13. Un festival muy singular

—¿Les gustaría convertirse en detectives por un día? —una alegre Meiling preguntaba a los distraídos estudiantes que pasaban por ahí en su tránsito por los adornados pasillos durante el festival escolar.

—¡Pasen! En sus manos está descubrir al asesino —invitaba con voz exaltada y algunos muchachos no podían evitar acercarse a ella, vencidos por la curiosidad.

—¿De qué se trata? —preguntaron 2 chicos a la muchacha vestida en un kimono.

—En este pueblo se ha cometido un crimen terrible —explicó Meiling con un fingido rostro trágico—, y la policía ha conseguido reunir a todos los sospechosos, pero solamente con la ayuda de un detective muy astuto podremos encontrar al verdadero asesino de la hija del alcalde. ¿Acaso lo lograrán ustedes?

—¿Y cómo se supone que tenemos que encontrarlo? —interesado en el concepto, uno de los chicos alzó una ceja.

—Allí dentro —Meiling señaló el interior del salón— están todas las pistas que se encontraron en la escena del crimen, y además contarán con 5 minutos para interrogar a cada uno de los 5 sospechosos —explicó con tono misterioso—. Si logran descubrir al verdadero culpable, ¡se llevarán el gran premio!

—¡Ah! Es como esos juegos de mesa, pero con personas reales y… —comentó uno emocionado.

—¡Y como la serie de…!

—Sí, exacto, como todos ésos —Meiling entornó los ojos—, mejor entren de una vez y véanlo por ustedes mismos —los metió a empellones tras las cortinas que daban entrada al salón y se sacudió las manos satisfecha.

—¿Problemas? —se acercó Tomoyo portando un kimono parecido al de ella y una amplia sonrisa.

—¡Uff! No sé por qué tienen que hacer tantas preguntas. ¿No pueden simplemente entrar y averiguarlo por sí mismos? —meneó la cabeza.

—Es porque nadie más tiene este concepto —le guiñó un ojo—. De hecho, yo tampoco lo había visto en festivales anteriores, así que podemos decir que nuestra delegada esta vez tuvo una idea muy original.

—Tienes razón —admitió Meiling—, y eso ha traído mucha gente al salón. Me pregunto cómo le irá a Xiao Lang… —suspiró lanzando una mirada a la cortina y deseando poder ver a través de ella.

—… y a Sakura-chan —susurró Tomoyo para sí. Ambos jóvenes, así como Yamazaki y otros 2 compañeros del salón, eran los 5 sospechosos del “caso”. Cada uno tenía un personaje definido y perfectamente desarrollado y ensayado por todo el grupo de manera que pudieran responder sin problemas a cualquier pregunta que se les hiciera.

—Xiao Lang lo hará muy bien, estoy segura —meditó Meiling—, igual que ese mitómano de Yamazaki, pero la que lo puede arruinar todo con su torpeza es Kinomoto.

—No lo creo —rió Tomoyo con aire misterioso—. Te sorprendería ver lo buena actriz que puede llegar a ser Sakura-chan cuando se lo propone.

————-

—¿Cómo vas? —saludó cruzando la cortina que los separaba. La tela estaba dispuesta entre paneles de tabla-roca acomodados a manera de cubículos a lo largo y ancho del salón para dar mayor libertad a los curiosos “detectives” de interrogar en solitario a los sospechosos.

—Pues esto parece más interesante de lo que había imaginado —confesó Syaoran ladeando la cabeza.

—Rika dice que ya podemos descansar. Los otros 5 ya están listos para tomar sus lugares —sonrió Sakura aliviada y moviendo la cabeza de un lado a otro para relajar el cuello después de haber tenido que pasar por tantas entrevistas y hacer uso de sus “dotes” histriónicos durante el transcurso de la mañana.

—Entonces iré por un poco de agua. Hace horas que tengo sed —Syaoran se puso de pie y Sakura decidió seguirlo, pues ella se sentía igual.

—Los del C hicieron una cafetería. ¿No te gustaría un té helado? —sugirió la castaña intentando desembarazarse de su kimono en vano—. Tengo muchísimo calor…

—Sí, estos trajes son un sauna —Syaoran miró su propio traje: una yukata. Era lo malo de que su clase hubiera decidido ambientar el crimen en el siglo XIX, con kimonos pesados y calurosos. No podía evitar sudar aún estando sentado.

—Pero son muy lindos —observó Sakura mirando su traje con fascinación mientras llegaban al salón marcado como “2-C”—. Además, me encantan los claveles —sonrió contemplando con anhelo los diseños florales en la tela—. Me recuerdan a mi mamá (1).

Syaoran la observó con atención. La felicidad con la que Sakura hablaba de su difunta progenitora era algo que aún le costaba trabajo creer. Sus ojos brillaban con un fulgor especial y su sonrisa irradiaba un no-sé-qué que le robaba el aliento.

—Viéndote así nadie pensaría que eres la asesina de la pobre Fuuko —bromeó y Sakura casi se asustó por el comentario, oteando a su alrededor para comprobar que nadie lo hubiera escuchado.

—¡Shhh! Se supone que nadie debe saber eso, ¡o no se interesarán en participar para descubrirlo! —habló en un tono quedo.

—¡Uhm, perdón!

—¡Bienvenidos! —una estudiante del salón en el que estaban se acercó a ellos y los acompañó a tomar una mesa para pedirles su orden. Sakura pidió una bebida con una bola de nieve flotante y Syaoran se limitó a pedir un té helado. A continuación la joven se alejó con su orden, dejándolos nuevamente a solas.

—¿Crees que nos haya escuchado? —Sakura hizo un gesto preocupado.

—No —contestó él tranquilamente—. Por cierto, ¿a ti no te hicieron preguntas raras durante las “entrevistas”? Me refiero a cosas que no tuvieran que ver con el personaje…

—¿Raras? —ella arqueó una ceja—. ¿Como qué?

—Raras, como… —él titubeó, incómodo— si te gustan los gatos o las películas románticas, o cuál es tu platillo favorito…

—No —Sakura lo miró como si estuviera hablando de un engendro nacido de la cruza de una serpiente con un jabalí—. ¿A ti sí?

Syaoran se encogió de hombros. Era obvio que sí. Ella rió.

—¡Qué chistoso! Creo que cualquiera sabría que no te gustan los gatos ni las películas románticas… ¡y te encanta el oyako-don (2)! —soltó una carcajada, ajena al rostro descuadrado que ponía el chino.

—¿Y tú… cómo sabes eso?

—Pues porque odias a Kero y cuando vas al cine no… —se quedó a media frase, recapacitando. Syaoran no había ido jamás con “ella” al cine, de manera que ella, Sakura, no tenía por qué saber ese tipo de detalles. Peor aún: ¿cómo explicaría que había notado la inusual satisfacción y frecuencia con que el chino pedía oyako donburi en el restaurante donde Akira trabajaba?

