16. De Mentiras y verdades

Hong Kong, cinco años atrás.

Salió al jardín para distraerse un poco mientras su progenitor conversaba con la distinguida mujer que le habían presentado como Yelan Li. Ellos mantendrían una audiencia junto con otros miembros de la familia durante un par de horas, así que tendría tiempo de explorar la descomunal mansión Li y sus impresionantes jardines.

—Nei Ho (1) —escuchó una voz a unos metros de él. El pequeño, de apenas 11 años, se quedó de pie en su lugar sin responder a la joven de lacios cabellos castaños que se acercaba desde la terraza.

—¿No hablas cantonés? —le preguntó ella esta vez en inglés con un marcado acento oriental.

—No, soy de Inglaterra —él se sintió aliviado de escuchar a alguien hablando en su lengua natal. Había descubierto que varios en la familia hablaban inglés, pero parecían querer evitarlo a toda costa, además de un fluido japonés, idioma que él apenas conocía y poco a poco tenía que ir dominando por órdenes de sus padres, pero nada era mejor que poder expresarse en su lengua materna.

—Ah, debes ser el hijo del tío Kyouya —concluyó la chica, de unos 18 años. Él asintió.

—Eriol Hiragizawa —se presentó.

—Fuutie Li —sonrió ella y le concedió una respetuosa reverencia al más puro estilo oriental que él imitó.

—Entonces eres una de las hijas de la Señora Yelan.

—Soy la cuarta —ella enumeró con los dedos—. ¿Quieres que te muestre el jardín? Suelo pasar mucho tiempo aquí, así que lo conozco mejor que nadie en la casa… excepto el jardinero, claro —le guiñó un ojo, haciéndolo sonreír.

El chiquillo aceptó gustoso la invitación y ella lo guió por los intrincados y estrechos caminos del laberíntico lugar, mostrándole árboles y flores que él sólo había conocido en libros, siendo la flora de la región tan distinta a la de su patria.

—Me pregunto qué es lo que están discutiendo en esa junta —comentó el inglés para sí, siendo escuchando por ella.

—Seguramente estarán decidiendo el destino de alguien, ¿quién sabe? Puede ser el tuyo o el mío —resopló Fuutie, su humor cambiando repentinamente a uno evidentemente fastidiado.

—¿El destino? —parpadeó Eriol—. No pueden decidir eso.

—Díselo a ellos —ella meneó la cabeza—, ¿por qué otra razón vendrían tú y tu padre desde Inglaterra para hablar con la familia? No creo que sea para decir “Hola”.

—¿Crees que estén hablando sobre mí? —el niño sintió curiosidad.

—Quizás estén escogiéndote una esposa.

Eriol la contempló con rostro marmóreo e impertérrito. Había sido instruido a no mostrar jamás un ceño o un gesto de desaprobación, pero le parecía que aquella adolescente le estaba jugando una broma muy desagradable. Sin embargo, él no era cualquier niño; él no era tan crédulo e idiota, aunque seguir la corriente era uno de sus fuertes.

—¿Te han escogido un esposo a ti?

—No… aún no, pero no creo que tarden en hacerlo —su mandíbula femenina se apretó, cosa que lo hizo preguntarse si en verdad era una burla o no.

—¿Por qué?

—Soy la única, además de Xiao Lang, que queda soltera, pero él tiene la ventaja de ser el futuro jefe, así que al menos podrá escoger a su esposa de una lista de “candidatas”.

—¿A tus hermanas también…? —no necesitó terminar la pregunta: ella asintió indicando que todas habían compartido el mismo destino de un matrimonio arreglado.

—Pero no creas que yo pienso quedarme de brazos cruzados como ellas —Fuutie apretó un puño inconscientemente—. ¡No, señor! yo pienso pelear. Primero muerta que con alguien a quien no quiero. No me sucederá lo mismo que a Fanren… o a Xiefa.

Sus ojos flameaban coraje y resolución y sus labios se apretaban con fuerza, resaltando así sus finas facciones tensas por una emoción que no podía ser fingida.

Está diciendo la verdad’ tuvo que admitir y entonces sintió cierta simpatía por la joven.

—Quizá no deberías preocuparte tanto por eso. De cualquier manera, todos los matrimonios terminan igual. Eso que los hombres llaman amor no existe —sentenció y vio los bellos ojos castaños abrirse de par en par.

—¿No te parece que estás un poco chico para pensar esas cosas? ¿Por qué piensas que el amor no existe?

—Podré ser un niño, pero no un idiota —Eriol se encogió de hombros. No solía hablar así, pero algo le hacía pensar que su interlocutora no se escandalizaría por ello—. Desde que tengo conciencia mi madre dice amar a mi padre, pero la verdad es que sólo es adicta a su prestigio y su dinero —soltó sin más. Nunca lo había platicado con nadie, pero no consideraba que fuera tan mala idea soltarse un poco con alguien a quien no tenía que dar explicaciones ni volver a ver en su vida.

—¿Fue un matrimonio por conveniencia?

—No, ni siquiera se casaron… hasta hace poco. Aún así, durante 10 años mi madre no hizo otra cosa que idolatrarlo y contarme cuán perfecto era y por qué yo tenía que ser una copia suya y esforzarme para que él estuviera orgulloso de mí y me aceptara como su hijo. ¿Todo para qué? —alzó las cejas con ironía—. Para que me trajera a China a buscarme alguna esposa.

—Un momento… —Fuutie se cruzó de brazos—. ¿Tú no conocías a tu padre?

—No, hasta hace un año, cuando finalmente cedió a la presión de mi madre y me reconoció como hijo suyo —comentó él sin darle mucha importancia—. Creo que no le quedó otra opción: tuvo cáncer en los testículos y creo que con el tratamiento se hizo estéril. Al final parece que de cualquier forma hubiera tenido que aceptarme si quería un heredero y una razón para poder regresar victorioso a la familia Li, fuese yo un hijo “perfecto” o no.

