17. Reacciones inesperadas

“2-A”

Miró el letrero durante cerca de diez segundos y tomó aire antes de animarse a dar un paso en el salón. Como rara vez lo hacía, había llegado cinco minutos antes de la hora, aunque ya la mayoría de sus compañeros se encontraban en sus respectivos asientos.

—¡Sakura-chan! —Tomoyo fue la primera en notar su presencia y corrió hacia ella, notando inmediatamente la sombra bajo sus ojos—. ¿No dormiste bien?

La aludida meneó la cabeza en señal negativa y colocó su maletín sobre la mesa, percibiendo inmediatamente a unas hileras de distancia el pupitre vacío de su compañero de China.

—Li-kun y Meiling aún no llegan —Tomoyo respondió a su muda interrogante—. ¿Cómo te sientes?

—Como si hubiera sido descubierta engañando a mi familia y a mis amigos —susurró finalmente con pesar. Al verla así, Tomoyo dudó en formular la siguiente pregunta, pero finalmente se decidió a hacerlo:

—¿Cómo están las cosas con Touya?

La castaña pareció perdida en sus pensamientos al escuchar el nombre de su hermano, como si no pudiera creer sus propios recuerdos del día anterior…

Casa Kinomoto, la noche anterior.

—¡Ya llegué! —Sakura estaba tendida a lágrima suelta sobre su cama cuando escuchó la voz de su hermano entrando a la casa—. ¿Sakura?

Pero la aludida no respondió al llamado. En lugar de eso, apretó al pequeño Kero contra sí, sacudiendo al pobre animal al compás de su llanto.

—¿Puedo pasar, monstruo? —esta vez Touya llamó a la puerta con voz suave y a su hermana no le quedó otra opción que aceptar.

—¿Vas a regañarme? —preguntó débilmente anticipándose a la perorata de su hermano, quien se sentó a su lado en el colchón—. Adelante, sé que me lo merezco.

—Te pondría a sacar la basura durante un mes como castigo, pero está comprobado que eres incapaz de levantarte temprano, así que mejor pensé en dejarte encerrada todas las tardes en tu cuarto al salir de clases durante al menos dos semanas… pero no creo que puedas faltar tanto tiempo al trabajo —él se encogió de hombros y ella lo miró con ojos desorbitados.

—¿Vas a dejar que siga trabajando?

—Si eres capaz de usar esta ridícula peluca para lograrlo, creo que no hay manera de que pueda impedírtelo, ¿o me equivoco? —Touya alzó su mano izquierda, en la cual sostenía la peluca de Akira, lanzándosela a su hermana con un solo movimiento—. Ten, creo que la necesitarás para continuar en el restaurante, a menos que pienses decirle al señor Higurashi que en realidad eres una niña.

Sakura miró la peluca de cabellos oscuros en sus manos y dirigió una triste sonrisa a su hermano.

—Gracias Touya, esto significa mucho para mí. Yo… bueno, sólo quería demostrarte que puedo arreglármelas sola para que te sientas libre de hacer tu maestría en la ciudad que tú quieras —suspiró—. No quiero que te detengas por preocuparte por mí.

Touya puso un dedo sobre la frente de su hermana.

—¿Arreglártelas sola? Con ese miserable intento de sonrisa no creas que me estás convenciendo monstruo. ¿Crees que me marcharía para dejar que cualquier mocoso le rompa el corazón a mi hermana?

Sakura lo contempló con un asombro que no pudo ocultar.

—¿D-de… de q-qué hablas?.

¿Cómo era posible que Touya se hubiera dado cuenta?

—Eres la peor actriz sobre la faz de la Tierra, y no sólo me refiero al asunto del chino ése y tú.

—¿Eh? —Sakura se puso colorada como un jitomate—. ¿Qué quieres decir? ¿Entonces desde un principio sabías que yo era Akira? —ya no sabía cuál parte le desconcertaba aún más: si el hecho de que su hermano sospechara (mejor dicho: supiera) que le gustaba Syaoran, o saberse descubierta en lo referente a su disfraz desde mucho antes.

Touya arqueó una ceja y entornó los ojos.

—Admito que Tomoyo me hizo dudar con su treta del celular, pero… ¿realmente creíste que ibas a lograr engañarme con ese absurdo disfraz?

Sakura se encogió de hombros, no sabiendo qué decir. Touya jugueteó un poco con el cabello castaño de su hermana al percibir que su humor mejoraba poco a poco.

—Por otra parte, parece que al señor Higurashi pudiste engañarlo muy bien. De hecho una vez me dijo que tú… bueno, que Akira era un excelente empleado. En general, ha dicho muchas cosas buenas de ti, así que supongo que sería un error no dejarte hacer algo en lo que tanto te has esforzado, al grado de incluso renunciar al equipo de porristas que tanto querías.

Sakura lo miró con un atisbo de alegría en sus ojos hinchados y enrojecidos por el llanto.

—Hermano…

—Pero no creas que por eso me iré a otro lado. Tú sigues siendo más importante para mí que la maestría. Además, eso puede esperar unos años. Tengo 23, así que puedo darme el lujo de trabajar 2 o 3 años antes de iniciarla y juntar un poco de dinero para entonces, así que no te sientas libre aún.

Sakura abrazó a su hermano. Al escucharlo hablar intuía que él seguramente ya había estado dando muchas vueltas al asunto y había tomado su decisión, así que no lo convencería de lo contrario, pero al menos ahora sabía que Touya no sacrificaría sus sueños por ella; sólo los pospondría un poco hasta que el tiempo adecuado llegara.

—Y no quiero que vuelvas a llorar por nada que tenga que ver con ese mocoso —la regañó Touya con cierta dulzura y continuó antes de que ella pudiera negar o replicar cualquier cosa—. No sé bien qué términos existen entre ustedes dos, pero me lo imagino por la mirada de terror que pusiste cuando supiste que te habían descubierto y la sorpresa con la que él te vio. Sólo déjame decirte una cosa: si un chiquillo idiota no te acepta por ser travesti, entonces no te merece —dijo esto con el tono más serio del mundo, pero Sakura sabía que interiormente Touya se sonreía mientras se burlaba de ella.

—¡Hermano, no soy una travesti!

Escuela Seijou, tiempo presente.

—Buenos días Sakura.

—Buenos días, Kinomoto-san.

Interrumpida en sus memorias, la aludida se volvió para encontrarse de frente con Chiharu y Yamazaki, quienes le sonreían como si nada hubiera pasado. La sorpresa de la castaña no se hizo esperar.

—Chicos… ¿ustedes no están molestos conmigo?

Ambos la miraron como si tuviera libélulas en la boca.

—¿Molestos? ¿Por qué?

—Pues… por lo de… por no decirles que yo era Akira.

La joven pareja se miró por unos segundos antes de regresar su atención a su compañera. Chiharu se recargó contra el pupitre de su amiga.

