14. Las 7 reglas de Naoko

—No olviden traer mañana sus paletas (1) —se despidió el entrenador de los muchachos que se amontonaban a la salida de la alberca para tomar un poco de agua después de la dura sesión del día.

—¿Otra vez paletas? Después de lo de ayer no quiero saber lo que nos espera mañana —se quejó uno de los jóvenes al pasar junto a Eriol, quien no quiso preguntarle en qué había consistido el entrenamiento de la sesión vespertina del jueves, a la que (igual que muchas) no había podido asistir por estar de práctica con los del coro.

—¡Hey! ¿Ya vieron quién está en las gradas? —escuchó una voz detrás de él.

—¿Quién es?

—Creo que es de segundo.

—Claro que es de segundo, idiota, ¿o no sabes quién es Daidouji-san?

Al escuchar esto, Eriol siguió las demás miradas y vislumbró entre las gradas a una chica de largos cabellos oscuros, que (supuso) era Daidouji, aunque no pudo comprobarlo hasta que se acercó a ella, pues sus lentes estaban en el casillero.

—No sabía que también entrenaban los sábados —lo recibió ella en las gradas tras oír lo dicho por el entrenador—. ¿También lo hacen en la mañana o es a la salida de clases?

—Normalmente es por la mañana, aunque si todos se ponen de acuerdo puede ser a la salida —Eriol continuó secándose con la diminuta toalla ultra-absorbente que traía consigo—. ¿Puedo saber a qué se debe el honor de tu visita, estimada Daidouji-san?

—Bueno, un día me invitaste a que viera uno de tus entrenamientos, y después de lo que vi esa vez tenía mucha curiosidad, así que decidí aprovechar este día que no tuvimos práctica en el coro para venir a verte —sonrió ella—, y debo confesar que estoy abrumada con todo lo que nadan ustedes.

—Con un poco de práctica no es tan difícil —habló Eriol de manera modesta y desvió el tema—. En cuanto a lo de la invitación, en realidad me refería a que vinieras a entrenar también, pero no precisamente natación clásica, sino algunas apneas y un poco de nado subacuático.

—Quizás… algún día —rió Tomoyo y Eriol sonrió gentilmente, aunque Tomoyo no pasó por alto un brillo de satisfacción y cuasi burla en su mirada.

—Por otra parte, pensé que habías venido a ver cómo eran los entrenamientos para saber a qué te enfrentarás cuando pierdas la apuesta. ¿O será mucho atrevimiento de mi parte pensar que ya sucedió?

Tomoyo negó alegremente con la cabeza y le guiñó un ojo.

—Lamento informarte que eso no sucederá. Pero ahora que lo mencionas, quería decirte que puedes contar conmigo para cualquier duda que tengas sobre vocalización, en caso de que quieras practicar antes de presentarte a cantar frente a todo el coro cuando pierdas la apuesta.

—No creo que sea necesario, pero te lo agradezco mucho —Eriol hizo una ligera inclinación de cabeza—. Por lo pronto, lamento tener que despedirme, pero me temo que no te estoy ofreciendo mi mejor presentación —se miró de pies a cabeza, sabiendo que no tenía más que un traje de baño y la pequeña toalla colgando de su hombro—, así que iré a darme una ducha y ponerme algo presentable. Si gustas, podemos seguir conversando más adelante. Salgo en unos 15 minutos.

Tomoyo sonrió y tomó sus cosas, que descansaban en una banca.

—Suena muy agradable, pero creo que tendré que declinar la invitación. No quiero terminar sumergida en otra apuesta con el persuasivo Hiragizawa-kun, o peor aún: confesando una alergia o alguna vergüenza más en mi vida.

—¿Es que acaso la tienes? —Eriol alzó una ceja curiosa y la chica se encogió de hombros, guiñándole un ojo antes de despedirse y dejándolo con una sonrisa divertida entre las gradas.

—¡Al menos cierra la boca, Hiragizawa, no quiero que los del aseo digan que nos la pasamos babeando en sus gradas! —escuchó la potente voz de su entrenador y no le sorprendió que ésta estuviera acompañada de las carcajadas de sus compañeros de equipo. ¿Realmente se habían quedado todos ahí solamente para molestarlo? Pues no dudaba que podría ser suficiente para avergonzar a cualquiera, pero Eriol no les daría ese gusto, de manera que se volvió hacia ellos y se encogió sencillamente de hombros sin mermar su sonrisa mientras se unía nuevamente al grupo para enfilar hacia las duchas.

Vaya, esa chica Daidouji sí que lo metía en algunos predicamentos…

———–

—Humm… hace semanas que no teníamos un día tan tranquilo —Akira miró a su alrededor notando la mayoría de las mesas desocupadas.

—Tienes razón, ya necesitábamos un poco de descanso —silbó Yuta a su lado.

—No lo decía por eso, sino por…

—Mira, no me importa la cantidad… —la interrumpió su compañero de trabajo mirando hacia la puerta con una sonrisa satisfecha—, mientras la calidad de la clientela no decaiga.

Sakura lo imitó y entonces vio entrar al establecimiento a una linda jovencita de lacios cabellos achocolatados hasta el hombro y gafas que no disminuían la chispa de su mirada.

—¿Qué hace Naoko aquí? —preguntó para sí en un susurro.

—¿La conoces? —Yuta entornó los ojos—. Oye, creo que debería comenzar a salir contigo si tienes la suerte de conocer a tantas preciosuras.

—¿Tantas? —Sakura alzó una ceja.

—Esa chica Tomoyo que a veces viene a buscarte, la china con la que te quedaste platicando un día, la…

—Meiling sólo venía a buscar a Syaoran-kun —explicó Saura recordando un día hacía algunas semanas.

—Pues no parecía tan desilusionada de hablar contigo en su lugar —objetó Yuta con una sonrisa expandida—. Además las chicas de la mesa 4, las de las 5 de la tarde —enumeró—, las que siempre piden nieve de postre, las de la secundaria Watanabe, las de…

—¿Qué? —Sakura parecía más confundida a cada nueva palabra—, ¿qué tienen todas ellas?

—¡Ay…! —suspiró Yuta—. Olvídalo, tú no tienes remedio. Sólo te pido que de vez en cuando te acuerdes de tu buen amigo Yuta y me presentes a alguna que otra de tus “amigas”, ¿ok?

