2. El club de fans

—Li Syaoran —comenzó Tomoyo—. Edad: 16 años. Cumpleaños: 13 de julio. Su color favorito es el verde y suele usar por lo menos alguna prenda de ese color. Pertenece al club de Karate de la escuela, y es uno de los más avanzados, aunque también domina las artes marciales chinas, al parecer una variedad especial de la familia Li; en general, es un alumno sobresaliente en los deportes. Tiene ojos cafés de tono ámbar o almendra y cabello castaño tono medio que suele traer despeinado. Mide 1.82 m y tiene una cintura de 80 cm con un abdomen muy bien marcado.

—Tomoyo…

—Espera, aún continúa: aunque es chino, se mudó a Japón hace un año para cursar la preparatoria en Tomoeda. Su japonés es fluido y sus notas están entre las más altas de la clase, sólo por debajo de Eriol Hiragizawa, con quien al parecer tiene cierta rivalidad. Es muy callado y rara vez se le ha visto sonreír, aunque su mejor amigo, Yamazaki Takashi, es todo lo contrario: no le para la boca y suele estar riendo todo el tiempo mientras cuenta mentiras.

Entonces tú también sabías lo de sus mentiras’ Sakura hizo una mueca recordando el día anterior en el restaurante, cuando cayó redondita con la historia contada por el muchacho.

—No se le conocen novias y hasta el momento se cuentan 22 compañeras de diferentes grados rechazadas por él. Por esto mismo, incluso un par de chicos se han animado —la joven se llevó una mano a la boca para ahogar una risilla—, pero sólo consiguieron lo mismo que ellas: nada. Es un gran cocinero y parece que no le gusta la comida picante… ¡Mira, incluso aquí hay una foto de él entrenando sin camisa!

—Tomoyo… —Sakura intentó llamar una vez más su atención— ¿de dónde sacaste todo eso? —echó un vistazo a la pantalla en la computadora de su amiga. Era sábado y ambas se encontraban en la casa Daidouji, sentadas frente al monitor—. ¿Y cómo tomaste esas fotos? —se dio cuenta de que no sólo existía una, sino un archivo repleto con imágenes del susodicho.

—No tuve que hacer nada más que dar un clic. Mira, es el club de fans de Syaoran Li —le señaló. Sakura vio que en efecto se trataba de un blog en donde, al parecer, el chino era el tema principal.

—¿Tiene un club de fans?

—Al menos uno, ése es el oficial.

—¿Oficial? —Sakura ladeó la cabeza. ¿De qué diablos estaba hablando su amiga?

—No debería sorprenderte, es considerado uno de los chicos más guapos de la escuela, e incluso en eso compite con Eriol Hiragizawa, mira… —Tomoyo volvió a escribir un par de cosas en el teclado y dio la misma cantidad de clics antes de que apareciera una nueva ventana.

—¿Hiragizawa también tiene uno?— comenzó a leer entre líneas la información, estatura y características del joven. Incluso, al igual que ocurría con el otro, había un archivo exclusivo para las imágenes del chico—. No sabía que era inglés. Habla demasiado bien el japonés (mejor que yo, creo), ¡y su apellido…!

—Su madre es inglesa, su padre japonés, y él se mudó a Tomoeda poco después que Syaoran —contestó Tomoyo sin mirar siquiera la pantalla—. Tiene unas cuantas fans más que Syaoran, aunque probablemente es por las fotos en las que sale con el uniforme del equipo de natación.

—¿Por qué sabes todo esto? —Sakura miró atónita la aplastante cantidad de imágenes existentes del susodicho entrenando y conversando con otros en traje de baño.

—Siempre hay que estar bien informada sobre lo que ocurre a tu alrededor. Bueno, en realidad… —soltó una risita, anticipando la reacción de Sakura ante lo que estaba a punto de decir—, fue gracias a tu club de fans que me di cuenta que existían otros.

—Mi… ¿Qué? —la expresión de Sakura lo decía todo. Tomoyo no perdió oportunidad para tomar una foto—. ¡Hey! ¿de dónde sacaste eso? —la castaña miró la cámara casi con horror.

—La traigo siempre conmigo. Nunca sabes cuándo la vas a necesitar —le guiñó un ojo a su compañera.

—Te burlas de mí… —hizo un puchero—, ¿y cómo es posible que tenga un club de fans sin saberlo? ¿Quién lo hizo?