—Eres un pequeño muy astuto, ¿cierto? —Fuutie parecía interesada en sus palabras, aunque no demasiado sorprendida—. Dime, ¿odias a tus padres por eso?

—¿Odiar? —Eriol parpadeó e inmediatamente regaló una sonrisa seca a su compañera de charla—. No, ellos viven en su propio mundo, así que realmente no les importaría que los odiara. El único afectado sería yo.

—Eso es muy maduro de tu parte —Fuutie asintió analizando sus palabras—. Entonces, por lo que me dices, tu madre estaba obsesionada con tu padre por su dinero, pero él no quería reconocerte como hijo. ¿Por qué? ¿Estaban peleados?

—No —él se encogió de hombros—. Sólo que, al igual que muchas, ella sólo había sido una aventura más para él… aunque parece que fue la única a la que no le importó tomar medidas anticonceptivas cuando…

—¡Hey-hey! —Fuutie se apresuró a taparle la boca, abochornada por las palabras de un niño que con esa actitud no aparentaba la edad que tenía, que debía surcar los 11 años—. Dios… eres todo un caso. ¿No te molesta hablar así de tus propios padres?

—Es la verdad y no es un caso aislado en el mundo, así que no veo razón para mentirte; no pareces el tipo de persona que va contando chismes sobre los demás, ni creo que pretendas perjudicarme con esa información—contestó él como si hablase de las diferencias entre el invierno y la primavera.

—Eres un niño muy extraño —Fuutie meneó la cabeza—, pero me agrada tu sinceridad (un poco excesiva para mi gusto, pero igual me agrada), aunque no creas en el amor.

—Si eso es lo que llaman amor, entonces no entiendo por qué la gente hace tanta algarabía al respecto.

Repentinamente ella detuvo su andar y se inclinó para estar a su altura. Con una mano suave y gentil le levantó la barbilla para mirarlo a los ojos.

—Estás equivocado: eso no es amor, sino dependencia. Lamento que no lo hayas conocido en tu familia, pero yo lo he visto entre mis padres y sé que existe.

—¿Tus padres no tenían un matrimonio arreglado?

—Sí, pero el suyo era un caso muy especial: ellos ya se amaban desde siempre.

Eriol estaba dudoso, pero sentía curiosidad.

—¿Y tú amas a alguien?

Fuutie se irguió nuevamente y le dirigió una sonrisa que él no esperaba:

—No, pero estoy segura de que algún día encontraré al hombre indicado, aunque tenga que huir de China en un barco carguero y cambiarme el nombre para liberarme del destino que aquí me quieran imponer.

—Pareces muy segura —él la contempló desde su altura de niño. Podía parecer una loca romántica a los ojos de muchos, pero detrás de eso él vio una determinación que nunca había presenciado en su corta vida.

—Es que estoy segura —ella le guiñó un ojo—, no importa lo que tenga que hacer, pero lo lograré.

Sintió admiración, e incluso (quizás) un poco de envidia. Era una extraña mezcla de emociones que nunca había sentido por nadie más.

—¿No importa lo que sea, lo harás?

—Sí.

Dispuesta a sacrificarse para cumplir sus sueños. No se trataba de sacrificar a otros y vivir a expensas de ellos, como había hecho su madre con él al usarlo como un objeto para atrapar a un hombre que de otra manera no movería un dedo por ellos, sino de luchar hasta las últimas consecuencias. Aquello hizo nacer en el niño una auténtica sonrisa y una nueva resolución:

—Entonces te ayudaré.

—¿Eh? —Fuutie parpadeó, momentáneamente sumida en sus propias ideas.

—Te ayudaré a casarte con quien tú quieras, lo prometo.

—¿Qué dices? —ella rió, divertida—, ¿vas a liberarme de un matrimonio arreglado?

—Exactamente, es una promesa, aunque nadie más debe saberlo —al no verlo titubear, Fuutie borró su sonrisa y se inclinó nuevamente hacia él para colocar una mano sobre el hombro infantil. La mirada que le dirigió fue una que él jamás olvidaría.

—Si en verdad lo logras, entonces yo también te haré una promesa y llegaré hasta las últimas consecuencias para cumplirla.

—¿Cuál?

Un cálido beso en la mejilla fue el preámbulo de un dulce juramento:

—Que algún día creerás en el amor… y lo encontrarás.

Tomoeda, tiempo presente.

A las afueras de Tomoeda, en uno de los parques más bellos con los que contaba la pequeña ciudad, un grupo de personas se encontraba sentado alrededor de una de las mesas con las que contaba el lugar, rodeados de planicies de césped y los grandes árboles que caracterizaban el paisaje del área, en espera de las únicas dos personas que estaban por llegar.

—Gracias a todos por venir —sonrió Fuutie contemplando al conjunto reunido—. Xiao Lang se pondrá muy contento de verlos aquí.

—¿Xiao Lang? —Touya frunció el ceño—. No me dijiste que su hermano se llamara así —volteó hacia su mejor amigo a su costado. El nombre ciertamente le había desconcertado, resultándole desagradablemente familiar.

—Eso no importa, lo importante es que estamos aquí juntos —Nakuru se colgó de su brazo y Touya inmediatamente comenzó a extrañar la libertad que tenía un par de segundos antes.

—¿Puedo preguntar otra vez por qué me invitaron a la fiesta de cumpleaños de un mocoso que ni siquiera conozco? —Se dirigió a Yukito intentando ignorar a Nakuru.

—Recuerda que vienes como mi pareja, así que…

—¿No tienes un botón de encendido y apagado? —Touya entornó los ojos.

—¡No seas pervertido! —rió ella fingiendo vergüenza—, no quiero hablar de eso frente a todos. ¿Qué van a decir de nosotros?

—¿Perver…? ¡Oye, tú! —Touya se puso colorado al darse cuenta de lo que quería decir la mujer—. ¡Aquí la única que…!