—Eh… ¿Ok? —su respuesta sonó más a pregunta que otra cosa, no sabiendo siquiera a qué venía todo eso—. Creo que iré a atenderla —se excusó y caminó hacia Naoko, quien no se sorprendió de verle ahí, pues ya sabía de antemano que ahí trabajaba el amigo de Syaoran con el que Tomoyo se llevaba tan bien, de manera que le devolvió un cálido saludo.

—Hola Akira, hace tiempo que no te veía. ¿Cómo has estado?

—Muy bien, gracias. ¿Gustas ordenar algo de una vez o esperas a alguien? —preguntó poniendo más empeño en su voz “varonil”, nerviosa de que su amiga fuera a descubrirla. Apenas la había visto un par de veces estando disfrazada de Akira, pero no dejaba de ser una situación especial toparse con una amiga tan cercana como Naoko o Chiharu o la observadora Rika.

—Uhm… algo así —se sonrojó ella—, aunque no vamos a comer juntos, así que creo que pediré algo para mí.

—¿En serio? —Sakura hubiera querido brincar de alegría por su amiga, pero tuvo que contenerse—. ¿Y quién es tu cita?

—Syaoran Li —rió Naoko—, aunque no es precisamente una cita.

—¿Entonces qué es? —aquello comenzaba a parecerle un acertijo.

—Bueno, he sabido por Tomoyo que él frecuenta mucho este lugar, así que hoy conseguí armarme de valor y vine para tener un encuentro “casual” con él —le guiñó un ojo y su sonrisa se extendió aún más con picardía.

—Oh… —‘Igual que ellas’ Pensó Sakura refiriéndose al séquito de mujeres que entraban al restaurante día con día para vigilar al varón.

—Pero… —Sakura oteó el lugar para comprobar que seguía semi vacío y se sentó en una silla junto a su amiga para hablarle en voz baja—, tú sabes que él está comprometido, ¿no?

—¿Quién no lo sabría? Si Meiling no hace más que hablar de eso —Naoko entornó los ojos antes de regresar a su alegre humor inicial—. Pero ambos —se señaló a sí misma y al mesero— sabemos que mis posibilidades con él son nulas y no hago daño a nadie intentándolo.

A Sakura esto la tomó por sorpresa. ¿Qué quería decir su amiga con ello?

—Yo… no entiendo a qué te refieres.

—Por algo estoy en un club de fans (porque él tiene su club de fans, por si no lo sabías); porque tanto para mí como para las demás Li-kun es un amor platónico: un imposible. ¡Es que ese chico es simplemente perfecto! Y no es que tú no lo seas —se apresuró a decir con una mirada condescendiente hacia Akira—, pero él tiene todo lo que siempre he querido en un hombre, y soñar un poco con alguien así no está de más, ¿o sí?

—Entonces tú… ¿lo quieres o…? —no supo a bien terminar la pregunta. Pensó en sí misma: hace no mucho que ella creía lo mismo de Yukito y ahora se daba cuenta de que el mejor amigo de su hermano era sin duda alguna un gran sujeto y no dejaba de quererlo mucho, pero aceptaba que lo había colocado en un pedestal. Ahora, gracias a ello (a que se dio cuenta) había conseguido salir de su primera ruptura amorosa (si es que podía llamársele así, ya que él presumiblemente jamás se enteró del asunto) sin desangrarse en el proceso.

Había sido doloroso, sí, pero también más fácil y rápido de cicatrizar de lo que había imaginado. Esto incluso la hacía dudar: ¿realmente había estado enamorada de Yukito o todo había sido tan sólo una confusión de emociones? ¿Cuál era la diferencia entre gustar, querer y amar? Incluso había distintas formas de querer, pues no era lo mismo querer a un hermano que a un padre, o a un amigo o a un novio…

—Hay maneras de saber esas cosas —la respuesta misteriosa de Naoko la hizo sobresaltarse, pensando por un instante que su amiga había leído su mente, aunque al hacer memoria se dio cuenta de que ella sólo estaba contestando a la pregunta que le había hecho anteriormente.

La curiosidad de Sakura afloró.

—¿De verdad? —preguntó con un claro interés y sin una pizca de sarcasmo ni burla en su tono—. ¿Cómo puedes saber que alguien te gusta de verdad?

—Son las “7 reglas de oro del amor” —Naoko alzó 7 dedos y comenzó a enumerar:

—Regla número 1: Te sudan las manos cuando estás cerca de él… o ella en tu caso —le guiñó un ojo.

—2: Mientras más lo conoces, más interés tienes por saberlo todo de él.

Sakura se mordió el labio. Eso sonaba como al constante acoso de que el chino era víctima, pero entonces pensó: ¿esas chicas también iban en serio o no su caso no era más que una obsesión?

—3: Si dice tu nombre te quedas sin aliento y su sonrisa te causa escalofríos en la espalda…

—A mí los fantasmas me dan escalofríos —rió Akira y Naoko le imitó.

—Tengo una amiga que no los puede ver ni en pintura —bromeó y Sakura supo que se refería a ella. Naoko continuó—. 4: No te importan sus defectos, pues tú lo aceptas tal como es.

Sakura asintió en acuerdo: eso sonaba más lógico.

—5: Intercambiarías lugares con esa persona si le vieras lastimada o triste, pues preferirías ser tú quien sufriera en vez de ella —los ojos de Naoko se volvieron soñadores y con una chispa indescifrable en ellos.

—6: Cuando él te mira, tu mundo se detiene y te das cuenta de que podrías permanecer horas hundiéndote en sus ojos —Naoko suspiró, soñadora—. Entonces comienza a sofocarte su aroma, pero no puedes dejar de respirar rápido y profundo para poder sentirlo.

—¿Hundirse en sus ojos? —parpadeó la castaña sin comprenderlo del todo. Naoko asintió, pero no explicó nada al respecto.

—Y lo más importante cuando se quiere de verdad a alguien. 7: Verlo feliz te hará siempre feliz, aun si eso significa…

—Hey… —Sakura escuchó una voz tras de sí. Era Yuta—. Por si no te diste cuenta, llegó gente a la mesa 5 y te están esperando, y el jefe no tarda en regresar, así que…

—¡Ay, ya voy! —volvió a la realidad: aún estaba de servicio en el restaurante y ya se había quedado un buen tiempo platicando con la chica. Si el jefe la viera haciendo esperar a los demás clientes se merecería una buena reprimenda, de manera que no le quedó otra que apresurarse al llamado.

