11. De amistades, amores y desamores

El agua debe fluir’ (1), pensaba al sentir el líquido envolviéndolo en esos instantes, acariciando su piel y resguardando su alma. Cada nuevo movimiento de sus piernas y caderas fluían como si fueran parte del mismo líquido que lo rodeaba. Cada sonido era sucedido por su eco: el de sus propios latidos, el del chico pataleando en el otro carril, e incluso algún sonido metálico de alguien que entraba o salía por la escalera de la piscina.

Sabía que pertenecía mucho más al azul de ese lugar que al gris del asfalto, o aun al verde del bosque. Tanto era el reposo que ese mundo daba a su ser, que incluso la tentación de cerrar los ojos y dejarse envolver por él era mayor que el instinto natural de respirar. No obstante, no podía correr el riesgo de darse ese lujo.

50 metros. Con un suave movimiento dio la vuelta y posó ambos pies para dar un buen empuje con la aleta en la pared e impulsarse de regreso. Nada podía estorbarle. Tan sólo eran él, su aleta y el agua. No existían los problemas, el dinero o la familia, las hipocresías ni las obligaciones. Nada faltaba ni sobraba.

Bueno, quizás sólo una cosa: aire. Pero el momento en el que cediera ante las cada vez más continuas contracciones de su pecho y se rindiera al instinto natural de respirar sería el mismo momento en el que todas esas sombras del mundo real volverían a él. Aún así, tarde o temprano la realidad debería regresar. Lo supo cuando vio nuevamente la cruz que marcaba el final del carril, a escasos 8 metros de él. En un rincón de su mente se alzó una voz pidiéndole que diera una vuelta más, pero sabía que debía dejarlo para otra ocasión: ésa era sólo una prueba de rutina.

Tocó, pues, la pared y se dio unos segundos más mientras dejaba salir el aire impregnado de dióxido de carbono de sus pulmones. Con una fuerte aspiración por la boca al levantar la cabeza recibió de nueva cuenta una bocanada de realidad.

—¡Excelente! ¿cómo te sientes?

Su respuesta fue una sonrisa y una muda señal con la mano de que todo estaba en orden.

—100 metros. Pensé que darías otra vuelta.

Eriol se quitó el visor y respiró finalmente por la nariz mientras veía al chico que llevaba el cronómetro en la mano.

— 1 minuto, 27 segundos. Ibas muy relajado ahora.

Y así era. Eriol se impulsó con ambas manos hacia afuera y se sentó en la orilla para desembarazar sus pies de la pesada monoaleta. Apenas había liberado uno de ellos cuando una nueva voz llamó su atención.

—100 metros sin respirar, ¿cómo lo hiciste?

—¡Y sólo está entrenando! Deberías verlo cuando lo hace en serio…

Ignorando al chico que alardeaba sobre su persona, Eriol enfocó lo mejor que pudo a la chica, cuya voz había reconocido como la de Tomoyo Daidouji.

—Hola Daidouji-san —se puso de pie—. No te reconocí de lejos sin los lentes. Espero que no vengas a decirme que hoy había ensayo con el coro, porque recuerdo muy bien que la maestra dijo que tendría una junta importante y no podría asistir…

—Tranquilo —sonrió ella, aunque a pesar de sus palabras el otro no parecía tan mortificado—. Perdón, no quería interrumpir tu entrenamiento, pero hace unos minutos la profesora Takamura me pidió que te entregara las partituras que estaremos ensayando en el coro a partir de esta semana.

—¿Van a cambiar el programa a una semana de la competencia de coros? ¿De eso se trató la junta?

—No es para la competencia, es para el recital del festival de verano de la escuela dentro de dos semanas. La reunión fue con los organizadores y acaban de pedirle a la maestra que cerremos las presentaciones en la noche, así que tuvo que agregar una canción al repertorio.

—Entiendo —él asintió viendo las partituras—. Gracias, eres muy amable, aunque…— miró sus propias manos mojadas.

—No te preocupes, las traigo en una carpeta plastificada. Aún así, si quieres puedo dejarlas junto a tus cosas.

—No quisiera molestarte más, pero te lo agradecería.

No obstante, ya que su ropa seca estaba en los vestidores, le indicó a la morena colocarlas sobre una de las bancas en tanto ambos intercambiaban reflexiones sobre la melodía en cuestión y el proceso de ensayo a seguir con el coro para la presentación, aunque realmente la mente de Eriol estaba ocupada en otra cosa: los ojos violetas de su compañera estaban fijos directamente en los suyos.

Estaba tan acostumbrado a que las mujeres se pusieran nerviosas al encontrarlo en traje de baño o a que aprovecharan la ocasión para recorrerlo con la mirada de la cabeza a los pies y de regreso, que su impresión al notar que Daidouji no hacía lo mismo no podía ser mayor. Esa chica ni siquiera parecía inmutarse, e incluso parecía llamarle más la atención su reciente apnea y el equipo de natación que usaba que cualquier cosa relacionada con su físico.

—Por cierto, ¿qué es eso? —preguntaba ahora ella señalando hacia el carril donde había dejado sus cosas.

—Mi monoaleta.

—Parecías un delfín nadando con ella.

—Gracias por decir “delfín” y no “sirena” —bromeó él haciéndola reír. Ya antes había descubierto que la risa de esa joven le resultaba agradable, aunque no dejaba de significar una pequeña sorpresa hasta qué grado lo era.

—¿Te lo dicen mucho?

—Ya no tanto como cuando llegué a Tomoeda.

—Pero no eres el único que tiene una —señaló al menos otras tres que estaban a la vista.