—¡Qué par! Mirarlos es como ver un show de televisión —susurró Fuutie a Yukito mientras ambos se limitaban a verlos “discutir”.

—Aunque ésa es la única manera en la que Touya podría estar con una mujer de carne y hueso —sonrió el magnánimo varón en tono divertido, recibiendo a cambio una mirada fulminante por parte del aludido.

—¡Hey! En primer lugar, no somos pareja… ¿y a qué te refieres con eso de que es la única manera en la que puedo estar con una mujer?

—Creo que se refiere a que ninguna mujer en sus cinco sentidos lo soportaría —susurró Sakura al oído de Tomoyo, quien soltó una risita que atrajo la atención de Touya.

—¿Hay algo que tú también quieras añadir, Akira? —frunció el ceño—. Tú sabes, de hombre a hombre.

—¿Eh? ¡No, claro que no! —Sakura se puso pálida y acomodó mejor la gorra que tenía sobre la peluca, procurando esconderse un poco con su ayuda. ‘Sabía que esto era una mala idea’. Suficientemente malo era imaginar que Yukito podría ser un invitado de Fuutie, pero ver llegar a Touya junto a él había sido mucho más de lo que hubiera podido esperar.

—Por cierto, Tomoyo… —Touya miró de soslayo a Akira sin dejar de dirigirse a la otra joven—, ¿Dónde está Sakura? Creí que ustedes dos vendrían juntas.

¡Ay, otra vez está sospechando!’ Sakura entró en pánico. Su amiga, en cambio, regaló una dulce sonrisa al trigueño.

—Creo que tenía otra reunión. ¿No lo sabes tú? Eres su hermano y vives con ella, así que francamente me sorprendes, Touya —se encogió de hombros “inocentemente”. Touya refunfuñó e iba a replicar cuando se vio interrumpido por la voz de Yamazaki, quien hasta el momento había estado muy entretenido platicando bajo la sombra de un árbol con Chiharu y Eriol.

—¡Hey, ya vienen! —al escuchar esto Fuutie entró en pánico.

—¡A sus puestos!

—¿De qué habla? —Touya frunció el ceño al ver a la mujer dar vueltas sin sentido ni dirección: no había lugar para esconderse, a menos que huyeran de las mesas del parque y corrieran a los árboles.

—Yo… creo que no planeé esa parte muy bien —Fuutie soltó una risilla nerviosa y Nakuru se encogió de hombros.

—Pues tendremos que hacerlo así y olvidarnos del factor sorpresa. Ya nos vieron —señaló a Meiling y Syaoran, que caminaban con cierta dificultad a causa de las muletas del muchacho entre el terreno ligeramente desigual del parque.

—¡Tú! —Touya se puso de pie en cuanto vio al chico acercándose y lo señaló con un dedo—. ¿Él es tu hermano?

—Creí que no te gustaba verme. ¿Qué haces aquí? ¿Ahora también me sigues para asegurarte de que no le hable a tu hermana? –gruñó el chino en respuesta.

—¿Ustedes dos se conocen? —Fuutie alzó ambas cejas.

—Parece que Syaoran-kun… quiero decir, Xiao Lang-kun, es amigo de Sakura-chan, la hermana de Touya —concluyó Yukito recordando las múltiples veces en que el nombre del “molesto mocoso” había salido a relucir en las conversaciones de Touya.

—¿Sakura Kinomoto es tu hermana? —Fuutie abrió los ojos como platos.

—¿La conoces? —Touya frunció el ceño.

—Sí, y… ustedes dos no se parecen en absoluto —rió ella.

—Gracias a Dios —susurró Akira a Tomoyo, quien ahogó una risita.

—De haber sabido que este mocoso…

—¡Silencio! —la queja de Touya fue acallada por la enérgica voz de Meiling, quien apretaba la mandíbula lanzando una flameante mirada escarlata por todo el rededor—. Estamos aquí para celebrar el cumpleaños de mi querido Xiao Lang y no permitiré que nada ni nadie lo arruine, ¿quedó claro? —todos asintieron como robots—. ¡Bien! Entonces no quiero saber nada de discusiones, ¡así que compórtense!

—Esa chiquilla tiene pulmones —susurró Touya a Yukito al volver a su lugar.

—Y algo más —meditó Yukito atónito. Nunca había visto que alguien tuviera las agallas para hablarle de esa forma a su intimidante amigo.

—Bueno, ¿qué les parece si comenzamos de una vez? —Fuutie sonrió como si su hermano no estuviera haciendo infructíferos esfuerzos por quitarse a Meiling de encima, Touya no estuviera lanzando juramentos por lo bajo ni Nakuru se estuviera abalanzando sobre él, o como si Akira no intentara huir de la insistente cámara de Tomoyo, Chiharu no estuviera pisoteando a Takeshi por alguna extravagante razón y un lacónico Eriol no intentara ocultar las furtivas miradas que lanzaba a la chica Daidouji.

—Te ayudaré a servir —Yukito igualmente ajeno (o acostumbrado) a todo cuanto ocurría, adoptó la misma actitud ligera que la china.

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—Lo del picnic fue una idea fenomenal Fuutie —Nakuru felicitó a su amiga mientras los platillos se iban acabando poco a poco.

—Gracias, pero en realidad la idea fue de Yukito. Además, él hizo el postre.

—Bueno, sinceramente la única cosa que se me ocurre para celebrar una ocasión alegre como ésta es una rica y muy extensa comida —argumentó el aludido modestamente.

—O para celebrar un velorio, una reunión de trabajo, el cambio de estación, la lluvia, el sol y hasta una depresión post-parto —se burló Touya—. Cualquier cosa se puede “celebrar” con mucha comida según Yuki.

—Pues a mí me parece que es una idea excelente —bramó Syaoran dando un bocado a su comida.

—¿Y a ti quién te preguntó, mocoso?

