19. Cuestión de Confianza

En cuanto el médico principal de la familia hizo el anuncio sobre la muerte de Yelan Li la sala se sumió en un silencio en el cual solamente se escuchaban algunos nerviosos movimientos de vestimentas entre los asistentes. La mirada de Syaoran se posó entonces en sus hermanas, quienes se habían tomado de las manos y contemplaban alternadamente al chico y a la autora de sus días. Era innegable el temor y la tristeza en sus ojos, pero aún así apretaban los labios para evitar proferir algún gemido, y cuando sus miradas se encontraban con la de su hermano los ojos oscuros eran cristalinos, pero firmes. Sólo Meiling se atrevió a decir algo en silencio, y a su primo no le costó trabajo leer sus labios: “Tú puedes”.

Nunca había tenido tanta presión sobre sus hombros, y jamás imaginó que la responsabilidad de una vida (menos aún: la de su propia madre) sería suya, pero los dados estaban tirados y era muy tarde para intentar cambiar eso, de manera que lo único que quedaba hacer era seguir adelante con el plan y creer en sí mismo como su familia lo hacía.

Incluso como Sakura lo hacía. Había encontrado un correo suyo al llegar del templo la noche anterior. Se trataba de un mensaje enviado el viernes pasado, en el cual, entre otras cosas, la chica reiteraba su deseo de que él fuera feliz, además de que le explicaba cómo ella continuaba preparándose para dar su mejor esfuerzo en la prueba oral de física, esperando firmemente a realizarla a su lado, pues él le había prometido llegar a tiempo para presentar juntos el trabajo. Lo que Sakura no sabía, era que en los próximos minutos se decidirían muchas cosas, entre ellas la libertad de Syaoran y cualquier oportunidad de regresar a Japón. En resumidas cuentas, lo que ella no sabía era que, si él fallaba en su acometido, pasaría el resto de su vida confinado en una pequeña celda.

Pero había dado su palabra en regresar, y Sakura lo esperaba sin dudarlo.

—Adelante —indicó su maestro y Syaoran asintió colocándose nuevamente frente a su madre y contemplando sus ojos cerrados. Colocó su mano izquierda sobre el pecho yerto sin percibir latido alguno. Yelan Li también lo estaba esperando.

Cerró los ojos. Respiró una vez, dos, y finalmente tres. Sintió su propio latir ir disminuyendo paulatinamente hasta ser casi imperceptible, tal como le había enseñado su anciano maestro. Los sonidos quedaron ahogados a sus oídos y sólo entonces supo que había llegado el momento: abriendo los ojos nuevamente alzó su mano derecha y apuntando con dos dedos propinó un único golpe en el vacío que había dejado entre el dedo pulgar e índice de su otra mano, justo al corazón de su madre.

Regresó ambas manos sobre sus rodillas y esperó. Esperó como sus hermanas y su prima lo hacían, como Sakura lo hacía. Fue la espera más tortuosa de su vida, pero definitivamente sería la más corta, así que lo hizo sin atreverse aún a respirar, concentrando todo su ser en un único pensamiento: la vida de Yelan.

Fue una rasposa inhalación y un brusco espasmo en el cuerpo frente a él lo que finalmente le hizo respirar aliviado en el preciso instante en que los oscuros ojos de su madre se abrían nuevamente. Al momento la sala explotó en vítores y las cuatro hermanas de Syaoran; Fuutie, Feimei, Xiefa y Fanren, corrieron al unísono para abalanzarse simultáneamente sobre su madre y hermano menor, quien continuaba demasiado aturdido como para poder comprender una palabra de lo que ellas decían. En estado similar parecía Yelan, pues continuaba tratando de regular su propia respiración y contemplaba con cierta confusión a sus hijos, aunque una cosa sí le quedaba clara: Syaoran lo había logrado.

—Lo sabía —Meiling se cruzó de brazos y observó a su alrededor con fría confidencia, aunque el temblor que se apoderaba de su cuerpo no pasó desapercibido al anciano que se acercó tranquilamente a ella. El maestro Yuga posó entonces una gentil mano sobre la morena y le sonrió.

—Llorar de alegría no te hará menos fuerte; al contrario.

Apenas hubo dicho esto, la joven se abrazó al hombre y comenzó a temblar más frenéticamente hasta que las lágrimas fluyeron por sus mejillas como lo hacían también en la menor de las hermanas Li.

——–

Eriol escuchaba pacientemente la discusión planteada por la profesora de Japonés II sobre el libro en turno para el mes. Era una de sus clases predilectas, pero contrario a un día normal, en esta ocasión le costaba trabajo prestar atención a la extravagante maestra, pues su mente invariablemente continuaba viajando a otros lugares, ya fuera en Tokio, donde seguramente su madre continuaría llorando la muerte de su padre y maldiciéndolo a él por no llorarlo también; o en Hong Kong, donde a esas horas Syaoran estaría jugándose el todo por el todo; o incluso en ese mismo salón, unos pupitres más allá, donde se encontraba una linda joven de ojos azules que había descubierto aspectos de él que él mismo desconocía. Con estos distractores, su propia cabeza era probablemente tan caótica en ese instante como lo fue en sus tiempos la de la ocurrente Sei Shônagon (1) al escribir las líneas que en esos momentos eran analizadas por sus compañeros de clase.

