5. La nueva estudiante

—¡Ay, ya huele delicioso! —Sakura miró con ojos ansiosos por la ventanilla del horno—. Gracias por ayudarme Tomoyo, no lo hubiera conseguido sin ti.

—Me das demasiado crédito. En realidad tú hiciste casi todo, así que no le digas al joven Yukito que alguien más te ayudó —le guiñó un ojo.

Sakura iba a protestar, pero la manera en que su amiga decía eso le hizo pensar que era mejor simplemente seguirle la corriente y aceptarlo tal cual.

—Pero no olvides que me vas a dar todos los detalles del momento en que le des las galletas. ¡Y tiene que probar al menos una en frente de ti! Así podrás guardar su expresión de éxtasis para siempre en tu memoria. ¡Ay, si al menos pudiera estar presente con una cámara para grabarlo todo!

Sakura ahogó una risa. La que ahora parecía estar en éxtasis era Tomoyo con sólo imaginar la escena. Sin embargo fue distraída de este instante cuando un sonido ahogado llegó hasta sus oídos.

—¿Qué es eso? —extrañada, salió de la cocina hacia el pasillo y descubrió que el repiqueteo musical provenía de su cuarto.

—Parece un teléfono…

—Pero el mío lo dejé en la sala… —comenzó a subir las escaleras con su amiga a un lado. Poco antes de llegar a la puerta el sonido se extinguió y ambas se miraron durante unos segundos antes de que éste volviera a repicar.

—Espera, ¿No es el celular que te di para Akira?

—¡Ah! —Sakura se apresuró entonces a abrir la puerta y caminar hacia su mesa de noche, en donde descansaba el aparato que vibraba contra la madera incesantemente. Había olvidado que la semana anterior su amiga le había entregado un aparato para que “el apuesto Akira” tuviera su propia línea telefónica. ‘Tomoyo piensa en todo’, y debía admitirlo: cuando la joven Daidouji se tomaba algo en serio, lo hacía hasta las últimas consecuencias.

Tomó el celular con una mano y miró el contacto en la pantalla, frunciendo el ceño al instante.

—Es Yamazaki… —no supo si habló para sí o para Tomoyo, quien alzó una ceja.

—No sabía que tenías su número… o él el tuyo.

—Yo tampo… —pero entonces Sakura hizo memoria— ¡Ya! Se lo di después de aquella vez que salimos todos juntos, como Akira… ¡así que está buscando a Akira! Pero no estoy… ¿Qué hago? —tuvo un repentino ataque de pánico. Definitivamente, a pesar de contar con el número y haberlo pasado al muchacho, no había estado preparada para recibir algún día una llamada para Akira.

—Contesta, pero haz la voz de Akira. No necesitas estar disfrazada.

—Ah, cierto… —Sakura casi sintió deseos de darse de topes al descubrir su propia torpeza. Entonces contestó el aparato y saludó con la voz del mesero.

Hola, habla Takeshi. Oye, ¿tienes algo que hacer hoy por la tarde? —la inusual directa de Yamazaki prácticamente la dejó helada. Era casi espeluznante descubrir que el dicharachero sujeto cambiaba tanto su manera de hablar cuando lo hacía por teléfono. O quizás había descubierto que hablar como normalmente lo hacía podía provocarle cuentas telefónicas muy, muy altas.

—Etto, yo… —miró a Tomoyo, quien estaba aguzando el oído y le señaló una negativa con la cabeza, emocionada—. No, parece que no.

¡Excelente! Entonces ¿qué te parece si me acompañas a casa de Syaoran?

—¿A casa de Syaoran? —repitió Sakura y al instante los ojos de Tomoyo brillaron como canicas.

Sí, parece que ayer llegaron unas visitas muy especiales, así que tengo que conocerlas y saber de qué se trata.

—¿Y para qué quieres que yo vaya? —Sakura aún seguía muy extrañada. ¿Por qué tenía que llamar a Akira, teniendo seguramente tantos otros amigos?

Porque… te lo diré si vas, ¿qué te parece?

Aquella respuesta a medias no la convencía en absoluto. En realidad, le daba una hormigueante desconfianza. Además, quería aprovechar que Touya había invitado a Yukito a casa para pasar aunque fuera algunos momentos con él y poder entregarle las galletas. Ése era su plan, sin embargo Tomoyo parecía estar ideando otra estrategia en ese mismo instante, pues entre susurros la amatista le urgió a hacerlo.

—Pero Tomoyo: Yukito… —Sakura tapó el teléfono con una mano y su amiga sonrió.

—Confía en mí. Dile que sí, así aprovecharás la oportunidad de conocer la casa de Li y de averiguar un poco más sobre él. Nadie ha estado en casa de Li jamás ni saben cómo es por dentro, ¿no crees que eso sería información invaluable para Naoko?

—Pero Yukito… —insistió la pobre ojiverde, que veía su oportunidad escaparse de sus manos.

—Piénsalo bien: hoy Touya estará atendiéndolo y ambos estarán muy ocupados en sus propios asuntos, así que realmente no podrás tener un momento a solas con él. Sin embargo, si no le das las galletas hoy, tendrás una excelente excusa para poder visitarlo después y entregárselas, ¿no te parece? Podrías pasar mañana mismo a su casa y entonces sí tendrías oportunidad de platicar más a gusto con él.

