8. Entre fiestas, persecuciones y un plan fallido.

—¿Ya te vas? —escuchó la voz proveniente de la sala al acercarse al recibidor para dirigirse a la puerta. Eriol se detuvo para permitir que la mujer le alcanzara—. Xiao Lang ni siquiera ha llegado de entrenar.

—No sabía que ya estabas en casa. ¿Regresaste temprano de tus prácticas ahora?

—Sí. Además, Nakuru me trajo en su carro hoy —no pudo evitar emitir una sonrisa que intrigó al inglés.

—¿Puedo preguntar si sucedió algo en ese lapso? Por tu rostro, parece algo interesante.

—Pues… digamos que ella le pone mucha pimienta a mi vida laboral.

—No lo dudo —y era la verdad—. ¿Ahora qué hizo mi estimada prima?

Esa misma tarde, unas horas antes.

—¡Fuutie! —Yukito la alcanzó cerca de la salida—, ¿ya te vas a casa?

—Sí, ya terminé y prometí a mi prima ayudarla a prepararse para una fiesta que tiene en la escuela.

—¿Tu prima? —él lo pensó un segundo—, ¿te refieres a Nakuru? —sus ojos color miel parecían los de un niño cuando la miraba con esa incógnita en ellos.

—¿Nakuru? —Fuutie frunció el ceño, ¿qué tenía que ver ella?

—Oh, lo siento… ¿Nakuru no es tu prima? —y al ver su confusión incrementándose Yukito se quedó de piedra—. Eh… es sólo que yo… perdón, me confundí. Un día me pareció haber escuchado que eran primas, pero…

—Ah, creo que ya sé a qué te refieres: Nakuru no es mi prima, sino la prima de mi… —se paralizó a media frase, sintiendo un repentino e inexplicable pánico de continuar.

‘…mi prometido’.

—¿La prima de tu…?

—De mi… de un pariente lejano —antes de que la última palabra escurriera de su boca, Fuutie sintió un remordimiento que la obligó a desviar la mirada, no entendiendo la razón por la que no le decía toda la verdad.

—Ah, entonces tú y ella…

—Hey, aquí estás —una voz masculina y desconocida para ella llegó a sus oídos. A continuación un varón alto y aparentemente fuerte como un roble se acercó a ellos.

—Hola Touya, ¿qué haces aquí? —Yukito lo recibió con una calidez que contrastaba con la actitud un tanto huraña del otro, quien no dejaba de mirar en todas direcciones con ansiedad, como si buscara algo.

—¿Qué más parece? Es viernes y vine a recogerte. Acordamos que hoy veríamos una película, ¿no?

—¡Claro! —Yukito sonrió—. Por cierto, Touya: ella es Fuutie, es la nueva pasante —se dirigió a la china mientras ésta inspeccionaba al recién llegado de pies a cabeza—. Fuutie, él es mi mejor amigo Touya.

Ambos se saludaron y un silencio ligeramente incómodo se formó entre ellos. Fuutie seguía intentando recordar en dónde había escuchado ese nombre que le parecía tan familiar.

Touya…’

—Oye, ¿te molestaría apurarte? —Touya continuó hablando con su amigo al ver que la otra se espaciaba en sus pensamientos—. Preferiría poder irme antes de que…

—¡Touya-kun! —un grito irrumpió en el pasillo y los hombros del trigueño cayeron casi al suelo.

—Demasiado tarde…

—¡Hola! —una entusiasta Nakuru apareció en escena y de un solo brinco se colgó del cuello del trigueño—, ¡Qué milagro que vienes a visitarme, hace mucho que no te veía.

—En realidad, Touya pasa todos los viernes a recogerme —Yukito informó rápidamente a Fuutie en un susurro, haciendo que la incógnita de la chica creciera aún más.

—Me estás ahorcando… —aunque el gesto del trigueño no expresaba ahogo, sino un fastidio imposible de malinterpretar.

—Fuutie, él es el Touya del que te hablé la otra vez. ¿Verdad que es una lindura? Desde el momento en que lo vi por primera vez quedé prendida de él —comentó Nakuru como si el hombre a su lado no hubiera hecho mención alguna del ahorcamiento al que le estaba sometiendo ni pudiera siquiera escuchar sus comentarios sobre él.

—Prendida… literalmente —remarcó Touya frunciendo el ceño hacia la mujer que continuaba pendiendo de su cuello.

—¿Entonces Touya-san y Nakuru se conocen gracias a ti?

Yukito asintió.

—Todos los viernes Nakuru espera a que Touya llegue para poder saludarlo —añadió con su meliflua sonrisa.

—¿Entonces ellos sólo se ven los viernes… cuando él pasa por ti? —Fuutie se sentía cada vez más enredada—, ¿Quieres decir que ellos dos no son pareja?

—¡Sí lo somos!

—Jamás.

—¡Touya! No ganarás nada negándolo —Nakuru rió y el otro entornó los ojos. A Fuutie no le cabía duda que esos dos hacían una pareja muy dispareja, pero igualmente cómica. La fijación que la mujer tenía con el hombre era definitivamente algo que parecía casi una ironía viendo la rudeza del varón.

—¿De dónde sacaste esa idea? —gruñó el trigueño.

—¿Sabes? Muchos morirían por estar en tu lugar, pero no te preocupes, mi corazón es sólo para ti.

Debía admitirlo: esa mujer era tenaz.

—¿Y por qué no te vas con alguno de esos muchos? Seguramente ellos sabrán apreciar mejor a una mujer como tú…

—¡Ay, qué cosas dices! —ella se llevó una mano a la cara, feliz—. ¿Lo ves? Tú mismo admites lo valiosa que soy para ti.

Yukito y Fuutie suspiraron al presenciar la extraña discusión que tenía lugar frente a ellos. A decir verdad parecía que estaban escuchando dos conversaciones diferentes al ver la vena que el moreno portaba en la frente por un lado y la resplandeciente sonrisa de la mujer por el otro.

Tomando aire y contando hasta diez, Touya decidió que sería sabio no llevar la conversación a más y se desembarazó del abrazo de la chica para dirigirse esta vez a Yukito.

—¿Estás listo? Entre más pronto, mejor.

—Sí, podemos irnos en cuanto quieras —y a esta declaración le siguió una atropellada despedida dirigida por un Touya que parecía querer salir corriendo de allí, arrastrando a su gentil amigo consigo a pesar de una Nakuru que opuso toda la resistencia que su delgado cuerpo le permitió para evitar que esos dos abandonaran el lugar. Fuutie no pudo hacer más que mirarlo todo como un espectador anonadado.

