12. La furia de Meiling

—Buenos días Li-kun —apartando los ojos de la ventana pudo darse cuenta de la joven que estaba de pie junto a su escritorio con una sonrisa de oreja a oreja—. Hoy llegaste solo.

—Buenos días Nakamura-san —saludó sin mucho interés y ella pareció tomar esto como una invitación a sentarse en la silla frente a su escritorio, porque eso fue lo que hizo.

—¿Dónde está Meiling? Ustedes dos no tuvieron una pelea, ¿o sí?

Pese a su ceño fruncido y sus labios apretados, Nakamura no parecía tan consternada con la perspectiva. Como el chino se mantuvo en silencio ante la pregunta, su compañera interpretó la falta de respuesta.

—¿Sí? Oh, es una lástima, sobre todo ahora que se acerca el festival escolar, porque me acabo de enterar que por la noche habrá una hoguera gigantesca y todos bailarán alrededor en parejas, así que me preguntaba si…

—¿Qué te preguntabas? —una voz femenina a un metro de ellos erizó los bellos de la nuca de Nakamura, quien se quedó congelada en una sonrisa mientras volteaba hacia la recién llegada prima de Syaoran.

—¡Ah, hola Meiling, ya llegaste! —rió nerviosamente.

—¿De qué hablan Xiao Lang y tú? ¿Qué es lo que te estabas preguntando? —insistió la china cruzándose de brazos.

—¿Yo? ¡Ay, ya se me olvidó! —y en cuanto terminó la última palabra Nakamura se escurrió por un lado de la recién llegada y huyó hacia su pupitre, dejando solos a los dos primos.

—¿Xiao Lang, por qué te viniste tan temprano hoy? ¡No me esperaste! —bufó finalmente al verse a solas con él y el aludido entornó los ojos.

Para respirar unos minutos de paz, pero creo que no lo logré’ hubiera querido decir, pero definitivamente no era una buena idea.

—Buenos días Meiling, buenos días Li —una nueva voz llegó hasta ellos.

—¿Qué haces aquí, niña? —Meiling clavó sus ojos escarlata en Sakura, quien se acercaba con la misma sonrisa de siempre, como si supiera (y, peor aún, disfrutara) del tortuoso e insomne fin de semana que había pasado la china pensando en una y mil cosas relacionadas con Syaoran y la misma Sakura.

—Qué extraño, llegaste antes que Daidouji —Syaoran se dirigió a su compañera ignorando el seco comentario de su pariente.

—Hoy el coro tiene una competencia en Tokyo, así que no volverán hasta en la tarde. Eriol también fue, ¿no te mencionó nada?

—Por eso salió tan temprano —meditó el ambarino para sí.

—¿Eso quiere decir que no tienes nadie más a quien molestar y por eso vienes con nosotros? —Meiling torció los labios en una mueca irritada.

Y aquí viene otra vez…’ Syaoran se masajeó las sienes con dos dedos —Meiling, déjala en paz.

—¿La estás defendiendo? —la mirada escarlata se convirtió en dagas de fuego.

—Oigan chicos… —Sakura se mordió el labio al sentir la tensión que electrizaba el aire—, no peleen por favor…

—Perdónanos Sakura, esto no tiene nada que ver contigo…

—¿No? —bufó su prima—. Pues ya veremos, porque a mí no me parece así —alzó el mentón y se dio la media vuelta—. Con permiso… Sakura —dijo esta última palabra como si quemara entre sus labios.

—¡Meiling, no! ¡Espe..!

—Déjala —Syaoran entornó nuevamente los ojos viendo a su prima marchándose fuera del salón mientras los últimos chicos entraban faltando apenas un par de minutos para el toque de la campana—. No es tu culpa, en serio.

—Pero parece más molesta conmigo que de costumbre —las esmeraldas de la chica mostraban consternación, sorprendiendo al varón por la sinceridad de éstas.

—¿Por qué te importa Meiling? Siempre te está tratando mal, pero tú no la odias ni le guardas rencor. ¿Por qué?

—¿Rencor? No me ha hecho nada; no tengo razones para guardarle rencor —contestó ella con toda simpleza, provocando que su asombro aumentara exponencialmente. Se preguntó si acaso era que su compañera pecaba de inocente, ingenua o incluso de bondadosa. El caso es que no pudo evitar reír para sus adentros al pensar que la castaña encajaba tan bien en el viciado ambiente que formaban las chicas de su clase como un pingüino en medio del desierto.

—¿De qué te ríes? —la pregunta le hizo darse cuenta que no había sido del todo discreto.

—No es nada —meneó la cabeza y cambió de tema poniéndose más serio—. Hay algo que quiero preguntarte.

—Dime.

—¿No te molesta…? —carraspeó y un ligero sonrojo ascendió a su rostro—. Bueno, sobre lo del sábado… ¿no te molesta si te llamo por tu nombre?

—¿Qué? —ella parpadeó, tomada por sorpresa —. ¡No, claro que no! Al contrario, me alegré mucho de que me dijeras Sakura. ¡Nunca lo habías hecho! De hecho, yo también quería preguntarte algo. ¿Está bien si…?