—No te preocupes por eso: después de que te fuiste del parque, Tomoyo nos explicó por qué habías tenido que disfrazarte para conseguir trabajo —señaló a Tomoyo, quien continuaba al lado de Sakura, y la aludida asintió—. Y, aunque me hubiera gustado poder ayudarte y que nos hubieras contado al respecto, también entiendo por qué al final tuvieron que guardar el secreto entre las dos.

—Lo que me cuesta trabajo creer es que no nos hayamos dado cuenta antes —rió Yamazaki—. Después de todo, creo que sí era un poco obvio el parecido entre Akira y tú.

Al ver a sus amigos sonreír de esa manera, Sakura no podía menos que sentirse un poco aliviada, quitándose uno de los pesos que tenía sobre sus hombros. Sin embargo, aún había una persona cuya reacción le preocupaba un poco más que las de ellos dos…

Pero en ese instante sonó la campana y el primer maestro del día no tardó en aparecerse, y justo cuando la castaña pensó que ese día no vería a los chinos en la escuela, la puerta del aula se deslizó y acto seguido una intempestiva Meiling entró con paso firme mientras se disculpaba con el profesor. Meiling nunca llegaba tarde a clase, analizó Sakura, pero eso no era lo más importante:

¿Por qué Syaoran no estaba con ella?

——————————-

Uno a uno fueron desfilando los profesores frente a sus ojos, desde Japonés II hasta Física, haciéndole recordar esta última a su compañero de proyecto, con quien había pasado varios sábados y algunos recesos entre semana a fin de poder culminar bien su trabajo, aunque había terminado aprendiendo mucho más que ecuaciones de energía a su lado.

¿Por qué no vino?’ no podía dejar de preguntarse. A pesar de que la cuarta clase del día había terminado y el momento del receso había llegado, Syaoran seguía sin aparecer por ningún lado y Sakura no podía dejar de preguntarse la razón por la cual el estudioso muchacho había faltado a la escuela, así como no podía dejar de torturarse con la idea de que esa extraña ausencia algo tenía que ver con ella y los hechos acaecidos el día anterior.

Finalmente, no pudiendo más con sus propias ideas, Sakura se levantó de su asiento y se aproximó a la china que apenas se disponía a sacar su almuerzo.

—Meiling… —titubeó cuando los ojos color escarlata la miraron de soslayo—. ¿Syaoran-kun está bien? Él no suele faltar a…

—Xiao Lang tiene cosas más importantes que hacer por el momento —fue la seca respuesta que recibió a cambio

—Meiling… —la castaña jugueteó con sus dedos nerviosamente antes de animarse a hacer su pregunta—. Syaoran-kun… él… ¿está molesto conmigo? Yo… quisiera disculparme con él, pero no sé si…

—Mira Kinomoto —la china se puso de pie para mirarla directamente a los ojos—. Te lo pondré de esta manera: durante dos meses y medio he estado tratando de apartarte de Xiao Lang y hacer que él se olvide de ti; de ser necesario, de hacerlo odiarte, pero ha sido imposible…

¿Hacerlo odiarme?’ Sakura escuchaba atónita sus palabras sin atinar a comprenderlas. ‘¿Por qué?’

—Pero ya no tengo que preocuparme por eso, porque todo eso lo has logrado tú misma en un solo día —sonrió Meiling—. ¿Si está molesto? No lo sé, tú dímelo: ¿crees que tenga razones para estar molesto si lo engañaste fingiendo que eras su amigo solamente para acercarte más a él y poder meterle ideas a la cabeza?

—¡Te equivocas! —Sakura la miró con espanto—. Yo no quería…

—No digas tonterías. El punto es que lo hiciste, pero todo se descubrió justo a tiempo para que Xiao Lang no tenga problemas mañana al hacer público nuestro compromiso en Hong Kong.

Las palabras de Meiling quedaron flotando en el aire: Mañana. Compromiso. Hong Kong.

Mañana.

Compromiso.

Hong Kong.

Cada una golpeo a Sakura con mayor fuerza que la anterior, aunque en su aturdida cabeza no atinaban a colocarse de tal manera que pudiera entender bien lo que la otra chica había querido decirle.

—¿Qué dijiste?

—Lo que escuchaste: olvídate de Xiao Lang. Casi lo atrapaste, pero al final las cosas serán como desde un principio debieron haber sido, y no te atrevas a volver a buscarlo —siseó—, porque la próxima vez que lo veas estaremos oficialmente comprometidos, y esta vez no podrás hacer nada para evitarlo.

La odiaba. La odiaba con toda su alma. La odiaba como nunca creyó que odiaría a alguien. Era una criatura rastrera que se había metido a base de engaños en la cabeza de su primo, seguramente abusando de la confianza de éste hacia el mesero para sembrarle ideas y hacerlo caer en sus redes. ¿Cómo se había atrevido a hacerle eso a Xiao Lang? Al final, la “inocente” Sakura Kinomoto había resultado ser una araña más en la vida del futuro jefe de la familia Li, y Meiling no podía disfrutar más al ver esa sonrisa estúpida convertida en un gesto de derrota y desesperación, mismas que parecían querer brotar de sus ojos verdes en forma de lágrimas.

Aún así, ella había logrado en apenas unos cuantos meses algo que ella solamente había soñado durante toda su vida: introducirse en el corazón de Xiao Lang Li… aunque sólo fuera para terminar lastimándolo.

Definitivamente la odiaba.

—Lo siento —escuchó su débil susurro—. Lamento haberlos engañado a Syaoran-kun y a ti. Discúlpame Meiling.

Meiling apretó su almuerzo con una mano y dirigió una última mirada furiosa a la otra muchacha. ¿Por qué diablos se disculpaba con ella?

—Iré a comer —sin mayor despedida, la china salió del salón observando por el rabillo de su ojo cómo Tomoyo y el grupo de amigas de Sakura se aproximaba rápidamente a ésta al verla regresar a su lugar con el rostro desencajado—. Estúpida Kinomoto —balbuceó para sí al cruzar la puerta del aula y decidió perderse un rato por el pasillo para disfrutar a solas de su almuerzo.

—¿A dónde con tanta prisa? —la detuvo una voz familiar al cruzar hacia las escaleras—. ¿Y por qué ese ceño? No es precisamente la cara que esperaba ver de alguien que finalmente se ha librado de su competencia por el corazón de su amado.

—¿Qué quieres Takumi? —bufó ella cruzándose de brazos—. En lugar de estar aquí molestando deberías estar en el salón de 2-A, consolando a la tonta de Kinomoto que no hace más que llamar la atención de todos con su cara triste. ¿O es que no te gustan los travestis?

—Hey, ¿Por qué de repente percibo cierto ambiente de aspereza? —él levantó las manos—. No estarás enojada por lo que te dije ayer, ¿o sí?

—¡Ja! Como si fuera a importarme lo que tú pudieras decirme —Meiling alzó la cabeza altiva.