Cuando al fin parecía comenzar a ganar la batalla contra sus propias preocupaciones para poder concentrarse en la nueva anotación que una alumna estaba haciendo en el pizarrón, una alerta vibrante pero silenciosa en el bolsillo de su pantalón le instó a verificar el aparato, en donde un corto pero elocuente mensaje enviado desde china le hizo dibujar una sonrisa en su rostro.

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—¿Qué pasa? —habló la chica en cuanto lo encontró en uno de los rincones más alejados de la escuela durante el receso. Había recibido un mensaje de su parte citándola en ese punto. Era un bonito y tranquilo lugar, pero rara vez visitado por los visitantes debido a su lejanía de la cafetería y los salones.

—Perdona que te haya hecho venir hasta acá, querida Daidouji-san —la saludó con una sonrisa que incomodó un poco a la joven, quien al instante rememoró lo ocurrido al visitar al varón.

Casa Li, la noche anterior.

“Perdóname”, había dicho el chico, pero a Tomoyo le resultaba imposible poder darle una respuesta mientras sintiera sus brazos rodeándola de la forma en que lo estaban haciendo. Él apretaba su vientre con gentil firmeza, pero ella sentía que al mismo tiempo estaba estrujando su corazón. Como si necesitara una mayor prueba, la respiración del varón cerca de su cuello y el tremor que reptaba por su piel al tacto no hacían otra cosa que confirmar lo que ya tenía bien sabido y aún le costaba trabajo admitir: estaba enamorada de él.

Podía sentir su dolor y por eso una parte de ella no necesitaba pensarlo dos veces para perdonar al sujeto por haber jugado con sus sentimientos de la manera en que lo hizo, pero su otra mitad aún se sentía traicionada, y Eriol debió entender su titubeo, pues a continuación alzó la cabeza hacia su oído para susurrar contra éste:

—Está bien, no digas nada ahora, pero hay algo que quisiera decirte, aunque no puedo hacerlo antes de mañana. Por favor, necesito que me escuches.

El rozar de su cálido aliento contra su oreja y esa suave voz aterciopelada casi fracturaron su pecho, pero Tomoyo luchó por no tambalearse.

—Bien… —la chica tuvo que carraspear—, mañana hablaremos. Por lo pronto… por lo pronto… —maldijo internamente por no poder hablar coherentemente—, ¿hay algo en lo que pueda ayudarte? Quiero decir, yo… porque no sé si… —sintió sus mejillas arder y volvió a maldecirse, agradeciendo por otra parte estar de espaldas al varón.

Eriol comprendió que la estaba colocando en una encrucijada y finalmente la soltó, aunque Tomoyo no pudo evitar sentir un cierto desasosiego cuando lo hizo.

—Estaré bien, lo prometo. Ya no quiero preocuparte, pero gracias por haber venido; sinceramente no tenía ganas de ver a nadie hoy. No quería tener la lástima de nadie, por eso me alegra que de todas las personas hayas sido tú quien viniera.

Escuela Seiju, tiempo presente.

“… me alegra que de todas las personas hayas sido tú quien viniera”.

A Tomoyo le parecía seguir sintiendo sobre sí la mirada añil que se posó sobre ella cuando el chico dijo aquello, así como el nudo en su garganta. Por eso ahora le consternaba aún más ver esa sonrisa posada en el rostro masculino, como si hubiera un punto y aparte y Eriol hubiera dado vuelta a la página, siendo otro absolutamente distinto del chico que casi se había quebrado junto a ella el día anterior.

¿Qué había cambiado en menos de 24 horas?

—Como te dije ayer, hay algo que debo confesarte, pero sólo podía ser hoy, así que agradezco tu paciencia y que no me hayas preguntado más al respecto.

Esa sonrisa seguía ahí, igual que la pregunta: ¿Qué había pasado?

—Ayer dijiste que lo único real en mí parecía ser el compromiso que tenía con Fuutie —comenzó él al ver que la chica no parecía querer decir nada—. Bueno, debo confesarte que eso también fue un engaño.

´¿Qué?’ la impresión de Tomoyo fue tal que no atinó siquiera a exclamar en voz alta. Simplemente contempló pasmada al sujeto mientras éste le hablaba de una promesa realizada a Fuutie Li y cómo tuvieron que fingir un compromiso para “ganar tiempo” hasta que Syaoran tomara el mando familiar y pudiera anularlo para que su hermana pudiera ser libre de escoger a quien ella quisiera. Pero lo que más impactó a la joven fue escuchar que aquel beso en casa de los Li había tenido toda la intención de ser descubierto por el castaño. ¿Con qué propósito? Aparentemente ser odiado por Syaoran y apresurar su decisión de anular el compromiso. Entonces también se enteró que el chino había tenido que pasar por una prueba (la cual no quiso explicar a detalle) para liberarse él mismo del compromiso que tenía con su prima.