—Cuando entré al equipo lo era, aunque les interesó después y algunos quisieron conseguir la suya para intentarlo.

—¿Y con eso te cuesta menos trabajo nadar sin respirar?

—Sabiendo usarla, sí. Era mi especialidad en Inglaterra y hay competencias de eso, pero no puedo formar parte del equipo japonés para competencias sin dejar el inglés, así que aquí hago natación clásica, aunque también intento seguir haciendo esto para no perder técnica ni condición.

—Suena muy interesante. Debes tener mucho control mental para aguantar tanto tiempo en movimiento sin respirar. Imagino que…

Increíblemente parecía sincera. No era como un “¡Eso parece muy interesante!” que en realidad significara “Me gustas mucho, así que diré lo que sea con tal de que me prestes atención”, sino una verdadera y singular muestra de interés por lo que a él más le gustaba.

Eriol sacudió la cabeza. Mejor no pensaba mucho al respecto. Detestaba pensar como si fuera un adonis y buscar siempre segundas intenciones en las mujeres que se acercaban a él, pero éstas se habían vuelto cosa de todos los días y al final había terminado adaptándose a ello. Tampoco debía olvidar que ni siquiera tenía los anteojos puestos, así que, aunque para ver de cerca no tenía dificultad alguna, quizá no podía prestar la atención debida a algún detalle que pudiera estar perdiendo de vista en el comportamiento de su compañera de clase.

—Bueno, como dije: no quiero interrumpir mucho tu entrenamiento, así que dejaré esto sobre la banca y te dejaré continuar —agitó las partituras con una mano—. Si esto es sólo un entrenamiento, no puedo imaginarme lo que haces cuando vas en serio.

—Si te interesa puedes venir a ver los entrenamientos cuando quieras. Quizás incluso podríamos reclutarte para el equipo —bromeó.

—Te tomaré la palabra, aunque eso de entrar al equipo no sería una buena idea. Los deportes no son mi fuerte —le guiñó el ojo.

—¿Bromeas? Tienes una capacidad pulmonar impresionante, eso es fundamental para cantar como lo haces —arqueó ambas cejas en señal de admiración—. Quizá no tengas la misma condición aeróbica que un atleta, pero realmente me agradaría que te animaras a entrenar algunas apneas conmigo algún día.

Tomoyo pareció sorprendida y de repente, inesperadamente, comenzó a reír causando en él la más confusa sensación.

—¿Qué pasa? ¿Dije algo malo? —no menos extrañado que divertido, él intentó no reír también, contagiado por ella.

—Es que eres totalmente diferente cuando estás entrenando al resto del tiempo —sus ojos violetas le miraban con una cálida chispa—. Es la primera vez que no pareces el caballero “perfecto” de una novela de suspenso con ese misterio que siempre te rodea. De hecho podría decir que es la primera vez que estando contigo siento que estoy hablando con una persona de carne y hueso —le guiñó un ojo—. Creo que finalmente he descubierto al verdadero Eriol Hiragizawa.

Eriol se quedó de piedra. Era cierto: cuando entrenaba se convertía en otra persona, en alguien mucho más lleno de vida y despreocupado que de costumbre, y es que en la piscina sólo existían el agua y él como uno sólo, y sus problemas e inquietudes se hacían a un lado ante un único objetivo: nadar como un pez.

Ahora ella lo había descubierto.

—Mejor me marcho de una vez para que continúes, aunque acepto tu invitación y espero poder verte entrenar otro día —Tomoyo agitó una mano en señal de despedida y comenzó a caminar para alejarse hacia las bancas para dejar la dichosa partitura, dejando a un meditabundo Eriol de pie junto al carril.

Si te interesa puedes venir a ver los entrenamientos cuando quieras. Quizás incluso podríamos reclutarte para el equipo (…). Realmente me agradaría que te animaras a entrenar algunas apneas conmigo algún día”, repitió en su cabeza. Era inaudito que fuera él el autor de esas palabras. Usualmente tenía que idear las excusas más elaboradas para evitar que las chicas asistieran a la piscina con cámara en mano cuando el equipo entrenaba. Entonces, ¿por qué la había invitado a ella? Pero aún más inquietante era su respuesta. De hecho, lo que más lo sorprendía era que ese “Creo que finalmente he descubierto al verdadero Eriol Hiragizawa” no fuera la parte más impactante, sino las palabras previas a esa afirmación:

“…podría decir que es la primera vez que estando contigo siento que estoy hablando con una persona de carne y hueso”

Definitivamente no es como las otras’ pensó sacudiendo la cabeza mientras se calzaba nuevamente la monoaleta para continuar.

—–

Miró su reloj al doblar por el pasillo para tomar las escaleras: no podía creer que realmente había llegado temprano a clase. A excepción de las ocasiones en que había tenido que estar más temprano para realizar alguna práctica con las porristas previa a algún evento, no recordaba la última vez que había cruzado las puertas de la escuela caminando tan tranquilamente. Además se sentía increíblemente llena de energía y buenos ánimos al haber logrado dormir su primer noche completa después de vivir su primer decepción amorosa cinco días atrás. Sin duda, todo auguraba un excelente viernes sin quedarse dormida en la primera hora.

—Hola Kinomoto —una voz la saludó desde el descanso de las escaleras y alzó la vista para ver de quién se trataba, aunque no pudo ocultar su sorpresa al descubrirlo.