—¿Sabían que las grandes celebraciones romanas eran…?

—¡Silencio! —Meiling y Chiharu exclamaron al unísono, aunque la segunda se asustó al no esperarse la vociferación de la primera. Después de todo, ella sólo se había querido dirigir a Yamazaki, aparentemente dispuesto a inventar otra más de sus historias.

—Etto… la comida está deliciosa. Muchas gracias Fuutie —Sakura intentó romper el silencio con una sonrisa nerviosa y la aludida agradeció el comentario.

—Estoy de acuerdo: es un verdadero placer poder probar algo hecho por ti —secundó Eriol con galantería.

—Sí, ojalá todos pudieran apreciar que no es lo único valioso que tienes —sonrió Tomoyo inocentemente—; no cualquiera debería merecer el placer de probar esto. Hiragizawa, ¿me puedes alcanzar un poco de esa salsa, por favor?

—Con mucho gusto, estimada Daidouji —Eriol tomó el recipiente y lo depositó en las manos extendidas de la chica, quien agradeció aquello.

—Por cierto, Fuutie… —Tomoyo continuó su atención hacia la china después de dirigirle una dulce sonrisa a Eriol, quien regresó a su comida sintiendo sus miembros repentinamente rígidos, pensando en esa sonrisa que helaría la sangre de cualquiera que supiera ver a través de ella, y es que una cosa había quedado muy clara: las sonrisas sinceras de Tomoyo Daidouji se habían acabado para él. Ahora sólo quedaba un dulce y lindo cascarón con forma de sonrisa, cortesía de una bien educada y amable Tomoyo.

Una bofetada con guante blanco. Ciertamente Eriol preferiría una mirada cargada de odio, un trato frío y probablemente alguna palabra soez; cualquier cosa, menos tanta amabilidad… tanta indiferencia.

Como si yo no estuviera haciendo lo mismo’ se burló de sí mismo. Irónicamente, una vez más ambos estaban jugando el mismo juego, solamente que ahora no habría ningún ganador…

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—Y dime… ¿qué te está pareciendo la fiesta-picnic que hice para mi hermanito? —Fuutie abrazó a Syaoran, quien tuvo que hacer uso de ambas manos para poder librarse un poco del apretado agarre de la mujer.

—Bien, gracias.

—¿Sólo “bien”? —la mujer suspiró e hizo un puchero—. Y yo que me esforcé tanto…

—Bueno, quise decir “muy bien” —Syaoran entornó los ojos, pero sabía que no había remedio.

—¿Es porque no invité a muchos amigos tuyos? Quizá debí pedirle a Meiling que me ayudara con eso…

—¡No! Así está bien, en verdad… —se apresuró a responder, temiendo que de ser así hasta el miserable de Takumi hubiera podido figurar en la lista de invitados. Aún no entendía por qué su prima le dirigía la palabra a semejante idiota…

—Pero no pareces muy contento —insistió Fuutie—. ¡Ah, ya sé! Hubiera invitado a esa chica Kinomoto. ¿Sabes? No tenía idea de que tu amiga fuera la hermana de Touya —rió—. ¿Eh… dije algo malo? Te ves extraño.

—No, no es nada —Syaoran desvió la mirada, sintiendo que la sola mención del nombre femenino causaba estragos en él.

—¡Pero si estás rojísimo! —la sonrisa de la mujer se intensificó—. No me digas que la linda Sakura te…

—¡No digas tonterías! —el muchacho ya estaba del color de la grana y vociferaba sin darse cuenta de ello—. Voy con Yamazaki a… decirle algo —rápidamente se excusó y tomando sus muletas se puso de pie para alejarse de ella con movimientos acartonados.

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Después de recoger los platos y limpiar los restos de la comida, los más grandes del grupo habían organizado una partida de cartas en la que Touya, Nakuru y Yukito intentaban enseñar a Fuutie a jugar, aunque la china no terminaba de comprender muy bien algunos de los puntos.

—Yo apuesto otros 10 yenes a…

—No, todavía no puedes apostar —explicó Yukito—; ya lo hiciste en esta ronda. Ahora tienes que esperar a que abran otra carta y sea tu turno otra vez.

Fuutie asintió y fijó sus ojos oscuros en Nakuru, a quien le tocaba servir las cartas.

—Yo nunca he entendido ese juego —Akira, sentado a un lado de Syaoran, comentó al muchacho. Ambos contemplaban el juego del cuarteto a poca distancia.

—Yo nunca lo he jugado, pero no parece tan complicado —anunció él y sonrió—. Nunca imaginé a Fuutie jugando a las cartas con amigos en un parque. En casa todas sus salidas eran controladas por la familia.

—Entonces debe alegrarte verla divertirse así —dedujo ella y él asintió—. ¿Y tú, también te estás divirtiendo?

—¿Yo? —Syaoran la miró confundido por un momento—. Eh… sí, claro. Además, casi todos están aquí.

—¿Casi todos?

—Bueno… —el chino se encogió de hombros y cruzó los brazos contemplando la porción del parque que los asistentes a la fiesta ocupaban—. Creo que ésta hubiera sido una buena ocasión para que conocieras a Sakura.

—¿A… a Sa-Sakura? —Akira pasó saliva al escucharse nombrar.

—Sí, ya te he hablado varias veces de ella y creo que te agradaría mucho —sonrió Syaoran—. A decir verdad, ustedes dos se parecen un poco. Ella también tiene los ojos verdes y es muy…

—Muy… ¿qué? —lo urgió Akira. La sensación de tener a Syaoran frente a ella hablando de ella misma era terriblemente inquietante y no podía contener la curiosidad.

—Muy honesta —analizó Syaoran—. Incluso a veces es tan sincera e inocente que peca de ingenua y no se da cuenta de que existen personas que podrían perjudicarla.

—¿Ingenua? —Sakura suspiró. Lo sabía: ya Tomoyo se lo había dicho antes.

