7. Caos en Seiju

—¿Qué? —algunas exclamaciones de sorpresa se dejaron escuchar ante lo anunciado por la presidenta de la clase al terminar la primera hora de la mañana.

—La fecha de la fiesta ha sido fijada para el viernes de la próxima semana. Con esto esperamos reunir fondos suficientes para la implementación de algunos puntos que discutimos al inicio del año académico —continuó explicando la joven.

—¿Y podemos invitar a quien queramos? —una de las chicas sentadas al frente quiso saber.

—La invitación que les estamos entregando es para que lleven consigo a un compañero de la escuela, sin importar el grado ni la clase. Sin embargo, pueden invitar a más personas si así lo quieren pagando su respectivo boleto. Los compañeros que no sean invitados por alguna de ustedes podrán venir también, pero tendrán que pagar su boleto y el de sus invitados —sonrió la presidenta—. No olviden escribir su nombre en las tarjetas que les estamos dando —continuó mientras ella y otra joven pasaban a las mesas de las mujeres de la clase y les entregaban a cada una dos tarjetas —. Una es para ustedes y otra para su pareja.

—Una fiesta en la que las mujeres invitan, ¿no te parece divertido? —Yamazaki susurró a Syaoran, quien a diferencia del primero no parecía tan emocionado con la idea—. Me pregunto si Chiharu me invitará a mí.

Entretanto, el ambarino notó por el rabillo de su ojo que Meiling volteaba hacia él y agitaba en señal triunfante los dos boletos que acababa de recibir. No le costó trabajo determinar quién sería la primera en invitarlo.

—Por cierto, para evitar algunos contratiempos que sucedieron el año pasado…— la presidenta se detuvo un momento en su repartición para volver a dirigirse a la clase—, todos los varones que ya cuenten con una invitación van a tener que portarla en el bolsillo de su saco o camisa. Así queremos evitar que haya confusiones y las chicas podrán saber más fácilmente quién está “disponible” y quién no.

Una vez más se alzó un ligero rumor en el salón y las dos estudiantes terminaron su repartición de boletos para nuevamente caminar frente al pizarrón y mirar a la clase. Al ver que algunas personas estaban ansiosas hicieron el anuncio final:

—El tiempo para hacer las invitaciones comienza a las tres, al terminar la última clase. Sólo a partir de esa hora pueden buscar a su pareja elegida e invitarla, así que tienen todo el día para pensar y escoger bien a quién van a llevar —les guiñó un ojo confidente—. Pero una vez que acaben las clases no se tarden demasiado, o alguien se los puede ganar.

—Voy a quedarme cerca de Chiharu para que nadie más me vaya a invitar antes que ella —sonrió Yamazaki.

—Como si alguien quisiera hacerlo —se escuchó la voz de Meiling.

—¿Y tú a quién piensas invitar? —unas filas más atrás, Tomoyo se mostraba curiosa junto a una Sakura que no dejaba de observar su par de boletos.

—No lo sé. Ni siquiera sé si pueda ir. Tendría que pedir permiso en el trabajo para salir más temprano o en todo caso llegar un poco tarde a la fiesta. ¿No preferirías tú mis boletos? Así puedes invitar a más personas.

—No digas eso —Tomoyo rechazó los papeles que la castaña le extendía con una mano—. No creo que a nadie le importe si llegas un poco tarde. El punto es que te diviertas, así que tienes que venir. Ahora sí, dime… ¿a quién vas a llevar? —su mirada adquirió un brillo que asustó ligeramente a la otra.

—No sé, de verdad que no —no obstante, sin pensarlo ni quererlo, su mirada se dirigió involuntariamente al ambarino, hasta que escuchó una voz que la sobresaltó.

—Ésta es mi oportunidad para estar con Li, ¿no lo creen? —Naoko sonreía detrás de ellas con una mirada soñadora detrás de sus gafas.

—Pues vas a tener que aprovecharla bien, porque no serás la única —Chiharu estaba a su lado y con sus ojos señaló hacia varias chicas que no apartaban la mirada del susodicho.

—Chiharu tiene razón. Tendrán que apresurarse si buscan invitar a cualquiera que posea un club de fans —sonrió Tomoyo.

—Eso también incluye a Hiragizawa —nuevamente Chiharu observó a las mujeres que parecían querer comerse con la mirada al inglés.

—Parece que esto se va a convertir en una competencia a la hora de la salida —Rika se unió a la conversación— ¿A quiénes invitarán ustedes, chicas?

—Quizá lleve a Yamazaki. Si no invito yo a ese mitómano, nadie más querrá hacerlo.

—No seas tan cruel, me parece que Yamazaki también tiene sus admiradoras— sonrió Naoko y Chiharu soltó una carcajada.

—Inventadas por él, quizás.

—Pues yo voy a intentarlo de verdad con Li —Naoko se veía decidida.

—Rika, ¿invitarás al profesor Terada? —se animó a preguntar Tomoyo apenas en un susurro para que sólo la mencionada escuchara e inmediatamente notó un sonrojo en la joven.

—No sé si estaría bien. Además, todos los profesores serán invitados por el comité, así que de cualquier forma estará ahí.

—¿Y ustedes dos? —Naoko alzó una ceja a Tomoyo y Sakura.

