15. El valor de una promesa

—Te noto muy nerviosa, Sakura-chan —declaró Tomoyo después de tocar el timbre de la casa. Era sábado y Sakura había quedado de verse con Syaoran por el proyecto de física, aunque al final Tomoyo había decidido acompañarla a casa de Li-Hiragizawa después de la escuela para visitar al castaño que convalecía de su lesión de la semana anterior.

Sakura desvió la mirada y la dejó reposar en el marco de la puerta, cerca del suelo.

—Me siento mal porque fue mi culpa que Syaoran se lastimara y no pudiera competir en ese torneo, es todo —musitó y su amiga le dirigió una mirada condescendiente. Ese “eso es todo” lo único que lograba era hacer recaer más sospechas de que algo andaba mal, y era algo muy aparte de la pierna herida del chino.

—Tienes que animarte; a Li-kun no le agradará verte así. Recuerda que estamos aquí para animarlo

Sakura iba a replicar algo, pero en ese instante el amable mayordomo de los Li abrió la puerta y las invitó a pasar hasta la sala, en donde el joven con una férula en el pie leía un libro para la clase de biología. Ambas saludaron al muchacho, quien al verlas llegar y querer regresar el saludo dejó caer torpemente el texto que hasta hace un momento tenía entre manos.

—Espera, déjame ayudarte —Sakura se hincó a su lado para recoger el ejemplar, que colocó después sobre la mesa. Tomoyo vio al muchacho sonrojarse como lo había estado haciendo últimamente, máxime en el transcurso de la semana a pesar de que sólo había asistido tres días a clases luego del incidente.

—Hoy tampoco fuiste a la escuela. ¿Cómo te sientes? —preguntó Sakura con gesto preocupado.

—Bien, sólo que no tomé en cuenta que el autobús pasaría más tarde los sábados, así que hubiera tenido que tomar el anterior —se excusó Syaoran—. También hubiera podido tomar el de las 8:45, pero habría llegado bastante tarde y preferí quedarme a estudiar.

Regularmente Syaoran caminaba hasta la escuela solo o con Meiling, pero a causa de su pierna lastimada tenía que tomar el autobús, aunque aparentemente la batalla más grande la tenía que librar con las escaleras y sus muletas.

—Tan disciplinado como siempre, Li-kun.

—Conozco esa voz —oyeron a Meiling llegar desde otro punto—. ¿Vino Tomoyo de visita? ¡Bien! Porque quiero mostrarle… ¿qué hace Kinomoto aquí? —el alegre tono en la voz de Meiling se esfumó para dar lugar a uno muy diferente.

—Meiling, no empieces —Syaoran entornó los ojos anticipando lo que vendría.

—Buenos días, Meiling —sonrió Sakura haciendo que la china casi sacara humo del coraje.

¿Qué hay con esa maldita sonrisa?’ apretó la mandíbula.

—Como sabes, la próxima semana es la entrega de proyectos para la clase de física, así que Sakura y yo pensamos terminar el trabajo hoy, o al menos avanzar en todo lo que podamos, pero yo no puedo ir a su casa, así que le pedí que viniera —explicó Syaoran con cierto desagrado al tener que hacer tales aclaraciones a su celosa prima.

—¿No pensarán utilizar tu recámara para…?

—Evidentemente no —Syaoran se puso de pie y tomó sus muletas, andando unos pasos antes de hacer señas a Sakura de seguirlo—. Tenemos un estudio en casa, ¿lo olvidaste?

—Con… con permiso —titubeó Sakura y caminó junto al chino sintiendo la penetrante mirada de Meiling a sus espaldas.

Estúpida Kinomoto’ Meiling se dejó caer sobre el sofá y al mirar a Tomoyo tuvo que reprimirse y se limitó a hacer un puchero infantil.

—¿Cómo puedes ser su amiga?

Su primera respuesta fue una cálida sonrisa por parte de Tomoyo.

—Es muy fácil ser su amiga. Es tan inocente que jamás haría daño a nadie a propósito y es incapaz de traicionar a una persona, por mencionar sólo un par de cosas. Al contrario, creo que debe ser muy difícil intentar odiarla.

—Los dos son un par de idiotas —bufó Meiling sin responder al comentario de la otra. Tomoyo se sentó a su lado y le sonrió una vez más con su ternura característica.

—Lo último que ella querría sería quitártelo —puso una mano sobre su hombro y la china le devolvió una expresión dolida.

—¿Entonces por qué lo está logrando tan fácilmente?

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—Me pregunto si algún día Meiling dejará de odiarme así —suspiró Sakura en cuanto ambos se vieron a solas en el estudio y Syaoran cerró la puerta tras de sí.

—No te sientas mal, pero creo que eso nunca sucederá —Syaoran alcanzó la mesa que había preparado con los últimos reportes que había imprimido para el proyecto y se los extendió a Sakura, quien los tomó distraídamente.

—Realmente esperaba que algún día llegáramos a ser amigas —Sakura se sentó sobre una de las sillas. ‘Con Akira es muy diferente. ¿O es que acaso ella sabe que yo…?’ elevó sus ojos al chino y al instante sintió que el rostro le ardía. ¿Por qué tenía que pensar en eso justamente en ese momento? Cada vez que pensaba en sus recién descubiertos sentimientos por Syaoran se volvía más torpe de lo normal, lo cual ya era mucho decir.

—Por teléfono dijiste que tú también traías algo —Syaoran interrumpió sus confusos pensamientos—. ¿Puedo verlo?

—¿Eh? Ah… ¡Sí! —Sakura quiso alcanzar su mochila, pero al hacerlo tiró las hojas que el chino acababa de darle—. ¡Lo siento!

Haciendo su disculpa a un lado, el chico se acuclilló para recoger los reportes, cosa que ella también hizo, castigándose internamente de paso por su torpeza. Sin embargo lo inevitable había de pasar, y cual cliché de telenovela sus manos se rozaron entre los papeles, cosa que intensificó aún más el sonrojo de la mujer.

—¿Estás bien Sakura?

—¡Sí! —la aludida rió nerviosamente ante la pregunta—. Es sólo que… etto… —y se encontró en problemas para poder dar una excusa plausible, o siquiera creíble.

—Si tienes calor puedo abrir la ventana —ofreció el chino y ella se apresuró a asentir con la cabeza, preguntándose cómo le haría para poder pasar el resto del día a solas con él a sabiendas de que eso no era más que el comienzo.

