3. De citas múltiples y otros pormenores

—Es viernes, así que ahora tendrás que darme los pormenores de toda la semana, Sakura-chan.

La aludida parpadeó sin entender de todo a qué se refería su mejor amiga. Era ya el fin del día de clases y ambas se encontraban en el salón de música mientras la castaña cambiaba su vestuario por otro más de los diseños masculinos creados por la siempre ocurrente hija única de la familia Daidouji, una familia que, dicho sea de paso, se caracterizaba por su gran influencia en las altas esferas de Japón, dado el gran éxito de su empresa de juguetes que, a decir verdad, era tan sólo una más de aquéllas que conformaban la enorme corporación Daidouji.

—¿De qué pormenores estás hablando?

—Hablo de Syaoran Li, por supuesto.

—¿Li-kun?

—El fin de semana pasado dijiste que intentarías averiguar cosas sobre él para ver si podíamos crear alguna oportunidad para Naoko, ¿recuerdas?

—Sí, eso sí, pero…

—Y ese mismo día acordamos que los viernes juntaríamos toda la información que pudieras sacar a lo largo de la semana para no perder el hilo. Aunque pensándolo bien, quizá deberíamos hacerlo los sábados… —meditó.

¿Dijimos eso?’ Tenía que admitirlo, a veces no lograba seguirle el hilo de la conversación a su amiga cuando ésta hablaba demasiado rápido, o cuando tocaba varios temas a la vez, lo cual no era poco frecuente.

—Entonces dime, ¿pudiste saber algo sobre nuestro chico estrella esta semana?

Sakura quedó pensativa. Si bien el miércoles había tenido oportunidad de hablar unos minutos a solas con él, tampoco se trató de una conversación muy larga y nutrida, aunque probablemente Tomoyo podría considerar algo de utilidad en aquello, de manera que Sakura decidió contarle, siendo Tomoyo quien le exigiera que lo hiciera con el más mínimo detalle posible.

—¡Excelente Sakura! —la felicitó su amiga con un efervescente buen humor.

—Gracias, aunque no es mucho.

—¡Es muchísimo! Sobre todo considerando que apenas comenzaste… ten, ahora ponte éstos —le extendió una mano con un par de mocasines que hacían juego con el diseño que Sakura terminaba de ponerse—. Ahora sabemos que a Li, a diferencia de otros hombres, no le gusta sentirse acechado por las mujeres y, aún más importante, ¡No puede decirle que no a una chica si piensa que la hará llorar!

—Pienso que eso es algo dulce de su parte —Sakura comentó distraída, calzándose los mocasines.

—¿Dulce? Voy a comenzar a sospechar que a la linda Sakura le gusta el apuesto joven Li —Tomoyo sonrió con cierta malicia.

—¡No, claro que no! ¿Por qué dices esas cosas? —sin quererlo ni temerlo, un rubor no invitado trepó a las mejillas de la castaña—. Además, recuerda que estamos hablando del chico que le gusta a Naoko, no puedes decir esas cosas así por así.

—Sólo bromeaba —se apresuró a decir Tomoyo, aunque para sus adentros aquella acelerada y agolpada respuesta le había provocado más dudas que aclaraciones—. Regresando al tema, supongo que lo que dices significa que Li Syaoran no ha rechazado en todo el sentido de la palabra a esas 24 que se le han declarado según la página del club de fans.

—¿24? Creí que habías dicho que eran 22…

—“Eran”, tienes razón —rió Tomoyo—, pero ya actualizaron la lista —y omitiendo la expresión atónita de su mejor amiga continuó—. El punto es que Li simplemente ha terminando huyendo de esas pobres chicas, dejándolas en espera de una respuesta. Un poco cruel ¿o aún te sigue sonando dulce?

—No me refería a eso… bueno, no de esa manera.

—Tranquila, tampoco vamos a discutir por algo así. Por ahora puedes estar segura de que con esto podré pensar en algunas ideas para nuestra amiga. Por lo pronto lo has hecho de maravilla. No olvides aprovechar cualquier oportunidad que se te presente para acercarte a Li-san —le guiñó un ojo —, sólo así podrás tener su confianza.

—Lo haré —Sakura imitó el gesto con una sonrisa.

—Por cierto, hoy voy a salir con las chicas por la noche, así que no voy a estar en casa cuando salgas del restaurante, pero no te preocupes porque ya dejé todo arreglado: las mucamas tienen indicaciones de dejarte pasar hasta mi cuarto.