Aquellas palabras eran como música para los oídos de Sakura, así que no lo pensó dos veces antes de tomar una decisión. Cogió entonces el teléfono firmemente con ambas manos y casi olvidó volver a fingir su voz por la emoción mientras daba su respuesta al muchacho de los ojos rasgados.

—¿A qué hora y en dónde nos vemos?

A las seis en el parque pingüino, ¿te parece? —Yamazaki no tardó en contestar, de modo que seguramente ya lo tenía todo preparado. Sakura estuvo totalmente de acuerdo y sonrió para sí en cuanto colgó el aparato. Tomoyo parecía igualmente feliz.

—¡Eres increíble Sakura! En tan sólo un par de semanas has conseguido acceso a la casa de Li. Eres toda una espía profesional con su disfraz perfecto. ¡Ay, si al menos pudiera grabar tus andanzas cuando eres Akira!

Y era momento de sacar las galletas del horno, cosa que aprovechó Sakura para no prestar demasiada atención a las cada vez más estrafalarias ensoñaciones de su mejor amiga, cuya imaginativa mente jamás parecía querer detenerse.

——————

—¡Wow! —fue lo primero que se le ocurrió decir—, ¿En verdad ésta es la casa de Syaoran?

—Sí. Es grande, ¿verdad?

Gigantesca, hubiera dicho Sakura después de atravesar el portón principal, pero prefirió callar.

—Bueno, vamos —apuró Yamazaki, pero fue detenido por Akira.

—Espera, dijiste que me ibas a decir para qué me habías invitado. Supongo que pudiste hablarle a muchos otros. Después de todo, yo sólo he salido con ustedes una vez y ahora quieres que conozca a estas visitas “especiales”. ¿Por qué?

La sonrisa de Yamazaki y sus ánimos no cedieron ni un ápice mientras decía algo que podría helar la sangre de la joven:

—Porque Li parece controlarse muy bien cuando estás cerca. Así que en cuanto te vea se le pasará el coraje de que no pueda esperarme a mañana y yo podré conocer antes que nadie a esa persona. Como su mejor amigo, tengo derecho a la exclusiva, ¿no? Si hace algo malo o se molesta por llegar de improvisto en un mal momento, probablemente tú lo pondrás en su lugar. ¡Eres bueno para eso!

Sakura meditó la respuesta. ¿Debía tomar aquello como alguna clase de elogio o…?

—Un momento, ¿te invitaste… nos invitaste solo?

Yamazaki asintió alegremente, pero ya parecía demasiado tarde para que Sakura pudiera huir: el chico había timbrado a la puerta.

—Oye, ¿y quién es esa persona que dices?

—Li no quiso decir por teléfono que una de sus visitas era ella… —la sonrisa de Yamazaki aumentó sospechosamente—, pero estoy convencido de que tiene que serlo…

No pudo continuar con su intriga, pues la puerta se abrió en ese preciso instante y un hombre alto y delgado con traje tan impecable como sus modales salió a recibirles:

—Buenas tardes —saludó a ambos— ¿En qué puedo servirles?

—Buenas tardes —saludó Sakura mirándolo sorprendida. ¿Ese hombre tan gentil y formal era el padre de Li? Era un poco difícil de imaginar.

—Hola Wei, ¿se encuentra Li? Ah, y él es Akira Yamamoto, es un nuevo amigo —los presentó Yamazaki.

—¿En serio? Me alegra saber que Syaoran-sama cada vez tiene más amigos.

¿Syaoran-sama?’ Sakura quedó atónita mientras los otros dos intercambiaban algunas frases más. ¿Entonces aquello quería decir que ese hombre era algún sirviente de Li?

Como si quisiera responder a su pregunta, el hombre los invitó a pasar comentando que en ese momento había visitas en casa y refiriéndose a ellas de la misma manera formal que había usado con el chino. Al parecer las dos chicas eran también de la familia.

Una vez dentro, el hombre mayor los dirigió a la sala pidiéndoles que esperaran por Syaoran, quien en un momento bajaría. Y, en efecto, el susodicho no tardó en llegar hasta ellos, dándoles una cálida bienvenida con un par de ojos flameantes como el infierno.

—Te dije que no vinieras.

—Lo sé, pero me encontré con Akira-san y él me dijo que tenía ganas de volver a salir con nosotros, así que decidimos pasar por ti para hacer algo —contestó Yamazaki sin siquiera pensarlo dos veces y colocándose justo tras las espaldas del aludido, cual si quisiera utilizarlo de escudo.

—¿Yo? Pero tú… ¡Ay!— Sakura recibió un pisotón por parte de Takeshi y captó la “indirecta”.

—No dejes que te meta en estas cosas —el gesto de Syaoran se suavizó al dirigirse a Akira—. Lamento que te haya hecho venir en vano, pero no podré salir con ustedes y creo que será mejor que se vayan ahora mismo antes que…

—¿Quién vino, Xiao Lang? —Sakura casi creyó percibir que el rostro del chino palidecía y se tornaba incluso un poco verde ante el sonido de aquella voz.

—¡Rápido, váyanse! —urgió el castaño, pero fue en vano, pues menos de un segundo después una figura apareció en el lugar.