—Buenos días —Saludó el profesor en turno al entrar al salón y todos tomaron sus asientos. Sakura se sentó en el pupitre vacío junto a Syaoran. Originalmente Eriol ocupaba ese lugar, pero ahora la castaña aprovechó su ausencia para no hacerse notar tanto corriendo hacia su lugar.

Ambos hurgaron en sus mochilas en busca del libro de texto y Syaoran no pudo contener una mirada hacia la joven sentada cerca de él, pensando en cuál sería la pregunta que su compañera estaba a punto de hacerle antes de ser interrumpidos por el maestro.

Al menos ya se lo dije’ suspiró con cierto alivio. Después de la caótica fiesta del sábado y de haber tenido acceso a un aspecto tan importante en la vida de su compañera como lo eran los detalles de la muerte de su padre, e inclusive (y esto debía admitirlo) gracias a la abrupta interrupción de Meiling, Syaoran se había dado cuenta que Sakura era una persona con quien no le causaba temor hacer amistad. Sabía que se sentía cómodo estando con ella y escuchándola, y probablemente ella podría pasar horas platicando y él no se cansaría de querer saber más sobre ella. Además, verla llorar como ese día no le incomodaba como sucedía con las demás mujeres, sino que le preocupaba y ciertamente se preguntaba si algún día podría hacer algo para consolarla.

Ahora finalmente Syaoran lo había entendido: Sakura y él podrían llegar a ser muy buenos amigos, pero primero tendría que romper la barrera del simple compañerismo, y algo le decía que había llegado el momento de saltar la primera brecha y comenzar a llamarla por su nombre. Ya lo había hecho una vez el sábado y el mundo no se había acabado, aunque Meiling había perdido totalmente la cabeza después de eso y el asunto tuvo que quedar inconcluso mientras caminaban hacia su destino en un incómodo silencio y escoltados por la china que se colocó entre ambos hasta el momento de la despedida.

Y desde entonces había querido decirle esas sencillas palabras: “¿no te molesta si te llamo por tu nombre?”, y esperar hasta el condenado lunes no había sido cosa fácil, pero con la respuesta obtenida sabía que había valido la pena… aunque ahora no podría quedarse con la duda pensando en lo que fuera que la castaña quisiera preguntarle, sintiéndose más ansioso a cada segundo que pasaba.

—Oye… ¿qué querías preguntarme ahorita? —finalmente se rindió y sintiéndose como un foco por lo caliente que tenía el rostro se animó a hablarle en un susurro. La chica dejó por un segundo sus cosas y le dirigió una animada sonrisa.

—Quería saber si yo también puedo decirte “Syaoran”.

En un segundo había pasado de ser un foco incandescente a una auténtica bengala de salvamento. Buscando una manera de ocultar su evidente sonrojo, el chino abrió el libro y prácticamente lo aplastó contra su cara pretendiendo esconderla entre las páginas.

—Sí, claro —respondió finalmente con ritmo robótico—. Por mí está bien.

—¡Fabuloso! —fue la enérgica respuesta que en menos de 1 segundo fue acallada por el profesor.

—Señorita Kinomoto, ¿puede decirnos qué es tan fabuloso… aparte del hecho de que no está dormida en clase?

Ahora el tono carmesí en las mejillas femeninas ante las miradas del salón casi igualaba al encendido color de su compañero en la butaca vecina.

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— ¡Ay, no puedo hacerlo! —la adolescente luchaba por contener las lágrimas que se formaban en sus ojos negros mientras sus compañeras intentaban sujetarla con manos trémulas. Los nervios vibraban en el aire como una cuerda de guitarra, esparciéndose más y más en forma de ondas gigantescas.

—Nagisa: todo va a estar bien, ya verás —tragó saliva una de las chicas. Ella misma no sonaba tan convincente.

—No, no puedo salir allí —señaló al escenario con horror. Hasta sus oídos llegaba la dulce melodía que brotaba de las gargantas en turno sobre el escenario. Faltaba sólo otro grupo antes que ellas.

—¡Ay Nagisaaaaa! —gimió otra de las muchachas y gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas.

—¡No, Kotori, por favor, tú no…! —la que consolaba a Nagisa ahora cayó en pánico al ver a la mencionada contagiada por el pavor. Ahora había 2 llorosas y una a punto de quebrarse con ellas.

—Perdón, no quisiera interrumpir, pero… —una suave y masculina voz llegó desde sus espaldas.

—¡Hiragizawa-kun!

—Creo que llego en un mal momento, disculpen… —hizo ademán de retirarse.

—¡No, por favor…!

—¡No te vayas!

—¡Ningún momento es malo para ti!

Eriol sonrió y se colocó a su lado. Acto seguido ofreció dos pañuelos desechables a las que respondían al nombre de Kotori y Nagisa y sacó de una bolsa de papel que traía consigo (y que sólo en ese momento notaron) 3 envoltorios de celofán con figuras de chocolate en su interior.

—Quizás sea algo apresurado, pero me gustaría entregarles esto como una muestra de mi gratitud —les ofreció los chocolates que ellas tomaron con sobrado gusto.

—Agradecernos… ¿por qué? —se animó a preguntar la tercera, de nombre Nayuki, con una tímida sonrisa.

—Por haberme permitido el gusto de convivir con ustedes y poder escuchar sus hermosas voces día tras día hasta la mañana de hoy, y espero que me dejen seguir ensayando con ustedes durante el resto del año escolar, aún después de este concurso —dijo con una media sonrisa que derretiría el corazón de un androide.

