20. Reencuentros

Se rascó nerviosamente el brazo izquierdo con la mano derecha. Esa noche prácticamente no había podido dormir, aunque no sentía sueño alguno ni cansancio; tal era su estado de agitación. Incluso resultaba casi un espectáculo encontrarla desde tan temprano ocupando su lugar en el aula, siendo que normalmente era la última en llegar, muchas veces incluso después que el profesor.

—¿Nerviosa? —saltó en su lugar al escuchar la voz de Tomoyo a su lado y la contempló con ojos desorbitados. No iba a negarlo, pues sería inútil, así que dejó que su amiga soltara una risita y se sentara cerca de ella.

—Anoche estuve practicando frente al espejo como un millón de diálogos, pensando en lo que le diría… —confesó tímidamente y con las mejillas arreboladas, sabiendo que no tenía que aclarar a quién se refería—, pero sé que en el momento en que lo vea me quedaré con la mente en blanco.

—¡Oh, tan bonitas que eran tus uñas! —Tomoyo miró con pesar las finas manos de su compañera como si ésta no acabara de decir palabra alguna—. ¿Por qué te las comiste?

—Lo que debería sorprenderte es que no me coma las de los pies también —suspiró Sakura y su mejor amiga sonrió finalmente tomando una de sus manos entre las suyas. Sakura sabía que no había tratado de burlarse de ella, sino de hacer el momento aún más ligero, aunque sin obtener los mejores resultados, así que ahora optaba por tratar de animarla mostrándole su apoyo.

—Ten un poco de fe. Estoy segura que todo saldrá bien.

—No sé cómo —Sakura se encogió de hombros. No le gustaba ser pesimista, pero había descubierto que en los últimos días le resultaba prácticamente imposible no serlo.

—Confía en mí, ¿de acuerdo? Digamos que mi sexto sentido me lo dice —le guiñó un ojo y en ese instante la puerta se abrió. La mayoría de los estudiantes estaban ya en el interior y al escuchar una exclamación por parte de una de las chicas ambas se volvieron para encontrarse con alguien a quien no veían hacía más de dos semanas.

—¡Meiling! —Sakura se puso de pie involuntariamente y de la misma manera hurgó con su mirada alrededor de la recién llegada, esperando encontrar a quien regularmente entraba acompañándola. La china fue rodeada por varios de sus compañeros y comenzó a repartir rápidamente algunas anécdotas aquí y allá, contestando algunas preguntas de los más curiosos y lanzando miradas de vez en vez hacia las dos amigas que continuaban en su lugar, observándola en atónito silencio.

Pero los ojos esmeraldas no podían evitar trazar un errático recorrido entre la morena y la puerta vacía, por donde no llegó nadie más, o al menos no aquel poseedor de ojos profundos y oscuros.

—¿Syaoran-kun…?

————-

Las horas habían pasado muy lentamente desde la primera clase hasta la hora de receso, o acaso era el hecho de regresar a clases después de esos ajetreados días que había pasado en China; daba igual, pensó Meiling mientras bostezaba recargada contra una de las paredes del tercer piso. Comenzaba a impacientarse al estar viendo a los demás estudiantes desfilar interminablemente frente a sus ojos, sin que apareciera el verdadero culpable de que ella se encontrara ahí, hasta que finalmente lo vio caminando por el pasillo justamente hacia ella. El joven, que parecía sumido en sus pensamientos, de repente levantó la cabeza y se detuvo al darse cuenta de su presencia.

—Ya era hora de que aparecieras —bufó ella como si no llevara dos semanas sin verlo—. Con lo desesperado y troglodita que eres, creí que serías el primero en salir corriendo del salón para ir a comprar algo de comer a la cafetería.

Takumi no contestó inmediatamente. En lugar de eso, continuó caminando sin apartar la mirada hasta llegar cerca de ella, momento en que levantó una pequeña caja que traía consigo.

—Hoy traje mi propio almuerzo, así que no llevo ninguna prisa —habló con gesto serio y difícil de interpretar—. ¿Qué haces aquí?

—¿No es obvio? —la china se encogió de hombros—. Ya regresé.

—Ah… —Takumi alzó ambas cejas sin mucho entusiasmo—. Finalmente atrapaste a tu primo en su compromiso irrompible. Supongo que querrás que te felicite por ello y les deseé muchos hijos, amor, blah-blah-blah…

—No es necesario que seas tan sarcástico —Meiling se cruzó de brazos—. Para tu información, Xiao Lang y yo cancelamos nuestro compromiso. Ahora él es libre de quedarse con su adorada Kinomoto.

El impacto que la noticia causó en Takumi era tan palpable e impresionante que Meiling decidió no perderse ni un milisegundo de él, grabando para siempre en su memoria la sorpresa y el desconcierto que dominaban el rostro del apuesto muchacho.

Ojalá hubiera traído una cámara…’

—Pe… tú… —intentó hablar en un gigantesco esfuerzo—, él… yo creí… ¿por qué?

Era difícil no soltar una carcajada, en verdad que lo era, pero Meiling decidió que valdría la pena aguantarse un poco.

—No estamos hechos el uno para el otro, eso es todo.

—¿Qué? ¿Cómo que eso es todo? —Takumi finalmente pudo unir dos palabras y lo hizo casi gritando—. Hace dos semanas hubieras estado dispuesta a matar con tal de quedarte con el idiota de tu primo ¿y ahora me dices que no eran el uno para el otro… y ya?

La china le apuntó con un dedo amenazador.

—Ya no será mi prometido, pero sigue siendo mi familia, así que no te permito llamarle idiota.

—Al menos esta vez no me golpeaste —Takumi suspiró y en seguida su rostro se tornó colorado—. Dime, ¿fue por lo que te…?

—No cancelé mi compromiso por lo que me dijiste, así que no te creas la gran cosa —igualmente roja como la grana, Meiling gruñó y desvió la mirada—. No es como si fuera a renunciar a Xiao Lang para quedarme con un cabeza-hueca y enclenque que no puede hacer nada bien, así que no te hagas ilusiones.