—Buenos días… Fugunaga-san —dudó si había recordado bien su nombre. No se suponía que tenía que reconocerlo, pues apenas si se habían visto en la escuela siendo él un alumno del tercer grado. Takumi Fugunaga: Tomoyo le había comentado algunas cosas sobre él cuando platicaban sobre los clubes de fans, así que sabía que él también tenía múltiples seguidoras en el campus y que estaba en el equipo de basquetbol. Cuando formaba parte del grupo de animadoras le había tocado echar porras en algunos partidos y lo había visto jugar, pero fuera de eso jamás había cruzado palabra con él. Incluso se preguntó cómo es que él la conocía.

—¡Vaya! No creí que sabrías mi nombre —él sonrió con el rostro colorado. Sakura se preguntó si sería por el calor—. Aunque me gustaría más que me dijeras simplemente Takumi. Tuvimos un campeonato hace dos semanas y no te vi con las animadoras. ¿Ya no estás con ellas?

—Me salí en abril. Conseguí un trabajo de medio tiempo y ya no puedo ir a los entrenamientos —ella se encogió de hombros y continuó subiendo hasta alcanzarlo en el rellano. Entonces él comenzó a caminar hacia el siguiente piso a su lado.

—Es una lástima. Eras la chica más alegre de todas y la verdad todos en el equipo notamos tu ausencia.

—¿En serio? —ella sonrió abochornándose—. Gracias, eso es… no sé, es agradable saberlo.

—¿Vas a clase? —de pronto él se dio un ligero golpe en la frente y bajó la mirada con las mejillas aún más sonrojadas—. Lo siento, claro que vas a clase… sólo quería saber si te puedo acompañar a tu salón.

Sakura asintió y ambos continuaron andando. Principalmente fue él quien intentó hacer la conversación. Le preguntó cuál era su materia favorita y la más odiada, entre otras cosas triviales. Nada fuera del otro mundo, hasta que llegaron a la puerta de su salón.

—Bueno, supongo que aquí te tengo que dejar —él sonrió nerviosamente, confundiéndola—. Oye, sé que no nos conocemos muy bien, pero quería preguntarte algo…

—Claro, dime —le animó ella al ver que se contenía y Takumi desvió la mirada hacia el letrero del salón, aunque no parecía estarlo viendo realmente.

—Verás: mañana un compañero de clase hará una fiesta y nos dijo que podíamos invitar a quien quisiéramos, así que yo… me preguntaba si te gustaría ir conmigo —dijo esto último rápidamente y en una sola exhalación.

—¿Yo? —al verlo asentir se llevó una mano al mentón, pensativa. No conocía a nadie de tercero, más que a algunas chicas que estaban en el equipo de porristas. Además, ¿por qué ella? era la primera vez que hablaba con ese muchacho y, aunque parecía un buen tipo, no se sentía en confianza como para ir a una fiesta con él.

Por otra parte, no podía dejar de pensar en las palabras que Tomoyo le había dicho el domingo: tenía que intentar conocer más gente. Después de descubrir que Yukito definitivamente no era la persona para ella no tenía otra opción que resignarse y probablemente encontrar a alguien más, y con eso de que un clavo saca otro clavo…

—Perdón, no te quiero incomodar —Takumi pareció más nervioso ante su silencio que ante una posible negativa—. Si quieres piénsalo y te busco al final de clases. Es sólo una fiesta en casa de alguien, no es la gran… —pero el sonido de la campana anunciando el inicio de la primera hora de clases lo interrumpió.

—Está bien, iré —Sakura se sintió más urgida por la campana y las palabras de Tomoyo que por lo que fuera que Takumi le estuviera diciendo en ese momento.

—¿En serio? —sus ojos color chocolate se abrieron como platos— ¡Excelente! Entonces te busco a la salida para ponernos de acuerdo y poder pasar por ti mañana.

—¿Mañana? —a Sakura se le había olvidado que lo había mencionado.

—Sí, ¿o no podrás? —no supo si su expresión era de sorpresa, susto o decepción, pero fue muy marcada.

—Sí, sólo que no había prestado atención en la fecha —rió torpemente y en ese momento vio que el maestro de la primera hora se acercaba rápidamente —. Lo siento, tengo que entrar. ¡Nos vemos!

—¡Oye, espera! —ella se detuvo sin disimular su prisa—. ¿Te molestarías si te llamara por tu nombre?

—¿Eh? —Sakura parpadeó—. No, claro que no —miró al interior del salón—. Ahora sí: ¡Tengo que irme!

—Entonces te busco a la salida… Sakura —y ella entró sin prestar mucha atención a la enorme sonrisa que iluminaba el arrebolado rostro masculino.

—–

—¿De quién es la casa? —fue lo primero que preguntó Syaoran al llegar al enrejado y ver el lugar: una casa familiar de dos pisos con un tamaño promedio: no demasiado grande, pero al parecer sí lo suficiente para albergar una fiesta de unas 50 personas.

—No lo sé, de algún tipo de tercero —Meiling balbuceó tirando de su brazo— ¿entramos?

Syaoran no se hizo del rogar, aunque ciertamente no tenía otra opción, de manera que ambos caminaron hacia el interior, desde donde salía la música estridente que los envolvió al entrar. Syaoran aún se preguntaba quién había invitado a su prima a esa fiesta, pues no encontraba ningún rostro conocido entre los presentes que intentaban charlar e incluso flirtear entre sí a gritos entre el ruido que provenía de las bocinas gigantes en la sala. Algunos cuerpos rebotaban contra otros en un curioso baile epiléptico que él no se sintió con deseos de imitar. De cualquier forma siguió viéndose arrastrado entre grupos de personas, pegándose a las paredes y a los muebles para esquivar a medio mundo mientras la firme mano de Meiling lo llevaba a la cocina, a la sala, por las escaleras e incluso a alguno de los cuartos para después bajar nuevamente hacia la terraza.