—¿Van a salir todas juntas? —el semblante de Sakura mostró desánimo—. Yo quiero ir.

—Pero vas a estar trabajando, aunque supongo que puedes unírtenos después. Tú sólo llámame cuando estés lista, ¿de acuerdo?— la castaña asintió—. Bien, ahora tienes que irte, no quieres llegar tarde, ¿o sí?

—¿Qué hora e…? ¡Ah, ya me voy! — Sakura tomó sus cosas y se despidió rápidamente de su amiga tras ver la hora en el reloj de pared.

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—Tranquilo, toma un poco de agua —Yuta le pasó un vaso—. Los viernes suelen ponerse un poco agitados a cierta hora, pero tampoco te aceleres demasiado.

—Gracias —Sakura aceptó el vaso que le ofrecía y tomó la mitad antes de regresar con otra orden más a las mesas. El lugar estaba casi lleno, aunque no eran demasiadas mesas en total, pero sí suficientes para mantener ocupados a los únicos dos meseros que trabajaban ahí. Además, varios de los clientes habían llegado al mismo tiempo, complicando un poco más el servicio simultáneo.

Mientras hacía entrega de las órdenes sobre su bandeja, Sakura pensaba en sus compañeras. No había tenido oportunidad de salir a ningún lado en toda la semana, aunque desde un principio había sabido que sería así si conseguía un empleo de medio tiempo. Ahora tenía que dedicar el tiempo que le quedaba para arreglar la casa y cocinar la cena, de manera que Touya no se diera cuenta de que estaba haciendo otra cosa por las tardes. Lo bueno era que había momentos en que no había clientes y ella podía irse al almacén a trabajar un poco con su tarea y casi siempre era sólo una pequeña parte lo que tenía que terminar en casa.

—Ah, no, eso no es mío.

—¡Oh, disculpe!— Sakura tuvo que volver a prestar atención a lo que hacía al repartir los platos y se apresuró un poco más en ello. Lo bueno era que sólo faltaba una hora para cerrar y, estando prácticamente todas las mesas ocupadas, no vendrían más clientes.

—Hey, ¿ya viste a las de la mesa cinco? —Yuta se acercó a ella—. No han dejado de mirarte desde que llegaron.

—Pero ésa es tu mesa, ¿por qué me buscarían a mí? Yo no las conozco —aún así, Sakura les sonrió cuando una de ellas agitó sutilmente una mano en señal de saludo. Ella les devolvió el gesto.

—Lo mismo me pregunto yo, eres un maldito suertudo —el mesero rió y dio un suave codazo en las costillas a su compañero mientras decía esto—. ¿No has notado que hoy está más lleno de mujeres de lo normal? Y no es solamente por él —señaló a la puerta, por donde entraba en ese momento el joven Li, quien tomaba la única mesa que quedaba, una pequeña para dos.

—¿Entonces por qué? —Sakura ladeó la cabeza y frunció el ceño, meditabunda. Sin embargo, su gesto cambió cuando Yuta le dio un golpe en la cabeza— ¡Ay!

—¿Te estás burlando de mí o eres así de lento?

—Ay… ¿de qué hablas? —la castaña se llevó la mano a la peluca, presionando sobre el área dolida.

—Olvídalo, supongo que no tienes remedio —Yuta suspiró rendido ante la expresión extrañada de su compañero y fue por los platillos que recién salían de la cocina. Sakura, en tanto, se acercó a la mesa ocupada por Li, quien en ese momento llamaba por teléfono.

—¿Le dijiste eso? ¿Y por qué no me avisaste antes? —discutía él con un ceño en su rostro y Sakura decidió esperar a que terminara a una distancia prudente, intentando no incomodarlo—. No, no me interesa… ¿Qué… cuál favor te debo? —escuchó y después de apretar los dientes suspiró y bajó los hombros, como si se rindiera ante el argumento de la persona al otro lado de la línea—. Está bien, lo haré… ¿y yo por qué tengo que conseguir a otro si fuiste tú quien…? —Syaoran se masajeó las sienes al ser interrumpido por su interlocutor—. ¡Bien! Tú ganas… —en ese momento se dio cuenta de la presencia del mesero y le lanzó una mirada. Sakura alzó una mano en forma de saludo y, pensando que aquella llamada tardaría más tiempo del esperado, estuvo a punto de marcharse cuando él habló nuevamente—. Espera un momento —aunque no supo si le decía a ella o a la persona al otro lado de la línea. Syaoran tapó entonces el celular con una mano y se dirigió a ella—. Akira-san…

—Disculpa, si quieres regreso más tarde…

—¿Tienes algo que hacer saliendo de aquí?

