18. Vivir y dejar morir

Hong Kong, Templo de entrenamiento Li, 7 años atrás.

—Durante cientos de años el liderazgo de la familia Li ha pasado de padres a hijos, siempre siguiendo el ordenamiento de que el padre es quien escoge a aquélla que será la esposa de su hijo. Sin embargo, una vez no ocurrió así…

—¿No? ¿Qué pasó? —los ojos oscuros del pequeño fijaron toda su atención en el hombre mayor que había hecho una pausa en su relato para causar más impresión en su curioso oyente.

—Un día, uno de tus antepasados decidió que no quería a la mujer que su padre había escogido para él, pues estaba enamorado de otra mujer. Entonces este joven (de nombre Fai (1)) habló con su padre y le pidió que aceptara a la mujer que él amaba, pero ella era parte de la servidumbre de los Li, así que su padre se negó rotundamente. Su padre, Yan-Yan Li, le dio además una advertencia: si Fai se rehusaba a casarse con la persona escogida para él, no solamente no podría sucederlo como jefe de la familia Li, sino que sería expulsado del clan y no podría volver a ver jamás a su añorada esclava.

—¿Y qué hizo Fai? —el niño, de escasos 10 años, fruncía ligeramente el ceño tratando de imaginarse todo cuanto su respetado maestro le contaba.

—Con paciencia y sin perder la calma, le preguntó a su padre por qué él no tenía derecho a escoger a su futura esposa, a lo que su padre contestó: “Porque yo te di la vida, por lo tanto, seré yo quien decida cómo y con quién habrás de vivirla”.

Syaoran analizó las palabras del hombre. A pesar de saber que él tendría que someterse a la misma decisión en su futuro, no imaginaba a su difunto padre ni a su madre diciéndole tales palabras, que a su corta edad le parecían un tanto crueles y egoístas. Y jamás se lo había preguntado a su madre, pero probablemente ella le contestaría que se trataba de seguir con la tradición, como uno más de los sacrificios que todo Jefe Li tenía que hacer.

—¿Sabes qué le contestó Fai a su padre? —la voz del anciano llamó nuevamente su atención. Syaoran meneó la cabeza.

—¿Qué le dijo?

—Fai preguntó a su padre: “¿Si yo le diera la vida a usted podría anular ese derecho que usted tiene sobre mí?”

—¿Darle la vida a su propio padre? —el gesto de Syaoran se impregnó de la confusión que el maestro esperaba ver en él.

—Yan-Yan debió pensar lo mismo que tú, y se burló de su hijo. Le dijo: “si tú fueras capaz de darle la vida a tu padre, tendrías derecho a decidir todo cuanto quisieras y serías el mejor líder que el clan podría tener” —su maestro sonrió—. Entonces Fai, que a su corta edad ya era un chico muy inteligente, mostró sus respetos a su padre y partió, pidiéndole una audiencia para poder verlo la siguiente semana, pero esta vez con toda la familia presente, pues haría un anuncio sumamente importante sobre su futuro matrimonio.

Syaoran estaba asombrado, aún incrédulo de que uno de sus antepasados hubiera osado enfrentarse a la imperante decisión de su progenitor y jefe de la familia. ¡Qué valiente era ese tal Fai! Pero aún no comprendía a qué se refería su maestro con eso de dar la vida a su propio padre.

—A la semana siguiente, como lo había solicitado Fai, toda la familia se encontraba presente. El padre vestía sus ropas de ceremonia y Fai llegó justamente a la hora, portando su traje de entrenamiento. Al verlo todos quedaron extrañados, incluso su padre, quien tomó aquello como una suerte de ofensa y le preguntó qué era lo que pensaba hacer presentándose de esa manera frente a él. Fai, que siempre había sido muy humilde y disciplinado, le respondió: “Padre, ésta es la vestimenta con la que la vida me ha dado las lecciones más importantes que he aprendido, así que no puedo considerar ropas más adecuadas que éstas para tomar una decisión que afectará no solamente mi futuro, sino el futuro del clan Li.”

Syaoran no cabía en sí de curiosidad. Cada pausa que efectuaba su maestro le resultaba más larga que la anterior, pero de él había aprendido la disciplina y la paciencia, así que tenía que esforzarse en no pedir más detalles, sabiendo que aquel hombre le diría todo cuanto él necesitaría saber, todo a su debido tiempo.

—Fai pidió a su padre que se acercara y se sentara junto a él para orar al centro del patio. Su padre era muy prepotente, pero también curioso, de manera que cumplió con su solicitud y ambos oraron durante una hora, hasta que Fai supo que el momento había llegado y se detuvo. Se puso de pie y pidió a su padre que hiciera lo mismo y se colocara frente a él. Ambos se miraron a los ojos y Fai se inclinó ante su progenitor para ofrecerle una disculpa por lo que estaba a punto de hacer…

Hong Kong, Casa Principal Li, tiempo presente

Syaoran abrió los ojos y vio a los miembros de la familia Li convocados para la ocasión. El mayor de los ancianos había terminado de hablar para presentarlo frente a todos, cosa que en realidad estaba de más, pues todos le conocían de antemano como Xiao Lang Li, el sucesor de Hien Li (2) y futuro líder del clan.

—Xiao Lang, es tu turno —habló entonces su madre—. Estamos listos para escuchar tu anuncio.

El aludido volteó a su izquierda para ver a Meiling, quien le devolvió una mirada firme y asintió levemente con la cabeza, como si con ello quisiera reafirmarle algo. Syaoran comprendió de qué se trataba y se puso de pie para hablar a todos:

—Yo, Xiao Lang Li, hijo de Hien Li y aspirante a ser el cuadragésimo sexto Líder de la Casa Li, anuncio el día de hoy, durante mi cumpleaños número 17… —sintió que la sangre le traicionaba para huir de su rostro y las manos le sudaban, pero hizo puños de éstas y endureció su mirada con el fin de no flaquear—, mi oposición definitiva e inapelable a casarme con Meiling Li, a quien respeto profundamente y por lo tanto me niego a lastimar sometiéndola a un matrimonio arreglado y a una vida en la que no puedo prometerle felicidad.

Listo, lo había dicho, y estaba tan aturdido por ello que lo siguiente fue una sucesión de eventos que pasaron frente a él cual si pertenecieran a otra dimensión: los ancianos consejeros del clan se pusieron inmediatamente de pie, vociferando entre sí y contra Yelan, tomando por una mala broma y una falta de respeto la reciente declaración del castaño. Entre los dimes y diretes sólo pudo notar cómo su madre se erguía con una expresión serena en el rostro y respondía tranquilamente a las acusaciones de los hombres. Entonces Yelan señalaba e invitaba a hablar al único anciano que se había quedado en su lugar con una calma insospechada en cualquier persona, menos en él: Yuga Hung, el maestro de Syaoran.