Miró el reloj y al instante deseó que Tomoyo pudiera estar en ese mismo cuarto con ellos: apenas habían pasado 5 minutos.

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—¡Por acá Touya! —el aludido oteó el lugar hacia su izquierda hasta ver a su mejor amigo de pie junto a la fuente de la plaza agitando una mano alegremente. Al hacer esto también notó la presencia de las dos mujeres con las que se encontraba.

—No mencionaste que vendrías acompañado —posó su mirada severa en él al llegar a su lado. Yukito simplemente se sonrió con la misma inocencia con que reía al ver un pájaro jugueteando entre la tierra.

—Si te lo hubiera dicho, habrías venido a regañadientes, o quizá ni siquiera habrías venido excusándote con que tenías que trabajar o estudiar algo.

Touya entrecerró los ojos.

—Pues en realidad entro a trabajar dentro de dos horas y…

—¡Buenos días Touya-kun! —el intempestivo saludo y el subsecuente abrazo fulminante de Nakuru interrumpieron la respuesta del mayor de los Kinomoto. Fuutie también se acercó a saludar y el trigueño vio de reojo cómo su mejor amigo se mostraba ansioso ante cualquier movimiento que hacía la china. Acto seguido se desembarazó del abrazo de Nakuru y llevó a Yukito un poco aparte.

—Dime una cosa —musitó entre dientes—. ¿Me estás utilizando como excusa para salir con tu compañera de trabajo? —Touya Kinomoto siempre iba directo al grano—. Déjame adivinar: le dijiste a Nakuru que saliéramos juntos y ella se encargó de invitar a Fuutie, ¿cierto?

—Sí —rió Yukito como si hablasen de la primavera, ganándose a cambio un gruñido del moreno.

—Ésta me la voy a cobrar Yuki… —comenzó antes de ser nuevamente interrumpido por una Nakuru que apareció de la nada.

—¿Qué tanto hablan ustedes dos? No piensan dejar a estas hermosuras esperando, ¿o sí? —se cruzó de brazos y Touya entornó los ojos.

—No creo que podamos.

—No te hagas el difícil, Touya-kun —Nakuru se sujetó de su brazo—. ¡A leguas se nota que me extrañaste mucho esta semana!

—No sabes cuánto —Touya alzó una ceja sarcástica y la chica soltó una carcajada.

—¡Qué romántico eres!

—Definitivamente son todo un caso —Yukito se divertía de lo lindo escuchándolos—. Esos 2 no pueden pasar 5 minutos sin discutir sobre “eso” que Touya se niega a admitir.

—Por más evidente que sea —Fuutie secundó al varón con una risita y Touya se volvió hacia ellos y castañeó los dientes.

—¿Se puede saber a qué se refieren con “eso”?

—A esto… —tomando al moreno por sorpresa mientras éste trataba de retar a su amigo, Nakuru tiró de la mano de éste para obligarlo a inclinarse y en un rápido movimiento buscó sus labios para sellarlos con un beso que en un inicio procuraba ser rápido, pero que se detuvo un par de segundos más de lo pensado en un espacio sin tiempo. Al separarse, los ojos de la extrovertida mujer se alegraron al encontrarse frente a frente con la confundida y sorprendida mirada del hombre.

Di algo’ Touya pasó saliva. Era la segunda vez que esa chica lo tomaba por sorpresa de esa manera. ‘Por todos los cielos, di algo’ luchaba en su interior, pero su cuerpo estaba petrificado mientras veía a la joven sonriente que no le quitaba esa juguetona mirada de encima. ‘¡No te quedes callado, di lo que sea!’

Alejarse, bufar, voltear la mirada, fingir que no había pasado nada, encogerse de hombros, hacer algún comentario sobre el clima… prácticamente cualquier cosa sería mejor para él que quedarse callado, pero de cualquier manera ahí seguía Touya Kinomoto: de pie y más quieto y mudo que una estatua.

En un momento le pareció estar experimentando el silencio más largo de la historia.

—Creo que hay cosas que son imposibles de negar —escuchó la risueña voz de su amigo y esto fue como el motor que finalmente le dio la chispa a su cerebro para poder abrir la boca.

—Y hay cosas que es preferible no comentar.

Nakuru finalmente soltó una risilla y miró a su amiga, quien la observaba con ojos incrédulos y se acercó a ella.

—Justo cuando pienso que no puedes sorprenderme más, llegas y haces esto —susurró a su oído, cosa que hizo gracia a la japonesa.

—No debería sorprenderte. Al contrario, ¿no crees que ya es tiempo de que hagas lo mismo con Yukito?

Fuutie quedó de piedra al escuchar hablar de esta manera a la prima de Eriol Hiragizawa.

—Pero Eriol…

—“Pero Eriol”, nada —Nakuru hizo el comentario a un lado con un gesto de su mano—. ¿O también tú vas a negar algo que es tan evidente?

—¡Shhh! —repentinamente Fuutie se puso nerviosa como un perro chihuahua—. No quiero que él lo sepa.

Ambas miraron de soslayo al “él” de quien ella hablaba, el cual en ese instante respondía a los bramidos de su amigo con una angelical sonrisa. Entonces, sin previo aviso, sucedió algo que la china jamás hubiera imaginado: el rostro de Nakuru se tornó drásticamente serio.

—¿Y por cuánto tiempo más piensas seguir ocultándoselo? A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que Yukito no es cualquier hombre: él está decidido a ir tras de ti. Si tú no le dices nada de Eriol, entonces lo único que estás logrando es ilusionarlo cada día más. ¿Y para qué? ¿Para romperle el corazón al final y casarte con mi primo?

—Yo… —Fuutie estaba pasmada, no esperando estas palabras de la otra mujer, quien no se detuvo ahí.

—¿O es que acaso piensas librarte del compromiso? De lo contrario, no sé por qué te empeñas tanto en ocultárselo a Yukito.

Fuutie tragó saliva, queriendo en ese instante poder decírselo todo no sólo a Nakuru, sino a Yukito. Quería hacerlo, pero había prometido no hablar una palabra al respecto, y esto era una verdadera lástima, porque en el fondo sabía que ambos la comprenderían a la perfección. Mientras tanto, no podía sino callar ante la morena, quien lo único que hacía era defender no solamente a Yukito, sino a su querido primo.