—¡Ay, qué cosas dices!

—¡No tienes nada que agradecer!

—Al contrario, somos nosotras las que agradecemos que te hayas unido al coro.

Las 3 estaban rojas como la grana y cualquier signo de terror o nerviosismo por la competencia de coros había sido olvidado por completo.

—Ojalá no les moleste si me atrevo a decirles que no puedo esperar a verlas cantando con ese exquisito vestuario —pasó una mirada significativa por los modelos diseñados por Daidouji que las 3 portaban. El uniforme para la competencia había sido votado de manera unísona por todos los miembros del coro, eligiendo (de manera acertada) el sugerido por la imaginativa solista.

—¿En serio?

—¡Qué dulce eres!

—¡Y un caballero!

—Pero no puedo molestarlas más. Supongo que aún querrán prepararse y tomar un poco de agua antes de salir —hizo una inclinación de cabeza—. No olviden que estaré aguardando con ansias por ustedes… —se despidió con un guiño y desapareció entre suspiros ahogados.

—Siempre tienes todo bajo control —Eriol no se sorprendió de encontrarla justo frente a él—, aunque eso implique jugar con ellas.

—Al menos ya no están nerviosas —él se encogió de hombros habiendo cumplido su objetivo de apaciguar el estrés que amenazaba con arruinar la actuación del grupo.

—Lo que te convierte en un gentil mentiroso —sonrió ella ladeando la cabeza.

—Y no soy el único —él imitó el gesto—. Estás tan nerviosa y agitada como un colibrí, pero jamás dejarás que se den cuenta para evitar empeorar las cosas.

Ella no negó la aseveración.

—Tú, en cambio, tienes nervios de acero.

—No del todo cuando estoy frente a ti.

—Sabes que tus galanterías no servirán tan fácilmente conmigo —Tomoyo sonrió dulcemente.

—Lo sé, por eso tengo algo más que un chocolate para ti.

—¿Y se puede saber qué es? —Tomoyo lo miró con una sonrisa retadora. Eriol se adelantó un paso y se colocó justo junto a su oído.

—Confieso que no sé andar en bicicleta… nunca aprendí —susurró él olfateando la sutil esencia lavanda de su cabello y sonrió con satisfacción al ver el gesto extraviado de Tomoyo.

—¿Q-qué? —tartamudeó (cosa inimaginable en ella) sin poder comprender.

—Y tengo miedo a las alturas —Eriol se detuvo, pensándolo mejor—… bueno, a las alturas “muy” altas —le guiñó un ojo y se despidió; la profesora Takamura ya los llamaba al escenario.

Tomoyo quedó helada en su lugar y tardó otros segundos más, pero finalmente lo entendió: lo que acababa de suceder no era otra cosa que Eriol Hiragizawa diciéndole “no soy perfecto como hago creer a los demás, pero eso ya lo sabes… y por mí está bien”.

Confianza. Quizás había sido algo inevitable después de lo ocurrido la semana pasada. Cada uno había quedado expuesto frente al otro y consecuentemente ambos habían sido descubiertos en sus propios terrenos con la guardia baja.

Sonrió entendiendo que era sólo el inicio. No sabía hasta dónde los llevaría ese pequeño asomo de confianza adquirida, pero ambos sabían que 2 zorros astutos no podían engañarse entre sí, y finalmente alguien (él) había dado el primer paso.

Después de todo, todos necesitan bajar la guardia de vez en cuando, ¿no?

¿Pero no se le pudo ocurrir algo mejor que “no sé andar en bicicleta”? Existen mejores secretos que ése’ rió Tomoyo para sus adentros.

—Daidouji, sólo faltas tú. ¿Estás bien? —la profesora llegó a su lado para urgirla al escenario—. Uhm, veo que sí: rara vez te veo sonreír así. ¿Estás emocionada?

—Sí —le dirigió una dulce sonrisa y la acompañó hasta donde estaban los demás. Vio a Eriol sentarse al piano y ambos intercambiaron miradas antes de que los reflectores se encendieran nuevamente sobre ellos.

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Takumi terminó de atarse las cintas de sus zapatillas deportivas y caminó hacia la salida preparado para la dura sesión de entrenamiento que seguramente estaba por venirse previo al partido de la próxima semana contra sus más acérrimos rivales.

—Es momento de ponerse serios —sonrió con satisfacción para sus adentros al saberse solo en los vestidores siendo siempre él, como capitán del equipo, el primero en llegar—, ¡Estoy listo!

—¿Para una buena paliza?

—¡Aaaah! —el grito desaforado que soltó al reconocer una sombra a la entrada del lugar coincidió en tiempos con el sonido que hizo al caer de espaldas al piso.

—No seas exagerado, parece que viste un fantasma —Meiling arqueó una ceja aburrida.

—¿Q-qué… qué haces aquí? —con ojos desorbitados vio que ella daba un paso al interior y comenzaba a acercarse—. ¡No puedes estar aquí! Es un vestidor de hombres…

—Pero no hay nadie más, así que no creo que nadie se entere… a menos que tú abras la boca —Meiling llegó a su lado y lo miró desde su altura.

—¡Yo no haría…!