—¿Lo dices porque te dije que me gustas? —Takumi igualmente desvió la mirada—, pues lamento informarte que quien está equivocada eres tú, niñita. No creas que todo el mundo está dispuesto a ponerse a tus pies sólo porque tienes una linda cara y un cabello sedoso. En realidad, tendría que estar loco para…

—Tengo hambre y no traigo mi almuerzo, así que voy a la cafetería —rugió Meiling colocando los ojos en blanco y andando unos pasos como si el otro no estuviera hablándole a ella—. ¿Te vas a quedar ahí parado parloteando solo, o piensas venir?

Gracias al cielo que lo había interrumpido, pensó Takumi, porque no tenía idea de cómo continuar esa tontería, así que la alcanzó rápidamente y levantó nuevamente la caja que llevaba consigo para mostrarla a su amiga.

—Traigo bastante comida hoy. Si quieres, podemos compartirla —sonrió tratando de restarle importancia al asunto y el color de la china se encendió aún más ante el gesto.

—Está bien… —desvió la mirada y aceleró el paso—, sólo porque a la cafetería ya debe estar muy llena en este momento, ¡y es tu culpa por haber tardado tanto! Así que…

—Si te callas, te dejo comer todo el gyoza —una sonrisa perezosa apareció en el apuesto rostro del mayor y la joven tuvo que apretar con fuerza los labios y morderse los carrillos para no quedarse con la boca abierta. ¡Odiaba que se viera tan bien cuando sonreía así! Pero lo que más odiaba era que conociera tan bien su debilidad por ese platillo en especial, así que continuó andando a su lado desviando por enésima vez la mirada para no toparse con esos ojos risueños que (sabía) estaban posados sobre su persona.

Idiota…’

—Te ves muy linda haciendo pucheros…

¡No me hagas responderte!’ apretó un puño y ambos descendieron por las escaleras. Meiling tuvo que luchar por convencerse de que el acelerado latir de su corazón se debía a los corajes que la presencia de ese tipo le ocasionaban, además de la ansiedad de saber que iba a comer gyoza.

——–

Si en la mañana parecía una hoja al viento, ahora se sentía como una auténtica gelatina en medio de un terremoto. Lo único que lamentaba era no tener más uñas que comerse, al menos en las manos, y aunque sentía náuseas tampoco podía salir corriendo al baño más próximo, pues debía permanecer ahí hasta que llegara el último profesor del día, además del momento que más había temido: su presentación del proyecto de física.

Y la silla de Syaoran Li seguía vacía…

¿Por qué no ha llegado?’ sus esperanzas de verlo ese día se desvanecían a cada minuto que pasaba. Las clases terminaban y aún no había tenido oportunidad de hablar con Meiling, quien incluso en el receso se había escabullido rápidamente del salón, dejándola sin posibilidades de informarse sobre el paradero de Syaoran. Yamazaki tampoco parecía tener idea de por qué su mejor amigo no aparecía aún, haciendo que la castaña comenzara a temerse lo peor: ¿Acaso él se había quedado en China? No quería ni pensarlo, pero un dolor acuciante en su pecho le hacía pensar que bien podría ser así.

—Parece que Li-kun no vendrá hoy —escuchó a Tomoyo cerca de ella y cerró los ojos bajando la cabeza—. Quizá sería mejor que hablaras con el profesor y le preguntaras si es posible posponer la presentación hasta que Li-kun pueda venir.

Era razonable y eso no sorprendió a Sakura. Tomoyo siempre había sabido manejar las cosas mucho mejor que ella. No obstante, la castaña meneó la cabeza negativamente y comenzó a sacar de su maletín un poco de material de apoyo que ella y Syaoran habían planeado para ejemplificar mejor algunos aspectos.

—¿Sakura-chan?

—Syaoran-kun prometió que vendría hoy —sonrió, no supo si para dar más confianza a su amiga o a sí misma—, así que llegará y yo debo estar lista porque hemos trabajado muy duro en esto.

La joven china que trataba de ponerse al corriente en algunos deberes con ayuda de Rika alzó ligeramente la cabeza y lanzó una mirada de soslayo a la ojiverde, no pudiendo creer lo que acababa de escuchar. Sin darse cuenta de ello, un pensamiento rápido cruzo por su cabeza ofuscando la atención que intentaba prestar a su compañera:

¿Dónde diablos estás Xiao Lang? Dijiste que te apresurarías…’ pero en ese instante la puerta del salón se abrió y rápidamente vislumbró el semblante familiar de su primo, quien entró a paso tranquilo al lugar, aunque Meiling alcanzó a divisar su rostro ligeramente perlado por el sudor y una tenue agitación en su pecho. Supo que Syaoran había tenido que correr escaleras arriba.

—¡Syaoran-kun! —el salón quedó en silencio ante el clamor de Sakura y todas las miradas se posaron en ella, quien al instante quiso sumirse bajo tierra y desaparecer para siempre. Precisamente lo último que hubiera querido sería llamar la atención. Había practicado una y otra vez, interminablemente, y sin embargo… bueno, el resultado ya se lo había temido.

Afortunadamente la siguiente persona en entrar al salón fue el profesor, por lo que la clase quedó sumida en silencio y Syaoran se dirigió rápidamente a su banca sin poder evitar una furtiva mirada a Sakura, quien le devolvió una tímida sonrisa. Entonces el profesor llamó al frente a los dos alumnos que habrían de hacer su presentación oral y ambos respondieron caminando hacia el lugar. Syaoran se unió rápidamente a Sakura para ayudarla con el material de apoyo que habían preparado.

—Lamento haber llegado tarde —le comentó en un susurro—. Tuve algunos problemas con…

—Descuida. Sabía que llegarías —ella sonrió haciendo el tema a un lado—. Lo prometiste, así que lo sabía.

El tiempo se detuvo por un instante para el chino al recibir aquella sonrisa, que no podía venir de una criatura que no fuera un ángel, o al menos así le pareció: un ángel con ojos de la más brillante esmeralda y cabellos tejidos con los rayos del sol. Esa expresión inocente e infantil, dulce como la miel y estimulante como el café. Quizá habían pasado dos semanas desde que no había visto algo así, pero al recordar lo hermosa que se veía con aquel gesto le parecieron dos siglos de cavernas.

—¿Syaoran-kun? —tuvo que parpadear al escuchar su nombre en esa voz embriagante y supo que tenía que poner pies en la tierra o terminaría por perderse.

—Lo siento, es sólo que… —se rindió y devolvió la sonrisa a la chica—. Gracias… por confiar en mí.