—Lo siento, quisiera decirte pe…

—Buenos días, qué agradable sorpresa encontrarlas aquí —y la voz que menos hubiera esperado escuchar en ese momento hizo acto de presencia…

—¡Eriol! Qué milagro que te dejas ver —el semblante de Nakuru cambió al instante y recibió cálidamente a su pariente, quien la abrazó con cierta dificultad, pues en ambas manos sujetaba las bolsas con lo que acababa de comprar de la tienda que estaba a escasos 10 metros de ahí.

—Lo mismo digo —sonrió el muchacho gentilmente y sus ojos azules se posaron en Yukito y Touya—. Buenos días, Eriol Hiragizawa. ¿Son amigos de Nakuru?

—Sí, él es Touya, mi…

—Touya Kinomoto, mucho gusto —el varón interrumpió a la mujer antes de que ésta pudiera decir o inventar cualquier cosa inoportuna y estrechó la mano del ojiazul.

—Un placer. Nakuru me ha hablado mucho de usted. Entonces usted debe ser Yukito Tsukishiro; también he oído mucho sobre usted. Le agradezco mucho la ayuda que ha brindado a Fuutie a lo largo de sus prácticas —se dirigió al otro, quien igualmente estrechó su mano con una sonrisa.

—Eriol es una persona muy formal —explicó Nakuru a sus acompañantes—, pero no es necesario que hables así, sólo…

Y mientras Nakuru facilitaba el flujo de la conversación entre los hombres recién presentados, Fuutie quedaba en ascuas al enterarse que Nakuru ya había hablado con Eriol sobre Yukito, preguntándose qué era lo que la mujer le había dicho, y si acaso Eriol no sospechaba que algo estaba ocurriendo entre ellos. Después de todo, el inglés no se detenía tan fácilmente al momento de sacar conclusiones (la mayoría de éstas acertadas).

Touya no perdió nota de la repentina ansiedad que hacía presa de Fuutie Li ante la presencia de Eriol y un ceño apareció en su frente mientras trataba de unir aquellas piezas que tanta desconfianza le causaban respecto a la joven pretendida por su mejor amigo.

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A la hora de la comida, Sakura y Syaoran decidieron darse un descanso y se reintegraron con Tomoyo y Meiling, grupo al que más adelante se unieron Eriol y Fuutie, a quienes no habían visto hasta el momento.

—Cuando dijiste que tendríamos visitas creí que te referías a Takeshi-kun y Akira-kun —declaró Fuutie al llegar a la mesa y ver a las mujeres sentadas, pero su rostro no ocultó asombro cuando Syaoran la presentó con la que le resultaba desconocida—. ¿Así que tú eres la famosa Sakura Kinomoto?

—Sí, eh… ¿famosa? —el desconcierto de la aludida no pudo ser mayor mientras Syaoran lanzaba una mirada encendida a su hermana: no había estado en sus planes que Sakura se enterara sobre la cantidad de discusiones que su persona generaba casi a diario en esa casa entre Meiling y él.

—¡La comida está deliciosa! —exclamó de pronto Tomoyo al ver que todo quedaba en silencio y Sakura continuaba sin percatarse de lo que estaba sucediendo. La castaña inmediatamente olvidó el tema anterior y estuvo en total acuerdo con su amiga.

—Es cierto, cocina usted delicioso, Señor Wei.

El interpelado, que permanecía cerca de la mesa en caso de que se ofreciera algo, meneó la cabeza en forma negativa.

—Quisiera agradecer sus atenciones, pero en realidad fue el joven Xiao Lang quien preparó la comida. Yo no hice más que meterla al horno de acuerdo a sus indicaciones.

—¿En serio? Pues está exquisito, ¡eres muy buen cocinero, Syaoran-kun! —se impresionó Sakura.

—No es para tanto. Fuutie me indicó cómo hacerlo —respondió el aludido con las mejillas arreboladas.

—Xiao Lang quería preparar algo especial para nuestras visitas hoy —Fuutie les guiñó un ojo confidente.

—¡Eso no es cierto! —Syaoran se atragantó con el agua y, por si acaso fuera posible, su rostro enrojeció aún más—. Yo… no tenía nada mejor que hacer hoy por no ir a la escuela, así que…

—Pues yo concuerdo con Sakura-chan: eres un buen cocinero, igual que tu hermana —sonrió Eriol.

Xiao Lang cocinó para ella’ Meiling lanzó una mirada triste a la comida y a continuación a la castaña, cosa que nadie, excepto Tomoyo, notó. En el resto de la mesa ocurría una algarabía en torno al cocinero sorpresa y al plato principal.

—¿En verdad piensas eso? —preguntó Syaoran al escuchar esta vez la opinión de Sakura sobre el pato a los frutos secos, el platillo que más trabajo le había costado preparar y del que se sentía bastante inseguro, pues había tenido que sustituir un par de ingredientes a falta de ellos.

—¡Claro! Es el mejor pato que he probado —rió Sakura extasiada y las mejillas de Syaoran se volvieron casi color uva.

—Quizá debas medir tus palabras, querida Sakura —advirtió Eriol amablemente—: nuestro estimado Syaoran-kun es bien conocido por su poca tolerancia a las mentiras. Aún si se trata de un engaño minúsculo o una inocente mentira blanca, Syaoran-kun no perdona tan fácilmente —sonrió dulcemente, cual si hablase de fresas y pasteles.

¿A qué viene ese comentario?’ Tomoyo entrecerró los ojos y apretó la mandíbula ligeramente ante un presentimiento.

—Eso es cierto —concordó Fuutie asintiendo—. ¡Lo hubieran visto el día en que descubrió que…!

Pero Sakura ya no pudo escuchar la aparentemente divertida anécdota que Fuutie intentaba relatar pese a las protestas de su abochornado hermano, y a la cual incluso Meiling se unió. En lugar de eso, repetía una y otra vez las palabras de Eriol en su cabeza.

Syaoran-kun no perdona tan fácilmente”

¿Cómo había sido tan ingenua como para ni siquiera haber pensado en eso antes? Se había enamorado de un hombre al que prácticamente había conocido a base de engaños. Probablemente la mitad de todo cuanto sabía de él ni siquiera debía de conocerla siendo Sakura Kinomoto. La mitad de sus momentos juntos, de sus sonrisas compartidas y toda experiencia vivida pertenecían a Akira, no a Sakura.