—¿Son tus amigos? —pero la mujer se adelantó antes de que un congelado Syaoran reaccionara—. Hola, mucho gusto, soy Meiling Li, pero pueden llamarme Meiling.

Ambos muchachos se presentaron: un sonriente Takeshi, que parecía triunfal de haber conseguido lo que sea que quería, y un Akira emocionado por conocer a la familia del chino. La recién llegada los analizó de pies a cabeza y finalmente asintió.

—Creí que tus amigos parecerían un poco más… inteligentes, pero supongo que así están bien —dijo en su natal chino, cosa que no entendieron los otros dos.

—¿Eh? —ambos arquearon sendas cejas y Syaoran se puso rojo como un jitomate.

—Meiling, no estás en china, así que más te vale que te comportes.

La china hizo un puchero y miró nuevamente al par, aunque esta vez sonrió.

—Está bien, era una broma. A decir verdad, tus amigos parecen tipos agradables —comentó esta vez en un fluido japonés.

—¡Por supuesto, si son lindísimos! —una nueva voz se hizo presente y los dos chicos no tuvieron tiempo de reaccionar, pues rápidamente se vieron envueltos en un abrazo asfixiante por parte de una mujer que parecía tener más brazos que cabellos, pues al mismo tiempo comenzó a examinarlos con ambas manos de pies a cabeza.

—¡Fuutie!

—¡Mira qué guapos son! Tienes unos ojos verdes bellísimos, ¿te han dicho? Y tú tienes una sonrisa muy divertida. ¡Ustedes tres deben verse muy bien juntos! —comenzó a dirigirse a uno, luego a otro, luego a todos al mismo tiempo y nuevamente empezó a decir más cosas mientras seguía acariciando sus mejillas y removiendo sus cabellos. Sakura comenzó a sentirse mareada, no sabiendo ni qué pensar o cómo reaccionar ante… lo que fuera que estaba pasando.

—Me disculpo. Ella es mi hermana —Syaoran se encogió de hombros, rendido ante la situación—. Fuutie, ¿puedes dejarlos en paz, por favor?

—¿Qué? Oh… está bien —La aludida hizo lo pedido, aunque con una muy evidente renuencia—. Oye, tengo una idea: ¿por qué no invitamos a tus amigos a cenar con nosotros? Así tendremos oportunidad de que nos cuenten un poco sobre lo que es la vida aquí en Japón y las travesuras que mi hermanito hace tan lejos de casa.

—Olvídalo, ellos ya se iban. Además, no puedes hablar por ti misma para invitar a otros a cenar sin previo a viso; recuerda que Wei dijo que hoy cocinaría algo especial y no sabes si habrá suficiente comida para todos…

—En realidad parece una buena idea y estoy seguro de que a Wei no le importará, pues rara vez tenemos invitados. Además, el refrigerador está lleno y fácilmente podrá hacer algo para todos, o incluso podemos pedir algo de comida en caso de ser necesario —una nueva voz a la entrada frenó en seco los vanos intentos de Syaoran por terminar aquella comedia.

—¿A ti quién te preguntó? —fue la seca respuesta del chino al recién llegado.

¿Hiragizawa?’ Sakura estaba desconcertada. ¿Qué hacía su compañero de clase en ese lugar? Hasta donde ella sabía, Eriol y Syaoran no se llevaban muy bien.

—Eriol tiene razón. ¿Ustedes qué dicen? ¿Se quieren quedar a cenar? —Meiling ignoró al ambarino y se dirigió directamente a las dos visitas. Akira pareció dudoso, pero Takeshi no tardó en aceptar la invitación por ambos, lo que terminó tirando al drenaje las esperanzas de Syaoran de evitar la velada.

—————–

—Y díganme, ¿ambos van a la misma escuela que Xiao Lang y Eriol? —preguntó Fuutie una vez estuvieron todos debidamente acomodados en la sala. El mayordomo había traído un servicio de té y galletas y, después de las presentaciones pertinentes iniciales, el grupo se disponía a conocerse un poco.

¿Xiao Lang?’ parpadeó Sakura. Era la segunda vez que lo oía mencionar, aunque ello la hizo suponer que quizás era la pronunciación china para Syaoran.

—Sólo yo. Akira-san es del pueblo vecino, pero trabaja en un restaurante al que vamos todos los días Syaoran y yo —fue Yamazaki quien contestó.

—¿Y cómo es el instituto? ¿Hay muchos clubs? Porque a partir de mañana estaré asistiendo como estudiante de intercambio en su clase.

—¿En serio? —Takeshi pareció complacido—. Entonces te encantará: todos los días, antes de empezar las clases, el director nombra a un salón por sorteo y entonces les regala un día libre de clases. Además…

—No escuches nada de lo que él te diga —Syaoran se arrellanó en su lugar—, el 90% de lo que sale de su boca es mentira.

—Creí que venían de vacaciones —comentó Akira volviendo al tema después de ver que Yamazaki no parecía ofendido y ni siquiera sorprendido con lo dicho por su mejor amigo—. ¿Tú también vienes a un intercambio, Fuutie?

—Yo ya terminé mi licenciatura. Más bien estaré buscando un trabajo, aunque no es ésa la razón principal por la que vinimos a Japón.