—Espera… —dijo Sakura para sí al dar unos pasos y regresó sobre sus talones—. Lo siento, lo había olvidado, pero me temo que tengo que decirte que Syaoran-kun no vendrá hoy a cenar aquí —dijo con evidente pesar a la chica, quien alzó una ceja interrogativa—. Lo que sucede es que mañana tiene un torneo de karate y hoy no iba a entrenar para estar descansado para mañana, así que probablemente se fue temprano a su casa después de clases y no pasará por aquí.

—Oh… —la decepción de Naoko fue evidente, pero inmediatamente se repuso—. ¿Sabes en dónde será el torneo? Me gustaría ir a apoyarlo.

—En Tokyo… aunque no recuerdo bien el nombre del dojo —Sakura se mordió el labio.

—Lástima —suspiró Naoko—, porque sería maravilloso poder ver cómo…

—Lamento interrumpir tu amena charla con nuestra adorable clientela —llegó nuevamente Yuta de la nada, sobresaltándolos—, pero el hombre de la 6 ya parece un poco impaciente —señaló con la mirada al susodicho, quien tamborileaba con los dedos en la mesa.

—¡Enseguida! —Sakura pasó saliva—, con permiso…

—Lo siento —se disculpó Naoko con el mesero después de ver a Akira desaparecer como el rayo—, fue totalmente mi culpa.

—No se disculpe, y mucho menos conmigo —sonrió Yuta con su mejor gesto—. Sinceramente no puedo culparlo de prestar atención a una cliente tan linda como usted.

Dicho esto, Yuta también se disculpó y volvió a sus deberes, aunque no pudo evitar una sonrisa victoriosa al ver el rostro arrebolado de la bella jovencita de gafas:

Así es’, se felicitó dando de brincos internamente, ‘demuéstrales que Akira-kun no es el único galán en este restaurante.’

—————

Touya estaba francamente sorprendido al notar la cantidad de gente que había en el salón principal, admitiendo para sí que quizás había sido demasiado ingenuo al imaginar que ese tipo de eventos solamente atraían a un público muy reducido y especializado, pero la realidad era que ahí se encontraba a todo tipo de personas: desde aquéllas que solamente iban por curiosidad hasta los dueños de los hoteles y salones de fiesta más lujosos de Tomoeda. Incluso había escuchado que algunos empresarios importantes de Tokio estaban registrados para el evento, y la mayoría de ellos parecían ser clientes frecuentes del chef Sugawara

—¡Touya-kun! —esa voz la conocía—, ¡Qué bueno que viniste a verme!

—¿A verte? De haber sabido que tú también estarías aquí… —Touya bufó cuando sintió el peso de la mujer que se colgaba de su cuello, “atacándolo” desde la espalda.

—¿Cómo no iba a estar aquí? Fui yo quien lo organizó todo. ¿O a quién más crees que se le ocurrió la idea?

—¿En serio? No lo parece —aunque lo dijo en tono aburrido, aquello era algo que el joven no sabía, pues ciertamente no había esperado tan buena recepción a los asistentes y logística en general por parte de ella—. Akizuki-san… me estás ahogando.

—Es Nakuru para ti, mi querido Touya-kun. Na-ku-ru —ella le guiñó un ojo coqueto sin soltarlo ni aflojar su agarre.

Touya suspiró como pudo, aún con la garganta cerrada, y prestó atención al “escenario” dispuesto en el salón, en donde se habían instalado de la manera más eficiente 3 cocinas profesionales reducidas en espacio por cuestiones prácticas, pero perfectamente funcionales para cualquier necesidad que pudieran tener los participantes para crear sus mejores platillos. Por los altavoces se escuchó la dulce voz de una mujer:

—Su atención, damas y caballeros. “Catering Sugawara” agradece su presencia en este magno evento, en donde los mejores chefs de nuestra compañía se enfrentarán para crear un platillo original que pasará a formar parte de nuestro menú especial para eventos… —y así la amable voz invitaba a los asistentes a recibir a los 3 equipos conformados por 5 personas cada uno, desde ayudantes hasta chefs, quienes pasaron al escenario entre aplausos y muestras de apoyo.

—Ahí está Yukito —Touya visualizó a su amigo, quien era presentado como el líder del equipo 2 y pasaba a ocupar su lugar en la cocina correspondiente.

—Y allá está Fuutie. ¡Fuutie-chan! —sonrió Nakuru mirando a la líder del equipo 3, aunque por alzar una mano para tratar de llamar la atención de su amiga no se dio cuenta del momento en que Touya se liberaba de su abrazo.

—Oye, esto no es un parque de diversiones. Además, no te emociones tanto; no creas que tu amiga podrá ganarle a Yuki —se mofó Touya y Nakuru le regaló una sonrisa a cambio.

—Eso es lo que piensas, pero conozco a Fuutie: nadie puede contra un Li.

—Dices eso porque no lo conoces —Touya se encogió de hombros—, pero estoy seguro de que él se llevará el premio —habló, refiriéndose no sólo al incentivo económico, sino al diploma que resultaría muy benéfico para mejorar aún más el intachable currículo de su amigo.

—¡Ay, te ves tan lindo cuando eres así de competitivo! —Nakuru se colgó del brazo del varón, quien en ese instante lamentó no haberse escabullido a otra parte mientras la mujer había estado distraída.

Al otro lado del salón entre las cocinas predispuestas para ellos, un sonriente Yukito se acercaba a la nerviosa chef que estaba en la barra 3.

—Da lo mejor de ti, pero no te pongas demasiado nerviosa —le susurró—. Recuerda que lo más importante no es convencerlos a ellos, sino que tú misma estés convencida de que eres capaz de hacerlo.

—Gracias, creo que tienes razón, pero… —Fuutie sonrió tímidamente— ¿Por qué me ayudas, si se supone que somos contrincantes?

—Contrincantes, cierto, pero no enemigos —Yukito se encogió de hombros—, y para mí ganar es tan importante como ver a un amigo ganar, así que no me molestaré si en esta ocasión eres tú quien me derrota.

Fuutie se sonrojó ante esto, no pudiendo ocultar su grata sorpresa al escucharlo hablar de ella como de una amiga.

—Gracias, pero de todas formas tienes que prometerme que harás tu mejor esfuerzo, o no sería una victoria válida para mí.

—Tienes mi palabra de que haré todo lo posible por ganar, y espero lo mismo de ti —el rostro de Yukito adquirió un tono ligeramente rosado—. Además… he preparado una receta muy especial para hoy: se me ocurrió pensando en ti.