—¿Sakura? —Syaoran frunció el ceño al notar que la chica se espaciaba. Ella brincó en su lugar al escuchar su nombre

—¡Ah, etto… creo que lo demás lo deduje! —lanzó una sonora risita nerviosa que asustó al ambarino.

—Pobre Sakura-chan. No es precisamente la persona más deductiva en esta escuela… o siquiera en esta aula —susurró dulcemente una voz al otro lado del salón.

—Pero Syaoran-kun seguramente se tragará el cuento —sonrió el sujeto a su lado—. Por cierto, ¿cuándo crees que se den cuenta?

—¿A qué te refieres? —Tomoyo simuló demencia, pero la mirada que él le devolvió demostraba claramente que ambos estaban pensando en lo mismo. Entonces suspiró para admitirlo finalmente—. Conociéndola, esto podría demorar siglos. Supongo que todo estará en manos de Li-kun.

Eriol alzó una ceja.

—¿En manos de Syaoran-kun? Si fuera así, sería una causa perdida —sus ojos brillaron con picardía.

—No creo que pueda ser más despistado que Sakura-chan —Tomoyo entornó los ojos. Ambos estaban ahí por la misma razón y ésa era la pareja de castaños sentada en la mesa junto a la ventana.

—Si eso es lo que piensas, entonces… —la mueca risueña de Eriol se extendió—, ¿qué te parece una pequeña apuesta, estimada Daidouji?

—¿Una apuesta? —su mirada se volvió interesada y suspicaz.

—¿Quién crees que será el primero de los dos en darse cuenta de sus propios sentimientos? —Eriol lanzó la pregunta y Tomoyo tuvo que luchar por contener una carcajada para no llamar la atención de los susodichos.

—Puedo asegurarte que será Li-kun.

—¿Lo crees?

—Con los ojos vendados —alzó la barbilla, orgullosa de conocer mejor que nadie el incorregible despiste de su amiga.

—Entonces yo apuesto que será Sakura-chan. ¿Qué sugieres que haga el perdedor?

—Si pierdes… —los ojos de Tomoyo brillaron casi con placer maquiavélico—, cantarás en un ensayo del coro… frente a todos los miembros.

—De acuerdo —Eriol no titubeó—. En cambio, si yo gano, tú vendrás a entrenar un día con el equipo, a las 6 de la mañana.

—Trato —Tomoyo le tendió una mano que el inglés no solamente apretó para sellar su apuesta, sino cuyo dorso besó.

¡CRASH!

—¡Ay, lo siento! —la chica que atendía a Syaoran y Sakura se disculpó cuando su charola cayó al piso junto con la bebida de Syaoran. Sólo el delicioso helado de Sakura se había salvado del accidente, pues ya había sido servido en la mesa dos segundos antes de que sucediera.

—No te preocupes —el chino se movió de su asiento para agacharse a su lado y ayudarla a recoger las piezas más grandes del vaso hecho añicos.

—G-gracias —la estudiante pasó saliva y se sonrojó visiblemente ante su presencia.

—No hay de qué. Tengo un amigo que trabaja de mesero y me he dado cuenta de que es más duro de lo que parece a simple vista —él se encogió de hombros y ambos se pusieron de pie.

—Enseguida traeré una escoba y un trapeador para limpiar esto —la muchacha hizo una inclinación de cabeza y entonces se llevó una mano a la boca, avergonzada—. ¡Tu yukata! Lo siento, yo…

Syaoran siguió la mirada que ella dirigía a su vestuario y notó que había quedado salpicado con enormes gotas en la parte más baja. No comprendió la reacción de la chica, pues realmente casi no se veían, además de que no eran más que gotas de té.

—No te preocupes —se llevó una mano a la nuca—, no es gran cosa…

—¡Pero era una yukata preciosa! Y ahora quedará manchada por mi torpeza…

—Oye, de verdad que no… —Syaoran comenzó a sudar, confundido por el drama femenino ante sus ojos. Sakura parpadeó a su lado, no menos extrañada que él. Expresiones similares cruzaban sus rostros atónitos.

—Claro que sí, es mi culpa… —ella se mordió el labio—. Se veía tan perfecta en ti… —suspiró—. Ahora entiendo por qué el verde es tu color favorito, pero por mi culpa esa mancha…

—¿Mi color favorito? —Syaoran alzó una ceja, dejando de escuchar la interminable apología. Se volvió entonces hacia Sakura, desconcertado—. No sabía que tuviera un color favorito. ¿Te parece que uso muchas cosas verdes, o por qué lo dirá?

—Entonces… —al otro lado del salón los ojos de Tomoyo no daban crédito a lo que veían. Sin voltear a ver a su acompañante, le habló en un ahogado susurro—. Por pura curiosidad: ¿cuánto nadan en una sesión?

—Depende. Pueden ser 4 o 5 kilómetros —contestó Eriol ecuánime mientras el color níveo de la joven a su lado se tornaba diáfano ante su respuesta.

——

—¡Argh, estúpida Kinomoto! —rugió Meiling afuera del salón de 2-C. Ser testigo presencial de la facilidad con la que fluía una conversación de la mencionada con su primo le revolvía el estómago.

—¡Maldito Takumi… ¿en dónde rayos se metió? —castañeó los dientes mirando en todas direcciones hasta que vio la figura que buscaba aparecer por el pasillo—. ¡Ah, al fin apareces! ¿En dónde diablos estabas?

—¡Lo siento! Hubo un problema en nuestro puesto y no pude salir hasta que estuvo arreglado —se disculpó él—. Te dije que me tocaba ser el encargado de…

—Me vale un cuerno si eres el encargado de vigilar la tumba del emperador Puyi (3) —vociferó ella—. Ahora, gracias a ti, ellos ya casi terminan una cita en ese maldito salón. ¡Míralos!

—Ah… Kinomoto-san se ve tan hermosa con ese kimo…

—¡No me refería a eso, idiota! —Meiling cortó el arrobamiento de Takumi con una sonora palmada en la nuca del muchacho—. ¿No te das cuenta de que no dejan de flirtear entre sí? Si sigues así de lento, él te la va a quitar —advirtió.

—Después de lo que pasó en la fiesta, cualquier gusano le gustaría más que yo —Takumi dejó caer los hombros, frustrado.

Nuevamente la mano femenina golpeó su nuca.

—¡Oye! ¿por qué fue eso?

—Primero, no hables así de Xiao Lang —bufó—. Segundo, no te rindas tan fácilmente. Si sigues el plan como lo pensamos, todo saldrá bien. Sólo concéntrate en no arruinarlo todo esta vez.

—¿Y cómo se supone que lo voy a hacer? —gruñó el otro enfrentándola con la misma mirada fulminante que ella portaba—. Se supone que tenía que encontrarla en tu salón, pero ahora está con el idio… —carraspeó para corregirse—, con tu primito, y no va a… ¡Ah, ya vienen! —le dio un ataque de pánico—, nos van a descubrir…

—A situaciones desesperadas, medidas desesperadas —Meiling meneó la cabeza—. Sólo enfócate en seguir el plan a partir del punto 2, ¿quieres?