—Tienes razón: no puedes quejarte. Después de todo, estás a punto de vivir una vida de ensueño con el hombre que amas, ¿no?

—¿Qué rayos quieres Takumi? —Meiling cortó con hastío el evidente sarcasmo del chico, quien metió las manos a los bolsillos y se recargó contra una pared cercana.

—¿Cuánto tiempo más piensas seguir engañándote Mei? —la mirada oscura de Takumi se volvió por primera vez en la historia sombría como la noche—. Está bien, finalmente lograste tu cometido y vas a poder encadenar a Li-kun en un matrimonio contigo, pero… ¿De verdad piensas que podrás ser feliz al lado de un hombre que no te ama? Por favor, no me digas que eres como esas mujeres que realmente creen que pueden hacer que un hombre cambie después del matrimonio, porque te lo diré de una vez: es la falacia más grande que ha existido en la historia.

—¿Y qué te importa a ti todo eso? —ella meneó la cabeza—. Ahí está tu Kinomoto sin Xiao Lang, ¿Por qué no vas por ella de una buena vez y me dejas en paz?

—Porque no es ella la que está a punto de cometer el error más grande de su vida al comprometerse con alguien que ni siquiera se interesa por ella.

—¿Dices que Xiao Lang no se interesa por mí? —ella lo miró con desdén—. ¡Ja! Qué estupideces dices.

—¿En serio? —Takumi alzó una ceja—. Entonces dime: ¿qué tan bien te conoce tu querido primito?

—Tú no sabes nada de Xiao Lang y yo —bufó—. Nosotros entrenamos juntos desde pequeños y…

—Y seguramente sabe que con una patada eres capaz de enviar a un hombre a la luna —Takumi entornó los ojos—. ¡Y no me digas! Estoy seguro de que también sabe que puedes brincar de la rama de un árbol después de estar espiando a alguien y ni siquiera soltar un quejido si pisaste mal y te torciste el pie al momento de aterrizar. Debe estar orgulloso de que seas una chica tan ruda y valiente, pero ¿acaso sabe que cuando nadie te ve te gusta tocar las flores para sentir la suavidad de sus pétalos entre tus dedos?

—Takumi…

—¿Sabe que eres tan frágil que tienes que irte al baño para llorar después de verlo a él regalándole un poco de su obento a Sakura?

—Cállate…

—Tampoco creo que se haya dado cuenta de lo linda que te ves cuando haces ese puchero infantil, o de lo chistosa que eres cuando se te bota esa extraña vena que tienes en la frente…

—¿Qué demonios estás haciendo? —Meiling sentía que no podía escucharlo hablar un segundo más. Cada palabra que decía le ocasionaba una punzada en el pecho y poco a poco le estaba doliendo la cabeza.

—Nada —él se encogió de hombros con una muy mal simulada inocencia—. Al parecer, sólo platico con una niña bastante terca, agresiva, infantil, explosiva, celosa y loca que conocí hace un par de meses —rió—. Y lo peor es que, a pesar de que ni siquiera es parte de mi clase, creo que he pasado demasiado tiempo con ella tramando los planes más descabellados del mundo y haciendo el ridículo una y otra vez hasta el cansancio… aunque también divirtiéndome como nunca lo había hecho.

—Ayer dijiste que…

—Alguien tenía que bajarte de esa nube de ilusión a la que te habías subido. Parecías demasiado feliz al pensar que finalmente tendrías a Li-kun para ti solita. Además…

—Por supuesto que estaba feliz —Meiling rechinó los dientes—, y lo estoy, así que déjame en paz —se dio la media vuelta para continuar su camino, pero una mano sujetando la suya en el último momento se lo impidió, y las siguientes palabras dichas por la voz masculina le resultaron tan extrañas que por un momento le pareció escucharlas como salidas de alguna clase de ensoñación:

—Además… creo que estaba celoso.

—¿Qué? —ella lo contempló como si acabara de decir que el mundo se iba a acabar en 5 segundos. Takumi liberó su mano al ver que había logrado detenerla y la usó para rascarse la cabeza en una clara muestra de nerviosismo mientras un inconfundible rubor dominaba sus mejillas.

—¿Qué harías si te dijera que ya no es Sakura quien me interesa?

————————

—¿Qué les parece si hoy terminamos un poco más temprano? Los siento un poco cansados —la mirada de la directora del coro se posó en su soprano solista, quien había estado fallando un par de notas durante la última hora, además de que lucía como si su mente estuviese en otra parte. Los chicos estuvieron de acuerdo y rápidamente se despidieron y desalojaron el aula. Mientras Tomoyo guardaba sus pertenencias en su maletín sintió la mano de la mujer posándose sobre su hombro.

—¿Profesora…?

—Descansa bien hoy. Espero que puedas tener una mente despejada para mañana.

—Lo siento, yo… —pero la disculpa de la joven fue interrumpida por una amable sonrisa de la mayor, quien se despidió para encaminarse a la salida.

—Sólo descansa, ¿sí?

—Sí —Tomoyo asintió y volvió su atención al maletín, apresurándose al percatarse de que aún quedaba alguien más en el salón: el joven que (al igual que ella hacía con él) intentaba ignorar su presencia mientras terminaba de poner una manta sobre el piano de cola que dominaba la habitación.

Apretando los dientes, Tomoyo cerró su maletín con las partituras finalmente dentro y se encaminó a la salida con él, aunque se detuvo apenas a medio metro de la puerta, con la mano cerca de ella.

Tú puedes hacerlo’ intentó darse valor. ‘Tienes que demostrarle que no te afecta tanto como él lo cree, y que eres una mujer de palabra’.

Le tomó casi 10 segundos más después de pensarlo, pero al final se dio la media vuelta y encaró a Eriol Hiragizawa, quien al percibir la larga pausa que ella hacía frente a la puerta se había virado para verla.

Quizá pasaron apenas otros 3 segundos, pero Tomoyo los sintió como media hora antes de poder articular una palabra, poniendo todo su empeño en no desviarle la mirada al muchacho.

—¿Necesito hablar con el entrenador antes de entrar a la alberca para una sesión de entrenamiento con los chicos del equipo de natación?

Aunque intentó ocultarlo, el asombro de Eriol no pudo ser mayor.

—¿Piensas ir a entrenar con nosotros en la sesión de la mañana? Eso quiere decir que…

—Ganaste la apuesta —respondió ella con toda la firmeza que podía dar a su voz—, y yo soy una persona de palabra, así que estaba pensando en probablemente ir mañana mismo a cumplir con mi parte y entrenar con ustedes.

—¿Realmente vendrás a las 6 de la mañana?

—¿Lo dudas? —ella lo retó y él meneó la cabeza—. Ahí estaré, pero primero necesito saber si tengo que hablar con el entrenador y dónde lo puedo encontrar.

—No será necesario, yo mismo se lo diré —pero Eriol parecía estar pensando en otra cosa—. Sólo tengo una pregunta para ti, Daidouji-san.