—Esos dos son muy diferentes entre sí —comentó Fuutie a su amiga una vez que ambos se hubieron marchado—. No sé cómo pueden ser amigos: uno es todo un caballero, muy dulce y gentil, además de alegre y…

—¡Y guapísimo! —la interrumpió Nakuru—, ¿verdad que Touya es todo un dios?

Fuutie se limitó a parpadear. ¿Bajo qué contexto podía caber la premisa de que estuviera describiendo al tal Touya?

—Y lo mejor es que intenta hacerse el difícil, ¡pero es obvio que lo traigo vuelto loco! —soltó una carcajada y caminó alegremente a la salida—. ¿No vienes? Si quieres te llevo a tu casa en mi auto, no me queda lejos del camino.

Fuutie requirió varios segundos para poder maquinar un asentimiento con la cabeza, no pudiendo conectar lo que había visto y oído con la lógica de su amiga Nakuru.

“Es obvio que lo traigo vuelto loco”… ¿había algún significado coloquial para esa frase en japonés que ella no conociera? ¿Era alguna especie de sarcasmo muy bien disfrazado?

Es eso, o esta mujer es un caso muy especial’ conteniendo la risa se encogió de hombros y caminó hacia la morena que le esperaba en la puerta.

Tiempo presente.

—Olvídalo —rió Fuutie—, es una larga historia. Además, me inquieta que Xiao Lang aún no esté aquí. ¿No irá él también a la fiesta? Espero que no espere escaparse de asistir —hizo un mohín—. ¿Sabes? Desde pequeño tenía esa costumbre y…

—Descuida, estoy seguro de que él irá más tarde. Además, yo voy a pasar primero por Daidouji, así que tengo que salir temprano, pero en realidad la fiesta apenas está por comenzar.

—Sabes que, como toda buena chica, tardará en salir, ¿cierto? —preguntó Fuutie y él asintió—. Aún así quieres llegar puntual como todo un caballero… y te has puesto muy guapo —se abanicó ella con una mano en gesto chusco—. ¡Esa chica va a despertar envidias por doquier!

—Es extraño que pienses así, siendo mi prometida —ironizó Eriol.

—Tu prometida, pero no tu amada ni la dueña de tu corazón.

—Daidouji tampoco lo es.

—Pero tiene más probabilidades de serlo que yo, ¿no te parece? —sonrió Fuutie acercándose a la puerta para abrirla ella misma—. Sobre todo después de que nuestro pequeño “trato” se cumpla —le guiñó un ojo, a lo que él se acomodó los lentes sobre el puente de su nariz.

—No deberías estar tan segura. ¿Sabes? Alguna vez creí que podría llegar a enamorarme de ti —comentó como si hablara del clima y la hora—. Claro que eso fue hace ya muchos ayeres.

—Tienes 16, ¿cuántos ayeres pudieron ser? —ella arqueó una ceja intrigada.

—Cuando te conocí.

—Eras apenas un niño.

—Y tú la joven más hermosa y solitaria que había visto en toda mi vida —Eriol se encogió de hombros, haciéndola arquear ambas cejas ante la sencillez con la que declaraba algo así—. Aunque sabía que no tenía ninguna oportunidad contigo. Es extraño, ¿verdad? De haber sabido que llegaríamos a estar “comprometidos” —recalcó—, nunca te hubiera hecho esa promesa.

—Cuesta trabajo creerlo. Tú, Eriol Hiragizawa, ¿Realmente hiciste una promesa así a una completa desconocida 7 años mayor que tú sólo porque te gustaba un poco?

Eriol no respondió inmediatamente. Su sonrisa se arqueó un centímetro más y el azul de sus ojos pareció repentinamente más profundo. Caminó hacia la puerta que ella había abierto y la cruzó, antes de lo cual tomó una de las manos femeninas y la llevó hasta sus labios para plantar un minúsculo beso en ella.

—Es probable, mi estimada Fuutie Li.

—¿Y aún así piensas cumplirla?

Eriol soltó su mano y ladeó ligeramente la cabeza.

—Por supuesto. Además ya te lo dije: eso fue hace muchos ayeres.

—Tienes razón, has cambiado mucho —y no sólo se refería al corazón del hombre y su turbulenta mentalidad, sino a su ahora alto y atlético físico. Fuutie miró la camisa semi formal del hombre y sus pantalones negros. Era algo un tanto casual, igual que la fiesta a la que iba, pero no podía dejar de tener ese deje de gallardía y elegancia que Eriol Hiragizawa daba a todo cuanto tocaba.

—Lo siento, querida Fuutie, pero tengo que irme. Que pases una buena noche y cuida de Meiling mientras pasan por ella.

—Con gusto. Y diviértete mucho con tu pareja… ¡y no la hagas pasar un mal rato! —tuvo que alzar la voz mientras él se alejaba hacia el taxi que esperaba por él en la entrada.

—¿Acaso me crees capaz? —él se viró a mirarla, a lo que ella movió la cabeza de un lado a otro.

—Uno nunca sabe de qué puedes ser capaz —le guiñó un ojo y regresó a la casa.

—–

Sakura suspiró por enésima vez en el día mientras recogía los platos de la mesa que acababa de ser desocupada. Consultó una vez más su reloj y se dio cuenta de que sólo le quedaban diez minutos antes de salir. Había pedido permiso para salir temprano, aunque no se atrevió a solicitar más de media hora, pero sabía que al menos le daría algo de tiempo para ir a casa, arreglarse y discutir con su hermano por quincuagésima vez sobre “los pervertidos de las fiestas”.

En éstos y más pensamientos estaba cuando la puerta de la entrada se abrió nuevamente y a través de ella entró la última persona que esperaba ver en ese lugar en ese preciso instante:

—¿Syaoran? —lo recibió confundida ‘Creí que iría directamente a su casa después de entrenar’.

—Hola Akira. Hoy sólo quiero un jugo de naranja por favor —sin mirarla a los ojos, el joven simplemente se dejó caer en una silla. Parecía fatigado, aunque no físicamente, por lo que Sakura decidió atender la orden antes de ir a hablar con él.

—Aquí tienes —dijo cuando regresó y colocó el vaso sobre la mesa—. ¿Ocurre algo?

—¿Se nota? —la miró él con una sonrisa seca y se encogió de hombros—. Hoy hay una fiesta en la escuela… Creo que no te había comentado, pero ¿recuerdas ese boleto que encontraste en Seiju y me diste para que se lo regresara a su dueña? —Sakura simplemente asintió desviando la mirada—. Pues hubo una confusión y hoy tendré que ir a la fiesta con ella como mi pareja.