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—Gracias por invitarme, Li –eh… Syaoran-kun —dudó Sakura en cómo llamarlo mientras caminaba a un lado de aquél, aunque sonriendo de saber que, a fin de cuentas, no tendría que pasar el viernes por la noche limpiando la casa y haciendo la cena (aunque seguramente lo lamentaría por la mañana, con alguna perorata de Touya).

—¿Li Syaoran? Oye, no tienes que decir mi nombre completo; sólo Syaoran está bien— comentó el chino visiblemente extrañado—. Además, no me agradezcas; aún no sé siquiera si vayas a tener ganas de seguir haciéndolo al final de la noche —Li fue sincero, caminando con las manos en los bolsillos.

—¿Por qué lo dices… Syaoran-kun?— repitió el nombre. Era realmente extraño tener que llamarlo por su nombre de pila cuando todos los días estaba tan acostumbrada a hacerlo por su apellido en la escuela (1).

—Pues…— Li alzó la vista hacia el cielo, contemplando la noche que caía—, al menos en mi caso, si no se tratara de un amigo me negaría rotundamente.

—¿No te interesa conocer gente nueva? —Sakura se aventuró a preguntar, notando con cierta fascinación que, a pesar de no estar mirando hacia el suelo, el chino sorteaba los obstáculos frente a él sin ninguna dificultad.

—Sí, pero una cita a ciegas no es precisamente mi estilo.

—Entonces ¿cuál es tu estilo? —quiso averiguar aunque no podía culparlo, pues tampoco era el suyo… menos aún con otras mujeres.

—¿Perdón? —Syaoran bajó la mirada hacia su acompañante. Al verse de frente a esos penetrantes ojos, Sakura decidió que aquella podía ser una pregunta demasiado directa y meneó la cabeza para hacerla mentalmente a un lado.

—Nada, olvídalo— soltó una risilla nerviosa–. Mejor déjame ver si entendí bien todo: Yamazaki-san invitó a una compañera suya a salir y organizó una triple cita para que ella aceptara, pero… ¿por qué?

—No lo sé, no la conozco en realidad, pero supongo que no confía en él. En realidad, si no lo conociera más a fondo, yo tampoco confiaría en alguien como él… Creo que es por allá —Syaoran señaló hacia su derecha y ambos viraron en esa esquina.

—Debe ser una buena persona entonces.

—¿Por qué? —Syaoran se volvió para mirarla a los ojos con el ceño fruncido por la curiosidad.

—Porque, por como hablas, confías en él y estás dispuesto a salir en una cita a ciegas por él, aún cuando no te gustan.

Syaoran no respondió a esto y ambos continuaron caminando en silencio. Cuando llegaron al centro comercial no tardaron en ver a la salida de un café a los cuatro jóvenes que esperaban por ellos: Yamazaki era el varón, en tanto que las tres femeninas resultaron ser…

Tomoyo, Chiharu y Naoko… ¿ellas son nuestras citas?’ Sakura pasó saliva. ¡La iban a reconocer! Por Tomoyo evidentemente no había problema, pero las otras dos la conocían muy bien y seguramente no tardarían en darse cuenta de que el joven Akira Yamamoto era en realidad su amiga Sakura. ¿Y si se les escapaba algo al respecto frente a los otros dos? ‘No, por favor…’.

—¿Estás bien? —sintió la mirada del chico a su lado sobre su rostro—. Te ves pálido de repente —Syaoran miró luego hacia el cuarteto unos metros adelante—. Si ya no te gusta la idea aún estás a tiempo de irte. Después de todo, soy yo el que dio su palabra de venir, no tú.

—No, yo… estoy bien, gracias — Sakura logró mostrar una sonrisa y se dio ánimos internamente para poner su disfrazada nueva identidad a prueba nuevamente; esta vez a un nivel más difícil.

—Ya sé, hagamos algo: si en algún momento te llegas aburrir y te quieres ir, haz una seña; sólo…— pareció pensativo por unos segundos—, sólo tápate la nariz y nos vamos de ahí, ¿qué te parece?