—¿A dónde diablos me llevas? —se fastidió finalmente y se desembarazó de los dedos femeninos—. ¿Se puede saber qué o a quién estás buscando?

Inexplicablemente Meiling, en vez de… hacer lo que fuera que hubiera esperado de ella, sonrió vislumbrando algo en el jardín.

—¡Mira, qué casualidad! —señaló en esa dirección—. Kinomoto también fue invitada a la fiesta. ¡Y tú te quejabas de que no encontrarías a nadie conocido aquí!

—¿Kinomoto-san? —una vez más (y sin darse cuenta), Syaoran terminó siguiendo a Meiling hacia donde se encontraba la castaña conversando con un tipo alto que no recordaba haber visto antes—, ¿Quién es él? —su voz sonó más grave a sus oídos de lo que hubiera deseado.

—Buenas noches —saludó una alegre Meiling al par—. No sabía que también ustedes andarían por aquí hoy.

—Hola Meiling, hola Li —las esmeraldas de Sakura parecieron chispear de alegría con sólo verlos— ¿Acaban de llegar?

—Sí. Veo que estás muy bien acompañada —fue Meiling la primera en responder. Sakura procedió entonces a hacer las presentaciones, aunque Meiling y Takumi ya se conocían de la fiesta de la escuela. Syaoran tendió la mano al sujeto, de quien sintió un apretón más fuerte de lo normal, el cual no tardó en responder de la misma manera antes que molestarse en averiguar la razón.

Meiling observó con atención el choque de miradas que se siguió al saludo. Sakura estaba platicando alguna cosa que seguramente todos estaban ignorando, pues los dos chicos se analizaban crudamente y Meiling a su vez hacía lo mismo con ellos. En algún momento parecía que el aire podría cortarse con el filo de un cuchillo. El primer objetivo se había cumplido: Syaoran ahora sabía que Sakura era la pareja de Takumi esa noche y, si este último hacía bien su trabajo, el chino decidiría olvidarse de la castaña definitivamente.

—¿No quieres una cerveza, Li? —ofreció Takumi—. Están en la cocina, puedes tomar las que quieras.

—No tomo, gracias —contestó el castaño secamente.

—Pues yo iré por unas. ¿Me acompañas, Sakura?

—Está bien —ella no parecía muy convencida, pero igual se despidió momentáneamente de los dos chinos y caminó al lado del otro, quien se fue muy entretenido hablando de algo con ella.

“Sakura”. La familiaridad con que la había nombrado no había pasado desapercibida a los atentos sentidos del ambarino.

—Hacen bonita pareja, ¿no crees? —sonrió Meiling angelicalmente… demasiado inocente y alegre para tratarse de ella, pensó Syaoran.

—–

—¿Sabes qué? —Chiharu comentó a Tomoyo mientras esperaban a que les sirvieran un helado—. Extraño salir con Sakura.

—Tienes razón, desde que entró a trabajar casi no puede acompañarnos a salir —rió ella, pensando en lo que diría Chiharu si supiera que el chico que había salido con ellas en una cita triple e incluso ido a la playa con todos los demás era en realidad Sakura.

—¿Gustas un poco de chocolate en tu nieve, Daidouji-san? —Eriol se volvió hacia ella. Él y Yamazaki estaban al frente en la barra, ordenando por los cuatro.

—Sí, por favor —el otro asintió a la solicitud y regresó su atención al muchacho que lo atendía.

—Qué extraño que esta vez no pudieran venir Li ni Akira —meditó Chiharu—. Naoko no se lo hubiera perdido por nada del mundo. Además, creo que haces mejor pareja con Akira que con Hiragizawa —susurró al oído de su amiga para que el aludido no le escuchara.

—¿Te parece? —la sonrisa de Tomoyo se ensanchó con un dejo de ironía. Si Chiharu supiera…

—Definitivamente; lo supe desde el instante en que los vi juntos por primera vez, pero después de ver la química que surgió entre ustedes en la playa quedé más que convencida —y nuevamente se acercó a su oído—. Si quieres le digo a Takeshi que la próxima vez invite a Akira si piensa hacer otra cita doble.

—Está bien, no te preocupes —Tomoyo se encogió de hombros—. De verdad que no tengo ningún problema con eso.

—¡Al fin! —anunció Yamazaki regresando y sin ser consciente de la conversación que interrumpía—. Esta vez había más gente de lo normal.

—Es sábado y hace mucho calor, no creo que sea tan raro —Eriol le restó importancia y tendió a Tomoyo el helado que había pedido para ella.

—¿Ahora sí podemos escoger la película que vamos a ver? —les recordó Chiharu por qué estaban ahí y todos estuvieron de acuerdo, aunque el debate siguiente no fue tan equilibrado.

Llegaron frente a las salas de cine sin poder decidirse por uno de los títulos en cartelera, llevando Chiharu y Yamazaki la mayor parte de la discusión mientras Eriol y Tomoyo se conformaban con observarlos y compartir alguna que otra opinión. Por lo tanto, mientras la pareja analizaba por qué un monstruo legendario era mejor o peor que un pirata medieval, Tomoyo disfrutaba de su nieve y paseaba la mirada por el lugar, en donde la gente iba y venía y otros grupos como ellos se detenían a observar la cartelera o leer reseñas. La antesala era, en efecto, un auténtico bullicio.