—No lo sé —mintió—, pero volvamos al tema…

—Ni siquiera sé cuál era el tema.

—Lo que te quería decir desde un principio: que no debe sorprenderte que Li-san tenga algunas acosadoras que lo sigan a todas partes. También Naoko lo sabe, ella está inscrita al club de fans y sabe cuántos miembros son, así que no te sientas mal por ella a causa de la “gran competencia” que tiene. No obstante, podemos aprovechar esta oportunidad para…

—¿Qué oportunidad? —a Sakura ya no le estaba gustando cómo sonaba aquello.

—Dices que Syaoran va a ese restaurante donde trabajas muy seguido, ¿no?

—Eso me dijo el otro mesero —se encogió de hombros.

—Seguramente le da un ataque de hambre saliendo de entrenar y no puede esperar a llegar a su casa a comer. Pero, volviendo al tema, tienes la oportunidad de estar cerca de Syaoran sin que él sospeche de ti. Así puedes sacarle información poco a poco y hacer que nuestra amiga tenga mayor oportunidad con él, ¿no?

—Pero… ¿qué tipo de información?

—De cualquier tipo: qué le gusta hacer, cómo, qué tipo de chicas le gustan, hasta en qué orden suele vestirse; lo que sea. Recuerda que la guerra del amor también es una guerra de información: gana aquél que conozca el camino para llegar al final.

Sakura observó con detenimiento y cierto temor a su compañera. ¿Tomoyo Daidouji, la romántica empedernida, acababa de decir que la guerra del amor era una guerra de información? Aquello no parecía algo muy idealista que alguien como ella fuera capaz de decir, aunque debía admitir que su amiga había demostrado ser una persona muy práctica en múltiples ocasiones.

—No creo que sea tan fácil.

—No tienes que lograrlo en un día. Ganarse la confianza de las personas lleva tiempo, así que hay que esperar con paciencia. Mientras, intenta dar pequeños pasos poco a poco, yo sé que lo puedes lograr —y ahí estaba una vez más la sonrisa confiada y entusiasta de su amiga. A Sakura no le quedó otra opción que tragar saliva, sabiendo que nunca la haría cambiar de opinión una vez que aquella expresión aparecía sobre su rostro.

—Está bien, lo intentaré —Sakura suspiró. ‘Y yo que creí que me habías invitado para celebrar que me dieron el trabajo’.

Apenas regresaba a su casa cuando vio a su hermano saliendo por la misma puerta que ella estaba a punto de cruzar.

—¿Vas a salir?

—¿Qué otra cosa parece? —Touya alzó una ceja burlona y Sakura frunció el ceño—. Voy un rato a casa de Yukito.

—Yukito… —instantáneamente a la castaña se le iluminaron los ojos. Tan sólo escuchar el nombre del mejor amigo de su hermano le aceleraba el corazón—. ¿Puedo ir con…?

—Olvídalo.

—Qué malo eres —Sakura volvió a encaminarse hacia la puerta y Touya continuó su camino a la reja, hasta que la menor cambió de opinión—. Oye hermano…

—Ya te dije que no.

—No es eso, quería hacerte una pregunta… —titubeó. No había podido quitarse aquella idea de la cabeza y, conociendo a su hermano, seguramente él sabía más que ella al respecto.

—No tengo todo el tiempo, así que sólo hazla, monstruo.

—Es sobre… ¡no soy un monstruo! —bufó. Aquel sujeto siempre le salía con la misma broma y, a pesar de los años, ella no conseguía mantener el temple, ni siquiera ignorarlo.

—Ya, mejor dilo y ya.

—Uhm… —Sakura apretó los dientes y suspiró—. Quería preguntarte si tú también tuviste un club de fans cuando estabas en la preparatoria.

—¿Club de fans? —Touya se encogió de hombros y aparentemente estuvo a punto de marcharse sin responder a aquella pregunta, cuando volvió rápidamente sobre sus talones hasta llegar junto a la chica—. Un momento, ¿dijiste también? Sakura: ¿Tienes un club de fans? Te advierto que si tan sólo uno de ellos llega a acercarte a ti o a esta casa voy a…

Y ahí estaba otra vez esa faceta de hermano sobre-protector que a Touya Kinomoto tanto le encantaba ostentar. Sakura la conocía desde que era pequeña y, contrario a lo que alguna vez había pensado, ésta sólo se había incrementado con los años, empeorando justo durante la secundaria, más precisamente el día en que uno de sus compañeros había tenido que ir a su casa para hacer un proyecto de escuela. A partir de ese día Touya había pasado de ser un hermano fastidioso a convertirse en un cerberos dispuesto a todo con tal de alejar de su hermana a los “intrusos”.