Ouch…’ Sakura omitió hacer un gesto al pensar que el chino hacía sonar aquello como si hubiera sido obligado a hacer algo muy desagradable.

—¿Y no quieres ir con ella? —preguntó tímidamente bajando los ojos a la mesa.

—¿Qué? ¡Claro que quiero ir…! —Syaoran se aclaró la garganta y el color en sus mejillas adquirió varios tonos rojizos—. Quiero decir… no es eso lo que me molesta; mejor dicho, no sé qué es lo que me molesta. Quizás sea la actitud de Meiling (ha estado insoportable toda esta semana), o quizás sea que no soy del tipo fiestero… —tomó un sorbo de su jugo y casi pareció decepcionado de que no fuera algo más—, pero sí es cierto que me siento un poco raro. Anoche no pude dormir y creo que fue por pensar en esa maldita fiesta.

—Entonces ¿no piensas ir? —preguntó ella casi temiendo una respuesta negativa.

—Iré, pero de todas formas todavía tengo un poco de tiempo. Quedé de pasar por ella a las 8:30. Lo que no quiero es llegar a casa mientras Meiling esté ahí —consultó su reloj—, aunque probablemente su pareja ya debió haberla recogido.

Meiling había conseguido invitar a Takumi Fugunaga, un muchacho de tercer grado. Según Tomoyo era uno de los chicos más atractivos de la escuela y otro más en las estadísticas de clubes de fans. La gran pregunta era cómo era posible que ese muchacho no hubiera sido invitado antes, pues la china sólo se resignó a no ir con Syaoran hasta el día siguiente después de la dichosa “guerra de los boletos”.

—Akira, tú… —Syaoran titubeó—, ¿has salido con muchas chicas?

—¿Qué? —el grito salió de su garganta tan agudo como inesperado. Sakura tosió y se aclaró la garganta—. ¿Por qué preguntas eso?

—Parece que tienes mucha popularidad, además de que siempre pareces tranquilo cuando las mujeres te coquetean.

—¿Coquetearme? —Sakura frunció el ceño— ¿A mí?

—Sí —Syaoran entornó los ojos, comenzando a preguntarse si el muchacho siquiera se daba cuenta de que la mitad de su clientela se la pasaba babeando por él.

—Bueno, yo… —Sakura titubeó—, nunca había pensado en eso.

Syaoran dio un último trago a su bebida y dejó el vaso vacío sobre la mesa.

—Entonces puedes olvidarlo. Ya veré cómo me las arreglo hoy con ella y el loco de su hermano —susurró el chino más para sí que para el mesero y sacó del bolsillo algo de dinero—. Gracias de todas formas y nos vemos después. Ahora tengo que ir a casa y darme una ducha. Deséame suerte.

El chino se despidió y salió por la puerta con el mismo paso pesado con el que había entrado. Sakura recogió las monedas y el vaso y miró una última vez al lugar por donde el muchacho había desaparecido, confundida.

—Hey, ya es hora —Yuta llegó a su lado y colocó una mano en su hombro—. Creí que tenías prisa hoy, así que déjame eso y vete de una buena vez.

—¡Ah, sí! —Sakura miró el reloj y confirmó que su hora de salida había llegado—. Gracias, ¡nos vemos!

—Espera —su compañero de trabajo la sujetó de la camisa al verla dar un paso hacia la salida—. Tu uniforme…

—¿Qué? ¡Ah! —Sakura soltó una risita nerviosa al darse cuenta de que ni siquiera se había quitado el mandil, ni mucho menos el uniforme de mesero.

—Eres increíble —rió Yuta con una ligera carcajada—. Apúrate y ve a cambiarte. Y ahora que vayas a esa fiesta deberías considerar lo buen compañero que soy, ¡a ver cuándo me presentas a alguna chica linda! —le dio una palmada en la espalda y se dirigió a la cocina con el vaso que había tomado de manos de Akira.

—–

—¿Lista para bailar? —preguntó al verla terminar su bebida. Tratándose de una fiesta en las instalaciones de la escuela, no estaba permitido vender bebidas alcohólicas, de manera que ambos simplemente habían comprado dos de los cocteles que se ofrecían a base de jugo y gaseosas y se habían ido a conversar un poco más allá de la improvisada pista, donde se habían instalado algunas mesas, sillas y taburetes para quien quisiera descansar o conversar un rato y observar el paisaje nocturno de los jardines escolares iluminados por tenues luces que brotaban desde el piso. Aprovechando el agradable clima primaveral, la fiesta se llevaba a cabo en el exterior.

—No creí que eras del tipo bailador —confesó ella tomando su mano para ponerse de pie.

—Probablemente haya muchas cosas que no creerías de mí, dulce Daidouji.

—Eso suena extraño —ella se mordió el labio para no reír—. ¿Por qué no me llamas simplemente Tomoyo por hoy? Después de todo esto no es más que un juego y podemos fingir ser una pareja, ¿no crees?

—Tienes razón: dulce Tomoyo suena mucho mejor. ¿Y cómo me llamarás tú? —quiso saber con una pizca de picardía en su mirada que ella no dejó pasar para seguirle la corriente.

—¿Qué te parece “querido Eriol”?

—No me puedo quejar. ¿Vamos? —ofreció él su brazo y ambos se dirigieron hacia la pista para unirse a las parejas que en ese momento se movían al ritmo de la música electrónica.

Tomoyo era una persona enérgica de toda la vida, de manera que no tenía problemas para adaptarse a cualquier tipo de música. Podía pasar de un vals a un techno dance en cualquier minuto y no tuvo dificultades en seguir el ritmo con todo su cuerpo rápidamente, pero lo que no esperaba era que el ecuánime y tranquilo Eriol pudiera hacer exactamente lo mismo. Era algo casi irreal ver al cerebro de la clase fluyendo de esa manera entre las luces de caleidoscópicos colores que se prendían y apagaban una y otra vez.

Aquello solamente ayudó a sembrar una pregunta más en su inconsciente: ¿qué clase de persona era realmente Eriol Hiragizawa? Era imposible entender cómo sucedía, pero su compañero parecía una persona distinta a cada segundo: lo había visto un sinfín de veces responder correctamente las preguntas de los profesores sin siquiera inmutarse ni detenerse a meditar la respuesta, pero no era un ser frío ni una rata de biblioteca, pues sus habilidades sociales eran igualmente sorprendentes, ya que siempre tenía una sonrisa y una palabra amable que dirigir a cualquiera de sus compañeros. Incluso era conocido por ser todo un caballero al momento de rechazar cualquier declaración de amor. Por otra parte, la energía con la que competía durante los eventos deportivos escolares era apenas comparable con la de sus compañeros más hiperactivos, pero el control y la calma con la que movía sus ágiles dedos sobre las teclas de un piano parecían más propios de un experimentado adulto que de un adolescente. Ahora el muchacho vibraba frente a ella al compás de sonidos sin nombre y luces titilantes, como si el mundo se revolviera a su alrededor.