—Está bien —Sakura rió y él asintió. Apenas unos segundos después alcanzaron al grupo y se realizaron las presentaciones después de una discusión con Yamazaki sobre el retraso de los dos recién llegados, la cual terminó rápidamente con un gruñido de Syaoran y una mirada letal al moreno, quien inmediatamente sonrió para dejar que el grupo interactuara un poco mientras merodeaban por la plaza. Sakura no dejó de percibir la mirada de Tomoyo, quien evidentemente lucía divertida con la situación y no había perdido la oportunidad de decir en alta voz cuán atractiva le resultaba su cita de esa noche. Naoko, por el otro lado, apenas podía hablar y no apartaba la vista de Syaoran, su acompañante para la velada.

—¿Por qué no compramos un helado mientras esperamos a que empiece la función? —Tomoyo señaló a la nevería por la cual pasaban en ese momento y todos parecieron estar de acuerdo.

—¿Función?— Li se quedó atrás con Yamazaki, quien sonrió tranquilamente.

—Como tardaron mucho en llegar, sometimos a votación lo que queríamos hacer y al final decidimos ver una película. Incluso compramos los boletos.

—¿Y cuál vamos a ver?

Yamazaki no respondió. En cambio, le enseñó los boletos para que él mismo lo viera, sabiendo que no le creería si se lo decía. El ambarino quedó de piedra al leer el título.

—No me culpes, ellas la escogieron —el japonés se encogió de hombros mientras el otro rechinaba dientes. Genial, pensó Syaoran, ahora no sólo sería más difícil escapar a media función, sino que también tendría que soportar al menos hora y media viendo una película cuyo título parecía nombre de revista para adolescentes añorantes de un romance shakesperiano. Entre tanto, las chicas ya regresaban con sendos conos de helado en sus manos.

—Creí que ustedes también querían uno —comentó Chiharu al notar que ellos no se habían movido de su lugar.

—Ah, cierto… —Syaoran se quedó contemplando aquellas delicias y recordó que al final no había comido en el restaurante por sentirse demasiado incómodo con la idea de las dichosas citas a ciegas, pidiendo únicamente su acostumbrado jugo de zanahoria.

—Compramos uno extra para ti, espero que te guste el chocolate —Sakura le extendió una mano con un barquillo coronado por dos bolas de aquel sabor. Lo había visto pedir pastel de chocolate en dos ocasiones en el restaurante, de modo que fue el único sabor que se le ocurrió relacionar con el chino, quien gustoso tomó el cono que ella le daba.

—Gracias —Syaoran se sintió impulsado a sonreírle como muestra de agradecimiento, pero mejor apartó la vista en cuanto notó que la atención de todos se centraba en ambos. Incluso percibió un flash salido de la nada en algún momento.

—¡Tomoyo…-san! —Sakura se recordó que no debía ser tan familiar con alguien que “apenas” conocía. La aludida se limitó a reír mientras guardaba su cámara.

—Lo siento, parecía una escena muy linda y no pude evitarlo —Syaoran frunció el ceño ante aquello y Yamazaki se encogió de hombros.

—Akira-kun, tú no estás en la preparatoria Seiju, ¿verdad?— preguntó Naoko y la aludida o, mejor dicho, el aludido, negó con la cabeza.

—No, estudio en la preparatoria Ouran…

—¿Entonces no vives en Tomoeda?

—Sí, pero… me acabo de mudar y… —Sakura titubeó.

—¿Tienes algún hermano o hermana? Tu cara me resulta familiar, pero no sé…— continuó Naoko, intrigada. Sus amigas, conociendo el espíritu cuasi-detectivesco de su amiga, no se extrañaron en absoluto, ni aún lo harían si aquella sesión de preguntas se extendiera durante una hora o dos.

—Tengo un herman…— Sakura cerró la boca. Touya era hermano de Sakura, no de Akira.

—¿Un hermano? ¿Y cómo se llama? ¿Es mayor o menor que tú?

—Etto… — ‘Alguien ayúdeme, por favor’…— es mayor, pero no vive aquí. Él está en— ‘¡piensa rápido, piensa rápido! Un nombre… ¡Ah!’ —… Okinawa, ¡sí, en Okinawa!

—Ya veo, ¿y cómo es que conociste a Li y Yamazaki?

—Suelen ir al restaurante donde trabajo —suspiró aliviada de poder responder bien sin sufrir taquicardia en el intento.

—¿Y él no miente cuando pide una orden ahí? —Chiharu señaló con un dedo a Yamazaki a su lado.

—Sería incapaz, con la comida no se juega —Yamazaki fingió una expresión inocente.