—Yo aún no sé si podré… —pero la respuesta de Sakura se vio interrumpida cuando Tomoyo le puso una mano en la boca.

—Todavía no sabemos a quién llevar, pero claro que iremos. Además, tenemos todo el día para pensar quién será nuestra pareja, pero lo sabrán en cuanto lo decidamos —les guiñó un ojo y dio el tema por zanjado al ver llegar al profesor de la segunda hora.

——————

Sakura salió suspirando de alivio del baño cercano al gimnasio. Realmente creyó que no lo lograría esta vez, pero afortunadamente no fue así. Era el único problema de que las chicas decidieran comer tan alejadas de los edificios durante el almuerzo, además de que tenían que regresar con más tiempo para llegar puntuales a la siguiente clase. Estaba a punto de girar en una esquina para volver con sus amigas cuando escuchó algunos ruidos quedos que venían del gimnasio, lo cual era raro durante la hora de receso.

Curiosa como siempre lo había sido desde que tenía memoria, Sakura decidió asomarse por la puerta y descubrió que había dos personas en la amplia sala.

—¿Qué hacen ustedes aquí? —decidió entrar y preguntar personalmente al notar que se trataba de Li y Hiragizawa. Realmente era extraño verlos juntos en la escuela (y aún en su casa). Syaoran brincó sobre su lugar, en tanto que Eriol se volvió para saludar amistosamente a la recién llegada.

—Creí que eras Meiling —fue lo único que dijo Li explicando su sobresalto anterior. Eriol sonrió.

—A pesar de que las invitaciones para el baile inician oficialmente al terminar las clases, ya hay varias chicas intentando aprovechar una oportunidad para “ganar” a su pareja —explicó Eriol—, y Meiling está buscando a Syaoran por todos lados —recibió una mirada fría del susodicho frente al dejo de burla que había en su voz.

—¿En serio? —Sakura no podía siquiera imaginar que hubiera mujeres tan desesperadas y tramposas como para hacer algo así. No obstante, los otros dos no parecían sorprendidos, sino simplemente resignados y molestos al respecto (al menos uno de ellos).

—Por cierto, Sakura, ¿tú ya sabes a quién invitarás?

La mirada de Li se volvió casi asesina. ¿Por qué ese tipo llamaba a Kinomoto con tanta familiaridad? ¿Realmente creía que podía ir por ahí hablándole a las personas como a él se le diera su gana?

—En realidad, no sé si podré ir a la fiesta. Tengo algunas cosas que hacer ese día y no sé si lo lograré.

—¿En serio? Es una lástima, porque seguramente muchos morirían por ser tu pareja. ¿No lo crees, Syaoran?

—Supongo que… ¿Qué? —El rostro del aludido se tornó repentinamente color granada— ¿De qué hablas? ¡Yo no sé, yo…! ¿A mí qué me preguntas? —y volteó en otra dirección, apretando la mandíbula y luchando en vano por enfriar su cabeza. Sakura arqueó una ceja, extrañada.

—Me refiero a que Sakura es una chica muy linda y amable, así que deben sobrarle pretendientes —continuó Eriol como si estuviera hablando de peras y manzanas. Entonces consultó su reloj—. Oh, ya falta poco y todavía hay algo que tengo que hacer antes de regresar al salón. Mejor me voy adelantando. Nos vemos allá —se despidió rápidamente sin dar tiempo de réplica, desapareciendo en un santiamén por la puerta.

—Entonces… ¿no irás a la fiesta?— Syaoran casi sintió ganas de golpearse la cabeza. ¿Por qué traía nuevamente el tema a colación?

—No es seguro. Supongo que tú irás con Meiling —susurró Sakura con cierto desánimo. Si era así, Naoko no tendría ninguna oportunidad para invitar al ambarino.

—Si no tengo otra opción… —él se encogió de hombros.

—¿Y si la tuvieras? ¿Y si alguien te invitara antes que ella? —la expresión de Sakura se tornó alegre y esperanzada, causando que el chino retrocediera ligeramente ante un cambio de humor tan brusco.

—Probablemente tendría que rechazarla… o quizás no —ni siquiera él supo por qué dijo esto, pero una parte en su interior insistía en mantener esa idea a flote. De hecho, la hipótesis se sentía ridículamente agradable en su pecho, cosa que lo inquietaba un tanto.

—¡Excelente! Entonces hay que esperar a ver qué pasa al terminar la última clase —Sakura casi saltó de gusto y miró su reloj—. Creo que tenemos que irnos ya. ¿Tienes tú las llaves de aquí? —el otro asintió—. Bien, entonces vamos cerrando para llegar a tiempo.

Ambos salieron del lugar y fue él quien se encargó de pasar llave al gimnasio, caminando los dos juntos de regreso a su edificio en silencio. No obstante, había algo que inquietaba la mente del ambarino: realmente había pensado durante un momento que la castaña iba a sacar su invitación y para dársela a él. En realidad, el problema no era la idea en sí, sino el hecho de que ésta no le había resultado molesta en absoluto.