—¿A partir del punto 2? ¿De qué estás…? —entonces lo inesperado pasó y la china le dio una tremenda patada en el estómago que lo dejó sofocado y le hizo tambalear aturdido hasta tropezar con la primera persona que se cruzó en su camino. En apenas dos segundos Meiling desapareció de su vista.

—¡Takumi senpai! —fue la melodiosa voz de Sakura lo primero que escuchó—. ¿Estás bien? No, no hables —pidió al ver el trabajo que le costaba tragar un poco de aire—. Syaoran-kun, hay que llevarlo a la enfermería.

—Sólo está sofocado. Estará bien —dos ojos ambarinos lo atravesaron como las brasas al papel.

—Pero hay que ayudarlo —Sakura lo miró con súplica en sus bellas esmeraldas y el chino suspiró derrotado.

—Está bi…

—¡Así que aquí estabas, Xiao Lang! —la chillona voz de Meiling, quien de la nada apareció justo detrás de ellos, lo interrumpió e incluso le hizo dar un pequeño salto en su lugar—. Llevo media hora buscándote para ir a comer algo y tú perdido con Kinomoto…

—Sólo tomamos algo para refrescarnos —él se encogió de hombros.

—Pudiste haberlo hecho conmigo —ella hizo a un lado la excusa y se acercó para tomarle de una mano—. Olvídalo, vamos al patio, ahí están los de tercero y me dijeron que tienen una comida italiana deliciosa…

—Espera, vamos a llevar a Fugunaga-san a…

—¿Ése? —ella lo volteó a ver como a un gusano; era parte del plan, de modo que él no respingó—. No sé por qué te importa, si se supone que lo odias. Ahí déjalo.

—Está bien, Syaoran-kun, yo me quedaré con él —Sakura intentó sonreír. Cada día que pasaba se hacía más consciente del empeño que la china ponía para poder atraer la atención del varón y aquello le removía el alma.

—¿Ya olvidaste lo que…? —Syaoran frunció el ceño antes de ser cortado a media frase por Takumi, quien intentaba erguirse en esos momentos.

—Entiendo que desconfíes de mí —habló Fugunaga apenas recuperando un poco de aire—, pero prometo que no pienso volver a hacer más estupideces como ésa frente a Sakura-san.

—¿Ves? Vámonos —Meiling insistió tirando de su brazo y ambos se separaron caminando hacia las escaleras. Syaoran lanzó una última mirada a los dos, pero finalmente cedió al jalón de su prima al ver a la castaña despedirlos con una sonrisa entusiasta.

—Uhm, ¿cómo te sientes? —Sakura volvió su atención al otro joven, quien se esforzó por sonreír, recuperando un poco de aliento.

—Mejor, gracias —él esbozó una sonrisa que luego se convirtió en una mueca seria—. Oye, discúlpame; después de lo que pasó esa noche no he tenido el valor ni siquiera para pedirte perdón.

—No te preocupes, todo está bien —le aseguró sin un atisbo de sarcasmo, sorprendiéndolo.

—Pero lo que intentaba hacer no tiene precio —Takumi recordó su diálogo impuesto por Meiling. En un principio le había parecido algo exagerado, pero ahora le sonaba correcto e incluso agradable en sus propios labios.

—Al menos no pasó nada —rió Sakura.

—Ojalá todos fueran como tú, con esa sonrisa… —divagó él un poco, pero regresó pronto a su guión—. Dime, ¿crees que puedas darme hoy una oportunidad para enmendarlo? Quisiera demostrarte que no suelo ser así de… canalla.

—¿Una oportunidad? —los verdes ojos de la joven se abrieron ampliamente—. Etto, yo…

—¡Por favor! Prometo no volver a molestarte nunca más después de esto —él la miró de una manera que a la muchacha le recordó a su gato Kero cuando tenía hambre.

—Yo…

—¡Y nunca volveré a manejar ebrio en toda mi vida! —Takumi tomó las manos de la muchacha para expresarle lo serio de su promesa—. De hecho, no lo he hecho desde ese día, Sakura-chan. No quiero que pienses que soy un cobarde…

—Está bien, no pienso que seas…

—¡Gracias! —Takumi brincó de alegría sin dejar terminar a la pasmada chica, quien no comprendía del todo la euforia del muchacho, pero de cualquier manera estaba contenta de escucharlo hacer semejante oferta, así que sonrió pensando que probablemente lo mejor sería no decirle que era partidaria de la idea de que toda persona merece una segunda oportunidad y desde un principio había estado dispuesta a dársela a él.

———

—Un pastel de doble chocolate, con una bola de helado de chocolate —Touya colocó el pedido sobre la mesa y recibió una coqueta sonrisa a cambio.

—¡Gracias Touya-kun! Esto se ve delicioso.

—Qué “nutritiva” comida… Yo me empalagaría con una sola mordida —susurró él entre dientes.

—No sé de qué hablas, creo que tus besos son más dulces que esto.

Touya entornó los ojos con gesto aburrido.

—Si te refieres a “eso”, ni siquiera puede ser considerado un beso. Prácticamente estrellaste tu cara contra la mía.

—Tienes razón, ¿por qué no me demuestras entonces lo que es un verdadero beso para Touya Kinomoto? —la mirada traviesa de Nakuru era imposible de confundir. Touya desvió su atención finalmente a los otros dos clientes en la mesa.

—¿Ya decidieron qué van a pedir?

Pero Yukito lo observaba con dos ojos redondos como platos y tardó en contestar en medio de su aturdimiento.

—No sabía que ustedes dos ya estaban saliendo formalmente.

—¿Formalmente? —Touya alzó una ceja—. ¿Qué estás insinuando?

—¿Apenas te diste cuenta? ¡Hace semanas de eso, Yukito! —rió Nakuru como si Touya no hubiera hablado.

—¡Qué alegría! —celebró Fuutie—, no lo sabía, ¡Felicidades!

—Hey, espera un momento, ¡Hey! —Touya llamó la atención de todos, exasperado—. En primer lugar, hace apenas dos semanas que fuimos al cine y…

—¿Entonces están saliendo? —le interrumpió un atónito Yukito.

—Él mismo lo ha dicho —Nakuru dio un mordisco triunfal a su postre.

—No, espera, yo nunca dije que… —una vena comenzó a crecer desmesuradamente en la frente de Touya—. Olvídenlo, piensen lo que quieran —bufó—, tengo más clientes que atender…

Y con esto se marchó gruñendo entre dientes, preguntándose por qué su amigo había tenido que decidir que su lugar de trabajo sería una estupenda opción para invitar a sus dos compañeras a comer en un tranquilo sábado, incluyendo a esa obsesiva morena que lo mismo tenía de bella que de rara.