Syaoran escuchó al hombre hablar y apaciguar con su ecuánime voz a los demás. El nombre de Fai Li, que le resultó perfectamente conocido, salió a la luz mientras Yelan asentía de vez en vez con el mismo semblante sombrío y recto de siempre, aunque en su mirada un tenue brillo asomaba, como si aquella situación le resultara satisfactoria, o al menos eso le pareció a un aturdido Syaoran, quien apenas pudo regresar un poco a la realidad cuando sintió una mano sujetando la suya, que estaba fría como hielo. Al mirar en aquella dirección se encontró contemplando frente a frente a Meiling, desde ese instante su ex-prometida, y su mayor sorpresa fue encontrarse con una dulce sonrisa por parte de su prima.

—Gracias —gesticuló con los labios en respuesta al apoyo por parte de ésta y entonces escuchó que uno de los ancianos se dirigía hacia él.

—Todos conocemos esa leyenda, pero también sabemos que ha ocurrido una única vez. ¿Sabes por qué, muchacho?

Syaoran asintió sin apartar sus ojos del anciano. Sabía que apenas una semana antes no se hubiera considerado capaz de siquiera decir las siguientes palabras:

—Porque la vida del actual jefe de la familia y mi libertad estarían en juego. No obstante, es la única opción, ya que ahora he rechazado formalmente cumplir con los medios tradicionalmente usados para ser un Jefe Li.

—¿Quieres decir que lo harás? Por el honor de Yelan Li y la memoria de Hien Li, juro que no dudaremos en ejercer la pena máxima sobre ti si llegas a fallar en esta tarea —advirtió con gesto severo el mismo hombre.

Syaoran se inclinó frente a los ancianos y su madre, dirigiendo una larga y detenida mirada a esta última, quien asintió con la cabeza conociendo lo que aquello significaba. Syaoran tomó esto como una aprobación por parte de la única persona que a su parecer debía estar de acuerdo con él.

—Como hizo Fai Li en aquella ocasión, solicito ante ustedes un tiempo de siete días, así como una audiencia con toda la familia presente para la próxima semana.

Una corta discusión se llevó a cabo entre los hombres, quienes al cabo de unos minutos accedieron con evidente renuencia a la solicitud formulada por el joven, aunque antes de ello pidieron a Yelan que diera la última palabra. La mujer se levantó de su asiento y pidió al maestro de Syaoran que se colocara al lado de su discípulo.

—Has tomado la decisión más difícil de tu vida, pues sé que eres consciente de todo lo que se avecina. Sin embargo, espero que hagas todo cuanto esté en tus manos para llevarla a cabo hasta sus últimas consecuencias. Hoy los despido a ambos para que se marchen al templo de la familia, donde Xiao Lang habrá de prepararse, pero los espero dentro de exactamente una semana al levantarse el alba.

Con esto, la sesión terminó y Syaoran pronto se descubrió a solas con su maestro, después de más de un año sin haberlo visto. Nuevas canas y nuevas arrugas habían surgido en el hombre, pero la sabiduría que había conocido en el pasado seguía presente en el oscuro brillo de sus ojos, y eso era todo lo que necesitaba para lo que estaba por venir.

—La última vez que te vi estabas convencido de casarte con Meiling para continuar con la tradición familiar —dijo a manera de saludo—. Pero me alegra ver que has cambiado mucho desde entonces, Xiao Lang.

El aludido cerró un momento los ojos e hizo una reverencia a su maestro antes de hablar:

—No solamente yo he cambiado. A decir verdad, probablemente no hubiera sido capaz de tomar esta decisión yo solo.

Sin necesidad de mayor explicación, el anciano comprendió lo que su discípulo estaba dándole a entender:

—Así que Meiling finalmente decidió madurar, ¿cierto? Sabía que esa chica algún día encontraría la verdad en su interior.

Syaoran apenas se permitió esbozar una ligera sonrisa. No podía estar más de acuerdo.


Hong Kong, Casa principal Li, un día atrás.

—Se siente extraño estar otra vez en casa, ¿no? —vio entrar a su prima a la habitación sin siquiera llamar a la puerta, cosa que no le sorprendió en absoluto.

—Está exactamente igual a como la dejé —Syaoran contempló su vieja recámara. Había cosas que había olvidado después de tantos meses sin haberla pisado, aunque al verlas nuevamente muchas memorias resurgían en su cabeza.

—Xiao Lang… hay algo… hay algo que necesito decirte antes de que hagas cualquier cosa oficial el día de mañana frente a todos.

Intrigado por el titubeo de la chica, el muchacho la invitó a sentarse sobre su cama, junto a él.

—¿Qué pasa Mei?

La aludida se sonrió, aunque algo en ese gesto parecía tener un cariz de amargura.

—Hace mucho que no me llamabas así, aunque lo hacías mucho cuando éramos niños.

—Sí —Syaoran permitió que una nueva oleada de recuerdos llegara hasta él—. Siempre te llamaba así para despertarte antes de ir a entrenar.

La morena asintió y ambos quedaron en silencio durante un rato. Aún curioso, Syaoran iba a preguntar qué era lo que su prima había ido a decirle (y que no podía esperar hasta mañana, pero que al parecer tampoco podía haberle dicho antes), cuando ésta se adelantó a él:

—Hoy te vi con Kinomoto.

—Ya lo sé, estábamos…

—No, Xiao Lang, no lo sabes: Hoy te vi con Kinomoto —repitió Meiling más lentamente esta vez—. Vi cuando la abrazaste, pero sobre todo cuando la miraste de una forma en la que no te he visto mirar a nadie más —suspiró con pesadez—… y la escuché suplicarte que fueras feliz por encima de todas las cosas. Eso es algo… que yo nunca he hecho.

—Meiling, no tiene sentido que te compares con Sakura —Syaoran intentó cambiar el tema, pero su prima lo calló con una mano.

—No lo estoy haciendo, porque sé que perdería si lo intentara —la sonrisa de Meiling no aguantó un segundo más y fue sustituida por una mueca que aún pugnaba por esconder su miseria—. El punto es… esa chica Kinomoto es una idiota y a veces parece que tiene una nuez en lugar de cerebro…

—Meiling…

—Pero ella te quiere como yo no he sabido hacerlo y tú la quieres como jamás has querido a alguien. En realidad, aunque tengas miedo de aceptarlo, sé que estás enamorado de ella… y entre tú y yo existe una promesa, ¿recuerdas?

Syaoran sabía a qué se refería, pero no se atrevía a exponerlo en palabras. Esa promesa… si él se enamoraba de una mujer antes de cumplir la mayoría de edad, su compromiso quedaría roto. Sin embargo, eso implicaba no sólo que Sakura aceptara casarse en un lapso de un año con un chico que ni siquiera se atrevía a confesarle su amor, sino que su familia aceptara primero a la susodicha, y ambos sabían que eso no ocurriría tan fácilmente, y menos ahora que el tiempo se escurría de entre sus manos. Al contrario; seguramente los ancianos tendrían un plan B, que involucraría indudablemente a una candidata más “asequible”. Syaoran meneó la cabeza negativamente.

