4. Más que lecciones de física

—¡Sale un kushiage (1)! —escuchó Sakura al entrar a la cocina e inmediatamente el plato cayó casi por sí solo en sus manos en lugar de ir a parar a la barra de los platillos que salían uno tras otro.

—Eh… ¡Gracias! —le sonrió al cocinero y aprovechó para pasarle una nueva orden. El hombre frunció el ceño un poco.

—Últimamente está viniendo más gente de lo normal. A este paso voy a necesitar un ayudante de cocina… por lo menos.

—Tienes razón Yagami-san. Casi no veo que tengas un tiempo de descanso y creo que lo necesitas —pero vio que el ceño del varón se intensificaba—, ¡Perdón! Quiero decir que cualquiera necesita un descanso, no solamente tú. Etto…

—Está bien, ya te entendí, ahora vete —gruñó el hombre y vio desaparecer al mesero por la puerta. No obstante, el gesto de su entrecejo no se desvaneció. ‘Ese chico nuevo es muy raro’, pensaba, y es que sus actitudes simplemente no parecían muy normales. Era como si el muchacho se esforzara por no meter la pata en cada cosa que decía, cosa bastante explicable en alguien que empieza en un nuevo trabajo, pero por otro lado tampoco le paraba la boca, lo cual era un tanto contrastante con la actitud anterior. ‘Es como mis hermanas’ pensó durante un segundo y la idea le revolvió instantáneamente el estómago.

—Yagami-san… la sartén —advirtió Yuta a su lado.

¿En qué momento entró este ti…?’ —¡Ah, los takoyaki (2)! —él mismo se interrumpió en sus pensamientos al entender que el joven mesero señalaba con un dedo el platillo de pulpo que se estaba quemando.

Mientras limpiaba ese pequeño desastre y trataba de evitar los que estaban por ocurrir en el resto de las ollas y sartenes, Suzume Yagami decidió que ése no era el mejor momento para ponerse a analizar cosas que no eran de su incumbencia.

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—¡Hola Akira! —saludó Yamazaki cuando el aludido se acercó a la mesa para pedir su orden.

—Buenas tardes Takeshi-kun, Syaoran-kun —Sakura les sonrió a ambos por igual. No los había vuelto a ver desde aquella cita triple, el viernes por la noche, y ya era martes—. Ayer se les extrañó por aquí —en realidad se refería a las pobres muchachas que habían asistido con la misma puntualidad de siempre solamente para encontrarse con que el codiciado chino no había hecho acto de presencia en el restaurante.

—Sí, fue un día pesado —respondió Takeshi—. De hecho, hoy también tenemos mucho trabajo y yo sugerí que fuéramos a hacer tarea a mi casa y pidiéramos una pizza o algo de comida a domicilio, pero cierta persona insistió en venir porque quería hablar de algo contigo —su mirada delatora se dirigió paulatinamente hacia Syaoran.

—¡Oye! —se exaltó el ambarino, portando un ligero y embarazoso rubor en sus mejillas.

—¿En serio? ¿De qué querías hablarme Syaoran-kun?

Syaoran alzó la mirada hacia el mesero al escuchar su nombre. Vio aquellos alegres ojos verdes detrás de esas gafas y se sintió ligeramente cohibido. Aquel muchacho parecía exudar vitalidad con sólo un gesto y a veces se mostraba bastante amigable, aunque de alguna manera eso no se sentía como una pieza fuera de lugar ni le incomodaba realmente.

—Yo… —lo que sí le incomodaba era lo que tenía que decir a continuación. Había pasado algunas horas del fin de semana y parte del lunes y martes pensando en aquello y eso sólo lo hacía más difícil.

—Dime —Akira esperaba con esa misma expresión en la cara.

—Es sobre el viernes. Yo… —dudó—, estuve pensando en lo que me dijiste.

—¡Ah, eso! —Akira rió un poco—. Perdón, creo que dije muchas cosas.

—No, en realidad no. Todo lo que dijiste era verdad —Li desvió un poco la mirada—, sólo que me costó un poco de trabajo…

—Disculpe mesero —un comensal en la otra mesa llamó la atención de Akira y éste le hizo una señal indicando que pronto estaría con él. Syaoran miró entonces su reloj: no faltaba mucho para el cierre.

—¿Tienes un poco de tiempo cuando termines tu turno? —Akira asintió.

—Y aprovechando que estamos aquí ¿me puedes traer un poco de soba y katsudon (3)? ¡Y él quiere takoyaki junto con su jugo de zanahoria! —habló Yamazaki, señalando al chino—. Él mismo me lo dijo en el camino para acá, así que puedes hacerme caso.

—¿Entonces… está bien takoyaki? ¡A mi gato le encantan! —sonrió Akira. Syaoran dejó escapar un suspiro resignado y se encogió de hombros.

—Sí, lo que sea está bien.

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—Espero no haberme tardado demasiado —se disculpó en cuanto los vio en la banqueta, recargados contra la pared del mismo restaurante. Ellos habían terminado su comida un poco antes de que acabara su turno, pero se habían quedado a esperarla afuera del lugar.

—No te preocupes —sonrió Yamazaki con sus ojos eternamente cerrados—. Lo importante es lo que Syaoran te quiere decir.

—Ya cállate —fue bruscamente interrumpido por el aludido. Sakura los miró a ambos, un tanto confundida.

—Syaoran-kun, si quieres hablar de lo que pasó el viernes, quiero decirte que me alegró mucho que hayas decidido cambiar de opinión y te hubieras quedado con nosotros. Al final lo pasamos muy bien, ¿no les parece?

—¡Claro! Por cierto, gracias por ir Akira; la próxima vez que haga una cita triple definitivamen…

—Ni se te ocurra volver a hacer una cita triple —advirtió Syaoran haciendo reír a la ojiverde.

—A mí no me molestaría, creo que fue muy divertido.

—Te llevaste muy bien con Daidouji-san ¿cierto? Quizá la próxima vez ustedes dos…

—Está bien, tenemos cosas que hacer, así que acabemos de una vez con esto —Syaoran decidió poner fin a la conversación de Takeshi y se dirigió a ella—. Akira-san, sólo quería decirte que todo lo que dijiste el viernes era cierto. Yo mismo lo he pensado antes… muchas veces, así que supongo que sí es verdad —se encogió de hombros—, pero… creo que necesitaba que alguien más me lo dijera para darme cuenta de eso.

—Nunca antes le habían hablado así —sonrió Takeshi. Era extraño: parecía que siempre, no importando qué dijera, ese chico mantenía exactamente la misma sonrisa extraviada—. Normalmente nadie se atrevería a retar así al futuro jef…

—Hey… —advirtió Li frunciendo el ceño y regresó su atención a Sakura, quien parpadeó de curiosidad ante lo que el otro iba a decirle—. Sólo quería agradecerte que lo hicieras Akira-san. No me he podido quitar de la cabeza todo lo que me dijiste y creo que no podré… —se metió las manos a los bolsillos—, a menos de que lo enfrente y haga algo al respecto.

—Eso quiere decir… —Sakura sonrió ante la perspectiva— ¿Qué ya no lo harás?

—Bueno, me gustaría poder ser más franco con las mujeres en lugar de… huir —se abochornó—, así que trabajaré en eso —no obstante el rubor, Syaoran echó la cabeza hacia atrás, como si se sintiera aliviado de confesar aquello.

—Me alegra mucho Syaoran —Sakura casi sentía ganas de abrazar a aquel sujeto, y no era para menos: definitivamente era un buen chico que quería resolver sus conflictos, pensó. Lo curioso era que Naoko estuviera enamorada de él sin conocer ese tipo de facetas. Aunque, pensándolo bien, la susodicha era mucho más observadora que ella, así que probablemente sí lo sabía—. Si hay algo en lo que te pueda ayudar, no dudes en decírmelo, ¿de acuerdo?

—Y tú no dudes en volver a llamarle la atención si hace algo mal, porque… —Yamazaki recibió una mirada asesina color ámbar— creo que eres el único que se atreve.

