que ponerse al corriente con sus tareas, dejando hasta el final la más temida de todas: matemáticas.

—¡Esto es imposible! —gimió Sakura recargándose en su asiento frente al escritorio.

—¿No vas a cenar Monstruo? —se escuchó la voz de Touya desde la cocina y la “aludida” emitió un bufido.

—¡No me llames así!

—Si no fueras un monstruo no sabrías que es a ti a quien estoy llamando —llegó la siempre astuta respuesta de su hermano mayor.

—Condenado Touya —masculló Sakura irguiéndose otra vez en su silla para ver a su mascota Kero que se acercaba lánguidamente hacia la ventana para comenzar a arañarla.

—Ya te dije que no hagas eso Kero —volvió la vista a la ventana y notó que había una sombra moviéndose en la calle—. ¿Eh? ¿Quién está ahí? —abrió la ventana para asomarse y pudo distinguir el rostro a pesar de encontrarse lejos y bajo la débil luz de las farolas.

—¿Syao… Li-kun? —se corrigió y él alzó la vista hacia ella al saberse descubierto.

—Perdón, no quería molestarte —parecía un poco incómodo, aunque era difícil saberlo en la oscuridad—. Sólo quería dejarte algo que traje de la playa. ¿Estuvo bien tu fin de semana? —pausó un momento como para pensar algo antes de agregar lo siguiente—. ¿Apenas estás haciendo la tarea?

—¿Qué-cómo supiste que estaba haciendo la tarea? —Sakura se hizo hacia atrás, azorada y terriblemente apenada.

—Desde aquí parece como que estás frente a un escritorio…

—Espera, mejor voy para allá…

—¡No! —él la detuvo antes de que metiera la cabeza nuevamente—. Digo… no es necesario, sólo quería dejar esto —señaló algo que estaba depositando en el buzón—. De todas formas nos vemos mañana —su atención se desvió momentáneamente hacia algo en la planta baja de la casa—. ¡Adiós!

—¿Qué? —Sakura lo vio agitar una mano y desaparecer rápidamente entre las sombras de la noche.

—¿Quién está afuera? —escuchó la puerta abrirse y vio a Touya salir al jardín. Inmediatamente entendió por qué la prisa de Syaoran por irse y regresó a su habitación para que su hermano no la viera. Después bajó corriendo las escaleras hasta toparse con el mayor.

—¿Así que finalmente sí vas a cenar algo? —Touya hizo un gesto burlón que ella ignoró.

—En un momento.

—¡Hey! ¿A dónde vas? —exigió saber él al ver que se dirigía a la puerta.

—Yo… etto… —titubeó—. Kero tiró uno de sus juguetes por la ventana. Voy a buscarlo.

Debía felicitarse: cada día que pasaba su habilidad para mentir iba mejorando notablemente.

—¿Quieres que te ayude? —Touya la miró con suspicacia: a pesar de lo ingenioso de su excusa, él no se la había tragado.

—¡No tardaré! Creo que vi dónde cayó —rió nerviosamente—. Ve adelantándote, ahorita voy a cenar contigo.

Touya no hizo más comentarios, pero evidentemente no quedó satisfecho con aquello. De cualquier forma regresó a la cocina después de lanzarle otra mirada desconfiada.

Una vez afuera, Sakura miró hacia atrás para verificar que su hermano no estuviera espiando por una ventana (conociéndolo, no podía considerarse paranoica asegurándose un poco). Entonces se dirigió al buzón y sacó de él una bolsita de plástico cuyo contenido tuvo que sacar y mirar a la luz antes de entender de qué se trataba: un hermoso y pequeño caracol blanco con matices rosados hasta la punta de su bien formada espiral.

De pronto la pieza entre sus manos ocasionó un agradable sentimiento de calidez que se alojó en su pecho provocándole una sonrisa que no pudo ni quiso evitar. Recordó su breve conversación con el chino el día anterior.

Yo también conozco a alguien a quien le gusta mucho el mar y no pudo venir. ¿Crees que sería buena idea llevarle algo así también?”

Creo que es una excelente manera de decirles que estuviste pensando en ellos estando lejos”

Gracias’ metió el caparazón de regreso a su bolsita con cuidado antes de volver sobre sus pasos para entrar a la casa con la sonrisa brillando todavía en su rostro.

Notas de la autora:

  1. No sé cuál sea su opinión al respecto, pero la verdad me morí de la risa mientras imaginaba la escena de Sakura siendo atrapada por culpa de su período menstrual. Creo que es mi favorita en todo el capítulo.

  2. Antes de que cualquiera haga mención al respecto, yo lo haré: Sakura accedió ir a andar en acuamoto porque no había tanto riesgo de mojarse, pero de cualquier forma tenía que tener consideraciones extras al estar en “sus” días. Para eso existen los tampones y punto.

  3. En esta ocasión he decidido lanzar un pequeño reto: en este capítulo existe un elemento que será de suma importancia en un capítulo posterior (en el capítulo 14 o 15, creo). Entre los lectores hay varios que se fijan mucho en los detalles, así que habrá un premio para quien adivine (primero) a qué elemento me refiero (no pido que adivinen qué es lo que pasará, porque sí es muy difícil). ¿Cuál será el premio? Puede ser algún one-shot con la pareja que me pidan o algún dibujo sobre lo que gusten. El one-shot tendría que ser de alguna pareja de CCS o de alguna serie que conozca, obviamente, jeje, aunque en caso de que sea un dibujo puede ser del (o los) personaje(s) que quieran. Es un poco pobre la oferta, pero dadas las circunstancias es lo único que puedo ofrecer.

  4. Por cierto, investigué al respecto para poder darles datos correctos, pero sólo pude conseguir información de una fuente, de manera que agradecería que me corrigieran en caso de que la mayoría de edad no se establezca a los 18 y 20 años en China y Japón, respectivamente.

  5. Anticipándome a sus preguntas: ¿por qué Eriol puso en esos aprietos a Sakura? ¿También eso forma parte de su plan? Y la única respuesta que puedo darles es: ¡Es Eriol! A ese chico le gusta divertirse un poco con la gente y llevarlas al límite. Es un demonio.

  6. Anticipándome a otra pregunta: ¿y por qué Tomoyo quería que Sakura pasara la noche con los chicos? Y la respuesta es… ¡Porque es Tomoyo! En algunos aspectos (como jugarle bromas a su amiga) es muy parecida a Eriol. ¿Realmente les sorprende? Seguramente se hubiera puesto a espiarlos por la ventana de haber tenido oportunidad.

  7. Espero que les haya gustado el capítulo y nos vemos para la próxima. Recuerden que cualquier opinión es bien recibida, ¡y no duden en dar su respuesta a mi reto, no importa cuán ridícula les parezca! Uno nunca sabe qué puede ser importante 😉