Como si eso fuera poco, estaba esa sonrisa misteriosa que nunca abandonaba su expresión y esos ojos intrigantes que parecían ocultar mucho más de lo que decían.

Esa mirada.

Tomoyo dio un giro para darle la espalda al notar que él la había descubierto contemplándolo de esa manera y fingió hacer de esto parte de su baile, pero se detuvo en seco al sentir un cosquilleo sobre su hombro desnudo por el cuello halter de su blusa.

—¿Por qué te escondes, dulce Tomoyo? —sintió el cálido aliento rozando en su oído y su pecho se constriñó—. Después de todo esto también es un juego para ti, ¿o me equivoco? —la parafraseó con un tono en su voz que ella no supo identificar, pero que envió convulsos escalofríos por toda su espalda al sentir su mano en su cintura para girarla y dejarla nuevamente frente a él, frente a esa misma sonrisa.

—–

—Tú otra vez —la mirada glacial de Touya estaba ahí una vez más al abrir la puerta. Syaoran ya no podía imaginarlo de otra manera. Pero, antes de que siquiera una respuesta pudiera venirle a la mente, una figura asomó por detrás del alto trigueño.

—¡Nos vemos, hermano! —tomándolos a ambos por sorpresa, Sakura se deslizó por un lado de Touya y cogió la mano del chino para correr halando de él hasta cruzar la reja de entrada—, ¡Adiós!

—¡No regreses muy noche monstruo! —advirtió Touya admitiendo que se la había jugado muy bien su hermana menor al no darle siquiera oportunidad de reaccionar—. Ese monstruo se está haciendo cada día más astuto —susurró para sí al verlos alejarse y entró nuevamente en la casa.

—Ya no nos ve —sonrió Sakura volteando hacia atrás y disminuyó su paso hasta caminar tranquilamente. Apenas entonces soltó la mano de Syaoran y se volvió hacia él—. Perdón, pero creí que sería la única manera de evitar las amenazas, advertencias, discusiones, etc. que siempre hace cuando salgo con algún chico.

—Entiendo, no te preocupes, creo que estuvo mejor así —admitió Syaoran y sólo en ese momento tuvo oportunidad de contemplar mejor el atuendo de su compañera, que consistía en un sencillo vestido rosa pastel con tirantes violetas y un listón que ceñía su torso en el mismo color. Había imaginado que su compañera llevaría zapatos de tacón alto, pero en lugar de eso ella llevaba zapatillas a juego con el vestido. Su cabello corto iba suelto, apenas adornado con un discreto broche en forma de flor de cerezo.

—Te ves muy bien Li —habló ella antes de que él pudiera hacerlo y él observó su atuendo rápidamente: pantalones color caqui y una camisa de manga corta color verde militar. Era algo bastante informal y sencillo, por lo que se había sentido algo inseguro al pensar que ella pudiera vestirse como su prima Meiling o algo así.

—Tú también te ves… —¿linda? ¿bonita? ¿hermosa? Descubrió que escoger una palabra adecuada era imposible. Las anteriores eran totalmente ciertas para la bella castaña, pero definitivamente no se imaginaba diciéndole eso tan fácilmente—, bien… muy bien —fue lo único que se le pudo ocurrir.

—Gracias, no estaba segura de cómo se vería, pero quise ser práctica para poder bailar a gusto —rió ella—. Además, así podemos caminar a la escuela sin problemas.

—¿Eh? Está bien, como tú prefieras —él había llegado ahí caminando como siempre, pero había terminado imaginando que lo mejor después de recogerla sería pedir un taxi como había hecho Eriol. Tenía la idea de que a las mujeres no les gustaba caminar. ¿Por qué otra razón les gustarían tanto los automóviles y andar en taxi?

—¿No quieres caminar? —ella alzó una ceja, extrañada—. Si quieres podemos…

—Claro que sí, en realidad así está mejor para mí —sonrió él y anduvo el paso a su lado, dándose oportunidad de disfrutar del ligero viento en la cálida noche. Había pensado que sería mucho más incómodo salir así con una chica, después de todo era por eso que lo evitaba en la medida de lo posible, pero paso a paso descubrió que no resultaba ser algo tan malo, o quizás era el ambiente familiar y agradable que Sakura parecía llevar siempre consigo.

—¿No tuviste problemas para salir temprano del trabajo? —decidió hacer plática al darse cuenta de que no había más ruido que el de sus pasos en la banqueta de esa tranquila calle.

—No. Todo salió bien, aunque ya casi se me pasaba la hora de venirme —rió la castaña y él no pudo evitar sonreír. Entonces se sumieron en una conversación casual y fluida, hablando de esto y aquello durante un par de cuadras hasta que ambos tuvieron que detenerse en seco al ver pasar una mancha blanca junto a sus pies. Sakura no pudo evitar pegar un grito y dar un salto hacia atrás, como pretendiendo esconderse a las espaldas del chino.

—¿Te dan miedo los perros? —preguntó Syaoran volviendo el rostro para mirarla. Sus ojos verdes estaban abiertos como platos.

—¿Era un perro? —preguntó en un hilo de voz. En respuesta, él señaló al animal que había llegado a la otra acera y se había detenido. Era un pequeño poodle blanco, o quizás beige; era difícil saberlo bajo las luces de las farolas. Sakura rió—. Creí que era un fantasma —y se llevó una mano a la nuca, visiblemente avergonzada.

—¿Un fantasma? —¿de dónde rayos había sacado semejante idea? Había que ser muy asustadizo para llegar a pensar que una bola de pelos podía ser un fantasma, pensó Syaoran, aunque hizo lo que pudo para evitar soltar una carcajada en ese momento. Aún así no tuvo que esforzarse mucho, pues al instante siguiente una pequeña que llegaba corriendo a ellos captó su atención.

—¡Kumo! —llamó la niña jadeante y al ver al animal quiso alcanzarlo, pero el perro volvió a emprender la huída—, ¡Kumo, no! —pidió, pero era muy tarde. La pequeña, que apenas debía alcanzar los 6 años, rompió a llorar.