—Puedes hacerla, aunque no te garantizo que la responderé —ella se encogió de hombros, aunque el chico parecía más serio de lo normal.

—¿Cuándo sucedió? Me refiero a cuándo se dio cuenta Sakura de sus sentimientos.

—¿Por qué lo quieres saber? —preguntó ella intrigada.

—Fue cuando ambas fueron a visitar a Syaoran hace una semana, ¿verdad?

Ese día en que él se había atrevido a besarla y tomar su corazón para luego hacerlo añicos. Sí, claro que recordaba bien ese día, así como recordaba su conversación con la castaña y la declaración que ella le había dado cuando casi llegaban a su casa:

—No, fue antes: cuando Syaoran se lastimó la pierna.

Al escuchar esto, Eriol se recargó en un costado del piano y meneó la cabeza repetidamente, pero lo más extraño de esto fue que una tenue sonrisa que bailaba entre la alegría y la ironía apareció en su rostro.

—¿Qué pasa? —a Tomoyo no le causaba gracia nada de aquello—. No te rías de Sakura. No me importa si te metes conmigo, pero no permitiré que te burles de una chica cuyo único error fue enamorarse de alguien que no tiene la humanidad para perdonar una mentira que ni siquiera era para él, además de que no piensa mover un dedo para negarse a un matrimonio con una mujer que ni siquiera ama.

—Esos dos son tal para cual —susurró Eriol para sí como si no hubiera escuchado nada de lo que la molesta joven acababa de decirle—. ¿Sabes qué? Olvida nuestra apuesta.

—¿Qué?

De pronto, Eriol se enderezó y caminó hacia ella sin detenerse hasta estar a tan sólo unos 30 centímetros de ella. Su mirada añil pocas veces había lucido tan oscura. Apenas al contemplarla de esa manera pudo notar Tomoyo un tenue destello de tristeza que habitaba cerca de sus pupilas.

—Puedes odiarme, Tomoyo Daidouji, no te pediré que no lo hagas. Incluso, si quieres, me marcharé del grupo del coro para no incomodarte con mi presencia y no distraerte ni estorbarte más, pero antes de que esto suceda, permíteme hacerte una única y última petición.

—¿Una petición? —la chica frunció el ceño, cosa que al parecer sólo él lograba causarle.

—No lo hagas por mí. Hazlo por Syaoran, y si esto no te convence, entonces hazlo por Sakura, porque podría ser la última oportunidad.

———————————

No sólo había descubierto que Meiling la odiaba de verdad, sino que ahora podía estar segura de que Syaoran también lo hacía. Sin embargo, había una cosa que la dejaba aún más intranquila: ¿Por qué Meiling había dicho que la próxima vez que los viera estarían oficialmente comprometidos? Esta clase de cuestiones cruzaba la mente de Sakura, quien no terminaba de entender lo que sucedía.

—¡Hey! —el cocinero la llamó una vez más con un gesto rabioso que rara vez era tan marcado en él—. Es la tercera vez que te llamo. Ese okonomiyaki se va a enfriar si no te lo llevas ya.

—¡Ah, sí! —Akira se apresuró a recoger el plato y lo llevó a la mesa 5 con un gesto de disculpa en su rostro—. Su okonomiyaki está listo, disculpe la tardanza…

—¿Okonomiyaki? Yo no pedí eso…

Sakura contempló la expresión sorprendida del varón que solitariamente tomaba una cerveza en la mesa y rápidamente se puso a consultar sus notas.

—¡Es cierto! Era para la mesa 4. Disculpe, su ramen de res ya está en camino —hizo una inclinación de cabeza y se dirigió a la mesa de al lado para entregar el platillo.

—¿Estás bien? —Yuta se colocó junto a ella al verla suspirar desanimadamente—. Normalmente pareces un poco torpe, pero nunca te había visto así.

—Lo siento, yo…

—Deberías relajarte un poco hombre. Es por una mujer, ¿verdad? —Yuta meneó la cabeza—. Lo sabía: ni siquiera tú puedes estar exento de eso.

—Bueno, yo… —pero la tristeza en el rostro de Akira era tan difícil de ocultar, que Yuta le dio una palmadita en la espalda.

—¿Por qué no intentas distraerte un poco con el trabajo?, a mí me ha funcionado en un par de ocasiones para no pensar. Por ejemplo, una vez una compañera con la que llevaba un mes saliendo me… Bueno, te contaré luego —se interrumpió el mesero al escuchar la puerta abriéndose para dar paso a otro cliente—. ¿Ésa no es tu amiga?

—¿Eh? —y Sakura siguió su mirada hasta la entrada, por donde en ese momento ingresaba una apurada Tomoyo que no tardó en llegar hasta ella y tomarla de la mano.

—¿Por qué no contestas tu teléfono? —fue la pregunta-saludo que dejó a la castaña pasmada.

—¿Mi teléfono? No lo escucho desde acá, está en el casille…

—Olvídalo, no importa —la ansiosa Tomoyo se dirigió entonces a Yuta—. ¿Crees que pueda salir temprano hoy? Se trata de un asunto urgente.

—Temprano… ¿ya?

—Es de vida o muerte —insistió la chica asustando al dubitativo Yuta, quien se encogió de hombros y asintió rápidamente.

—Está bien, yo te cubriré.

—Pero…

—No te preocupes por el jefe. Si es de vida o muerte, él entenderá —insistió el mesero y apuró a su confundido compañero, quien solamente fue por su mochila al casillero y se salió del lugar de la mano de una pálida Tomoyo sin quitarse siquiera el uniforme.

—Tomoyo, ¿Qué sucede? ¿Tan grave es? —a este punto Sakura estaba casi tan pálida como su amiga, imaginando en verdad que algo terrible había sucedido—. ¿Algo le pasó a Touya?

—Tranquila, no es eso —sin embargo, las piernas de la joven Daidouji seguían moviéndose rápidamente para llegar al automóvil que esperaba por ellas—. Te explicaré en el camino.

————————————

—¿No ha llegado Sakura? —preguntó Yukito mientras se descalzaba en el recibidor de la casa Kinomoto. El moreno negó con la cabeza.

—Fue a trabajar —dijo para sorpresa de su mejor amigo, quien no pudo ocultar su estupefacción.

—¿Quieres decir que le permitirás continuar con su trabajo de mesero?

Touya se encogió de hombros a modo de respuesta e invitó al otro a pasar a la sala.

—Viniste porque estás preocupado por ella, ¿verdad? —concluyó y supo que había acertado cuando el otro hizo una mueca.

—Ayer se veía muy mal después de que todos la descubrieron. Al parecer nade más sabía la verdad… aparte de Tomoyo. Seguramente fue muy difícil para ella mentirle a tantas personas.

—Sobre todo con lo mala actriz que es —intentó bromear Touya, pero no consiguió levantar el ánimo que se sentía en la habitación.

—¿Crees que ese chico Syaoran…?