——————

Tomoyo vio pasar a un estudiante corriendo con una chica tras de sí. Tuvo que ahogar una risita para evitar hacerlo en voz alta, pues la escuela entera se había transformado en un manicomio desde el instante en que la campana de salida había sonado. En ese preciso momento, los chicos más solicitados de la preparatoria Seiju habían salido disparados en todas direcciones perseguidos por una horda de mujeres aparentemente dispuestas a todo. También existían algunas parejas más pacíficas que se veían por los pasillos, tímidos y sonrojados, pero felices. Varios muchachos portaban ya una invitación en el bolsillo del saco o la camisa, de acuerdo con la petición del comité organizador.

Llegó al cuarto de música y usó su llave para abrir la puerta. Sakura había tenido que ir a sacar un libro de la biblioteca, pero no tardaría en llegar para cambiarse e ir a su trabajo. Sin embargo, Tomoyo quedó de piedra al ver que, aunque estaba cerrado con llave, el lugar no estaba solo.

—¡Hiragizawa-san! ¿Qué haces aquí?

—Hola Daidouji. Lo siento, no quería asustarte —el inglés sonrió con su tranquilidad característica.

—No importa, es sólo que no esperaba encontrar a alguien aquí.

—Lo sé, es sólo que…

—Te estás escondiendo —adivinó y lo vio asentir.

—La salida de la escuela ha sido literalmente cercada —Eriol se asomó por la ventana y Tomoyo lo imitó, viendo con asombro a un nutrido grupo de mujeres que rondaban la periferia del terreno escolar, principalmente la puerta de entrada.

Sin embargo Tomoyo estaba más preocupada por otra cosa: Sakura tendría que buscar otro lugar para cambiarse si el inglés se quedaba ahí. Pero ella tenía consigo el disfraz de Akira, así que tendría que encontrar una manera de sacar a Eriol de allí, aunque definitivamente sería misión casi imposible convencerlo de salir nuevamente a los pasillos. Caminó hacia la puerta y la abrió ligeramente para echar un vistazo por si la castaña se acercaba.

—Pareces un poco incómoda. ¿Es porque estoy aquí? —Tomoyo estaba tan inmersa en sus pensamientos que no se dio cuenta del instante en que el varón se había acercado a ella y la contemplaba con un par de intensos ojos azules—. Discúlpame, sé que te gusta practicar todos los días a solas antes del ensayo, pero no se me ocurrió otro lugar para esconderme.

—¿Y exactamente por qué te escondes? Quiero decir: no es forzoso que aceptes la primera invitación que recibas. Quizás tengas que rechazar a algunas, pero realmente puedes ir con quien quieras si la chica que te gusta te escoge a ti.

—Supongo que te parecerá ridícula mi razón si te la digo —no obstante, Eriol no parecía tímido al respecto.

—Es por tu papel de caballero, ¿cierto? —aventuró nuevamente Tomoyo con cierta curiosidad—. Rechazarlas una tras otra iría contra esa idea.

El otro no asintió, pero tampoco negó la aseveración, causando que la joven se preguntara por qué el sujeto se tomaba tan en serio ese rol de caballero inglés, o no sabiendo si pensar si en verdad lo era.

—Puede que tengas razón o no. No puedo decir mucho al respecto, pero sí puedo asegurarte que no sería muy agradable tener que decirles que no a todas las que se agruparon frente a mi casillero a la salida.

Tomoyo tuvo que reprimir una risita al imaginar la escena. Así que por eso había llegado antes que ella al salón de música: el pobre hombre ni siquiera tuvo oportunidad de acercarse a su casillero y, en lugar de eso, se dirigió inmediatamente a buscar un refugio.

—¿Acaso no quieres ir a la fiesta? Si te quedas aquí, nadie podrá invitarte y te la perderás.

—¿Tú ya invitaste a alguien? —el revés en la pregunta la tomó totalmente por sorpresa, dejando momentáneamente entrever su desconcierto—. Supongo que eso es un “no”. De manera que no piensas ir…

—Por supuesto que iré —después de todo, lo había prometido—, es sólo que… —se quedó sin palabras. Se dio cuenta de que había estado pensando tanto en cómo convencer a Sakura de invitar a alguien y en llevarle el nuevo diseño que había hecho para Akira, que había olvidado que ella misma tenía que escoger alguna pareja.

—Sinceramente estoy sorprendido. Pensé que habría chicos rondándote en espera de que fueras a invitarlos.

Tomoyo lo miró un momento. Eriol Hiragizawa siempre miraba a los ojos y sonreía con esa expresión misteriosa que sólo él parecía poseer cuando hablaba y ésta no era la excepción. Eso hacía aún más difícil saber si estaba bromeando, mintiendo o hablando en serio, pues su rostro jamás cambiaba. Aún así, decidió tomar aquello como un halago.

—Supongo que no lo voy a saber por estar aquí.

—Entonces será una verdadera lástima que te lo pierdas.

Nuevamente esa sonrisa misteriosa. Tomoyo comenzaba a preguntarse qué era lo que había detrás. Estuvo a punto de contestarle algo, ni siquiera sabía muy bien qué, pero en ese instante sintió su móvil vibrar en el bolsillo de su saco y lo tomó para leer rápidamente el mensaje que acababa de recibir. Era un simple texto de una sola línea de Sakura:

¡Voy para allá!”

¡Rayos!’ no podía creer que por un momento se había olvidado de que su amiga estaba por llegar para cambiar de indumentaria y, valga lo dicho, de “sexo” también, de manera que su compañero de clase no debía estar presente por nada del mundo. La pregunta era: ¿cómo lograría sacarlo de ahí?