—¿Entonces cuál es? —a pesar de su pregunta, Yamazaki parecía simplemente querer confirmar algo que ya supiera de antemano.

—Pues vamos a…

—Resolver asuntos que necesitan ser aclarados —Syaoran interrumpió a su hermana. Cerca de él, Eriol se sonrió.

—Quizá eso sea un tema más interesante para otra ocasión —se unió el inglés a la conversación—¿Por qué no hablan un poco sobre ustedes? Akira-san, ya que no vas a la misma preparatoria que nosotros, sería más fácil si nos dijeras algo sobre ti —sus ojos azules se clavaron de manera muy profunda y analítica sobre Sakura, quien sintió un escalofrío subir por su espalda.

—¿Yo? Etto… no sé qué podría decir sobre mí.

—Yo sí puedo decir algo que creo que les va a gustar: Akira-san no es cualquier mesero. ¡Es la única persona que conozco hasta ahora que es capaz de poner a Syaoran en su lugar! —luego susurró, como si con esto el chino no fuera a escucharle, cosa evidentemente imposible— ¿Saben? La mayoría le tiene miedo.

—¿En serio? —las dos visitantes parecían emocionadas—, ¿En verdad hay quien se atreva a llevarte la contraria en Japón?

—No le hagan caso, eso no es cierto —Syaoran lanzó una mirada asesina a su amigo, quien sonrió indiferente a esto.

—Realmente eres mucho más valiente de lo que pareces, Akira-kun. ¿Quién lo hubiera imaginado? —Meiling se llevó una mano al mentón, observando analíticamente al delgado mesero—. No conozco a nadie en China, aparte de tía Yelan, que se atreva a contradecir a Xiao Lang…

—¡No! En verdad… yo no hice nada —Sakura bajó el rostro, sintiendo que enrojecía.

—¡Pues debió haber sido algo! Incluso Xiao Lang está apenado, ¡mira qué bello se ve sonrojado!

—¡Ya, fue suficiente! —cortó Syaoran a su hermana, poniéndose aún más colorado—.Ya les dije que no es cierto nada de lo que él dijo. No deberían creerle en absoluto: mentir es su fuerte.

—Pero no mentía… —Yamazaki se interrumpió, meditabundo—. Uhm… pero tienes razón: Akira-san no es el único capaz de retar a Syaoran —se dirigió a los otros—, aunque sí fue el primero. Ahora también está Kinomoto, ¡y hubieran visto cómo le afectó lo que le dijo ayer a mediodía, porque incluso fue a verme después para…! —y se detuvo en seco, aunque un poco tarde, cuando vio los flameantes ojos de Syaoran posados en él, esta vez con una seriedad casi sepulcral.

—¿Kinomoto? ¡Vaya, debe ser otro sujeto muy interesante! ¿Y a él por qué no lo trajeron? —preguntó una ansiosa Meiling. No obstante, Syaoran quedó callado cual tumba y Yamazaki pareció imitarlo en un acto inesperado—. ¿Qué pasa? ¿Hay algo que no quieran decirnos sobre él?

—Perdón, estimada Meiling, pero me parece que cometes un pequeño error, aunque es natural porque no te lo hemos dicho —habló Eriol con una tranquilidad casi inhumana, considerando la tensión que crecía entre los otros dos varones —. Kinomoto no es él, sino ella, y es una compañera de nuestro salón con quien Syaoran tiene que realizar un proyecto para una materia.

—¿Una chica? —fue lo único que dijo Meiling y sus ojos se posaron directamente en Syaoran, como si no existiera nada más a su alrededor. El ambarino le contuvo la mirada por unos segundos y después se recargó nuevamente contra el sofá—. ¿Era ella con quien estuviste ayer hasta tarde?

—Es una compañera con la que tengo que reunirme por asuntos escolares. Eso es todo.

—Pero debe tenerte mucha confianza para…

—Meiling, no es el momento —advirtió él, cauteloso. Sakura los miraba a ambos sin poder comprender bien lo que sucedía, aunque algo sí le quedaba muy claro: era algo no muy bueno y tenía algo que ver con ella. Quizás había sido muy bocona al hablarle a Syaoran así el día anterior, pero no podía ser verdaderamente eso, ¿cierto? Pues la china apenas había escuchado al respecto y ni siquiera la conocía. Por otra parte, no podía olvidar lo dicho por Yamazaki: según él, sus palabras habían afectado mucho al chino, y ciertamente debía ser así considerando que él había regresado para pedirle disculpas, cosa probablemente muy rara en el varón. Incluso parecía que Takeshi iba a agregar algo más que había terminado por incomodar mucho a Syaoran. ¿Qué podría ser?

—Akira-san —regresó al presente al entender que era a ella a quien llamaban. Era Eriol—. Tengo una curiosidad que espero puedas aclararme.

—¿Yo? —parpadeó—. Está bien, ¿De qué se trata?

—Pues… tu rostro me parece muy conocido. ¿No tienes acaso una hermana en nuestra escuela?

—¿Una he-he…hermana? ¿Yo? ¿Por… por qué lo preguntas? —las mejillas de Sakura se encendieron al instante y ella tragó saliva sintiendo ganas de huir en ese mismo momento.