—Meiling, no hagas esto. Sabes que no tengo otra…

—No —Meiling fue contundente—. Si tú no lo dices, yo lo haré: Xiao Lang, no estoy dispuesta a casarme con un hombre que está enamorado de otra mujer, y si tú no anuncias la cancelación de nuestro compromiso mañana, yo lo haré en tu lugar.

Syaoran quedó helado en su lugar mientras su “prometida” se levantaba para caminar hacia la puerta.

—Ah… y no me digas que no tienes otra opción para tomar el lugar de Jefe y ayudar a tu hermana, porque sí la hay.

 

Hong Kong, Casa principal Li, tiempo presente.

Syaoran suspiró al recordar a su prima y esa actitud que jamás había visto y ni siquiera imaginado en ella. Ciertamente había sido tomado totalmente por sorpresa, y ahora tenía que llevar hasta sus últimas consecuencias la decisión que había nacido de aquella conversación.

—Tienes un pie lastimado.

El chico parpadeó al escuchar tan inesperada declaración y miró con ojos desorbitados a su maestro, quien silenciosamente se acuclilló a su lado y sujetó fuertemente con una mano el pie izquierdo de Syaoran, quien contuvo el aire para evitar emitir un gemido de dolor.

—Estoy seguro de que tu madre también se dio cuenta —sonrió el anciano mirando a su discípulo a los ojos—. No obstante, aceptó darte una semana de preparación para que hagas algo que no lograste hacer en toda tu vida… Aunque eso implica que vayas al templo a prepararte. ¿Y crees que lograrás subir la escalinata que lleva hasta allá con el pie lastimado?

Había sido descubierto. Syaoran había viajado sin muletas para evitar que su familia se diera cuenta de su esguince, siendo esta clase de heridas consideradas una muestra de debilidad por parte de los ancianos. No obstante, desde un principio supo que no conseguiría engañar a su madre y a ese hombre, a quien consideraba como su propio padre.

Haciendo esto a un lado, Syaoran no parpadeó antes de responder:

—Lo haré.

El mayor asintió al ver la determinación de ámbar frente a sí y juntó las manos. Syaoran lo conocía muy bien, y así es como supo que sus siguientes palabras no las olvidaría por nada del mundo:

—Vas a jugar una vida y tu libertad a cambio de hacer lo que sabes que es correcto. Eso quiere decir que finalmente has encontrado lo que estabas buscando.

El chico cerró los ojos y bajó la cabeza para meditar aquellas palabras y se tomó su tiempo para responder, pues sabía que afirmar o negar aquella declaración significaría abrir o dejar cerrada una caja de Pandora que se había forjado en su interior, y cuya llave se encontraba en la punta de su lengua en esos instantes. Pero una vez roto el candado, definitivamente no volvería la vista atrás. Es por esto que Syaoran tomó un poco de aire antes de abrir los ojos y enfrentarse nuevamente a la escrutadora mirada de su maestro.

—Sí, la encontré.

Una tenue sonrisa se dibujó en el rostro vejado por la edad, quien se puso de pie y lanzó una última mirada al chico antes de dirigirse a la salida, diciendo a forma de despedida:

—Prepara tus cosas: te esperaré a partir de hoy a las 7 de la tarde en el templo. El entrenamiento comenzará por la noche.

————

—Sakura-chan —llamó por enésima vez a su amiga, quien parecía sumida en sus pensamientos. Ambas caminaban hacia el salón de música después de clases para hacer el habitual cambio de rol de Sakura a Akira. No obstante, a Tomoyo Daidouji no dejaba de parecerle que cada día que pasaba la castaña lucía más lejana y triste. Su brillante mirada esmeralda se había apagado y su contagiosa sonrisa simplemente se había esfumado sin decir adiós.

Al llegar al salón y poner seguro a la puerta, Sakura comenzó a quitarse su uniforme mientras Tomoyo la observaba en analítico silencio. Finalmente la morena decidió hacer un último intento y se acercó a la ventana:

—¡Mira, es Li-kun!

—¿Eh? —la reacción no se hizo esperar y su amiga salió de su estado de parsimonia para apresurarse hacia la ventana, oteando rápidamente en todas direcciones —¿Dónde?—. Tomoyo no consiguió contener una risita al notar su ansiedad.

—Lo siento, te engañé, pero al menos ya me quedó claro qué, o quién, es lo que te tiene en ese estado.

Sakura regresó a donde estaba y tomó una de las sillas para sentarse. Su rostro nuevamente había perdido la vida que por unos segundos había brillado en él mientras se asomaba por la ventana.

—Hace una semana que se fue… pero siento como si hubieran sido años —susurró con evidente tristeza—. Me duele el pecho sólo de pensar en él.

—Es porque estás enamorada.

No obstante, Sakura no parecía tan feliz de escuchar algo que ya sabía de antemano.

—Lo sé, pero preferiría que no fuera así.

Conmovida por la expresión de la castaña, Tomoyo se acercó a ella y se sentó a su lado. No se molestaría en preguntarle el por qué de su actitud, aunque la propia Sakura despejó a continuación cualquier duda que pudiera quedarle:

—En este momento él seguramente ya anunció su compromiso públicamente en China, y Meiling debe estar muy feliz. ¿Sabes? No sé por qué ella me odiaba tanto, pero sinceramente yo me alegro de que Syaoran pueda ser feliz con alguien que le quiera como ella lo hace.

Mientras decía estas palabras, Tomoyo casi podía escuchar el eco del corazón de su amiga desmoronándose, cayendo a pedazos, y sabía que una parte de lo que Sakura decía era verdad y que ella no guardaba rencor a Meiling por estar con Syaoran (a pesar de que la china la odiara), pues no era su naturaleza, pero también sabía que su amiga estaba luchando fuertemente para convencerse de sus propias palabras: alegrarse de que aquel chico pudiera ser feliz con otra persona.

—¿Qué es lo que harás cuando lo veas nuevamente? Dices que estará aquí la semana que viene para presentar el proyecto de física.

—No lo sé —y era la única cosa de la que estaba segura. Una parte de ella ansiaba poder ver nuevamente al chino, como si éste llevara años lejos de ella, en tanto que su otra mitad tenía un pavor insondable de encontrarse nuevamente con él, no sabiendo cómo reaccionar, si sonreírle, si abrazarlo como quisiera hacerlo o simplemente saludarle y felicitarle por su compromiso, tragándose de paso el dolor de saberlo tan cerca y tan lejos.

—Sakura-chan… —la voz de Tomoyo era dulce y calmada, aunque se percibía en ella la preocupación de la muchacha por su mejor amiga—, ¿Qué te hace pensar que Li-kun será feliz al lado de Meiling? ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que él podría preferir estar contigo?

No, claro que no. Podía soñar con ello y desearlo con todas sus fuerzas, pero sabía que no podía ser así.