Respira, Sakura, respira…’ tuvo que recordarse la castaña al ver su expresión y abrió la boca, pues por un momento le pareció olvidar cómo inhalar por la nariz, así que bajó la mirada al piso y respiró profundamente por la boca cuatro veces. El cuerpo le temblaba y un hormigueo casi doloroso se extendía por todo su cuerpo hasta su garganta, cerrándola, asfixiándola.

Procurando pasar la vista hacia sus compañeros de clase para distraerse y no mirar más a su buen amigo, se encontró de repente con los ojos color escarlata de Meiling, quien la escrutaba detenidamente desde su posición, con una expresión ilegible en su rostro. Esto la ayudó a regresar a la realidad, a saber que no tenía por qué ponerse nerviosa, pues para ella ya no había nada que perder.

Tragándose el dolor con un poco de saliva, Sakura se irguió en su lugar y enfrentó a sus compañeros, volteando hacia el castaño únicamente para dirigirle una pequeña sonrisa (que le costó casi el alma) y asegurarle que todo estaría bien.

Claro que estaría bien, se recordó, porque ella estaría ahí siempre para ser su amiga, para apoyarlo cuando él así lo necesitara (aún si el orgulloso Syaoran se negaba a aceptarlo), para ser fuerte cuando tuviera que serlo, a partir de ahora:

—Buenas tardes —saludó a sus compañeros con afabilidad, con una sonrisa que no llegó a sus ojos—, a continuación, mi compañero Syaoran Li y yo, Sakura Kinomoto, les hablaremos sobre un tema del que mucho se comenta en los medios últimamente: las Energías Renovables…

———–

—¿Y bien? —aquella voz le sobresaltó justo cuando se preparaba para entrar a la sala de entrenamiento del club de karate—, ¿Qué te dijo?

Syaoran se viró rápidamente para encontrarse frente a frente con su prima, quien permanecía en esos momentos de pie detrás de él, con los brazos cruzados y una mirada desafiante.

—¿Qué me dijo… quién?

La china entornó los ojos al cielo y soltó un bufido.

—¿De quién más puedo hablar? ¡De Kinomoto, por supuesto! ¿Crees que no los vi hablando después de clases?

—Pues… —el chico titubeó—, estuvo muy nerviosa antes de la exposición, así que le dije que lo había hecho muy bien y me comentó que en las últimas dos semanas había estado estudiando el tema por las noches, después de trabajar, así que…

—Xiao Lang… —Meiling lo interrumpió con un resoplido—, no me digas que no hicieron más que hablar sobre la condenada presentación de física.

—Pues… —él lo pensó un poco—, le pedí que me pasara algunas de sus notas sobre lo que vieron en estas semanas y…

—No me digas —la chica prácticamente lo fulminó con la mirada—. ¿No le dijiste que te gusta? ¿No le dijiste nada?

Finalmente él suspiró y se rindió ante lo evidente, bajando los hombros y negando con la cabeza, acto que casi ocasionó un ataque de histeria en su pariente, quien se apretó los brazos con ambas manos para evitar hacer lo mismo con el cuello del muchacho y zarandearlo hasta sacarle los ojos.

—¿Y se puede saber qué demonios estás esperando?

Syaoran se llevó una mano a la alborotada melena y la pasó descuidadamente entre sus cabellos sin darse cuenta que sólo lograba despeinarse aún más. Suspiró nuevamente.

—No lo sé, cada día que estuve en Hong Kong no hice más que pensar en ella y en lo que le diría cuando la viera, pero ahora que la vi de frente, de repente descubrí que…

—Que su amistad es muy valiosa como para arriesgarte a que algo falle entre ustedes —terminó Meiling por él con el mismo tono enfadado de antes—. ¿Por qué todo el mundo sale con la misma tontería? Es la excusa más estúpida que he escuchado en mi vida, ¿y sabes qué es lo peor? ¡Que la oigo todo el tiempo! —alzó los brazos, exasperada—. Aquí y allá, los chicos, las chicas, ¡Todo el mundo lo dice! “Es que no quiero perder su amistad”, “¿Y qué tal si me rechaza?”, blah blah blah…

—¿Y no crees que si la escuchas tan seguido es por algo? —ahora el chico comenzaba a molestarse por la fría actitud de su prima—. Tú misma me dijiste que Sakura bien podría no sentir lo mismo que yo, y no estoy dispuesto a perder su…

—Xiao Lang —Meiling volvió a mirarlo con esos flameantes ojos escarlatas que sólo ella parecía tener—. ¿Puedo recordarte algo? Detuviste el corazón de tu madre con un movimiento de una sola de tus manos, la dejaste en muerte clínica durante cinco minutos frente a toda tu familia y después la trajiste de vuelta a la vida con sólo dos dedos. En otras palabras, mataste y reviviste a tu madre… ¡A tu madre! Para obtener tanto tu libertad como la de tu hermana. Enfrentaste y aboliste una tradición milenaria en tu familia y has tomado el cargo de Jefe del Clan, como lo prometiste a tu padre. Así que… no me digas que no eres capaz de tomar el riesgo de sufrir un rechazo amoroso ahora. Después de todo, es parte de la libertad que elegiste y por la que lo arriesgaste todo.

El muchacho quedó de pie en su lugar contemplando a su prima, repitiendo sus palabras una y otra vez en su cabeza, sabiendo que nada podría hacer para desmentirlas, pues eran tan ciertas como el hecho de que estaba vivo, y no pudo evitar recordar lo dicho por su estimado maestro un par de semanas atrás:

Sabía que esa chica algún día encontraría la verdad en su interior.”

Y ahora era el turno de que él hiciera lo mismo.

——-

—No pareces sorprendida por lo que te acabo de decir —Fuutie contempló con curiosidad a la otra joven con la que tomaba un café a escasas calles de su lugar de trabajo. La jornada había terminado, así que ambas decidieron detenerse un momento en el lugar para ponerse al día.

—Bueno, conociendo a Eriol-kun no me parece tan extraño lo que me has dicho —Nakuru se encogió de hombros casualmente y notó la mirada perspicaz que la otra le dirigía—. Está bien, la semana pasada fui a visitarlo al enterarme que no había ido al sepelio de mi tío —al tocar el tema su gesto se volvió automáticamente serio y lo mismo sucedió con la china—. Charlamos durante un buen rato, pero Eriol no quería hablar sobre su padre, así que prefirió contarme sobre ustedes dos.