Un momento…’ y, de repente, como si el cielo se abriera ante ella, a Tomoyo se le ocurrió lo que sólo podría ser calificado como una idea genial y seguramente infalible.

—Sabes que esas chicas no se irán tan fácilmente —el otro se encogió de hombros—. Por lo tanto, sólo podrás salir de este edificio de una manera: aceptando una invitación y llevándola en tu bolsillo.

—Creo que tienes razón. Eventualmente eso tendrá que pasar —aunque no parecía tan mortificado al respecto como para tratarse de un muchacho escondido en un salón por tiempo indefinido.

—Entonces… —un brillo apareció en los ojos de Tomoyo—. Eriol Hiragizawa, ¿irías conmigo a la fiesta? —sacó de su mochila uno de los boletos recibidos y se lo extendió triunfalmente. ‘Jaque mate’.

Eriol parpadeó un momento al darse cuenta de lo que acababa de pasar, pero extrañamente aquella sonrisa misteriosa no tardó en llegar a su rostro.

—Será un honor, estimada Daidouji —sin titubear un segundo, Eriol cogió el papel y lo colocó en el bolsillo de su pecho. Acto seguido, tomó la misma blanca mano que le había ofrecido la invitación y plantó un beso sobre su dorso, cosa que alteró cada nervio que subía desde esa zona hasta llegar en forma de escalofrío a la cabeza de la muchacha, quien inconscientemente apretó la mandíbula.

—E-e… ¡Excelente! —titubeó, sintiendo la cara arder—. A-ahora ya no tienes razones para ocultarte.

—Eso es cierto, así que será mejor que me vaya de una vez y te deje para que puedas empezar a practicar —por alguna extraña razón, el varón pareció poner cierto énfasis en la última palabra.

—Que… que tengas buen día —Tomoyo sonrió, luchando épicamente por deshacer aquel terrible rubor que se había apoderado de ella. ¿Qué demonio se había metido en ella?

—Igualmente, y gracias por la invitación —sonrió Eriol y se encaminó a la salida.

—No sé por qué agradeces.

—Tienes razón, no es como si hubiera escogido este salón entre todos a propósito sabiendo que tarde o temprano aparecerías tú.

Estaba jugando con ella, Tomoyo lo supo de inmediato, ¡y ese beso en su mano había sido parte de todo! Extrañamente, aquello no parecía algo que un caballero haría, pero definitivamente sí alguien como Eriol Hiragizawa. Sin embargo, ella no caería tan fácilmente.

—Si yo fuera tú, tampoco hubiera ido a la alberca. Todas en la escuela saben que estás en el equipo y te hubieran buscado ahí, pero casi nadie sabe que tocarás el piano en el próximo festival de la escuela y mucho menos que tienes acceso libre al salón de música para practicar. Además, lo más probable era que yo invitaría a alguien antes de venir hacia acá, ¿cierto? Así que, pensándolo bien, era la opción más lógica.

—Me descubriste —sonrió él y abrió la puerta sin apartar su mirada de la joven que intentaba analizarlo. Se despidió rápidamente y salió. Sólo en ese instante Tomoyo se pudo relajar y se sentó sobre una silla.

—Creí que nunca se iría —pero entonces se dio cuenta de lo que realmente había sucedido:

Ella había invitado a Eriol Hiragizawa a la fiesta y él había aceptado, lo que quería decir que ese día irían como pareja.

—Bueno, no como “pareja”, sólo… —se mordió el labio inferior—, tenemos que llegar juntos.

Mientras tanto, el joven inglés caminaba tranquilamente por el pasillo sonriendo a las mujeres que lo veían pasar con una marcada desilusión en sus rostros al notar el papelillo rosado que asomaba contrastantemente por el bolsillo de su uniforme azul.

Así que en verdad estás dispuesta a cualquier cosa con tal de proteger el secreto de tu amiga’ saludó cordialmente a otro estudiante que pasó a su lado y echó un rápido vistazo hacia abajo para ver una vez más la invitación contra su pecho ‘eso sí que es interesante’.

——————-

Sakura consultó su reloj mientras salía del edificio principal. A pesar de que Tomoyo la había ayudado a vestirse lo más rápido posible después de la demora que había tenido en la biblioteca, no le quedaba mucho tiempo si quería llegar puntual al trabajo, aunque seguía siendo muy favorecedor que el lugar se encontrara a tan pocos minutos del instituto.

Sacó del bolsillo un papel rosado con su nombre y lo contempló por un momento. ‘Creo que ya no podré invitar a nadie a la fiesta’, aunque no lo lamentaba del todo, pues ni siquiera había pensado a quién le gustaría llevar de pareja. Lo que sí era un hecho era que ahora, aunque quisiera, no podría acercarse a algún chico y darle su boleto disfrazada como estaba.

—¿Akira? —una voz la distrajo de sus pensamientos y miró hacia arriba, justo en la copa de un árbol, que era de donde el llamado había provenido.

—¿Li-kun? —Sakura se aproximó al árbol, un poco alejado del camino principal ¿qué hacía Syaoran Li sentado sobre aquellas ramas?

