6. El plan de Eriol

 —Bueno, aquí puedes seguir tú solo: yo voy hacia la derecha.

—Está bien, no tengo prisa, así que puedo desviarme un poco para acompañarte —el otro hizo sus esfuerzos por librarse de él a un lado.

— Dijiste que sólo venías conmigo porque te quedaba de camino a la tienda de deportes.

— Pensándolo bien, ahora tengo curiosidad por saber en dónde vive Kinomoto-san y creo que no hay nada de malo si aprovecho la oportunidad para hacerlo y saludarla de paso, ¿o sí?

Syaoran no respondió. Tampoco tenía por qué hacerlo, pues su pariente británico tenía el mismo derecho que cualquiera de caminar por donde le diera su gana. Además, si tan sólo mostraba un poco de renuencia a ello, sólo conseguiría despertar aún más el interés del inoportuno Eriol.

Anduvieron apenas una cuadra más y en un determinado momento Syaoran se detuvo.

—Aquí es —miró al jardín frontal y el característico maullar de un minino llamó su atención

—Kero-chan… —los dos jóvenes dirigieron sus miradas hacia el árbol que se encontraba a la izquierda de la puerta: un fuerte roble de buen tamaño.

—Veo que a Kinomoto-san le gusta trepar árboles —sonrió Eriol con su acostumbrado gesto al ver a la joven apeada de una de las ramas, intentando avanzar hacia el gato dorado que estaba un nivel más arriba.

—Quédate quieto Kero-chan, ya vo… ¡Ah! —la castaña tropezó de repente y cayó de la rama, logrando sujetarse de ésta apenas en el último segundo, quedando pendiendo de ambas manos.

—¡Rayos! —antes de poder terminar de decir esto, el chino ya había brincado la cerca y se adentraba a toda velocidad en el jardín hasta llegar a la sombra del árbol.

—¡Touya! —llamó Sakura sintiendo que una de sus manos comenzaba a ceder al agarre.

—¡Sujétate bien, voy a subir! —Syaoran vio a la chica volver la cabeza hacia abajo y sonreír aliviada. Por una fracción de segundo algo pareció detenerse, como si su inconsciente quisiera registrar esa imagen en algún rincón de su cabeza: la ilusión de un rostro alegrándose de aquella franca manera al verlo, agradeciéndole con una sonrisa el simple hecho de estar allí.

—¡Ahhhh! —fue sacado rápidamente de su breve abstracción por el grito que dio la muchacha al dar sus últimos arañazos a la corteza mientras sus dedos se vencían y liberaban el agarre.

Syaoran no lo pensó dos veces. No era para eso que había sido entrenado tan duramente desde chico, pero sin duda fue precisamente gracias a esa disciplina que sus nervios y reflejos no le fallaron en ese momento. Fueron sus piernas las primeras en reaccionar para hacerle dar un salto hacia adelante y alcanzar a alzar ambos brazos justo a tiempo para detener al cuerpo en su caída. Sus rodillas hicieron luego la flexión a modo de amortiguadores al tiempo que ambas manos afianzaban con suavidad a la mujer contra su pecho. Una atrapada perfecta, sin duda hasta su estricto primer maestro lo hubiera reconocido, aunque no era precisamente en eso en lo que pensaba el joven.

Se irguió nuevamente y observó el rostro de ella, que apretaba ambos ojos con fuerza.

—¿Estás bien? —como traída de vuelva a la realidad por la pregunta, la castaña comenzó a relajar los párpados y poco a poco dos resplandecientes esmeraldas se abrieron paso para posarse en él.

—¡Li! —fue primero un gesto de sorpresa y la chica miró luego en todas direcciones. Entonces, al constatar que no estaba aplastada contra el césped, su atención se centró nuevamente en él y esa cegadora sonrisa apareció de lleno en sus labios—. Tú… ¿me atrapaste?

—Bueno, eso sólo…

—¡Vaya, gracias! —dos brazos femeninos rodearon su cuello, aunque no fue de una manera asfixiante como solía suceder con Meiling, sino más bien algo suave y ciertamente cálido. Era extraño, pero no se sentía tan desagradable…

—Olvídalo. De todas formas, ¿qué hacías allá arriba?

—Ah… es por… Kero —Sakura lo liberó de su abrazo y miró hacia arriba, donde el felino seguía agazapado, contemplándolos con curiosidad desde su altura—. No se puede bajar, así que intenté subir por él, pero… no lo logré muy bien —se rió se sí misma.

—Casi consigues romperte un pie.

—Pues… ¡Ah, Hiragizawa-kun! —la mirada esmeralda se dirigió a la entrada— ¡Hola!

Syaoran hizo lo mismo y se quedó petrificado al ver al ojiazul de pie agitando una mano y sonriendo de una manera que le heló la sangre. De repente lo entendió y su reflejo inmediato fue el soltar a Sakura, quien cayó con un sonoro ¡Ay! al suelo.