—Pero, a decir verdad, eso me agrada —Syaoran meneó la cabeza—, y también lo digo por ti, porque gracias a eso sé que puedo confiar en ustedes. Ambos me han dicho siempre la verdad, aunque doliera o fuera desagradable.

—Ah… —a Akira se le cayó el alma al suelo—. Syaoran-kun…

—Dime —él inclinó la cabeza al verla dudar.

—Esa chica Sakura… o yo… —desvió la mirada al piso—. ¿Qué harías si alguno de los dos te mintiera en algo?

—¿Mentir? —Syaoran descruzó los brazos y llevó las manos a los bolsillos—. Eso suena muy difícil tratándose de ustedes dos, aunque, de ser así, no creo que podría ser una mentira tan grande como para hacer un escándalo al respecto —se encogió de hombros—. No me lo tomes a mal, Akira-san, pero no creo que seas bueno para mentir.

—¿No? —Akira se mordió el labio, nerviosa como un perro Chihuahua amenazado.

—Para nada. Además, no eres como… él —su mirada repentinamente seria se dirigió a Eriol, quien estaba al otro lado junto con Meiling, Yamazaki y Chiharu, cerca de un árbol de buen tamaño.

—¿Como Eriol-kun?

—Sí —Syaoran apretó un puño—, a ese tipo no le importa mentir y jugar con las personas. Confía en mí cuando te digo que nunca te fíes de él.

Sakura bajó la cabeza pensando en el corazón roto de su amiga. Aún le costaba trabajo pensar que Eriol hubiera sido capaz de lastimarla de esa manera, de jugar con sus sentimientos como lo había hecho y, por si fuera poco, al lunes siguiente (y durante toda la semana), actuar igual que siempre, como si no hubiera pasado nada, sin ofrecer una disculpa o siquiera una explicación a su mejor amiga.

¿Por qué alguien como Eriol haría algo así? Era algo que no cabía en la inocente cabeza de Sakura, alguien que no comprendía que pudiera existir un corazón tan duro. Lo peor era que, pese a todo y a lo que Syaoran acababa de decirle, una parte de ella aún seguía queriendo confiar en Eriol, queriendo creer que él en realidad era una buena persona y que debía existir alguna explicación para todo aquello.

Pero aún así, lo que le hizo a Tomoyo-chan…’

—Oye, tampoco te pongas así —Syaoran le llamó al ver que el muchacho parecía sumirse en sus pensamientos—. No vale la pena darle tantas vueltas al asunto. Además, ese imbécil cometió un error, pero podría resultar en algo positivo para ti. Dime: ¿te gusta Daidouji-san?

—¿Eh? —Sakura parpadeó. ¿Por qué Syaoran le preguntaría algo así a Akira?

—Es una linda chica y te llevas muy bien con ella, ¿no?

—Etto… sí, pero… ¿Qué tiene que ver ella? —le alegraba que el malentendido con Syaoran y Tomoyo se hubiera arreglado (aparentemente Eriol al menos había cumplido su palabra de hablar con él al respecto), pero no comprendía de qué se trataba aquello.

—Pues… —Syaoran pareció pensarlo dos veces al ver el gesto confundido de su amigo y finalmente se encogió de hombros—. Olvídalo, quizá aún sea muy pronto.

—¿Para qué?

—Nada, olvídalo —insistió Syaoran y prefirió cambiar de tema—. Por cierto, gracias por el reloj de arena —habló refiriéndose al regalo que había recibido después de la comida por parte de Akira.

—¿Te gustó? —Akira sonrió—. Es una imagen de cómo se cree que debió haberse visto originalmente un reloj encontrado durante una excavación en…

—En Azerbaiyán, sí, leí la ficha técnica que venía en la caja. Está muy bien hecho, o al menos supongo que así debió haberse visto en sus días. ¿Dónde lo conseguiste? No sabía que vendían ese tipo de cosas —y arqueó una ceja—. Además, ¿cómo supiste que me interesa mucho la arqueología?

—Ah… —y Sakura se descubrió sin palabras. Efectivamente, era “ella” y no Akira a quien Syaoran había confesado su pasión por la arqueología, esto debido a la profesión de su difunto padre, el profesor de historia y arqueólogo Fujitaka Kinomoto.

—¿Te dijo Yamazaki?

—¡Sí! —la chica casi gritó al ver una ligera escapatoria. Una vez más su falta de atención por los detalles había estado a punto de ponerla en evidencia frente al chino. Comenzó a reír nerviosamente mientras sudaba de las manos, pensando que algún día ella misma terminaría por descubrirse frente a él.

O quizás sería mejor decirle la verdad antes de que eso ocurriera…

——–

—¡Aaachú! —Eriol estornudó mientras trataba de relatar una historia a sus tres compañeros de clase. Tomoyo se había marchado con la excusa de querer aprender a jugar a las cartas con el grupo de Nakuru al ver al británico llegar donde estaban ellos.

—Parece que alguien se está acordando de ti, Hiragizawa-kun —bromeó Chiharu, pero para su sorpresa el inglés estuvo de acuerdo.

—Al menos espero que no sea por algo malo, aunque… —lanzó una mirada fugaz a Syaoran, descubriendo en ese instante al chino que lo contemplaba con ojos rabiosos— no apostaría por que fuera así.

—¡Imposible! —rió Chiharu—. ¿Quién podría hablar mal de ti, Hiragizawa-kun?

Aparentemente, la amiga de Sakura y Tomoyo no había escuchado nada respecto a lo ocurrido con la joven solista la semana anterior.

—Todo en este mundo es posible —sonrió Eriol con cortesía, aunque una observadora Meiling pudo notar que esa sonrisa no llegaba a sus ojos azules. Algo malo estaba ocurriendo desde hacía una semana, pero ni Eriol, ni Syaoran ni Fuutie le querían contar al respecto.