—Adoro cuando frunce así el ceño —Nakuru sonrió tomando otro bocado. Fuutie y Yukito simplemente se voltearon a ver, perplejos.

¿De qué planeta era esa mujer?

———

—Gracias por ayudarme a buscar las herramientas —sonrió Tomoyo a su acompañante una vez llegaron al almacén de la escuela. Era ya media tarde y el grupo de coro y el de música se ayudaban entre sí para dar los últimos toques al escenario donde se presentarían alternadamente al terminar el día, pero unas herramientas hacían falta para corregir algunos detalles y Tomoyo se había ofrecido para ir a buscarlas a la bodega, siendo secundada por Eriol para ayudarle.

—No hay de qué. Jamás permitiría que tú sola cargaras esa caja hasta el escenario. Además, creo que en primer lugar debí haber sido yo quien se ofreciera a hacerlo —sonrió Eriol entrando con ella al cuarto sin ventanas. Tomoyo buscó el apagador y activó una tenue bombilla en el techo. Ambos esperaron que la mortecina luz que emitía fuera suficiente para encontrar lo que habían ido a buscar.

A pesar de que por fuera no parecía muy grande ni diferente al almacén de artículos deportivos, por dentro el acomodo y la escasa luz lo hacían lucir algo lúgubre y estaba abarrotado de artículos de limpieza y un sinfín de herramientas. Los primeros se apilaban al frente, en tanto que diversos estantes se enfilaban unos tras otros con cajas de utensilios y herramientas entre sus repisas hasta el fondo, formando estrechísimos pasillos entre sí, cada uno más oscuro que el anterior.

Se dividieron los estantes del desordenado lugar para facilitar su búsqueda y ambos se internaron en la bodega concentrados silenciosamente en su tarea hasta que, pasados apenas unos minutos, la luz que brillaba tenuemente sobre ellos se extinguió repentinamente.

¿Qué?’ Tomoyo no alcanzó a preguntarse qué sucedía cuando un sonido metálico la hizo estremecerse de pies a cabeza: ‘¡La puerta!’

Intentó rodear el estante para correr hacia la entrada, pero apenas pudo dar 3 pasos antes de tropezar con algún objeto duro y pesado y caer al suelo de bruces. Un quejido ahogado se estancó en su garganta por el súbito dolor punzante que sintió en la pierna.

—¡Daidouji-san! —escuchó la voz de Eriol a un par de metros de ella y vio una brillante luz blanca encenderse y dirigirse hacia ella—. ¿Estás bien? —Eriol llegó a su lado y se acuclilló junto a ella.

—¡La puerta! —lo miró con espanto—. ¡Alguien cerró la puerta!

—Lo sé —Eriol se puso de pie—. Voy a ver si no la aseguraron por fuera.

El británico desapareció y volvió tras medio minuto con una expresión seria que le dijo a la chica todo cuanto necesitaba saber sin necesidad de una palabra: estaban encerrados.

—¿Nos escucharán desde afuera si gritamos? —preguntó esperanzada, pero el otro negó con la cabeza.

—No hay ventanas y las paredes son de concreto, así que lo dudo mucho. Creo que debimos haberlo hecho antes de que se fueran, pero tardé demasiado en reaccionar, lo siento.

—No lo hagas. Yo tampoco reaccioné enseguida. Creí que el foco se había fundido y no entendí lo que sucedía hasta que escuché el portazo.

—Así que… supongo que tendremos que esperar a que alguien venga y nos encuentre —concluyó Eriol.

—Espera, puedo mandarle un mensaje a Sakura-chan y…

—No creo que sea posible: aquí no hay señal de teléfono —Eriol levantó la “lámpara” en su mano y entonces ella se dio cuenta de que ésta no era tal, sino un celular, y la luz que manaba de éste era la de la luminosa pantalla digital que en esos momentos mostraba el inconfundible dibujo de una antena inhabilitada en la esquina superior izquierda.

¿Qué es esto? ¿Un bunker?’ pensó Tomoyo con pesadumbre.

—Te lastimaste la espinilla —Eriol hizo el tema a un lado aluzando directamente sobre la pierna de la muchacha. A la mitad del camino entre la rodilla y el tobillo se había levantado un poco de piel y un delgado hilo de sangre bajaba por ésta.

—Creo que me golpeé contra la esquina de esa caja —señaló una caja de herramientas de generoso tamaño a su lado e hizo una mueca de dolor cuando él tocó la zona a tres centímetros de la herida.

—Se está inflamando rápido —Eriol frunció el ceño y echó luz a la caja, leyendo la etiqueta que había sobre ella—. ¡Vaya! Parece que al final sí encontraste lo que buscábamos —le dirigió una sonrisa.

—Dije que lo haría, ¿no? —ella le correspondió el gesto, pero suspiró a continuación—. Aunque ahora no podremos llevarlas. ¿Y si no podemos salir a tiempo para…?

—No te preocupes por eso; alguien se dará cuenta de que tardamos en volver y vendrá. En el peor de los casos tendremos que esperar a que comiencen a desensamblar los puestos del patio y vengan por herramientas, o a que alguien venga por un trapeador para limpiar algún derrame —la tranquilizó al ver que un atisbo de preocupación brillaba en sus ojos violetas.

—Tienes razón —Tomoyo volvió a sonreír—. Nunca pierdes la calma, ¿verdad?

—Te equivocas —él meneó la cabeza—. Me preocupé cuando te oí caer y supe que te habías lastimado —la mirada del inglés se dirigió a la blanca pierna y ella supo de inmediato que decía la verdad. Durante un segundo una emoción cercana a la confusión cruzó el semblante del ojiazul y éste se puso de pie antes de que Tomoyo pudiera admirar más a detalle ese singular suceso—. Iré a buscar el interruptor. No es necesario que esperemos a oscuras a que vengan a rescatarnos, ¿no crees? —le regaló una media sonrisa y caminó lejos de ella.

———

—¿Quieres conocer el puesto de nuestro salón? —después de un buen rato de haber charlado y de deambular por la escuela haciendo todo cuanto Meiling le había dicho para demostrar que no era tan mala persona como en un momento debió parecerlo gracias a una estúpida borrachera, ambos habían salido al patio. Esta vez había tocado a los salones de tercero colocar sus puestos al aire libre, que era justamente por donde los dos se encontraban caminando en ese momento. Sakura asintió de buena gana, de manera que el joven la llevó hasta un puesto lleno de corazones, flores y juguetes de peluche.

—¿Y esto de qué se trata? —preguntó la curiosa castaña al ver al frente del lugar una larga mesa en donde había 2 cajas adornadas con corazones, cada una con un hueco en la tapa superior. Al frente del puesto pendía un cartel que Sakura leyó en voz alta—. “¿Destino o castigo?”