Sakura se levantó sobándose las sentaderas y miró confundida al chino, quien a su vez parecía igualmente ofuscado y visiblemente sonrojado contemplando hacia la calle, aunque cuando ella volvió la vista notó que el inglés ya se había ido.

—Qué extraño… —murmuró para sí —. Apenas lo iba a invitar a pasar. ¿Venía contigo?

—No, él… —Syaoran agitó la cabeza, como sacudiéndose alguna idea—. Nada, olvídalo —y sin dar tiempo a tregua trepó al árbol en apenas un par de ágiles movimientos y alcanzó sin esfuerzo la rama dominada hasta entonces por Kero.

—¡Hey, cuidado! — gritó Sakura desde abajo. No obstante, Syaoran caminó sobre la rama sin titubeos y alcanzó al pequeño animal.

—Lo tengo… ¡Ay! —exclamó al sentir las garras de la bestiecilla hundiéndose con saña en su cuello— ¡Oye! —recriminó al felino como si éste pudiera entenderlo, aunque quizá lo hizo, pues su forcejeo se hizo más violento. Al intentar apartar una garra de su oreja, esta vez el castaño perdió el balance y ambos cayeron hasta la rama más baja que Syaoran logró afianzar con una mano presta mientras sujetaba con la otra al gato, quien con el susto dejó su lucha por la paz.

—¡Sujétate bien Li, voy por mi hermano…! —pero Sakura no tuvo que continuar, pues el muchacho se soltó para aterrizar grácilmente sobre el césped. Después del susto, la joven suspiró de alivio al verlos caer sanos y salvos.

—¿Estás bien?

—Sí, a excepción de… ¡Argh! —apretó los dientes con visible rabia al sentir las garras esta vez en sus brazos— ¡Toma a tu gato!

—¡Quieto Kero! —Sakura cogió al animal, quien instantáneamente cambió a ser un minino faldero en sus manos, aunque su tenaz mirada felina seguía posada con desconfianza en él—. Gracias, y perdona lo de Kero, normalmente no es así con la gente. No sé qué le pasa…

—Descuida, el sentimiento ahora es mutuo —lanzó la misma mirada al animal, retándolo, y entonces vio las manos que lo sujetaban—. Tus manos…

—¿Eh? —ella observó sus palmas raspadas y con unos tirones en carne viva, y sólo entonces sintió el escozor que sus heridas le provocaban—. Oh, creo que me lo hice al agarrarme del árbol.

—Hay que desinfectarlas —decidido, Syaoran tomó su mano izquierda ignorando el respingo del gato y la sujeto de la muñeca para llevarla al interior de la casa como si fuera la suya y no al revés— ¿Tienes algo de alcohol aden…? —al abrir la puerta se detuvo en seco al ver una silueta que le impidió el paso de improvisto.

—¿Quién eres tú? —dos ojos oscuros le advirtieron no continuar—. Suelta a mi hermana —no necesitó alzar la voz para resaltar la amenaza de su expresión.

—Alcohol, ¿dónde está? —fue la inesperada respuesta del muchacho quien, contrario a muchos otros, no se dejó amedrentar y mantuvo la mirada a un receloso Touya Kinomoto.

—¿Qué…? ¡Oye! ¿Qué le hiciste a Sakura?

—¡Touya! Fue un accidente, yo me caí del árbol y Li me salvó de que me estrellara en el suelo —intervino Sakura al ver el ceño intensificado de Touya—. ¿No me escuchaste llamarte?

—Estaba en el baño y salí lo más rápido que pude. No puedes estar esperando a que te vigile todo el tiempo, ¿o sí? Voy por el botiquín… ¡y tú, suéltala! —con un gruñido Touya desapareció.

—Perdón, así es mi hermano con todos. Puede ser un verdadero patán cuando se lo propone —y dejó ir a Kero hacia las escaleras al ver que éste intentaba atacar nuevamente a su compañero.

—Creo que no les agrado mucho a los habitantes de esta casa. ¿Hay alguien más a quien deba conocer para que me odie de una vez? —preguntó Syaoran con marcada ironía. Sakura rió.

—No, sólo somos nosotros tres y, aunque no puedo hablar por ellos dos, al menos puedo decir que a una tercera parte de la gente de esta casa sí le agradas mucho, así que ya no puedes pensar que todos te odian —le guiñó un ojo confidente. Dicho esto, pasó a la sala y le pidió a un sorprendido Syaoran que la siguiera.

Con qué facilidad lo dice’ pensó él extrañado antes de avanzar tras ella.

—————-

No podía caberle duda: la expresión de Syaoran había sido inconfundible al atrapar entre sus brazos a la chica Kinomoto. De manera que, considerando la cantidad de veces que había visto al chino reaccionar así (y no se refería precisamente a la afortunada captura), ésta podía ser una oportunidad gigantesca e irrepetible para poder llevar a cabo su plan con éxito.

—Esa sonrisa da un poco de miedo —no se había percatado de que alguien lo observaba desde que había cruzado la puerta.

—Creí que saldrías de paseo con Meiling.