—Levántate de una vez —bufó fastidiada—. Supongo que sabes a lo que vengo.

¿A matarme?’ Takumi decidió no responder en voz alta, ganándose un suspiro hastiado de la chica, quien metiendo una mano a su maletín sacó un manojo de llaves que lanzó al muchacho con desprecio.

—Sigo sin poder creer que hayas sido capaz de cometer semejante estupidez con Kinomoto. ¿Te das cuenta que lo arruinaste todo?

—¡Oye! —Takumi metió las llaves en su bolsillo y finalmente se puso de pie—, tampoco quieras echarme la culpa de todo. Yo no tengo la culpa de que el idiota de Li tenga buen gusto y prefiera estar con Sakura-chan que con…

La estrella del equipo de basquetbol no pudo continuar cuando un certero puño aterrizó contra su estómago, haciéndole retorcerse tanto de dolor como por la falta del aire que se le escapó al instante.

—Agradece que no me conviene que trates de conquistar a Kinomoto sin dientes, o ese golpe hubiera ido directo a tu boca —siseó Meiling—, ¡Y sólo yo puedo llamarle idiota a Xiao Lang!

—Está bien —tosió Takumi aún encogido de dolor—… tú ganas.

—¿Te duele? —el otro asintió—. Bien, no olvides eso la próxima vez que se te ocurra actuar como un simio y arruinarlo todo.

—¿La próxima? —el chico hizo un gesto compungido y la otra asintió vehementemente.

—¿Realmente creíste que no se me ocurriría otro plan?

Takumi entornó los ojos al cielo, no sabiendo si reír o llorar ante lo que fuera que esa chica desquiciada tuviera en mente. Lo único que podía saber era que esta vez (por su propio bien) no podría fallar.

¿Y ahora qué será?’ se mordió el labio. Maldita la hora en que había decidido unirse a la enferma y maquiavélica Meiling Li.

———–

—¿Desean ordenar algo más? —preguntó mientras recogía los platos vacíos de la mesa de los 2 chicos—. Ya casi vamos a cerrar.

Syaoran oteó a su alrededor y comprobó que en el lugar sólo quedaban cuatro personas además de ellos y los meseros.

—¿Qué hay de postre?

Akira parpadeó ante la pregunta. Normalmente Syaoran no pedía postre para cenar, por no decir que tampoco solía tardar tanto comiendo. Incluso Yamazaki parecía extrañado, pues regularmente el chino terminaba su platillo antes que él.

Después de escuchar la lista de postres Syaoran escogió un pay de queso con zarzamoras y no tuvo que esperar mucho a que éste llegara. Entonces Takeshi se dirigió al mesero.

—Oye Akira, ¿tienes algo que hacer después de trabajar?

—No mucho, ¿por qué?

—Entonces no te quedarás tan solo —sonrió con cierta mofa hacia Syaoran, quien gruñó.

—No necesito una niñera, así que puedes irte si quieres.

—Tengo que regresar a casa —Takeshi se dirigió ahora a Akira ignorando la sequedad de su amigo—. ¿Puedes vigilarlo un poco? Ha estado bastante extraño últimamente.

—No le hagas caso —musitó Syaoran simulando ocuparse con su postre.

—No me quiere decir de qué se trata —continuó Yamazaki sacando unos yenes de su cartera —, pero estoy seguro de que es un problema de mujeres…

—Mejor vete de una vez ¿no tenías prisa? —Syaoran entornó los ojos.

—No tienes que avergonzarte, yo también le tengo miedo a Meiling cuando se enoja…

—¡Yo no le tengo miedo a nadie! —Syaoran se puso de pie y Yamazaki entendió que era el momento de partir, así que, dejando el dinero sobre la mesa, hizo un gesto de despedida al mesero y corrió a la salida.

—¡Nos vemos! Y no lo dejes cometer alguna locura… —habló con voz casi cantarina antes de desaparecer rápidamente tras la puerta.

—No le vuelvas a dar de esa cosa… aún si te lo pide de rodillas —aconsejó Syaoran, probablemente refiriéndose al té negro o quizás al teppanyaki que le había servido al otro. Akira simplemente sonrió.

—Pero tiene razón: hoy estás diferente —recogió el nuevo plato vacío que el chino acababa de dejar al terminar su postre—. Si quieres podemos hablar en unos minutos. Ya vamos a cerrar, así que puedes quedarte aquí si gustas y esperarme un poco.

—Pues… no tengo mucha prisa por llegar a casa, así que por mí está bien —Syaoran estuvo de acuerdo y Akira se despidió para comenzar a limpiar una vez que los clientes atendidos por Yuta se marcharon del lugar.

Tuvo que pasar media hora antes de que Akira pudiera reunirse nuevamente con Syaoran y ambos caminaron fuera del lugar.

—¿No tienes ganas de regresar a tu casa hoy? —Sakura rara vez iba directo al grano, pero pensó que comenzaba a conocer al chino y le parecía que al muchacho no le gustaba andar por las ramas. Para su satisfacción él no lució sorprendido por la pregunta.

—Meiling ha estado insoportable desde el sábado —Syaoran suspiró—. Nunca antes la había visto así de celosa.