De pronto lo vio.

Era Touya Kinomoto comprando boletos en la taquilla. La sola visión de su cabellera indomable y sus anchos hombros era suficiente para ocasionar un brinco de su corazón, aunque había aprendido a disimularlo muy bien para que Sakura y el mismo Touya no se dieran cuenta de eso.

En ese momento el hermano de su mejor amiga terminó la transacción y salió de la taquilla para ir a encontrarse con sus amigos. Seguramente Yukito también estaría ahí entonces, pensó Tomoyo, aunque por más que lo buscaba no lograba encontrarlo. Entonces, contrario a lo que esperaba, el trigueño fue a reunirse con una mujer de cabellos color chocolate, que se colgó de su brazo en el momento en que lo vio llegar con los boletos.

¿Quién es ella?’ la mente de Tomoyo se disparó en un segundo intentando reconocer el rostro y sus ojos cafés. Se sintió torpe, pero no pudo evitar el rayo amargo que le atravesó el pecho. A continuación vio a Touya intentar sacudirse del abrazo de la mujer y mirar hacia el cielo en evidente gesto de fastidio. La otra, contrario a molestarse por la actitud del varón, soltó una carcajada que alcanzó sus oídos.

A continuación hubo una especie de estira-afloja entre ellos. Ella intentó convencerlo de comprar palomitas o algo así, pero él se negaba a caminar hacia la cafetería. Al final pareció que se pusieron de acuerdo y ambos fueron a comprar algunas bebidas. Touya seguía portando un rostro impertérrito mientras ella lo afianzaba con ambos brazos cual si fuera un salvavidas. En ningún momento alguno de ellos la vio.

En ningún momento, aún desviando la mirada, Touya había prestado atención a otra cosa que no fuera ella. Los ojos del trigueño incluso habían aterrizado cerca de donde estaba Tomoyo y aún así no hubo signos de reconocimiento en ellos. Su aparente fastidio, además, no era diferente al que fingía sentir cuando Sakura trataba de convencerlo de algo. Y por si fuera poco, cualquiera que le conociera sabía perfectamente que no había poder en el mundo que lograra hacer que Touya Kinomoto tuviera una cita con alguien que le molestara tanto como él pretendía hacerlo ver.

¿Entonces por qué está con ella?’ sintió que el mundo se detuvo en el instante en que los vio desaparecer para dirigirse a una de las salas. ¿Por qué Touya estaba saliendo con esa mujer y, encima de todo, fingía no soportarla?

Una voz en su cabeza quería gritar la respuesta, pero ella no estaba dispuesta a escucharla. Touya Kinomoto nunca expresaba un sentimiento abiertamente. Su cariño estaba siempre disfrazado de acidez y fastidio. Lo había visto interactuar suficientes años con su hermana y su mejor amigo y siempre era la misma historia: un gesto aburrido que demostrara indiferencia en realidad significaba aprecio en el lenguaje de Touya, y un gruñido exasperado no era otra cosa que una expresión de cariño y preocupación.

Qué ironía. Seis días atrás había abrazado a su mejor amiga consolándola tras su primer decepción amorosa y ahora ella misma se veía en una situación igual… sólo que en este caso no contaba con la presencia de su mejor amiga, y aún si así fuera ella no podría consolarla, pues en primer lugar nunca supo que estaba enamorada de su hermano.

Tomoyo apretó la mandíbula y se mordió los carrillos pugnando por contener la capa acuosa que se formaba en sus ojos, intentando con todas sus fuerzas evitar que se formara la primera lágrima. No quería arruinar la cita de Chiharu…

—¿Quieres sentarte un momento? —la amable voz de Eriol la sobresaltó—. No parece que te sientas bien.

—Estoy bien, muchas gracias —ella forzó una sonrisa y notó que los otros dos ya no estaban—. ¿A dónde fueron…?

—Finalmente pudieron tomar una decisión y se adelantaron por los boletos. Como te vi muy abstraída les dije que en un momento los alcanzaríamos. Supuse que no querrías que ellos te vieran tan triste.

—¿Qué? —sus ojos violetas se abrieron como platos—. Yo no… ¿por qué dices que estoy triste?

—Descuida, no te pediré que me cuentes lo que pasó para que te pusieras así de repente —él ladeó la cabeza como restándole importancia al asunto—. Aunque no te servirá de nada negar algo que se ve a todas luces.

—Está bien —ella lo admitió finalmente—… y gracias por no preguntar.

—No me agradezcas nada, realmente me hubiera gustado poder hacer algo para hacerte sentir mejor —él se encogió de hombros—, aunque admito que no sé mucho de asuntos del corazón…

—¿De qué hablas? —ella frunció el ceño, cosa que rara vez hacía. ¿Cómo se había dado cuenta él de la razón por la que se había puesto así?

—De cualquier manera… —él evitó la pregunta—, es agradable saber que Tomoyo Daidouji es mucho más que la alegre y gentil imagen que todos en la escuela conocen.

—Todos tenemos nuestros momentos —ella aún intentó hacerse la fuerte—, pero descuida, ya se me pasará.

Inesperadamente él dio un paso hacia ella y alzó su barbilla para verla una vez más a los ojos.

—Entonces déjame conocer un poco mejor a la verdadera tú antes de que eso suceda.

¿Se estaba vengando de que ella también le había descubierto? Entonces ¿por qué las orbes añiles le resultaban tan cálidas a esa distancia? Algo muy en el fondo le dijo que él quería acercarse más, consolarla, que quería abrazarla, pero su mandíbula tensa le indicaba que se estaba conteniendo de hacerlo por alguna razón.