—Y lo haremos, pero ella aún no está lista. Y tú, ¿por qué tan sonriente? No creo que sea sólo porque encontraste lo que ibas a buscar.

Eriol dejó entrever un esbozo de sonrisa. Esa mujer apenas había convivido con él algunos días y sin embargo le conocía mucho mejor que la mayoría.

—En realidad, sonrío así precisamente porque creo que encontré lo que buscaba. Por cierto, Meiling comentó que habías hecho arreglos desde China para realizar unas prácticas profesionales en Japón. Debo aceptar que me había sentido halagado al pensar que habías venido sólo para “conocerme”, aunque ahora veo que no era así… —era evidente que su fingida decepción no era tal.

—Es una especie de empleo, Nakuru me ayudó a hacer los contactos, aunque voy a empezar desde abajo y la paga no es mucha. En realidad sólo buscan gente recién egresada para tener “mano de obra” barata, a eso le llaman prácticas profesionales hoy en día.

—Pero no es por el dinero que lo haces —eso no era una pregunta—. Es parte de la experiencia que necesitas para avanzar en el mundo real, el mundo que no es de los Li, ¿o me equivoco?

Fuutie asintió una sola vez con la cabeza. A continuación se aproximó y miró a su alrededor para comprobar que nadie más les oyera. Su expresión se tornó seria.

—Hay algo que he querido preguntarte.

—Lo sé, aunque no habíamos tenido oportunidad de hablar.

—¿Por qué aceptaste el compromiso? —fue directa al grano. Parecía ser algo muy arraigado en la familia Li, pues ya lo había apreciado en Syaoran y Meiling durante la semana que ésta llevaba en casa—. Tu familia no es tan tradicionalista; pudiste haberte negado.

—¡Fuutie, ya estoy lista! —se escuchó una voz en la planta alta— ¿Tú también?

La mayor pareció contrariada por la inoportuna interrupción y Eriol lo notó, de manera que se acercó a ella para colocarse a su costado y susurrarle al oído:

—Hace 5 años hice una promesa. No la he olvidado, ¿y tú?

El asombro en el rostro femenino fue inmediato y evidente. La mujer se separó de él para poder mirarlo a los ojos, buscando una prueba de que estaba hablando en serio, como si pudieran ser tan sólo palabras al azar, pero no: la mirada añil que le fue devuelta le confirmó la seriedad de sus palabras.

¿Cómo era posible? ¡Él sólo era un niño en aquel entonces!

El varón sonrió y continuó su camino al escuchar que Meiling se acercaba por las escaleras. Sin embargo, Fuutie lo detuvo.

—Eriol —habló con voz firme y él se volvió—, yo tampoco he olvidado mi promesa.

El joven cerró los ojos como si aquello fuera un alivio, aunque su rostro no se turbó casi ante la noticia. Al abrirlos nuevamente, el par marino casi pareció sonreírle.

—Entonces espero que puedas cumplirla.

——————–

Se dio cuenta de repente: el silencio era casi abrumador, y apenas lo notó cuando al dar vuelta a la página del libro que sostenía con su mano izquierda el sonido del papel reverberó por toda la habitación. Entonces elevó su mirada hacia Sakura, quien no apartaba la vista del ejemplar que estaba frente a ella. Casi podía leerse en sus ojos una batalla interna que sin duda estaba muy relacionada con lo que fuera que estaba observando en las páginas de aquel libro.

—Kinomoto-san… —percibió que ella suspiraba al escuchar su nombre y giraba la cabeza lentamente hacia él. Por un momento contuvo la respiración en espera de lo que fuera que ella quisiera decirle, pues de pronto parecía tratarse de algo muy importante.

—Li, yo… —sus hombros descendieron, derrotados—: ¡No entiendo absolutamente nada! —y giró el libro hacia él para que pudiera ver por sí mismo las complicadas ecuaciones plasmadas en las hojas.

Syaoran casi sintió ganas de reír. No era que quisiera burlarse de ella, pero simplemente la expresión de cuasi abandono y desesperación total de la chica era algo inevitablemente irrisorio. Apretó los labios para no hacer ni una mueca, pues sabía que eso no ayudaría, pero lo que le parecía más increíble era el hecho de que tan sólo un gesto como aquél pudiera causarle tanta gracia a alguien educado para mantener una actitud ecuánime frente a cualquier situación que pudiera presentarse.

—Entonces déjalo por ahora —Li se levantó de su lugar y caminó hacia ella para quitarle el libro de las manos y colocarlo a un lado—. Si te esfuerzas demasiado en tratar de comprender algo, jamás lo lograrás. Para poder permitir que el conocimiento llegue a ti es necesario no forzarlo y mantener la mente abierta para que pueda entrar por sí solo.

—Eso es muy… —Sakura parpadeó—. ¿Dónde aprendiste eso?

—Mi maestro me lo decía cada vez que me desesperaba —sonrió, no sabiendo realmente si era a ella a quien sonreía o ante el recuerdo de su viejo maestro—. Él también me enseñó que no entender algo no es símbolo de ignorancia, sino todo lo contrario: sólo los ignorantes piensan que lo pueden saber o comprender todo. Aunque supongo que lo había olvidado, ya que hace una semana tú misma me lo recordaste.