—El viernes le escribí un correo a Syaoran-kun —soltó de pronto sin detenerse ante el asombro de su amiga por la inesperada declaración—. Básicamente le dije que espero que se la esté pasando bien en Hong Kong y esas cosas… y que espero que cualquier decisión que tome sea para su bien —suspiró—. No sé, tengo un presentimiento horrible, como si algo malo estuviera a punto de suceder, pero al mismo tiempo me siento como una estúpida al pensar en esas cosas. Además, él no me ha contestado y yo no sé… —Sakura se encogió de hombros con evidente desespero, frágil ante sus propios pensamientos—. No sé por qué le escribí eso ni por qué… por qué me duele tanto que no se haya tomado siquiera la molestia de escribirme hasta ahora, aunque sea para contestarme.

—¿No te ha contestado? —Tomoyo no sabía qué le sorprendía más, si el hecho de que la castaña se hubiera animado a escribirle al chino, o el que el varón en cuestión mostrara esa renuencia a responder. Ya era lunes, así que al menos habían pasado 3 días desde que Sakura le enviara el correo. Pero aquello carecía de sentido para ella, pues estaba segura de que el chico correspondía los sentimientos de su amiga. Entonces… ¿por qué?

—No importa —Sakura intentó sonreír—. En primer lugar, es mi culpa porque nunca debí enamorarme de él; ya sea por Naoko o por Meiling, nunca debí hacerlo. Simplemente no estaba pensando cuando sucedió, o hubiera intentado evitarlo….

—No digas tonterías Sakura —molesta, Tomoyo interrumpió la lamentable excusa de su amiga—. Ya te lo dije una vez: no puedes elegir de quién enamorarte. Es algo que simplemente pasa y es imposible evitarlo, sobre todo después de todo lo que viviste a su lado y las cosas que han compartido juntos.

—Tienes razón —contestó Sakura después de meditar sus palabras por espacio de unos segundos—, aunque me gustaría poder ser tan fuerte como tú para poder verlo todos los días y hablar con él como si nada hubiera pasado, como tú lo haces con Eriol-kun.

Tomoyo meneó la cabeza negativamente.

—No trates de hacer algo que no puedes. Mejor sigue siendo tú misma y haz lo que sientas correcto hacer. Créeme: fingir que todo está bien… no hará que las cosas cambien, y podrás engañar a los demás, pero jamás a ti misma.

Y la tristeza en su sonrisa mientras decía esto último indicó a Sakura que su mejor amiga decía aquello por experiencia.

———–

—Nakuru… ¿Por qué no me sorprende? —Touya entornó los ojos mientras dejaba pasar a la mujer tras abrirle la puerta de su casa—. ¿Qué haces aquí?

—Yukito me dijo que estabas enfermo. ¡Pobrecito de mi Touya-kun! ¿Cómo te sientes? —en cuanto se descalzó, lo primero que la joven hizo fue lanzarse hacia el trigueño para medir la temperatura de su frente con una mano. El varón hizo su mano a un lado con un gesto de fastidio.

—Estoy bien, sólo es un pequeño resfriado. No fui a la Universidad hoy porque el médico me dijo que es considerablemente contagioso; razón por la que tampoco deberías estar aquí… —pero la advertencia parecía haber sido lanzada hacia las paredes, porque Nakuru ya se encontraba camino a la cocina, provocando con esto que él fuera tras de ella—. ¿Qué haces? —inquirió al verla remover cosas en la alacena.

—Eso es lo que yo te pregunto a ti, Touya-kun —la mujer se puso las manos en la cadera y caminó hacia él—. ¿Por qué estás de pie? Deberías estar en cama, descansando.

—¿En cama…? No, no, no, no… —Touya meneó la cabeza fervientemente—. No estoy agonizando y puedo cuidarme por mí mismo, así que…

—Así que tú irás a tu camita a descansar mientras tu novia te prepara un delicioso, saludable y relajante té —ella comenzó a empujarlo hacia el pasillo, pero él se viró bruscamente.

—¿Mi… qué? Mira Nakuru…

—Nada de “mira Nakuru”, ¡a descansar! —y tomándolo de una mano lo forzó nuevamente a andar en dirección de la recámara del trigueño—. Vaya que me la pones difícil. Si te sigues negando, vas a obligarme a ponerte yo misma la ropa de dormir…

—Está bien, ¡ya! —Touya se desembarazó del agarre de la impetuosa mujer y caminó por sí solo a su cuarto, balbuceando entre dientes lo imposible que era tratar con “esa loca”. La aludida, por cierto, permaneció unos segundos más en el pasillo riéndose a expensas del enfadado moreno antes de regresar a la cocina a seguir con su misión de preparar un té.

————

—¿Qué te pasa hija? ¿Te sientes mal?

La joven apartó la vista de su plato para dirigirla a la autora de sus días, quien la observaba intrigada desde su lugar en la mesa.

—¿De qué hablas, mamá? —Tomoyo fingió demencia, pero Sonomi Daidouji era una mujer difícil de engañar.

—Hace días que te noto diferente. ¿Ha pasado algo en la escuela?

Tomoyo lo pensó detenidamente. No podía mentir tan fácilmente, eso estaba claro, pero tampoco quería contarle a su madre sobre sus preocupaciones por su mejor amiga, ni mucho menos sobre sus propias decepciones amorosas y ese chico de ojos azules que no se podía sacar de la cabeza y cuya sola visión cada día en el salón de clases le dolía hasta los huesos.

—Bueno, yo… tengo algunas dificultades con unos amigos, aunque creo que también estoy estresada por los exámenes que vienen. Realmente no es nada del otro mundo, sólo que se me juntaron algunas cosas —se limitó a decir para evitar cuestionamientos por parte de su madre, quien no pareció tan convencida, pero no quiso presionarla más.

—Si tú lo dices… espero que así sea y pronto puedas solucionar ese asunto que te preocupa.

Lo dudo mucho’ Tomoyo se encogió de hombros y sintiendo la garganta seca se acercó un vaso con agua a la boca.

—Por cierto, si no me equivoco, en el festival escolar pasado vi al hijo de Kyouya Hiragizawa en la presentación del coro. Dime, ¿él también está en tu salón?

La respuesta inmediata a la pregunta de Sonomi fue una estruendosa tos por parte de su hija, quien comenzó a ahogarse con el líquido que intentaba beber momentos antes. Y mientras intentaba recuperar el aliento, Tomoyo no cabía en sí de estupor y se preguntaba a qué diablos venía la mención de aquel sujeto por parte de su progenitora.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Sonomi cuando vio que el ataque de la chica disminuía y ésta comenzaba a respirar normalmente. Tomoyo se ventiló un poco la cara con la mano y asintió.

—Perdón. Sí, Hiragizawa-kun es mi compañero de clase. ¿Por qué lo preguntas?

—Bueno, hace unas horas me enteré de lo ocurrido. ¿Cómo está él?

Por un segundo los colores subieron al rostro de la menor, quien se quedó sin aire al imaginar que su madre se había enterado de lo que había sucedido entre los dos, hasta que reparó en algo: ¿por qué su madre preguntaba por el muchacho en lugar de preguntar cómo se sentía su hija?