¿Qué es lo que me están escondiendo?’ observó entonces a Syaoran, quien conversaba relajadamente con Akira, el cual estaba actuando más extraño que de costumbre. El mesero incluso parecía sonrojado y a punto de sufrir un infarto cuando Syaoran se acercó a él para tomar con una mano un insecto que trepaba por el pecho del primero.

De no ser porque es obvio que le gusta Daidouji-san, pensaría que es gay y le gusta Xiao Lang’ Meiling entornó los ojos al cielo y meneó la cabeza para encaminarse hacia los mayores, sintiéndose repentinamente con ganas de jugar también una partida de cartas.

———

Una vez que hubo terminado el juego de cartas, Nakuru había sugerido cambiar de actividad para jugar ahora con un disco volador que había llevado para la ocasión. Anunciando que se uniría con ellos más tarde para el juego, Fuutie se excusó para ir a tomar agua encontrando a su flamante prometido sentado junto a la mesa en donde se encontraban las cosas que habían llevado para la comida.

—¡Ah! Definitivamente esto del póker no es lo mío —suspiró Fuutie llegando a su lado con una expresión inocente.

—Puedo darme cuenta, ya que ni siquiera era póker lo que estaban jugando —el chico intentó ocultar una sonrisa burlona, pero esta vez no lo logró, cosa que tampoco importaba mucho tratándose e alguien que lo conocía tan bien como Fuutie.

—¿Ves? A eso me refería —ella se encogió de hombros—. Soy un auténtico fiasco. ¿Y cómo te va a ti? ¿Te estás divirtiendo?

—No tan bien como a ti con Yukito-san —Eriol se sonrió al ver que ella titubeaba ante la mención del nombre.

—¿Es muy… evidente? —roja como una granada, Fuutie ni siquiera se esforzó en intentar ocultarlo. No me gustaría que Xiao Lang se diera cuenta; por eso mismo ni siquiera le he dicho a Yukito que sí.

—No es Syaoran-kun quien me preocupa —Eriol observó entonces a Meiling, quien hacía una atajada impresionante del disco—. Él no contaría nada que pudiera perjudicarte a tu familia, pero Meiling realmente cree en un matrimonio arreglado.

—Eso quiere decir que tengo que alejarme un poco de Yukito…

—O que tenemos que apresurar las cosas con tu hermano —la interrumpió él con una mirada seria—. De cualquier forma, el tiempo se acaba.

—¿Y hacer más tonterías como la tuya con Tomoyo? No, Eriol: olvídalo —Fuutie le devolvió una expresión severa.

—¿Tonterías?

—Tienes otro nombre para lo que le hiciste?

—Hablas como si fuera algo terrible —él se acomodó los lentes y Fuutie notó que el tema le incomodaba—, pero era necesario para comenzar a mover el plan. Mañana tu hermano tomará un avión a Hong Kong para hacer algo que terminará por afectarlo a él y a toda tu familia, incluyéndote, y tenemos menos de 24 horas para evitarlo. Si no hacíamos algo (y aún falta mucho), tendrías que dejar esperando a Yukito-san un año más. ¿Y realmente crees que él estaría dispuesto a hacerlo?

—Creo que hay otras formas de lograrlo sin tener que lastimar a los demás —Fuutie frunció el ceño y Eriol se encogió de hombros.

—Ya te lo dije: Daidouji-san es muy joven y lo superará rápido. Incluso podría decir que ya lo hizo. Cualquier chica me fulminaría con la mirada cada vez que me encontrara. Ella, en cambio, sabe mantener muy bien la compostura.

—Y eso te duele, ¿verdad? —la pregunta de Fuutie lo tomó por sorpresa.

—¿De qué hablas?

—Te vi cuando ella te sonrió durante la comida. Parecías un alma en el purgatorio frente a su indiferencia. ¿Por qué no quieres admitir que tienes miedo de que ella termine por olvidarse de ti y “superarte”, como dices?

—¿Miedo? —él rió—. Al contrario, es justamente lo que quiero que haga Daidouji-san, ya que…

—Puedes decirme la verdad, porque de todas formas puedo verla en tus ojos, Eriol —Fuutie habló con voz suave pero firme. Eriol no replicó esta vez, pero tampoco se volvió a mirarla. Simplemente quedó en silencio. Al no ver más reacción de su parte, Fuutie continuó:

—Sabes que podrías solucionarlo todo si le dijeras la verdad.

—¿Sobre nuestra promesa? —sucedió algo que Fuutie rara vez había visto: Eriol frunció el ceño y apretó la mandíbula—. Definitivamente no.

—¿Por qué?

—Nadie debe saberlo, aparte de nosotros dos. Fue parte de nuestro trato y lo sabes. De no ser así, tú misma le hubieras contado ya a Yukito-san todo al respecto.

Exactamente, es una promesa, aunque nadie más debe saberlo”

—Eriol, esta discusión no nos llevará a ningún lado —Fuutie se masajeó la sien—, pero quiero dejar algo muy claro: no quiero que sigas lastimando a Tomoyo ni a nadie más, ni que utilices tu promesa conmigo como excusa.

—Te dije que cumpliría pasara lo que pasara —Eriol se sonrió de una manera que a ella le pareció más bien triste—. Es lo que sucede cuando intercambias juramentos con un niño: los niños siempre se lo toman en serio.

—¿Y ésa es tu justificación para seguir huyendo?

—¿Huyendo?

—De eso en lo que tú dices no creer, ¿o piensas que no sé que es por eso que “utilizaste” a Tomoyo? —esta vez fue Fuutie quien sonrió secamente—. Si solamente se hubiera tratado de hacer reaccionar a Syaoran hubieras podido besar a prácticamente cualquier chica de tu escuela sin causar mayor problema, pero no fue así. Acéptalo: te dio pánico darte cuenta precisamente de que ella no es cualquier chica. Te duele lastimarla, pero te da más miedo pensar que ella podría lastimarte a ti y por eso decidiste alejarla. ¿Una promesa? ¡Ja! —soltó una risa amarga que dejó a Eriol en estado de shock—. No es más que un pretexto barato para justificarte frente a ti mismo y no pensar que fuiste demasiado cobarde por no intentarlo.