—Tu maestro debe ser una persona muy sabia, ¿verdad?

—Bastante —Syaoran asintió, orgulloso—. Prácticamente todo lo que sé lo aprendí de él, aunque obviamente aún me falta mucho y no creo poder llegar a compararme con él en ese aspecto.

—Lo admiras mucho —Sakura no dijo esto en forma interrogativa, pues podía ver claramente en sus ojos cafés que era verdad.

—Sí, casi como si fuera mi padre. De hecho, como mi padre murió cuando yo aún era muy chico, mi maestro era la persona con la que más convivía y me acostumbré a verlo así y… —de repente Syaoran se detuvo. Se dio cuenta de que estaba hablando de asuntos más privados con alguien a quien apenas conocía. ¿Cómo había llegado a ese punto? Todo había sido demasiado casual y ni siquiera lo había notado. Ninguna alarma se había disparado en su cabeza.

—Creo que sé a lo que te refieres —Sakura se puso de pie para mirarlo más de frente—. Mamá también murió cuando yo era muy pequeña, así que sin darme cuenta busqué una figura materna en algunas maestras. Incluso cuando iba en primaria prácticamente adopté a la profesora Mizuki como si fuera mi madre —rió—. Ella era muy buena, casi como me contaba mi papá que era mamá, y yo la quería mucho, aunque nunca me atreví a decirle que la veía de esa manera. De todas formas, al final creo que sí se dio cuenta.

Syaoran se olvidó de lo que estaba pensando antes. Apenas ahora que escuchaba a la castaña hablar de su madre se daba cuenta de que ella siempre hablaba del apoyo de su hermano frente a la muerte del padre. Aún así no había unido los puntos y ni siquiera había pensado en preguntarse en dónde había quedado la madre. Incluso había observado en la sala algunas fotografías de una mujer que se parecía mucho a la chica, con los mismos ojos verdes y exactamente la misma sonrisa, aunque de largos y ondulados cabellos plúmbeos y piel muy blanca.

Entonces Kinomoto realmente se había quedado sola en este mundo con su hermano gruñón y su desquiciado gato, pensó Syaoran, pero nada de eso podría adivinarse si se le miraba a los ojos, pues éstos parecían siempre llenos de vida. Por otra parte, era cierto que nunca antes le había prestado atención a su compañera de clase. Apenas si habían cruzado algunas palabras durante el ciclo anterior y sólo ahora le venía a la mente que durante el invierno la joven había faltado una semana completa e incluso parecía haber tenido problemas para salir adelante en los exámenes, cosa que realmente a él en aquel entonces no le había importado, aunque ahora comprendía la razón.

La contempló concienzudamente. Aparte de aquella baja que había sufrido en sus notas escolares, ni en ese entonces ni ahora una sola pizca de rencor o depresión parecía asomarse a su mirada esmeralda. ¿Cómo era eso posible? Él no podía olvidar el tiempo de su niñez que había tenido que invertir en poder superar la amargura con que la muerte de su padre había teñido su infancia. Ni qué mencionar que al menos aún le quedaba una vasta familia con una madre y cuatro melosas hermanas.

—¿Qué te parece si nos tomamos un descanso? —ofreció Syaoran. Por el momento ya no se sentía con muchas ganas de seguir trabajando. Algo en Sakura Kinomoto acababa de despertar un dejo de intriga en su cabeza. Parecía todo un personaje con la fragilidad a flor de piel, pero ocultando al mismo tiempo un extraño campo de fortaleza en su interior que le hizo recordar otras palabras de su maestro: “la vida tiene muchas lecciones, y nunca puedes imaginar de quién aprenderás las más importantes, por eso siempre debes mantener los ojos bien abiertos”.

—¡Excelente! Creo que necesito despejar un poco la cabeza. ¿Quieres que vayamos a la sala unos minutos? Puedo preparar un té o sacar un poco de helado del congelador. ¿Qué se te antoja más?

Y ahí estaba esa sonrisa que tanto lo confundía otra vez. ¡Qué extraña era!

—————

Caminó a trompicones por el pasillo intentando encontrar la puerta adecuada. No era tarde aún, pues en realidad había llegado alrededor de 15 minutos antes de su entrevista, pero todo el fin de semana había estado pensando en el momento en que cruzara esa puerta y ahora que finalmente había llegado el lunes su puntualidad no le ayudaba a calmar los nervios que le recorrían de pies a cabeza.

—Aquí es —susurró para sí y tomó aire al ver la placa con el nombre que había estado buscando. ‘¿Lista? 1, 2…’

—¡Fuutie, estás guapísima! —fue lo primero que dijo la otra mujer al abrir la puerta y verla de pie en el umbral. Acto seguido la abrazó como si no la hubiera visto en décadas, aunque aquello era casi verdad—. Pasa, pasa… ¡Vaya! Pero si te ves… —meneó la cabeza sonriendo sin encontrar las palabras adecuadas.