—¡Claro que lo haré! Y quizá no sería mala idea que volvieras a organizar una cita con esas chicas, así Syaoran podría practicar un poco —Sakura aprovechó el momento. Aquélla podría ser una muy buena oportunidad para su amiga Naoko.

—Oigan… —Syaoran llamó con voz severa la atención de ambos al ver que juntos comenzaban a fraguar un nuevo plan—. Un paso a la vez, ¿quieren?

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El sol de primavera entraba tranquilamente por la ventana, sumergiéndola en su calidez. En algún lugar de su mente aún podía escuchar las palabras del profesor, una siguiendo a la anterior de la misma manera monótona. Incluso sin tener sueño era prácticamente imposible sobrevivir a la clase de Física sin quedar dormida en el intento, máxime siendo ésta la última materia del día.

Peor aún teniendo sueño’ bostezó. Había tenido una semana un tanto agitada, pues los otros profesores parecían haber decidido que aún no tenían suficiente tarea y habían optado por dejarles diversas investigaciones y trabajos de entrega inmediata. Eso quizá no sería mayor problema si no tuviera un trabajo de medio tiempo, pero ése ya no era el caso, de manera que tenía que seguir su rutina: trabajar, limpiar la casa, hacer la cena y pasarse horas después de eso en la computadora haciendo sus deberes. Habían pasado ya dos días (dos noches, podría decir) así y, dado que apenas era miércoles, probablemente tendría que rezar para que el resto de la semana, o peor aún, del mes, no siguieran la misma rutina.

—Señorita Kinomoto, parece que mi clase no le parece interesante. ¿Le aburro demasiado? —un nuevo bostezo quedó rápidamente ahogado entre sus labios cerrados al escuchar la voz del profesor.

—¡No, claro que no, disculpe! —Sakura escuchó una queda risita general en el salón, que fue silenciada por el hombre para continuar con la clase.

—Hoy estás muy distraída, ¿segura que estás bien? —escuchó un susurro a su lado y vio a su compañera y mejor amiga mirándola con cierta inquietud.

—No he dormido muy bien esta semana, eso es todo —la tranquilizó con una sonrisa. Dirigió la vista al reloj de pared y vio que ya faltaban pocos minutos para terminar la clase. Suspiró con alivio: se acercaba la hora de salida y hasta el momento casi no llevaban tarea. Si las cosas en los siguientes 8 minutos salían bien, todo parecía apuntar a que finalmente tendrían un día prácticamente libre y tranquilo.

Primera ley de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal.

—Les tengo un aviso —el profesor terminó su explicación y fue a sentarse al escritorio—. Aquellos que sí pusieron atención en la primera clase que tuvimos recordarán que uno de los puntos de evaluación será un proyecto final —pausó un momento mientras se alzaba un quejido general en el aula—. Silencio, no se hagan los sorprendidos. Bien, ahora les traigo los temas y los voy a dividir en equipos de dos personas —un nuevo murmullo general se alzó en el grupo y se avistaron varias cabezas que se movían buscando a sus parejas—. Olvídenlo, ya sé que se quieren ir con el amiguito o la amiguita, pero esta vez no va a ser así. Los equipos irán de acuerdo a la lista.

—¡Ay no!— Sakura se unió al clamor general y miró con desolación a Tomoyo, quien le devolvió la mirada. Ambas sabían que Daidouji y Kinomoto estaban demasiado lejos en la lista como para que existiera alguna oportunidad. El mismo caso aplicaba para Mihara, Yanagisawa y Sasaki. Mientras el profesor acallaba una vez más al grupo y comenzaba a mencionar a las parejas de acuerdo a su apellido, Sakura se dirigió a Tomoyo—. ¿Qué voy a hacer si me toca con alguien tan malo como yo para las ciencias? ¡Va a ser un desastre!

—Vamos, Sakura…—Tomoyo se detuvo un momento para escuchar quién sería su pareja y sonrió satisfecha al constatar que se trataba de uno de los aplicados de la clase, al igual que ella—. Como te decía, no hay que ser pesimistas. Ya verás que te toca un buen equipo. Además, pase lo que pase, todo va a salir bien.

—Ojalá… —en ese instante la castaña puso atención al ver que se acercaba su nombre.

—Kinomoto y Li…— el profesor continuó la lista sin detenerse a ver la expresión de los dos aludidos. Tampoco le importó que la mitad de las mujeres del salón voltearan la cabeza para ver con envidia a la joven de ojos verdes.

La campana sonó justo cuando el hombre terminaba de mencionar a la última pareja. Luego se puso de pie y tomó su maletín para dirigirse a la puerta.

—Ya conocen sus equipos… y no vengan a quejarse y buscar cambios, porque no los hago. Como ya se acabó la clase, el viernes les daré los temas que van a tener que desarrollar.

Cuando desapareció del salón, éste se convirtió en un maremágnum de chicos levantándose de sus sillas y dirigiéndose a sus parejas. Algunos se veían felices y otros no tanto. Sakura comenzó a guardar sus útiles y vio de reojo que el chino se ponía de pie.

Ahora viene a hablarme para que nos pongamos de acuerdo. Creo que tengo que pedirle su teléfono y darle el mío para que podamos ponernos en contacto cuando sea necesario’ Sakura vio que aquél se acercaba y sonrió. Comenzaba a sentir que conocía a Li cada día un poco más, probablemente no como Sakura, pero al menos sí como Akira, y con sus experiencias hasta ahora podía decir que, contrario a lo que muchos en la escuela (incluyendo al club de fans) pensaban, él era un muchacho amable y de sonrisa cálida y sencilla. Además era muy inteligente y uno de los mejores de la clase, así que seguramente ambos lograrían un excelente trabajo y llegarían a llevarse muy bien.

—Hola Li —lo saludó con una sonrisa cuando éste llegó a su lugar. Lo miró desde su posición, sentada tras su escritorio. Como toda respuesta, el joven puso ambas manos sobre la mesa y se inclinó un poco para que ella pudiera escucharlo mejor:

—Ni se te ocurra arruinarlo —y, dicho esto con un tono mordaz, dio media vuelta y salió de su vista, dejando a una atónita Sakura boquiabierta tras de sí.

¿Quién es ese tipo y dónde está Li?’

—————

—¿En verdad Li te dijo eso? —Tomoyo, más que extrañada o sorprendida por el relato, parecía bastante divertida. Ambas caminaban hacia el salón de música al finalizar las clases para llevar a cabo la transformación diaria de la estudiante Sakura en el trabajador Akira.

—Sí, se me hace muy extraño.

—Quizá no debería sorprenderte tanto. Después de todo, Li es uno de los chicos más inteligentes de la clase, así que quizá está un poco estresado y preocupado por la nota del proyecto. Además me dijiste que te prometió ser más franco con las mujeres, ¿cierto? Quizás finalmente estamos conociendo al verdadero Li —sonrió su siempre gentil mejor amiga.

—Ése no es el “verdadero Li”, lo sé. Además, eso no es ser franco, más bien es… —Sakura meneó la cabeza al no encontrar exactamente lo que quería decir y bajó los hombros con pesadez—. Ya sé que soy mala para física —suspiró—, pero… tampoco tiene por qué exagerar y hablarme como si fuera a arruinarlo todo—dijo haciendo un mohín.

—Tranquila, ya le demostrarás que está equivocado si piensa así —la consoló su amiga dándole una palmadita en la espalda—, sólo tienes que esforzarte un poco y todo saldrá bien.

Sakura se encogió de hombros. Después de todo sonaba lógico y tenía que darle el crédito a su amiga, que en la mayoría de los casos terminaba teniendo la razón.

—Por cierto, hoy no tendremos ensayo en el coro, así que estaba pensando en acompañarte al restaurante y ver cómo trabaja el guapo Akira —Tomoyo cambió repentinamente el rumbo de la conversación y nuevamente esas extrañas chispas de alegría soñadora llegaron a sus ojos violetas. Cabe destacar que la castaña no podía evitar sentir un escalofrío por la espalda cada vez que eso sucedía.