Aunque nunca había sido su intención mentirle, lo había estado haciendo día tras día durante los últimos 3 meses. ¿Qué pensaría él si lo supiera?

Syaoran-kun no perdona tan fácilmente”

La palidez que hizo presa de Sakura no pasó desapercibida para dos de los comensales: la chica que a su lado le observaba con preocupados ojos violetas y el muchacho que sentado frente a la misma contemplaba con analítica mirada añil el cambio de humor sufrido por la castaña.

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—¡Ah! Casi se me olvidaba decirte… —Sakura se dio una palmadita en la frente atrayendo su atención. Ambos estaban de vuelta en el estudio y un silencio se había formado mientras cada quien resumía una parte de lo que quedaba por añadir al trabajo—. Ayer nos asignaron la fecha de la presentación oral.

—¿Presentación oral? —Syaoran frunció el ceño sin levantar la vista de sus hojas—. ¿No la vamos a hacer la próxima semana?

—No —ella meneó la cabeza—. La próxima semana solamente entregaremos el trabajo escrito. El profesor dijo que así sería más justo para que todos tuvieran el mismo tiempo de prepararlo, pero las presentaciones orales serán después. Creo que serán 3 equipos por clase o algo así.

—¿Y cuándo será la nuestra? —el chino apretó la mandíbula, esperando que la fecha no fuera a coincidir con otra que le preocupaba aún más…

—El 28 de julio.

Syaoran suspiró: al menos no tendría por qué sumar ese pendiente a su lista de preocupaciones, que de por sí ya era bastante larga.

—Bien, creo que ya estaré de regreso para esa fecha —se descubrió comentando vagamente y al instante escuchó un sonido extrañado por parte de la castaña—. No, nada, no dije nada.

Syaoran sintió la mirada de ella sobre él, pero se concentró en las anotaciones que tenía frente a sí.

Esos ojos verdes. Mirarlos le hacía recordar aquella escena bajo el puente y su primer contacto con la realidad tras volver de la inconsciencia, así como su decepción al darse cuenta de que no era Sakura quien sujetaba tan cálidamente su cabeza, sino Akira. A partir de ese momento supo perfectamente que las cosas no volverían a ser las mismas para él, y era cierto: toda la semana no había hecho otra cosa que intentar espantar de su cabeza la imagen de Sakura sonriendo por cualquier cosa, de Sakura sudando tras una carrera más para no llegar tarde a la escuela, de Sakura llorando por su padre, de Sakura cayendo torpemente de un árbol, de Sakura aquí y allá, siempre Sakura. A ratos había llegado a agradecer poder contar con la excusa para faltar a la escuela (aún si ello significaba tener una pierna inutilizada), de manera que no tuviera que verla ni enfrentarla, pero eso no impedía que una o dos noches soñara con el puente, con esa voz llamándolo y esos ojos mirándolo.

Aquella noche en el puente su aturdida cabeza había llegado al extremo de transformar a Akira en Sakura una y otra vez mientras estaba tendido y abrumado por el dolor, y aún peor era ser consciente de que durante la larga y solitaria espera en el canal seco realmente había estado esperando que fuera Sakura quien regresara por él y no el mesero. ¡Incluso había creído escuchar su voz llamándolo!

Al final había comprendido por qué a veces tenía esa sensación de querer cuidar a Akira como si fuera un hermano menor: ese frágil y torpe, pero también noble e inocente muchacho le recordaba terriblemente a Sakura Kinomoto.

—Humm… ¿crees que necesitemos explicar esto también? —la japonesa lo trajo de vuelta a la realidad y él analizó las hojas que ella le mostraba, pero meneó la cabeza y le indicó que no sería necesario hacerlo, tras lo cual ambos continuaron con lo suyo.

Syaoran contempló de reojo a la chica y por un momento le dio la impresión de que ésta quería decirle algo más, pero no salieron más palabras de su boca, de manera que un nuevo silencio enrarecido creció entre ellos. Fue en este tiempo enajenado que Syaoran pudo escuchar sus propios latidos acelerados como el redoble de un tambor previo a la magistral función de un malabarista… y eso no le agradó.

¿Qué estoy haciendo?’ mordió sin saberlo la pluma que sostenía en la boca. No podía ignorarlo por más tiempo, pero tampoco podía ni debía darle nombre a ese sentimiento, porque perfectamente sabía que todo se complicaría aún más en el momento en que lo hiciera, y algo era definitivo e inamovible: Meiling, el Clan, Yelan y Fuutie… no podía olvidarse de todo sólo por una emoción que nunca antes había experimentado y que podía ser tan frágil y etérea como la vida de una mariposa.

—Syaoran-kun… ¿puedo usar tu baño? —tomado con la guardia baja, se sorprendió haciendo lo que había estado evitando desde el momento en que la había escuchado llegar a la casa y se encontró mirándola finalmente a los ojos, perdiéndose entre ese par de esmeraldas.

Seguramente Sakura aún tenía calor, pues sus mejillas seguían arreboladas y sus labios estaban secos. Incluso la vio tragar saliva, pero por alguna retorcida razón aquello sólo la hacía ver aún más hermosa y…

—Claro, hay uno al fondo del pasillo —habló tan rápido que en su lengua una palabra se tropezó con la siguiente, pero algo tenía que hacer para acallar sus intempestivos pensamientos.

—Gracias, vuelvo enseguida —y la vio levantarse de su asiento y partir, dejando su sutil aroma tras de sí, abandonándolo a merced del silencio y su propia mente turbulenta.

—Entonces… después de transformar la energía en trabajo… —meneó la cabeza y regresó a su resumen. Tenía que apresurarse, debían terminar el proyecto en ese mismo día, porque el tiempo se acortaba, y no sólo se refería a las fechas de entrega escolares…

El tiempo para tomar una decisión llegaba a su fin. Pensar las cosas dos veces ya no era una opción, y mucho menos lo era dejarse distraer por extraños sentimientos que no lo llevarían a ningún lado.

Sentimientos que no le ayudarían a cumplir sus propósitos.

————

Eriol manipulaba su computadora en la terraza aprovechando el agradable clima exterior cuando sintió los pasos que se acercaban a él.

—¿Ocupado?

Sonrió para sí al reconocer a la dueña de la voz y apartó los ojos del monitor.