Entre éstas y otras palabras, la mejor amiga de Sakura Kinomoto quedó aturdida al terminar Eriol su explicación, al final de la cual ya se encontraban ambos sentados sobre el césped. Él la observó en silencio por espacio de uno o dos minutos mientras ella parecía luchar con varias ideas a la vez, no atinando a hablar sobre ninguna, hasta que finalmente balbuceó algo:

—Creí que estabas jugando conmigo.

—Lo siento… —pero ella le impidió seguir meneando la cabeza.

—Fuutie también se sentía culpable.

Esta vez era el turno de Eriol de sorprenderse. ¿Por qué ella decía eso?

—La encontré en el aeropuerto. Fue ella quien me pidió que te diera una segunda oportunidad.

—¿Ella? ¿Por qué? —inesperadamente el ceño del oji-azul hizo acto de presencia.

—Aunque lo menciones como si hubiera sido fácil, en realidad fue mucho lo que sacrificaste por ella. Por ejemplo, no podías enamorarte de nadie mientras estuvieras comprometido. Por eso rechazabas a todas las chicas que te invitaban a salir, ¿verdad?

Eriol no respondió.

—Además, a nadie le gusta vivir con una persona que lo odia, y tú realmente te esforzaste para que Li-kun te odiara.

—No fue tan difícil —él se encogió de hombros e incluso sonrió un poco, seguramente recordando alguna de sus fechorías para con el castaño—. Lo realmente difícil fue causarle daño a la única persona que hubiera aceptado a mi verdadero yo.

—Pero lo hiciste por una amiga —Tomoyo titubeó y finalmente tomó una mano del varón sentado a su lado—. Si te sirve de algo, yo también hubiera hecho lo mismo por Sakura.

—¿Te hubieras comprometido con ella? —él alzó una ceja lúdica, pero no esperó la sonrisa que ella le dirigió.

—¿Por qué no?

Eriol alzó ambas cejas esta vez.

—Hubiera pagado por verlo.

—Eres un pervertido.

—¡No lo digo en ese sentido! —esta vez, de la manera más intempestiva posible, un inevitable sonrojo trepó a las mejillas del muchacho, ocasionando una carcajada por parte de la chica.

—¿Lo ves? Ése es el verdadero tú. ¿Cómo podría no quererlo? —rió Tomoyo y entonces se detuvo al darse cuenta de lo que acababa de decir. Sus labios se sellaron automáticamente y su cara se puso del color de la grana. Eriol, por el contrario, no pudo evitar una sonrisa al darse cuenta de lo mismo y apretó la mano que la chica había sujetado.

—¿En serio?

Pero Tomoyo no respondería. Estaba muda y petrificada cual estatua. Él se acercó un poco más a ella y apartó unos mechones que caían sobre el rostro femenino.

—¿Quiere decir que me perdonas?

Los hermosos ojos violetas se posaron en él y su cabeza se movió en un tímido asentimiento. Él no la presionaría por una respuesta mejor: no la necesitaba.

—Gracias —se acercó para susurrar frente a su rostro sin cortar el contacto visual y al verla pasar saliva se inclinó hasta sembrar un suave y fugaz beso en la mejilla femenina, decidiendo que con el perdón obtenido, la ingenua e inesperada confesión femenina y ese sutil beso sería suficiente para declararse satisfecho y feliz… por ahora. Para lo demás encontraría otro momento más adecuado, pensó al ver su reloj.

—Se acabó el receso. Tenemos que regresar a clases.

————

Al llegar a su casa fue recibida inmediatamente por el quedo maullido de su gato, quien no tardó en asomarse a recibir a su dueña.

—Hola Kero. ¿Tienes hambre? —consultó su reloj tras calzarse las sandalias y vio que se le había hecho bastante tarde tras salir del trabajo. El animal se dirigió inmediatamente a la cocina, donde su comida era celosamente guardada en las latas apiladas junto al refrigerador.

—Lo siento, no me di cuenta que era tan tarde —Sakura abrió una de las latas y la colocó dentro del plato del felino, dándole una palmadita en la cabeza antes de caminar hacia las escaleras, acto que hizo maullar nuevamente a su mascota—. Perdón Kero, pero ahora tendrás que cenar solo. Creo que no tengo hambre —y con esto subió hacia su recámara para meterse en la ducha, en donde cerró los ojos al sentir el agua corriendo por su cuerpo y enfriando su cabeza, que comenzaba a dolerle un poco. Sin embargo se sorprendió a sí misma cuando en sus labios sintió un sabor salado y al abrir los ojos se descubrió con la vista nublada.

El pecho le dolía y sentía la garganta cerrada. Estaba llorando, y es que no podía apartar de su mente las palabras de Naoko un par de horas atrás.

Restaurante, ese día por la tarde.

—Bienvenida —Akira recibió con una sonrisa a Naoko mientras le acercaba la carta—, hace tiempo que no venías.

—Gracias. Me quedé de ver aquí con Rika y Chiharu, aunque llegué muy temprano. Como ellas nunca te han visto en tu trabajo, queríamos visitarte un poco. No estás muy ocupada hoy, ¿verdad?