—¿A qué te refieres?

Sonomi la observó con gesto extrañado.

—Pues… supongo que el pobre muchacho debe estar destrozado. Nosotros no manejamos muchos negocios con su empresa, pero igualmente enviaré por la tarde mis condolencias a la Señora Hiragizawa.

Tomoyo frunció el ceño, no comprendiendo aún del todo lo que estaba queriendo decirle su madre. Después de todo, ese día no había sido diferente de los demás: el mismo Eriol con la misma fría y sobre-ensayada sonrisa de siempre había hecho acto de aparición en la escuela, ayudando amablemente a sus compañeros en matemáticas, contestando correctamente las preguntas de los profesores, tocando maravillosamente el piano durante el ensayo del coro y despidiéndose de todos con la misma fría y perfecta sonrisa con la que había llegado. El mismo Eriol encantador e inamovible de siempre. Es por esto que las palabras de Sonomi no parecían tener sentido alguno.

—Mamá, ¿de qué estás hablando? ¿Por qué le enviarás condolencias a la mamá de Hiragizawa-kun?

Sonomi esta vez pareció sorprendida por la pregunta de su hija.

—¿No lo sabes? El padre de tu amigo, Kyouya Hiragizawa, murió anoche. Lo velarán en Tokio, donde vivía con su esposa, aunque escuché el rumor de que tu compañero anunció que no iría al velorio.

——

—¿Qué es eso? —Touya miró con recelo la cucharada que la morena acercaba a su rostro con movimientos oscilantes. Nakuru se encogió de hombros.

—No sé, pero es un remedio que usa siempre mi abuela y te puedo asegurar que funciona de maravilla.

—Oye, no pienso tomar algo que… ¡Argh! —Touya se tragó sus palabras junto con el menjurje de Nakuru cuando ésta le tapó la nariz para meter inmediatamente la cuchara en su boca—. ¡Puaj! ¿Qué rayos es eso?

—¡Qué exagerado! Pareces un niño chiquito —se burló Nakuru al ver la expresión asqueada del varón, quien sacaba la lengua en un acto reflejo, como si con aquello pudiera deshacerse del terrible sabor que había quedado en ella.

—Esa cosa sabe a… —Touya no pudo continuar cuando la mujer puso un dedo gentil sobre sus labios y con un empuje lo hizo recostarse nuevamente.

—Vas a ver que con eso, el té y la medicina te vas a sentir como nuevo más pronto de lo que crees —comentó con una risilla.

—Realmente disfrutas hacer esto, ¿verdad? —Touya entrecerró los ojos con suspicacia—. Te diviertes a mis expensas.

—¡Claro! —ella sonrió como si en lugar de acusarla de burlarse de él le estuviera diciendo que ella era un ángel caído del cielo.

—Olvídalo —Touya meneó la cabeza al darse cuenta nuevamente de lo ridículo que era intentar dialogar con ella—. ¿Tú pusiste la música?

Hasta los oídos de ambos llegaba un inconfundible minueto de Chopin que tocaba con agradable fidelidad el estéreo de la sala.

—Sí. La música clásica siempre es buena para los enfermos.

—Si así es, entonces dime una cosa señorita sabelotodo: ¿por qué los hospitales no tocan música clásica en las salas de enfermos?

—Porque, aunque ellos la necesitan, los doctores no podrían trabajar bien con música en el fondo —Nakuru le guiñó un ojo.

Siempre tiene una respuesta para todo’ gruñó Touya para sus adentros.

—Bueno, me llevaré esto de una vez para lavarlo —Nakuru tomó la taza de té que Touya había dejado vacía y la cuchara de la medicina.

—Hey, no tienes por qué hacerlo. En realidad, has hecho más de la cuenta. Ya te lo dije: ni siquiera deberías estar aquí.

Al ver el gesto apenado con el que él la miraba, la sonrisa de Nakuru cambió de una burlona a una mucho más dulce, lo que dejó a Touya boquiabierto.

—¿Más de la cuenta? Hablas como si no supieras que haría todo eso y más por ti, las veces que sean.

—¿Por qué? —quiso saber un intrigado Touya con el ceño fruncido.

—Porque es lo que toda chica hace por su novio.

Y ahí va otra vez…’ Touya entornó los ojos y suspiró—. ¿Novios? No, no te confundas: tú yo no somos novios. Para que lo seamos, primero yo tengo que preguntarte si quieres ser mi novia y luego…

—¿Qué? ¿lo dices en serio? —Nakuru lo contempló con ojos desorbitados y radiantes de alegría—. ¡Pues por supuesto que quiero! Esto es… ¡Ay, Touya-kun! —sin pensarlo más, se lanzó sobre el trigueño, apretándolo en un fuerte abrazo que hubiera roto las costillas de cualquier ser humano normal. Afortunadamente, la constitución de Touya era mucho más fuerte y resistente que eso.

—¿Qué? ¿Por qué…? —Touya se dio cuenta de lo que acababa de pasar—. ¡No, espera, yo…! —durante un par de breves segundos intentó apartar a la mujer y romper el abrazo para aclarar las cosas, pero al final una sonrisa se dibujó, primero tímida, después triunfalmente en su rostro. Entonces, respirando profundamente (no sin cierta dificultad por el malestar en su garganta), llenó sus pulmones del delicado pero sensual aroma que desprendía el cabello de la extrovertida mujer.

Me rindo’, admitió en un escabroso silencio: aquella joven y su terquedad insondable habían triunfado sobre él. Touya se descubrió sin más armas para defenderse contra lo inevitable y sin mayor sorpresa se descubrió alzando su mano derecha para aferrar suavemente la espalda de la mujer que yacía con todo su peso sobre él.

—¿Touya? —Nakuru alzó la mirada hacia él, parpadeando confundida al sentir el cambio en el varón.

—Shhh —Touya la calló con un dedo largo de su mano libre y su sonrisa se extendió perezosamente hacia un lado—. No me hagas pensarlo dos veces.

Sin duda era la sonrisa más sexy que una mujer podría imaginar, pensó Nakuru regresando a descansar su cabeza contra el pecho del varón, apretando aún más su abrazo con singular alegría.

—Oye… necesito respirar —habló él con dificultad a consecuencia del fuerte abrazo y el peso de la mujer sobre él, por no mencionar la infección que lo aquejaba.

—No te preocupes, puedo darte respiración de boca a boca —Nakuru le guiñó un ojo y Touya entornó los ojos.

—Ya te dije que es contagioso. Ni siquiera deberías estar tan cerca de mí, ¿o quieres enfermarte también?

Ella soltó una carcajada y rodándose sólo un poco quedó a un lado del sujeto sobre la cama. Acto seguido llevó una mano a la mejilla masculina para acariciarla largamente mientras le sonreía con una mirada que por un momento dejó al hombre sin aliento.