¿Así que de eso se trataba la actitud de la china en la escuela? Se preguntó Sakura, pues su amigo tenía razón: Meiling estaba actuando aún más extraño que de costumbre e incluso parecía odiarla un grado más de lo que ya se había acostumbrado a presenciar.

—¿Y por qué está celosa?

—Es por una amiga… —Syaoran lo pensó un poco más—, bueno… nunca había tenido una amiga, pero… no sé, supongo que ella lo es —meditó rascándose la cabeza confundido—. El problema es que Meiling se dio cuenta de eso y ahora no deja de fastidiarme haciéndome preguntas sobre Sakura, sobre cuándo, cómo, dónde y por cuánto tiempo la veo, de qué cosas hablamos cuando nos reunimos a estudiar, etc.

Él me considera una amiga’ Sakura no pudo evitar una erupción de alegría en su pecho y sonrió para sí al darse cuenta de que era ella a quien Syaoran se refería. Por otra parte, ¿lo que él quería decir era que Meiling estaba celosa de… ella?

—No sé a qué le tiene tanto miedo; yo… de cualquier forma tengo que casarme con ella —susurró esto último con evidente pesadez.

—Syaoran, ¿en verdad no te quieres casar con tu prima? —finalmente se animó a hacer la pregunta que había deambulado en su cabeza por las últimas semanas.

—Tengo que hacerlo para convertirme en el jefe de la familia Li —él se encogió de hombros.

—¿Qué es eso de convertirse en el “Jefe Li” y por qué quieres hacerlo? —inquirió. Desde la primera vez que habían mencionado ese asunto aún no le quedaba nada claro al respecto y la curiosidad comenzaba a carcomerle.

—Es una historia un poco larga.

—Dije que tenía tiempo hoy, así que puedes empezar si no te molesta compartirlo conmigo —sonrió intentando animarlo a hacerlo y ambos dieron vuelta en una esquina. Él no quería volver a casa y ella definitivamente no lo llevaría a la suya vestida de Akira, así que se limitaban a andar sin rumbo alguno.

—Mi familia es muy tradicionalista y se guía con normas prácticamente milenarias que son aplicadas por el cabeza y sus consejeros. Esta posición de cabeza; es decir, de jefe, solamente es heredada de padres a hijos, siempre entre varones.

—¿Entonces tu padre era el jefe anterior? —razonó Sakura—. Pero él murió cuando eras chico ¿no? Entonces ¿ahorita no hay ningún jefe?

—Mi madre tomó el cargo, pero por no ser directamente de sangre Li (además de ser mujer, porque las tradiciones son bastante machistas) —agregó con desdén—, no tiene todas las facultades y responsabilidades que tenía mi padre.

—Pero parece que a ti no te gusta nada de eso, así que no entiendo por qué quieres ser el jefe —observó Sakura—. ¿O es que no te queda otra opción?

Syaoran le dirigió una sonrisa cansada.

—Podría decirse… aunque también fue decisión mía en cierta forma. Sólo convirtiéndome en jefe Li puedo abolir lo de los matrimonios arreglados en la familia y evitar que mi hermana se case con Hiragizawa.

Y con esto salía a relucir otro punto misterioso para ella. Sakura sentía que esa noche sería muy esclarecedora.

—¿Por qué no quieres que Fuutie y Eriol se casen?

—Porque es un matrimonio arreglado por conveniencia y no dejaré que ella tenga que pasar por lo mismo que una de mis otras hermanas está pasando.

—¿De qué hablas?

—Desde que Fanren se casó no ha vuelto a ser la de antes —Syaoran alzó sus ojos hacia el cielo que comenzaba a oscurecerse—. Ese idiota que dice ser su esposo la trata como una decoración más de la casa y para expandir sus relaciones sociales presumiendo el apellido Li de mi hermana… Por cierto, creo que tengo que decirte que la familia Li es una de las más conocidas e influyentes en China —tuvo que aclarar—. Además… sospecho que la maltrata y que ha llegado a golpearla, aunque Fanren no se atreve a admitirlo —Syaoran apretó un puño como si quisiera tener al susodicho frente a él para propinarle un golpe fulminante.

Al escuchar esto Sakura quedó de piedra. Era un aspecto en la vida de Syaoran que no hubiera podido imaginar antes: él estaba dispuesto a hacer lo que estuviera en sus manos para impedir que su hermana pasara por el mismo infierno que la otra, incluso casarse con Meiling (a quien claramente no amaba) de ser preciso. Además, finalmente pudo comprender lo que había detrás de aquella actitud que Syaoran tenía cuando recién lo conoció: esa forma de huir de las mujeres en lugar de rechazar sus sentimientos, todo para no tener que verlas llorar. Él no quería herir a nadie ni parecerse a su cuñado, quien tanto dolor había causado a una persona tan querida para él. No obstante, en su deseo de no lastimar a las mujeres había terminado haciendo justamente eso con las pobres chicas que automáticamente se sabían rechazadas y quedaban a solas con su dolor.

Afortunadamente, Li lo había entendido y había cambiado bastante desde entonces, pensó Sakura sintiéndose orgullosa por él.

—Entonces decidí que haría todo lo posible para que Fuutie no tuviera que pasar por lo mismo —continuó Syaoran ajeno a sus pensamientos—. Ella también sabe lo de Fanren y por eso nunca quiso casarse. No sólo ella: mi madre se dio cuenta de eso e hizo todo lo que estuvo a su alcance por evitarlo… hasta que ya no pudo posponerlo más.