—No mucho, incluso es posible que tenga algunos minutos para platicar con ustedes —sonrió la castaña. Se había convertido en un verdadero alivio no tener que ocultar su identidad a sus amigas, aunque para las demás personas tenía que seguir actuando como el mismo mesero de siempre.

—¿Y ahorita no tienes unos minutos? —los ojos oscuros de su amiga se agrandaron un poco detrás de sus lentes—. Siendo sinceras, llegué más temprano para poder hablar contigo de algo.

—¿Conmigo? —Sakura volteó a sus alrededores para verificar si ningún cliente requería de su atención y entonces se acercó un poco más a Naoko—. ¿De qué quieres hablarme?

—Bueno, no has sido la misma desde que Li-kun se fue a Hong Kong —Naoko fue directo al grano y la castaña respingó al escuchar el nombre—. Es porque estás enamorada de él, ¿verdad?

—Yo… etto… —era un tema difícil, o al menos Sakura Kinomoto así lo sentía, así que su mirada descendió inevitablemente al piso—, sí, pero quizá no tanto como tú, y tú sigues siendo la misma de siempre, así que no debería quejarme.

—¿Yo? —Naoko soltó una risita—. ¿De dónde piensas que estoy enamorada de Li-kun?

—Pues… las 7 reglas de oro y… —Sakura titubeó y alzó una ceja ladeando la cabeza—. ¿No estás enamorada de él?

—¡Claro que no! Estoy loca por él, claro, como cualquiera en su club de fans, pero hay muchas diferencias entre el amor y la obsesión, ¿sabes? —continuó Naoko con una sonrisa—. Para empezar, ¿recuerdas la regla número 4?

Sakura alzó una ceja dubitativa. Aunque se acordaba en esencia de lo que dictaban las famosas reglas, no tenía idea del orden de éstas.

—“No te importan sus defectos , pues tú lo aceptas tal como es” —citó la otra de memoria—, y si le preguntas a cualquier fan de Li-kun, te dirá que él no tiene defectos. Para nosotras, él es perfecto. Tú, en cambio, conoces sus defectos y los aceptas, ¿me equivoco?

—No —Sakura meneó la cabeza tímidamente y Naoko rió satisfecha.

—Además, recuerda la última: “verlo feliz te hará siempre feliz, aún si eso significa apartarte para permitirle ser feliz con alguien más”.

—¿Apartarse? No recuerdo eso —y era la verdad. La última vez habían sido interrumpidas antes de que Naoko pudiera terminar la oración.

—¿Y quieres saber algo? Si no se tratara de ti, yo no renunciaría tan fácilmente a ese bombón —le guiñó un ojo y Sakura no ocultó su sorpresa al escucharla nombrarlo así—. Aunque debo advertirte que tengas cuidado con las demás integrantes del club, porque algunas están un poco locas y no les gustará verlo contigo. Pero no te preocupes, yo te defenderé.

—No será necesario —Sakura bajó la cabeza hacia la mesa esta vez.

—Dices eso porque no las conoces, pero…

—En verdad, no será necesario. Li-kun fue a Hong Kong a formalizar su compromiso con Meiling.

Ambas quedaron en silencio durante unos 30 segundos después de lo dicho por la castaña, hasta que finalmente Naoko se puso de pie y miró directamente en los verdes ojos de su amiga.

—Es una tontería. Li-kun no puede hacer eso.

—¿Por qué no? Ellos son novios y…

—Y no se aman. ¿Cómo van a casarse así? Estarían cometiendo el peor error de sus vidas.

—Pero tú dijiste que hay que apartarse para dejarlo estar con la persona indicada.

—¿Y qué te hace pensar que esa persona es Meiling? —Naoko frunció el ceño, cosa que sólo solía ocurrir cuando contaba historias de terror.

—Pues… ella lo ama y…

—Te puedo asegurar que ella no lo ama más que yo.

Sakura parpadeó ante la declaración de su amiga.

—¿Entonces tú lo amas?

—¡No! —Naoko meneó la cabeza con cierta desesperación, aunque tuvo que recordarse que estaba hablando con su despistada amiga—. Lo que quiero decir es que Meiling no lo ama; ella está obsesionada con él, igual de obsesionada que cualquier fan, y la prueba la tienes en tus narices: aunque ella sabe que Li-kun no la quiere, ella no ha sabido hacerse a un lado porque es una bruja egoísta.

Sakura no pudo hablar inmediatamente. Una parte en su interior quería reaccionar y decirle a Naoko que Meiling no era esa clase de persona, en tanto que la otra se debatía pensando en que su amigo realmente no amaba a la morena, e incluso una vez le había comentado que tenía una opción para librarse del compromiso, pero al parecer se trataba de algo peor, de manera que no lo hacía. Sin embargo, el chico realmente parecía resignado a su matrimonio como un preso frente a una condena de por vida.

—Sakura-chan: si ellos dos se casan, ambos serán infelices de por vida. ¿Eso es lo que quieres para la persona que amas?

La aludida meneó la cabeza.

—Entonces tienes que hacer algo para impedirlo.

Sakura nuevamente meneó la cabeza.