—Hay riesgos que valen la pena tomar —susurró contra los labios masculinos antes de encontrarlos finalmente en un beso que esta vez no presentó sorpresas ni resistencias.

———

Al abrirse la puerta, su primera sorpresa fue no encontrar a Wei al otro lado de ésta, sino al mismísimo Eriol Hiragizawa, quien parecía no menos sorprendido que ella de verle ahí.

—Daidouji-san… hola

Pocas veces se había visto al inglés luchar con las palabras de esa manera. Tomoyo le saludó y aceptó la invitación que le ofreció el varón para pasar.

—Disculpa la oscuridad, no esperaba visitas el día de hoy, así que estaba leyendo un libro, pero supongo que me quedé dormido sin darme cuenta —Eriol fue encendiendo las luces de la casa hasta llegar a la sala, de donde venía la única luz que había en toda la casa. Eriol prendió igualmente la luz principal y apagó la lámpara junto al sofá—. ¿Hay algo en lo que pueda servirte?

Pero al verlo finalmente contra la luz, Tomoyo se percató de que el aire casual que rodeaba al muchacho en realidad no existía: sus ojos estaban tan apagados como lo había estado el recibidor. Ahora se preguntaba cómo es que no había notado ese aire lejano en él durante clases, aunque (al igual que la semana anterior) había pasado el día tratando de evitar mirar directamente al chico a los ojos.

—¿No hay nadie más aquí?

Eriol negó con la cabeza.

—Fuutie y Wei salieron a Hong Kong desde el jueves. Syaoran está por cumplir uno de los retos más difíciles que tendrá en toda su vida, así que toda la familia debe estar presente y Wei debe estar allá para ayudar en lo que sea posible.

—¿Qué es lo que Li-kun va a…? —aquella información causaba una gran cantidad de preguntas en su cabeza, pero Tomoyo tuvo que recordarse que estaba ahí por otra razón y no podía desviarse de su propósito—. ¿Y cómo es que no hay nadie más contigo?

Eriol se encogió de hombros y la invitó a sentarse en uno de los muebles mientras él hacía lo mismo con otro.

—Ya te lo dije: todos los Li tenían que…

—No me refiero a los Li —lo interrumpió ella con firmeza—, sino a tu familia, tus amigos… ¿Por qué estás solo en estos momentos?

Eriol intentó hacerse el ignorante.

—No sé de qué me hablas. No tengo por qué…

—Supe lo de tu padre. Yo… lo siento mucho.

El silencio se elevó en la casa, palpitando contra las paredes y reverberando entre los pasillos oscuros. El aire se volvió espeso entre ellos, hasta que finalmente el muchacho se recostó contra el respaldo del sofá y sonrió.

—No tienes por qué sentirlo: ya te lo dije una vez, él y yo somos como dos extraños, así que las cosas no cambian mucho. No puedo lamentar la pérdida de algo que nunca tuve, sea un padre o no.

Era la sonrisa más falsa y triste que Tomoyo había visto en su vida.

—Ni siquiera fuiste al funeral.

—Es en Tokio. No tengo nada que hacer allá —él se encogió de hombros con una frialdad que hubiera engañado a cualquiera, menos a ella.

—¿Cómo está tu madre?

—Seguramente devastada… hasta que se dé cuenta de que en realidad jamás amó a ese hombre. Lo único que le interesó desde un principio era el dinero y ahora lo tendrá todo para ella sin tener que lidiar con sus locas amantes, así que dentro de poco estará mejor que nunca.

A cada palabra del muchacho, había una verdad oculta que poco a poco salía a la luz, así que Tomoyo decidió insistir un poco más.

—¿Y tú… cómo estás?

—No te preocupes por mí: tengo una herencia bastante cuantiosa, así que no tendré problemas para salirme de esta casa y buscarme un apartamento pequeño cuando deba despedirme de los Li. Después de todo, ésta es su casa, así que no habrá razón para que esté aquí después de que Syaoran-kun cumpla su tarea.

—¿Despedirte de los Li? —Tomoyo quedó estupefacta y esto no pasó desapercibido para el oji-azul—. ¿Por qué, y de qué tarea estás…?

Un quedo maullido cerca del sofá asustó a Tomoyo, quien había pensado que se encontraban a solas. Al asomarse por un costado, la estilizada figura de un gato negro de impresionantes ojos azules como el cielo brincó a su vista. En el cuello del animal contrastaba un blanco vendaje que era imposible pasar por alto.

—Veo que ya despertaste —Eriol recibió al recién llegado y se dirigió a su visitante—. Daidouji-san, te presento a Spinel Sun.

—No sabía que tenías un gato —la chica contempló a la criatura, quien caminó lánguidamente delante de ella antes de trepar al sofá donde estaba el varón y hacerse un ovillo sobre el descansabrazos.

—No lo tenía, hasta ayer. Me lo encontré en un basurero cercano a un restaurante. Estaba lloviendo a cántaros y él trataba de moverse entre las bolsas para encontrar algo de comer, pero estaba muy lastimado (seguramente por alguna pelea con otro animal), así que pensé en traerlo a casa y curarlo un poco, aunque lo único que ha hecho es dormir como si no lo hubiera hecho en toda su vida —Eriol colocó una mano pálida sobre la cabeza del animal, quien cerró los ojos y se restregó suavemente contra la piel del humano.

—Eso es muy gentil —comentó ella sorprendida, pero él no le dio importancia al asunto.

—Parecía solitario, hambriento y herido. Creo que por eso es un poco reservado, aunque come muy bien.

Tomoyo lo contempló mientras él centraba toda su atención en rascar las orejas del felino y revisar que el vendaje en su cuello no se hubiera movido. Era una escena que ciertamente jamás hubiera imaginado, pero que se develaba frente a ella de la manera más natural, como si hubiera una conexión desconocida entre el gato y el humano, y entonces Tomoyo descubrió de qué se trataba:

Solitario, hambriento y herido.

Ambos lo estaban, gato y humano, y ambos necesitaban ayuda aunque no quisieran pedirla. De hecho, probablemente el mismo Eriol había lanzado, sin saberlo, un grito de auxilio aquel día en el festival.

“…no sé si así fue contigo, pero al menos a mí me educaron para dar la impresión de que todo estaba siempre en orden”

—Al menos a él no puedes engañarlo.

—¿Perdón? —Eriol alzó sus ojos hacia ella y en ese instante la joven supo que lo había tomado con la guardia baja. Era el momento de hacerlo:

—Y a mí tampoco —puntualizó—. Hiragizawa-kun, eres la persona más perfecta que conozco: eres un excelente estudiante, un aclamado deportista y todo un caballero con las mujeres. Tienes una ficha técnica impecable: buen físico, rico en ideologías y un músico envidiable. Eres perfecto.

—¿Pero…? —él quiso conocer lo que seguía.