—Espera… ¿fue tu madre quien pospuso lo del compromiso de Fuutie? —cuestionó Sakura confundida. Si mal no recordaba, Meiling le había dicho que la razón del retraso había sido la muerte del padre de Syaoran y los problemas que a ésta le sucedieron. ¿O era todo parte de una misma cosa?

—Sí. Después de ver que el matrimonio de su hija no había resultado tan perfecto como el de ella y mi padre, mi madre se sintió culpable y trató de que Fuutie no pasara por lo mismo, aunque cuando mi hermana cumplió los 20 años la presión de los consejeros de la familia (las personas más importantes después del jefe) se hizo más y más grande. Entonces el año pasado llegó él a pedir la mano de Fuutie y ellos la obligaron a aceptarlo —masculló Syaoran con rencor dirigido ya fuera a Eriol o a los famosos consejeros… o a ambas parte.

—Pero de todas formas depende de ti, ¿no? —Sakura trató de ver el lado positivo—. Si te conviertes en jefe esa boda no sucederá y puedes liberar a tu hermana del compromiso.

Syaoran suspiró.

—No hubiera podido hacer nada de no ser porque fue precisamente él quien pidió que yo diera fe de esa boda —se encogió de hombros—, pero lo que él no sospecha es que lo único que logró fue darme la oportunidad que necesitaba para evitar que ellos dos se casen. Al final todo resultó siendo una casualidad a nuestro favor…

—¿Una casualidad? —dudó Sakura. Pensándolo detenidamente, incluso ella sabía que Syaoran no estaba de acuerdo con esa boda, así que Eriol no podía ignorar ese hecho. Aún así había pedido que fuera Syaoran, ¿o es que tenía un plan para ganarse la aprobación de su futuro cuñado? Aún así, ¿Por qué escoger a Syaoran? Quizás era una manera de ganar tiempo para no casarse tan joven, ¿O acaso Eriol tenía algo más en mente? No, Eriol era una persona transparente y sincera; él no podría tramar algún plan que incluyera algo tan serio como un matrimonio, aunque…

¡Es muy complicado!’ Sakura se llevó una mano a la cabeza sintiendo que le daba vueltas. Sentía que estaba pensando demasiado algo que no era de su incumbencia.

—Y si para eso tienes que casarte… ¿no puedes hacerlo con alguien a quien ames? Por lo que dijiste, tus papás se quisieron mucho, ¿no?

—¿Eh? —él pareció tomado por sorpresa con la pregunta—. Sí, ellos se querían de verdad y por eso mi padre no pensó en acabar con esa estupidez del matrimonio arreglado: como a él lo habían casado con la mujer que amaba creyó que estaba haciendo lo correcto con sus hijas, y como ellas sabían que la historia de mis padres había resultado bien, tampoco se les ocurrió oponerse… hasta que descubrieron que no siempre era así. En realidad pienso que mis padres son alguna excepción a la regla…

—¿Por eso te negaste a conocer a otras mujeres aparte de Meiling?

Syaoran asintió sumido en sus pensamientos.

—Ella me quería y yo a ella, aunque fuera sólo como a una amiga. Pensé que haciéndome a la idea después llegaría a amarla y decidí que sería mejor que intentarlo con nadie más, o que forzaran a una desconocida a estar conmigo, así que le pedí a mi madre que… un momento —Syaoran frunció el ceño—, ¿cómo supiste que me había negado a conocer a las candidatas del consejo?

—¿Eh? —entonces Sakura cayó en la cuenta de que había metido la pata: no era Syaoran quien le había contado aquello—. ¡Ah, eso…! jejeje… —rió nerviosamente y se rindió—. Bueno, Meiling me contó algo de eso.

—¿Meiling? —Syaoran entornó los ojos— ¿Por qué no me sorprende? Me pregunto a quién más le habrá contado todo.

—Es sólo que ella está muy feliz con la idea de casarse contigo—sonrió Sakura—, aunque si tú no te sientes igual… —su sonrisa se desvaneció—, puedes terminar lastimándola mucho.

—Ya lo sé. No eres la primera persona que me lo dice… —Syaoran pareció triste y para Sakura fue evidente que, a pesar de que se molestaba mucho con su prima y daba muestras de hartazgo por su constante asedio hacia él, Syaoran se preocupaba por Meilng y la estimaba mucho. No en vano habían sido amigos desde la infancia.

—¿Y no hay algo que puedas hacer? Quiero decir… —ordenó primero sus palabras con cuidado—. ¿No hay otra manera de convertirte en jefe de tu familia?

La expresión de Syaoran se tornó sombría e ilegible.

—Hay otra forma… —comentó pausadamente y casi entre dientes—, pero no pienso recurrir a ella a menos que no tenga otra opción.

———–

—¿Hay alguien aquí? —preguntó ella señalando el asiento vacío a su lado y él negó con la cabeza.

—¿Serás mi compañera en el viaje de regreso? Eso sí que es una sorpresa.

—No es para tanto; es menos de una hora de camino —Tomoyo se encogió de hombros mientras se sentaba—. Por cierto, escuché que les diste chocolates a todos en el coro antes de la competencia, incluyendo a los hombres —comentó con tono casual y él recargó la cabeza en el respaldo.