—¿Por qué no? —Naoko se desesperaba nuevamente.

—Es demasiado tarde.

—¿Ya están casados?

—No.

—Entonces aún hay tiempo.

—No.

—¿Por qué? —Naoko apretó la mandíbula—. Tú siempre has sido una persona muy positiva que lucha por lo que quiere. ¿Por qué esta vez no? No puedo creer que vayas a quedarte cruzada de brazos mientras el chico que quieres arruina su vida. Debe haber una manera de impedirlo.

Naoko siempre había sido una persona pasional, romántica y directa, pero también muy fantasiosa, pensaba Sakura. Probablemente si ella conociera la situación de Syaoran no diría lo mismo, aunque ciertamente ella misma comenzaba a dudar de muchas cosas. ¿Y si Naoko tenía razón? Pero Syaoran mismo había dicho que no había modo de impedir ese compromiso, de manera que, ¿qué podría hacer alguien como ella al respecto?

—No, no hay manera. Además, yo confío en él, sé que podrá tomar la mejor decisión para su vida.

Naoko se acomodó los lentes sobre el puente de su nariz.

—¿Y si yo te dijera que pienso que Li-kun también está enamorado de ti? —soltó de repente, aún de pie, y Sakura retrocedió un paso apartando la mirada hacia otra mesa, viendo que uno de los comensales terminaba su plato.

—Tengo que seguir trabajando.

Casa Kinomoto, tiempo presente

Sakura siguió inmersa en sus pensamientos al salir de la ducha y vestirse con la ropa de dormir. Abrió la puerta de su cuarto y fue recibida nuevamente por Kero, quien había terminado su comida y le esperaba sobre la cama, lamiéndose las patas lánguidamente.

—Ya no sé, Kero. ¿Crees que debí haber hecho algo para impedirlo? —acarició al minino, quien se acurrucó a su lado cuando ella se tiró a la cama.

Pero Syaoran aún no contestaba ni daba señales de vida, así que probablemente ni siquiera se acordaba de ella, o al menos no pensaba en ella de la misma manera en que ella lo hacía con él.

¿Y si yo te dijera que pienso que Li-kun también está enamorado de ti?”

Imposible. Nuevamente sintió sus cálidas lágrimas correr por sus mejillas, y lo peor era no saber a ciencia cierta por qué lloraba: por saber que aquel chico estaba arruinando su vida o por saber que su amor no era correspondido. De cualquier forma, ambas eran cosas que ya había sabido de antemano, así que ni siquiera comprendía por qué justamente ahora tenía que llorar por ello. El pecho le laceraba como si un cuchillo se encajara lentamente abriéndose paso hacia su corazón. Su cabeza punzaba y sentía que todo le daba vueltas.

—Estoy confundida. ¿Qué debo hacer Kero? —apretó contra sí al felino, aunque no demasiado fuerte, y optó por llorar contra su pelaje hasta quedarse dormida.

————

—Qué extraño —Tomoyo miró el pupitre vacío de su compañera. Las clases habían llegado a su fin y su mejor amiga no había aparecido por ninguna parte.

—Todo el día estuviste mirando esa banca. ¿No piensas que pudo haberse enfermado? —fue repentinamente sorprendida por la voz de Eriol a su lado.

—Siempre que Sakura-chan se enferma me llama antes de clases para avisarme que no vendrá y pedirme que le pase los pendientes para que pueda hacerlos en casa.

—¿Piensas que algo pasó? —Eriol frunció el ceño y como respuesta la joven tomó su móvil y pulsó un par de teclas hasta escuchar el tono de timbrado. Entonces la oyó hablar con su amiga en un tono preocupado. Escuchó apenas a medias, hasta que la chica dijo algo que lo puso sobre alerta:

—¡Te equivocas! Li-kun te quiere más de lo que imaginas. En realidad él fue a China a… —en ese momento tomó el aparato de las manos femeninas y la vio mirarlo como si estuviera loco—. ¿Qué haces? Sakura debe saber lo que Li-kun siente por ella y lo que en realidad está haciendo para liberarse del compromiso con Meiling.

—Buenas tardes Sakura-chan… —habló Eriol alejándose unos pasos de Tomoyo, esquivando los vanos intentos de la chica por recuperar su teléfono—. Sí, la profesora Akane acaba de llevarse a Tomoyo de repente. Creo que pasó algo en el salón del coro y no pudo esperar a que terminara la llamada.

—¡Saku…! —esta vez el llamado de Tomoyo fue acallado por una presta mano de Eriol, quien rápidamente se colocó detrás de ella, cubriendo su boca al mismo tiempo que la inmovilizaba un poco para que ella no siguiera queriendo alcanzar el teléfono.

—Estamos preocupados por ti. Espero que te encuentres bien… —y a la chica no le quedó más opción que escuchar cómo él intercambiaba rápidamente palabras con su amiga para colgar el aparato menos de un minuto después.