—¿Él te habló sobre el trato? —Fuutie no podía creer lo que escuchaba.

—No. Sólo me comentó que te habías marchado a China para cancelar el compromiso, y parecía muy satisfecho con eso, así que me imaginé que debía haber algo detrás de eso. Tratándose de él, incluso llegué a pensar que podía ser alguno de sus extraños planes… y veo que no me equivoqué —la japonesa emitió una diminuta sonrisa—. Ese niño nunca va a cambiar.

—Creo que tienes razón —admitió Fuutie—. En fin, eso es lo que pasó en China: el compromiso de Xiao Lang terminó, mi compromiso terminó, y ahora ambos somos libres.

—Pero no me has dicho por qué estaban comprometidos tú y Eriol-kun en un principio —insistió Nakuru en el tema, pero la otra simplemente se sonrió.

—Ésa es una larga historia.

—¿Y cómo le hicieron para romper sus compromisos tu hermano y tú?

—Syaoran fue el que hizo prácticamente todo, pero ésa es una historia aún más larga —y que definitivamente nunca le diría, pensó Fuutie. Nakuru bufó y estaba próxima a insistir, por lo que Fuutie se adelantó—. ¿Y tú? Dijiste que había algo muy importante que querías decirme.

—¡Oh, sí! Y… —pero Nakuru se interrumpió al mirar hacia el exterior y una sonrisa maliciosa se abrió paso en sus labios—. ¿Qué te parece si mejor te lo muestro? —dicho esto, tomó la mano de su sorprendida amiga y la arrastró consigo afuera del local sin mayor demora, habiendo pagado ambos cafés de antemano.

—¿Ahora a dónde…? —pero Fuutie no necesitó terminar su pregunta al encontrar en la calle al objeto de observación de Nakuru: un alto y sensual moreno que pasaba por la acera de enfrente acompañando por su gentil amigo de cabellos cenizos.

—¡Touya-kun! —ante el grito de Nakuru ambos hombres se viraron y detuvieron su marcha. La chica tuvo que esperar unos segundos a que pasaran unos autos antes de poder cruzar la calle, hasta que finalmente llegaron con los dos sujetos.

—Buenas tar… —el saludo de Fuutie hacia Touya fue cortado de golpe cuando la mujer a su lado brincó sobre el hombre y le plantó un apasionado beso en los labios, dejando a la china con la boca abierta, aunque lo que más le impactó fue que Touya no hiciera esfuerzos en apartarse y, al contrario, sujetara con ambas manos la cintura de la mujer para evitar que ésta regresara al suelo.

—Cierto, no estabas aquí cuando pasó —Yukito sonrió a la atónita mujer—. Yo también me sorprendí mucho al inicio, y no porque no lo esperara, sino porque pensé que Touya tardaría más en admitirlo. Es bastante terco cuando se lo propone.

—Hey… —el aludido finalmente se separó del beso de su novia y la dejó bajar a la banqueta, manteniéndola sujeta con un brazo en la cintura femenina—, deja de hablar como si no estuviera aquí escuchándote.

—¿Qué te parece mi noticia? —Nakuru destellaba alegría sin soltarse del moreno y guiñó un ojo a su amiga—. Te dije que algún día se rendiría.

—¡Vaya…! —Fuutie finalmente pudo articular palabra—, increíble.

—Así que ahora sólo faltas tú. ¿No, Yukito? —Nakuru le guiñó un ojo, haciendo que la otra se tornara color grana. Instantáneamente Fuutie tomó a su amiga de un brazo y la apartó unos metros.

—¿Qué te pasa? —recriminó y su mano temblaba sin dejar de sostener la de la otra—. ¿Por qué dices eso frente a él?

—Bueno, sólo pensaba que ahora no tienes ningún impedimento para estar con la persona que te…

—¡Baja la voz! —susurró Fuutie y la otra entornó los ojos, pero la imitó.

—… La persona que te gusta, ¿No sería bueno que le dieras el sí de una vez? —comentó Nakuru como si fuera la cosa más sencilla del mundo—. ¿O piensas hacerlo esperar una eternidad?

—Pe-pe-pero… ¿Te has vuelto loca? —Fuutie lanzó una mirada fugaz a Yukito, quien conversaba tranquilamente con su amigo y al sentir sus ojos sobre él le dirigió una tierna sonrisa, ajeno a la plática de ambas mujeres.

—No, ¿qué tiene de malo? Ya no estás comprometida con Eriol y te mueres por estar con Yukito y él contigo. Entonces, ¿quién es la loca aquí?

Fuutie se descubrió sin palabras y con un nudo en la garganta, nerviosa como un acusado frente a un jurado.

—Esto no es justo.

—Te diré lo que no es justo —Nakuru la señaló con un dedo y luego a Yukito, quien continuaba hablando con Touya—; que tengas a ese pobre hombre esperando innecesariamente. ¿No tienes piedad de él?

—Nakuru… —imploró Fuutie—, ¿qué es lo que esperas que haga?

—No lo sé —con una sonrisa maliciosa, Nakuru se cruzó de brazos—, pero tienes treinta segundos para hacerlo, o se lo diré yo misma.

—¿Qué? —Fuutie la miró con ojos desorbitados—. No-no… ¡no puedes hacer eso!

—¿Por qué no? —Nakuru alzó inocentemente ambas cejas—. Te quedan veinte.

—¡Porque no! Eso es algo que debo de pensar, y planear bien, y… —Fuutie palideció—, ¡y no pienso hacerlo frente a Touya-san!

—Diez, nueve, ocho… No necesitas gran ciencia, cinco, cuatro, tres…

—¡Está bien, está bien! Pero detente —Fuutie tomó aire rápidamente y se viró hacia ambos hombres, caminando los pasos que las separaban de ellos.

—Touya y yo estábamos pensando en ir al restaurante italiano que está cerca del parque a cenar pizza. ¿No les gustaría unirse a nosotros? —Yukito le sonrió igual que siempre, aunque no tenía idea de que la chica tenía demasiadas palabras en su cabeza como para poder escucharle.