—Tranquilo hermano, es sólo un club y no puede pasar nada… — lo observó desviar la mirada con gesto incómodo— ¿o sí?

—¡Li-kun, espera!

Olvídalo’ alzó la vista hacia adelante: ya casi lo lograba. ¿Cómo era que esa chica no se había cansado de perseguirlo? ‘Ni siquiera la puedo dejar atrás gracias a esto’ miró la bolsa de papel que traía entre las manos, repleta de víveres. Ahora ni siquiera podía comprar su comida a gusto sin tener que enfrentar a alguna mujer con un tornillo suelto.

—Vamos Li-kun, ¡Sólo tienes que decir que sí! ¿Por qué no me respondes?

No, gracias’ alcanzó la reja y sacó las llaves de su bolsillo, pero no lograba encontrar la que abría la reja principal. ‘¡Demonios!’ viendo que la joven ya estaba peligrosamente cerca, decidió brincar la verja para pasar, lo cual no le resultó difícil a pesar de tener que cargar con todo el peso de la bolsa en una mano.

—¡No! Li-kun, sólo quiero que me digas que sí, por favor… —la mujer se vio impedida de continuar su persecución por los barrotes de la cerca, no teniendo otra opción que resignarse a contemplar al joven mientras éste se aproximaba a la puerta de su casa para luego entrar en ella.

—Ésa estuvo cerca —suspiró Syaoran recargándose contra la puerta cerrada tras de él y dejando escapar un suspiro pesado.

—Vas a tener que ir con más cuidado —una voz provino del rellano de las escaleras—, si no eres capaz de decirles “no” a la cara, al menos evita que se animen a dar el primer paso. Decir ‘lo siento’ y salir corriendo no es nada cortés. Por otro lado, parece que cada vez son más “valientes”, ¿o me equivoco? Apenas hace una semana que regresaste a la escuela y ésta es la segunda chica. Incluso te siguió hasta acá. Supongo que también era de Seiju.

—Tercer grado —Syaoran se incorporó—, pero eso no te importa, y deja de estarte metiendo en mis asuntos —y, sin más, caminó hacia la cocina para dejar los víveres en su lugar. No obstante su ruda respuesta, el joven fue seguido por su interlocutor.

—Por cierto, ella llamó —al pronunciar esto se dio cuenta de que los hombros del chino se ponían tensos.

—¿Qué dijo?

—Fue Wei quien contestó —se refirió al mayordomo, un hombre maduro que por esos días se encontraba un poco resfriado, razón por la que Syaoran se había ofrecido a ayudarle con las compras.

—Entonces le preguntaré a él —Syaoran quiso avanzar.

—Espera, le dije que tomara una siesta y no creo que quieras interrumpirlo.

Syaoran gruñó. Le tenía demasiado cariño al hombre que lo había criado como un padre a su hijo. No obstante, no podía dejar de sentir esa escalofriante curiosidad respecto a lo que esa mujer (su madre) pudiera haber dicho. Él mejor que nadie sabía que una llamada suya normalmente significaba malas noticias, o al menos cosas que terminaban por trastornarle el día o la vida entera.

—No te preocupes, Wei me dijo de qué se trataba. Al parecer tenemos que saberlo nosotros también: tu hermana vendrá pronto, ya compró el boleto de avión y todo está listo.

—Debes estar feliz con esa noticia.

—Ya te lo dije, no es algo que tenga que ver mucho conmigo —el otro se encogió de hombros—. Por cierto, no vendrá sola.

—Entonces deja de hablar a medias. ¿Quién viene con ella?

—Tu prima —el otro sonrió. Aquella noticia debía ser tan agradable y refrescante para Syaoran como un cubo de agua lanzado directo a la cara en el polo norte—. Me pregunto si vendrá como escolta para Fuutie o por alguna otra razón…

—Eso no te incumbe —Syaoran gruñó y se giró para mirarlo a la cara—. Otra cosa, Hiragizawa-san…

—Dime —el joven, de su misma edad, aunque un poco mayor estatura, oscuros cabellos y profundos ojos azules detrás de un par de gafas, se recargó contra la puerta en espera de lo que el castaño iba a decirle—, y ya te he dicho que me llames simplemente Eriol, después de todo…

—No hables de mi hermana tan a la ligera —lo interrumpió Syaoran—. Yo la respeto y espero que tú también, o…

—No te preocupes, en ese aspecto estoy totalmente de acuerdo contigo —Eriol entendió hacia dónde se dirigía la amenaza del chino. Se dio la media vuelta y salió de su vista. Syaoran, viéndose solo, apretó los dientes y se sentó a la mesa.