—No llores —conmovida, Sakura se acercó a ella e intentó consolarla, pero lo que más le llamó la atención fue no ver a los padres por ningún lado. Entonces preguntó por ellos.

—Estábamos todos en el parque Pingüino cuando Kumo se escapó. Ellos estaban con mi hermanita, así que creo que no se han dado cuenta —ella se puso a analizar con toda la seriedad que su escasa experiencia le permitía.

—¿Qué te parece si te ayudamos a traer a Kumo de regreso? —al escuchar esto, el rostro infantil se iluminó y el llanto pareció ceder.

—¿Me van a ayudar? —miró con un par de enormes ojos marrones a Sakura y ésta dirigió la misma mirada a Syaoran, quien se encogió de hombros y asintió lentamente.

—Sí —confirmó Sakura al verlo estar de acuerdo—, pero primero tienes que volver al parque Pingüino con tus papás, así podremos saber dónde encontrarte cuando hallemos a Kumo —le guiñó un ojo a la pequeña y ella asintió en acuerdo.

—¡Entonces voy al parque! ¿Seguros que encontrarán a Kumo? —preguntó una vez más y Syaoran fue quien se adelantó a responder esta vez.

—Mientras más pronto vayamos a buscarlo, más pronto lo hallaremos, así que apresúrate y deja que nosotros nos encarguemos de eso.

—¡Está bien! —ella acató sus palabras como si fueran órdenes y salió corriendo en la dirección por la que había llegado —¡Gracias!

—¡Nos vemos! —Sakura agitó una mano y al verla alejarse se volvió hacia Syaoran—. Perdón, creo que vamos a llegar todavía más tarde por mi culpa, pero…

—Olvida eso ahora. Tenemos un poodle que encontrar —Syaoran hizo a un lado sus disculpas y le guiñó un ojo para mostrarle que todo estaba en orden—, así que hay que darnos prisa antes de que se nos adelante demasiado.

Ella estuvo de acuerdo y ambos comenzaron a correr en la misma dirección en la que el can había huido.

——

—Encontré esto —Takumi le extendió un plato con rollos de sushi que había comprado en uno de los puestos instalados en el patio—, creo que los hicieron los de primero.

Meiling miró con recelo la comida antes de tomar el plato y llevarse un trozo a la boca. Al menos Takumi estaba llevando bien su papel de pareja durante la fiesta, contrario a ella, que no cesaba de alternar miradas entre su reloj y las instalaciones de la escuela en busca del joven de ojos ámbar.

—No están tan mal —comentó al darse cuenta de que su “cita” esperaba una respuesta.

—Creo que los de cangrejo están mejor, ¿quieres? —él le ofreció un rollo de su plato, que ella contempló por el rabillo de su ojo antes de rechazarlo con un movimiento de la mano.

—¿Dónde rayos están? —comentó finalmente—. Son casi las 9:30, se supone que ya deberían haber llegado aquí.

El muchacho, en lugar de sentirse ofendido por la evidente falta de atención que despertaba en ella, se encogió de hombros y siguió su mirada hacia la entrada y los jardines.

—Desde hace rato he estado haciéndome la misma pregunta —expresó con tono serio—. Si tu primo no viene con Kinomoto, todo esto habrá sido en vano.

Meiling le dirigió una sonrisa seca. Al menos en eso ambos estaban de acuerdo. Era de esperarse, pues ésa era la razón por la que lo había escogido.

No había sido difícil saber que encontraría en Takumi a un aliado. Gracias a Daidouji se había enterado de que en esa escuela existían múltiples clubs de fans y el de Sakura Kinomoto era uno de ellos. Haciendo a un lado el hecho de que aquello le resultaba estúpido e irrisorio, la jugada de Meiling había sido directa: encontrar a uno de los miembros más participativos del blog y convencerlo de ayudarla en su plan de evitar que la peligrosa amistad de Sakura y Syaoran se saliera de los cánones de un simple compañerismo. A decir verdad, había resultado más sencillo de lo que esperaba: Takumi estaba plenamente enterado de que Syaoran había sido el elegido por Sakura para la fiesta y no estaba nada contento con ello, así que no lo pensó dos veces antes de sumarse a su plan e incluso aportar algunas ideas.

Ahora sólo hay un problema…’ pensó Meiling apretando la mandíbula: ‘¿dónde demonios están esos dos?’

—Por cierto, te ves muy bien —murmuró Takumi a su lado sin darle realmente mucha importancia al comentario—. Sólo espero que él también se dé cuenta de eso.

Meiling resopló con mofa—. Lo mismo digo: se ve que te esmeraste hoy —analizó detenidamente las impecables ropas del muchacho, que iban justo a tono con las suyas. Cualquiera que no estuviera al tanto de la situación sin duda pensaría que formarían una pareja perfecta, aunque aquello no podía estar más alejado de la realidad. Takumi era guapo, eso no podía negarlo, pero no era a él a quien ella buscaba impresionar y viceversa, pero eso no importaba mientras los dos elementos principales de su estrategia siguieran sin llegar.

Continuando sobre ese mismo pensamiento, aún había algo que Meiling no terminaba de entender: ¿cómo era que un sujeto tan guapo y solicitado por las mujeres, como era el caso de Takumi, hubiera decidido fijarse en la sosa Kinomoto?

En gustos se parten géneros’ Meiling entornó los ojos y meneó la cabeza negativamente antes de consultar nuevamente su reloj. ‘¿Dónde diablos estás Xiao Lang?’

—–

—¡No puede ser! —masculló Syaoran al ver a dónde se dirigía la pelusa blanca después de haberla perseguido por un buen rato. Sakura estuvo de acuerdo con él—, ¡Que no entre al templo Tsukimine! —ambos sabían que sería más complicado encontrarlo en ese lugar que no contaba con la misma iluminación que la calle, además de que su generosa extensión albergaba amplias áreas verdes entre las cuales encontrar al animal se volvería cosa casi imposible.

—¿Y ahora? —preguntó Sakura al entrar a la explanada del templo y no ver al célebre Kumo por ninguna parte. Syaoran no respondió hasta que escuchó un sonido entre los arbustos que se encontraban en el lado oriente de la explanada.

—¡Por allá! —ambos emprendieron nuevamente la carrera y no tardaron en llegar a uno de los estanques que se conectaban por un pequeño riachuelo que corría por la parte posterior del templo.

—No veo nada —habló Sakura. Era verdad: la única luz en esa área eran los rayos mortecinos de una media luna.