—¿Estuviste averiguando?

—Es difícil ignorar que fui la única que no recibió uno —sonrió Tomoyo y él la imitó.

—Te dije que tenía algo más que eso para ti.

—De haberlo sabido, hubiera intentado negociarlo —bromeó ella arrancándole una sonrisa aún mayor.

—Así que mis más profundos secretos no lograron sustituir al chocolate…

—El chocolate es insustituible —aseveró ella con fingido tono serio, como si no quisiera soltar una carcajada por aquello de los “más profundos secretos” del varón.

—Supongo. Ni siquiera ganar el primer lugar te hizo olvidarlo.

—Así es—asintió Tomoyo con orgullo.

—Entonces creo que esto no será para mí —Eriol sacó de una bolsa (que ella no había notado hasta ese preciso instante) un único chocolate envuelto en celofán.

—¿Era para ti? —parpadeó Tomoyo—. Oye, sólo estaba bromeando…

—No —rió él—. Era para todos los miembros del coro, incluyéndote, así que éste es el tuyo —se lo extendió y ella dudó antes de alargar una mano.

—¿Y tú? —inquirió—. Ahora también eres parte del equipo.

—Me conformaré con haber ganado, a menos que quieras intercambiar ese chocolate por otra cosa —sus ojos añiles se volvieron intrigantes.

—Está bien. Si te sirve de algo… —Tomoyo se dio una pausa para disfrutar un bocado y le devolvió una sonrisa cómplice—, siempre he tenido miedo a las arañas.

—Bueno, eso es normal en una chica.

—Y nunca he probado la nieve de nuez; soy alérgica a la nuez —ella terminó su chocolate y le guiñó un ojo, acto que él correspondió con una sonrisa que hubiera detenido un maremoto: una sonrisa sincera.

————-

—¿En verdad aquí vives? —Yukito alzó la mirada para ver la gran mansión que se levantaba frente a ellos—. Es enorme.

—Sí, un poco —respondió Fuutie abochornada mientras por el comunicador pedía a Wei que abriera la puerta para que entrara el automóvil del varón—. Creo que es algo excesivo para la cantidad de personas que vivimos aquí, y antes solamente eran mi hermano y un pariente lejano. Al menos ahora también estamos Meiling y yo.

—¿El pariente que mencionas es el que me dijiste que era primo de Nakuru? —preguntó un curioso Yukito mientras introducía el automóvil por la vereda para colocarlo frente a la puerta. Concentrado como estaba manejando, no pudo notar el nerviosismo que hizo presa de su acompañante.

—Sí, Eriol… el primo de Nakuru —‘y mi prometido’ Fuutie se mordió el labio, sintiéndose repentinamente ansiosa por haber aceptado que Yukito la llevara a casa después del trabajo.

Ambos bajaron del automóvil y Yukito la acompañó escaleras arriba hasta el porche, en donde la mujer comenzó a tener un debate interno respecto a lo que debía o no de hacer. ¿Podía invitarlo a pasar y cenar algo antes de que regresara a su casa? ¿Era cosa de mal gusto estando su “prometido” fuera de la ciudad? ¿Debía mencionarle que estaba comprometida? Lo cierto era que ese asunto del compromiso la tenía tensa como una cuerda de violín desde que había recibido la declaración del dulce varón, apenas poco más de una semana atrás.

—¿Hola? —parpadeó cuando los ojos de miel del sujeto abarcaron todo su campo de visión.

—Ah… ¿qué pasa? —se hizo instintivamente hacia atrás, abochornada. El sujeto sonrió con su usual ternura.

—Creo que no me escuchaste. Te preguntaba si no quieres que pase por ti mañana para ir juntos al banquete de los Auwärter. Como es afuera de la ciudad no sé si tengas manera de llegar.

—¿Al banquete? ¡Ah, el banquete! Afuera… No te preocupes, yo… —Fuutie pasó saliva y comprendió que estaba diciendo sinrazones y que efectivamente no tenía medio de transporte ni idea de cómo llegar a ese lugar—. No, no sé cómo llegar —admitió finalmente.

—Entonces ¿te parece bien si paso por ti a las 8? —al verla asentir Yukito sonrió—. Excelente. Que descanses y nos vemos mañana…

—¿No quieres pasar a cenar algo? —Fuutie casi se lleva una mano a la boca al darse cuenta de lo que hacía. ¿Qué estaba pasando con ella?

—Gracias, pero creo que esperaré hasta otra ocasión. No quiero que te sientas presionada —Yukito pareció entender lo que sucedía y con su acostumbrada serenidad trató de tranquilizarla—. Fuutie, no trates de ser condescendiente conmigo sólo porque sabes que estoy enamorado de ti. Si eso te pone nerviosa, prefiero hacer las cosas poco a poco, porque sé que valdrá la pena.

—¡Pero yo…!

—No estoy rechazando tu invitación, al contrario: me hace muy feliz y la acepto, pero quizá sea mejor para otra ocasión —él levantó una mano para acomodar un mechón que obstruía la mirada de la avergonzada mujer, quien contuvo el aire mientras lo hacía—. Entretanto, estaré esperando.