¿Qué estás pensando Fuutie… y por qué la tienes que traer precisamente a ella contigo?’ En verdad, aunque quería mucho a su hermana, rara vez la comprendía.

Sakura sonrió. Ya era mitad de semana y se estaba acostumbrando rápidamente a su nuevo empleo. Las cosas resultaban considerablemente sencillas teniendo a un compañero de trabajo como Yuta, el mesero, aunque Suzume Yagami, el cocinero, parecía demasiado reservado como para querer entablar una conversación con cualquiera de los dos. De cualquier manera, el jefe estaba satisfecho con ella, por lo que tampoco era algo que debía inquietarle mucho.

—¡Uff! Sólo queda una caja, ¿me ayudarías con ella, Akira? —Yuta salió del almacén cargando una caja repleta de palillos desechables. Cada determinado tiempo, el dueño del restaurante montaba todos los productos plásticos acumulados en una camioneta y los llevaba a reciclar. Ya estaban por cerrar y al parecer no llegarían más clientes, de manera que Sakura decidió ayudar y fue al almacén por la caja restante.

—¿Te ayudo? —Yuta alzó una ceja burlona al ver que el nuevo tenía problemas para salir cargando una sola caja, pero se esforzó por no reírse y se hizo a un lado al ver que el muchacho negaba su ayuda.

—Sí pude ¿ves?— Sakura sonrió, orgullosa, y dejó su carga sobre el suelo.

—Aún te falta subirla y acomodarla —señaló a las demás, que estaban apiladas de manera ordenada dentro de la furgoneta. Sakura se mordió el labio.

—Lo haré en seguida. Si quieres regresa, hay que comenzar a recoger las cosas. Mientras tanto, yo acomodo ésta y ahorita te alcanzo.

—Está bien, sólo no tardes tanto —Yuta rió y entró al restaurante. Sakura comenzó a luchar una vez más con la caja, aunque decidió que sería más práctico si abría bien la puerta de la camioneta, que apenas llegaba a la mitad de su apertura real. Tomó entonces una de las puertas y la abrió por completo de un solo tirón, aunque al hacerlo sintió inmediatamente que algo se estrellaba contra ésta, seguido de un quejido ahogado y un golpe seco de algo que caía al piso.

—¡Ah, lo siento! —se asomó para ver a la víctima y cuál no sería su sorpresa al reconocer al joven que, tirado en el piso, sobaba su frente con una mano y sacudía la cabeza, aparentemente confundido con el golpazo—. ¡Li-san! ¿Estás bien?

—Eh… sí —el aludido parpadeó y alzó la vista hacia ella—. Ah, eres tú —y giró la cabeza para ver la ventana del restaurante—. Ni siquiera me di cuenta de que andaba por aquí.

—¿Seguro que estás bien? —la actitud del chino le resultaba extraña. Éste se puso de pie y miró hacia atrás por sobre su hombro.

—Creo que la perdí.

—¡Li-kun! —se escuchó un chillido al otro lado de la calle y la piel del chico se erizó al instante. Sakura se asomó por el otro lado de la camioneta y vio que una joven cruzaba la calle a varios metros de ellos, girando la cabeza en todas direcciones como si buscara algo.

—Creo que te buscan…

—¡Rayos! —observó que él paseaba la vista hacia todos lados, como si también buscara algo—. Tengo que esconderme… —luego la miró a ella—. ¡Ayúdame, por favor!

Nunca había visto esa mirada de súplica y desesperación en su compañero antes. Parecía una situación de vida o muerte, de modo que ella no lo dudó dos veces:

—¡Entra! —le señaló el interior de la camioneta y él no se hizo del rogar. En seguida Sakura cerró bien ambas puertas y simuló demencia distrayéndose con la caja que continuaba en el piso. La chica no tardó en llegar hasta ella.

—Etto… disculpa, ¿no viste a un joven pasar por aquí? Es como de tu edad, pero más alto, muy guapo y trae una playera verde.

—Lo siento, no he visto pasar a nadie —‘Ni siquiera me di cuenta de cómo iba vestido’, pensó Sakura.