—Akira-san sólo tiene un hermano en Osaka. Ahora ya lo pusiste nervioso —habló Syaoran cortante.

—Lo siento, no era mi intención. Sólo pensé que ambos se parecían mucho y que podrían tener alguna relación, pero quizás no es más que una simple coincidencia —quizá Sakura lo había alucinado, pero le pareció que el muchacho hacía demasiado énfasis en esta última palabra—. Después de todo, este mundo está lleno de ellas, ¿cierto?

—Por cierto, ya que no conocías a Hiragizawa-san, creo que debes saber que él no llegó de visita con Meiling y Fuutie: él vive aquí con Syaoran.

—¿Él… vive aquí? —los ojos de Sakura se abrieron como platos detrás de las gafas de Akira.

—Así es. Perdón, quizá no me presenté propiamente: Syaoran y yo somos primos lejanos. Mi abuela era también una Li, hermana de su abuelo —señaló a los chinos—. Ella se casó con un japonés y perdió el apellido.

—¿Japonés? Pero creí que eras inglés.

—¿En serio? No recuerdo haberlo mencionado. ¿Acaso Syaoran te habló de mí? —Eriol se acodó en sus rodillas y entrelazó ambas manos frente a su mentón, analizando a Akira, quien se descubrió atrapado con aquella declaración.

—Yo… no, bueno… —Sakura sentía que sudaba por cada poro de su piel y tomó un sorbo de su té para ayudarse a pasar saliva—. Es porque… etto…

—Quizás es por tu acento —atinó a decir Meiling sin darse cuenta de que estaba salvando el pellejo del nervioso muchacho sentado en el otro sofá—. Supongo que yo también tengo un acento. Akira-san, ¿crees que las demás personas sabrán que soy de China cuando me escuchen hablar?

—A decir verdad, Hiragizawa casi no tiene acento — observó Takeshi—, tampoco Syaoran, y creo que sería muy difícil adivinar de dónde son. Al menos a mí sí me costaría mucho trabajo. No sé cómo le hiciste Akira-san, ¡eres muy observador!

—Eh… gracias —rió Sakura nerviosamente. Eso había estado muy cerca. No obstante, Eriol no le quitaba la mirada de encima.

—Sea como sea, tienes razón Akira-san: soy inglés, o mitad inglés. Mi padre es japonés y mi madre londinense, así que después de esas mezclas creo que el parecido con los Li es un poco difícil de encontrar.

—Pero a fin de cuentas son primos, ¿por eso viven ustedes dos en la misma casa?

—Algo así. Verás, esta casa pertenece a los Li y fue decidido que lo mejor sería que yo viniera aquí a vivir junto con el futuro líder…

—¡Hey! estás hablando de más…

—… después de que se arregló un convenio de matrimonio entre…

—No creo que a Akira-san le interese…

—… entre Fuutie y yo —continuó Eriol ignorando impertérritamente los esfuerzos de Syaoran por interrumpir la declaración. El castaño bufó y desvió la mirada.

—¡¿Qué?! ¿Ustedes dos se van a casar? —los verdes ojos de Sakura estaban totalmente desorbitados mientras se posaban alternadamente entre Eriol y Fuutie. Era simplemente inimaginable. ¡Eriol tenía su edad! ¿Cómo podía pensar en algo así y decirlo con tanta tranquilidad? Además, ¡era un matrimonio arreglado! ¿O acaso había entendido mal?

—Eso ya lo veremos… —masculló Syaoran.

—Sólo después de que Eriol cumpla la mayoría de edad —agregó Meiling—. Además, Fuutie me prometió que su boda sería hasta después que la nuestra.

—¿La suya? —parpadeó Akira

—Sí— y en este momento la chica tomó entre sus manos un brazo de Syaoran, quien entornó los ojos al techo —, ¡Después que Syaoran y yo nos casemos!

———————-

¿Cómo se lo iba a decir a Tomoyo… y a Naoko? Ella misma aún seguía deseando que aquello fuera sólo un extraño sueño. El sólo hecho de imaginar a Syaoran comprometido era tan posible para ella como descubrir a una morsa volando por los aires. ¡Simplemente no era factible! Aunque todo parecía indicar que sí. Además estaba Hiragizawa. ¿Acaso todo el mundo estaba firmando convenios de matrimonio últimamente? Y ella que había pensado que todo eso era asunto de la era Edo (1).

—Ahora estás muy distraída —comentó Tomoyo al terminar la primera hora. Sakura parpadeó, y es que ni siquiera se había dado cuenta de que el profesor ya había salido del salón—. ¿Hay algo de lo que quieras hablar?

—Pues no…sé —titubeó. Syaoran les había pedido no comentar el asunto con nadie, e incluso parecía molesto con Yamazaki por haber causado que las cosas se precipitaran de esa manera. Lo extraño era que él parecía el único incómodo con todo. A decir verdad, tanto Hiragizawa como Fuutie y Meiling parecían tomarlo todo con mucha, quizás demasiada naturalidad. Incluso Meiling no sólo parecía aceptarlo, sino verdaderamente desearlo.