—No sé lo que vaya a hacer, pero te aseguro que se las verá conmigo si se atreve a lastimar a mi hermana.

Yukito miró a su amigo y supo que iba en serio. Touya siempre se había caracterizado por ser un hermano protector, aunque este aspecto se había multiplicado tras la muerte de Fujitaka Kinomoto.

—Eres un tipo muy seco, pero realmente odias que alguien lastime no solamente a tu hermana, sino a cualquier mujer. Por eso Nakuru te quiere tanto —rió al ver la expresión del moreno ante la mención del nombre.

—¿Y eso a qué viene?

—No sé si debería contarte esto, pero…

—Pero ya empezaste a hablar, así que ahora lo harás —bufó Touya—. Dime.

—¿Sabías que Nakuru estuvo a punto de casarse el año pasado? —al reconocer la sorpresa en el rostro de su amigo, Yukito interpretó la respuesta—. Ayer Fuutie me contó algunas cosas. Al parecer, ya lo tenía todo: la iglesia, el salón, las invitaciones repartidas e incluso tenía el vestido, pero un mes antes de la boda se enteró que su prometido la engañaba con dos mujeres.

—¿Con dos?

Yukito asintió.

—Entonces Nakuru terminó el compromiso y dice Fuutie que su sentido del humor cambió por completo.

—¿Fuutie? Pero ella estaba en China. ¿Cómo podía saberlo? —Touya frunció el ceño y su amigo asintió nuevamente.

—Al parecer siempre han sido buenas amigas y mantenían mucha comunicación. Supongo que también por algo que tenía que ver con el primo de Nakuru, aunque Fuutie no me dijo mucho por qué.

Ese chico’ a Touya ese famoso Eriol le parecía cada vez una pieza más misteriosa en todo cuanto refería a Fuutie Li.

—Poco tiempo después de eso yo entré de practicante a la empresa y fue cuando la conocí. Recuerdo que una de las primeras cosas que me recomendaron los chicos de ahí fue que no intentara socializar con Nakuru Akizuki, aunque no me explicaron por qué.

—No quería tener contacto con ningún hombre —entendió Touya, resultándole esto algo diametralmente opuesto a la Nakuru que él conocía.

—Y así fue: sólo hablaba con ella para los asuntos indispensables y rara vez nos cruzábamos, hasta que un día hace unos meses fuiste a recogerme y ella salió al mismo tiempo que tú y yo platicábamos en la entrada. No sé bien qué es lo que pasó esa vez, pero al día siguiente Nakuru fue a buscarme durante la hora de la comida y me preguntó por ti.

—¿Por qué? —Touya alzó una ceja.

—No sé cómo explicarlo, pero tengo una teoría —Yukito frunció ligeramente el ceño de manera pensativa.

—¿Y la vas a decir o no? —Touya comenzó a rechinar los dientes de manera impaciente, a lo que su amigo rió antes de continuar:

—Creo que Nakuru debió haber visto algo en ti, algo que la hizo darse cuenta de que tú no serías capaz de perderte con cualquier mujer que se cruzara en tu camino. En otras palabras: tú jamás engañarías a tu pareja con otra. ¿Qué te parece? —preguntó con una sonrisa que incomodó a su amigo—. Te aseguro que no tenías idea de que habías cambiado la vida de Nakuru sin siquiera proponértelo, ¿verdad?

—¿Y de dónde rayos sacó esa conclusión? Además, Tú tampoco serías capaz de lastimar a una mosca, ya no digamos una mujer. Entonces, si fuera como tú dices, ¿por qué Nakuru no se dio cuenta de eso en ti?

Yukito sonrió ante el ceño de su amigo y meneó la cabeza.

—A diferencia tuya, yo sí presto atención a la gente que me saluda, aunque sea por simple cortesía. Tú, en cambio no sueles molestarte en hacerle caso a una completa desconocida, por más hermosa que sea. Por otro lado, no sé cómo le hacen, pero está comprobado que las mujeres perciben ese tipo de cosas.

—¿Sexto sentido? —se burló Touya de la “teoría” de su amigo. Ciertamente, tratándose de Yukito había esperado un intento un poco más plausible.

—Ya te dije: no lo sé. Lo que sí puedo afirmar con toda certeza es que te conozco desde la secundaria, y desde entonces he visto a las mujeres aglomerarse a tu alrededor por montones en busca de atención sin lograrlo. Siempre fuiste demasiado dedicado para los estudios y no querías ninguna distracción, y ese desinterés de tu parte cualquier persona que se jacte de ser observadora lo notaría en tu lenguaje corporal, ¿no lo crees?

Touya desvió la mirada. Eso sonaba un poco más lógico y debía admitir que su amigo a veces tenía razón, aunque no le concedería la gracia de decírselo.

—De hecho, a veces pienso que te volviste tan experto en rechazarlas, que ahora no tienes idea de cómo admitir que finalmente alguien ha logrado conquistarte.

—Hey… —Touya lo señaló con un dedo en un gesto que pretendía ser amenazante—, ni se te ocurra decirlo.

—Está bien —rió Yukito—. De todas formas no creo que no te hayas dado cuenta ya…

—Te lo advierto… No juegues con fuego —esta vez el trigueño entrecerró los ojos.

——————————–

—Para los pasajeros del vuelo 1428 a París, les informamos que el despegue tendrá un retraso de 15 minutos respecto a la hora programada. La entrada por la puerta G-15 será… —Syaoran escuchaba sin mucho interés el anuncio que hacía la monótona voz por los altavoces. De cualquier manera, a pesar de que su vuelo no sería anunciado hasta dentro de unos 20 minutos, no tenía nada mejor qué hacer en esa sala de espera.

—¿No tienes hambre? Creo que iré a comprarme una nieve o algo así —la alegre chica a su lado se puso de pie y él se encogió de hombros.

—No, gracias, aquí te espero.

Con un suspiro de resignación, Meiling salió de su vista. Había sido así desde la noche anterior: Syaoran estaba abstraído, perdido en otro mundo. Incluso sus ojos ámbares habían perdido intensidad, marcados por un velo de cansancio en ellos y unas ojeras que reflejaban la noche insomne que había pasado entre el domingo y el lunes.

¿Acaso Syaoran le tenía tanto temor a anunciar su compromiso de manera formal frente a la sociedad como un Li? No, no quería siquiera pensarlo así. Después de todo, Kinomoto estaba descartada y eso debía facilitar un poco el trámite, aunque…

Parece como si caminaras al patíbulo’ se volvió a mirar a su querido primo desde la distancia. Contrario al Syaoran que estaba acostumbrada a ver y admirar, ese chico parecía una vasija vacía, alguien a quien le habían extirpado el alma y en lugar de ésta hubiera un remolino oscuro girando impetuosamente en su caótico interior.

Al verse solo, Syaoran consultó el reloj de su teléfono y se quedó contemplando un instante el aparato, decidiendo si debía o no hacer esa llamada, pero finalmente regresó el móvil a su bolsillo, de donde no volvió a extraerlo.