—Qué raro se oye que tú me llames por mi apellido. ¿Qué haces aquí? —buena pregunta. No se supone que alguien debería notarla mientras salía de la escuela disfrazada como Akira. Sakura pasó saliva; incluso había sido tan sorpresivo ver a Syaoran ahí que había olvidado llamarlo como Akira lo hacía.

—Etto… yo… me quedé de ver con alguien aquí, pero ya me voy a trabajar —sonrió nerviosamente, esperando que el chino se tragara el cuento.

—Suerte a la salida entonces.

—¿Qué? ¿Por qué? —alzó una ceja, extrañada, pero echó un vistazo hacia el portón cuando el ambarino se lo indicó. Entonces quedó todo claro para ella: el lugar estaba literalmente amotinado por estudiantes al acecho de los pobres infortunados que procuraban salir.

—Por cierto, ¿cómo entraste? —cuidando que nadie lo viera, Syaoran brincó desde su posición para llegar a ella.

—Pues yo…— la verdad es que no se le ocurría alguna excusa, ‘¿cómo puede brincar desde tan alto así de fácil?’ Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la mano del muchacho tomó rápidamente el cartón que ella sujetaba en su mano derecha.

—¿Por qué tienes una invitación de Kinomoto? —un marcado ceño apareció en su frente—, ¿fue con ella con quien tenías que verte?

—¿Una invita…? ¡Ah! —sólo entonces se dio cuenta de que Syaoran sostenía la invitación con su nombre en su mano. ¿Cómo había podido ser tan descuidada? ‘¿Ahora cómo voy a salir de ésta?’ suspiró.

—¿Kinomoto te invitó? —extrañamente Syaoran parecía ligeramente molesto— ¿Por qué me dijo a mí que no pensaba ir a la fiesta y te invitó a ti? Además… no sabía que ustedes dos se conocieran —la intensa mirada del chico se turnaba entre Akira y el boleto de Sakura.

Está sospechando… si sigue así me va a descubrir’ pensaba Sakura, sudando de nervios.

¿Por qué me mintió y lo invitó a él? Si no quería llevarme a mí no tenía por qué… ¿Pero qué rayos estoy pensando? ¡No digas estupideces! A mí no me importa a quién invite esa chica’ se debatía el chino. De repente, otra idea le llegó a la cabeza—. Oye, pero se supone que con esos boletos rosados sólo podían invitar a estudiantes de esta escuela.

—¡Sí! —Sakura vio en ese justo instante su rayo de salvación—. En realidad esa invitación no me la dieron a mí, sino que… —tenía que pensar algo rápido—, me la encontré cerca de un casillero. Supongo que se le cayó a la dueña al acomodar sus cosas. Entonces pensé buscarla porque tiene el nombre escrito, pero tienes razón: yo no la conozco —y soltó una risita nerviosa esperando que el otro se creyera su tristemente planeada historia. Syaoran pareció meditar un poco al respecto.

—¿Entonces no fue con ella con quien te quedaste de ver?

—¡Claro que no! Fue con… ¡Tomoyo! Sí, fue con ella —rió nuevamente y desvió la mirada. Sabía que mentir no era su fuerte.

—Está bien, entonces toma —le extendió el boleto que había tomado—. Será mejor que te des prisa si quieres llegar. Entras a las 4, ¿cierto?

—Ah, ¿por qué no te lo quedas y se lo das tú? Después de todo… ¡Yo no conozco a Kinomoto-san! No creo que podría encontrarla tan fácilmente.

—Tienes razón… —Syaoran contempló el boleto en su mano y lo guardó por reflejo en el bolsillo delantero de su saco—, yo se lo daré.

Acto seguido, Akira se despidió argumentando que llegaría tarde y se encaminó hacia la puerta. Se tranquilizó al pensar en lo dicho por Li: las chicas sólo podían invitar a gente de la misma escuela, de modo que no tendría por qué preocuparse para pasar aquellas puertas.

—Hola… Akira-kun, ¿verdad? —una nueva voz le llamó con cierta duda respecto a su nombre. ¿Cuánta gente tenía que conocerla en ese instituto? Era el problema de que todos estuvieran encerrados al terminar clases en lugar de dirigirse a sus respectivos clubes o casas. Todo por culpa del asunto de las invitaciones.

—Hola Meiling —saludó a la china y se excusó para poder salir rápidamente de ahí.

—Espera, antes de que te vayas: ¿no has visto a Xiao Lang? —le detuvo ella.

—Ah, sí, está por allá, trepado a un árbol— indicó inocentemente, y sólo después de que la china salió rápidamente en su búsqueda se dio cuenta de que había metido la pata: el joven también se había estado escondiendo de su prima y ella lo acababa de delatar. ‘Ups…’

Continuó caminando hasta que, desde su posición, escuchó un grito avasallador, fuerte y claro como un trueno:

—¡¿Por qué tienes esto?! —Era Meiling— ¡Maldita Kinomoto, ahora sí me las va a pagar!

—¡Espera Meiling!

—¡Ahora sí es personal! —la vio salir de entre los árboles y caminar (mejor dicho: correr) hacia la salida, pasando con la velocidad del rayo a su lado— ¡¿Cómo demonios se atreve a invitar a MI prometido?!