—¿Tiene que ver con algo que pasó ayer en la casa de Li? No me has dicho nada al respecto

—Creo que fue… mucha información ayer —Sakura se encogió de hombros y el siguiente profesor entró en escena. A continuación pidió atención al grupo para presentar a la nueva estudiante de intercambio. Diversas exclamaciones de ansiedad se elevaron entre las gargantas adolescentes antes de que el hombre pidiera a la nueva chica pasar para presentarse. Un murmullo general se adueñó del salón cuando Meiling Li pasó al frente y se presentó con un muy correcto japonés ante todos. No parecía en absoluto nerviosa y su mirada escarlata no temía posarse sobre cada uno de los estudiantes, analizándolos. Sakura sintió un alivio por conocerla de antemano, así al menos ya tenía idea de cómo dirigirse a ella y sabía que, a pesar de su apariencia fría en esos instantes, Meiling Li podía ser una persona agradable y hasta bromista.

—¿Li? —repitió Tomoyo al escuchar el apellido— ¿Son parientes?

Sakura asintió y sonrió, pensando en lo poco que ambos se parecían. Entonces volvió su mirada a Meiling y se dio cuenta de que ésta la observaba. Seguramente la china no la reconocería ni sabría que se conocían, pero de cualquier modo Sakura decidió sonreírle y agitar una mano en señal de saludo. No obstante, cuál sería su sorpresa al ver que su saludo era congelado por un par de ojos fríos y terribles y que parecían querer taladrarla literalmente en ese momento.

¿Por qué me mira así?’ hubiera querido saber. Definitivamente ésa no era la mirada que Meiling le había dirigido en casa de Syaoran. ¿Qué había pasado entonces? Si todo estaba en orden, se suponía que la China ni siquiera debía conocerle. Entonces… ¿de dónde había salido aquella mirada helada?

—Tomoyo, me dirás paranoica, pero creo que…

—Sí, es a ti a quien está viendo, Sakura-chan —lamentablemente su mejor amiga no pudo tranquilizar sus nervios.

—Pero… ¿por qué?

——————

—¡Ay, no…! —suspiró con desgane y tensión mirando al reloj de pared del salón—, voy a tener que apurarme —de todas formas nunca le había gustado tener que quedarse a hacer el aseo del salón de clases al final de la jornada. Era cierto que todos los estudiantes tenían que pasar por eso al menos algún par de veces (2), pero eso no borraba el hecho de que tenía que apresurarse si acaso quería llegar a tiempo a su trabajo.

—Lo sé. Siempre que me toca hacer el aseo me quedo sin poder siquiera tomar un vaso de agua antes del entrenamiento. ¿Tú qué tienes que hacer, Kinomoto-san? —Syaoran cogió una escoba y comenzó con su labor—. Te saliste del club de porristas, ¿no? Así que creí que no tendrías mucha prisa en terminar.

—Bueno, es que… —y Sakura se quedó un momento con el plumero suspendido en el aire—. ¿Cómo supiste que ya no estaba en el club? Creí que te molestaban las porristas.

—¿Eh? —Syaoran también se detuvo un poco y un tenue color rosado comenzó a hacer presa de su rostro—. No lo sé, simplemente lo supe… ya sabes… en esta escuela te enteras de cosas, aunque no te interesen en absoluto —reasumió su labor con el piso y se dirigió a otra esquina del salón. ¿Por qué una simple pregunta lo había hecho reaccionar así? Ni él mismo lo sabía y eso lo desconcertaba. Era cierto que a él esas cosas no le importaban, simplemente Takeshi se lo había mencionado y eso era todo, así que no tenía por qué hacer un drama al respecto ni sentirse como si… como si hubiera sido descubierto espiando a alguien o algo así.

—¡Vaya, eres muy bueno Li! —Sakura se maravilló al ver la destreza del chico con los utensilios de limpieza. Era muy extraño, pensó al recordar que él tenía un mayordomo en casa.

—¿Qué? Ah, esto… —Syaoran pareció sorprenderse por el cumplido—. Tuve que aprenderlo cuando era chico: estaba en una escuela de artes marciales y esto es parte de la disciplina que te enseñan. Además, desde que llegué a Japón estuve viviendo solo… bueno, casi, así que me corresponde parte de la limpieza de la casa.

—Me pregunto qué más cosas sabes hacer — comentó Sakura como al descuido, aunque cada vez descubría con más agrado lo fácil que era entablar una conversación con el muchacho. Fuese ya como Akira o como Sakura, estaba descubriendo que Syaoran a fin de cuentas parecía ser una persona de circunstancias un tanto especiales, pero muy sencilla a la vez.

— Sólo las que son necesarias —él se encogió de hombros, restándole importancia—. Pero tú no te quedas atrás. También tienes que hacerte cargo de muchas cosas en tu casa, ¿cierto?

— Sí, aunque mi hermano también me ayuda mucho con eso —sonrió ella y él se detuvo y casi podría decir que un asomo de sonrisa surcó por breves instantes su boca. Era extraño, pero la presencia de Li frente a ella se había relajado mucho desde la discusión del sábado. Realmente no era normal verlo con aquella disposición con las demás personas en la escuela, aunque Sakura sospechaba que aún había mucho más en Syaoran Li aparte de ese cambio tan repentino que había visto en él en tan sólo un par de días.

— Cada vez que lo mencionas sonríes así. Tu hermano debe ser una persona muy agradable.