De cualquier manera, por más lento o rápido que pudiese pasar el tiempo, nada lo apartaría del inevitable momento en que arribaría en China para cumplir con su deber, que a fin de cuentas era el primer paso para culminar lo que hacía mucho había prometido hacer frente a la tumba de su padre: hacer de su matrimonio arreglado el último de la familia Li.

Sin embargo, había una idea que no dejaba de bailar en su cabeza repitiéndose una y otra vez, unas palabras que no lo dejaban en paz; las mismas que le hacían tomar el teléfono celular entre sus dedos y palparlo con una ansiedad inconsciente que bullía en cada fibra nerviosa de sus yemas.

Casa Li en Tomoeda, ese mismo día por la mañana.

La luz de la mañana entraba por la ventana y Syaoran se encontraba empacando cuando el sonido de su puerta al abrirse llamó su atención.

—¿Aún sigues haciendo la maleta? Creí que ya la tendrías lista para hoy.

—Y yo creí que ya te habías marchado a la escuela —fue la áspera respuesta del chino a la pregunta de su pariente.

—Aún me quedan unos minutos —Eriol se encogió de hombros—. Supongo que no irás hoy a la escuela.

—Tengo otros asuntos que resolver antes de irme —replicó Syaoran esquivo.

—¿Además de despedirte de tus amigos? Después de todo, con lo que ocurrió ayer, las cosas entre tú y…

Syaoran se detuvo en su objetivo y devolvió una mirada hostil al británico.

—No creo que sea un asunto de tu interés. Más bien, creo que deberías preocuparte por el hecho de que dentro de un año tendrás que olvidarte de casarte con mi hermana, aunque veo que no te ha costado trabajo buscar un plan B con Daidouji-san.

—¿Dentro de un año? —Eriol dibujó una tenue sonrisa en su boca—. Parece mucho tiempo, ¿no crees? Sobre todo si piensas que durante ese tiempo no se le permitirá a Fuutie tener (ni buscar) una relación con otra persona.

—Hijo de… —a pesar de la ira repentina que la evidente burla del otro le causaba, Syaoran prefirió ignorarlo y continuar sacando algunos documentos que le serían de utilidad. Eriol, por su parte, visualizó sobre la cómoda el reloj de arena que Akira obsequiara al chino el día anterior.

—Es increíble cómo el tiempo es algo tan relativo —con la misma sonrisa jugueteando en sus labios, Eriol tomó la réplica y dio una vuelta a ésta, observando cómo los granos de arena caían uno a uno hacia la mitad baja—. La misma fracción de tiempo puede parecer muy corta o muy larga, dependiendo de quién la perciba. Por ejemplo, para ti un año puede ser un tiempo muy corto si al final de éste habrás de casarte con alguien a quien no quieres, pero… ¿qué me dices de alguien que está esperando ese mismo día para poder ser libre de amar a quien ella pueda elegir? —se encogió de hombros—. No me malinterpretes, no es que me refiera a Fuutie, ni mucho menos.

—Deja eso —harto de las habladurías del ojiazul, Syaoran arrebató el objeto de su mano y lo colocó de nuevo en la cómoda.

—¿No piensas llevártelo?

—Es frágil y no lo usaré allá, así que no hay razón para hacerlo —bufó el chino.

—Tienes razón, a menos que tuviera algún valor especial para ti…

—Suficiente —Syaoran confrontó a Eriol—. ¿Por qué te interesa de pronto hablar de Sakura? ¿Y qué son todas esas tonterías sobre Fuutie? —gruñó—. Yo sé lo que hago por mi hermana y con tu palabrería no lograrás hacerme cambiar de opinión, así que ve olvidando eso de una vez —siseó con una mirada que amedrantaría a cualquiera, menos a Eriol—. Y en cuanto a Sakura… —las palabras murieron en su boca y, no sabiendo qué más decir, regresó su atención a los documentos.

—¿En cuanto a Sakura? —Eriol alzó una ceja, divertido—. Qué extraño, no recuerdo haberla mencionado. ¿O tiene algo que ver ella en este tema?

—No —se apresuró a contestar el chino de manera tajante.

—Claro —por la comisura de sus labios apareció una risita sarcástica—. Dudo mucho que la veas de una manera especial, como algo más que una amiga, aunque desde hace un par de semanas me ha parecido verte un poco diferente y más nervioso de lo normal cuando estás con ella… Pero no me hagas mucho caso, de seguro sólo fue mi imaginación —dijo haciendo su comentario anterior a un lado con un gesto de la mano derecha.

—Ése no es asunto de tu incumbencia —más que hablar, Syaoran parecía estar masticando las palabras.

—Tienes razón —Eriol meneó la cabeza—. De cualquier forma, si ya tomaste tu decisión, te doy mi palabra de que estaré ahí para prestar mi hombro y consolar a la hermosa Sakura-chan cuando le rompas el corazón.

¿Qué?’ Cuando Syaoran regresó la mirada al inglés, éste ya se estaba escurriendo por la puerta—. ¡Oye! ¿Qué dijiste?

Pero cuando se asomó al pasillo lo único que vio del otro fue su sombra bajando por las escaleras con una agilidad que desconocía de él.

Confundido como pocas veces, Syaoran regresó a su habitación y lo que saltó a su vista fue el dichoso reloj de arena, cuyos granos habían terminado de caer en silencio hasta quedar en absoluta calma, como si con ello el tiempo realmente se fuera a detener.

¿De qué servía tanta pregunta y habladuría? Al final, las cosas para él ya estaban escritas. Su tiempo hacía mucho que había quedado detenido.

Aeropuerto de Tokio, tiempo presente

“…cuando le rompas el corazón.”

Tan inmerso estaba en estos pensamientos, que no percibió el momento en que unos pasos se acercaron corriendo rápidamente por el pasillo hasta la sala en la que se encontraba.

—¡Syaoran-kun!

Esa voz…

—¡Syaoran-kun!

Esta vez Syaoran se puso de pie y entonces la vio: Sakura estaba de pie a la entrada de la sala, mirando en todas direcciones, buscándolo. A pesar de que aún no era su hora de salida del restaurante estaba ahí, portando aún el inconfundible uniforme de su lugar de trabajo, aunque no traía su acostumbrada peluca ni el par de gafas que Akira solía usar. Al notar que él se levantaba, corrió hasta él, llegando a su lado jadeando por un poco de aire.

—¡Uff! He estado buscándote por todo el aeropuerto. Además, me perdí y fui a la sala C-1 en lugar de…

—Sakura… ¿qué haces aquí? —fue su primer pregunta, aunque tenía otro millar haciendo fila en su cabeza—. ¿Cómo te dejaron pasar hasta acá?

—Tomoyo… hizo… —musitó ella apenas con aire—, no sé, los convenció de alguna manera —refiriéndose al personal del aeropuerto.