—Está bien, gracias, creo que seguiré buscando —la chica continuó su camino y Sakura suspiró cuando la vio dar vuelta en la esquina.

—Parece que el peligro pasó —dijo tocando a la puerta, aunque no sabía aún a qué clase de peligro se refería realmente.

—Gracias, creo que ya puedo salir— vino la voz desde dentro y Sakura haló de la manivela, pero no consiguió abrir.

—Etto… creo que está cerrada.

—¿Qué?

—Espera un momento, voy por las llaves —y se apresuró a entrar para buscar a su jefe, dueño de la camioneta. Al explicarle que había cerrado sin meter la última caja no tardó en conseguir que se las prestara, pero aquello no dejó de hacerla sentir torpe. Definitivamente tenía que poner más atención a lo que hacía, o algún día terminaría metiéndose en problemas, pensó en tanto regresaba a la camioneta.

—Gracias, por un momento pensé que me olvidarías ahí —sonrió Syaoran aparentemente aliviado. Sakura no pudo evitar que un tenue rubor trepara a sus mejillas al constatar que nunca había visto al ambarino sonreírle a nadie antes. Incluso, si acaso no le fallaba la memoria, en el perfil del famoso Club de Fans de Syaoran Li estaba escrito que aquello era algo que ocurría con muy poca frecuencia.

No entiendo por qué, si tiene una linda sonri…’ se detuvo antes de continuar aquel pensamiento.

—¿Estás bien? Espero no haberte metido en ningún problema —cuando se dio cuenta, los ojos del muchacho ya estaban muy cerca de ella, examinándola. Sakura se hizo instantáneamente hacia atrás.

—¡S-sí, estoy bien, gracias! —pasó saliva, ¿de dónde había salido todo aquello?—. Lamento haberte hecho esperar ahí dentro.

—Descuida, no soy claustrofóbico —le aseguró él con una nueva sonrisa—. Estabas terminando de meter todas esas cajas ¿verdad? Ahora entiendo por qué estás sudando así. Deja te ayudo —dijo mientras levantaba la caja que había quedado sobre el suelo tranquilamente y regresaba a la puerta— ¿Dónde la pongo?

—¿Qué? ¡No! ¿Qué haces?

—No pasa nada, además tú me ayudaste mucho más. Mejor dime dónde la quieres.

—Uhm… supongo que ahí está bien —señaló un lugar y al segundo siguiente la caja estuvo allí—. Gracias, no tenías por qué.

—Ya te dije que no es nada. Además, tú cargaste todas las demás— con esa declaración, que no podía estar más lejos de la realidad, Sakura soltó una risa nerviosa—. Ya están por cerrar, ¿cierto?

—¿Eh…? Ah, sí, ya casi es hora —comprendió que él se refería al restaurante—, pero si quieres comer algo puedo ver qué…

El estómago del chino rugió interrumpiéndola y él se mordió el labio avergonzado.

—Ahora salí un poco más tarde y esa chica me retrasó aún más. Si tengo un poco de hambre, pero puedo esperar a llegar a casa.

—No tienes por qué. Seguramente quedó algo de comida preparada, aunque ya todo está recogido —se asomó al interior por la ventana—, pero te lo puedo dar para llevar. Como oficialmente son las “sobras del día”, obviamente va por cuenta de la casa —sonrió. No entendía muy bien por qué había pasado de un estado de nervios casi neurótico a sentirse nuevamente tranquila, pero al menos estaba aliviada de poder hablar una vez más.

—Eh, yo…— Li iba a replicar, pero un nuevo gruñido de sus tripas se adelantó a la conversación y al chino no le quedó otra opción que quedarse callado.

—Si no te molesta esperar un poco afuera, intentaré regresar lo más pronto posible —Sakura cerró la camioneta y corrió hacia la puerta. Cuando regresó, el joven estaba recargado contra la furgoneta, sumido en sus pensamientos. No obstante, pareció volver a la vida en cuanto percibió el aroma de lo que ella llevaba entre las manos.

—Huele delicioso.

—Lamento la demora, el señor Higurashi… —pero él le indicó que no se disculpara—. Uno es ramen y el otro tempura —señaló las dos cajillas que contenía la bolsa.

—Es perfecto, gracias —una vez más, Syaoran sonrió y ella frunció el ceño, preguntándose por un momento si en verdad se trataba del mismo compañero que tenía en Seiju.