—Shhh, escucha —indicó el chino y ella prestó atención, oyendo el remover de las plantas a la orilla del estanque. Entonces alcanzó a ver la mancha blanca que salía de entre unos arbustos y se aproximaba al agua para meter su hocico en ella.

—Está tomando agua, creo que ya está cansado —¿cómo podría no estarlo, después de casi una hora de asedio incesante?

—Excelente —Syaoran bajó la voz y ella lo imitó—. Lo mejor será rodearlo: tú sigue por este lado de la orilla y yo iré por el otro lado. Cuando te lo indique, tú avanzas hacia él haciendo todo el ruido que puedas para asustarlo. Entonces él correrá en la otra dirección y será cuando yo lo atrape. ¿Entendiste? —ella asintió con un quedo “sí” y él comenzó a andar silenciosamente por donde había dicho. Sakura intentó aproximarse lo más que pudo al can sin hacer el menor ruido y esperó por la señal del ambarino. Su corazón latía estrepitosamente en su pecho, como si en lugar de agarrar a un perro estuviera a punto de atrapar a un peligroso criminal y todo dependiera de llevar a cabo con la mayor exactitud posible un complicadísimo plan para acorralarlo.

No tardó en ver a Syaoran al otro lado. Entonces éste alzó una mano y Sakura supo que ésa era la señal. A partir de ese momento todo pareció correr en cámara rápida: ella pegó un salto y comenzó a dar grandes pasos hacia el animal que, espantado, huyó en la otra dirección, tal como Syaoran había predicho. En ese justo momento el chino salió a su encuentro y se lanzó hacia él, aunque el asustado can alcanzó a reaccionar justo a tiempo para volver sobre sus pasos y emprender nuevamente la huida. Al verlo correr directamente hacia ella y sabiendo que ésa sería su última oportunidad, Sakura se abalanzó sobre el pequeño Kumo y apretó firmemente su cuerpecito entre sus brazos al sentir que había logrado cogerlo. Lo único que no calculó bien en su movimiento fue el impulso que la hizo rodar por la orilla para terminar acuatizando en el otrora tranquilo estanque sagrado.

—¡Lo tengo! —gritó triunfal al ponerse de pie con el perro agitándose entre sus brazos y el agua hasta la cintura. Syaoran no tardó en rodear los escasos metros que los separaban por la orilla y entrar al agua para llegar a su lado.

—Excelente atajada —sonrió aliviado el chino al ver al perro bajo control—. Ven, te ayudaré a salir —le tendió una mano y fue sólo entonces que Sakura se dio cuenta de que él también estaba en el estanque.

—Oye, no tenías por qué mojarte —se mordió el labio al verlo con el agua hasta la cadera, a lo que él se encogió de hombros.

—Tú tampoco, y aún así lo hiciste —le sonrió con una calidez que hubiera detenido una guerra nuclear y se acercó a examinar a Kumo, que parecía mucho más tranquilo que al inicio.

—¿Quién anda ahí? —de pronto escucharon una voz que se acercaba a ellos y vislumbraron la luz de una lámpara de mano.

—Hora de irnos —no bien hubo dicho esto, Syaoran tomó a Sakura de la mano para ayudarla a salir del estanque y una vez afuera le quitó al animal para cargarlo con el brazo libre.

—¡Oigan, ustedes! —finalmente la luz llegó al estanque y los iluminó por un instante infinitesimal antes de que el chino emprendiera carrera arrastrando a la castaña consigo.

—¡Espera Syaoran! —alcanzó a musitar Sakura al saberse halada entre los arbustos y sentir que sus pies corrían a toda velocidad intentando seguir el paso de su compañero en la oscuridad.

—¡Oigan! —volvieron a escuchar el llamado y Kumo pareció responder con un ladrido.

—¡Shhhh! —intentó silenciarlo Syaoran y pareció funcionar por el momento, pues el poodle calló y entonces los tres pudieron continuar su acelerado camino hacia la entrada del templo. Sólo ahí Syaoran soltó la mano de Sakura para no hacerla caer al bajar las escaleras y ambos prácticamente volaron por ellas hasta llegar a la calle, en donde el muchacho volvió a coger la mano femenina y tiró nuevamente de ella para desaparecer rápidamente al doblar la esquina. Aunque para este momento ya no escuchaban pasos que los siguieran, no se detuvieron sino hasta dos cuadras y una vuelta después, en donde prácticamente se desplomaron para tomar un poco de aire a causa de ambas corridas: en la que habían sido persecutores, y en la que habían sido los perseguidos.

—Por un momento creí que nos atraparían —jadeó Sakura recargada contra la pared.

—No iba a dejar que lo hicieran tan fácilmente —replicó Syaoran y miró al perro entre sus brazos— ¿Nunca te enseñaron que los jardines de un templo no son para jugar? —esto despertó una carcajada de la castaña que lo sorprendió.

—Creo que está en su lista de lecciones por aprender, después de “no escapar” —bromeó y él rió con ello—. Tengo sed —confesó al finalmente poder pensar en otra cosa que no fuera encontrar a Kumo y escapar de los guardias del templo.

—Pues… creo que tengo suficiente agua en mis zapatos para saciar a un camello —ofreció Syaoran y la sonrisa de la castaña se amplió ante la ocurrencia. Nunca había imaginado al chino soltarse y relajarse de esa manera con ella, al menos no como “Sakura”.

—Ahora que lo pienso, no tengo tanta sed. Puedes guardarlo para ti —entonces se incorporó nuevamente e intentó exprimir inútilmente un poco de agua de su vestido, que ahora era rosa con caprichosos grabados cafés no sólo en la tela, sino en su piel gracias al lodo adquirido en la caída—. ¿Qué te parece si vamos al parque Pingüino? Es hora de regresar un Kumo a su dueña.

—Me parece perfecto —Syaoran la imitó y ambos comenzaron un penoso andar bajo las farolas. A cada nuevo paso un pequeño charco de agua brotaba de los dos pares de zapatos.

—Hey, tienes razón: tus zapatos son dos albercas —bromeó Sakura señalando a sus pies. Syaoran simuló un ceño y torció su sonrisa.

—Mira quién lo dice…

—–

Cuando la música cambió a una melodía lenta Tomoyo se detuvo y dirigió una sonrisa a su compañero de baile.

—Parece que es un buen momento para descansar —declaró y se dio la vuelta para dirigirse hacia las bancas, pero se vio impedida de hacerlo cuando la mano del joven tomó la suya.

—Sólo una pieza más —sintió que la otra mano de Eriol tomaba su cintura y la acercaba suavemente a él. Tomoyo sintió un brinco en su pecho ante la sutil caricia, pero luchó con todas sus fuerzas para no ruborizarse.