Y ella agradecía que lo hiciera, o no resistiría el impulso de llorar entre sus brazos y aferrarse a su pecho para esconderse de su propia desdicha.

—–

—¡Ah, no puedo esperar a ver a mi querido Ryo en acción! —Nakuru lanzó un grito de emoción mientras se sentaba en una butaca frente a la pantalla en la sala aún iluminada.

—No me digas —detrás de ella y alcanzando su propio asiento, Touya alzó una ceja, sarcástico.

—Tranquilo Touya, no te pongas celoso —ella le guiñó un ojo—. Ryo Nikishido (2) podrá ser el actor más guapo del mundo, pero a ése puedo compartirlo con todas sus demás fans. En cambio a ti no te comparto con nadie.

—Ah, qué alivio —Touya entornó los ojos con el mismo sarcasmo al que ella ya estaba tan habituada.

—Por cierto, gracias por invitarme —sonrió ella de oreja a oreja y el otro bufó.

—Si por “invitarte” te refieres a recogerme al salir de mi trabajo para darme un “aventón” a mi casa y en lugar de eso traerme al cine y balbucear durante media hora que querías ver la nueva película del tal Ryo e incluso empujarme hasta la fila para comprar los boletos, no te preocupes: el placer es mío —fingió una sonrisa ácida—. Sólo asegúrate de devolverme mi celular cuando salgamos, o por lo menos de ponerlo en modo de silencio durante la función —suspiró, recordando cómo es que ella había conseguido que la siguiera por todo el centro comercial hasta llegar a las salas de cine.

—Por supuesto, no te preocupes —ella se encogió de hombros como una niña y tanto el móvil de él como el de ella para quitarles el sonido. Él se llevó una mano a la sien.

Esta mujer es imposible…’ Touya suspiró. Las luces comenzaron a atenuarse hasta dejar el cuarto en completa penumbra.

—Touya-kun…

—¿Eh? —alzó ambas cejas y se volvió hacia ella para ser sorprendido por una rápida silueta acercándose antes de sentir unos suaves labios contra los suyos.

—Disfruta la película —Nakuru cortó el beso cuando la pantalla se iluminó y Touya pudo ver una sonrisa astuta pero infantil bailando en su rostro.

—¡Qué demon…!

—Shhh —fue acallado por un dedo contra su boca y la juguetona expresión de la chica iluminada por rayos naranjas provenientes de la pantalla—. Silencio: ya va a empezar. No quieres molestar a los demás, ¿o sí?

Y Nakuru se volteó para ver los anuncios previos a la cinta, como si nada hubiera pasado, como si el tipo a su lado no tuviera los ojos desorbitados, el ceño fruncido y un irremediable color escarlata en las mejillas (perfectamente disimulado por la escasa iluminación). Como si él no la mirara cual si acabara de ver a Medusa: de piedra y con el rostro desencajado.

¡Está loca!’ ¿qué clase de mujer era ésa? ¿Dónde habían quedado las chicas tímidas y las que se sonrojaban ante el “chico de sus sueños”? ¿Cómo rayos podía actuar tan tranquilamente después de literalmente haberle robado un beso? ¿Por qué era él quien estaba con expresión idiotizada a causa de eso? ¿Quién era el hombre y quién la mujer en esa relación?

¿Cuál relación? Qué estupidez…’ Touya sacudió la cabeza y frunció aún más el ceño antes de decidir apartar la vista de la extraña mujer que tenía a su lado.

———-

—Entonces le grité a Satzuke: “¡Apúrate, que estoy libre!” y entonces me vio parado cerca de la línea y me la pasó. Un tipo intentó quitármela, pero logré desmarcarme justo antes de que llegara otro y brinqué antes de que los dos pudieran hacer algo. Anoté ¡y en cuanto la bola cruzó la red sonó la campana! Ganamos por solamente un punto en el último segundo —relataba Takumi emocionado a otros chicos de su clase. Sakura reprimió un bostezo. Desde que habían abandonado el jardín para entrar a la casa todo se había reducido al ensordecedor ruido de la música acompañado por los gritos de Takumi intentando narrar sus “fantásticos” momentos en el equipo de básquet. El muchacho agitó la cerveza que tenía en una mano y continuó contando otra historia animado por los vítores de sus compañeros.

Sakura paseó la mirada por la sala en la que estaban, buscando algo con qué entretenerse. La mayoría de los asistentes a la fiesta daban risotadas por cualquier cosa y se burlaban de cualquiera que estuviera más ebrio que ellos mismos. Una chica dormitaba sobre el sillón aún con una cerveza en una mano y en cada rincón había parejas besuqueándose como si no hubiera otras personas caminando y estrellándose torpemente contra sus espaldas.

Observó entonces a su pareja de esa noche y al ver sus mejillas sonrojadas por el alcohol se preguntó si acaso ella sería la única persona sobria en esa fiesta.

¿Dónde estarán Li y Meiling?’ se preguntó al darse cuenta de que hace un buen rato que no los veía, aunque probablemente ya se habrían marchado viendo la decadencia a la que se dirigía la fiesta.

—Takumi —Sakura tiró de la manga del chico para llamar su atención y lo logró.

—¿Qué pasa linda? —él le dirigió una sonrisa arrastrada y le puso una mano en la cintura. Había estado haciendo lo mismo durante la última media hora, desde que sus amigos se habían mostrado tan interesados en conocer más acerca de su invitada, la antigua líder de las porristas.