—Sí, claro… —pasó saliva casi asustada— ¿Y por qué se canceló el ensayo de hoy?

—No tenemos pianista.

—¿Qué? Pero… —Sakura estaba segura de recordar que había uno, era un chico de cabello oscuro y un lunar cerca de la oreja…

—Kururugi-kun se fracturó la mano ayer. Tuvo un accidente en su bicicleta cuando regresaba a casa y tuvieron que ponerle una férula. El doctor dijo que no podrá tocar por varias semanas, así que por lo pronto no tenemos pianista para el recital de mayo. Por eso se cancelaron los ensayos para esta semana: la profesora está buscando a alguien que lo supla mientras Kururugi-kun se recupera.

—¿Un estudiante que toque el piano como Kururugi-kun? Creo que eso va a ser un poco… —Sakura no necesitó terminar la frase, pues su amiga asintió con el mismo gesto de pesadumbre que ella misma tenía: ambas sabían que las probabilidades de encontrar otro estudiante de la misma escuela que contara con el talento del herido pianista iba a ser muy difícil.

—Disculpen —una voz a sus espaldas interrumpió sus pensamientos y ambas voltearon para ver a un joven de blanca tez, oscuro cabello y ojos azules detrás de unos lentes que se acercaba pausadamente hacia ellas—, no pude evitar escuchar un poco de su conversación. Me parece que el coro está pasando por algunos problemas, ¿es cierto?

—Hola Hiragizawa-kun —sonrieron las mujeres saludando al recién llegado—. Sí, es cierto, ¿Por qué? —preguntó Tomoyo.

—Entonces, si aún no encuentran a alguien y me lo permiten, me gustaría intentar tocar para el coro.

—¿Tú… tocas el piano?— fue Sakura la más sorprendida, aunque la otra joven no se quedaba atrás por mucho. El inglés asintió tranquilamente con la cabeza.

—Estoy seguro de que no soy tan bueno como Kururugi-san, pero podría intentarlo.

Las dos se miraron, seguramente pensando lo mismo. Ninguna sabía con anterioridad que el muchacho tuviera otras habilidades además de las listadas en la página de su club de fans.

—Perdón, creo que esto es algo que debería hablar directamente con su profesora, ¿verdad? —sé disculpó él y parecía estar próximo a despedirse, de manera que Sakura lo detuvo.

—Espera, ¿por qué no nos muestras un poco como tocas? Así Tomoyo podría hablar con ella.

Los otros dos estuvieron de acuerdo, pues ya se encontraban a escasos pasos del salón de música y Tomoyo ya tenía la llave en su mano, de manera que entraron los tres y cerraron la puerta tras de sí para evitar molestias. Entonces Daidouji quitó la manta que cubría el negro piano de cola que había en la habitación y le señaló el taburete del mismo color a Eriol quien, ni tardo ni perezoso, se sentó sobre él y comenzó a pasar sus dedos sobre las teclas, probando su sonido.

—Es un piano excelente —sonrió hacia las otras dos, quienes tomaron asiento en un par de sillas que había a escasos dos metros—. ¿Qué creen que debería tocar?

—Lo que tú quieras, no importa —Sakura estaba a la expectativa, al igual que Tomoyo, aunque esta última se reservaba un poco más su optimismo. Eriol asintió en señal de entendimiento y regresó su atención al piano, cerrando los ojos un momento, como si tratara de rescatar alguna melodía de su cabeza, pues no parecía interesado en el par de hojas con partituras que descansaban sobre el instrumento. De pronto pareció encontrarla y abrió los ojos para observar sus manos mientras las colocaba en la posición adecuada.

La melodía comenzó apenas un segundo después. Era una tonada muy suave y gentil, pero con un ligero toque onírico que Tomoyo no tardó en reconocer como uno de los nocturnos de Chopin (op. 9, no. 2, para ser precisos), aunque Sakura igual la disfrutó no teniendo idea de cuál sería el título de ese pequeño pedacito de cielo, pero sabiendo que no era la primera vez que la había escuchado en su vida.

El inglés también se deleitaba con el sonido que provocaban sus propias manos. Se veía en sus ojos semi cerrados y en la soltura de sus hombros, así como en la manera en la que su cabeza parecía seguir el vaivén de la música. Tomoyo vio esto con una sonrisa floreciente y supo que era él. Definitivamente Eriol Hiragizawa tenía que ser el pianista para el esperado recital, e incluso podría convertirse en alguien imprescindible para el concurso de coros en verano. Existía una belleza indescifrable en las notas creadas por sus manos y no sólo escucharlo era especial, sino el simple acto de verle tocar provocaba un sutil pero agradable placer, como si su cuerpo entero vibrara y reflejara la música que viajaba tan armoniosamente a los oídos del afortunado oyente. Además, se encontraba el hecho de que había elegido tocar una obra sutil y cautivadora que llegara sin mayor trámite al alma en lugar de algo más vivaz e impactante que pusiera más hincapié en la habilidad del pianista y no en su estilo y sensibilidad.

—Es realmente precioso —susurró Sakura conmovida cuando la melodía llegó a su fin. Eriol pareció satisfecho con aquella opinión y miró a Tomoyo, quien no podía (ni quería) borrar la sonrisa de su cara.

—Estoy segura que a la profesora le encantará. ¿Tienes tiempo de quedarte hoy para hablar con ella?

—No hay problema —no obstante, había algo extraño en el joven. Se trataba de esa sonrisa que él parecía portar a dondequiera que fuera y bajo cualquier circunstancia. No era una sonrisa entusiasmada, como la de Sakura, ni cautivada como la de Tomoyo. No era precisamente alegría lo que expresaba, sino un cierto grado de satisfacción y un indiscutible velo de misterio. No en vano algunos estudiantes decían que aquel extranjero guardaba muchos secretos tras de sí. Era ciertamente algo intrigante, pensaba Daidouji.

—Entonces… —Sakura miró su reloj y alzó ambas cejas— ¿por qué no se quedan ustedes dos y platican con la profesora? Yo tengo que irme ahora, tengo… tengo algunos asuntos pendientes —titubeó. Tomoyo supo inmediatamente a qué se refería, dándose cuenta de que el tiempo había pasado demasiado rápido y a su amiga solamente le quedaban unos 20 minutos para cambiarse a toda velocidad y salir corriendo hacia el trabajo. Se puso rápidamente de pie al ver que la castaña hacía lo mismo y caminaba a la salida, pero ésta la detuvo y le aseguró que ella podría arreglárselas sola, cosa que no quedó muy confirmada, pues la joven Daidouji tuvo que alcanzarla a la salida del salón para entregarle la bolsa donde se encontraban la peluca y el vestuario, así como todos los demás aditamentos que Sakura necesitaría para personificar una vez más al apuesto Akira.

—Me da la impresión de que las interrumpí en algo que tenían pensado hacer juntas —se disculpó Eriol al verse a solas con Tomoyo, quien negó tranquilamente con la cabeza.

—Sólo iba a ayudar a Sakura a hacer algo, pero estoy segura de que podrá lograrlo sola sin problemas.

—Si quieres, puedes ir con ella y yo me encargo de buscar a la profesora…

—Descuida, confío en Sakura: si ella dice que puede, sé que lo hará y eso no tiene nada de malo —le aseguró y zanjó aquella discusión por completo. Entonces regresó al lugar que antes había ocupado y miró el piano, que de repente parecía como si le perteneciera al ojiazul y a nadie más—. Dime, ¿hace mucho tiempo que tocas?

—Aprendí desde que era chico, aunque hace un par de años que dejé de practicarlo con la misma frecuencia y me parece que eso ya se nota —Eriol acarició las teclas como si fueran mansas aguas. Tomoyo estaba empero en desacuerdo con eso. En su opinión no había defecto alguno en el estilo y la técnica del chico, aunque sabía que no era bueno discutir al respecto.