—Jamás lo suficiente para no atenderte, estimada Daidouji. Creí que estarías toda la tarde con Meiling y no quise interrumpirlas, así que me vine a la terraza para dejarlas a sus anchas, pero dime en qué te puedo ayudar.

—Meiling y Fuutie tuvieron que salir y me ofrecieron ir con ellas, pero hay algo de lo que necesito hablar contigo —el tono serio de Tomoyo se lo dijo todo. Fue la señal para que Eriol cerrara la portátil.

—Te escucho.

Tomoyo no se hizo esperar y decidió que era momento de ir al grano de una vez por todas.

—¿Qué tanto sabes de Sakura?

La mirada de Eriol se volvió igualmente seria, pero fue apenas un instante antes de volver a transmitir una enigmática y casi burlona expresión.

—Te pediré que seas más específica, querida Daidouji.

Tomoyo apretó los dientes. Tratándose del secreto de su amiga no estaba para más bromas ni juegos.

—Sabes a qué me refiero. Por la manera en que le hablaste a Sakura hoy, me quedó muy claro que sabes algo de ella.

Eriol se puso de pie al ver que ella no parecía dispuesta a tomar el asiento que él le ofrecía a su lado y se apoyó casualmente contra la mesa.

—Supongo que te refieres a la relación que guarda Sakura-chan con Akira-kun —dijo sin más y la vio apretar la mandíbula ‘Así que Sakura-chan definitivamente es tu punto débil. Nada te hace perder la calma además de ella’.

¿Por qué? ¿Era eso lo que la gente llamaba amistad? Hacerlo todo por una persona, sin importar el qué ni las consecuencias…

—¿Cómo lo supiste? —La voz de Tomoyo no perdía su belleza natural a pesar de la aspereza con que le hablaba.

—Es difícil pasar por alto el enorme parecido que ambos tienen, aunque aún más difícil es encontrar a dos personas tan ingenuas y despistadas como Sakura-chan —sonrió Eriol encogiéndose de hombros—. Además, acepto que un día me sentí intrigado por la manera en la que ustedes dos se escabullían diariamente al final de clases en el salón de música y después, absolutamente de la nada, aparecía Akira en el pasillo sin ser estudiante de Seiju.

—¿Nos estuviste espiando? —Tomoyo lo miró con dos ojos violetas abiertos de par en par—, ¿por qué? —y entonces una idea embonó en su cabeza—… Un momento, ¿por eso entraste al coro? ¿Para poder entrar al salón de música y espiarnos?

La sonrisa del inglés no se inmutó mientras entrelazaba sus dedos al frente.

—Respondiendo en orden a tus preguntas: acepto que en un principio las seguí un poco, pero en realidad no era necesario, ya que Sakura-chan es muy obvia cuando intenta ocultar algo. En cuanto al porqué, simplemente tengo el mismo interés que tú: unir a Sakura con Syaoran.

—Yo no tenía ese interés —Tomoyo lo interrumpió—. Li-kun está comprometido y…

—Sabes tan bien como yo que ese compromiso tiene que anularse, o al menos deseas que así se haga —esta vez la sonrisa de Eriol desapareció y sus ojos brillaron como pozos iluminados por el sol—. Además, si no te interesa verlos juntos, ¿por qué no hiciste nada para evitarlo antes de que sucediera? Sabes que tu mejor amiga puede salir lastimada de esto y aún así no lo impediste. De hecho, si mal no recuerdo, todavía hay una pequeña apuesta pendiente entre nosotros…

Tomoyo sintió que se quedaba sin aliento. Ese chico la despojaba de toda defensa con una facilidad que daba miedo. Era cierto, todo lo que él decía lo era, y ella se encontró a sí misma sin palabras.

Eriol Hiragizawa no era un chico normal. A decir verdad, jamás lo sería y ésa era la razón por la que ella ni siquiera sabía cómo comportarse estando cerca de él.

—Y sobre tu última pregunta —continuó él mirando hacia el jardín—: no, no era necesario. Si entré al coro fue porque quería hacerlo; quería reencontrarme con la música y descansar un poco del doble entrenamiento, aunque al final no era eso lo más importante….

Tomoyo contuvo el aliento y frunció tenuemente el ceño cuando él se abstuvo de continuar.

—¿Qué era lo más importante?

En un movimiento suave pero decidido, Eriol acortó la distancia entre ellos con dos pasos. Su semblante no conservaba rastros de esa sonrisa que ahora parecía lejana en el tiempo.

—Tomoyo Daidouji, ¿realmente no lo sabes?

Sí, pero no quería saberlo. Tenía miedo de saberlo…

—En ese club… —Eriol se detuvo y aguzó el oído, pareciéndole haber escuchado el sonido de una puerta abriéndose y unos pasos que salían al jardín—. Gracias a ese club conocí a una persona muy especial —continuó—. Se trata de una joven hermosa y elegante, pero no como aquellas chicas que son conscientes de su belleza y tratan de abusar de ella. Al contrario, ella es sumamente sencilla, inteligente y creativa. Es una persona determinada que no pierde el tiempo dudando —una media sonrisa surcó su rostro—. ¿Aún no sabes de quién hablo? Pues también puedo decirte que, por lo que he visto, es una amiga leal, capaz de arriesgarlo todo por un ser querido.

Tomoyo pasó saliva y descubrió que la mirada añil que se posó en ella la ponía más nerviosa de lo que quería admitir.

—¿En serio aún no tienes idea? —Eriol alzó una ceja irónica y ligeramente divertida—. Entonces creo que la última clave te lo dirá todo —dio un paso más y la distancia entre ellos dejó de existir, colocando dos dedos bajo el mentón femenino—. Ella tiene no sólo el rostro, sino la voz de un ángel. Podría asegurarte que es la voz más bella que he escuchado en mi vida —se inclinó hasta susurrar lo siguiente en su oído—, y creo que desde el momento en que la oí cantar por primera vez me ha atrapado como una sirena a un marinero. Ahora, por su culpa, estoy a la deriva.

Estaba jugando con ella como un gato con un ratón antes de devorarlo. Tomoyo sabía que así era, pero sus músculos no le respondieron cuando intentó apartarse y su garganta estaba cerrada como para poder decir algo. La tenía en la palma de su mano y lo peor era que, aunque una parte de ella le gritaba que se alejara de allí, otra anhelaba que el muchacho continuara.