—¿Daidouji-san? —Syaoran alzó la mirada en búsqueda de la mencionada chica, pero no la encontró por ningún lado—, pero… ¿entraste sola?

—————————-

—¿Tomoyo? —escuchó la voz extrañada cerca de ella—. ¿Qué haces aquí?

—¿Fuutie-san? —la aludida no pudo ocultar su sorpresa al encontrarse frente a la china.

—¿También tú viniste a despedir a mi hermanito? —sonrió la otra, aunque su gesto se volvió acongojado al segundo siguiente—. Pero me temo que ellos ya pasaron a la sala de abordar. Supongo que no alcanzaron a despedirse… ¡Por eso le dije que al menos fuera a la escuela a la hora de la salida para poder decirles adiós! —hizo un puchero—, pero no; él es muy terco…

Tomoyo dejó que la mujer hablara por espacio de unos cinco minutos más, sumergida en un soliloquio sobre su hermano, a quien parecía no solamente querer, sino admirar mucho. No obstante, se dio cuenta de que Fuutie no lucía muy contenta con el hecho de que tanto Syaoran como Meiling fueran a China a anunciar su compromiso de manera oficial. Finalmente, fue Fuutie quien se interrumpió a sí misma al notar algo por primera vez:

—Oye, ¿Sakura no viene contigo?

La expresión de desaire en su gesto dejó consternada a la japonesa, quien ciertamente no había esperado la pregunta de manera tan casual, sobre todo después de lo ocurrido el día anterior.

—Ella entró a la sala… para despedirse de Li-kun —titubeó, no sabiendo si la otra tomaría bien aquella noticia.

—¿En serio? —sorprendentemente, una lenta y reveladora sonrisa se hizo camino en el rostro de Fuutie—. ¡Maravilloso! Así mi hermanito al menos tendrá oportunidad de despedirse de su mejor… amigo-amiga —rió.

¿Cómo podía tomarlo tan tranquilamente? Tomoyo estaba estupefacta. Sin embargo, esto le dio pie para animarse a hacer la pregunta final:

—Fuutie-san, ¿Li-kun se molestó mucho con Sakura por no haberle dicho que era Akira-kun?

La respuesta de la china fue una sencilla sonrisa y un encogimiento de hombros:

—No lo sé.

¿Qué?’ Tomoyo estaba ahora totalmente pasmada, no entendiendo la actitud ligera de la otra mujer respecto a un tema que para ella era tan importante, ‘¿Entonces por qué…?’

—Pero creo que debemos confiar un poco en Xiao Lang, ¿no lo crees? —continuó Fuutie con la misma gentileza en su faz—. Después de todo, él definitivamente ya no es el mismo que dejó China el año pasado.

—Confiar… —Tomoyo repitió para sí, no sabiendo qué pensar al respecto.

—¿Confías en Sakura-chan?

—¡Claro que sí! —Tomoyo no lo pensó dos veces. ¿Qué clase de pregunta era esa?

—Entonces no te preocupes: todo estará bien.

Tomoyo quedó de piedra ante las palabras tranquilas de la hermosa mujer, quien al momento de mencionarlas decididamente aparentaba una madurez y ecuanimidad de espíritu muy superiores a sus 23 años de vida.

Y pensar que Eriol…

Él no la merece’ no podía creer que el inglés hubiera sido capaz de traicionar la confianza de esa mujer e hiciera algo tan bajo como engañarla. Aún más: se preguntaba si acaso la china había sido informada del “incidente” entre ella y Hiragizawa en la casa de los Li. Probablemente no, pensó, pues de ser así quizá no la hubiera invitado a la fiesta de cumpleaños de Syaoran, además de que no sentía ninguna clase de tensión ni falsedad proviniendo de ella, cosa que sólo lograba acrecentar los remordimientos de la menor.

Y Tomoyo no era una chica que pudiera vivir con remordimientos.

—Fuutie-san… —tragó saliva—, respecto a Hiragizawa-kun…

—Ah, Eriol-kun… —rió Fuutie—. ¿No crees que es un chico encantador?

¿Eh?’ por enésima vez en tan sólo unos minutos, Tomoyo quedó sin palabras ante la actitud de la china.

—Sí. Lástima que no quiera que los demás se den cuenta de eso.

—Te equivocas —Tomoyo finalmente pudo hablar, sintiendo rabia por la forma en la que esa mujer hablaba de aquel patán—. Hiragizawa-kun no es lo que parece. En realidad, él…

—Exacto: Eriol definitivamente no es lo que parece —sonrió Fuutie, aunque esta vez con cierta sombra en sus ojos—. Pero… ¿estás segura de que soy yo quien se equivoca?

No había respuesta posible que Tomoyo pudiera dar a semejante pregunta. Su mirada perpleja continuó fija en los bellos ojos castaños de la mayor, quien a pesar de su gesto alegre no podía ocultar cierta melancolía.

—Quizá no me entiendas por ahora, y yo no soy nadie para decirte la verdad, pero me gustaría pedirte un favor. ¿Está bien?

Tomoyo asintió con la cabeza lentamente y de manera autómata.

—Todos merecemos una segunda oportunidad. ¿Crees que tú podrías dársela a él?

————————————–

Sakura miró hacia atrás, en donde no encontró señal de su mejor amiga. Sin embargo, las últimas palabras que le dijera al despedirse de ella para que ingresar a la sala permanecían vibrando en sus oídos:

Hazlo. Sé que hay cosas que cuestan mucho trabajo decir, pero también hay silencios que puedes lamentar de por vida”

—Syaoran-kun, yo… lo siento.

—¿Qué? —tomado con la guardia baja, el chico quedó de una sola pieza—, ¿por qué?

—Por… —apenada, la chica bajó la mirada—, por no decirte la verdad sobre Akira. No era mi intención, pero te estuve engañando todo este tiempo y sé que a ti no te gustan las mentiras, así que…

—No tienes que disculparte —Syaoran puso una mano en su hombro—. Sé que debió ser muy difícil para ti hacerlo: renunciaste al club de porristas, a salir por las tardes con tus amigas, e incluso tuviste que ocultárselo a tu hermano y a todos en la escuela. Además… creo que debí haberme dado cuenta desde aquella vez que caímos del puente y noté que había algo en Akira que me recordaba a ti, pero… —de repente, el joven sintió que su cara comenzaba a arder tras decir esto y pasó saliva—. Olvídalo; sólo sé que no era a mí a quien querías engañar a fin de cuentas, así que no tengo nada que perdonarte.

Sakura lo miró como un niño que ve por primera vez a una oruga arrastrándose por el piso.

—¿No? Pero… —parpadeó, confundida—. Creí que estabas enojado conmigo y por eso no habías ido hoy a la escuela. Además… Meiling dijo que tú y ella… y luego Tomoyo me dijo que… que te ibas a China —su voz tembló por un momento y se detuvo dos segundos para tomar aire antes de continuar—. Si no estás enojado conmigo, entonces… ¿por qué no me dijiste que te irías?