—¿Y crees que tendrás tiempo de venir a ensayar todos los días con nosotros? Sé que estás en el equipo de natación y no estoy segura de que puedas hacer las dos cosas al mismo tiempo.

—En realidad no sería al mismo tiempo, así que no creo que haya problema.

—¿No entrenas en la tarde? —Tomoyo arqueó una ceja y el otro inclinó la cabeza.

—El entrenamiento oficial es por la mañana, antes de entrar a clases.

—¿Antes?

—De 6 a 8.

Tomoyo ahogó una exclamación. ¡Eso era demasiado temprano! ¿Cómo podían esos chicos pensar siquiera en meterse al agua a esas horas? Además, para empezar a las 6, no tenía idea de a qué hora tendrían que levantarse (4). De sólo imaginarlo sintió ganas de bostezar. Ahora que lo recordaba, siempre se veía al varón con el cabello húmedo por las mañanas, pero nunca hubiera imaginado que él vendría de las duchas de la alberca.

—Entonces, ¿crees que no haya problema para que pueda tocar un tiempo con ustedes?

—¿Eh? —Tomoyo tuvo que regresar al presente—. No, estoy segura de que a la profesora y a todos les encantará tenerte con nosotros. Por cierto, ¿puedo hacerte otra pregunta? —él asintió—. ¿Por qué no habías venido antes? Quiero decir: si querías tocar para el coro o estar en el club de música de la escuela podrías haberlo hecho cuando quisieras, no tienes que esperar precisamente a que el pianista se lesione y necesitemos un sustituto.

—Lo sé —sonrió Eriol, esta vez más relajado—, sólo que he estado entrenando doble sesión y eso ocupa mucho de mi tiempo, pero ahora que las estaba escuchando hablar sentí curiosidad. Después de todo, no se acercan competencias y es bueno que baje un poco el ritmo y entrene solamente por la mañana.

Entonces sí está entrenando también por las tardes’ Tomoyo no pudo ocultar su sorpresa. ¿De dónde obtenía aquel sujeto tanta energía? Parecía siempre tan tranquilo y ecuánime que era muy difícil imaginar que debajo de aquel estudiante modelo existía también un gran atleta.

—Por otro lado —continuó él—, hace mucho que no toco para algún público y creo que eso podría ser un buen reto, pues definitivamente no es lo mismo practicar a solas en casa, aún si fuera todos los días. Por eso me llamó la atención y decidí que sería agradable intentarlo, ¿no te parece Daidouji?

—Creo que sería un desperdicio que no lo hicieras con el talento que tienes. Así que, si ya estás decidido, ahora sólo tenemos que ir a buscar a la profesora… —se puso de pie y él estuvo a punto de imitarla, pero entonces ella pareció pensarlo mejor—. Pero antes… ¿crees que podrías tocar otra pieza para mí? —sabía que corría el riesgo de parecer caprichosa, pero no podía resistir las ganas de escuchar otra melodía como la anterior. Él pareció complacido al ver su rostro expectante y sin dudarlo dos veces se acomodó nuevamente en el taburete.

—Por supuesto, pero esta vez sería agradable que me acompañaras cantando —la miró con una incógnita y ella titubeó, pero finalmente accedió a hacerlo—. Perfecto, entonces te toca elegir la canción.

—————-

Sakura suspiró al momento de verse frente a la puerta de su casa. Era sábado y originalmente había pensado pasar el resto del día con sus amigas después de la escuela, pero su gloriosa tarde de descanso y diversión estaba a punto de irse al caño sin siquiera haber empezado. ‘Todo por culpa de ese proyecto’ farfulló mentalmente al introducir la llave en el cerrojo y tomar el pomo con una mano. Miró de reojo al muchacho que esperaba su lado, el cual no había retirado ese notable ceño de su cara desde el momento en que se encontraran a la salida del instituto para emprender el camino hacia su casa. Después de la repartición de temas el día anterior, habían acordado comenzar a trabajar en el proyecto lo antes posible y ella había propuesto su casa para hacerlo.

—Bienvenido a la casa de la familia Kinomoto. Pasa —intentó decir algo amable y trivial al sentir la tensión en el aire. Era algo terriblemente frustrante no saber cómo dirigirse con alguien con quien en realidad hablaba todos los días con toda la tranquilidad del mundo estando detrás de unas gafas y bajo una peluca, pero la actitud del chico era simple y sencillamente la de una persona que ella no reconocía. ¿Quién diría que se trataba del mismo tímido y amable Syaoran que siempre tomaba un jugo de zanahoria en el restaurante mientras jugaba a tirar miradas asesinas a su mejor amigo? Nadie (ni siquiera él mismo) podría adivinar que entre ellos existía un pacto para que éste modificara su comportamiento con las mujeres.

Aunque no parece estar funcionando muy bien…’

—¿Quieres algo de comer o beber antes de empezar? —preguntó descalzándose y viéndolo hacer lo mismo.

—No, gracias —definitivamente sus respuestas eran muy escuetas, pensó Sakura, pues todo cuanto había dicho camino a casa se limitaba a monosílabos y una que otra “frase” de 2 o 3 palabras.

—Etto… creo que mejor vamos directo al estudio. Sígueme —y con esto lo guió por el pasillo y pasó de largo las escaleras para llegar a una puerta que la chica abrió, tras la cual se encontraba una habitación con dos amplios escritorios con sus respectivas sillas, uno de ellos ocupado por una computadora de reciente modelo, el otro con algunos libros apilados encima de manera ordenada. Una de las paredes estaba oculta tras un librero lleno de múltiples ejemplares, muchos de ellos enciclopedias; otra pared servía más bien de marco para una amplia ventana que se extendía a todo lo largo y permitía una muy favorable entrada de luz; de otra pendía un tabloide de corcho con innumerables recortes de artículos de periódico y revista, así como fotografías, todos prendidos con tachuelas. Finalmente quedaba una pared, la de la puerta, que parecía desencajar un poco, cubierta parcialmente por diversos retratos familiares que se veían más llenos de vida de lo normal en contraste con el sobrio ambiente del resto de la habitación.

—Era el estudio de mi padre, aunque ahora lo utiliza mi hermano para sus trabajos de la facultad, pero no te preocupes, hoy salió y podremos trabajar sin problemas —dijo Sakura mientras quitaba la pila de libros para colocarla en una mesita cercana.

—Saqué algunos libros de la biblioteca —Li colocó su maletín sobre uno de los escritorios y se dispuso a sacar de éste dos ejemplares.

—“Tecnología de las energías renovables”, “Guía completa de la energía eólica”— Sakura leyó el título de ambos libros y suspiró haciendo un puchero mientras tomaba una silla para descansar: las ciencias exactas nunca habían sido su fuerte—. Ni siquiera sabía que teníamos libros así en la biblioteca de la escuela. De cualquier forma, ¿por qué el maestro nos dejó ese tema? ¿Qué rayos tienen que ver las energías renovables con la física? ¡Odio la física…! —esto último lo agregó sin pensarlo y apenas en un susurro, como para sí misma, aunque el chino alcanzó a escucharla estando cerca de ella.

—¿Qué tienen que ver las energías renovables con la física? ¡Todo! —Sakura se sobresaltó ante la manera cortante con la que habló él— ¿Conoces siquiera la definición de energía? ¿O sabes las leyes que rigen el funcionamiento de un generador eólico o de una celda fotovoltaica? ¡Es física pura!

—Yo… no lo sabía —contempló con ambos ojos muy abiertos al aparentemente irritado joven.