—Tú no entiendes…

—¿Qué cosa, que tú no crees en el amor? —Fuutie alzó una ceja burlona—. No me hagas reír. Si no creyeras realmente en eso, entonces no me ayudarías a liberarme de una vida con alguien a quien no amo, ni querrías que Xiao Lang pusiera fin a su compromiso con Meiling. Al contrario: tanto crees en el amor, que quieres evitarlo para no sufrir…

—Para no terminar dependiendo de alguien, querrás decir —la voz del británico sonaba más ronca, tan distinta de su tono normal—. ¿Realmente crees que quiero terminar como mi madre o mi padre? No pienso arrastrarme ni humillarme por nadie, ni quiero que alguien, ya sea Daidouji-san o quien sea, haga eso por mí. Sí, lo admito: comencé a confiar en Daidouji-san y me gustó su compañía, y sí: sentí miedo, pero no de que ella me fuera a lastimar, sino de que ella fuera a salir herida al tener a su lado a alguien como yo, que juega con las personas como si fueran piezas de ajedrez y no conoce siquiera lo que es expresar amor o acariño, porque eso nunca me lo enseñaron —los índigos orbes del joven se clavaron fieramente en la mayor—. ¿O crees que Daidouji-san merece algo así?

Ese niño de once años estaba nuevamente temblando frente a ella, con sus ojos azules y cristalinos llorando mares enteros sin derramar una sola lágrima, tragándolas todas a través de una garganta cerrada, gritándole silenciosamente que lo ayudara. Un niño astuto demasiado ingenuo. Una criatura herida e incapaz de admitir su más profundo temor.

—Eriol —Fuutie se acercó para susurrar a su oído—. Tú no eres tu padre, ni mucho menos tu madre. No tienes por qué cometer los mismos errores. A mi juicio, el peor error que puedes hacer sería no intentarlo y rendirte antes de empezar, y es justamente lo que estás haciendo.

La mirada añil se clavó en la muchacha de oscuro y largo cabello ondulado que en ese instante corría hacia Akira para cruzar algunas palabras con él, a lo que el mesero lució visiblemente sonrojado.

—¿O vas a dejar que Akira-kun dé ese paso que tú no quieres dar? —sonrió Fuutie finalmente y recibió a cambio una mueca similar por parte del inglés.

—Hablando de Akira-kun, creo que tú ya te has dado cuenta, ¿cierto?

—¿De qué hablas? —Fuutie fingió demencia y el otro se llevó una mano a la cabeza.

—Sé que te has dado cuenta. ¿Y bien, ¿qué dices al respecto? Mejor dicho, ¿qué piensas que hará tu hermano cuando lo sepa?

Fuutie miró largamente al aludido antes de responder a su prometido.

—Xiao Lang también tiene que aprender un par de lecciones si quiere ser feliz… pero no creas que me cambiarás tan fácilmente el tema. Estábamos hablando de Tomoyo y aún no terminamos.

Eriol suspiró. Creyó que lo había logrado.

—¿Por qué te interesa tanto esto?

Fuutie se puso de pie y regaló un guiño y una sonrisa a su interlocutor, como si hubiera estado esperando por esa pregunta:

—Porque yo también tengo una promesa que cumplirte, Eriol-kun.

——–

—¿Para quién se supone que era ese pase? —Syaoran frunció el ceño hacia Yamazaki al ver el disco proyectándose contra los arbustos, lejos de todos —, ¿para una ardilla?

—¡Lo siento! —Takeshi se disculpó al recordar que su amigo no podía brincar para atraparlo debido a su pierna lastimada.

—¡Ahora es tu turno de ir por él! —gritó Chiharu desde su lugar en el césped. Takeshi se encogió de hombros y salió en busca del objeto en cuestión que se había refugiado en los arbustos.

—¡Esto es muy divertido! —celebró Nakuru mirando de reojo a Touya—, y tú habías dicho que era un juego muy infantil, que era una mala idea, etc. ¡Qué bueno que no te hice caso! —soltó una risita, orgullosa de su idea de llevar el disco volador que había encontrado por casualidad en la tienda mientras compraba algo de botana para compartir en el picnic.

—¡Oh, discúlpame! —fingió Touya—. Había olvidado lo maduros que son los adolescentes como ellos. ¡Nada infantiles!

—Entonces con mayor razón fue una gran idea —Nakuru le guiñó un ojo y sacó la lengua al varón—. ¡Admítelo!

Y de todos, la más madura seguramente eres tú’ Touya arqueó una ceja sarcástica a la mujer que le hacía semejantes gestos pueriles.

Mientras tanto, Yamazaki había vuelto con el disco y el juego se reanudaba, aunque Akira no tardaba en cometer el mismo error que el otro muchacho y esta vez era su turno de ir por el objeto, que en esta ocasión había ido a parar a un conjunto de arbustos aún más espesos que el anterior

—¡Lo siento, yo voy por él! —se apresuró a decir y se lanzó sin titubeos a la búsqueda, en la que duró algunos minutos que terminaron por impacientar a Touya.

—Creo que iré a ayudarle —se ofreció y Yukito secundó la idea. No obstante, apenas iban a alcanzar los arbustos cuando de ellos salió Akira con una sonrisa triunfal y el escurridizo disco en una mano.

—¡Perdón por la demora! —rió apenado—. Estaba atrapado entre varias ramas y tuve que luchar un poco para poder sacarlo —sin embargo, nadie pareció feliz de verlo de vuelta con el objeto de su búsqueda. Al contrario, una decena de miradas pasmadas se centraban en él sin parpadear—. ¿Qué pasa? —Akira se asustó—. ¿Ocurre algo malo?