—¿Por qué hiciste eso? —le reclamó en cuanto se vio liberada de su mano—. Sakura está deprimida porque piensa que Li-kun sigue comprometido. ¿No entiendes? Imagínate que fueras tú en su lugar y…

—Lo sé, pero creo que eres tú quien no lo entiende —Eriol le devolvió el celular—. Si Syaoran-kun quisiera que ella lo supiera, ya se lo habría dicho, pero por alguna razón no lo ha hecho. Quizá prefiere hacerlo en persona. ¿No te parece que sería mejor que lo supiera directamente de él?

—Pero no puedo verla sufrir así innecesariamente —Tomoyo meneó la cabeza sin dejar de retarlo con la mirada—. Nunca la he visto deprimida, ella no es así. Además, esto es un malentendido ridículo; ambos se quieren y no…

Pese al evidente enfado de su compañera, Eriol tomó el rostro molesto entre sus manos y se permitió disfrutar un par de segundos del suave tacto de sus mejillas, dirigiéndole una sonrisa que la aturdió un instante.

—Me gusta cómo te preocupas por tu amiga. Realmente pierdes la cabeza cuando se trata de defenderla, pero ¿Por qué no dejas que ellos mismos resuelvan lo suyo? Si lo piensas un poco, estoy seguro que comprenderás que no somos las personas indicadas para interferir, y si Syaoran-kun pensó en esperar para contarle todo y confesarse, yo respeto su decisión.

La mirada añil que el varón le devolvía dejó a la joven en un estado de mutismo. Eran palabras que jamás hubiera esperado escuchar de él, aunque por otra parte tampoco podía imaginarse que fuera de otra manera. ¿Era acaso por su característica temple? ¿O quizá formaba parte de la manera en la que el chico siempre miraba un paso más allá que los demás?

Pero la ternura con la que él acariciaba su mejilla y esa casi imperceptible súplica en sus ojos al pedirle que esperara le decían otra cosa: definitivamente se trataba de algo más, algo que formaba parte del verdadero Eriol y que seguramente casi nadie conocía de él:

—Confías en Li-kun —declaró de pronto y le vio sorprenderse un segundo para después sonreír nuevamente—. Él no lo sabe, pero realmente confías en él como si fuera tu amigo. Si él supiera lo que piensas de él, estoy segura de que le resultaría imposible odiarte.

—Si él lo supiera, no habría tenido el valor de liberar a Fuutie de estar conmigo —él se encogió de hombros como si hablaran de grillos y mariposas.

—Aunque haya sido algo planeado y así, debe ser muy difícil ser odiado por alguien a quien respetas tanto.

El brillo en los ojos de amatista cambió totalmente. Era evidente que Tomoyo ya no estaba molesta. Al contrario, a Eriol le pareció reconocer un atisbo de lástima en su mirada.

—No te sientas mal por mí, fue algo que decidí por mi cuenta. Además, si hablamos de cosas difíciles, no se compara con ser odiado por alguien de quien estás enamorado.

El corazón de Tomoyo dejó de latir en ese preciso instante, o al menos eso le pareció, pues sintió un golpe sordo en su pecho y después no pudo percibir nada más. Era como si su cuerpo hubiera desaparecido, pues incluso los músculos dejaron de responderle. ¿Había entendido bien lo que su compañero acababa de decirle? ¿Estaba interpretando correctamente la dulce mirada azur que él le dirigía?

—Te ves hermosa cuando te sonrojas así, Tomoyo Daidouji —él acercó un poco más su rostro hacia ella y ahora sus pulmones también parecieron paralizarse, pues le resultó imposible seguir respirando.

—¿Sabes por qué entiendo tan bien a Li-kun? —preguntó él y ella no pudo responder una sola palabra—. Porque no me gustaría que nadie más te dijera lo que siento por ti, dulce Tomoyo.

Dulce Tomoyo. Su piel se sintió derretir ante aquel par de palabras. Si no recuperaba control sobre sí misma pronto, terminaría desvaneciéndose allí mismo. Estaba soñando. Seguramente era eso, porque no era algo como lo que había ocurrido aquella vez en casa de Li. No era esa mirada desnuda la que había visto en aquel momento, ni ese suave tacto con un diminuto tremor en la mano masculina. No era el mismo Eriol Hiragizawa.

—Lo siento, suelo dar demasiadas vueltas al asunto aunque sea muy evidente —él se rió de sí mismo—. En fin, la verdad es que te quiero y no puedo esperar a pedirte que seas mi novia. Quizás sería más correcto invitarte a salir y tratar de mostrarte que soy un caballero y así conquistarte, pero dices que te gusta el verdadero yo, y el verdadero yo sólo piensa en besarte en estos momentos —alzó una ceja casi infantil, como un chiquillo al admitir que no ha hecho los deberes escolares.

Hubiera podido brincar de alegría, o lanzarse sobre sus brazos y besarlo en ese mismo instante, pero continuaba de piedra y lo único que atinaba a hacer era sonreír, hasta que consiguió elevar una mano para apartar unos oscuros mechones del apuesto rostro varonil.

—Definitivamente me gusta mucho el verdadero .

Una lánguida sonrisa traviesa jugueteó en los labios del inglés.

—Excelente —y diciendo esto cerró la distancia entre ellos para encontrar a su compañera en un lento beso.