—Es más: la energía eléctrica común, ésa con la que enciendes los focos de tu casa o tu computadora para chatear con tus amiguitas es producida gracias a que los ingenieros conocen la física de su funcionamiento. ¿Necesitas más pruebas? —por alguna razón, Syaoran parecía cada vez más molesto—. Las pilas de tu celular, o las de la cámara con la que tu amiga Daidouji te toma fotos todo el maldito día, existen gracias a que alguien descubrió cómo hacer fluir en una misma dirección los electrones en una celda con ácidos y metales conductores, ¡Eso también es física! —y la miró entonces con dos ojos flameantes—, pero claro que tú no lo sabes, porque lo único que te interesa es ser una tonta niña bonita y que tus amigas no dejen de hablar sobre lo linda que eres y tomarte fotos, estar en el equipo de porristas y ser popular y salir los fines de semana a ver películas sin trama con un montón de chicas huecas que no tienen otra cosa mejor qué hacer. No, por supuesto que la física no te interesa, ni tampoco la escuela. ¿Por qué demonios tenía que tocarme hacer equipo con alguien que se la pasa durmiendo en clase? —Li entornó los ojos al techo y se dejó caer pesadamente sobre la otra silla.

La habitación quedó en silencio. Sakura podía escuchar aún el eco de sus palabras, incluso podía ver sus ojos iracundos mirándola todavía, todo repetido una y otra vez en cámara lenta. Comenzó a sentir un borboteo trepando desde su estómago hasta su garganta, algo caliente, algo hirviendo dentro de ella. Era una sensación que recordaba haber sentido antes, cuando era una niña pequeña, débil e ingenua. Quizás aún era ingenua en muchos aspectos, pero una cosa sabía muy bien: débil ya no era y no iban a volver a verle la cara ni a burlarse de ella así.

—Escúchame muy bien, Li… ¡mírame cuando te hablo! —contra su voluntad, el chino se sobresaltó al escuchar aquel tono de voz e instintivamente volvió el rostro para mirarla—. Tal vez no soy la mujer más inteligente, pero tonta no soy y nada ni nadie te da el derecho de hablarme como si lo fuera. Podré no saber muchas cosas que tú sí, pero igualmente existen muchas cosas que tú ignoras y yo conozco —se puso de pie sin siquiera darse cuenta y lo miró desde su altura—. ¿Crees que sacar siempre notas altas te hace más inteligente? Si piensas eso, entonces en realidad eres un idiota. Mi padre me enseñó que la vida no te califica por notas, sino por las lecciones que aprendes, y si eres capaz de creer que eres superior por conocer algunas fórmulas y tecnicismos más que otros, entonces quiere decir que aún te faltan muchas lecciones por aprender, porque sólo un ignorante piensa que lo sabe todo.

—¿Quién te crees que…?

—Te dejé hablar hasta el final, así que ahora me vas a escuchar —Sakura fue muy clara, haciendo callar al chino—. Escucha: tú podrás ser más listo que yo, pero allá afuera hay millones de personas mucho más inteligentes que tú y espero, por tu bien, que no sean tan inmaduras como tú ni quieran pisotearte la cara como tú lo estás intentando hacer conmigo. Sé que no soy buena para las matemáticas ni la física… ni para muchas cosas, pero eso no me hace inferior a ti, sólo diferente… —Sakura apretó ambos puños y se acercó a él sin saber realmente para qué— ¡Y no soy un monstruo! —gritó con todas sus fuerzas.

La habitación quedó una vez más en silencio. Syaoran abrió la boca un momento para replicar algo, pero volvió a cerrarla enseguida. Lo único que se escuchaba en esos instantes era la respiración agitada de Sakura, quien permanecía de pie y con ambos puños apretados a sus costados, con el rostro colorado de emoción y sus ojos verdes emitiendo fuego. Li la contempló por un momento más y el ceño en su frente se profundizó. Entonces, sin decir palabra, el varón se incorporó y recogió su maletín dejando los dos libros sobre el escritorio. No se despidió ni volvió a mirar a la castaña. Simplemente caminó hacia la puerta y salió por ésta sin cerrarla tras de sí. Sakura tampoco se molestó en mirarlo y se conformó únicamente en escuchar cómo la puerta del frente se abría y cerraba al salir el chino de la casa.

—¡Idiota! —pateó el escritorio de madera sólida e inmediatamente se arrepintió de haberlo hecho con aquellas sandalias. Soltó un grito y se dejó caer al piso sujetando su pie adolorido, respirando rápidamente mientras intentaba aguantar el dolor. Finalmente, después de lo que le pareció una eternidad, el dolor disminuyó por sí solo y ella se recostó sobre la alfombra, hiperventilada y ligeramente mareada.

—Un momento… ¿Por qué dije que no era un monstruo? —Sakura se preguntó en voz baja, abriendo los ojos para ver el techo. No se había dado cuenta, pero mientras discutía con el chino había sentido como si se liberara aquella niña Sakura que siempre deseó poder defenderse de las burlas de su hermano mayor. Efectivamente, al final no era sólo a Li a quien le hablaba, sino a un adolescente Touya Kinomoto.

—Bueno, de todas formas eso va para ambos —cerró ambos ojos y se cruzó de brazos.

—————–

La amable y entrenada voz resonó a través de las bocinas del aeropuerto invitando a los pasajeros del vuelo a Japón a subir al avión a tiempo para que el vuelo de las 15:20 horas no sufriera ningún retraso en su despegue.

—¡Vamos! Ése es nuestro vuelo, no podemos perderlo —la más joven de las dos mujeres que estaban sentadas juntas en las sillas de la sala de espera se puso de pie y tomó su equipaje de mano, usando su mano libre para tomar por el brazo a la mayor y apresurarla un poco.

—Estás muy ansiosa de ver a Xiao Lang, ¿verdad?

—¡Ya no puedo esperar! —solamente de escuchar el nombre del varón, la más joven, de hermosos ojos del color de los rubíes y cabello negro azabache sintió ganas de brincar—. ¿Y tú? ¿No quieres conocer a tu prometido?

La mayor le dirigió una sonrisa condescendiente. A diferencia de la otra, ella no había sido criada desde su infancia para ser la prometida de alguien de quien desde un inicio estaba perdidamente enamorada. Debía admitir que se alegraba mucho por Meiling, pues en los matrimonios arreglados eran muy pocos los casos en los que la conveniencia favorecía los deseos del corazón.

Su caso era muy diferente. A pesar de cumplir ya con 23 años, su matrimonio había sido arreglado apenas un año antes y ella bien podía contar con los dedos de una mano la cantidad de veces que había visto en toda su vida a su futuro marido. De hecho, desde que fue arreglado el compromiso, no se había encontrado con él aún.

—Fuutie, ¿sigues ahí? —Meiling Li estaba ahora a su lado, mirándola con esa suspicacia que la caracterizaba—. No pareces muy feliz de ir a Japón. Mira, no va a ser una semana ni dos; estamos hablando de que estaremos meses allárecalcó la palabra al hablar—, así que: si no estás segura…

Como siempre, la futura esposa del jefe del clan tenía que ir directo al grano. Fuutie se encogió de hombros.

—No te preocupes, sólo pensaba en tu pregunta. Creo que tú no lo sabes, pero sí conozco personalmente a mi prometido —declaró para sorpresa de la otra—. No mucho, pero al menos nos hemos saludado un par de veces.

—¿En serio?

—De hecho, tú también lo conoces —vio a la menor fruncir el ceño con incredulidad—. En serio, él ya ha estado en China y vino a la casa en una o dos ocasiones, pero quizá eras muy pequeña y no lo recuerdas… además de que nunca te interesó amistar con otro chico que no fuera Xiao Lang —no pudo evitar reír al ver el ligero sonrojo que aquello provocaba en Meiling.

—Pero tu hermano nunca me hacía caso —bufó la otra en broma—. Por cierto, ¿Crees que haya cambiado mucho en este último año? ¿Crees que me extrañe? —aunque ella nunca lo admitiría, existía temor y tristeza en esa mirada carmesí.

—No pienses en eso, ¡claro que Xiao Lang te extraña! —intentó consolarla Fuutie y decidió que era momento de distraer a su enamorada prima—. Oye, ¿qué llevas en esa bolsa?

—Lo normal: mi celular, algo para leer, mi pasaporte y lo que necesito para lavarme los dientes y retocarme un poco el maquillaje al llegar a Japón.