¿Y qué se supone que debía responder ella a eso? Tenía que pensar algo rápido para evitar decir “está bien, te entrego mi corazón”, pero su cabeza estaba vacía frente a tanta ternura y paciencia, y la sinceridad en los orbes dorados de Yukito la ponía en serios problemas al saber que ella seguía ocultándole el pequeño detalle sobre su relación con Eriol Hiragizawa.

—Gracias —susurró finalmente con voz débil y el sujeto se despidió con un alegre “hasta mañana” caminando hacia su auto, que encendió para después desaparecer rápidamente de su vista, dejándola a ella lidiar con sus trémulas rodillas antes de poder abrir la puerta que daba entrada a la casa.

Pareces una adolescente, Fuutie Li’ se regañó, pero pensándolo bien ésa era probablemente la única manera en la que podía reaccionar, considerando que con las estrictas reglas y bajo la inevitable vigilancia de la casa Li en China jamás había tenido oportunidad de mantener ese tipo de relaciones humanas con algún varón ajeno a su familia, ni mucho menos de enamorarse. Y este último pensamiento fue el que la aterró, pensando si acaso era posible que efectivamente se estuviera enamorando de su apuesto compañero de trabajo.

¡No, no puedes…!’ como estaba la situación… su situación, por el momento algo así sólo podía significar una cosa: problemas.

—¡Xiao Lang…! Ah, eres tú —Meiling se había asomado corriendo a vestíbulo al escuchar la puerta abrirse, pero cuál no sería su sorpresa (o desilusión) al constatar que no era su primo quien acababa de llegar.

—¡Wow! Gracias por el cálido recibimiento —se mofó Fuutie sarcástica, tratando de recuperarse rápidamente—. Ahora te veo más ansiosa que de costumbre. ¿Pasó algo entre ustedes?

Era evidente a quiénes se refería con “ustedes”. La mirada escarlata de Meiling cayó al suelo acompañada de un largo suspiro.

—Fuutie: yo… no quiero perderlo.

Sorprendida por la súbita declaración, la mayor se acercó a ella y la observó con curiosidad.

—¿Por qué dices eso? ¿Qué es lo que pasó?

—Xiao Lang… —levantó los ojos hacia la otra y parecía haber una súplica en ellos—, él está cambiando.

Fuutie alzó una ceja que en silencio decía “explícate mejor”.

—Es por esa chica Kinomoto —dijo esto entre dientes—. De buenas a primeras la trata como si fuera su amiga. ¡Xiao Lang nunca ha tenido más amigas que yo!

—Ah, es por el asunto de llamarla por su nombre… —Fuutie meneó la cabeza.

—Es más que eso: él la defiende, la busca, le sonríe… —su voz se quebró y se volvió apenas un hilo—; la prefiere sobre mí.

—Meiling, ¿estás segura de que no estás exagerando? —tuvo que preguntar, aunque conociendo a su lacónico y ermitaño hermano no podía ser de otra manera. Syaoran abriéndose a una persona y teniendo una amiga era algo tan raro y especial como imposible de pasar por alto.

La otra negó con la cabeza.

—Ella me lo está quitando.

Fuutie suspiró ante la llorosa mirada escarlata.

—Perdóname Meiling, pero… —abrazó a su prima al verla tan vulnerable y detestó tener que decir las siguientes palabras—, nadie puede quitarte algo que no es tuyo… y sabes a qué me refiero.

Notas de la autora: al final la “furia” de Meiling terminó convirtiéndose en “melancolía” de Meiling, pero en algún momento tenía que suceder.

Admito que fue un capítulo bastante cambiante: de Tokio nos pasamos a Japón, de Sakura a Akira, de una Meiling amenazadora a una triste, etc., de manera que espero que por culpa de eso no se hayan perdido los detalles importantes en cada escena (me declaro culpable si así fue). Por cierto, me ha dejado muy sorprendida la cantidad de mensajes que recibí de aquéllas que no sabían que a Tomoyo le gustaba Touya, pues esto quedó tácito desde el primer capítulo y lo repetí a la postre por lo menos en otro más. Es muy curioso saber que tengo lectores que no pierden detalle de nada (incluso algunos que yo a veces olvido) y otros que son más distraídos (cosa que yo también soy en la vida real… ¡y mucho!).

Y para quien ya lo olvidó: había prometido que mencionaría por qué Syaoran no soportaba ver a las mujeres llorar. ¿Les parece una buena razón o esperaban alguna otra?

Para quien extrañó a Touya y Nakuru, no se preocupen: regresarán “recargados” para el próximo capítulo.

Por cierto, me gusta mencionar problemas y situaciones reales, de manera que en este fic he optado por 2 que en los últimos 2 capítulos ya salieron a relucir: las muertes por causa del alcohol al volante y la violencia intrafamiliar (que ya había mencionado en Acuarela, pero de la cual decidí volver a hablar). Ambas son cosas de la vida diaria en todas las naciones y me parecen algo terrible, de forma que las incluyo como una forma de hacer conciencia sobre un problema real que ahí está y al que a veces hacemos oídos sordos.

Agradezco mucho todos sus comentarios y espero que la historia esté cumpliendo con sus expectativas. De cualquier manera acepto muy gustosamente sus críticas y todo comentario, de manera que no se contengan ni piensen que me sentiré ofendida.