—Es para las personas que vengan con una pareja —explicó Takumi—. ¿Ves las dos cajas? Dentro de ellas están las “esferas del destino”. Una caja es para “ellos”, la otra es para “ellas”. El punto es que cada uno saque una esfera de su respectiva caja. En las esferas hay escritas distintas cosas, desde premios para regalar a su pareja, como los que ves ahí —señaló las flores y demás cosas—, hasta castigos y algunas cosas cómicas que tienen que hacer como tener que imitar a su pareja, etcétera.

—Suena divertido —rió Sakura y él se sintió animado. Era algo fabuloso poder verla sonreírle de manera sincera después de pensar que jamás lo perdonaría. Debía admitir que la capacidad de la chica para perdonar era algo que no había visto en ninguna otra.

—¿Quieres intentarlo? No es necesario que seamos realmente una pareja, y con suerte puedo ganar un peluche para ti —le guiñó un ojo y ella asintió. Entonces pidió a sus compañeros de ahí un boleto y ambos pudieron escoger su urna—. ¿Lista? Sólo intenta no sacar un castigo, ¿de acuerdo?

—¿De qué tratan los castigos? —Sakura metió la mano por el agujero y comenzó a hurgar a ciegas, sintiendo las pelotitas moviéndose en el interior. Takumi hizo lo mismo y buscó asiduamente y con mucha mayor conciencia, sabiendo como organizador que era que no todas las esferas eran físicamente iguales. Había algunas un poco más pesadas que otras, pero las que a él le interesaban eran aquéllas que tenían una ligera porosidad que las distinguía de las demás.

Beso, beso… beso… ¿dónde demonios están?’ siguió removiendo las esferas asiduamente ‘¡Maldición, no puede ser que no encuentre ni una… ah, debe ser ésta!’ un grito triunfal se alzó en lo profundo de su cabeza al sentir lo que seguramente era su objetivo. No podía estar equivocado. A fin de cuentas, el plan de Meiling no había sido tan malo, pensó.

—¡La tengo! —exclamó y sacó con una sonrisa orgullosa una esfera que tendió a Sakura—. ¡Mira qué curioso! Pero así es el juego y hay que cumplir las reglas, así que ahora supongo que tendrás que darme un… ¿azul? ¿Por qué es azul? —el brillo de sus ojos se apagó y su rostro palideció al ver que la castaña tomaba de su mano un esférico de ese color, el cual no coincidía con el tono rosa que se suponía debía tener.

—“Olvidaste que era su aniversario por irte de fiesta con tus amigos. Como castigo, mereces una buena bofetada” —leyó Sakura confundida lo que había escrito en la bola—. ¿Se supone que debo de hacerlo yo?

Azul. ¿Por qué demonios tenía que ser azul? ¿Dónde habían quedado las esferas rosadas? Takumi bajó la cabeza. Su oportunidad se había ido al caño.

—Si.

—¿Y qué hago con ésta? —Sakura alzó la esfera que había sacado ella misma y el muchacho se puso límpido al ver el color negro de ésta. La chica comenzó a leer lo que había escrito en ella—. “Te desvelaste haciendo un delicioso pastel de cumpleaños a tu novio, pero antes de probarlo él te dice que no le gusta el pastel de tres leches, así que…”

—“…tú te aseguras de que reciba una buena probada lanzándoselo a la cara” —terminó Takumi por ella, entornando los ojos—. Sabía que ese castigo no era una buena idea.

—¡Excelente! —contrario a él, la chica que los atendía, compañera suya, parecía muy feliz con la idea—. Ten, aquí tenemos nuestros “pasteles especiales” —le sonrió a Sakura acercándole un plato lleno de crema batida.

—¿Tengo que echarte esto a la cara? —Sakura parpadeó mirando el plato confundida. Takumi suspiró y asintió con la cabeza.

—Pero yo te sugeriría que primero fuera la bofetada, así no te ensuciarás la mano de crema —la chica le guiñó un ojo a la castaña. Takumi entornó los ojos al cielo.

Estúpidas bolas rosas… ¿dónde rayos están?’

Algunos metros más allá se encontraban Syaoran y Meiling terminando una lasaña. El chino apenas se disponía a pagar cuando su prima le llamó la atención desviando la vista hacia la pareja que se encontraba en el puesto de “¿Destino o castigo?”.

—Mira, son Kinomoto y Takumi. Parece que al final no se llevan tan mal como creías.

—Esa Sakura… —bufó Syaoran entregando el dinero—, es capaz de perdonar a Hitler. Lo único que necesita es pedir perdón. Es demasiado inocente para entender que a veces hay una doble intención detrás de una disculpa —esto último lo dijo entre dientes sin apartar su mirada glaciar de Fugunaga.

—Pues no se tú, pero lo que yo veo es algo más que un simple perdón —sonrió Meiling observando a los otros dos intercambiar unas palabras que no se alcanzaban a escuchar debido a la distancia. Sakura tenía algo que parecía un pastel en una mano mientras acercaba la otra al rostro de Takumi y titubeaba antes de continuar. Por un momento pareció que pensaba acariciarlo.

—¿De qué hablas? —Syaoran observó también la acción, pero sus ojos se abrieron como platos al ver a la chica propinarle un tremendo cate al muchacho frente a ella. En su asombro no vio la expresión de Meiling, que dejó caer la mandíbula por la sorpresa al presenciar eso mismo.

—¿Qué ra…? —la china se interrumpió al ver que la castaña ahora tomaba el “pastel” y lo estrellaba directamente a la cara del varón. Aquello definitivamente no se parecía en nada a lo que habían planeado tan cuidadosamente. ¿En dónde estaba el beso que Syaoran debía ver entre esos dos?

—¿Y ahora qué demonios le hizo ese idiota? —ni tardo ni perezoso, el joven a su lado desapareció y corrió hacia donde los otros dos estaban. Impune, Meiling sólo pudo ver cómo todo se iba al infierno y su prometido ahora se colocaba entre ambos y comenzaba a discutir con Takumi. Derrotada y aturdida, la china empezó a caminar hacia los tres y poco a poco fue escuchando la conversación que entre ellos tenía lugar:

—¡No, Syaoran-kun, de verdad que él no me hizo nada!

—No lo defiendas, Sakura. Tú jamás golpearías a alguien si no se lo mereciera.

—Oye, ¿por qué no te largas de aquí? Ya te dijo que no le hice nada, es sólo un juego.

—Claro, como si te fuera a creer. Sabía que no eras de fiar…

—Syaoran-kun, en serio, él no…

Todo había sido perfectamente ideado, pero definitivamente si algo podía salir mal, tenía que salir mal. Aunque para Meiling todo parecía indicar que si algo podía salir peor, indiscutiblemente iría peor.

Estúpido Takumi, ¿ahora qué demonios hiciste para arruinarlo?’

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El cuarto seguía en silencio y no se escuchaba que ningún alma transitara en el exterior.

—¿Cuánto tiempo más crees que alguien tarde en venir? —preguntó Tomoyo impaciente. No es que no disfrutara la presencia del británico, pero se sentía muy ansiosa por la presentación. Habían preparado una canción exclusivamente para el festival y si ellos dos no aparecían a tiempo el coro no podría hacer su actuación.