—Tienes razón. Por cierto… —Fuutie se llevó una mano al mentón en gesto pensativo—. ¿Sabes cómo le haremos para llegar a la casa cuando estemos en el aeropuerto de Tokyo? Se me olvidó preguntar la dirección…

No puede ser… ¿realmente no se le había ocurrido pensar en eso antes?’ Meiling entornó los ojos y se llevó una mano a la frente. Lo bueno era que al menos una de ellas se había pasado semanas planeando ese viaje, contrario a Fuutie, quien había hecho su maleta apenas el día anterior.

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Tomoyo tuvo que esforzarse por no bostezar. No quería quejarse, pues ciertamente era una fiesta muy linda y el lugar, que en realidad eran los enormes jardines traseros de una antigua hacienda japonesa, no podía ser más hermoso, pero lamentablemente no podía decir lo mismo del ambiente que se respiraba. Tampoco era que le sorprendiera, pues no era la primera vez que se encontraba en una fiesta de sociedad, rodeada de gente aparentemente más interesada en hablar de negocios o viajes a Europa que en cualquier otra cosa.

Había crecido en ese contexto, no podía negarlo, pero si le dieran a elegir indudablemente escogería estar en casa haciendo tarea o disfrazando de hombre a alguna de sus amigas en apuros (y no es que hubiera descubierto recientemente lo divertido que algo así podría resultar); en resumidas cuentas, preferiría estar en casi cualquier otro lugar que escuchando conversaciones y chismes absurdos sobre la hija del empresario Fulano de Tal que engañó al heredero de tal imperio con el nuevo director de la Corporación X. O quiénes son los nuevos ricos de sociedad y quiénes se fueron a la bancarrota… ¿realmente no tenían otro tema de conversación?

Y decían que las bodas no eran aburridas. A fin de cuentas, ¿para qué pasar por todo ese espectáculo si todos sabían que no durarían ni seis meses, de no ser porque las empresas de las dos familias protagonistas acababan de hacer una coalición muy importante?

Me pregunto qué estará haciendo Sakura ahorita’ suspiró. ‘Dijo que iba a estar trabajando con Li para…’ pero sus pensamientos se desvanecieron en un santiamén al ver aparecer frente a sus ojos, sin aparente explicación alguna, una enorme y suculenta fresa roja con una reluciente y exquisita cubierta de chocolate adornando la mitad de su llamativo cuerpo. Tomoyo parpadeó ante la súbita cercanía de aquella fruta que casi rozaba la punta de su nariz y se alejó instintivamente unos centímetros. Entonces descubrió que ésta era sostenida por un palillo y el palillo por una mano. Siguió con la vista la mano y subió por el brazo hasta llegar al cuello y finalmente a la cara. Cuál no sería su sorpresa al encontrarse frente a frente con un par de conocidos ojos azules.

—Noté que estabas un poco aburrida, así que pensé que algo dulce podría animarte un poco —comentó él por todo saludo.

—¿Qué haces aquí Hiragizawa-kun? —parpadeó al darse cuenta de lo bien que le sentaba al sujeto el sencillo, pero muy elegante modelo Hugo Boss en negro mate que realzaba su figura masculina con un exquisito toque de gallardía ‘Es increíble lo que un buen conjunto puede hacer por los hombres’, rió para sí.

—Supongo que lo mismo que tú: mis padres insistieron en que asistiera, aunque ellos sí encontraron muchos conocidos en este lugar.

—¿Y te estás divirtiendo?

Por toda respuesta, Eriol se encogió de hombros, aunque Tomoyo comprendió que eso era una negación. Al menos ahora le quedaba el consuelo de saber que no era la única.

—Aunque no puedo quejarme ahora que finalmente encontré a alguien con quien platicar —sonrió él y le extendió nuevamente la fresa, que ella tomó esta vez con una mano.

—Gracias —la probó—, está deliciosa ¿De dónde la sacaste?

—Es probablemente la única ventaja de estas “fiestas de sociedad”: siempre hay aperitivos o ricos postres esperando satisfacer a los invitados para que después nadie tenga que acordarse de cuán aburrida fue la reunión en realidad —Eriol le guiñó un ojo. Recordando que no había respondido a su pregunta continuó—. La robé de aquella mesa. ¿Quieres otra?

Tomoyo sonrió y asintió con la cabeza. Eriol le tendió una mano que ella tomó para ponerse de pie. De repente él tomó un plato limpio y tres de las servilletas de tela que había en la mesa, pertenecientes a otros comensales que en el momento no se encontraban ahí. Tomoyo lo miró con un gesto que variaba entre la sorpresa y cierto aire de reproche.

—¿Para qué quieres eso? —susurró, viendo en todas direcciones para saber si alguien lo había notado, aunque cada invitado parecía concentrado en sus propios asuntos. El otro no respondió, sino que nuevamente le guiñó un ojo, esta vez un tanto más misterioso, y emprendió una marcha con ella hacia la mesa de los aperitivos.

—¿Cuántas vas a querer? —preguntó, aunque probablemente cualquier respuesta por parte de ella resultaría inútil, ya que a ese punto el hombre ya había tomado al menos unas 7 fresas cubiertas de chocolate y otras 8 galletas de diversas formas y sabores, así como dos pastelillos de café. Todo esto logró acomodarlo magistralmente en el blanco plato que había tomado hacía apenas unos segundos. No obstante, todo lo que se le ocurrió hacer a ella, a pesar de que esta vez sí había un par de hombres comiendo canapés mirándolos desde el otro lado de la mesa, fue llevarse una mano a la boca para ahogar una carcajada.

—Parece que tienes iniciativa —aunque él pareció satisfecho ante la declaración.

—Listo. ¿Te apetece algo más?

—Creo que no —ella sonrió y él comenzó a andar, haciéndole señas de que lo siguiera. Totalmente divertida con la situación, Tomoyo decidió hacerlo y ambos caminaron alejándose un poco del bullicio de la reunión. Finalmente se adentraron detrás de unos enormes y frondosos árboles a un lado de un pequeño camino de piedras y se detuvieron justo enfrente de un apacible lago artificial.

—Éste parece un buen lugar, ¿no crees? —Eriol alzó el mentón, satisfecho. Tomoyo, en cambio, alzó una ceja dudosa.

—Un buen lugar ¿para qué? —aunque no era precisamente la belleza del lugar lo que ponía en duda, pues era ciertamente un paisaje hermoso: el lago, de mediano tamaño y aguas cristalinas con coloridos peces yendo y viniendo, se encontraba rodeado por una fabulosa cortina de distintos tonos verdosos con árboles de variadas especies, algunos en flor, otros simplemente verdes, e incluso una que otra conífera. Era algo que tranquilizaba los sentidos, así que Tomoyo incluso olvidó que había hecho pregunta alguna. Viendo el deleite con el que su compañera observaba el paisaje, Eriol se sonrió y colocó el plato sobre un montículo verde.

—Para un postre.

—¿Qué? Pero no puedo… —Tomoyo se mordió el labio inferior y miró su vestido. Sabía que no podía comportarse como una niña pequeña e ir ensuciando sus prendas jugando en el césped con sus amiguitos. No sólo por ella, sino que seguramente su madre Sonomi se volvería loca. No obstante el inglés no le dio oportunidad de replicar, pues rápidamente sacó dos de las servilletas que había tomado anteriormente y las extendió sobre el pasto. Al verse extendidas se podía notar que éstas tenían un tamaño bastante considerable para tratarse de simples servilletas.

—Así no se manchará tu vestido.

Tomoyo lo miró con sorpresa. Ese muchacho calculaba muy bien sus movimientos, de lo contrario no hubiera pensado en tomar las servilletas en primer lugar.

—Gracias, aunque con uno sólo estaré bien— rió, aún incrédula. La situación le parecía más cómica pero interesante a cada segundo —. Así tú te puedes sentar en el otro.

Eriol no se hizo del rogar y la ayudó a acomodarse sobre el cuadro de tela, luego de lo cual él tomó lugar a su lado. Acto seguido sacó la última servilleta y se la dio a ella, quien entendió el punto y la tendió sobre sus piernas, decidiendo que definitivamente sería mucho más interesante seguirle la corriente.