—¡Meiling, deja que te…! —Syaoran iba detrás de ella a trompicones, con ambos ojos muy abiertos y una expresión indescriptible.

—¡Esto es una maldita guerra, eso es lo que es! —todas las demás se hicieron instantáneamente a un lado al ver que la furiosa china se acercaba al portón— ¿Dónde está esa Kinomoto? ¡La voy a encontrar!

—¡Meiling, tú no entiendes…!

—¡Cállate Xiao Lang, tú también te las verás conmigo por haber aceptado esa invitación! ¿No entiendes que ya estás comprometido? ¡Tía Yelan se enterará de esto!

—¡Rayos, Meiling…!

—¡No quiero escuchar una palabra más de ti, y mañana esa chiquilla estúpida me va a escuchar! —increíblemente, sus bramidos seguían oyéndose a pesar de que ya habían cruzado la verja y caminaban por la calle a varios metros de donde ella estaba. Sakura se quedó en su lugar, pálida como una bola de arroz.

¿Qué…? ¿Por qué yo?’ la pobre ni siquiera atinaba a entender por qué la prima de Syaoran estaba ahora tan furiosa con ella e insinuaba que ella había invitado al chino. ¡Si ella no había hecho nada!

—–

—¿Qué quieres? —la mortífera mirada de Touya Kinomoto era inconfundible, además de invariable cada vez que se clavaba en él, pensó Syaoran al momento de verlo abrir la puerta. Y pensar que posiblemente tendría que repetir la misma escena cada sábado durante los próximos meses…

—No creo que sea necesario decirlo, seguramente tu hermana ya lo hizo antes —pero el chino no se amedrentaba tan fácilmente frente al sujeto que le sacaba al menos diez centímetros de altura.

—Mira mocoso…

—¡Hermano! —escucharon la reprimenda de Sakura venir desde el interior de la casa—. Ya deja pasar a Li, te dije que íbamos a estar trabajando hoy.

—¿Cuánto tiempo más van a estar haciendo ese “proyecto” que dices tener? —la miró Touya, remarcando la desconfianza que tenía en que siquiera se tratara de un asunto escolar. Sakura entornó los ojos.

—El tiempo que sea necesario. Es el 30 porciento de nuestra calificación de este ciclo —le lanzó una mirada y fue entonces que Syaoran se dio cuenta: Sakura no tenía la misma cualidad que su hermano para lanzar miradas. No importaba cuánto lo intentara, sus pobres intentos resultaban tan fallidos como los de un pequeño haciendo pucheros. Simplemente no estaba en su naturaleza.

Touya se fue, no sin antes dirigirle otro ceño al chino, y Sakura abrió la puerta de par en par para permitirle pasar, disculpándose una vez más por la actitud de su hermano.

—¿Segura que es así con todos? Cuesta trabajo creer que pueda mantener ese ceño todo el día —señaló mientras se descalzaba en el recibidor. Sakura pareció meditarlo un poco.

—Creo que tienes razón. Normalmente sólo gruñe y lanza miradas por un rato, pero creo que se está luciendo un poco contigo.

—No le dijiste lo de la fiesta, ¿verdad? —luego hizo una mueca, pensando en que podía ser peor— ¿O le contaste lo de Meiling? ¡Rayos! —se dio un tope en la frente con la mano.

—Tranquilo, no le dije —se apresuró a aclarar—. Conozco a mi hermano, ¡y mucho menos le contaría lo de Meiling! O seguramente te sacaría los ojos —soltó una risa, divertida de sólo imaginarlo, aunque ciertamente la idea le causaba escalofríos.

—Con justa razón… —masculló el chino para sí—. Oye, de verdad lo siento. No debí haberte metido en este lío —se llevó una mano al cabello, despeinándolo aún más de lo normal al pasar sus dedos entre sus rebeldes mechones, recordando los vergonzosos sucesos del día anterior, justamente al día siguiente en que la famosa repartición de invitaciones había tenido lugar en la escuela.

Preparatoria Seiju, un día antes.

—Buenos días Li —esa brillante sonrisa lo saludó desde la esquina— ¿Qué haces aquí? Creí que tú llegabas a la escuela por otro camino.

—Sí, bueno… —él titubeó—, te estaba esperando. Necesito hablar de algo contigo.

—¿Conmigo? —a pesar de que comenzaba a hacerse tarde, ella detuvo su andar para mirarlo con una incógnita— ¿Qué pasa?

—Bueno, yo… ayer perdiste tu boleto para la fiesta —pasó saliva—. Un chico que no es de esta escuela lo encontró y me pidió que te lo regresara, entonces… —él mismo se estaba desesperando, así que decidió ir al grano—. El punto es que Meiling pensó que tú me lo habías dado, ¿entiendes? Que tú me habías invitado a la fiesta.

—Ah… —ella parpadeó y entre ellos surgió un silencio que a cada segundo le estaba colmando la paciencia, sacándole los nervios de la piel mientras algunos estudiantes pasaban apresurados a sus costados para llegar a tiempo a su primera clase.

—Y yo… bueno, ésta es la parte complicada —se humedeció los labios con la lengua, sintiéndolos secos de repente—. Verás: pude haberle aclarado que no era así, pero… bueno, ella tuvo un ataque irracional de celos y comenzó a hacerme un berrinche, así que yo me molesté y…

—¿Le dijiste que yo te había invitado?