—Estaremos ahí a tiempo. Descuida —Eriol le aseguró con una sonrisa. Era algo extraño, pues no era una de sus conocidas sonrisas enigmáticas, sino una mucho más tranquila que la ayudó a relajarse un poco. Decidió sacar un tema de conversación. No supo si era el más adecuado, pero a fin de cuentas tenía algunas dudas que quería aclarar con él y probablemente éste sería el mejor momento para hacerlo.

—Esta semana me enteré de algo en la televisión… —comenzó y titubeó antes de continuar, pero él la animó a hacerlo—. Era sobre… ¿es cierto que tu papá tiene cáncer?

—Sí —él no hesitó antes de contestar—. Hace ya tiempo que se lo detectaron, pero no le dan más de seis meses de vida.

—¿Seis? —ella pasó saliva y lo miró, pero su expresión era indescifrable—. Lo siento, yo… si tú…

—No te preocupes, no tienes por qué esforzarte en encontrar las palabras —él se volvió hacia ella con expresión seria e inalterable—. En realidad entre él y yo nunca hubo una buena relación, así que nunca lo vi como un padre de verdad. Más bien somos como dos extraños, así que no tengo mucho que lamentar.

—Pero de todas maneras… —Tomoyo no daba crédito a sus oídos.

—¿De todas maneras es mi padre? Sí, biológicamente lo es y eso no pienso negarlo.

—¿Lo odias? ¿Es por eso que vives con Li-kun y no con tus padres? —se animó a preguntar al notar que parecía dispuesto a abrirse un poco.

—Sabes hacer preguntas difíciles Daidouji-san —El varón rió secamente—. ¿Lo odio? Sinceramente no lo sé. He luchado por no darle un espacio tan importante en mi vida como para odiarlo, pero realmente no sé si lo he logrado. En cuanto a lo otro… no es precisamente así. Verás: nunca viví en la misma casa que mi padre, así que no veo razón para ir a Tokyo a donde están él y mi madre. Pero la razón principal por la que estoy en Tomoeda es una promesa que aún tengo que cumplir.

—¿Una promesa que le hiciste a Li-kun?

—No. De hecho él no la conoce, pero aún así me ayudará a cumplirla —le guiñó un ojo.

—Oh… —Tomoyo no encontraba muy bien la reacción adecuada—. Pareces una persona muy tranquila. No creo que nadie podría imaginar el tipo de relación que tienes con tus padres.

—Creo que es natural: no sé si así fue contigo, pero al menos a mí me educaron para dar la impresión de que todo estaba siempre en orden. Pasé la mitad de mi vida en un internado y apenas en vacaciones veía a mi madre, aunque a mi padre sólo lo veía cuando él iba a Inglaterra, ya que siempre ha vivido aquí…

No pasaron más de 10 minutos, pues fue poco el tiempo que el muchacho requirió para explicarle a Tomoyo las circunstancias de su vida. ¿Por qué tenía que decirle que su padre no lo había reconocido como hijo sino hasta que tuvo los 10 años cumplidos? ¿O por qué le mencionó que su madre lo forzaba a ser siempre el mejor de la clase y a ser una persona impecable para que el señor Hiragizawa le diera el visto bueno? No se detuvo a pensar en por qué tenía que contarle también que su madre lo había usado como un trampolín para poder acceder a una vida llena de lujos con un hombre que lo tenía todo… incluyendo las mujeres que él quisiera. Decididamente no lo sabía, pero parecía que eso no le impedía decirle cosas que muy contadas personas conocían sobre él.

No contó demasiados detalles. No le comentó, por ejemplo, de aquella vez en que había sacado una calificación “muy buena”, mas no “perfecta” en la escuela, cosa que hasta la fecha no había vuelto a repetir después del tremendo castigo al que había sido sometido teniendo apenas 8 años de edad.

Tampoco mencionó más sobre la promesa que había hecho siendo apenas un chiquillo, ni la que una entonces muy joven Fuutie Li le había hecho a cambio, razones principales por las que estuviera en Japón (a pesar de que sus padres pensaran que se debía a la enfermedad terminal de su progenitor), máxime en la casa de los Li.

—No me mires así —le suplicó con una extraña sonrisa al terminar su relato—. No espero que sientas lástima, pues no tienes por qué. El hecho de que no haya tenido la figura del padre y de la madre en mi vida no significa que haya tenido una mala infancia o cosas por el estilo.

—Lo siento, es que no sé qué decir.

—Eso está bien, al menos es sincero de tu parte —él continuó tan melifluo como siempre—. Además, no todo fue tan malo. Conocí a algunas personas que fueron muy importantes en mi vida y me ayudaron a no volverme un niño malcriado en busca de atención.

—¿En serio? —ella sintió curiosidad, imaginándose que debían ser personas ejemplares—. ¿Quiénes son?

—Mi prima, Nakuru Akizuki, que con frecuencia iba a Inglaterra de visita y que en realidad fue como una hermana mayor para mí, y…

La puerta se abrió de golpe y un intenso haz de luz entró por ella para recaer directamente sobre ellos, cegándolos durante un momento.

—¿Qué hacen ustedes aquí? —un estudiante confundido los miró desde la entrada.

—Intimamos un poco —contestó Eriol sin pensarlo dos veces y se sonrió al ver la expresión no solamente del recién llegado, sino de Tomoyo—. Nos quedamos encerrados hace cerca de 40 minutos y conversábamos para conocernos mejor. A eso me refiero, aunque no sé qué es lo que estabas pensando.

—¿Qué? ¡No, yo… no! —el chico comenzó a trastabillar entre palabras y Eriol se puso de pie para ayudar a Tomoyo a hacer lo mismo.

—¿Crees que todavía necesiten la herramienta? —preguntó la chica y él se encogió de hombros.

—De todas formas hay que llevar la caja. A eso vinimos y no sabemos si aún pueda ser útil —sonrió y dejó de ser aquel muchacho de mirada indescifrable que trataba de no dolerse al recordar el abandono de sus padres. Lo cierto era que, por más fortaleza que quisiera demostrar, no podía ocultar por completo la sombra que cubría sus ojos con tan sólo hablar al respecto. No lo había podido descifrar bien en un inicio, pero era solamente el hecho de que nunca antes había visto esa mirada de zozobra en él.

—Gracias —Eriol se dirigió al muchacho que estaba en la puerta. Ninguno de los dos lo conocía, pero eso era lo de menos, pues gracias a él aún tenían oportunidad de llegar.

—Hiragizawa-kun… —Tomoyo lo llamó una vez se alejaron del chico y esperó a que él se volviera a mirarla—, gracias por confiar en mí.

—Es lo menos que puedo hacer por alguien que es alérgico a la nuez —él se encogió de hombros haciéndola reír.