¿Cómo se supone que voy a hacerlo?’ Fuutie miró de reojo a su amiga, quien alzó una ceja de advertencia y señaló a su reloj de pulsera, ‘¡Auxilio!’

No necesitas gran ciencia”

Está bien’, pasando saliva, la chica se dirigió a Touya y le pasó el vaso de café que aún tenía en una mano—. Disculpa, ¿podrías sostenerme esto un momento?

Extrañado, el moreno aceptó y tomó el vaso, y una vez que la chica tuvo ambas manos libres las usó para enmarcar con ellas el rostro del joven Tsukishiro, quien se extrañó al sentir los dedos temblorosos en sus mejillas.

—¿Estás bien?

Incapaz de responder, la joven asintió brevemente y pasó nuevamente saliva antes de alzarse de puntitas y estirarse hasta alcanzar los labios del varón con los suyos, sintiéndolo tensarse durante breves instantes hasta que finalmente una mano gentil se posó en su hombro y la acercó un poco más a él. Al percibir esto, Fuutie no pudo evitar suspirar en su beso, aliviada.

Cuando se separaron, la sonrisa de Yukito no podía ser mayor y el sonrojo de la mujer cedió paso a una expresión de tímida pero auténtica alegría, quedando ambos contemplándose durante largos instantes sin atreverse a romper el silencio que continuaba uniéndolos en un bello instante.

—¿No piensan decir nada? —la voz que irrumpió en el silencio fue la de Nakuru. Prácticamente habían olvidado la presencia de la otra pareja. Instantáneamente Fuutie volvió a ponerse colorada y el mismo Yukito no pudo evitar un tenue rubor en sus mejillas.

—¿Qué puedo decir? Estoy maravillado —confesó alegremente el ayudante de chef haciendo reír a la prima de Eriol.

—Quizá sería mejor que los dejemos solos un rato —sugirió Touya.

—Voto por eso. Además, tengo un festín preparado para ti esta noche —Nakuru guiñó un ojo a su novio.

—¿En serio? No me dijiste nada. Creí que querrías pizza también.

—No me refería a un festín de comida, cariño —la mirada de la chica se tornó sugerente y el trigueño no consiguió ocultar aturdimiento, sujetándola nuevamente de la cintura y apresurándose a despedirse del otro par.

—Con su permiso. ¿Les importa si nos retiramos ya? Lo siento Yuki, había olvidado que… Olvídalo, ya sabes que no puedo mentirte —meneó la cabeza—. Hasta luego.

Yukito y Fuutie los vieron marcharse rápidamente y no pudieron fingir que no habían entendido a qué se referían los otros dos, así que pasaron varios segundos antes de que pudieran regresar a lo suyo.

—No soy tan sensual como Nakuru —habló finalmente ella.

—No espero que lo seas —él le tomó una mano y haló suavemente de ella para invitarla a caminar a su lado, en dirección contraria a la que habían tomado los otros dos—. Yo no soy tan… “genial” y varonil como Touya. Incluso varias veces me han preguntado si soy gay.

—Sé que no lo eres —ella rió al escuchar semejante confesión—, y creo que te querría aunque lo fueras.

—Entonces creo que dejaría de serlo sólo para poder volver a hacer esto —el varón detuvo su paso y se inclinó nuevamente hacia ella para encontrar una vez más sus labios, esta vez sin hesitaciones ni temores. Un beso dulce y largamente esperado.

————-

—¡Muchas gracias por tu trabajo el día de hoy! —escuchó decir a Yuta al cruzar la puerta del restaurante. Había sido un día agotador, en todos los sentidos, de manera que lo único que podía imaginarse era caminar sin prisas a casa, deshacerse del disfraz de Akira y meterse en una deliciosa ducha tibia antes de ir a dormir. Ni siquiera tenía hambre, así que se dirigiría directamente a la cama, aunque con mucha razón sospechaba que, al igual que ayer, le costaría un excesivo trabajo conciliar el sueño con la amalgama de emociones que bullía en su interior.

Su propio suspiro la acompañó mientras comenzaba a andar en dirección a su casa, y todo iba realmente bien hasta que un escalofrío trepó a su espalda al sentir repentinamente una presencia a su lado.

—Hola —brincó en su lugar y lanzó un grito pegándose hacia la pared, todo en el mismo segundo. La noche aún no caía, pero la imaginación de Sakura era amplia, por lo que aquella presencia podría ser cualquier cosa: desde un ladrón hasta el fantasma de algún antepasado.

—Tranquila, sólo soy yo —rió Syaoran y el corazón de la chica volvió a su lugar. Efectivamente, era su compañero sin mayor arma que su maletín escolar.

—¡Gracias a Dios! —se llevó una mano al pecho—. Oh, espera… ¿venías por comida? Acabamos de cerrar —se lamentó—, aunque podría traerte algo de lo que queda. Yuta dijo que hoy tenía visitas en casa y llevaría lo que quedara, pero si le pido…

—Estoy bien, no es comida lo que quiero —sonrió Syaoran al darse cuenta que Sakura comenzaba a balbucear sinsentidos.

—¿No? —parpadeó ella—. Entonces…

—Yo… —él se metió las manos a los bolsillos—, quisiera hablar contigo. ¿Te molesta si te acompaño a casa?

Sintiendo repentinamente que todo el cansancio desaparecía, la otra asintió y ambos comenzaron a andar juntos en un reflexivo silencio. Cualquiera pensaría que la intención de platicar había desaparecido por completo, hasta que el chino nuevamente habló:

—Primero que nada, disculpa que no te haya escrito ni llamado mientras estuve en Hong Kong. Lo intenté un par de veces, pero nunca supe qué contar.

—Descuida, no tienes por qué disculparte —Sakura pasó saliva pugnando por continuar sonriendo y no dejarle saber que precisamente su falta de respuesta había provocado lágrimas que ella nunca imaginó.

—Claro que sí. En realidad, leí tu correo en un momento crucial y darme cuenta de que había alguien que confiaba en mí me ayudó a resolverlo, así que lo más correcto hubiera sido al menos responderte.

—No te preocupes —esa sonrisa exagerada comenzaba a lacerarle las mejillas—. No se trata de hacer lo correcto, sino lo que tú quieras y tengas ganas de hacer.