—Creo que este sujeto miente hasta para ir al baño —Syaoran se encogió de hombros y decidió desentenderse de la conversación para caminar un poco más adelante, siendo alcanzado rápidamente por Naoko, quien no quería perder oportunidad para pasar un tiempo al lado del chino. Yamazaki y Chiharu les siguieron de cerca, inmersos en una discusión sobre la mitomanía del varón.

—Ahora sí: ¿por qué no me dijiste que ibas a salir con Li hoy? —Tomoyo no perdió el tiempo en cuanto se vieron retrasadas y alejadas de los demás.

—Porque no lo sabía. Además, tú tampoco dijiste que iban a estar con ellos.

—En realidad ocurrió muy de repente: estábamos las tres juntas cuando Chiharu recibió una llamada de Yamazaki para invitarla a salir.

—Entonces apuesto a que esto fue tu idea.

—Le dije a Chiharu que hiciera una cita doble para que fueran ella y Naoko. Estaba segura que Yamazaki invitaría a Li, así que sería una excelente oportunidad para ella, pero Chiharu no se conformó con eso y condicionó a Yamazaki: triple o nada. Claro que, de haber sabido que vendrías tú y podría verte interactuar usando ese diseño, hubiera sugerido desde un inicio lo de la cita triple —Sakura no dudó que, en efecto, hubiera sido así.

—Pues fue buena idea: Naoko se ve muy contenta y al final pudimos salir todos juntos.

—¡Está radiante de alegría al lado de Li! —Tomoyo miró entonces a Sakura por el rabillo del ojo—. Pero no creas que me voy a olvidar de preguntarte desde cuándo eres tan “amigo” de Li como para que te invite a salir con ellos.

Sakura dejó escapar un largo suspiro y bajó los hombros.

—Lo sé, pero déjalo para después.

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—¿Y qué les pareció la película? —aprovechó Yamazaki el momento que las tres muchachas tomaron a la salida del cine para ir al baño juntas para preguntar a los otros dos.

—Terrible / muy bonita— respondieron respectivamente Li y Yamamoto al mismo tiempo, ocasionando una risa en el otro.

—¿Bonita? —Li frunció el ceño hacia Sakura—. Quizás… si eres una niña de diez años.

—Yo… etto…— Sakura se mordió el labio. Su respuesta había sido totalmente automática, pues era normal para cualquier mujer de su edad gustar de películas románticas, salvo que ahora tenía que pensar no como una adolescente, sino como un varón… uno muy hormonal, quizás—, hablo de la actriz ¡está hecha una reina! —ahora tenía que agradecer que Yuta siempre se expresara así de las mujeres, o jamás se le habría ocurrido algo útil.

—Buen punto. Ahora veamos qué es lo que haremos cuando ellas vuelvan del baño —propuso Yamazaki.

—Qué es lo que harás cuando ellas vuelvan del baño, querrás decir —Syaoran metió ambas manos a los bolsillos y miró en dirección de los sanitarios—. Yo ya me voy. Si quieres, puedes decirles que recibí alguna llamada urgente, o que recordé algo importante o lo que quieras, pero creo que con desperdiciar dos horas de mi vida viendo esa porquería de película al lado de una mujer que no dejó de buscar oportunidades para recostar su cabeza en mi hombro fue suficiente. Además no he terminado el reporte para Literatura Clásica y eso es para mañana, así que, con su permiso, yo me voy. Akira, puedes quedarte si quieres, o puedes aprovechar y venirte conmigo si también estás harto —dando su argumento por terminado y habiendo dicho lo que quería decir, Syaoran inclinó levemente la cabeza a modo de despedida y dio media vuelta para dirigirse hacia las escaleras que llevaban a la planta baja del centro comercial, aunque justamente antes de poder poner un pie en el primer escalón fue impedido de hacerlo por una figura que se plantó abruptamente frente a él, dándole la cara.

—No voy a permitir que lo hagas.

—¿Qué cosa? —Syaoran frunció el ceño al ver ante sus ojos el serio semblante del mesero, quien se mantuvo firme en su posición. En realidad, más que serio parecía molesto.

—No vas a huir así nada más. Si te quieres ir, tienes todo el derecho de hacerlo… —poco a poco su voz se fue elevando de tono—, pero eso no te da derecho de lastimar así a los demás.

—¿Lastimar?