—Gracias, aunque creo que eres tú la que se ve increíble —Fuutie contempló con atención a Nakuru Akizuki, prima de Eriol Hiragizawa, una joven de su misma edad pero con las energías y probablemente el impulso de un chiquillo de 10 años, de largos cabellos castaño oscuro que le caían lacios por toda la espalda, libres como ella misma e igual de brillantes que sus alegres ojos de avellana. Su piel, aunque clara, no era pálida ni exenta de color, caso contrario a sus blancos dientes que mostraba sin mayor problema en una extensa sonrisa—. Te ves aún mejor que en las últimas fotos que vi tuyas.

—Lo sé —la otra soltó una risita y guiñándole un ojo cerró la puerta de la oficina tras de sí. Entonces la china miró el lugar en el que se encontraban. Era una habitación de tamaño mediano, aunque suficientemente espaciosa considerando que únicamente había un pequeño librero, un archivero y un escritorio en el cual supuso que trabajaba el administrador, puesto ocupado por Nakuru desde hacía un año pese a su corta edad. Debía admitir que estaba muy sorprendida, aunque por otro lado no debía sorprenderle que esa activa joven lograra cualquier cosa que se proponía en la vida, ya que solía dedicar toda sus energías (que no eran pocas) en llegar a sus metas.

—Perdona que sólo haya podido llamar y no me haya aparecido por la casa de Syaoran y Eriol. Hemos estado muy ocupados en estos días, ¡pero eso es fabuloso! así que no me puedo quejar — Nakuru le guiñó un ojo.

—No te preocupes, de todas formas tendremos muchas oportunidades de convivir en los siguientes meses —sonrió Fuutie, pensando en que el carisma de Akizuki también jugaba un rol importante en los éxitos de la mujer. Después de todo fue ella quien le consiguió el puesto de ayudante de chef en uno de los negocios de banquetes más prestigiosos de Japón e indiscutiblemente el mejor en Tomoeda y sus alrededores.

La siguiente media hora consistió en una serie de actualizaciones por parte de ambas mujeres. Así Fuutie comprendió un poco mejor lo que Nakuru hacía en la empresa: no sólo se dedicaba a tener los insumos para los distintos banquetes siempre a tiempo y en forma, sino que había ingeniado un sistema impecable para llevar sin problemas el registro de los utensilios y materiales que se utilizaban regularmente. No conforme con eso se encargaba de una parte de la contratación del personal interno y aun del externo mediante agencias, o de practicantes como ella, que (según se enteró en ese momento) no eran pocos. También Fuutie tuvo oportunidad de aclarar muchas cosas sobre su estancia en Japón y detalles sobre su compromiso que el propio Eriol no se había molestado en comentarle a Nakuru.

—Ese Eriol nunca me quiere decir nada, ¡le encanta tenerme en ascuas! —la chica hizo un puchero casi infantil para quejarse de su primo.

—Creo que es su especialidad —Fuutie se encogió de hombros, no pudiendo evitar comparar a los dos parientes que no se parecían en absoluto.

—¡Y le encanta hacerlo! —Nakuru entornó los ojos e hizo un gesto con la mano para desechar el tema—. Pero olvidémonos de él y vamos a lo tuyo Fuutie: ¿estás lista para empezar hoy mismo a trabajar con el mejor chef de todo Japón? —exageró, parte en broma, parte en serio.

—Más que lista —en realidad se estaba muriendo de nervios, pero no quiso hacérselo saber a la mujer que le había ayudado a conseguir aquellas prácticas.

—Entonces no se diga más, sígueme —y se puso de pie siendo seguida por la china. Ambas salieron de la oficina y caminaron por un pasillo corto por el que apenas pasaron por un par de puertas antes de llegar a una de doble hoja en acero inoxidable —. Ahora toma aire y prepárate, porque este hombre hará todo para ponerte a prueba, pero no te preocupes, todo estará bien —le guiñó un ojo y abrió la puerta.

—¡Wow! —fue lo primero que llegó a la mente de Fuutie al observar la descomunal cocina, toda (o casi toda) en acero inoxidable, con una pared cubierta únicamente por hornos, una “isla” exclusivamente de estufas y algunas freidoras a los lados y una gigante barra corriendo en paralelo por todo el frente, atrás de la cual había otra “isla” con grandes planchas. Otra isla estaba formada por tarjas muy hondas para el lavado de las verduras y demás cosas. Era como una cocina industrial para un restaurante, aunque aún más grande y con mucho menos actividad (por el momento), pues en ese instante sólo había algunos muchachos con sus respectivos uniformes y delantales escogiendo y limpiando las verduras que seguramente utilizarían pronto.