—Bueno, en realidad no le dije eso… aunque tampoco lo negué —admitió finalmente con gesto derrotado y terriblemente avergonzado.

—Entonces… ¿Meiling piensa que tú y yo iremos juntos a la fiesta? —ella parpadeó una vez más, probablemente confundida, o quizás molesta. Era complicado entender su expresión en esos momentos. Syaoran quería meter la cabeza en el buzón situado a escasos cinco metros de ellos. ¿Qué demonios le estaba pasando? Ni siquiera comprendía por qué demonios estaba ahí, dando explicaciones confusas a esa pobre compañera suya en lugar de enfrentar a Meiling y evitar que un problema que ni siquiera debía existir se agrandara hasta ese punto.

La verdad era que la actitud de su prima le había enfermado en demasía y ni siquiera entendía por qué, pero llegar al grado de involucrar a Kinomoto en sus asuntos no era algo de lo que podría enorgullecerse jamás. Lo peor era que el día anterior no había pensado en eso al momento de dejar que las cosas siguieran su curso. Apenas en la noche había caído en la cuenta: Meiling intentaría tomar represalias contra Kinomoto, quien ni siquiera había movido un dedo para meterse en semejante dilema.

—Lo siento… —luego negó con la cabeza—. ¿Sabes qué? Olvida lo que te dije. Éste es mi problema y yo lo voy a resolver. Lamento haberte involucrado en esto, pero no te preocupes, le diré la verdad a Meiling y te devolveré tu boleto para que puedas invitar a quien quieras, aunque probablemente ya todos en la escuela fueron invitados… —murmuró para sí, sintiéndose extrañamente aliviado y culpable al mismo tiempo.

—Así que aquí estás —una voz, esa voz se escuchó a unos pasos de ellos—, y lo mismo digo de ti, Kinomoto. ¿Fue por esto que saliste tan temprano de casa, Xiao Lang? ¿O pensaste que no me daría cuenta?

—Tenía algo de qué hablar con Kinomoto… y también tengo algo que decirte Meiling…

—Pero primero yo tengo que hablar con alguien —arrastró la última palabra centrando sus ojos carmesí en su compañera castaña, quien observaba la escena cada vez más confundida.

—Bu… buenos días Meiling —fue lo único que Sakura atinó a decir al ver que ésta se acercaba a ella a grandes pasos, como si quisiera destruir el piso a sus pies.

—¿Qué tienen de buenos? —pareciera que quisiera fulminarla con la mirada—. Kinomoto, ¿sabes que Xiao Lang y yo estamos comprometidos?

—Sí —ella se inclinó hacia atrás cuando la china se acercó hasta casi tocar sus narices con ella. Parecía un lobo olfateando a su presa.

—¿Lo sabes?

Pero ninguna de las dos escuchó la pregunta del extrañado muchacho.

—¿Entonces con qué derecho invitas a mi prometido a ser tu pareja en una fiesta? —el grito, más que una pregunta, seguramente había alcanzado a escucharse hasta la reja de la escuela.

—Meiling, tengo algo que decirte… —empezó Syaoran y la mirada asesina de su prima se posó en él, seguida de los ojos verdes de Sakura, que él sencillamente no supo interpretar.

—¡Tú aún tienes que explicarme por qué rayos aceptaste eso! —bufó Meiling, agitada, aunque el ceño en su mirada cambió por uno de sorpresa cuando sintió una mano en su hombro. No menos confundida que furiosa, la joven se volvió para encontrarse nuevamente frente a frente con Sakura, quien inesperadamente le sonrió como si se encontraran de día de campo.

—Es porque somos amigos, nada más.

—Y yo soy su prometida…

—Ayer, durante el almuerzo, les comenté a Eriol y Li-kun que yo trabajo por las tardes —continuó Sakura como si no hubiera sido interrumpida—, así que les expliqué que probablemente no vendría, o que llegaría muy tarde. Li-kun me dijo que tendría entrenamiento ese día y también llegaría tarde a la fiesta, así que pensamos que sería buena idea venir juntos en lugar de hacer que otras dos personas se perdieran de la mitad sólo por estarnos esperando.

—Aún así pudiste haberme invitado a mí —reclamó Meiling mirando a su primo, incrédula.

—Apenas estás haciendo amigos en esta escuela, ¿no? —Sakura continuó—. Creo que esa fiesta sería una buena oportunidad para que conocieras más personas no sólo de nuestra clase, sino de todas. Creo que Li-kun simplemente no quería que te perdieras de eso por su culpa.

Meiling contempló a Sakura. Su ceño desaparecía lentamente hasta sumirse en una profunda meditación. Entonces su rostro comenzó a ponerse rojo como una granada y finalmente desvió la mirada hacia la entrada, encaminándose hacia ella con movimientos acartonados.

—Tengo que resolver algo ahorita, así que me iré adelantando. Nos vemos en la primera clase.

Syaoran y Sakura permanecieron observando en silencio el camino por el que la joven había desaparecido sin comprender del todo el repentino cambio de actitud y lo que había sucedido. Sakura entonces se recargó contra la pared y dejó escapar un pesado suspiro. Él la miró con asombro, no pudiendo creer aún lo que acababa de pasar: Kinomoto había aceptado formar parte de su estúpido plan e incluso de alguna manera había evitado una erupción más de Meiling en apenas unos minutos.