—Bueno, él… —Sakura no pudo menos que reír—, es un poco exagerado a veces, pero sí estoy feliz de tenerlo como hermano… aunque no le vayas a decir —le guiñó un ojo—. El sábado estuvo fuera todo el día, pero si nos volvemos a juntar el próximo sábado, seguramente podrás conocerlo.

—Uhm, ahora que lo mencionas… ¿sólo tienes disponibles los sábados para trabajar? ¿Estás muy ocupada toda la semana?

—Sí, etto… sí, jeje —Sakura castañeó un poco los dientes, nerviosa cada vez que tenía que mentir o hacer alguna referencia respecto a su trabajo o sus ocupaciones por las tardes—, yo tengo…

—¿Trabajas por las tardes?

—Sí… ¡Digo, no! —la chica se puso colorada, ¿qué rayos había hecho? Syaoran, en cambio, sonrió.

—No sé por qué te da pena decirlo. Creo que el hecho de que tú y tu hermano se ayuden así es algo fabuloso. Deberías estar orgullosa de ti y no avergonzarte por ello, aunque si no quieres hablar al respecto no te preguntaré más, pero ya que es así quiero saber si está bien que los sábados los utilicemos para continuar con el proyecto. ¿O preferirías los domingos?

Sakura se quedó muda y simplemente no pudo responder. La mirada ámbar que había recibido estaba más allá de su imaginación. La expresión seria de Syaoran y los ojos con los que no había dejado de observarla ni un milisegundo mientras le decía aquello habían entrado a través de sus pupilas y encontrado algún lugar dentro de sus entrañas. Lo peor era que la pregunta tan casual con que el chino había culminado no conseguía ayudarla a hacer a un lado esa mirada que la había dejado sin aliento. Era como si él estuviera orgulloso de ella, como si demostrara admiración y hasta cierto dolor o melancolía al respecto, como si una parte de él envidiara algo de lo que estaba hablando. ¿Era por el hecho de que ella trabajara? ¿O acaso algo que ver con su hermano? La verdad era que ella no podría saberlo. ¿Cómo podría? El punto es que no pudo atreverse a mentirle y negarle que tenía un trabajo a medio tiempo, aunque tampoco podía decirle de qué se trataba.

—¿Kinomoto-san?

—¡Ah! Etto… sí, los sábados está muy bien para mí —asintió varias veces con la cabeza, apenada por darse cuenta de que se había quedado en otro mundo.

—Aunque no sé si sea suficiente. De todas formas podemos trabajar en algunos puntos por separado en la semana y los días que nos veamos intercambiamos lo que tengamos y seguiremos sobre eso, ¿te parece?

—Me alegra que me haya tocado un compañero tan organizado. ¡Ahora entiendo por qué te va tan bien en todas las materias! —Sakura rió e inesperadamente él hizo un gesto extraño, apretó la mandíbula, sus mejillas se sonrosaron, y desvió la mirada—, ¿Te sientes bien? —y a punto estuvo de medirle la temperatura con una mano en la frente cuando una voz en la entrada la contuvo de hacerlo.

—¡Ni se te ocurra tocarlo! eso me toca a mí —era Meiling parada en la entrada del salón, clavando una vez más (por enésima vez en apenas unas horas) sus ojos escarlatas en ella.

—Hola Meiling, creí que estarías buscando algún club —sonrió Sakura.

—Eso es lo que sin duda a ti te gustaría, pero no. Es sólo que el presidente de la clase quería darme una… “bienvenida” —masculló, agitando con cierto hastío unos papeles, una guía sobre la escuela y muchos panfletos sobre los diferentes clubes con una mano—. Aunque, como ves, volví lo más pronto posible: no pienso dejar a ninguna chica a solas con mi Xiao Lang.

—Meiling, no es el momento para eso…

—¿Por qué tiene que ser una chica la que te ayude a hacer la limpieza? Además, ¿por qué sólo dos? ¿Acaso esos irresponsables no saben lo riesgoso que puede ser dejar a dos personas del sexo opuesto solas en un salón de clases? Voy a presentar una queja al respecto…

Sakura definitivamente no podía seguir muy bien el hilo de la conversación. ¿A dónde iba todo eso? Aquella chica sin duda parecía otra. Era como si fuera otra Meiling diferente de la que había conocido el día anterior.

—He sabido que en muchas escuelas normalmente es un grupo de 3 estudiantes. Si es así, ¿dónde está el otro? ¿Y lo hacen por apellidos o es al azar?

—No sé, creo que es por apellidos, aunque a veces también parece que es al azar —Sakura se encogió de hombros.

—¡Silencio! No te preguntaba a ti. El punto es que hay un problema al escoger a los grupos del aseo. Definitivamente un Li debería estar en grupo con otro Li.

—Meiling, es suficiente, no le hables así; te recuerdo que no estás en China ni con un subordinado de los Li — Syaoran intentó mostrar un poco de paciencia, aunque su mandíbula parecía tensa.

—¡Pero Xiao Lang…! —Meiling continuaba molesta por alguna razón—. Ahora que estoy aquí van a tener que reacomodar las cosas conforme a la nueva lista. Li Meiling está antes que Li Syaoran, así que no me vas a negar que Kinomoto y tú ya no tienen por qué hacer pareja para su proyecto de física, y definitivamente no limpiarán el salón juntos después de clase.