Con un gesto rápido e intentando ocultar su fastidio por el apelativo, Sakura retiró la mano que se aferraba a su cintura con la mayor sutileza posible e intentó sonreír.

—Estoy un poco cansada y me gustaría regresar a casa. ¿Podemos irnos ya?

—¿En serio? —a pesar de que gritaba por el ruido, su voz sonaba lánguida—. Pero si la fiesta apenas comienza, ¿verdad chicos? —se dirigió a los otros, quienes alzaron sus botellas y lanzaron un grito de júbilo. No obstante, Sakura insistió y él suspiró, entendiendo a pesar de su renuencia que no le quedaba otro camino.

—Bueno, supongo que no tengo más opción que llevar a esta lindura a su casa —se dirigió a sus amigos encogiéndose de hombros y ambos se despidieron de ellos para salir de la casa, cosa que no fue fácil teniendo que moverse a empellones entre la multitud que bailaba y se tambaleaba indistintamente. Además, a Takumi el sólo hecho de caminar no le resultaba tan fácil, pues trastabillaba cada cinco pasos. Atravesaron el jardín con menos problemas y llegaron a la acera, en donde sólo tuvieron que andar unos metros hasta llegar al automóvil de Takumi, en el cual habían llegado más de dos horas atrás.

—Oye, espera —Sakura se detuvo en seco al verlo sacar las llaves del auto—. No estás pensando en manejar así, ¿o sí?

Takumi dejó escapar una carcajada—. Por supuesto que sí, ¿o cómo piensas que te llevaré a tu casa?

—¿Qué? —Sakura no lo podía creer—. Apenas si puedes caminar, ¡no puedes manejar en ese estado!

—No sería la primera vez —sonrió Takumi con arrogancia y ella apretó la mandíbula.

—¿No tienes idea de que puedes ocasionar algún accidente? —lo miró atónita y él entornó los ojos con evidente molestia.

—¿Tú también con eso? Suenas igual que mi madre.

—Pues di lo que quieras, no dejaré que conduzcas así —con un rápido y certero movimiento Sakura le arrebató las llaves y se alejó unos pasos de él.

—¿Qué rayos haces? —él intentó adelantarse hacia ella—, ¿Acaso estás loca o algo así? No me digas que vas a manejar tú, porque…

—No sé conducir, prefiero tomar un taxi —habló ella con toda seriedad y un ceño que rara vez mostraba.

—Deja de estar jugando y dame esas llaves —él dio otro paso hacia ella y Sakura volvió a retroceder.

—Olvídalo —Sakura estaba tan furiosa que sintió lágrimas de ira asomándose a sus ojos—. ¡No permitiré que vuelva a suceder!

—¿De qué rayos estás hablando? —Takumi pareció más fastidiado y volvió a caminar hacia ella alargando una mano para tomar la de Sakura y forcejear por las llaves—. Vas a tener que dármelas si quieres irte a casa.

—¡NO! —ella gritó con determinación y puso toda su energía en no abrir el puño en el que tenía el manojo.

—Déjala en paz, ¿no la escuchaste? —una voz masculina surgió detrás de Takumi y Sakura lo vio retroceder por una mano que tiraba de su hombro.

—¡Li-kun! —se sorprendió de ver que el chino aún continuaba en la fiesta.

—¿Y a ti quién te llamó? —masculló Takumi.

—Estás ebrio Takumi —acusó Meiling, quien llegó atrás de su primo.

—Sólo un poco “enfiestado” —rió él.

—Ella tiene razón, no puedes manejar así —Syaoran intentó razonar con él y retiró la mano que hacía presión en el hombro del mayor.

—¿Por qué no? Mejor hazte cargo de tus propios asuntos. Se supone que estás con Meiling. Sakura es mi cita.

—Sí, pero ella se va con nosotros —afirmó Syaoran—. Nosotros también estábamos por irnos de cualquier forma.

—¿Qué? ¡En tus sueños Li!

Sakura se acercó a ellos con cautela y entonces Syaoran vio sus ojos cristalinos conteniendo las lágrimas.

—En realidad… creo que es la mejor idea —titubeó nerviosa.

—¿Qué? —Takumi se puso rojo de ira y miró a Syaoran—. No creas que te voy a dejar llevártela tan fácilmente —dio un manotazo intentando alcanzar al chino con su puño, pero entre su ebriedad y los rápidos reflejos del otro terminó encarando el piso.

—Mejor vámonos —Syaoran no quiso quedarse a dar un lamentable espectáculo en una pelea ridícula con un borracho y pidió a las dos mujeres seguirlo—. ¿Les parece si caminamos hasta el centro y de ahí tomamos un taxi? —sugirió. La plaza principal no estaba a más de cinco cuadras de ahí, así que las dos estuvieron de acuerdo. Meiling dirigió una última mirada al muchacho que se levantaba con torpeza y ahogó una maldición en su cabeza.

—¡Espera un momento Li, esto no ha terminado! —balbuceó Takumi con rabia.

Idiota, lo arruinaste todo por ponerte así. Ésta me la vas a pagar’ lo vio alzar los ojos hacia ella y supo que él comprendía lo que ella estaba pensando. A partir de ese momento el muchacho se rindió y decidió quedarse atrás viéndolos partir, contemplando con mirada dolida a Sakura, con odio a Syaoran y con temor a la prima de éste.

Los tres iniciaron su camino en un silencio que fue interrumpido por Sakura al darse cuenta de que aún tenía algo en el puño de su mano derecha.

—¡Oh, no! Me quedé con sus llaves. Creo que debería… —y miró hacia atrás indecisa. La casa aún se vislumbraba a media cuadra de ellos.