—Dices que esa cosa estaba atrapada entre las ramas… —habló Touya junto a los arbustos—, ¿así como esto? —el trigueño señaló a una rama en particular, y al seguir su mirada Sakura vislumbró con terror que de ella colgaba un objeto que reconoció enseguida como la peluca de Akira. La gorra que había estado usando segundos antes había caído también a un lado y parecía olvidada entre la tierra.

—Sakura-chan… —escuchó la voz baja de Tomoyo acercándose a ella y se volvió para observar de nuevo a todos los demás, cada uno tan atónito como el anterior. Sakura quedó de piedra en su lugar, con mil pensamientos palpitando en su cabeza.

—¿Kinomoto-san? —Meiling fue la primera en comprender lo que ocurría, aunque aún no podía articular otra palabra.

¡Por favor, no!’

—Sakura-chan —Yukito fue el siguiente. Sakura lo escuchó a su lado sin atreverse a verlo.

¡No!’, pero Sakura no podía hablar, pasando la mirada ahora hacia su hermano, cuyo ceño parecía el mismo de siempre. Él era la razón por la que había empezado esa mentira, pero ya todo carecía de sentido: Touya lo sabía, la había visto e incluso ahora sostenía su peluca con una mano. Sin embargo, a lo largo de su doble vida había descubierto que había una persona cuyo rechazo al descubrirla temía aún más…

Syaoran-kun no perdona tan fácilmente”

—Sakura —y ésa era su voz diciendo su nombre, pero la chica entendió que no tenía el valor de mirarlo a los ojos.

“…gracias a eso sé que puedo confiar en ustedes. Ambos me han dicho siempre la verdad, aunque doliera o fuera desagradable.”

Sakura bajó la cabeza. No, podía soportar ser reprobada por todos, menos por él; después de todo, Touya era su hermano y jamás la odiaría, pero Syaoran…

Se sintió abrumada y cobarde como un ratón, de modo que lo único que consiguió hacer fue dar la media vuelta y correr como si el césped bajo sus pies fuera brasas quemando sus plantas. De esta manera huyó Sakura, con el corazón en la garganta y las lágrimas cayendo por sus mejillas y desapareciendo rápidamente en el aire por la velocidad que llevaba.

Dejó todo atrás: dejó a Tomoyo gritando su nombre y contemplando impotente su partida. Dejó a Touya con su peluca en una mano y meneando la cabeza, y a sus amigos los dejó boquiabiertos, plantados en sus lugares como espantapájaros… igual que a Syaoran. Los dejó atrás, muy atrás, y mientras corría, Sakura supo que también era momento de dejar a Akira para siempre, porque todo había terminado.

————

¿En serio? —escuchó Meiling la incrédula voz al otro lado de la línea y sonrió con satisfacción echándose sobre la cama con el teléfono pegado al oído.

—Como escuchaste: tu queridísima Kinomoto resultó ser un mesero travesti.

No puedo creerte. ¿Qué clase de tontería es ésa, Meiling?

La chica hizo un puchero y entornó los ojos.

—No seas idiota, Takumi. No inventaría algo tan estúpido y fácilmente comprobable. ¿O te cuesta mucho trabajo creer que tu inocente princesita nos haya estado engañando todo este tiempo?

Así es —vino la tácita respuesta—. A diferencia de “otras”, Sakura-chan no sabe mentir.

—¡Pues será mejor que lo vayas creyendo! —rugió Meiling furiosa de escucharle defender a la castaña—. Ahora finalmente podré dejar de preocuparme por ella y Xiao Lang de seguro la odiará y querrá olvidarla. ¡Hubieras visto su cara cuando se le cayó la peluca! —soltó una carcajada—. Ni siquiera quiso hablar del asunto durante todo el camino a casa.

Meiling, eso no es gracioso.

—¿Qué? Sólo lo dices porque estás idiotizado por ella —apretó el aparato con sus dedos cual si fuesen garras—, pero deberías estar contento: al menos ahora tendrás el camino libre con ella mientras yo me quedo con Xiao Lang.

Oyó un suspiro al otro lado de la línea y frunció el ceño.

¿Quedarte con Li? No lo entiendes, ¿verdad? —Takumi soltó una extraña risa seca—. Nunca podrás ser como ella. Li se enamoró de una chica tierna y dulce, de alguien inocente y muy alegre, amable y hermosa. Fue a Sakura a quien escogió, no a ti, una niña presumida, mandona, gritona y caprichosa, y la verdad es que nunca serás como ella, así que no intentes ocupar su lugar, porque…

La voz de Takumi se cortó acompañada de un sonido monótono e intermitente. Meiling miró con ojos desorbitados el aparato sin apartar el pulgar del botón de apagado.

Simplemente había sido insoportable, pero lo que hizo sus lágrimas brotar no era la saña con la que el chico había dicho aquello, sino un dolor en el pecho y el fehaciente temor… no, el pánico de llegar a admitir que cada palabra pudiera ser verdad…

Fue a Sakura a quien escogió, no a ti, una niña presumida, mandona, gritona y caprichosa, y la verdad es que nunca serás como ella”

Porque ella nunca sería Sakura.

  1. Nei Ho. Saludo en chino cantonés, variedad del chino utilizada en Hong Kong.

Notas de la autora: bueno, ¿qué puedo decir? Que me estoy muriendo de sueño y tuve un fin de semana agotador. ¡Así que me despido rápidamente y espero que el capítulo haya sido de su agrado!

Sí, ya sé que pensarán “¿qué clase de comentario es ése después de haber hecho lo que todo el tiempo estuvimos esperando que sucediera (la revelación de la promesa de Eriol y la develación del secreto de Sakura)?” pero qué le vamos a hacer, estoy muerta.

¡Saludos y muchas gracias por seguirme! No olviden comentar todo cuanto gusten. Las críticas son siempre bien recibidas.

¡A dormir!