—Nunca debí haberte dicho eso…

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—¿Es que no puedes hacer algo bien? —Meiling gruñó caminando a un lado de Takumi mientras éste ayudaba a recoger el lugar designado para su salón.

—¿Sólo viniste a eso? —replicó con enfado—. Mira: estoy ocupado, así que mejor ve a ayudar a los de tu salón o busca algo que hacer.

—Es que el plan era perfecto. ¿O no fuiste tú quien dijo que no fallarías al escoger la estúpida bola del beso?

—Está bien, lo acepto: fue mi error —bufó el tipo—. ¿Contenta?

—Así está mejor —Meiling alzó la barbilla.

—Eres insoportable —siseó él entre dientes—, ahora entiendo por qué él no te aguanta.

—¿Qué dijiste?

—Nada; que al menos no todo fue en vano: Sakura me perdonó y eso ya es algo. Ahora puedo volver a hablarle.

—Claro. Ni siquiera tú puedes arruinar por completo un plan tan bien elaborado —Meiling se recargó en unas cajas, pero con esto una de ellas se movió y cayó al suelo, abriéndose y dejando escapar así un montón de pelotitas que se fueron botando y rodando en todas direcciones.

—¿Qué hiciste? Ahora vas a ayudarme a buscarlas y ponerlas en su lugar —gruñó Takumi empezando a perseguir un par, pero Meiling no se movió de su lugar.

—¿Yo? Estás loco. Es tu culpa por no colocarlas en un buen lugar ni cerrar bien la caja.

—¡Ah, lo siento! Es que no me imaginé que la Señorita Perfecta Li escogería exactamente ese lugar para descansar —comentó sarcástico Fugunaga.

—Está bien, te voy a ayudar, pero sólo porque estoy aburrida y no se me ocurre nada mejor que hacer —la china entornó los ojos y se acuclilló para recoger un par—. ¿Ésta era la famosa bola rosa que no pudiste encontrar? —preguntó viendo una en especial y el otro asintió.

—Su textura es más parecida a la de las azules de lo que pensé.

—Pues esa cachetada te la ganaste muy bien —rió ella tomando una azul—, ¡porque no se sienten para nada igual!

—¡Ah, cállate! —él se sonrojó apenado y humillado—. Mejor ayúdame a encontrarlas, porque creo que faltan una rosa y una amarilla.

—¿Sólo había dos de cada una? —Meiling alzó una ceja.

—Sí —él comentó distraído y se agachó para buscar bien en un resquicio—. ¡Ah, ahí está una!

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—¡Hey, Syaoran-kun! —Sakura alcanzó al joven que se enfilaba por el patio hacia la salida después de terminar de recoger el salón—. ¿Ya te vas?

—Sí, ¿o faltó algo más por limpiar? —parpadeó él. Sakura negó con la cabeza.

—No, pero… ¿no vas a ver la presentación del coro? Tomoyo y Eriol estarán ahí.

—Ah, ¿entonces fue por eso que ese tipo desapareció y no ayudó a limpiar? —preguntó, más para sí que a ella. ‘Yo creí que se había ido por holgazán…’

—No, él es el pianista —rió Sakura—. ¿Entonces qué dices? ¿Vienes?

Syaoran vio la expectación encarnada en esos enormes ojos verdes y tuvo que admitir que aquello le robaba cualquier idea de defraudarla, de manera que se encogió de hombros y asintió metiendo las manos a los bolsillos.

—¡Estupendo! —celebró Sakura y ambos comenzaron a andar hacia el auditorio—. Espera a que escuches a Tomoyo cantar; tiene una de las voces más… ¡Ah! —su propio grito ahogado la interrumpió en su camino al suelo al pisar algo que la hizo irse inmediatamente de bruces. Syaoran a su lado intentó reaccionar, pero sólo alcanzó a agarrar aire entre sus dedos cuando estiró una mano hacia ella.

—¿Estás bien? —se acuclilló a su costado después de escuchar el golpe seco. La chica se masajeó la cadera. Había alcanzado a girar un poco en el último instante para no romperse la crisma.

—Sí, sólo me raspé un poco —intentó ocultar una mueca de dolor—. ¿Con qué me tropecé?

—Creo que con esto —Syaoran estiró una mano hacia una pelotita rosada que estaba a un metro escaso de él.

—¿No es una de las bolas que tenían los de tercero? —Sakura tomó la esfera y levantándose la acercó a la luz para leerla—. “Estar juntos es su destino. Es momento de sellar este destino con un beso”.

—¿Qué rayos quiere decir eso? —Syaoran también se puso de pie para leer la frase.

—Que ustedes dos están destinados a estar juntos y su amor es verdadero —ambos se volvieron bruscamente al escuchar una voz femenina a sus espaldas—. Veo que encontraron la esfera que nos faltaba. Ya nos habíamos rendido y dejamos de buscarla —rió—. ¿Cómo es que llegó hasta acá?

—¿Eres de la clase de Takumi senpai? —preguntó Sakura a la recién llegada, quien asintió.

—Ya me acordé de ti. Tú estuviste con él en nuestro puesto hoy, ¿verdad? ¡Estuvo genial cuando…!

—Un momento —Syaoran frenó la conversación en seco—. ¿Qué fue todo eso de estar destinados a estar juntos y que el amor y no sé qué rayos? —inquirió con el ceño fruncido, no comprendiendo cómo ellas podían obviar el tema y brincar a otro tan fácilmente.

—Es un juego, es la razón por la que tuve que darle una bofetada y embarrarle un “pastel” en la cara a Takumi senpai. Te lo expliqué en la tarde.

—Ah, así que era eso —la respiración de Syaoran volvió a la normalidad sin siquiera haber entendido por qué se había alterado en un principio.

—Pero de todas formas tienes que cumplir lo que la bola dice —advirtió la otra chica—. Si ya tomaste la bola, hay que seguir la indicación.

—Pero fue sin querer —Sakura ladeó la cabeza, confundida.

—Es… el poder del destino —el tono lúgubre que adquirieron sus palabras hizo estremecer a los dos castaños.

—¿Entonces…? —Empezó Sakura y pasó saliva.

—Vámonos, no le hagas caso —Syaoran miró en otra dirección con la intención de irse.

—¡Ay, por Dios! No sean tan apáticos, ¿quieren? —la chica dejó caer los hombros—. Es sólo un beso.

—Y qué fácil lo dices… —Syaoran entornó los ojos.

—¡Vamos! Sigan el juego, ¿quieren?

—Olvídalo…

—Está bien.

—¿Qué? —los ojos color ámbar se posaron desorbitados en su compañera después de ser interrumpido (y contradicho) por ella, ¡y de qué manera! Su mirada no hubiera sido más sorprendida si a la mujer le hubieran brotado orejas de conejo de la cabeza.

—Tiene razón, Syaoran-kun: es sólo un juego —sonrió la castaña y en cuanto ese brillo único apareció en su expresión Syaoran supo que terminaría cediendo patéticamente a su solicitud, de manera que decidió no oponer más resistencia y dejó escapar un suspiro pesado.