El problema era que lo que él quería y tenía muchas ganas de hacer era probar esos suaves labios, así que Syaoran optó por cambiar el tema.

—Te traje algo —comentó como por casualidad y vio que a ella se le iluminaban los ojos. Era extraño pensó, porque a pesar de que había estado sonriendo antes apenas ahora veía sus ojos brillar—. No sé si es un buen recuerdo, pero… —hurgó entre sus bolsillos y sacó una diminuta cajita de regalo que entregó a su amiga, instándola a abrirla, cosa que ella no tardó en lograr.

—¡Wow! —el rostro femenino se iluminó como si acabara de encontrar un tesoro escondido—. ¡Una estrella de mar! ¿En serio es para mí? —le miró con una interrogante en sus enormes ojos verdes.

—No sé si tengas estrellas de mar en tu colección de conchas, pero en cuanto la vi me acordé de ti y pensé que podría gustarte —él frunció el ceño, no pudiéndose creer que la joven estuviera en verdad tan maravillada por algo tan sencillo. Su sonrisa brillaba como lo haría el de una mujer al ver un enorme diamante en su dedo.

—Muchas gracias, nunca había tenido una pieza que no fuera de Japón en mi colección —en un movimiento imprevisto, la castaña lo rodeó con sus dos delicados brazos y lo apretó un poco contra su pequeña figura, abrazo que el muchacho no pudo corresponder al quedarse de piedra por el contacto.

—No… no es na-nada —titubeó, no sabiendo si rogar que ella se apartara o que no lo soltara jamás.

Finalmente ella se separó y ambos permanecieron en silencio. Sakura analizó al equinodermo acercándolo a su rostro, contemplando sus extraños relieves.

—Pobrecita… —habló en un susurro—. Seguramente se veía muy bonita bajo el agua.

El chino se sintió conmovido ante la repentina preocupación de su amiga por un ser tan diminuto.

—Si te sirve de consuelo, la encontré en una de las rocas del muelle, así que supongo que quedó ahí atorada cuando bajó la marea y murió naturalmente.

—Oh… entiendo.

Nervioso como estaba, Syaoran colocó ambas manos en puños dentro de sus bolsillos, sabiendo que no podía seguir dándole vueltas al asunto.

—También hay otra cosa de la que quisiera hablarte… —abrió los labios finalmente y supo que tras esta primera oración no había marcha atrás. La observó prestándole atención e invitándolo así a continuar—. Es sobre mi compromiso con Meiling.

—¡Ah, cierto! —ella pareció volver a la realidad—. Lo siento, en la mañana estaba tan nerviosa con la presentación que olvidé felicitarte por tu compromiso. ¡Espero que puedan ser muy felices juntos! Sé que a veces te molesta Meiling un poco, pero ella te quiere mucho, y confío en que ustedes dos encontrarán la manera de formar un matrimonio feliz. Sé que no le gusta admitirlo, pero algo me dice que ella es una persona maravillosa y algún día podrás verlo e incluso la amarás —sonrió. Era la sonrisa más dolorosa que había dirigido en toda su vida. Incluso tuvo que cerrar los ojos para impedir que en ellos se formara un mar de lágrimas. Su mano se apretó alrededor de la cajita a donde había regresado la estrella.

—¿E-en serio piensas eso? —Syaoran frunció el ceño sin dejar de observarla. Había algo extraño en la sonrisa de Sakura, algo que no le agradaba. ¿O acaso era que no le agradaba que ella aceptara su compromiso con Meiling de tan buena gana?

—¡No puede ser, realmente se lo dijo! —susurró con pesar una joven de hermosos ojos amatistas a algunos metros de ahí, escondida entre las sombras de los automóviles estacionados en la otra acera. Tenía que agradecer que ésa no fuera una calle muy concurrida, o de otra manera no habría alcanzado a escuchar la conversación de los dos castaños, aunque aún se preguntaba si sus lejanas palabras alcanzarían a quedar bien grabadas en la videocámara que sujetaba con una mano. El chico a su lado sonrió.

—No sería Sakura si no dijera ese tipo de cosas.

—Lo sé —ella suspiró—. Espero que Li-kun se dé cuenta de que está mintiendo vilmente y se anime a decir lo suyo.

—Hablas como si le hubieras dado un guión a Syaoran-kun —él alzó una ceja.

—Ahora que lo mencionas, quizá debí hacerlo —rió ella—, aunque creo que en estos asuntos es mejor la improvisación.

—Y la privacidad —Eriol alzó la otra ceja con gesto divertido—. ¿Qué crees que pensarían los dos si supieran que los estamos siguiendo?

—Conociéndote, me parece que su opinión no te importa mucho —Tomoyo lo miró de soslayo—. Después de todo, te gusta trazar tus planes incluyéndolos sin que ellos se enteren.

—Y a mí me parece que no soy el único aquí que hace ese tipo de cosas —Eriol se acuclilló a un lado de la chica, quien realmente se esforzaba en que no los vieran, caso contrario al varón, quien prefería confiar en la naturaleza despistada de la pareja a la que en esos momentos espiaban. Tomoyo sonrió.

—Te equivocas: yo no planeo nada, sólo soy la camarógrafa —le guiñó un ojo—. Si yo hubiera planeado esto, en primer lugar los colocaría en un sitio mucho más apropiado para esta confesión.

—¿En serio? —él ahogó una risa—. ¿Y cómo habrías hecho para que todo pareciera tan casual? Además, ¿cómo estás tan convencida de que Syaoran-kun finalmente se confesará?

Los ojos violáceos de la hermosa joven centellearon con un brillo casi antinatural.

—Eso es lo que nosotras llamamos “sexto sentido”. Espera y verás. Silencio, creo que le está diciendo que rompió su compromiso con Meiling y no puedo perderme ni un segundo de este momento. ¡Sakura-chan se pondrá roja como una cereza cuando le pase la película editada! Le pondré algunos efectos de sonido y regresiones de cuando…

El muchacho se movió un poco para postrar una rodilla aún más cerca de la mujer, aprovechando esa posición para apoyarse mejor y poder apartar la cámara de manos de la chica, quien al instante parpadeó rápidamente y pareció volver a la realidad.

—¡Oye, la cám…! —pero se vio impedida de hablar cuando un blanco dedo varonil se colocó en sus labios.