—¿Ah, sí? —Fuutie se sintió tan halagada como curiosa—, ¿y cómo se llama?

—Es el postre con el que pienso cerrar mi presentación con broche de oro, y no te puedo decir el nombre, porque es una sorpresa —le guiñó un ojo—, pero te aseguro que se trata de algo aún más importante para mí que ganar. No en vano tiene que ver contigo.

Esto bastó para que la china adquiriera un tono escarlata y quedara muda ante la dulce sonrisa que el hombre le obsequiaba antes de desearle la mejor de las suertes y partir hacia su lugar. ¿Cómo podía alguien decir semejante cosa y esperar a que pudiera concentrarse en su trabajo? ¡Al diablo con la presión del concurso! Ahora Fuutie Li tenía que poner todo su esfuerzo en hablar con su equipo sin tambalearse al sentir las rodillas como gelatina.

¿Por qué me hace esto?’ Fuutie se mordió el labio. Ese tierno hombre cada vez le volvía más difícil la tarea de seguir adelante con el plan de Eriol Hiragizawa.

—————

—Hey —una voz le erizó la piel cuando salió a dejar la basura al contenedor—. Tranquilo, soy yo.

—Ah, Syaoran-kun —Akira suspiró de alivio al volverse y ver al susodicho frente a sí.

—¿Terminando? —cuestionó en tono casual, con ambas manos en los bolsillos.

—Sí, casi —dejó las bolsas en el contenedor—, ¿qué haces aquí? Creí que hoy estarías descansando en casa para mañana.

—Sí, a decir verdad yo también lo creía —él se encogió de hombros—, pero resulta que descansar es lo último que puedes hacer con Meiling hermana merodeando por la casa.

—Entiendo —aunque Sakura hubiera querido pedirle que fuera un poco más paciente con su prima, con quien después de todo terminaría casándose. Sin embargo debía admitir que no podía forzarlo a sentir por la china lo que ésta sentía por él.

—Oye, si ya casi terminas y quieres, te espero. Creo que volveré más tarde a casa y de todas formas hoy ya no tengo pendientes, así que podemos hacer algo si tienes tiempo

—Bueno, no se me ocurre nada, pero podríamos dar un paseo —ofreció Sakura, feliz de poder pasar un buen rato con él—. Quizás caminando te distraigas un poco y puedas volver a casa más despejado para dormir.

Estando ambos de acuerdo, Sakura volvió a entrar para quitarse el uniforme y salió nuevamente vestida con la creativa indumentaria que Tomoyo había diseñado para su adorado Akira esta vez. Syaoran esperaba afuera de la entrada principal.

—A veces haces que me pregunte en dónde diablos consigues esa ropa —rió Syaoran y el mesero se sonrojó.

—¿Qué, hay algo malo con ella? —se contempló a sí mismo—, ¿se ve raro?

—Raro, sí, pero no mal —Syaoran se encogió de hombros—; simplemente es diferente, pero cada quien sus gustos.

Sakura asintió, pero no pudo evitar seguir pensando en ello. Tomoyo simplemente tenía un gusto único; era un buen gusto, pero aún así único, así que no podía imaginarse si un chico promedio realmente usaría ese tipo de vestimentas.

Así comenzaron a andar sin rumbo fijo, disfrutando de la cálida tarde estival. Todo esto en tranquilo silencio durante unos minutos, hasta que Akira inició la conversación:

—¿Estás nervioso por lo de mañana?

—No mucho —Syaoran meneó la cabeza—. He asistido a torneos de artes marciales desde que tengo memoria.

—¿Y crees que puedas ganar?

—Quizá, aunque en realidad el karate no deja de ser algo diferente de lo que he practicado toda mi vida. Dime, ¿haces o has hecho algún deporte?

—Sí, desde la primaria siempre estuve en el equipo de por… —se quedó congelada al final de la frase: ¡No podía decirle que era porrista!

—¿De qué?

—De… de —pasó saliva—… ¡De Fútbol! Me encanta el fútbol, jeje… —y volvió a ella esa terrorífica risita nerviosa gracias a la cual cualquier ser humano con una pizca de capacidad deductiva se daría cuenta de su mentira…

Afortunadamente para Sakura, Syaoran no era cualquier ser humano.

—¿Y ya no lo haces?

—No. Tuve que dejar el equipo para trabajar por las tardes —eso era cierto, así que no le costó trabajo decirlo, aunque Syaoran no parecía tener problemas creyéndolo. Al contrario, al oír esto, Syaoran quedó pensativo.

—Una amiga también tuvo que renunciar a su equipo para poder trabajar. Ella estaba en el equipo de porristas y sinceramente… creo que era muy buena en lo que hacía.

Akira se sonrojó de repente y sus manos comenzaron a sudar ferozmente.

—¿En serio? Y… —tragó saliva nuevamente—, ¿y quién es ella?

1: Te sudan las manos cuando estás cerca de él…”

—Sakura Kinomoto. Ya te he hablado antes de ella.

Nunca hubiera imaginado que él tuviera esa opinión de ella. No le había parecido así al conocerlo siendo “Sakura”; al contrario, más bien le había dado la impresión de que odiaba a las porristas (ella incluida). Además, ¿cuándo la había visto entrenar o presentarse? Ella no tenía noción de aquello.

—Y dime una cosa —prefirió cambiar de tema para no hablar de sí misma—. ¿Es muy distinto el karate de lo que practicabas en China?

—No mucho, aunque sí estoy acostumbrado a usar un poco más de patada. Creo que desarrollé más reflejos en las piernas que en las manos por la misma razón —pateó una piedra en el camino de manera casual—. Espero que mis oponentes no lo noten tan fácilmente.

—¿Te preocupa que se den cuenta?

—Un poco —pero se encogió de hombros—, aunque ganar o no, es algo que depende de más factores que eso.

Era transparente. Como pocas veces, Syaoran estaba revelándose sin mayor oposición, sin reservaciones. ¡Quién lo imaginaría! Sakura estaba fascinada con su franqueza.

—¿Más factores? ¿Como cuáles?

2: Mientras más lo conoces, más interés tienes por saberlo todo de él”

—La concentración, la condición física, la preparación… hasta el apoyo en las gradas puede llegar a ser un factor.

—¿Van a ir muchas personas a apoyarte? —siguió preguntando con creciente curiosidad.

—Sólo mi familia: Meiling y Fuutie.