—Bien… como tú quieras —desvió la mirada y aún bajo la tenue luz de las lámparas se volvió visible el tono carmín que cubría sus mejillas—. De todas formas… no es algo que… me importe —pasó saliva.

—Perfecto. Ahora tienes que cerrar los ojos —rió la mayor espantando al chino, quien prácticamente había olvidado su presencia.

¿Todavía sigue aquí? ¿Qué más quiere?’ y parpadeó—. Un momento, ¿por qué tengo que cerrar los ojos?

—Para que ella te de un beso, obvio —la otra entornó los ojos.

—¿ me vas a dar el beso a ? —él comenzó a sudar frío sin saber por qué, como si la idea de que en verdad sería besado por la castaña apenas hubiera llegado a su cabeza.

Sakura rió— ¿Prefieres que sea al revés?

No es que fuera su primer beso… aunque debía admitir que sí sería la primera vez en que alguien lo haría sin tener que hacer uso de la fuerza bruta o chantajes psicológicos para obligarlo.

—Está bien —con el corazón en la garganta latiendo a mil por hora, Syaoran cerró lo sojos y se resignó a la penumbra, sintiendo así con mucha más claridad el sudor de sus manos, el tremor entumido de sus dedos y su propia respiración irregular.

¿Cómo diablos me metí en esto?’

—Bueno, ahí voy.

Pasó saliva y se quedó tieso como una vara de metal plantada en la tierra. Sintió su cercanía y trató de reprimir un escalofrío cuando ella colocó una mano en su hombro para ayudarse mientras se ponía de puntitas (o eso adivinó él). Entonces su desbocado corazón se detuvo…

Sintió el roce de sus suaves labios contra su mejilla y al segundo siguiente la sintió apartarse. Había terminado.

—¡Miau! Ahora, en nombre de Cupido, ¡yo declaro sellado este destino! —la otra chica gritó entusiasta y acompañó su celebración con un aplauso.

¿Miau?’ Syaoran abrió los ojos de golpe, no sabiendo ni por dónde empezar su caos mental: ¿eso era todo, un beso en la mejilla? ¿Y por qué había pensado que sería diferente? ¿Por qué se sentía… decepcionado? ¿Por qué la idea de besar esos labios le había estremecido de pies a cabeza? ¿Por qué había accedido en primer lugar? ¿Por qué…?

¿Por qué tiene que maullar?’

—¡Ustedes dos definitivamente son la pareja más linda que vi el día de hoy! —la extraña mujer cogió la pelotita que Sakura le regresaba en ese momento—. ¡Ay, mírate, estás todo rojito!

—¿Eh? —Syaoran desvió el rostro—. Es… es por el tipo de luz.

Con la excusa más lamentable en toda su vida, a Syaoran sólo le quedó implorar que se olvidaran de ello.

—Bueno, iré a devolver esta cosita —la mayor señaló la esfera y se despidió rápidamente—. ¡Ciao! —para cuando dijo esto ya estaba a varios metros de ellos, brincando por el camino cual saltamontes, dejando al chino y a su amiga preguntándose qué había sido todo eso.

—Creo que… se le cayó un tornillo —observó finalmente Syaoran.

—¿En serio? Pues a mí me cayó muy bien —Sakura se colocó a su lado, hombro con hombro—. Fue divertido, ¿no te parece?

Hagas lo que hagas, no la voltees a ver’ Syaoran apretó los labios y asintió frenéticamente.

—Entonces… ¿Qué dices? ¿Vamos juntos?

—¿Eh? —Syaoran parpadeó y se volvió hacia ella—. ¿A dónde?

—A ver a Tomoyo y a Eriol. Deben estar por empezar —y su cándida expresión parecía una explosión esmeralda en sus magníficos ojos que lo contemplaban desde una distancia cercana pero prudente, y ahí estaban también esos sonrientes labios rosados que apenas un momento antes habían acariciado su mejilla, quemándolo.

Otra vez un gorgoteo extraño tapó su garganta y se golpeó mentalmente por haberse desobedecido.

Te dije que no la voltearas a ver…’

(1) Nadeshiko. Es el nombre en japonés de un tipo de clavel y el nombre de la madre de Sakura en CCS

(2) Oyako-don. Platillo a base de huevo y pollo sobre una cama de arroz. También fue el primer platillo que ordenó Syaoran cuando conoció a Akira.

(3) Emperador Puyi. O Emperador Xuantong. Famoso por ser el último emperador de China al haber sido coronado teniendo menos de tres años de edad. Gobernó China de 1908 a 1912, terminando su mandato con la declaración de la República Popular China.

Notas de la autora: ¡Casi cometo un error garrafal al publica este capítulo! Y es que solamente tenía transcrito el capítulo hasta el momento en que Eriol y Tomoyo salen de su encierro. Había olvidado que tenía escritas las últimas 2 escenas, hasta que una vocecita en mi cabeza me dijo que hacía falta algo muy importante, y tuve que buscar en mi libro de anotaciones hasta encontrarlas, jeje, así que por poco este inocente beso en la mejilla que Sakura da a Syaoran casi queda en el olvido. ¡Y vaya que es un cambio! Porque de lo contrario Eriol y Tomoyo se hubieran robado el capítulo, pero ahora también Sakura y Syaoran tuvieron una interesante escena.

¿Qué pareja resultó ganadora? Lo dejo a su criterio.

Por cierto, me preguntaban por qué Syaoran le dice Akira-san a su amigo en lugar de Akira-kun. Sinceramente hace ya 6 años que estudié japonés, pero si mal no recuerdo el “–san” también puede ser utilizado para los hombres, sólo que refleja mayor respeto que “–kun” (por cierto, “-kun” también puede ser utilizado para mujeres, bajo ciertas premisas). Por ejemplo, en TRC Syaoran utiliza el “–san” para llamar a Kurogane y Fye. Normalmente se muestra este respeto con personas mayores a uno, pero también puede ser con un contemporáneo, y sabemos que Li no es una persona que adquiera confianza de buenas a primeras y es alguien muy respetuoso que procura mantener distancia (cuestión de costumbres, pues sabemos que ya tiene confianza con Akira-kun). De cualquier manera, si estoy cometiendo una equivocación al hacerlo así, agradeceré que me lo hagan saber.

Sólo una cosa por agregar: el próximo capítulo es uno de mis favoritos. Para quien en esta ocasión extrañó a Akira-kun, no se preocupen: regresará. ¿Y recuerdan el dije de Syaoran en el capítulo 9? Finalmente veremos la serie de sucesos que este pequeño artículo desencadenará.

Muchas gracias por todos los comentarios que sigo recibiendo de ustedes, y recuerden que éstos son siempre bien recibidos. De esta manera me voy dando idea de cómo sienten ustedes la historia, y soy amante de la crítica constructiva, así que no se contengan al respecto.

¡Saludos y hasta la próxima!