—Muchas gracias caballero.

—¿Y qué bocadillo desea en primer lugar nuestra distinguida dama?

—Creo que me gustaría probar el pastelillo de café.

—Pensé que preferirías guardar lo mejor para el final.

—¿Lo mejor? —ella alzó una ceja.

—Créeme: lo es —él guiñó un ojo y le dirigió una de esas extrañas y misteriosas sonrisas que tanto parecía dominar. Era definitivo: ese joven podía ser un sujeto muy agradable y de excelentes modales, aunque parecía divertirse de lo lindo manteniendo un aire de misterio respecto a su persona y casi todo cuanto él hacía, hasta algo tan sencillo como comer panecillos y galletas.

—————–

Se encontraba en el sofá cuando sonó el timbre de la casa. Por un momento pensó en no atender la puerta, pero por alguna extraña razón decidió que probablemente era su hermano quien estaba en el umbral, seguramente habiendo olvidado las llaves nuevamente.

—¡Voy! —dejó el libro sobre la mesa ratona y caminó al recibidor pasando junto a un dormido Kero, abriendo la puerta sin antes asomarse por la mirilla.

—Todavía tenemos un trabajo que hacer.

Sakura se quedó helada al verlo ahí, sus ojos color ámbar clavados en ella. De todas las personas, jamás hubiera considerado que se tratara de él, menos aún después de lo sucedido a mediodía. No obstante, a pesar de su sorpresa y sin saber realmente cómo ni por qué, se hizo a un lado para permitirle la entrada. Lo vio entonces pasar y quitarse los zapatos sin voltear a verla. Había tanta tensión en el aire, que casi se sentía como si pudiera tocarse con las manos.

—Etto… —ella pasó saliva, no sabiendo bien qué decir o cómo actuar— voy por un poco de agua. Puedes pasar al estudio de una vez si quieres.

—Kinomoto-san…— ella se detuvo. Li desviaba la mirada hacia el reloj de pared y un ligero rubor cubrió sus mejillas—. Yo… no creo que seas un monstruo.

—¡Ah, eso! —Sakura hubiera reído si fuera otra la situación y el ambiente no fuera tan incómodo. ¿Cómo le explicaría que eso lo había dicho de manera automática y sin siquiera notar que le hablaba como si él fuera su hermano?—. Etto… en realidad…

—Lo siento —finalmente los ojos del otro se encontraron con los suyos. Sakura sintió que se quedaba instantáneamente sin habla ante aquella expresión mortalmente seria de él. Sabía que él lo decía de corazón y estaba arrepentido, incluso ella lo estaba de haberle hablado así—. Tenías razón —continuó Li—, yo…

—Yo también lo siento. No quise llamarte idiota —Sakura se encogió de hombros, como si con aquel gesto quisiera hacer a un lado lo sucedido—. ¿Qué dices si mejor nos olvidamos de eso y tratamos de empezar de nuevo?

—¿Empezar de nuevo?

—Sí. Intentemos llevarnos bien, ¿quieres? No va a ser tan difícil si los dos estamos dispuestos a hacerlo —le tendió una mano en espera de una respuesta. Syaoran la observó por un instante, intentando descubrir sin éxito si había algo más allá de la sonrisa femenina. Finalmente un mínimo esbozo de sonrisa asomó por la comisura izquierda de sus labios y estiró el brazo para estrechar su mano.

—Trato hecho.

Ése sí es el verdadero Syaoran Li’ Sakura sonrió al recordar la conversación que Akira y Syaoran habían tenido el martes en el restaurante. Pensó que aquello y esto eran una muy clara muestra del esfuerzo que el chino estaba haciendo por mejorar.

Ambos se encaminaron por segunda vez en el día al estudio, aunque ella regresó corriendo a la sala por el libro que había dejado sobre la mesa. Cuando regresó, Syaoran notó con cierto asombro que se trataba de uno de los libros que había llevado más temprano.

—¿Lo estabas leyendo? —la castaña asintió alegre a su pregunta.

—Al menos ahora sé que la energía es la capacidad para hacer un trabajo —orgullosa, guiñó un ojo a su compañero, quien asintió con un cierto brillo agradable en su mirada.

—Creo que nunca te hubiera imaginado haciéndolo… —bajó la mirada, admitiendo su error al saberse equivocado—. Lamento haberme ido así. Por mi culpa perdimos medio día de trabajo, aunque veo que tú sí hiciste algo de provecho.

—Lo importante es que regresaste. Además, no es como si tuviéramos que entregar esto mañana o la próxima semana —ella lo animó.

—No, pero sí es un tema muy amplio y las leyes que involucra son un poco complicadas…

—¿Leyes? Pero…

—Leyes físicas —la tranquilizó él al ver que su rostro se congelaba en una expresión que bien merecía no ser olvidada tan fácilmente. Por alguna razón, ese simple hecho le pareció sumamente gracioso y tuvo que morderse los labios para no reír. De cualquier manera, Sakura se dio cuenta e hizo un pequeño puchero.

—Mejor iré prendiendo la computadora. Supongo que la vamos a necesitar.

—Sí —Li se ocupó entonces en observar nuevamente la habitación, esta vez con mucho más interés que la primera, y se detuvo al notar el tablón de corcho en una de las paredes. Se acercó a él para ver mejor. Tras fijarse algunos segundos en las fotografías y artículos de periódicos y revistas fijados en él, reconoció varios objetos e incluso algunas personas de las que en ellos figuraban—. ¿Eso es de tu padre?

—¿Qué? Ah, sí. Papá era arqueólogo y profesor en la Universidad de Tomoeda. A veces se traía el trabajo a casa y creo que esto es de la última investigación que estaba haciendo.

—¿Arqueólogo? ¡Increí…! —pero él mismo se interrumpió— ¿Era? —el chino se volvió hacia ella. Sakura asintió y se acercó también a la pared.

—Papá murió en enero, en Año Nuevo.

—Lo siento —Syaoran bajó la cabeza.

—No tienes por qué; tú no hiciste nada. Fue algo que pasó y que pudo pasarle a cualquiera, aunque al parecer le tocaba a mi papá… —durante una fracción de segundo, el semblante de la chica denotó tristeza, pero se recuperó en seguida—. La verdad es que lo extraño mucho, pero él nos enseñó siempre a no llorar por los que se van, sino agradecer porque alguna vez estuvieron aquí.

—Aún así debe ser muy difícil.

—Sí, pero también tengo a mi hermano y él a mí, y papá estará más feliz si seguimos esforzándonos para seguir adelante —la joven sonrió y colocó una mano sobre su hombro, mirándolo con sus cálidas y cándidas esmeraldas—. Gracias por preocuparte por mí, pero le prometí a papá que siempre daría mi mejor esfuerzo, así que puedes estar seguro de que lo haré.

—Yo… —sin darse cuenta ni poder evitarlo, un tenue calor subió al rostro del chino tras comprender aquellas palabras y sentir la cálida mano en su hombro— ¿Qué? ¡No, yo no estaba preocu…! —tosió y carraspeó—. Será mejor que empecemos de una vez a trabajar.

————–

Hacía horas que había caído la noche cuando por fin regresó al portal de su casa, no pudiendo pensar en otra cosa que una buena ducha y un muy merecido descanso. Suspiró relajado mientras sacaba de su bolsillo las llaves. Al menos había sido un sábado muy provechoso en casa de Kinomoto. No había resultado fácil en un inicio. Esa chica lo había hecho caer de bruces al suelo y le había herido el ego en lo más profundo con su inesperada confrontación, pero al final tuvo que admitir que él se lo había merecido con todas las de la ley. No quería olvidar su promesa con Akira, pero definitivamente ser sincero y ser irrespetuoso y prejuicioso no formaban parte de la misma familia.