—¿Por qué no invitaste a nadie más? Hubiera sido genial estar ahí para apoyarte.

—Pues será sábado por la mañana y todos estarán en clases, incluyéndote. Fuutie trabajará por la tarde para una cena o algo así, así que no hay problema con ella, y Meiling… —suspiró—, bueno, a ella simplemente no la pude convencer de lo contrario.

Sakura rió: eso no podía ser más cierto. La china tenía una voluntad férrea y más aún en todo cuanto se refería a su prometido.

—Está bien, pero no olvides una cosa —lo miró a los ojos y vio que él le prestaba toda su atención—: estemos donde estemos, todos tus amigos estaremos apoyándote desde nuestros lugares, así que da tu mejor esfuerzo, ¿sí?

Una sonrisa silenciosa se desperezó en los labios de Syaoran, estirándose lentamente.

—Gracias, no pienso olvidarlo.

3: … y su sonrisa te causa escalofríos en la espalda”

—Además, al menos estarán tu hermana y Meiling para animarte.

—Con esa clase de apoyo, creo que preferiría estar solo —ironizó entornando los ojos y a Sakura esto no le causó gracia.

—No digas eso. Sabes que Meiling sólo lo hace porque te quiere.

—Es muy fácil decirlo cuando no la tienes pisándote los talones 24 horas al día —silbó él ligeramente—. Si al menos tuviera algún botón de encendido y apagado…

—¿Y por qué no le dices que te deje un tiempo a solas?

—¿Crees que no lo he hecho? —Syaoran entornó los ojos nuevamente—, pero es imposible razonar con ella. A veces simplemente preferiría dejarla hablando y largarme de ahí.

—Sí, pero recuerda tu promesa: dijiste que ya no escaparías de las mujeres ni las lastimarías, y eso incluye a Meiling —le advirtió Akira—. También dijiste que serías más sincero con ellas.

—Ya sé, y no es nada fácil —la señaló con un dedo—, pero lo estoy intentando.

—Me alegra oír eso —y era verdad, porque saber que él se esforzaba en algo que le había costado tanto trabajo aceptar le llenaba de orgullo. Sabía que se necesitaba mucha fortaleza para admitir que se está en un error, pero se necesita aún más para intentar corregirlo.

4: No te importan sus defectos, pues tú lo aceptas tal como es”

Decidieron seguir por el camino del viejo puente que pasaba sobre el canal seco. Sakura sonrió sintiendo el cómodo silencio que se formaba entre los dos, disfrutando simplemente de una caminata en la noche que caía. La vista era muy agradable, a pesar de que el canal no ofrecía el mismo atractivo que antes. No obstante, su camino en los días de verano como ése volvía a ser marcado por un delicado hilo de agua delimitado por una vereda de fango y verde césped.

—Oye Syaoran, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Claro —él se encogió de hombros.

—Ese dije que tienes siempre contigo —señaló a su cuello, refiriéndose al objeto que había visto por primera vez en la playa, al verlo en traje de baño—, ¿Qué significa? Eso es chino, ¿no? —se refirió a la inscripción en él.

—Ah, esto… —Syaoran se sacó la cadena por encima de la cabeza y se la tendió a Akira—. Dice “Dios del Fuego”, era de papá.

—¿Dios del Fuego?

—Sí, es el guardián protector de la familia. Todos los cabezas de la familia lo han llevado consigo desde hace siglos. Papá mismo me lo dio en su lecho de muerte, justo antes de irse.

—Oh… entonces esto… —Akira miró el amuleto en su mano apreciándolo a detalle—, debe ser muy valioso para ti.

Syaoran sonrió y se encogió de hombros ligeramente cohibido, aunque no tuvo oportunidad de contestar cuando sucedió de repente: una sombra pasó deslizándose al lado de Akira, quien fue lanzado al segundo siguiente de un golpe hacia el borde del puente.

—¡Akira! —Syaoran vio en cámara lenta cómo el muchacho golpeaba una décima de segundo contra la baranda y sus gafas caían hacia el cauce fangoso, seguidas apenas un parpadeo después por el mismo Akira, quien con la fuerza del impacto se había doblado sobre el borde, perdiendo irremediablemente el balance para caer finalmente varios metros.

Un grito agudo desgarró la noche justo antes de ser apagado por un golpe seco.

———

—Felicidades —Touya recibió a su amigo con un abrazo cuando llegó hasta él. En sus manos se encontraba el diploma como ganador del concurso de chefs y en su rostro portaba la sonrisa triunfal que desde un inicio su mejor amigo había esperado ver en él.

—Gracias, no sé por qué siempre confías en mí, pero es una gran ayuda que lo hagas… —Yukito se interrumpió al darse cuenta de que estaba siendo grabado por el lente de la cámara que Nakuru portaba con una mano.

—Vamos, no te detengas. ¡El amor entre hombres es taaan bello!

—¿De qué rayos hablas ahora? —gruñó Touya con una mirada fatal y una vena marcada en la frente.

—Creí que te gustaba Touya —Fuutie frunció el ceño hacia su amiga, confundida.

—Claro, ¡pero verlo tan cariñoso con Yukito le da un excelente plus de ternura a su sexy hombría animal!

—¿Cariñoso? ¿Acaso te has vuelto…?—la vena de Touya creció—. ¿Y a quién le dices “animal”?

—Me refiero a tu naturaleza indomable —Nakuru le miró de una manera que le hizo pasar saliva. Parecía una loba hambrienta de carne fresca.

Yukito rió viendo al par sumirse en una nueva discusión, de la cual aparentemente Touya era el único consciente, y se volvió hacia Fuutie, quien contemplaba con ojos incrédulos a los mismos dos:

—Felicidades, tú también lo hiciste muy bien.

—No me puedo quejar —ella miró su reconocimiento también—. Un segundo lugar no es tan malo. Además, ambos sabemos que fuiste el mejor.

—Sinceramente, creo que el punto decisivo me lo dio el “Beso de Fuutie”, así que quizá debo decir que te lo debo todo a ti —habló refiriéndose a su platillo maestro: el postre cuyo nombre había dedicado a la encantadora china que en ese justo momento se sonrojaba como cereza frente a él.

—Yo… —Fuutie sintió que se atragantaba con su propia saliva—. Muchas gracias, aunque no comprendo por qué le pusiste ese nombre.