—Shhh, no querrás que te oigan —una lánguida sonrisa se arrastró desde la comisura izquierda de la boca de Eriol—. Veamos: ni siquiera le has dicho a tu amiga que estamos saliendo y, en cambio, la espías para tener cada detalle del avance en su relación con Syaoran-kun. ¿Sabes? Realmente pareces un ángel cuando caminas por los pasillos de la escuela, pero me estoy dando cuenta de que eres maquiavélica como un demonio.

—¡Mi cám…!

—Shhh… —él sonrió aún más, intentando contener una carcajada—. ¿Y sabes otra cosa? Me encanta —y apartó su dedo, esperando quizá alguna réplica por parte de ella, pero su bella compañera permaneció en abochornado silencio sin poder ocultar sus arreboladas mejillas. Eriol no podía resistir por tanto tiempo la tentación de ese rostro frente a él.

—Definitivamente me encanta —sentenció nuevamente y se acercó más para besar sus labios. Sabía que la chica querría matarlo si algo ocurría con su mejor amiga y no lograba captarlo con su cámara, pero ya encontraría alguna forma de lidiar con eso. Tomoyo, por otra parte, se permitió distraer sin mayor oposición, a tal grado que ni siquiera se dio cuenta del momento en que los dos castaños comenzaban a avanzar por la acera de enfrente.

—¡Oh…! —Sakura no sabía muy bien cómo reaccionar a lo último que le había dicho su amigo—. Entonces… ¿Ya no están comprometidos? —y lo vio menear la cabeza negativamente—. ¿Y cómo reaccionó Meiling?

—Sé que suena increíble, pero ella está totalmente de acuerdo… ¿Estás bien? —Syaoran frunció el ceño al ver que la chica se rascaba la cabeza.

—No, yo… ¡Sí! Digo… ¿qué dijiste? —la voz de Sakura era trémula. ¿Por qué no podía hablar coherentemente? Quería gritar y brincar de alegría, pero al mismo tiempo se sentía más frágil que nunca. ¿Debía alegrarse y tener esperanzas? Después de todo, que Syaoran y Meiling ya no estuvieran comprometidos no quería decir que ella tuviera alguna posibilidad con él

—¿Estás preocupada por algo? —sintió que él se acercaba un poco más—. Lo siento, sólo he hablado de lo que hicimos en China, pero ni siquiera te he preguntado cómo has estado tú en estas semanas. ¿Pasó algo?

—Pues… mi hermano y Nakuru-san ya están saliendo oficialmente, y parece que Tomoyo y Eriol-kun finalmente se están llevando mejor —contestó rápidamente.

—Pero eso no parece nada para preocuparse. ¿Pasó algo más? Él rozó su hombro con una mano y Sakura se estremeció por completo, desviando la mirada hacia las lozas de la banqueta.

Sí… Que te quiero y no sé cómo evitarlo’ suspiró.

Syaoran entendió que, fuera lo que fuera, ella parecía no estar muy dispuesta a hablar de ello y decidió respetarlo, así que optó por cambiar de tema y hurgó esta vez dentro del maletín escolar.

—Espera, también te traje otra cosa… No sabía si te iba a gustar y me pareció mejor idea darte la estrella de mar, pero… —sacó un delgado listón rojo del que colgaba una piedra de jade con algunos grabados en ella y lo extendió a la chica—, en fin, aquí tienes. Supuestamente es para protegerte de fantasmas y malos espíritus.

—¿Un amuleto contra fantasmas? —Sakura parpadeó al ver el collar y lo tomó con una mano.

—Sé que no es muy bonito, pero pensé que te sería útil.

—¡Es fabuloso! —rió ella olvidándose de sus anteriores pensamientos —. Espero que sirva de verdad —Sakura se pasó el listón por la cabeza y siguió contemplando el amuleto una vez puesto.

—Dicen que Hong Kong es una tierra llena de magia, así que son famosos sus amuletos, sólo que no debes quitártelo si quieres que te siga protegiendo

—Gracias.

Y esa sonrisa llena de vida él jamás podría quitársela de la cabeza, pensó Syaoran mientras un pequeño silencio incómodo comenzaba a tejerse entre ellos.

—De hecho… —carraspeó él finalmente—, en parte fue ésa la razón por la que llegué tarde a la escuela hoy: pusieron la maleta en donde venía el amuleto en otro vuelo que llegó apenas hoy a Japón y tuve que ir en la mañana a recogerla. Aunque no estaba seguro de que te gustaría, en un principio quería entregártelo en cuanto te viera, pero como llegué justo antes de la presentación, no tuve oportunidad y después… —Syaoran comenzó a maldecirse. Estaba balbuceando incesantemente y alguien tendría que detenerlo, porque él no lo lograría solo.

—No sé por qué dices que no es muy bonito, porque a mí me parece que sí. En verdad, muchas gracias, Syaoran-kun… —un bello tono rosado abarcó sus mejillas—, sobre todo por no burlarte de mi miedo a los fantasmas. Touya dice que parezco una niña por pensar en esas cosas —hizo un mohín casi infantil que parecía casi una ironía para lo que acababa de decir.

—No creo que seas una niña —sin darse cuenta de lo que hacía, una de sus manos se elevó hasta el rostro femenino, que sintió cálido en ese ligero roce. Los ojos de esmeralda se elevaron automáticamente para encontrarse con los suyos. Syaoran se sonrió y habló en queda voz, más para sí que hacia ella—. Ahora que lo pienso, creo que tus ojos son más verdes que el jade.

—¿Eh? —Sakura sintió que las mejillas le ardían y se tensó como una roca. Al mismo tiempo vio que él parpadeaba y parecía regresar de una realidad alterna, pues en menos de un segundo apartó la mano con la que acariciaba su rostro y desvió la mirada hacia algún punto en la lejanía.

—¡Perdón, yo…! —Syaoran quería desaparecer en ese instante. ‘¿Qué diablos estoy haciendo?’ Un millón de dudas se apoderaron de él y se sintió amedrantado como un gato frente a la bañera. ‘No puedo…’

Ninguno de los dos se movía y el silencio continuaba creciendo entre ellos hasta convertirse en un auténtico Golem. Syaoran quería salir corriendo en ese preciso instante.