Debía reconocer sus errores y aprender a disculparse, y comenzaba a pensar que no era algo tan terrible como lo había imaginado alguna vez. Al final, gracias a eso habían logrado ponerse de acuerdo respecto a varias cosas y pudieron dar algunos pasos importantes para encaminar bien su proyecto de física pese al poco tiempo efectivo que habían tenido para hacerlo. A decir verdad, a pesar del penoso inicio, las cosas habían salido mucho mejor de lo que se hubiera atrevido a imaginar.

Metió la llave y entró, relajando el cuerpo mientras se deshacía de los pesados zapatos y cambiaba a sus cómodas sandalias. Estaba tan cansado y tranquilo que no percibió la sombra que se deslizaba delante de él, hasta que levantó la mirada para caminar y se topó frente a frente con aquella persona.

—Me-Meili…

—¡Xiao Lang! —aquella chillona voz y un bulto colgando de improvisto de su cuello cortaron en seco su tartamudeo.

—Bienvenido a casa —esa otra voz que se acercaba también le era tremendamente familiar.

—Creo que debería ser yo quien les diera la bienve…nida. Meiling… me estás ahorcando —instantáneamente la aludida se soltó de su cuello. Syaoran miró a la otra, quien apenas aparecía en el recibidor.

—¡Vaya! Has crecido muchísimo en un año —se asombró la mayor.

—Ha sido un poco más de un año.

—Sí, pero… ¡Mírate! —de repente se sintió inspeccionado en tanto que las manos de su entusiasta hermana se movían con agilidad palpando sus hombros, pellizcando sus mejillas, midiendo sus extremidades, estimando su altura…

—¡Fuutie! —exclamó Syaoran azorado y con el rostro color grana cuando los inspectores dedos de la mujer llegaron a sus glúteos— ¡Ya no soy un niño, déjame!

—¡Ay, mi hermanito ahora tiene músculos por doquier! Siempre supe que serías una lindura —le guiñó un ojo—. Oye, ¿y tienes muchas seguidoras en tu escuela?

—No empieces, Fuutie— no llevaban ni cinco minutos y ya se estaba arrepintiendo de haber cruzado esa puerta y encontrarlas en su casa.

—Vamos Xiao Lang, responde: ¿tienes muchas seguidoras? ¿Acaso no saben que estás comprometido? —presionó Meiling esta vez con un tono mucho menos amigable que el de Fuutie.

—Esperen un momento, ¿quieren? —Syaoran se talló el entrecejo, comenzando a sentir una molestia en la cabeza—. En primer lugar, ¿cuándo…? Digo, ¿a qué hora llegaron? Se supone que debieron avisarnos para que pasáramos por ustedes al aeropuerto. ¡Ni siquiera sabía que llegarían hoy! —exclamó dirigiéndose a la sala y olvidándose de su ducha por completo—. Ese tipo no me dijo na… por cierto, ¿dónde está?

—¿Quién?

—El otro que vive aquí.

—¿Te refieres a tu primo Eriol? —recalcó Meiling el parentesco al notar que el castaño se empeñaba en evitarlo—. Pues no sabemos. Cuando llegamos no había nadie. De no haber sido por Wei nos hubiéramos quedado afuera.

—Y ustedes mismas hubieran sido las culpables. Una razón más para habernos avisado de su llegada —bufó Syaoran. Meiling hizo un puchero, pero la mayor simplemente sonrió.

—Tienes razón, es nuestra culpa. ¿A quién se le ocurre llegar en pleno sábado cuando seguramente ustedes ya tenían sus planes? Probablemente cada quien tenía una fiesta, o incluso una cita, ¿no? —ante esto, la mujer recibió una mirada casi asesina por parte de su hermano, quien anticipó lo que se venía:

—¡Xiao Lang! ¿Es eso cierto? Así que por eso llegas a estas horas de la noche —los ojos de Meiling se veían extrañamente más rojos de lo normal—. ¿Quién es ella? ¡Sabía que tenía que venir a poner orden aquí! Todos los hombres son iguales: nada más sienten un poco de libertad y ya están viendo detrás de qué faldas…

Y así continuó la perorata, aunque Syaoran decidió no prestar más atención. Incluso miró su reloj y se dio cuenta de que apenas eran las diez y media de la noche, así que ni siquiera era tan tarde como para que hubiera estado en una fiesta o, menos aún, en una cita. No obstante, tan sólo la presencia de su prima y la menor de sus cuatro hermanas le había triplicado la fatiga y ahora sentía como si apenas regresara a casa después de una noche de juerga.

—Hay muchas habitaciones disponibles, así que pueden tomar la que quieran. Si tienen dudas o necesitan ayuda para instalarse, pregúntenle a Wei lo que quieran. Voy a dormir

—¿Qué? ¡Xiao Lang!

—Buenas noches hermanito —vio de reojo cómo Fuutie luchaba por contener a Meiling cual si fuera un simple juego y aprovechó el momento para deslizarse a las escaleras y subir hasta su recámara, que se aseguró de cerrar con llave.

—Esto debe ser una broma —suspiró con extrema pesadez y caminó arrastrando los pies hasta el cuarto de baño, en donde con movimientos autómatas comenzó a prepararse para una larga y, con suerte, reconfortante ducha. Incluso comenzó a mentalizarse para dormirse pronto, esperando que probablemente todo desapareciera con la mañana y descubriera que no era más que un horrendo y poco gracioso sueño.

(1) Kushiage. Es un entremés de la comida japonesa. Los vegetales, carnes y quesos son atravesados por una vara de bambú, cubiertos con harina de trigo, huevo batido con ajinomoto y panko. Es un alimento frito y los más comunes son de queso.

(2) Takoyaki. Una de las comidas favoritas de Kero (¿cuál no?). Podría decirse que es a base de trozos de pulpo empanizados en forma de bola. Existe un corto de CCS sobre una aventura de Kero, Spinel y un Takoyaki.

(3) Soba y katsudon. Soba, una especie de fideo japonés. Katsudon es básicamente un plato con arroz y encima chuleta de cerdo (de ahí viene parte del nombre) empanizada con huevo revuelto y panko.

(4) En realidad el horario de entrenamiento de Eriol es algo muy común, para que no piensen que estoy simplemente inventando. En mi equipo entrenamos a esa hora, aunque antes yo lo hacía por las tardes y pensaba exactamente lo mismo que Tomoyo. Sin embargo, uno se acostumbra a todo.

Notas de la autora. No sé si lo había mencionado, pero en Japón también hay medio día de clases los sábados (salen como a la 1pm), para que no se les haga raro que aparezca así en la historia.

En fin, para todo aquél que lo pidió, finalmente tenemos una introducción propia de Eriol. Incluso hubo quien me preguntó con quién emparejaría al chico, pero ahora sí parece más claro, ¿no? Claro, evidentemente también tendrán nuevas preguntas: ¿a qué van Meiling y Fuutie a Japón? ¿Por qué Eriol está viviendo con Syaoran? (después de todo tiene a sus padres, ¿no?) Y cosas por el estilo.

Por otra parte, nuevamente tenemos una confrontación entre Sakura (esta vez siendo “Sakura”) y Syaoran. Probablemente el chico exageró un poco eso de intentar ser más “sincero”. Digamos que se fue de un extremo a otro, pero todos cometemos nuestros errores, así que no lo odien. Es claro que intenta mejorarlo, ¿no? Y al final todo salió bien. Mi pregunta es: ¿qué le hubieran dicho ustedes a Syaoran estando en su lugar? ¿Quién le hubiera dado una bofetada? ¿Quién le hubiera lanzado sus libros a la cara? Me encantaría conocer sus respuestas.

Agradezco la gran aceptación que este fic ha tenido entre ustedes. Me encuentro gratamente sorprendida y espero no defraudarlos con lo que siga. También sus comentarios y apoyo me resultan maravillosos. ¡Gracias! Y recuerden que se aceptan críticas y sugerencias (no quiere decir que las lleve todas a cabo, pero siempre es útil saber lo que opinan).

No lo hago más largo. ¡Hasta la próxima!