—Bueno… —Yukito sonrió con cierto anhelo—. Quise hacer algo que fuera dulce pero no empalagoso, y tan suave que se sintiera como una caricia en tu lengua y paladar. Y espero que no te moleste que diga esto, pero así imagino que se debe sentir besarte.

—¿Qué? —Fuutie lo contempló con ojos desorbitados.

—Lo siento, soy un cursi empedernido; Touya siempre me lo dice —Yukito se removió el cabello de la nuca, apenado—, y discúlpame si te incomodo con esto. A veces hablo un poco de más.

—¡No te disculpes! Yo…

—A veces Yukito actúa como todo un caballero con disposición natural al amor, pero definitivamente Fuutie es muy inexperta. Al final, los dos terminan pareciendo dos niños flirteando —susurró Nakuru al oído de Touya (de cuyo cuello se había colgado nuevamente en medio de la “discusión”), pero el ceño del varón sólo se intensificaba mientras veía a su amigo.

¿Qué haces Yukito?’ Touya apretó la mandíbula. Por más que su amigo estuviera “enamorado” de esa mujer (o al menos eso decía el hombre de lentes), a él no le convencía ella, pues su intuición le decía que había algo que Fuutie estaba escondiéndole a Yukito. Por otra parte, a leguas se notaba que el sentimiento que su amigo profesaba por la china era correspondido. Entonces, ¿por qué se mostraba tan reacia a darle el sí aceptar ser su pareja?

—Bueno, ¿qué les parece si vamos a celebrar? —propuso Nakuru a los 3—. ¡Vamos, yo invito!

—Yo… —Touya iba a responder cuando de pronto una extraña sensación en el pecho le hizo contenerse de hacerlo—. Sakura…

—¿Qué pasa, Touya? —Yukito lució preocupado al ver cambiar el gesto del moreno.

—Sakura —Touya frunció aún más el ceño ante el presentimiento que llegaba hasta él. Era una extraña opresión que le hacía pensar inmediatamente en su hermana. No era la primera vez que la sentía. Algo similar le había ocurrido aquel día de año nuevo en que su padre había salido para nunca más volver…

—¿Qué sucede Touya? —Yukito insistió, pero la única respuesta que obtuvo a cambio fue la mirada consternada que reflejaban los oscuros ojos del transformado varón.

—¿Touya? —Nakuru se unió a la preocupación del hombre de cabellos cenizos, pero ambos sólo pudieron ver como el aludido sacaba su teléfono móvil para hacer una llamada infructuosa, pues aparentemente nadie contestó al otro lado de la línea.

—Lo siento, tengo que irme —se disculpó de pronto el trigueño, y su respuesta a otra pregunta de su amigo fue—. A casa, a esperar por Sakura.

—¿Acaso…?

—Ni siquiera lo pienses, Yuki, ella tiene que regresar.

————-

Sakura no vio más que negrura ante sus ojos. Una presión en todo su cuerpo agobiaba su piel, próxima a quebrar sus huesos. De pronto se dio cuenta de que no podía respirar y el golpe había sacado todo resto de aire de su pecho comprimido. Poco a poco fue tomando conciencia de lo que estaba pasando y de lo que recién acababa de suceder.

Había caído. Recordaba su propio grito mientras el cielo y la tierra cambiaban de posición ante sus ojos. Recordaba haber sentido el corazón en la garganta y el viento en sus oídos justo un instante antes de… eso.

¡Akira!”

¡Syaoran!’ había sido la única palabra en su cabeza al sentir dos fuertes brazos rodeándola y apretándola enérgicamente en el aire. Ni siquiera tuvo oportunidad de preguntarse qué sucedía cuando su mundo volvió a girar nuevamente y el golpe llegó.

No, el verdadero golpe nunca llegó.

—¡Syaoran! —abrió los ojos de pronto y se dio cuenta de que estaban en el canal. Sólo entonces notó que no estaba en el suelo del riachuelo, sino encima del chino, quien continuaba tendido e inmóvil.

—¡Syaoran, despierta! —la imagen del chico yaciendo ahí provocó una estocada en su pecho. Ni siquiera percibió sus propias lágrimas escurriendo por sus mejillas—. Por favor, Syaoran… —tomó el rostro masculino entre sus trémulas manos y lo acercó a su pecho, entregando todo su dolor y sus más desgarradas súplicas en ese frenético abrazo.

5: Intercambiarías lugares con esa persona si le vieras lastimada o triste, pues preferirías ser tú quien sufriera en vez de ella”

—Sa… Saku… Sakura —su voz, apenas un quejido, manó con debilidad de entre sus labios.

“… Si dice tu nombre te quedas sin aliento…”

—¡Syaoran! —se separó de él al instante para corroborar que era realmente él y no su imaginación.

—¿Sa…Sakura? —él abrió lentamente los ojos y la miró dubitativo por un momento, hasta que parpadeó y su semblante pareció un tanto decepcionado—. Ah… Akira-san…

—¿Estás bien? ¿Qué te duele?

—Estoy bien, sólo…

—¡No te muevas! —demandó al ver que él intentaba incorporarse, aunque no fue necesario repetirlo: él mismo se quedó rígido como una piedra, apretando los músculos faciales como si quisiera evitar gritar de dolor.

—Mi… pierna —arrugó el entrecejo.

Sakura miró en la dirección que él señalaba, hacia su pie izquierdo, y trató de recorrer la bastilla del pantalón, pero se abstuvo cuando lo vio respirar con fuerza, ahogando más dolor tras su expresión. Asustada miró a su alrededor y vio las paredes que conformaban la rivera del canal. Jamás lograría subir esos muros inclinados y sacar a Syaoran de ahí sola.

Necesito ayuda’ miró esta vez hacia arriba y vio a un muchacho asomando la cabeza desde el puente. ‘¡Gracias a Dios!’

—¡Por fav…! —y apenas iba a suplicar por ayuda cuando el joven salió disparado—, ¡Oye!

No, no podía irse y dejarlos así. Ella no podía permitirle abandonarlos ahí.

Quizá él estaba tan asustado como ella, pero al parecer era su única posibilidad de salir pronto de ahí y por todos los cielos que no la desperdiciaría.

—Por favor, no te vayas a mover —pidió a Syaoran—. Volveré enseguida.

No fue difícil trepar ella sola hacia arriba, aunque ni siquiera supo cómo lo hizo. Lo importante es que alcanzó a ver el manchón blanco que penetraba en los arbustos al final del puente. Debía ser él, así que lo siguió apenas se hubo apeado en el borde.