—No te dejes impresionar, aún así no es suficiente cuando se nos juntan varios eventos. ¡Deberías ver cómo se las tienen que ingeniar los pobres chicos para poder trabajar tan apretados! —rió Nakuru—. Lo bueno es que algunos clientes solicitan comida al horno y otros prefieren platillos fritos, aunque de todas formas aquí sólo se prepara lo que lleva más tiempo, máxime cuando muchos salones cuentan con cocina adecuada para poder calentar o terminar de preparar los alimentos ahí…

—¿Es ella? —una voz interrumpió a Nakuru y Fuutie vio que el dueño de ésta, un hombretón de unos 40 a 50 años con un estómago en el que podrían caber ellas dos juntas, se acercaba a ambas —. ¿Cuántos años tienes muchacha?

—23 —Fuutie irguió el pecho y alzó la barbilla.

—Dice la señorita Akizuki que te graduaste con honores en la Academia Culinaria de Hong Kong (1) —la miró, como interrogándola al respecto, aunque no esperó respuesta —. Pues bien, permítame decirle que, aunque a muchas personas el servicio de banquetes les puede parecer igual al de los hoteles de cinco estrellas, las cosas no son así y ya sabrá usted a qué me refiero.

—Estoy consciente de…

—Por ahora tiene usted que pasar una pequeña prueba. Sé que ya fue oficialmente aceptada como ayudante de cocina desde China como parte de la política de la empresa de mantener “un equipo de trabajo internacional” —dijo con cierto hastío—. Yo sé que al dueño y a los clientes eso les parece algo de prestigio, pero aquí soy yo el que se encarga de que así sea y no una simple revoltura de “cocineritos importados”, así que primero tengo que verificar que sea usted tan buena como lo dice el papel.

Fuutie pasó saliva, pero no dejó que su rostro se turbara ante el escrutinio al que los ojos del chef la sometían. Miró de reojo a Nakuru y vio que ésta le daba señales de ánimo.

—Entonces la dejo a su disposición, chef Sugawara —Nakuru se despidió y les dejó solos, o así lo parecía a pesar de que acababan de entrar otros tres jóvenes a la cocina a hacer otras labores.

————–

Caminaba por el pasillo teniendo en mente únicamente la imagen del nikuman (2) que tantas ganas tenía de comprar en la cafetería. ¿De carne o de verduras? ¿O quizá uno dulce? No lo sabía, pero prácticamente lo había visualizado desde el mismo momento en que sus ojos se abrieran al amanecer y hasta el momento llevaba ya varias horas haciéndose agua la boca con esa idea.

—Kinomoto-san— iba tan feliz pensando en su bollo al vapor que dio un pequeño salto en su lugar al escuchar su nombre.

—Ah… hola, Hiragizawa-kun —saludó al joven muchacho y se detuvo para que éste la alcanzara—. ¿Vas también a la cafetería?

—En realidad… —él se acomodó los lentes al llegar a ella— venía a entregarte esto. Lo encontré tirado en el salón y al revisarlo rápidamente me di cuenta de que podía ser tuyo. ¿Estoy en lo cierto?

Sakura miró el celular que él le tendía con una mano y supo de inmediato que, en efecto, era el suyo. Lo tomó entonces entre sus manos y agradeció mucho el gesto.

—No te preocupes, estoy seguro de que tú hubieras hecho lo mismo. ¿Dices que vas a la cafetería? Te acompaño.

—Claro —y ambos emprendieron nuevamente el camino —. Hoy compraré nikuman, aunque aún no sé de qué sabor lo quiero.

—Los de fresa son especialmente deliciosos en esta tienda —aconsejó él—, o si prefieres algo salado puede ser uno de carne de cerdo, que también les quedan muy bien.

—Fresa suena delicioso —sonrió ella, deleitándose de antemano—. ¿Y tú qué comerás?

—Quizá decida copiar la idea a la linda Sakura y compre uno igual para mí —Eriol también sonrió, pero al segundo siguiente pareció repentinamente contrariado—. ¡Oh, disculpa! Quise decir que me parece muy bien la idea de Kinomoto-san —recalcó esto último.

—Oh, no te preocupes —ella se encogió de hombros para tranquilizarlo—: puedes llamarme por mi nombre si te parece bien. En realidad, a mí me gustaría muchísimo.

—Pero no quiero incomodarte. Aún no me acostumbro muy bien a ello, no somos tan estrictos con el asunto de los nombres y apellidos en Inglaterra —el muchacho parecía realmente apenado y Sakura se sintió conmovida, aunque no dejó de ver un poco cómico el asunto.

—Ya te dije que no te preocupes. Sólo llámame Sakura, será como si fuéramos amigos, y así yo también podría llamarte Eriol, ¿qué te parece?