—Está bien, sólo una más —al encontrarse respirando junto a su pecho, Tomoyo tuvo que desviar su atención hacia los jardines—. Sakura y Li aún no han llegado. Me pregunto si habrá pasado algo.

—Si está con Syaoran no le pasará nada, no te preocupes —la tranquilizó él sin detener el lento compás de sus movimientos. Tomoyo respiró hondo para calmarse y sólo consiguió impregnar sus pulmones con la colonia del varón, que le recordó ligeramente al aire de las montañas.

—¿No estás cansado de bailar? Porque creo que necesito un vaso de agua —se apartó unos centímetros de él para no respirar ese aroma que le alteró durante un segundo los nervios. Entonces lo observó mejor y vio que algunas perlas de sudor corrían por el rostro del inglés sin afectar su semblante sombrío y misterioso. Su cabello también se había humedecido al sudar al ritmo de la electrónica, pero sus ojos no habían cambiado un ápice durante el transcurso de la noche.

—En realidad estoy muy bien por el momento —sonrió él y se detuvo—, pero si ése es tu deseo, dulce Tomoyo, con gusto te traeré un vaso —soltó su cintura y sujetando su mano la guió por entre la gente hacia un área más despejada—. ¿Qué te gustaría tomar?

Estaba coqueteándole a sabiendas de que al día siguiente todo volvería a la normalidad y Tomoyo lo sabía. Su actitud era muy cínica al hacer eso, pero también decía mucho a la chica sobre la personalidad del joven, así que decidió ponerse pies de plomo y continuar el juego hasta ver a dónde llegaba, de manera que hizo a un lado su ligero rubor y dirigió una sonrisa a su compañero.

—Cualquier cosa, en tanto sea refrescante. Confío en tu gusto.

Eriol asintió y salió hacia la barra de bebidas regresando con un preparado de color verde que Tomoyo contempló detenidamente antes de aceptar.

—Recuerda que no hay alcohol en esta fiesta, así que no me mires así. Además, dijiste que confiarías en mí, ¿lo recuerdas?

—En tu gusto, no precisamente en ti —aclaró ella con una ceja suspicaz.

—Me temo que tienes razón. Entonces dime, dulce Tomoyo, ¿qué necesito hacer para ganarme esa confianza?

Esa sonrisa nuevamente. Sus palabras parecían serias y el sonido con el que las decía era suave y pausado, pero el añil de sus ojos nuevamente se burlaba a cada sílaba y hurgaba en una retorcida estrategia. Era un guasón con la máscara de caballero en armadura de plata. Si ésa era su manera de jugar con las chicas (y tenía comprobado que le resultaba muy bien, dado su descomunal número de seguidoras), Tomoyo también tenía sus propias técnicas de desarme. Eriol acababa de toparse con la adolescente equivocada, pensó.

—¿Realmente te interesa mi confianza?

—Por supuesto.

—Entonces te lo dejaré muy sencillo —sonrió ella inocentemente—: todo lo que tienes que hacer es quitarte esa horrible máscara hipócrita y ser tú mismo, querido Eriol.

—¿De eso se trata? ¡Vaya! Sabía que eras una persona especial, Tomoyo Daidouji —Eriol tardó apenas dos segundos en responderle y regresarle la sonrisa, pero esos dos segundos expresaron mucho más de lo que ella había visto en él desde que lo conocía: sus pozas azules se habían abierto por completo finalmente, dejando entrever una profundidad tan honda como difícilmente alcanzable, e igualmente temerosa de ser descubierta. Su sonrisa había temblado durante una décima de segundo, como si quisiera hacerle mil confesiones antes de regresar a su usual parodia de sí misma. En resumen, ahí había estado durante escasos dos segundos, pero Tomoyo sabía que finalmente había conocido al verdadero Eriol Hiragizawa.

Además, no tardó en comprender la bien pensada respuesta de Eriol: le había dado la razón en lo referente a su fachada al no negarlo, pero se había abstenido muy bien de hacer cualquier promesa sobre cambiarlo.

No muy lejos de ahí se observaba una pareja discutiendo junto al tronco de un árbol. Él tomaba su mano intentando impedir que ella caminara hacia la joven de ojos violetas.

—¿Para qué quieres ir con ella?

—¡Ella tiene que saber a dónde fueron Kinomoto y Xiao Lang y por qué no vinieron a la fiesta! —gruñó Meiling con su mirada escarlata manando llamas.

—¿No te das cuenta? —insistió Takumi—. Si vas y haces eso ellos se enterarán de que durante toda la fiesta estuviste al pendiente de su llegada. ¿Es eso lo que quieres?

—Yo sólo quiero saber a dónde se llevó a Xiao Lang —Meiling desvió la mirada con un muy marcado ceño y bufó—. Justo cuando creí que todo saldría bien… ¡Esa estúpida de Kinomoto arruinó mis planes!

—Ten cuidado con lo que dices chiquilla —Takumi se puso serio—. Recuerda que estás hablando de Kinomoto-san y no permitiré que te expreses así de ella. A ti no te gustaría que dijeran esas cosas de tu querido primito, ¿cierto?

Meiling estaba a punto de replicar, pero al ver la mirada del chico comprendió que iba muy en serio y entendió que, en efecto, era un trato justo si ella misma no quería que hablaran mal de Syaoran.

—Aún así… lo arruinó todo al no venir —masculló apretando la mandíbula y en un brusco movimiento se liberó del agarre de Takumi. Ya no era necesario que la detuviera de ir con Daidouji.

—–

—Problema resuelto —Syaoran se metió las manos a los bolsillos al ver a la familia alejarse del parque Pingüino acompañada del inquieto Kumo debidamente atado a una correa.

—Gracias por ayudar —suspiró Sakura y se dejó caer sobre una de las bancas— ¡Estoy muerta!

—Ni lo digas —acordó el ambarino y se sentó a su lado—. Fue una noche un poco movida, ¿eh?

—¡Ese pequeño era incansable! —rió Sakura

—E inalcanzable… —agregó él.

—¡Y el guardián del templo! —exclamó ella abriendo los ojos de par en par de sólo recordarlo—. De verdad pensé que nos iba a atrapar y… ni siquiera me puedo imaginar qué es lo que nos hubiera hecho.

—Hubieras visto tu cara cuando te iluminó con la lámpara…

—¿Mi cara? —ella alzó una ceja irónica— ¡Ja! Pues no te estarías burlando si hubieras visto la tuya —lo señaló con un dedo y él se encogió de hombros.