—Por cierto, ¿por qué te estaba buscando esa chica? —se aventuró a preguntar al verlo tan afable, cosa rara en él. Syaoran dejó escapar un suspiro pesado.

—Ni siquiera la conozco. Va en mi escuela, pero creo que jamás la había visto. A veces sucede: salgo de clases o de entrenar y me encuentro con que están esperando afuera del edificio. Me preguntan si quiero salir con ellas y yo…

—Ya veo, ellas no entienden cuando les dices “no” —Sakura se cruzó de brazos, conocía a varias que eran así.

—Bueno, en realidad el problema es que ni siquiera puedo decirles eso —Syaoran bajó la mirada, visiblemente apenado.

—¿Cómo es eso?

—La primera vez que pasó lo hice… y ella se puso a llorar. No soporto ver a una mujer llorar, y menos si es por mi culpa.

—¿Entonces qué haces? —contrario a lo que él seguramente pensaba a Sakura aquello le pareció dulce de su parte.

—Intento escabullirme, aunque no siempre sale bien y hay algunas que son muy… persistentes —se comenzaba a notar que aquella conversación le resultaba incómoda al ambarino. Sakura intentó cambiar el tema. Sabía que ésa era una oportunidad de poder extraer más información para su amiga, pero ya el pobre había pasado por mucho ese día al estar huyendo de esa chica, estrellarse contra la camioneta y…

—¡Cierto! ¿Te encuentras bien? ¿No tienes alguna contusión? —se aproximó a él y automáticamente alzó una mano para apartar de la frente masculina los mechones de cabello que caían sobre ésta. Sin embargo, no pudo ver bien bajo la reducida luz a esas horas.

—Eh… estoy bien, gracias —a él pareció extrañarle que se preocupara de aquella manera y se le quedó mirando con cierta confusión en sus ojos.

—¡Lo siento! —ella apartó instantáneamente su mano al darse cuenta de lo que había hecho y dio un paso hacia atrás—. Bueno, tengo que irme y creo que tú también. Después de todo, supongo que sí tendrás que esperar a llegar a casa para poder sentarte a comer eso.

—No lo sé, quizás me siente en un parque en el camino; tengo mucha hambre. Nuevamente gracias, Akira-san.

—No te preocu… —Sakura se detuvo a media frase—. ¿Cómo sabes mi nombre?

—Akira Yamamoto, lo dice en tu gafete.

—Oh… —Sakura se quedó atónita—. Eres muy observador entonces.

—En realidad, aún lo traes puesto… y el uniforme también —Syaoran señaló a su pecho, su dedo peligrosamente cerca del lugar de donde pendía el nombre. A pesar de su disfraz, la joven dio un instintito paso hacia atrás y se llevó ambas manos al pecho para protegerlo, aunque se apresuró a regresar a una postura normal al ver que él daba claras muestras de extrañeza ante su actitud.

—Yo, etto…— ‘Piensa rápido, piensa rápido, ¡piensa rápido Sakura!’

—¿Te lastimaste cargando esas cajas? Con razón no podías con la última —Syaoran casi parecía divertido con la debilidad del nuevo mesero.

—¡Sí, eso! —una vez más había sido salvada de una manera inesperada, pero definitivamente algún día tendría que aprender a inventar buenas mentiras en tiempo récord.

—Entonces descansa y duerme con algo caliente, es bueno para los golpes. Me voy; espero que esto aún no se haya enfriado.

—¡Nos vemos!— Sakura agitó la mano mientras lo veía marcharse en otra dirección a la que ella tomaría. Él regresó el gesto con una mano y aceleró el paso al dar vuelta en una esquina.

—¿Sigues aquí? ¡Y mira nada más la cara que traes!— Yuta la encontró al salir del restaurante.

—¿Qué?

—No me mientas Akira, conozco esa expresión a la perfección —el varón miró en todas direcciones—. Ahora no seas egoísta y dime, ¿a quién saludabas hace un momento? Por la cara que pusiste, ¡Debe ser toda una belleza!

Notas de la autora: Este capítulo viene con un pequeño regalo: un par de imágenes que subí a mi página en Facebook. Para quien quiera verlas pueden buscarlas en Isis TemptationPrincess. También tengo los enlaces en mi perfil en Fanfiction.net (con mejor calidad), por si alguien desea darse un paseo por ahí.

Saludos y no olviden que sus comentarios y críticas son siempre muy bien recibidos! =)