—Me parece de maravilla —Eriol pareció más relajado y ambos cerraron su trato con sendas sonrisas en su camino a la tienda. Sakura se sentía satisfecha de haber conseguido una amistad un tanto más estrecha con otro de sus compañeros, y eso era algo que ella apreciaba mucho. Lo que ella no sabía era que la sonrisa de satisfacción del británico, aunque se debía al mismo hecho, tenía un tinte un poco más profundo y, cabe la pena decirlo, “planeado” que el de ella. Claro que estaba contento, ¿cómo no estarlo, si todo había resultado tan fácilmente y a pedir de boca? No había tenido que hacer otra cosa que sacar discretamente el celular de la mochila de la chica y encontrar el momento perfecto para devolvérselo. Todo lo demás había sucedido casi por sí solo y ahora contaba con un ventajoso avance en sus planes: había logrado establecer un buen contacto con Sakura y obtenido el nada despreciable privilegio de poder llamar a su compañera de clase por su nombre de pila, algo sin duda muy importante (y, lo que es más: notorio) en una sociedad como la japonesa.

Probablemente lo que más le sorprendía era la ingenuidad de la joven al caer en algo como eso. ¿O acaso cualquier otra persona no se hubiera preguntado por qué el inglés no había presentado anteriormente problemas con los apellidos de ninguno de los demás compañeros? Ese tipo de observaciones le invitaba a pensar que Sakura Kinomoto no solía tener la precaución de desconfiar de las demás personas, cosa que podía serle de gran ayuda.

Y ahora me pregunto qué harás al respecto, Syaoran’ aunque en el exterior sonreía a la castaña mientras platicaban de banalidades, en su interior aquella alegría tenía un eco muy agradable… aunque todavía un poco complicado de manejar. No podía confiarse, aquello era sólo un paso dentro de muchos que faltaban por dar, y el azar… o, mejor dicho: lo inevitable, también tendría un papel importante en todo el proceso.

—————-

—¿Y bien? —urgió Nakuru—. ¿Cómo estuvo la prueba?

Fuutie se acomodó el cabello tras la oreja con una mano y suspiró: —Ese hombre es todo un caso.

—¡No pudo ser tan malo! —Nakuru soltó una carcajada —… bueno, sí es un poco duro con los recién llegados y tiene fama de ser muy estricto, pero también tiene sus ratos buenos. Además, me dijo que te dijera que empiezas mañana mismo, así que no pudo haber sido tan malo.

—No lo fue —Fuutie se encogió de hombros—, pero no estoy tan segura de que hubiera terminado tan bien si no hubiera tenido un poco de ayuda.

—¿Te ayudaron? ¿Quién? —la otra la contempló, pasmada—. Se supone que nadie debe ayudarte durante la prueba inicial.

—No, no fue ese tipo de ayuda —se apresuró a corregir la china—. Sólo recibí un poco de apoyo “moral”, digamos.

—¿Moral? —Nakuru la miró con suspicacia—. ¿De quién?

Fuutie se sonrió.

Unas horas antes:

Fuutie estaba que se la llevaba el demonio. Conocía los platillos, conocía los utensilios y cada ingrediente que tenía a su alcance. Conocía las recetas y todo lo que tenía que hacer. Entonces ¿por qué rayos ese condenado chef engreído tenía que ponerle tantos peros y quejas a cada plato que le entregaba?

Agitó el wok con rabia. Cuatro platos hasta el momento, todos regresados con su respectiva nota y la desagradable cara del hombretón con su labio superior levantado en señal de hastío y reproche. ¡Ese maldito engreído! Que si le faltaba sal o ajo, que si estaba muy cocido o crudo, que el color o la textura no eran los indicados, que se veía feo, que olía de más o de menos…

Apretó el mango del utensilio con fuerza para volver a remover el contenido en él, pero una mano blanca y fría como la nieve se posó sobre la suya. Inexplicablemente, en lugar de sentir un sobresalto y asustarse por la inesperada presencia de otra persona a su lado interrumpiéndola, Fuutie dejó su tenso brazo relajarse y levantó la mirada hacia su izquierda, donde se encontraba un varón de su edad, o quizás apenas un poco mayor, sonriéndole de manera tranquilizadora.

—No lo tomes así. Todos tuvimos que pasar por la misma prueba. A algunos les regresó los platillos varias veces y a otros no. La diferencia es que sólo aquéllos a los que se los devolvió y criticó están aquí, trabajando con él.

—¿De qué estás hablando? —Fuutie lo miró directo a los ojos, un par del color y probablemente la misma dulzura de la miel.

—Si el chef Sugawara devuelve tus platillos durante la prueba, es señal de que le agradan, pero no puede decir que están bien a la primera. Además, quiere conocer tus reacciones cuando eres criticada: muchos clientes critican la comida y se quejan aunque esté perfectamente hecha. Cada quien tiene gustos diferentes y no a todos se les puede complacer en algo tan subjetivo.

—¿Entonces lo hace a propósito solamente para probarme?

—De eso se trata, ¿no? Es una prueba, y parte de ella es ver no sólo tus aptitudes culinarias, sino tu temperamento —el chico sonrió aún más detrás de las gafas que cubrían sus ojos alegres. Fuutie miró brevemente sus cabellos color cenizo. No pudo evitar preguntarse cómo se verían normalmente, libres de aquella malla que los retenía en su lugar por cuestiones de higiene—. No te preocupes: sólo piensa en sus críticas como una lección y no como un regaño, y ya verás que todo estará bien.