—Al menos yo me moví. Tú estabas paralizada como una estatua.

—¿Ah, sí? Pues… pues… —Sakura estaba más que dispuesta a replicar. Lamentablemente ya no se le pudo ocurrir nada más que decir al chino. Su única escapatoria fue soltar una carcajada burlándose de sí misma y de todo lo que habían tenido que pasar. Al verla sujetarse el estómago a causa de las incontenibles contracciones, Syaoran tampoco tuvo más remedio que unírsele.

Luego de un rato y no pudiendo soportar más el dolor de su abdomen por las carcajadas, Sakura comenzó a tranquilizarse y tomar aire. Incluso tuvo que enjugar una lágrima que rodaba por su mejilla. Miró entonces a Syaoran y se dio cuenta de que jamás había visto reír así al chico. De hecho, en la escuela era imposible siquiera imaginarlo sonriendo un poco y, aunque siempre estaba más relajado con Takeshi y aun con Akira, definitivamente esas risotadas eran probablemente cosa de una vez en la vida, así que se divirtió contemplándolo durante un poco más, hasta que el chino tampoco soportó el dolor abdominal y tuvo que ceder a la calma.

—Creo que ya es muy tarde para ir a la fiesta —Sakura recostó la cabeza contra el respaldo de la banca y miró a las estrellas de la noche avanzada.

—¿Aún pensabas ir así? —con un movimiento de sus ojos Syaoran señaló a sus ropas mojadas y sucias y su cabello enmarañado. Sakura se vio entonces y luego lo analizó a él, llegando a una única conclusión: ambos eran un desastre.

—Tienes razón. Supongo que esto significa que nos la perdimos por completo —ladeando la cabeza dirigió una mirada arrepentida a su compañero—. Disculpa, por mi culpa te…

—Ni siquiera se te ocurra —él alzó una mano para señalarle que callara. Luego desvió la mirada—. No tenía muchas ganas de ir de todas formas, y si pudiera elegir entre esto y aquello, creo que volvería a perseguir a esa bola de pelos una vez más —se quitó ambos zapatos para estilar el agua que los inundaba y agregó sin mirarla—. Eres una buena corredora.

—Los deportes son mi único fuerte en la escuela —admitió ella haciendo lo mismo con sus zapatillas—, aunque jamás podría alcanzarte en una carrera.

Por toda respuesta, Syaoran se encogió de hombros y se puso de pie después de calzarse nuevamente los zapatos. Le tendió una mano después de que ella se colocara las zapatillas y la ayudó a incorporarse.

—Te acompañaré a tu casa.

—¿Tan pronto? —ella simuló un puchero—, ¡Pero si la diversión apenas comenzaba!

—Con mayor razón —de la misma manera él fingió terror—. Si eso era el inicio, no quiero quedarme para ver el resto —y ya se disponían a emprender el camino de regreso cuando un gruñido manó del estómago de Sakura.

—Perdón… —se sonrojó ella sin detener la marcha.

—Uhm… Yo también tengo hambre. Sólo tomé un jugo después de entrenar. ¿Qué te parece si primero pasamos por algo de comer? Yo invito —sonrió satisfecho al verla aceptar su invitación y se metió nuevamente las manos a los bolsillos. Lo bueno era que la noche no estaba tan fresca, o estarían congelándose con esas ropas empapadas. Aunque lo más importante era que finalmente no había tenido que ir a esa condenada fiesta a soportar las escenas de Meiling.

Hablando de su prima…

Al final las cosas habían resultado a favor de Meiling, quien tan molesta estaba de que ambos fueran juntos a la fiesta. Si ella hubiera sabido que pasarían la noche corriendo, se enlodarían en un estanque y terminarían comiendo en el primer puesto de comida que encontrara en el camino, seguramente no hubiera causado tanto escándalo desde un inicio, o al menos eso imaginaba el ingenuo muchacho.

Ahora no tiene razones para quejarse’ meneó la cabeza.

Ni siquiera podría considerársele una cita, a menos que el hecho de que él se hubiera divertido como rara vez lo había hecho en su vida pudiera ser causa de celos para su prima, pero ésa no había sido su intención en un principio, de manera que no podía tomarse en cuenta ¿cierto?

—¡Mira! Ahí hay mucha gente. Seguro debe estar muy rico, ¿vamos? —una sonriente Sakura interrumpió sus pensamientos, espantando la sensación de sus ropas húmedas con la calidez de su sonrisa, haciéndolo olvidar lo que fuera que estaba meditando hasta ese preciso instante. Asintió lentamente y ella abrió sus hermosos ojos verdes con entusiasmo, tomándolo de la mano para apresurarlo al ver que él caminaba tan tranquilamente. Un escalofrío invadió el brazo del chino erizando sus bellos hasta trepar por su cuello al sentir el contacto femenino.

Hace más frío del que pensé’ fue la única explicación que se le ocurrió a pesar del calor primaveral que impregnaba el ambiente.

Notas de la autora: Quizás esta vez a algunas les parezca un capítulo bastante cargado con todo lo que sucedió (cosa que queda clara desde el mismo título), y supongo que tendrán razón.

Nuevamente vemos aparecer a Nakuru y poco a poco iremos descubriendo la naturaleza de las relaciones de los personajes secundarios, cosa que irá cobrando más importancia poco a poco.

También aparece un nuevo personaje que intentará poner su granito de arena para evitar que Sakura y Syaoran se unan. ¿Qué les parece Takumi en ese aspecto?

Y no pregunto lo que opinan de Eriol en este capítulo, pero sí mencionaré que en este capítulo sucede una pauta muy importante para la trama: Eriol ha sido retado de una manera muy especial por la mismísima Tomoyo. ¿Quiere decir que el inglés se quitará la máscara frente a ella? ¿O cómo piensa reaccionar él? O quizás ahora sea ella quien hurga su propio plan para lograr su cometido. Cualquier cosa puede pasar.

Pasando a la pareja principal: ¿Syaoran tendrá razón al pensar que su catastrófico paseo con Sakura no podría considerarse una cita? ¿Meiling no tendría por qué encelarse de ello? ¡Ay, pobre muchacho! Con una pareja tan ingenua como esos dos no me sorprende la cantidad de cosas que les pasan…

El próximo capítulo cambiaremos de escenario, así que prepárense para marcharnos a la playa. Muchas gracias por seguir esta historia y comentar sus impresiones. Ya veo también que varios me han agregado al face. Pronto subiré una imagen de Tomoyo y por ambos medios se lo haré saber.

¡Hasta la próxima!