Por un instante una señal de alarma surgió en su cabeza al escuchar algo cerca de ella, pero cuando se disponía a mirar en aquella dirección sintió que la mano bajo su mentón la urgía a alzar la cabeza y al hacerlo su visión se vio capturada por el añil de Eriol apenas un segundo antes de sentir la caricia de sus labios en los propios, haciendo que el tiempo se detuviera alrededor de ambos mientras su cuerpo entero era invadido por un tremor que la paralizó de pies a cabeza, casi venciendo sus repentinamente temblorosas rodillas.

Él la estaba besando. Esos labios que le estaban robando el aliento eran los de Eriol Hiragizawa.

Algo iba a estallar dentro de ella; no sabía si sería su pecho, su cabeza o su estómago, pero algo terminaría por reventar, pues sentía que todo le daba vueltas a cada segundo que el tierno roce de Eriol vibraba en su boca.

Tomoyo cerró los ojos y se rindió: estaba atrapada.

—¿Qué demonios es esto? —una voz masculina que inmediatamente reconoció como la de Li rugió cerca de ellos.

—¿Tomoyo-chan, Eriol-kun, ustedes…? —y ésa definitivamente era una sorprendida Sakura.

Ambos partieron el beso con la celeridad del rayo para encontrarse con los dos castaños a escasos dos metros de ellos. Como Tomoyo adivinó, Sakura tenía los ojos desorbitados, pero lo que no se explicaba era el ceño de un aparentemente iracundo Syaoran.

—Lo sabía —gruñó Li sin apartar su mirada de Eriol—. Ni siquiera se ha anunciado formalmente el compromiso y ya estás… —miró entonces a Tomoyo y sus ojos manaban fuego—. ¡Y en la casa de mi familia! ¿Y qué tal si hubiera sido ella y no yo quien los descubriera?

—Si mal no recuerdo, Fuutie y Meiling salieron a…

—¡Cállate! Eres un cínico —Syaoran convirtió los 2 metros en 50 centímetros en un santiamén y sujetó a Eriol del cuello de su camisa—. ¿Y crees que voy a permitir que le hagas eso cuando se casen?

Tomoyo había dado un salto hacia atrás al ver a Li acercándose, pero ni siquiera se dio cuenta de ello, pues su mente maquinaba mil pensamientos en ese instante sin atinar a saber qué demonios estaba ocurriendo ahí. ¿Por qué Li estaba tan exaltado y Eriol aparentaba tranquilidad a pesar de la violencia con que el otro le sujetaba? ¿De qué estaba hablando Li y qué tenían que ver Fuutie y Meiling con ello?

—Tomoyo-chan, Tomoyo-chan, tú… no lo sabías ¿verdad? —la aludida sintió a Sakura a su lado, pero siguió prestando atención a Syaoran.

—Escucha esto —siseó Syaoran a centímetros del rostro de Eriol—. No voy a permitir esa boda. No creas que te vas a casar con mi hermana sólo por conveniencia —y diciendo esto liberó al inglés, lanzando una última mirada fulminante a Tomoyo antes de dirigirse a la casa.

—¡Syaoran-kun, Estoy segura de que Tomoyo no…! —pero el chino había entrado a la casa antes de que Sakura pudiera terminar la frase.

—No te escuchará —susurró Eriol con tono neutro—. No te preocupes, aunque no quiera escucharme le haré saber que Daidouji-san no sabía nada al respecto. No quiero que piense mal de ella —y miró a la aludida, quien tenía los ojos fijos en el césped y estaba colorada, cosa rarísima en ella.

—Estás comprometido con Fuutie… —habló finalmente Tomoyo sin mirar a nadie, animándose finalmente a ponerle palabras a la única conclusión que podía sacar de esto.

—Sí.

Cínico’ Tomoyo apretó la mandíbula y dirigió una única y larga mirada al joven; una mirada que hubiera congelado el mismo infierno y que Sakura jamás había visto en ella.

—No la mereces —fue lo único que pudo decir antes de sentir un escozor en la nariz y tomó la mano de su amiga apretándola con fuerza—. ¿Ya terminaron, Sakura?

Sakura asintió—. Precisamente habíamos salido para buscarte y poder irnos.

—Bien —Tomoyo también asintió—, entonces vámonos.

Sakura siguió a su mejor amiga en silencio y volvió la vista atrás una sola vez para encontrar la visión de un Eriol de rostro impenetrable que se sentaba a la mesa de la terraza haciéndole un único ademán de despedida a la joven Kinomoto.

¿Por qué, Eriol?’ Sakura regresó su atención a Tomoyo, preguntándose cómo había ocurrido todo y por qué habían llegado a ese punto.

Al descubrirse finalmente solo, Eriol suspiró pesadamente y recargó la cabeza contra el respaldo de la silla. Una parte de él le decía que tenía que alegrarse: después de todo (aunque no exactamente como lo había pensado en un inicio), ahora estaba más cerca de cumplir su objetivo que nunca.

No obstante: a qué precio.

Hubiera querido burlarse de sí mismo, pero un desagradable escozor en el pecho se lo impidió. La ironía fue entonces evidente: momentos antes se había maravillado de la entrega de Tomoyo por su amiga, ¿pero no era él igual de necio?

Jugar el todo por una promesa hecha a una vieja amiga, sin importar lo que sucediera.

———

Sakura sabía que tenía que interrumpir el silencio que las ahogaba camino a casa, pero no tenía idea de cómo.

—Tomoyo-chan…

—No tienes por qué preocuparte, estoy bien —le sonrió Tmoyo con la misma chispa de siempre… o eso hubiera querido, pero por primera vez en la vida no la engañaría tan fácilmente.

—Perdóname.

La perplejidad de Tomoyo no se hizo esperar—. ¿Por qué dices eso?

Sakura bajó la cabeza y continuó andando con la mirada en el piso.

—Yo sabía lo del compromiso de Eriol y Fuutie. Si te hubiera dicho algo…

—No sabías lo que estaba pasando entre nosotros. A decir verdad, ni yo misma lo sabía, aunque era evidente —admitió Tomoyo finalmente.

—¿No lo sabías? —la sorprendida castaña alzó ambas cejas.

—O no lo quería reconocer —se encogió de hombros—. Creo que es gracioso, considerando que yo creí que tú eras la ingenua por no darte cuenta que te estabas enamorando de Li-kun.

No bien hubo terminado la frase, Sakura estaba roja como una fresa.