Esas esmeraldas acuosas eran la visión más horrible que Syaoran podía imaginar. Sin poder enfrentarlas, el muchacho desvió la mirada y retiró la mano que había colocado sobre el hombro femenino.

—No estoy enojado contigo —habló finalmente—. La razón por la que no fui a la escuela hoy es porque tenía que preparar algunas cosas, porque tengo que hacer algo muy importante en Hong Kong… algo para lo que he estado preparándome toda la vida.

Sakura sintió un ligero sobresalto en su pecho.

—¿Es sobre tu compromiso con Meiling?

Syaoran asintió.

—Es más que eso, pero ese compromiso es pieza fundamental —él meneó la cabeza—. En cuanto al por qué no te dije… —sabía que era la verdadera razón por la que no había ido a la escuela este día, así como la razón por la cual no había podido culminar ninguno de sus vanos intentos con el teléfono—. No tuve el valor para despedirme.

—¿Qué? —los ojos verdes se abrieron como platos—. ¿Quieres decir que no regresarás?

—Regresaré —él asintió—, pero…

—¡Qué bien! —llevada por la emoción, Sakura se lanzó hacia él envolviendo su torso en un fuerte abrazo que tomó al chino por sorpresa—. Por la manera en que me lo dijo Tomoyo, pensé que no volvería a verte.

Pero cuando regrese nada será igual’ Syaoran no se atrevió a devolver el abrazo y luchó con todas sus fuerzas para reprimir el sobresalto que había dado su corazón al sentir la calidez de la muchacha contra su pecho.

—¿Syaoran-kun? —Sakura miró hacia arriba al no sentir reacción de su parte y él esbozó un tímido asomo de sonrisa, como si quisiera decirle con ello que todo estaría bien.

—Lo siento, no era mi intención preocuparte.

Sakura negó con la cabeza.

—Para mí es más que suficiente saber que no me odias. Eres mi mejor amigo y por eso… —calló y su rostro se tornó color grana. Al verla así, con los ojos aún ligeramente acuosos y una sonrisa que a ratos parecía querer transformarse en llanto, Syaoran no lo pudo evitar más y se inclinó para plantar un suave beso en la frente femenina, sintiendo aún en el abrazo que mantenía la chica un notorio sobresalto al hacerlo. Entonces ella lo miró en la confusión de sus esmeraldas y él se permitió el lujo de perderse en ellas un momento. Le pareció creer que ella lo llamaba con una interrogante, y claro que tenía razones para estar confundida, pero Syaoran supo que ésa era una explicación que debía guardar para sí.

—Atención pasajeros del vuelo 1790 con destino a Hong Kong: favor de comenzar a abordar por la sala D-15 —se escuchó en los altavoces y Syaoran se separó de Sakura antes de poder pensarlo dos veces.

—¿Es tu vuelo? —le oyó decir en un hilo de voz y asintió.

—Te veré dentro de unos 20 días.

Sakura sonrió al escuchar esto.

—Entonces sí vendrás para la presentación oral del proyecto —rió intentando ocultar su tristeza—. ¡Qué bien! Porque creí que lo arruinaría si lo hacía yo sola.

—No creo que lo harías, pero de todas formas estaré ahí —él le guiñó un ojo y caminó para recoger su equipaje de mano. Entonces la notó dudar antes de animarse a decirle algo.

—Syaoran-kun…

—Dime —la animó al detenerse ella. Sakura tomó aire y suspiró.

—Sé que hay algo que no me quieres decir… Sé que hay muchas cosas que no entiendo sobre ti y las costumbres de tu familia, y yo no soy quién para poner nada en duda, pero… no hagas algo de lo que después puedas arrepentirte —le suplicó y sus ojos se tornaron nuevamente acuosos—. No soportaría verte triste, así que… por favor, hagas lo que hagas, procura que sea algo que te haga feliz. No importa lo que sea, sólo quiero que seas feliz.

Syaoran no contestó inmediatamente. Si lo hubiera hecho, probablemente hubiera terminado diciéndole algo que sólo habría vuelto las cosas más difíciles, de manera que eligió simplemente callar, asentir en señal de entendimiento y agitar una mano hacia su amiga para despedirse.

—Nos vemos.

Al ver la penumbra que enmarcaba esa melancólica sonrisa, Sakura quiso agregar algo más, pero se vio impedida por una voz que llegaba desde el otro lado:

—¡Disculpa la tardanza! Cuando me di cuenta de que también tenían frapuccinos no podía decidirme entre una nieve y… ¿Qué hace Kinomoto aquí?

—Sólo quería despedirse —Syaoran miró por última vez a Sakura y tomó su equipaje de mano y el de su prima para comenzar a caminar hacia la salida—. Vamos Meiling.

—Hasta luego Meiling —se despidió Sakura, aunque no esperaba precisamente una despedida por parte de la china que tanto la aborrecía.

—Hasta luego… Sakura.

Sorprendida y aturdida, cuando Sakura finalmente se sintió capaz de articular palabra ya era demasiado tarde: los chinos entregaban en esos instantes sus pases de abordar al personal y se enfilaban al túnel que los llevaría al avión. No obstante, la calidez que habían dejado los labios de Syaoran en su frente y la interrogante que su nombre pronunciado por primera vez en boca de Meiling había causado permanecieron en ella, acompañándola en su soledad mientras decenas y decenas de personas transitaban enajenadas, apuradas para llegar a su destino.

————————————————————————————————-

Notas de la autora: lo importante es confiar en las personas. Muchos de ustedes pensaron que Syaoran haría el drama de su vida y se enojaría con Sakura. Algunas tenían la “esperanza” de que Sakura pudiera tener la oportunidad de explicarle. Pero con esto sólo quería demostrar que a veces nos ahogamos en un vaso de agua. ¿Qué es lo que pasó? Que aquellas personas que quieren a Sakura son capaces de comprenderla antes de juzgarla. Especialmente adoré a Touya en esta ocasión.

Por otra parte, llegó una confesión que parecería trivial, pero que en realidad es muy importante, y me refiero a la confesión de Takumi, cuyos sentimientos cambiaron (como algunas de ustedes lo previeron). Sin embargo, nadie pudo contestar correctamente la trivia que puse en Facebook al respecto y parece que tenían muchas esperanzas de que fuera Syaoran o Eriol quien se confesara en este capítulo. Sin embargo, eso aún está por ocurrir…

En fin: Syaoran y Meiling se van a Hong Kong, donde muchas cosas ocurrirán, pero también tenemos muchas noticias para quien se queda en Tomoeda en el próximo capítulo.

Por cierto, mi nombre de Facebook cambió (a petición del mismo Facebook). Ahora me pueden encontrar con el nombre de Isis Temp.

¡Muchas gracias por su increíble respuesta! Recuerden que cualquier crítica o comentario será muy bien recibido. Por cierto, a quien no he contestado aún, prometo hacerlo en la semana. ¡Saludos y hasta la próxima!