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—¿Piensas llevar todo eso? —Syaoran contempló a su prima luchando por meter una montaña de cosas a su maleta—. ¿Para qué?

—Son recuerdos para mis amigos. Mira, ésta es para Tomoyo —señaló una delicada blusa de seda china.

—¿Amigos? No sabía que tenías tantos en Japón —Syaoran alzó una ceja divertido—. Y aún me sorprende que te hayas vuelto amiga de Daidouji-san y al mismo tiempo odiaras tanto a Sakura.

—¿Por qué lo dudas? Soy una persona muy sociable —recalcó con recelo—. Además, Tomoyo es una buena chica, aunque sea amiga de esa torpe Kinomoto… —rió entre dientes al ver a su primo respingar—. Tranquilo, también llevo algo para Kinomoto. Quiero disculparme con ella por algunas cosas.

—Me alegra que la hayas aceptado finalmente.

—No me quedó otra opción —ella se encogió de hombros—. Y tú, ¿qué le vas a llevar?

El chico se encogió de hombros.

—Lo he pensado, pero aún no sé qué puedo llevarle.

—¿Bromeas? Nos vamos mañana y… ¿aún no sabes qué le vas a llevar a esa chica? —Meiling lo miró con reproche y le vio negar con la cabeza—. Vas a tener que apurarte, porque si yo fuera ella no te perdonaría que no me trajeras nada. ¿No has hablado con ella? Podrías preguntarle si le interesa algo en especial.

—No. Me escribió un correo el viernes…

—¿El viernes pasado?

—No, el otro viernes, y…

—¿Y no le has contestado?

—No, lo que…

—¿Te escribió un correo hace 10 días y NO le has contestado? —Meiling lo miró como se miraría a un pirómano—. ¿Quieres que te mande al diablo antes de empezar o algo así?

—No. Es sólo que… no sé qué escribirle —se defendió él—. Tengo muchas cosas que decirle, pero preferiría hacerlo en persona.

—Xiao Lang, ella aún piensa que estamos comprometidos. Y no es por querer asustarte, pero Kinomoto es una chica bastante popular entre los hombres. ¿No crees que alguno aprovechará la oportunidad de ver que no estás cerca de ella para adelantarse e invitarla a salir? —entornó los ojos—. No puedo creer que seas tan idiota.

—Gracias, eso definitivamente me hace sentir mejor —bufó él sarcástico.

—Pues el único culpable aquí eres tú si pasa eso —ella se llevó las manos a la cadera—. Así que ahora mismo saldrás a buscarle algo bonito a esa chica y le vas a llamar disculpándote por no haberlo hecho antes.

—Ya te dije que prefiero hacerlo en persona.

—Está bien, haz lo que quieras, pero no vengas a llorarme si cuando regresemos la encuentras saliendo con alguien más, porque no la culparía si lo hiciera.

—¿Crees que…?

—No lo sé, Kinomoto es demasiado extraña y probablemente prefiera abrazar a un oso de felpa que estar con algún chico, pero sólo te estoy advirtiendo lo que puede ocurrir —su mirada escarlata destelló con la característica firmeza de la china y Syaoran se despidió de ella, quedando un momento en el pasillo antes de poder elegir alguna dirección. ¿Realmente había sido tan desconsiderado con los sentimientos de Sakura al no haberse comunicado con ella para nada? Pero no era que no lo hubiera intentado, sino que no tenía idea de qué escribirle cada vez que se sentaba frente al teclado. Había tantas cosas que contarle y confesarle, que simplemente no se sentía bien haciéndolo por escrito. Quería ver sus ojos al decirle que no había dejado de pensar en ella cada día estando en China, y contarle cómo el sólo recuerdo de su sonrisa le había animado a superar las duras pruebas que había tenido que enfrentar prácticamente segundo a segundo para poder realizar lo que se había propuesto: tomar el liderazgo de la familia y retar a los ancianos al anular los matrimonios arreglados.

Y ahora Meiling había planteado una situación que no se había atrevido siquiera a imaginar: ¿qué pasaría si al regresar encontrara a Sakura con otra persona? O si ella sólo lo viera como a un buen amigo. Después de todo, su prima insistía en que él era correspondido por la japonesa, pero nadie podía asegurarle que así fuera. Simplemente había creído tontamente las palabras de Meiling sin pensar que todo pudiera ser un error.

Pero era muy tarde: él sabía que estaba enamorado y no había dejado de imaginarse en su regreso a Japón y el momento en que le confesaría su amor a su compañera. Ahora quizá había llegado la hora de pensar en un plan B: el rechazo.

—Ouch… —Syaoran se mordió el labio al sentir una punzada en su pecho.

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Las cosas habían continuado su curso durante los últimos días. Poco a poco había aprendido a calmar sus emociones, e incluso comenzaba a convencerse de que todo estaría bien de alguna manera. Debía mantenerse positiva y no permitirse caer nuevamente. Nunca había faltado a clase por una depresión, como había sucedido la semana anterior, y eso había sonado una alarma en su cabeza: no podía seguir hundiéndose así por un corazón roto. Después de todo, no era la primera persona en el mundo que sufría por amor ni sería la última, así que debía aprender a vivir con ello.