—Dices que no te gusta ver llorar a las mujeres y por eso nunca les dices un no por respuesta, ¿pero sólo con darte la vuelta y huir crees que ellas no van a llorar? ¿Crees que si no ves las cosas éstas no suceden? Si te vas en este momento, esa chica va a salir del baño y lo primero que va a notar es que tú ya no estás ¡y claro que va a saber que eso es un rechazo de tu parte! —los verdes ojos de Sakura centelleaban con ira y ahora señalaba con un dedo al chino, quien la contemplaba atónito—. Tú piensas que no pasa nada si no contestas y desapareces, pero eso no es ser una buena persona, Syaoran, a eso se le llama Hipocresía, y si te vas en este momento voy a pensar siempre que no eres más que un Cobarde —recalcó esas dos palabras a propósito al hablar, habiendo bajado nuevamente su voz, pero sin alejar de su rostro aquella expresión severa que lo dominaba. Sus ojos y los de Li estaban en contacto ininterrumpido y por las mentes de ambos parecían cruzar un sinnúmero de pensamientos. Sakura ni siquiera sabía a ciencia cierta cómo era que había dicho todo aquello o cómo su agradable convivencia con su compañero había dado un giro de 180°C frente a sus narices, pero recordar las palabras de Tomoyo por la mañana y el hecho de imaginarse a su amiga Naoko triste tras la partida del chino le habían hecho reflexionar al respecto y empujado a actuar de aquella manera y, dicho sea de paso, ella no se arrepentía.

Pasaron varios segundos mirándose uno al otro, hasta que fueron interrumpidos por unas voces a varios metros de ellos. Eran las chicas que habían regresado ya y se encontraban con Yamazaki, quien no se había movido de su lugar.

—Oigan ustedes ¿qué hacen allá? Estábamos pensando en comprar unos chocolates de aquella tienda, ¿no quieren? —por sobre el hombro de Syaoran, Sakura vio a Tomoyo agitar una mano hacia ellos para llamar su atención. Syaoran ni siquiera la volteó a ver; en cambio, alzó la barbilla y, con una rápida y última mirada a Akira, volvió sobre sus pasos y se reintegró con el grupo.

Creí que se marcharía después de todo’ Sakura dejó escapar un suspiro. La tensión había sido simplemente insoportable durante esos escasos segundos, que incluso llegaron a parecerle horas. A lo largo de ese breve y a la vez larguísimo momento había conocido a un Syaoran que nunca hubiera imaginado y que probablemente era el verdadero Syaoran: un joven con una mirada muy rica en emociones, llena de dudas, rencor, frustración, desesperación y hasta tristeza, aunque lo que más le sorprendió fue descubrir un atisbo de temor oculto en él. Por un momento pensó que lo había ofendido con algo que le había dicho, pero se dio cuenta de que en realidad había sido mucho más. Sabía que había tocado una fibra muy profunda y sensible en el alma del ambarino, pero era imposible saber si debía sentirse culpable u orgullosa al respecto.

—¡Akira-kun! —Tomoyo la llamaba ahora que todos emprendían camino hacia la tienda de dulces— ¿No piensas venir?

—¡Sí, ya voy!— sacudió la cabeza y corrió hacia su amiga sonriendo para evitar preguntas, aunque sabía de antemano que nunca lograría engañar tan fácilmente a la joven Daidouji, quien inmediatamente lució consternada por su amiga.

—Sakura…

—Tranquila, te contaré luego, aunque no es nada grave…— ‘espero’.

(1) Como muchos sabrán, en Japón la manera más usual de dirigirse a un compañero es por medio de su apellido. No obstante, las personas que se conocen en un ambiente más relajado (p.e., que no sean compañeros de escuela o trabajo) suelen tratarse de manera más informal y por sus nombres de pila.

Notas de la autora: nuevamente un capítulo corto. De hecho, iba a juntar éste y el capítulo que sigue (o al menos la mitad), pero decidí dejarlo así. Espero que la brevedad no les incomode, pero de todas formas ya saben que estaré actualizando periódicamente mientras el tiempo me lo permita.

Por cierto, no olviden prestar atención a algunos detalles. Me gustan los detalles, aunque ésta no deja de ser una trama ligera y de comedia. Lo que quiero decir es que hay explicación para todo: Cosas como por qué Syaoran huye de las mujeres tienen su razón de ser, aunque tendrán que esperar como 10 capítulos para ello, jaja.

Ah, y he leído sus dudas sobre por qué Eriol y Syaoran viven juntos, pero eso se explicará más adelante. También tendremos más participación de Eriol, para quien lo extraña, y próximamente algunos personajes más (ya saben: la visita de Meiling está anunciada).

Gracias por sus comentarios y ¡hasta la próxima! Dudas, sugerencias, críticas y demás, ya saben cómo funcionan: review o vía Facebook.