“…no me digas que no eres capaz de tomar el riesgo de sufrir un rechazo amoroso ahora. Después de todo, es parte de la libertad que elegiste y por la que lo arriesgaste todo”

Meiling tenía razón: en verdad lo había arriesgado todo, así que no era momento de cobardías. Syaoran tomó una bocanada de aire y apretó los puños en sus bolsillos plantando la mirada en las baldosas del piso.

—La verdad es que… —pero… ¿cuáles eran las palabras adecuadas? Al verlo dubitativo, Sakura se acercó un poco más a él.

—Te escucho.

¡Al diablo!’ frunciendo el ceño levantó la mirada y se topó directamente con aquellos ojos verdes—. Me gustas, Sakura… me gustas mucho.

Quería añadir que era la primer amiga que tenía y por eso tenía tanto miedo de perderla, pero prefirió esperar a ver su respuesta, aunque ésta tardó varios siglos en llegar, o al menos eso le parecieron mientras contenía el aire hasta casi sentir que desmayaba por hipoxia. Finalmente, lenta y tímidamente, la boca de su amiga abandonó la “o” en la que se había congelado por la sorpresa hasta dibujar una sonrisa que a cada segundo se extendía hasta iluminar su rostro entero.

—¡Gracias!

Aquello fue como un balde de agua fría para el pobre muchacho.

—¿Gracias?

—¡No! Quiero decir… —Sakura comenzó a reír descontroladamente… nerviosamente, hasta que se encogió de hombros y se obligó a calmarse un poco—. Quiero decir… que tú también me gustas, Syaoran-kun.

—¿En serio? —Syaoran abrió los ojos como platos—. ¿Quieres decir que… te gusto, como tú me gustas? Es decir… no como amigos, sino…

Si pudiera, se hubiera dado una patada en la cabeza. Ésa debía ser la declaración más ridícula sobre la faz de la tierra. Afortunadamente no había nadie más en la calle que pudiera presenciar semejante escena, pensó Syaoran. Sólo él y Sakura, y comenzaba a admitir que su compañera era tan torpe para esos temas como él. El sólo hecho de pensar en esto ocasionó un brote de carcajadas en el chino. Sakura, por su parte, no supo bien cuál era la causa de esa euforia, pero se sintió contagiada por tan extraña explosión en su amigo.

—Sakura… —musitó él finalmente cuando las risas le dejaron respirar un poco—. ¿Quieres ser mi novia?

Ella no necesitó pensarlo dos veces y asintió vehementemente, incapaz de pronunciar palabra. Sentía que una ráfaga de fuegos artificiales se apoderaba de su cuerpo. Probablemente comenzaría a levitar en cualquier momento, pensó.

Syaoran, por su parte, se dio cuenta de que nuevamente no se le ocurría qué más decir: la confesión estaba hecha (¡Y aceptada!), la petición de noviazgo estaba hecha (¡Y aceptada!). ¿Qué seguía ahora? ¿Debía tomarla de la mano, abrazarla, besarla? ¿O quizá había alguna regla establecida para los besos, como no hacerlo antes de la tercera cita? Había escuchado a su prima decir algo al respecto una vez. Una de sus manos se elevaba de vez en vez tentativamente hacia la hermosa joven, pero nuevamente él la regresaba a su lugar, indeciso. Incluso maldijo que no existiera una guía para ese tipo de detalles.

Por otro lado, embelesada en su campo de alegría, Sakura apenas si sintió el tiempo pasar hasta que vio al chico pasarse una mano por el cabello para preguntarle:

—¿Puedo abrazarte?

Como toda respuesta, ella misma se lanzó hacia él, rodeando su torso y apretándolo ligeramente en un abrazo que los envolvió a ambos rápidamente. Por un momento pensó que el corazón se le saldría de la caja torácica.

—¿Puedo…? —le oyó hablar nuevamente y alzó la mirada hacia él, aunque él calló rápidamente y con una sonrisa apartó las gafas de Akira de su nariz—. Perdón, sólo quiero estar seguro de que eres tú y no Akira…

—¡Ah, cierto! —Sakura rápidamente se deshizo también de su peluca. Había olvidado que aún llevaba puesto el disfraz del mesero. Tuvo algunas dificultades con los pasadores, pero él la ayudó hasta que quedó libre de objetos extraños en su cabeza y pudo abrazarla nuevamente, aunque con una mano continuó acariciando el cabello femenino.

—Ahora sí… —y comenzó a inclinar su rostro hacia ella hasta que la respiración de uno chocaba en las mejillas del otro. Cuando se volvió innegable que finalmente la besaría, Sakura cerró los ojos, turbándose y sintiendo un estruendo en el pecho cuando finalmente sus labios se rosaron en un beso que sólo en sus sueños había creído posible.

Bueno, pensó Syaoran, al menos el beso había salido bien. Un poco torpe al intentar deshacerse del disfraz de su ahora novia, pero al final lo había logrado. Estaba abrazando a la chica que lo había conquistado probablemente desde el instante en que lo había llamado idiota y cobarde, ¡y no sólo eso! También estaba besándola, así que el mundo podría seguir girando, porque a él ya no le importaba. Incluso si había hecho el ridículo con una declaración sólo apta para novatos, no le importaba. De cualquier manera, no quedaría más recuerdo sobre esa noche que el de besar finalmente esos dulces labios japoneses.

—¡Divino! —exclamó lo más bajo que pudo la joven de ojos violetas sin dejar de pasar una mirada entre la pantalla de su cámara y la escena real—. Tardaron tanto que pensé que se agotaría la memoria antes de tiempo, pero finalmente lo hicieron. ¡Esos dos son una ternura! Y no puedo esperar a mostrarle el video a Sakura-chan. ¡Quedará impactada!

El muchacho a su lado se cruzó de hombros con una sonrisa y silbó, recordando el momento en que Tomoyo se había dado cuenta de que habían perdido de vista a sus objetivos, así como la rápida pero sigilosa búsqueda que habían tenido que hacer para encontrarlos.

—Al menos alcanzaste a grabarlo todo. No me imagino lo que me habrías hecho si hubiéramos llegado demasiado tarde.

—Y no quieres saberlo —ella se viró hacia él con una dulce, muy dulce sonrisa que causó escalofríos en el inglés.

—Insisto: eres un auténtico demonio.

FIN