—Todo eso es una mentira —Tomoyo suspiró—. Todo lo que gira a tu alrededor no es más que una gigantesca falacia, un guión escrito y editado, tan falso como ese argumento de que te vale un comino la muerte de tu padre. ¿Sabes? Al final no sé qué es cierto sobre ti. ¿Acaso hay algo cierto siquiera? —sonrió de manera irónica—. Bueno, supongo que lo único cierto es (o era, no sé) lo de tu compromiso con Fuutie, y la única razón para creerlo es porque ni Li-kun ni Fuutie se prestarían a seguirte la corriente para algo así.

—Entonces, si lo que dices es cierto… ¿Quién es el verdadero yo? —Eriol lanzó la pregunta con una expresión ilegible—. ¿O cómo es mi verdadero yo?

Spinel Sun alzó la cabeza y aguzó los oídos hacia Tomoyo. Sus ojos celestes fijos en ella, como si comprendiera que entre esa extraña y su recién adquirido amo ocurría una batalla no declarada que iba más allá de las palabras, y en la que el perdedor quedaría expuesto como un ternero con el tórax abierto y el corazón a la intemperie.

—Te lo dije una vez: no me interesa el Eriol perfecto que tu club de fans idolatra, sino el Eriol que sonríe sin darse cuenta cuando se sumerge en el agua, el que no puede resistir el impulso de una apuesta sobre su despistado amigo, el que no sabe andar en bicicleta, el que le teme a las alturas, el que me urgió a llevar a Sakura al aeropuerto para que pudiera despedirse de Li, el que se conmueve al ver un gatito en la calle, el que… —se sintió tentada a retirar la mirada, pero tuvo que resistir pese a su propio sonrojo—, el que me miró con ojos preocupados cuando tropecé en el almacén de la escuela y, pese a ello, hizo todo lo posible por no perder la calma al vernos encerrados en la oscuridad… y luego me habló por primera vez de manera sincera sobre su infancia y su familia.

La última palabra quedó pendiendo en el aire, haciendo eco bajo la luz de las lámparas y ocasionando un ligero cosquilleo en la garganta de la mujer, quien permaneció de pie, con la mirada firme y las manos temblorosas a los costados sin saber qué hacer. Corría el riesgo de que Eriol endureciera su muro frente a ella y fingiera que todo estaba bien, pero al menos el riesgo a salir lastimada ya lo había corrido dos semanas antes, cuando él la había besado tan intempestivamente. Desde ese momento (desde antes, quizá), él ya sabía que había logrado apropiarse del frágil corazón femenino, así que realmente Tomoyo Daidouji no tenía nada qué perder.

Pero el silencio seguía y la mirada de Eriol era impenetrable. No era fácil distinguir lo que el varón podía estar pensando, y Tomoyo ya había dicho todo cuanto podía decir, así que quizá lo mejor sería dejarlo a solas.

—Si necesitas algo, sabes cómo encontrarme —Tomoyo desvió finalmente la mirada y se puso de pie—. En verdad lamento mucho lo de tu padre. Es muy difícil vivir con un rencor hacia alguien que ya no existe, así que espero que algún día logres perdonarlo y no termines cometiendo sus mismos errores. Con permiso.

Hizo una inclinación a modo de despedida y se encaminó en silencio hacia la salida, apretando una mano para tranquilizarse, preguntándose qué rayos estaba haciendo y qué demonios había sido todo eso. Intentaba no sentirse ridícula, así como convencerse de que no se arrepentiría de haber ido a esa casa.

Pero un vuelco en su corazón casi le saca el alma al sentir que un par de brazos la estrechaban por detrás, rodeando su estómago. Pronto descubrió que su espalda estaba pegada al pecho de Eriol y la cabeza de éste se recargaba contra la suya por un costado. Sintió entonces la respiración del hombre contra su oído; era pausada, pero parecía dificultosa.

—¿Por qué estás aquí? —escuchó su voz ronca, como si le costara trabajo hablar—. ¿Por qué no te fuiste y me mandaste al demonio después de lo que te hice? Te usé como a un peón de ajedrez, te mentí como a los demás, y los demás se han ido. ¿Por qué tú no?

Todos merecemos una segunda oportunidad. ¿Crees que tú podrías dársela a él?”

Tomoyo sintió que el corazón se le caía al suelo al comprender finalmente las palabras que Fuutie le dijera en aquella ocasión en el aeropuerto.

—Porque estás herido. Más herido que yo.

Las manos que abrazaban su vientre la estrecharon un poco más contra sí y la cabeza del muchacho cayó sobre su hombro, desde donde un quedo y tímido susurro se elevó hasta su oído:

—Perdóname.

Eriol había ofrecido miles de disculpas a lo largo de toda su vida, todas prefabricadas, todas falsas y huecas. Ninguna como ésta.

————-

Hong Kong, Templo de entrenamiento Li, 7 años atrás

—¡Maestro! —los ojos del niño buscaron desesperadamente al anciano, quien se colocó a su lado en un instante—. ¿Qué le pasa? ¿Por qué se mueve así? —señaló al conejo que tenía frente a él, tendido en el suelo y que, a diferencia de su hermano, no había caído en un único y rápido espasmo en el sueño de la muerte. Al contrario, el animalillo se contorsionaba en terribles convulsiones y parecía sufrir un dolor indecible.

—Si presionas un poco más de lo necesario, puedes perforar, o incluso destrozar su corazón —explicó el hombre calmadamente, contrastando así la aprehensión que embargaba al chiquillo.

—Por favor, ¡Sálvelo! No quiero que muera —imploró Syaoran, pero el hombre negó lentamente con la cabeza: nada podía hacer al respecto.

—Esto es sólo una muestra de lo frágil que es la vida, y es algo que tienes que aprender muy bien antes de poder dominar esta técnica: toda vida es preciada, y toda vida es fugaz. No siempre podremos traerlos de regreso —explicó mientras el pequeño conejo intentaba inhalar un último aliento de vida. Finalmente quedó inerte sobre la hierba.

—Yo no quiero matar a nadie. ¿Por qué tengo que aprender esto? —la mirada de Syaoran no se apartaba de la yerta criatura.

—No es la muerte lo que debes de buscar, sino la vida —su maestro señaló al otro conejo, el cual deambulaba por el césped tranquilamente, como si su corazón no se hubiera detenido por el toque del varón para después volver a latir con ayuda de la misma mano—. Y para dar vida, debes apreciar el valor de ésta, como lo hizo Fai con su padre.

Fai Li. Syaoran recordó nuevamente la historia contada por su querido maestro. Contemplando los ojos vacíos del animal frente a él le costaba cada vez más trabajo imaginarse a su antepasado tomando el valor de dar el golpe fatal al pecho de su propio progenitor para después regresarlo a la vida con sus propias manos. Todo eso para poder casarse con la mujer que amaba.

Pero eso no era lo que Syaoran quería.