—¡Vaya! Pues… gracias —Fuutie se ruborizó, entendiendo que acababa de recibir una importante lección de un total desconocido. Entonces, en un movimiento aún más inesperado que el primero, la mano que había calmado su ira sacudió ágilmente el mango del wok para voltear las verduras que ella freía. ¡Se había olvidado por completo de eso! Peor aún… ¡había olvidado que la mano de él seguía sobre la suya! Y no la había soltado para mover el utensilio…

—Lo siento, te dejaré sola para no distraerte más. Además, no debo ayudarte durante tu prueba, pero estoy seguro de que él te aceptará, así que si más adelante necesitas ayuda puedes buscarme —él soltó su mano y agitó la suya en señal de despedida.

—Gracias… —y se puso aún más colorada al recordar que ya le había agradecido anteriormente— eh… ¡Quiero decir…!

—¡Ah, perdón! Olvidé presentarme. Soy Yukito, Yukito Tsukishiro. Tú eres Fuutie Li, ¿verdad? —pareció dudar—. ¿Dije bien tu nombre? ¡Bienvenida!

Bienvenida’ las palabras reverberaron en su cabeza aún después de apagar la hornilla.

Tiempo presente:

—Lo siento, creo que guardaré su nombre en secreto por ahora —sonrió Fuutie.

—Dices que sólo fue apoyo moral, así que no pensaba afectarlo de todas maneras, pero como tú quieras —Nakuru se encogió de hombros—… en tanto no haya sido Yukito Tsukishiro tu rescatista secreto…

—¿Qué? ¿Por qué dices eso? —Fuutie se detuvo en su camino, contrariada por la extraña manera en la que la otra se había referido al joven. Nakuru, en cambio, la observó por el rabillo del ojo y una sonrisa maliciosa trepó por sus labios.

—Tranquila, sólo me imaginé que podía ser él y quería averiguarlo… y lo conseguí: tu cara acaba de decírmelo todo.

—¿Tú…? —Fuutie apretó los labios, incapaz de creer lo fácil que había caído en su trampa—. Está bien, pero (como dije) sólo me dio un poco de ánimos, así que no vayas a hacer nada al respecto —pidió, aunque casi parecía una advertencia más que una petición.

—Jamás lo haría, en especial contra Yukito. ¡O perdería todas mis posibilidades con Touya! —la prima de Eriol le guiñó un ojo y se llevó una mano a la boca para ahogar una risilla extraña que dejó a Fuutie con una viva expresión de incomprensión plasmada en el rostro.

—¿Touya? ¿Es otro chef o ayudante? —intentó adivinar, pero Nakuru negó grácilmente con la cabeza.

—Ya lo conocerás —y sus ojos se tornaron casi serios, aunque aún divertidos en cierta forma—… pero recuerda: él es mío.

(1) La Academia Culinaria de Hong Kong es una escuela real para chefs, aunque su especialidad es la cocina hotelera, razón por la cual el chef Sugawara hace referencia a las diferencias entre trabajar para un servicio de banquetes y hacerlo para un hotel.

(2) El nikuman es una especie de bollo cocido al vapor, relleno de diversos ingredientes. Quizá la comparativa sea un tanto burda y ridícula, pero para mí son como los tamales japoneses, jeje.

Comentarios de la autora: muchas gracias a todos por comentar. Sinceramente nunca había tenido tantos comentarios para tan pocos capítulos, ¡y yo que creí que no tendría tantos seguidores por tratarse de una historia tan sencilla y diferente de lo que suelo hacer! Y lamento no poder contestar a todos, pues de muchos no tengo forma de contactarlos. Si dejan su correo electrónico con gusto responderé a sus gentiles comentarios. Recuerden que también pueden agregarme vía facebook (Isis TemptationPrincess).

Ahora sí, en lo que respecta al capítulo: habrán notado (de hecho es el título del capítulo) que Eriol tiene un plan. ¿Para qué o de qué se trata este plan? Pues incluye evidentemente a Syaoran y Sakura, y si leyeron bien notarán que también hay una promesa pendiente con Fuutie (y viceversa) ¿Qué rayos quiere decir todo esto? Pues algo muy simple: que, como siempre, Eriol tiene las cartas ocultas y las mantendrá así mientras sea necesario, así que no crean que responderé si me preguntan de qué se trata, jojo. En cuanto a la promesa… esperen unos 12 capítulos y lo verán.

También se va desenvolviendo mejor la relación de amistad entre Sakura y Syaoran. Para aquellas que desean algo de romanticismo pronto, lamento informarles que esto se irá cociendo poco a poco, aunque obviamente me divertiré metiendo a nuestros personajes en situaciones complicadas y hasta vergonzosas (ya lo habrán notado).

Muchas gracias una vez más y saben que sus comentarios son recibidos con mucho gusto, sea cual sea su naturaleza (claro, las críticas constructivas son preferibles a cualquier ofensa, aunque gracias a Dios nunca he recibido ninguna de estas últimas). ¡Hasta la próxima!