—¿Qué… yo? —comenzó a sudar y se rindió—. ¿Cómo lo supiste?

—Porque te conozco como nadie más en este mundo lo hace —sonrió intentándose animar un poco, de lo contrario terminaría derramando lágrimas sobre la acera y era lo último que quería.

—Entonces… ¿no crees que soy una tonta? —suspiró Sakura—. Traicioné a Naoko y me enamoré del chico que le gusta, que (por si fuera poco) está comprometido con Meiling y se va a casar en un año. Además, la mitad del tiempo que he pasado con él ha sido disfrazada de Akira, engañándolo, siendo que él odia las mentiras y…

Se interrumpió sorprendida cuando su amiga la abrazó y así se quedaron ambas durante un largo momento, confortándose una a la otra en un tranquilo silencio.

—Lo serías si pudieras escoger de manera lógica de quién enamorarte —susurró Tomoyo con una dulce pero triste voz a su oído—, pero lamentablemente creo que eso es imposible.

Y sintió contra su hombro una humedad que le destrozó el alma: Tomoyo estaba llorando; una imagen que jamás había ocurrido. Fue entonces que Sakura apretó más a su amiga con ambas manos, entendiendo que, por primera vez desde que la había conocido en su tierna infancia, era su turno de brindar un poco de consuelo al noble pero frágil corazón de la dulce chica de ojos violetas.

————-

—¿Qué sucedió aquí? —Fuutie entró sin tocar a su habitación, cosa que él esperaba desde hace rato—. Xiao Lang está hecho una furia y cuando le pregunté por qué sólo me dijo que hablara contigo.

—No es nada de lo que debas preocuparte —Eriol apartó la vista de la ventana que llevaba contemplando por casi media hora para mirarla—, es sólo que decidí tomar un pequeño atajo en el plan, teniendo en cuenta que tu hermano cumplirá diecisiete dentro de unos días.

—¿Qué atajo tomaste? —Fuutie frunció el ceño.

—Uno que a ti no te afectará. A fin de cuentas, el resultado será el mismo. Además, por lo que vi esta mañana entre Yukito-san y tú, hay razones de más para intentar apresurar las cosas, ¿o me equivoco? —el joven le lanzó una mirada significativa que la sonrojó, pero ella se forzó a no perder la compostura. De cualquier manera, no debía sorprenderse de que el muchacho se hubiera dado cuenta con tan sólo unos minutos de verlos juntos.

—¿Entonces fue por lo de Yukito que optaste por tomar un “atajo”? Además, Dices que a mí no me afectará, pero ¿qué me dices de ti? —la china se sentó en el borde de la cama contemplando al varón que había desviado la mirada nuevamente.

—Por mí no te preocupes, yo estoy bi…

—¿Qué sucedió, Eriol? ¿Qué hiciste? —lo interrumpió ella, sospechando de sus respuestas esquivas. Eriol la miró nuevamente y bajo la media luz de la lámpara que pretendía iluminar el cuarto de noche, ella se sintió conmovida ante el destello de tristeza que el añil de sus ojos buscaba esconder bajo una máscara de fría y vana seriedad.

—Tu hermano me sorprendió besando a Daidouji.

—¿Te sorprendió… o te dejaste sorprender?

—Eso es lo de menos. Lo importante es que lo hecho, hecho está. A este ritmo pronto podré cumplir con mi promesa.

Fuutie quedó muda por un minuto mientras él fingía entretenerse acomodando algunos objetos en la repisa de sus libros. Era tan grande su indiferencia respecto al tema, que hacía aún más evidente que algo no andaba bien.

—¿Y esa chica Tomoyo?

La mano de Eriol se detuvo automática e involuntariamente sobre un libro.

—Ella… es un elemento secundario. Sinceramente no esperaba que resultara así, pero al final terminó sirviendo muy bien para mi propósito. Ahora supongo que me olvidará y continuará tranquilamente con su vida. Sería lo mejor para ella —se encogió de hombros.

—¿Tú la besaste y ella te correspondió? Ninguna chica besa sin razón, y me parece que menos una como ella —insistió Fuutie buscando la manera de hacerlo recapacitar. No obstante, el inglés se estaba volviendo impenetrable frente a sus ojos:

—Tiene 16 años. No será la última vez que sufra un desengaño así.

Un momento…’ pensó Fuutie, atónita. Finalmente podía ver a través de esos ojos esquivos: esa dureza con la que Eriol hablaba de Daidouji no estaba dirigida a la chica, sino a sí mismo. Estaba castigándose por lo que había hecho.

Ella es un elemento secundario”

Ahora supongo que me odiará y continuará tranquilamente con su vida”

No será la última vez que sufra un desengaño así”

Esas palabras no nacían de la indiferencia, sino que estaban pensadas como un escudo para proteger algo muy frágil, algo que Eriol se negaba a aceptar. Él realmente estaba intentando creerlas para protegerse de algo más terrible que eso: la culpa. ¿Y por qué lo hacía? Eriol Hiragizawa no era de las personas que van por la vida preocupándose por los demás, a menos que…

A menos que se trate de alguien importante para ti…’

—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras con esa condescendencia? —Eriol pareció incómodo y (para su sorpresa) ligeramente molesto, y probablemente no era para menos, pues la expresión atónita de Fuutie lo decía todo: ella sabía que su indiferencia era más falsa que un billete de Monopoly.

Al comprender esto, Eriol se sintió descubierto y eso hizo sonar señales de alarma en su cabeza, apresurándose a dibujar una sonrisa en su rostro.

—Casi diría que pareces preocupada, pero te aseguro que no hay razón para que lo hagas, querida Fuutie.

—Si tú lo dices, entonces me marcho por hoy —comprendiendo que no era aún el momento para esa charla, Fuutie finalmente se despidió y se dirigió a la puerta—. Buenas noches, Eriol.

—Buenas noches, que descanses.

—Ah, Eriol… —Fuutie se detuvo en la puerta antes de cruzarla.

—Dime —pese a no expresarlo, Eriol se sintió profundamente intrigado ante la mirada que la china le dirigió.

—Si no quieres decirlo está bien, pero no uses una promesa como excusa para ocultar tus propios temores —y diciendo esto salió cerrando la puerta tras de sí.

Eriol no necesitaba sopesar sus palabras para darse cuenta de a qué se refería, además de lo ciertas que eran. Tampoco era de sorprenderse que Fuutie pudiera leerlo como a un libro abierto… dadas las circunstancias en que se habían conocido.