—Ven, te mostraré —su maestro tomó otro conejo y lo colocó a sus pies—. Aunque no sean físicamente iguales a nosotros, es la esencia de su vida lo que debes sentir antes de dar el golpe, pues incluso entre dos seres de la misma especie existen corazones fuertes y débiles: si intentaras aplicar siempre la misma fuerza a todos, podrías hacer estallar algunos y apenas afectar a otros. Por lo tanto, lo que vale es lo que tú percibas en ellos —tomó la mano del niño y la posó sobre el pecho de la criatura—. Siente su latir acelerado y la fragilidad de su tamaño. Mira sus ojos temerosos y expectantes. Escucha su respiración agitada y deja que tu mano se mueva con el vaivén de su pecho…

—Tiene miedo —susurró el aprendiz y el mayor asintió.

—Porque percibe tu miedo. Sabe que algo no está bien porque tú así se lo estás mostrando.

—No quiero hacerlo —el chico meneó la cabeza—. No quiero matarlo.

—Si piensas que lo matarás, entonces eso harás. No pienses en la muerte, sino en la vida.

—¡Pero tengo que matarlo para poder revivirlo! —apartando su mano como si la piel del animal quemara, Syaoran se puso de pie—. Yo no soy ningún dios para hacer eso. ¿Por qué me quiere enseñar esto, maestro?

—Por la misma razón por la que Fai Li lo aprendió: para que puedas cambiar tu destino.

—Yo no quiero cambiar mi destino —Syaoran apretó la mandíbula—, y mucho menos pienso arriesgar así la vida de mi madre ni de nadie más para lograrlo. Si sólo se trata de convertirme en Líder del Clan como papá, no tengo problemas en casarme con Meiling; es mi amiga y sé que todo estará bien, así que no vale la pena sacrificar más animales ni la vida de un ser humano para lograrlo.

—Muy bien, será como tú digas —el anciano igualmente se incorporó, accediendo como pocas veces lo hacía a una negativa por parte de su discípulo—. Pero seguiré siendo tu maestro hasta el momento en que pueda enseñarte esta lección, y eso será cuando comprendas el valor de una decisión y la influencia de tus acciones sobre la vida de los demás; pero sobre todo cuando descubras que los sentimientos de los vivos son más fuertes que su temor por la muerte.

—Lo siento maestro, pero yo no soy Fai Li —Syaoran bajó la cabeza ante la gentileza con la que el hombre había contrarrestado su afrenta.

—Claro que no. Tú estás destinado a logros aún más grandes.

Hong Kong, Casa principal de la familia Li, tiempo presente.

Finalmente sus párpados se abrieron y se encontró frente a frente con la oscuridad más profunda en la siempre serena mirada de Yelan Li. Las oraciones habían terminado y ambos se encontraban hincados uno frente al otro, en una situación muy diferente a la que los había reunido una semana antes. Oteó a su alrededor y en la misma sala encontró a su familia entera. Incluso Fuutie y Wei habían volado desde Japón para estar presentes.

Para ver con sus propios ojos el momento en que él, literalmente, mataría a su propia madre.

Si piensas que lo matarás, entonces eso harás. No pienses en la muerte, sino en la vida”

—Estoy lista, hijo.

—Lo sé.

—¿Tú lo estás?

“…cuando descubras que los sentimientos de los vivos son más fuertes que su temor por la muerte”

Ante la pregunta (que sólo él pudo escuchar en todo el recinto), el joven se volvió hacia su madre y respiró tranquilamente.

—No lo estuve en 17 años.

—Xiao Lang…

“… finalmente has encontrado lo que estabas buscando”

—Pero tuve una semana para estarlo —sus orbes ámbar destellaron un brillo incierto mientras el joven se inclinaba en señal de respeto por su progenitora—. Disculpe que la haya colocado en esta situación, honorable madre.

Aún con la cabeza gacha sintió la mano de la estricta Yelan sobre ésta y alzó la vista hacia ella.

—Lo único que jamás te hubiera perdonado sería que arruinaras tu vida y la de Meiling casándote con ella.

No soportaría verte triste, así que… por favor, hagas lo que hagas, procura que sea algo que te haga feliz. No importa lo que sea, sólo quiero que seas feliz”

Lo haré’ Syaoran cerró los ojos y sonrió.

No había olvidado la última vez que había visto sonreír a su hijo de esa manera, y por eso mismo sabía que había pasado bastante tiempo desde el momento en que algo así había ocurrido, de manera que Yelan no pudo menos que sentirse orgullosa al escuchar un “gracias” por parte de él mientras éste colocaba una mano sobre su pecho, y sintió la calidez de su tacto, siendo esto lo último que percibió antes de que su mundo se volviera negro.

Syaoran capturó entre sus brazos el cuerpo inerte de su madre y lo tendió gentilmente sobre el suelo, alejándose entonces unos centímetros de él e hincándose nuevamente a su lado, colocando ambas manos sobre sus rodillas.

—Listo —anunció entre la conmoción que se desató en los ahí presentes—, pueden revisarla ahora.

Los 3 médicos de la familia designados para la ocasión se acercaron en ese preciso instante para revisar los signos vitales de la actual jefa de la familia. Después de hacerlo uno de ellos se colocó de pie frente a los demás y haciendo una leve reverencia a los ahí presentes aclaró su garganta antes de hablar:

—En este momento declaro oficialmente ante ustedes la lamentable muerte de la honorable Yelan Li, viuda de Hien Li.

  1. Fai: Inicio, principio.

  2. Hien Li: Después de una investigación, llegué a la conclusión de que no hay nada claro con el nombre del padre de Syaoran. Sin embargo, se maneja mucho que es Hien Li, así que decidí dejarlo así

Notas de la autora: antes que nada, una disculpa por la demora. Casi tardé 3 semanas en actualizar, aunque muchas cosas pasaron en las pasadas 2 semanas. Cosas buenas, sin duda alguna, pero que me mantuvieron muy ocupada (¡Ya soy oficialmente Ing. Químico!).

En cuanto al capítulo, creo que debería describirlo como una montaña rusa, pues el capítulo final ya está a la vuelta de la esquina. ¿Qué opinan de la segunda opción que tenía Syaoran para poder ser Jefe Li, como su padre? Espero que ahora entiendan por qué se negaba tan rotundamente a hacerlo. Por otra parte, algunas acertaron en que sería la misma Meiling quien se negaría a aceptar el compromiso. Pobre chica, nuevamente se vio comparada con Sakura, aunque ya sabemos por qué piensa que “perdería” frente a Sakura (cortesía de Takumi).

Sólo tengo un dilema ahora: no tengo idea de cuál fue mi pareja favorita en este capítulo, si Touya y Nakuru o Tomoyo y Eriol. Ambas parejas tuvieron encuentros muy interesantes, aunque me divertí de lo lindo escribiendo a Touya y Nakuru (por cierto, fue la primer escena que escribí de todo el capítulo).

Muchas gracias por sus comentarios en las plataformas de FF. Net y Still For Your Love, así como vía Facebook. Como siempre, las críticas constructivas y opiniones en general son muy bien recibidas.

¡Hasta la próxima!

PD: ¿Alguna duda sobre el por qué del título?