La vegetación no era muy espesa y la luz de la luna era suficiente para alcanzar a distinguir el borrón blancuzco que se desplazaba entre los árboles, así que ella aceleró su carrera.

—¡Por favor, ayúdanos! —gritó y lo vio volver la cabeza, pero lo que más le sorprendió fue ver el gesto de terror que él hizo al mirarla.

—¡Detente por fa…! —y entonces lo comprendió: ‘es él’. Era el muchacho que le había lanzado hacia la baranda después de arrebatar el amuleto de Syaoran de sus manos.

Una oleada de pánico se abalanzó sobre ella, pero su cuerpo continuó corriendo hacia él impulsado por alguna fuerza aún mayor que el saberse cerca de alguien que momentos antes casi la mataba.

—¡No! —gritó sin pensarlo, no sabiendo si para él o para sí—, ¡Detente! Por favor… —aún no sabía bien qué hacía. Sus pensamientos eran un embrollo, a excepción de una sola cosa:

—Por favor —repitió—… te necesito.

La mancha blanca se detuvo en un punto muerto y ella lo hizo a una distancia prudente, con la cabeza hecha un remolino, aunque una parte de ella estaba aliviada de haberlo logrado.

Casi la mataba. De no ser por Syaoran probablemente ella estaría tirada e inconsciente, quizá incluso muerta de un solo golpe en la cabeza.

¿Por qué?’ pero más importante: ‘¿Qué hago ahora?’

—Por favor… —suplicó una vez más—, tú no eres un asesino, no actúes como uno.

—Yo no quise… —finalmente escuchó su voz temblorosa.

—Te creo, te creo… —no sabía por qué, pero sentía que era verdad—, pero él está herido.

—Yo no… —el muchacho, de apenas unos 13 años, parecía al borde del colapso. Incluso Sakura se dio cuenta de que aún era muy pequeño en estatura.

—Pero lo hiciste… y aún puedes hacer algo para remediarlo. Por favor, ayúdalo.

—¿Qué… qué puedo hacer?

Sakura se dio entonces cuenta de que no estaba siendo realista: entre ese chiquillo y ella jamás lograrían sacar al hombretón de más de 1.80 m que era Syaoran. Probablemente sólo lograrían lastimarlo más si no actuaban correctamente.

—Pide ayuda —dijo finalmente al ver su gesto ansioso—. Una ambulancia, pide que vayan al puente. Por favor, no sé qué tan lastimado esté.

El niño miró su mano derecha, que aún apretaba con fuerza el dije que había arrebatado a Sakura antes de empujarla. Lentamente avanzó hacia ella y se lo dio.

—Te escuché decir que era valioso y creí… —el niño rompió en llanto—, ¡lo siento!

—Si es así no vuelvas a hacerlo, por favor —suspiró, rendida y mortificada por el chino que había dejado atrás y aún por el chico que se carcomía por la culpa frente a sus ojos—. No sé para qué necesitas el dinero, pero ésta no es la forma. Nada vale más que una vida humana.

—¡Perdón! —el jovenzuelo continuó llorando. A Sakura le partió el corazón ver al pequeño derrumbándose así frente a ella, pero no podía apartar al herido Syaoran de su cabeza. ¿Qué tal si la necesitaba mientras ella estaba allí, lejos de él? Después de todo, ¡Lo había dejado ahí tirado!

—Si eso es verdad, por favor busca ayuda pronto. No te disculpes conmigo, hazlo con él, pero sálvalo primero —le rogó con lágrimas en los ojos.

El chico pareció entenderla esta vez y sacó rápidamente de su bolsillo un teléfono sencillo por el que marcó en un santiamén el número de emergencias.

Qué idiota…’ Sakura casi sintió ganas de darse de topes, ‘¿por qué no se me ocurrió eso antes?’ Definitivamente su cabeza no funcionaba bien bajo presión. Sin embargo, al sacar de su bolsillo su propio teléfono se dio cuenta de que éste tenía la batería desacomodada a raíz de la caída, por lo que se encontraba apagado, pero eso ya no importaba realmente, pues la ayuda no tardaría en llegar. Ahora lo importante era regresar con Syaoran.

—Yo… volveré al puente —suspiró y el chiquillo asintió mientras se comunicaba con la operadora. Sakura trotó a paso veloz el camino de regreso, no sabiendo cuánto tiempo había pasado Syaoran solo y si su estado había empeorado o no.

Debe sentirse angustiado’ pensaba en tanto que aceleraba el paso. Al aproximarse ya estaba corriendo a toda velocidad, concentrándose solamente en una cosa: encontrarlo sano y salvo. Todos sus sentidos se enfocaron en el muchacho de ojos color ámbar.

Aunque lo que vio en la base del puente la hizo detenerse en seco.

—Syaoran —dijo apenas en un susurro al verlo recostado contra el puente, exhausto—, ¿cómo…? —“¿Cómo subiste?” era la pregunta, pero estaba tan atónita que no consiguió formularla. Miró nuevamente el canal y estimó la altura de la rivera una vez más: tenían que ser al menos unos tres metros, los mismos que habían caído.

—Estabas tardando mucho —fue su respuesta natural.

—Pero tu pierna…

—Sí, me di cuenta de que no podía continuar, además de que ni siquiera sabía hacia dónde te habías ido, así que me quedé aquí.

—Pero… ¿estás loco? Estás lastimado —se acercó finalmente a él y esta vez se dio tiempo de revisar su pierna levantando con cuidado el pantalón. Syaoran sonrió y le tendió una mano.

—Los dejaste allá abajo, aunque están tan rotos que necesitarás otros.

Eran los lentes de Akira. Sakura ni siquiera se dio cuenta de que los había perdido. Sólo en ese momento notó también otra cosa: con el susto había olvidado actuar como el varón y ni siquiera estaba fingiendo la voz. Carraspeó enseguida y regresó a ser Akira, esperando que con la exaltación Syaoran no se hubiera dado cuenta.

—Eh… gracias —titubeó—, pero no debiste subir con la pierna así.

—¿Qué me dices de ti? —Syaoran no dejó pasar por alto el amuleto que ella tenía en la mano y lo tomó sin previo aviso—. Al menos yo no corrí detrás del tipo que intentó matarme por un pedazo de bronce —la miró con severidad. No, no era eso…

Era preocupación. Syaoran había temido por ella, por eso había salido de aquel agujero a rastras, por eso había terminado rendido y frustrado, impotente junto al puente, y era este temor y esta frustración lo que se reflejaba en una profunda consternación que oscurecía el hermoso ámbar de sus ojos, cuya visión la dejó sin aliento.