—Gracias… y discúlpame por meterte en esto —no supo qué más decir. Ella, en cambio, le dirigió una sonrisa nerviosa.

—Al contrario, creo que fui yo quien te metió en este problema, así que no tienes nada que agradecer —desvió la mirada con las mejillas arreboladas—. Me preocupaba que Meiling malentendiera las cosas, pero creo que todo saldrá bien a fin de cuentas.

—¿Tú? —él alzó una ceja, extrañado— ¿De qué hablas? Fui yo quien…

—¡Ah, olvidé que quedé de verme con Tomoyo en los casilleros para revisar nuestras tareas, ¡y ya es demasiado tarde! ¿No crees que deberíamos estar entrando ya? Espero que la maestra no me obligue a leer frente a la clase otra vez por llegar tarde… —ella se irguió como el rayo nuevamente y reanudó la marcha, dejando con eso el tema zanjado. Syaoran entendió el punto y decidió dejarlo así mientras caminaba a su lado, aunque aún no entendía por qué ella se echaba la culpa de que las cosas hubieran terminado en un embrollo así. De cualquier manera estaba agradecido (y aún terriblemente apenado) con ella y decidió que algún día le regresaría el favor.

Presente, casa Kinomoto.

—Ah, quería agradecerte que me hayas ayudado con Meiling y yo… —Syaoran sacó una bolsa de papel de su maletín y se la extendió a su compañera.

—¿Para mí? —ella inclinó la cabeza, extrañada. Syaoran asintió rápidamente, sintiendo las mejillas arder. Sakura observó el contenido y soltó un grito de emoción— ¡Chocolates! Gracias, me encantan.

—Pero si ni siquiera los has proba… —se interrumpió cuando ella inesperadamente lo abrazó. Al instante su cuerpo se quedó tieso como una tabla, no sabiendo cómo reaccionar. El ligero ardor en sus mejillas se convirtió entonces en un auténtico boiler. Fueron apenas dos, quizás tres segundos, pero el chino lo sintió como una media hora respirando el sutil y dulce aroma que provenía del cuello de su compañera, asfixiándolo de una manera que podía producirle un paro cardiaco en cualquier momento.

—Eso no importa, cualquier cosa que tenga que ver con chocolates está perfecta para mí —le guiñó un ojo, soltándolo—. Li, ¿te sientes bien?

—Estoy bien —él evitó la mano con la que ella pretendía tocar su frente para sentir su temperatura—. Creo que necesito un poco de agua. ¿Puedo?

—¡Claro! Ahorita te traigo un vaso. Aprovecharé para poner éstos en el refrigerador, o se derretirán con este calor —se encaminó hacia la cocina, pero antes de desaparecer en ella se volvió para sonreírle una vez más—. Quizás a medio día podamos tomarnos un descanso para comer unos, ¿no te parece?

—Buena idea —sonrió él. Sakura parpadeó y lució confundida— ¿Qué pasa?

—Nada… —rió ella y negó con la cabeza—, es sólo que casi nunca sonríes en la escuela. En un momento vuelvo —anunció y desapareció finalmente, dejándolo de pie, contemplando el vacío.

¿Estaba sonriendo…? ¡Ay!’ desvió su atención hacia el suelo al sentir una herida punzante en su tobillo—. Así que ahí estabas —miró con ojos glaciales a la bola de pelos amarilla que le devolvió una felina mirada helada—. Y yo que pensé que finalmente se habían deshecho de ti… ¡Hey, déjame!

Pero Kero parecía entender lo contrario, pues a cada palabra apretaba más sus diminutas y afiladas fauces contra la pierna del muchacho.

—Tú y su hermano son iguales —Syaoran entornó los ojos al cielo—. ¿Acaso ella es la única cuerda en esta casa de locos?

—¡Hoeeee!

¡CRASH!

Al escuchar el escándalo de cristales haciéndose añicos contra el suelo, Syaoran suspiró y se encaminó a la cocina con paso torpe gracias al peludo gatito aún colgando de su pie

—Retiro lo dicho…

Notas de la autora: éste es uno de los capítulos que más me he divertido escribiendo. Tan sólo la idea de imaginarme a Sakura con cara de “What?!” al ver la explosión de Meiling y declararle la guerra sin comprender por qué, me hace reír de lo lindo. Como le decía a una amiga justamente ayer: “sólo un despistado comprende a un despistado”, ¡Así que comprendo perfectamente a Sakura! (Aunque ella es aún más despistada que yo).

Y como vi que extrañaron a Akira en el capítulo pasado, esta vez tuvo una participación muy especial, ya que gracias a él caímos en esta tremenda confusión. También noté que les gustó la aparición de Nakuru en el capítulo pasado, cosa que me agradó bastante, aunque casi no tengo escritas escenas sobre ella, pero eso me incentiva a escribir más y darle vuelo a mi imaginación.

Muchas gracias a todos por sus mensajes. Repito que me he quedado muy gratamente sorprendida ante la respuesta que ha recibido este fic. Sinceramente es algo que no me esperaba. ¡Gracias de corazón! Y espero no defraudarles a lo largo de la historia.

Hasta la próxima!