Aunque una cosa sí seguía preocupándole: pensar en Syaoran dirigiendo su vida hacia el camino de la infelicidad. Y no sólo por él, sino por Meiling. Si se ponía en los zapatos de la china, ¿cómo se sentiría vivir con alguien a quien amas sin ser correspondido? Aunque, por otra parte, ambos eran personas muy valiosas, y quizá, sólo quizá, encontrarían la manera de ser felices juntos.

Éstos y más pensamientos cruzaban la cabeza de Sakura Kinomoto mientras se preparaba una vez más para convertirse en el apuesto (y ligeramente afeminado) Akira Yamamoto. El día de escuela había terminado y todo transcurría como de costumbre. Realmente poco importaba si ella se sentía bien o no: el mundo no se detendría.

—Listo, estás perfecta —Tomoyo le pasó las gafas para completar el disfraz y la contemplaba minuciosamente—, aunque sigue faltando esa bella sonrisa.

—Lo siento —se disculpó Sakura con un suspiro—. Pero no te preocupes, poco a poco regresaré a ser la misma de siempre.

—Yo también creo que lo harás —una extraña risita surgió de su amiga—… y muy pronto.

—Tomoyo, deja de pensar en eso: Syaoran-kun ahora está formalmente comprometido, y estoy decidida a olvidarme de él —contempló a la morena con una expresión seria, pero la otra meneó la cabeza.

—Te conozco, Sakura-chan, y no podrás hacerlo tan fácilmente.

Sakura dejó caer un poco la cabeza.

—Esperaba un poco más apoyo de tu parte. ¿No se supone que eres mi amiga?

—Sí, y debería decirte que no te preocupes, porque hay millones de hombres allá afuera que matarían por estar contigo —rió Tomoyo—, pero no lo voy a hacer. Sinceramente no creo que encontrarás a un chico como Li-kun tan fácilmente.

—Está bien —Sakura tomó su maletín y se preparó para marcharse. Tomoyo comprendió que había tocado una fibra muy sensible y que realmente no se suponía que debía decir algo así. Le dolía ver sufrir a su amiga, pero Eriol le había hecho prometer que no diría nada, así que debía intentar mantenerse un poco al margen.

—Sakura-chan —la llamó—. Por favor, confía en Li-kun. Sólo falta un día, y estoy segura que tendrá un montón de cosas que decirte.

—Claro que confío en él —la respuesta de su amiga la sorprendió—, por eso sé que no debo interferir en su vida. No importa cómo me sienta ni lo que piense al respecto, he decidido que respetaré lo que él considere mejor. Así que mañana, en cuanto lo vea, no permitiré que sepa que he llorado por él, y lo primero que haré será felicitarlo por su compromiso. Si él se lo propone, sé que todo estará bien, esté con quien esté.

—¿Quiere decir que te vas a rendir?

—No —Sakura miró su reloj y abrió la puerta hacia el pasillo—. Quiere decir que quiero verlo feliz, no importa si es con alguien más.

  1. Sei Shônagon. Autora del libro Makura no Sôshi (alrededor de 1000 d.C.), un clásico de la literatura japonesa, escrito a modo de diario por una joven que formaba parte de la servidumbre de la emperatriz Sadako.

Notas de la autora. Bueno, quizás esperaban mucho más en este capítulo, pero la verdad es que éste es prácticamente un capítulo transitorio entre el tremendo clímax del pasado y lo que será el capítulo final. Recuerden que es una trama ligera, así que tampoco puedo hacer un clímax tan dramático, jeje (claro, matar y revivir a Yelan Li no tiene drama alguno…). En fin, lamento decepcionarlos si es que lo hice, y espero que el capítulo final vaya a resultar de su agrado, pues tengo bastantes escenitas “agradables” preparadas para éste.

Muchísimas gracias a todos por el impresionante apoyo que he recibido en el último mes y medio, pues las situaciones que he pasado no han sido fáciles. Nada del otro mundo, aunque probablemente podría escribir un fic de esto. Lamento muchísimo la demora y terminaré cuanto antes el próximo capítulo para no hacerles esperar como en esta ocasión. En verdad, su apoyo (para quienes me siguen por Facebook y se enteraron de todo) es algo que nunca olvidaré y me ayudó a levantarme en momentos en que me sentía caer, además de inspirarme a continuar. Por cierto, si hubiera escrito este capítulo en esos momentos creo que hubiera hecho a todas llorar en las escenas de Sakura, así que me alegro no haberlo hecho, porque tampoco es mi propósito hacer que se corten las venas, jaja.

Disculpen por no haber respondido aún a sus reviews. Apenas este fin de semana salí de vacaciones y me la he pasado entre navidad y escribiendo, y entre asuntos personales, trámites para la maestría, cursos de buceo y el trabajo no he tenido oportunidad de responder (como no la tuve de escribir), pero nunca dejo de leer sus comentarios, así que no duden en hacérmelos llegar si les gustó o disgustó algo del capítulo. Cualquier crítica es siempre bien recibida.

¡Feliz Navidad!