—Quizá no querían ponerte a trabajar en tu primera semana de clase para que tuvieras oportunidad de unirte a algún club —analizó Sakura.

—Deja de decir tonterías, ¿quieres? No, tú no —se disculpó Syaoran con Sakura al verla voltear extrañada—, le decía a Meiling.

La aludida se puso roja cual grana y Sakura continuó limpiando con su plumero. El aire estaba muy tenso y prefería no mirar a ninguno de los dos. En primer lugar, no comprendía por qué Meiling estaba tan angustiada, aunque suponía que alguna razón debía tener. Mejor no meterse en esos problemas, pensó.

—Pues de cualquier manera hablaré con el profesor, y dame eso… —en un veloz movimiento arrebató el plumero de la mano de Sakura y comenzó a sacudir enérgicamente con él—. Puedes irte a casa, Kinomoto, yo terminaré esto junto con Xiao Lang.

—Fue suficiente Meiling —Syaoran dejó la escoba a un lado y caminó hacia su prima, quien se quedó mirándolo pasmada—. Si no vas a respetar a Kinomoto, será mejor que salgas de aquí.

—¡No! Por mí está bien, de verdad —Sakura intentó suavizar las cosas, viendo que el ambiente estaba cada vez peor entre los dos primos—. Además, realmente tengo que apurarme para llegar a una parte —lo miró, sabiendo que él entendería que se refería a su empleo—. Si les parece justo y tú así lo prefieres, tú puedes tomar mi lugar —se dirigió a Meiling— y la próxima vez yo tomaré tu lugar.

—Trato, ahora ve a tu casa —Meiling se apresuró al ver la oportunidad, aunque no podía dejar de sentir algo desagradable respecto a esa chica. Una parte de ella le decía que ya la conocía, pero aquello era imposible al no llevar más que un par de días en Japón. Pero eso no era lo más inquietante y lo reafirmó al contemplar a Syaoran, quien observaba a la castaña con el ceño fruncido mientras ésta acomodaba su maletín y lo cargaba con una mano para despedirse rápidamente de ellos y desaparecer (prácticamente huir) por la puerta.

—¿Por qué me hablaste así en frente de una extraña? —se dirigió a Syaoran una vez Sakura hubo salido del lugar—. ¡Incluso la pusiste por encima de mí!

—No hice eso —masculló Syaoran y volvió a tomar la escoba que había dejado por un momento—. Además, tienes que aprender a respetar a las personas y a no querer cambiar las cosas por un simple capricho. Kinomoto y yo estamos juntos en un proyecto y no se te ocurra hacer algo al respecto, pues ya empezamos a trabajar y no quiero que metas tus narices en eso ni en nada más.

—¡Pero tú eres mi prometido! —insistió la morena—. Apuesto a que ni ella ni nadie lo sabe, ¿por qué no se lo has dicho? ¿Qué tal si ella u otra intenta algo contigo? Yo no…

—Escúchame bien Meiling: aquí sólo soy un estudiante y nada más. Para los demás no existe el clan Li ni quiero que sepan al respecto, y eso incluye… esto —hizo un ademán, refiriéndose al compromiso—. Si vas a quedarte en Japón va a ser bajo estas reglas: olvídate de hablar y actuar como si los demás fueran tus subordinados. No estás en China ni en la casa principal, así que comienza por respetar a los demás.

—Pero Xiao Lang…

—Y mañana mismo te disculparás con Kinomoto.

—¡Pero Xiao Lang, ella…!

—Tienes que aprender a ver tus faltas y a pedir perdón; va a ser un buen primer paso para ti, ya lo verás —y casi sintió ganas de reírse de sí mismo: para él lo había sido.

(1) Período Edo (También conocido como Tokugawa o Edo-Tokugawa). Comprende entre los siglos XVII y XIX de la historia de Japón. Es una simple expresión para declarar que algo es muy antiguo o pasado de moda.

(2) Es regular que los estudiantes en Japón colaboren con las labores de aseo de sus salones. Según algunas fuentes que consulté, esta costumbre viene desde tiempos de guerra y crisis económica, pues las escuelas (sobre todo de gobierno) tenían que ahorrar y no había dinero para contratar personal de mantenimiento, por lo que se establecieron programas para que los estudiantes lo hicieran y desde entonces quedó como parte de la formación, pues además fortalece la conciencia colectiva de los chicos.

Notas de la autora: ¿Ahora tocará a Meiling aprender la lección? Me pregunto si realmente lo hará.

En este capítulo se aclararán algunas dudas recurrentes que vi en sus comentarios: Eriol es el prometido de Fuutie. ¿No se supone que ella tiene 23 y él 16? Pues sí, así es, pero es un matrimonio arreglado y hay bastante detrás de esto que por ahora no puedo mencionar. Por otra parte, Sakura definitivamente es la persona más despistada que puedo imaginar al no darse cuenta del por qué de la actitud de Meiling, pero es parte de su esencia y ya verán a dónde nos dirige esto.

Recuerden que sus críticas, sugerencias y demás comentarios serán siempre bienvenidos aquí o a mi cuenta en Facebook: Isis TemptationPrincess. ¡Hasta la próxima!