————–

Como raras ocasiones, Syaoran trataba de distraerse con una película que transmitían por la televisión cuando Wei llamó a la habitación.

—Joven Syaoran, lo buscan al teléfono —escuchó decirle tras la puerta.

Syaoran se sintió en la tentación de decirle que no le pasara ninguna llamada, pero igual preguntó de quién se trataba.

—Es la señora Yelan.

En cuanto escuchó estas palabras se levantó de su lugar y caminó a la puerta para tomar el auricular de manos del mayordomo, quien se marchó inmediatamente.

—Buenas noches madre —preguntó en su natal chino sin conseguir disfrazar del todo el nerviosismo en su voz.

—Aún no es de noche en Hong Kong, pero buenas noches a ti, Xiao Lang —era la misma voz de siempre, con cierta dulzura maternal, pero con la severidad que le confería el ser la actual responsable del Clan Li.

—La escucho, madre —salivó. No era costumbre entre ellos el llamarse simplemente para saludarse y desearse un bonito día, por lo que prefirió que la autoritaria Yelan fuera directo al grano, y ella así lo hizo.

—Dentro de 10 días es tu cumpleaños número 17 —comentó ella en tono casual y Syaoran supo inmediatamente a qué punto se dirigía el tema—. Sabes lo que eso significa.

Syaoran asintió aunque ella no pudiera verlo en ese momento.

—Lo sé. Descuide, cumpliré con ello.

—No te he preguntado aún si lo harás, Xiao Lang —Yelan hablaba de manera pausada—. Primero necesito saber que estás consciente de todo lo que eso significa. Anunciar de manera formal y pública tu compromiso con Meiling significa que ya no podrás quebrantarlo. Una vez que lo hagas no habrá vuelta atrás.

Lo sabía, con un demonio que lo sabía, pero Syaoran también sabía que no había otra opción que él estuviera dispuesto a tomar. A fin de cuentas, desde su mismo nacimiento nunca existió un verdadero Plan B.

—Lo sé —respondió finalmente—, pero debo seguir con la tarea de mi padre y éste es el camino que tomaré.

—¿Has hablado seriamente con Meiling al respecto?

—Ella está de acuerdo.

—Porque te quiere, pero se necesitan 2 personas para hacer un matrimonio —insistió Yelan y Syaoran suspiró.

—Usted sabe mejor que nadie que no tengo otra opción. Feimei, Fanren y Xiefa tampoco la tuvieron.

—Ellas no, pero de acuerdo con la tradición tú podrías tenerla.

Syaoran cerró los ojos y apretó la mandíbula. Ambos sabían a qué se refería, pero también sabían que para él esa opción estaba absolutamente descartada.

—Ni siquiera lo considere madre. Esa opción no existe para mí.

—Yo confío en ti, hijo: tú podrías hacerlo.

Lo sabía: por más estricta que fuera, ella siempre había confiado en él, pero Syaoran no estaba dispuesto a poner una vida en riesgo mientras pudiera evitarlo, no importando lo que tuviera que hacer.

—Se lo agradezco, pero preferiría renunciar a ser el líder antes que hacerlo —Syaoran fue respetuoso pero tajante en su decisión.

—Está bien, entonces no me queda más que informarte que tu vuelo está reservado para el lunes 12 de julio —resignada y procurando esconder su molestia, el tono maternal de Yelan cambió a aquél que usaba cuando hablaba con cualquier otro miembro del clan—. Viajarás con Meiling. Todos los datos que necesites sobre el itinerario de su vuelo y la llegada a Hong Kong te llegarán por correo electrónico. Sus recámaras estarán listas para el lunes en la noche. Ese día te informaremos sobre la ceremonia a realizar para tu cumpleaños y el consecuente anuncio oficial de tu compromiso con Meiling.

—Gracias madre. La veré entonces.

—Hasta entonces Xiao Lang.

La llamada se cortó y Syaoran salió de su habitación para depositar el teléfono en su base. En su camino se detuvo un instante a mirar la puerta de la recámara de su hermana. Pensó por un segundo hablar con ella, pero se arrepintió al segundo siguiente. Ésta era su decisión, aunque la vida que cambiaría al hacerlo no sería solamente la de él.

Yelan tenía toda la razón: no había vuelta atrás.

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Notas de la autora: Tanto vía Facebook como en sus reviews, la mayoría mencionó que sería Meiling la persona que saldría herida en este capítulo. En realidad, sólo 2 votaron por Tomoyo, e igualmente sólo 2 creyeron posible que Eriol pudiera salir lastimado (pues, aunque no lo admite, todos sabemos que lo está). Sin embargo, les doy el crédito de decir que en este capítulo el corazoncito de Meiling también resulta un poco afectado (sobre todo al ver que Syaoran había cocinado para sus “visitas especiales”).

En cuanto a la encuesta (vía Facebook) sobre qué pareja tendría su primer beso en esta entrega, los resultados fueron bastante sorprendentes (para mí), pues la gran y aplastante mayoría pensó que serían Yukito y Fuutie, en tanto que sólo una persona consideró a Sakura y Syaoran, e igualmente una persona votó por Eriol y Tomoyo. En realidad, ¡prácticamente todos descartaron a esta última pareja porque era “imposible que con sus personalidades fuera tan pronto”! Pero ya sabemos que no fue así. Sin embargo, a esto nos viene una importante cuestión soltada por Fuutie: ¿Syaoran descubrió a Eriol besando a Tomoyo, o fue Eriol quien se dejó descubrir? Todo parece apuntar a una sola cosa. Por otra parte, Fuutie ya puso sus cartas sobre la mesa: ¿Acaso Eriol está usando su promesa como una excusa para algo muy diferente?

Por cierto, conoceremos la promesa a fondo en el próximo capítulo.

Agradezco infinitamente no solamente sus comentarios, sino sus buenos deseos hacia mi persona. En esta ocasión no hay ningún acertijo ni pregunta al aire que deba soltar. Aunque seguramente volverán a pedirme algún adelanto en FB y quizá libere nuevamente un poco de información, pero eso ya lo veremos.

Ahora sí me he extendido mucho en mis declaraciones. Nuevamente les agradezco sus comentarios y espero de corazón que el capítulo haya sido de su agrado. ¡Hasta la próxima!