6: Cuando él te mira, tu mundo se detiene y te das cuenta de que podrías permanecer horas hundiéndote en sus ojos”

—Perdón, no quise preocuparte.

Él pareció sorprendido por una fracción de segundo, aunque luego sus facciones se relajaron en un atisbo de sonrisa que prefirió no expresar por completo. Pasó una mano sobre el cabello despeinado de Akira y lo revolvió un poco más en un gesto juguetón.

—No te queda el papel de héroe. Eres muy débil e ingenuo para esas cosas, así que no se te ocurra volver a hacerlo —sus labios se estiraron en una sonrisa burlona.

—¡Hey, eso no es cierto! —protestó Sakura, azorada pero feliz de ver que su sentido del humor regresaba, señal de que todo saldría bien—. ¡Mira, incluso recuperé tu “Dios del Fuego”!

Y lo más importante cuando se quiere de verdad a alguien. 7: Verlo feliz te hará siempre feliz…”

Syaoran miró el amuleto una vez más y se lo puso nuevamente. Luego observó de reojo a un más relajado Akira. ‘Lo importante es que volviste bien’ fue lo que optó no decirle a su impulsivo y descuidado amigo. Sobre todo sabiendo que lo que había sucedido bajo ese puente había terminado por cambiar muchos engranes oxidados dentro de él.

—————

Sakura cruzó la reja del jardín y anduvo a paso lento el camino hasta la entrada de la casa, cuya puerta no tuvo que abrir, siendo esta acción realizada por su hermano, quien la miró con cara de pocos amigos. Sakura sabía muy bien que detrás de ese ceño se escondía la más sincera mortificación filial.

—¿Qué horas son éstas de llegar, monstruo?

—Creo que son como las 10:30 —susurró ella sin levantar la cabeza, con la voz más apagada que el candil de la calle que titilaba solitariamente, próximo a fundirse.

—¿Qué pasó, Sakura? —preguntó Touya, esta vez con voz suave. Sakura pasó y se cambió los zapatos por un par de cómodas pantuflas que, sin embargo, no disminuyeron el peso que sentía a cada paso.

—Prefiero no hablar de eso, hermano —y era la verdad. Sakura no quería hablar de cómo una ambulancia había tenido que llevarse a su amigo al hospital después de haber caído por el puente para salvarla. Tampoco quería contarle cómo la habían asfixiado la angustia y el aroma aséptico del lugar mientras esperaban los resultados de los exámenes para desechar heridas más graves y a que Syaoran fuera finalmente vendado e inmovilizado tras determinar que había sufrido un esguince de segundo grado en el tobillo.

—Sakura… —un inquieto e impotente Touya la miró avanzar por el pasillo hacia las escaleras—. ¿No piensas cenar?

—No tengo hambre, gracias —Sakura intentó sonreír a su hermano, pero no lo logró—. Buenas noches.

—Buenas noches —suspiró Touya comprendiendo que probablemente lo mejor sería no agobiarla con preguntas—. Descansa, monstruo.

Sakura dio una ligera cabezadita y subió las escaleras hacia su recámara en silencio, pensando en la cara de angustia que había visto en Meiling cuando ella, Fuutie y Wei fueron a recoger a Syaoran, quien a falta de muletas había tenido que moverse con ayuda de su preocupada prima de la silla de ruedas (propiedad del hospital) al automóvil. Pero quizá lo que más magullaba su corazón eran las palabras de una triste Fuutie al ver a su hermano en semejante estado:

Supongo que tendremos que olvidarnos del torneo de mañana”

Y todo por mi culpa’ una vez en su habitación, Sakura se recostó sobre el colchón, siendo rápidamente alcanzada por su fiel mascota.

Pensó en Tomoyo, a quien también había tenido que molestar para que fuera a recogerla al hospital a fin de que pudiera quitarse el disfraz como siempre lo hacía en su casa. Y finalmente Touya, su preocupado hermano. ¿En qué punto se había convertido en una carga para todas esas personas?

Pero eso no era lo peor, ni lo que más preocupaba a Sakura, quien se mordió el labio y acarició al curioso gatito que contemplaba con sus dorados ojos una lágrima que rodaba perezosamente por la mejilla de su ama.

El puente. En su cabeza resurgió cada escena sucedida en el puente y bajo él, cada sentimiento que había experimentado durante esos larguísimos minutos, desde que sintió una mano arrebatándole el dije, hasta el momento en que preguntaba a los paramédicos si podía subirse con ellos a la ambulancia para acompañar a Syaoran.

Recordó la sonrisa de Syaoran, ese “no te preocupes” tan confidente mientras el doctor le inmovilizaba la pierna.

Luego se estrujó su corazón al remembrar el festival escolar y el temblor que se había apoderado de su cuerpo al momento de acercarse a besar la mejilla de su querido amigo. Ese escalofrío se había quedado grabado en su piel, aunque en aquel momento no había podido comprender por qué un inocente beso a un buen amigo le ocasionaba reacciones que hasta ese momento desconocía. Reacciones incomprendidas…

Hasta esa noche.

—Kero-chan… —suspiró centrando su mirada acongojada y confundida en el felino—, creo que… creo que me enamoré de Syaoran.

(1) Paletas de natación. Para quien no las conoce, son accesorios que se colocan en las palmas de las manos para crear más resistencia y “jalar” más agua. De esta manera se perfecciona la brazada y se fortalecen los brazos.

Notas de la autora. Finalmente llegó el capítulo del “dichoso dije”. A decir verdad, la escena del puente la tenía escrita desde el capítulo 7, aproximadamente. Y después de la controversia que se armó respecto a la apuesta de Tomoyo y Eriol, en donde 18 personas opinaron que Syaoran sería el primero en darse cuenta de sus sentimientos, 6 pensaron que sería Sakura la primera y 2 opinaron que un empate sería lo mejor, creo que este capítulo responde a la pregunta de quién ganaría la dichosa apuesta… ¿o no?

Pero les tengo malas noticias para el próximo capítulo: nuevamente hay un corazoncito roto por ahí. ¿De quién será esta vez? Veamos quién adivina.

A todos muchísimas gracias por su apoyo. Les deseo lo mejor en estas semanas (un feliz puente para mis paisanos mexicanos) y nos vemos próximamente.

Ja ne!