—Olvídalo. Si se las das, regresará a su casa en ese carro —decidió Syaoran y ella estuvo de acuerdo.

—Si quieres dámelas. Yo se las entregaré luego a él o a uno de sus compañeros —ofreció Meiling para sorpresa de los dos.

—No sabía que conocías bien a Takumi…

—Convivimos en esa fiesta de la escuela, eso es todo —señaló la china interrumpiendo a una curiosa Sakura, quien optó por no preguntar más y dejar que Meiling le ahorrara el trámite de tener que lidiar una vez más con ese sujeto en la escuela. Entonces le entregó las llaves que la china metió en su bolso.

—Aunque tendrá que esperar hasta el lunes para que se las regrese —concluyó Meiling y no se habló más del tema, a pesar de que ella seguía pensando en el momento en que volvería a ver a Takumi, ansiosa por darle una paliza al sujeto que había echado a perder sus planes. No había sido tan fácil convencerlo de invitar a Sakura a la fiesta (y hasta había llegado a dudar que lo haría, pues el tipo tuvo que esperarse hasta el viernes para tomar valor), e incluso le había dado consejos sobre qué hacer y qué no hacer en su presencia, y eso incluía no emborracharse frente a la castaña. ¡Parecía una condenada doctora corazón! Pues a pesar de ser uno de los chicos más buscados de la escuela, Takumi no tenía idea de cómo comportarse apropiadamente en una cita, estando acostumbrado a no tener que hacer más que sonreír para hacer babear a sus admiradoras.

Su cabeza es tan hueca como un balón de básquet’ bufó con la ironía del jugador estrella del equipo. ¡Y qué ganas tenía de anotar una canasta de 3 puntos con ella! Ese descerebrado había terminado arruinando no sólo sus posibilidades con Sakura, sino la perfecta velada que ella y Syaoran estaban pasando. Meiling supo que todo iría en picada desde el instante en que Syaoran se había tensado al ver salir a la pareja de la casa con el varón tropezando alcoholizado. Entonces había llegado la discusión que mandaría todo el plan por el caño.

Idiota’ centró toda su furia en Takumi, toda esa desesperación que había sentido al ver a Syaoran defender a Sakura y al mayor lanzar un puñetazo en falso. ¿Qué se había creído ese tipo? En verdad que había que ser estúpido para pensar que podía ganarle a alguien con el entrenamiento que llevaba su primo.

Pero ese tipo pagaría su error…

Entretanto, al darse cuenta de que su prima se quedaba ligeramente rezagada y parecía demasiado sumida en sus pensamientos, Syaoran decidió aprovechar la oportunidad para hablar con Sakura.

—Hay algo que quiero preguntarte —cortó el nuevo silencio que se había formado—, aunque no sé si deba; puede ser un tema incómodo para ti.

—No lo sabrás si no me preguntas —Sakura asintió para animarlo.

—Es sobre lo que pasó ahorita… parecías entre asustada y furiosa, además de que te escuché decirle que no permitirías que volviera a suceder —bajó los ojos para contemplarla y ella agachó la cabeza.

—Ah, eso…

—Entonces me puse a pensar… ¿tiene algo que ver con la muerte de tu papá?

Las esmeraldas de la castaña se posaron en él con la sorpresa brillando en toda su expresión.

—¿Cómo supiste?

—Dijiste que tu papá murió en Año Nuevo y ahora descubrí que odias la idea de un ebrio conduciendo un auto, cosa que yo también detesto, pero a ti incluso parece que te aterra. Y eso de que no querías que volviera a suceder… —se encogió de hombros, pensando que no tenía que explicar más. Sakura asintió lentamente y desvió la mirada hacia el pavimento:

—Celebramos la fiesta de Año Nuevo en casa. Papá había invitado a una amiga suya a cenar con nosotros (Touya y yo estábamos felices de que nuevamente estuviera abierto a alguna relación, pues ya llevaba muchos años solo), pero al final de la velada se ofreció a llevarla a su casa —hubo una pausa prolongada que él no se atrevió a interrumpir. Se preguntaba si acaso la joven rompería en llanto o decidiría cambiar de tema para no hacerlo frente a él—. Fue cuando regresaba después de haberla dejado… un tipo le chocó por el costado, del lado del conductor.

Al verla apretar sus pequeños puños, intentando esconder su tierna fragilidad, lo único que se le ocurrió fue pasarle un brazo por encima sin dejar de caminar, no sabiendo qué más hacer. ¿Debía detenerla de estar pensando en eso? ¿O debía decir algo para consolarla?

—En el otro carro iban 4 personas. El conductor y su esposa murieron; sus hijos quedaron muy malheridos. Hicieron un examen de sangre al conductor y resultó que estaba totalmente alcoholizado.

—Lo siento —¿qué otra cosa podía decir? A pesar de haberlo pensado de antemano nada lo había preparado para escuchar esa historia y verla llevarse una mano a la cara para enjugarse las lágrimas. Sacó entonces un pañuelo del bolsillo y se lo ofreció.

—Gracias —ella tomó el pañuelo—. Aún no puedo creer que haya gente tan inconsciente. Esa noche por culpa del alcohol no sólo nosotros nos quedamos sin padre. Esos niños también quedaron huérfanos —percibió la voz femenina quebrándose—. Al menos Touya y yo podemos cuidarnos uno al otro, pero ¿y ellos?

Syaoran quedó impactado cuando ella se volvió para mirarlo. Sus bellas esmeraldas estaban empapadas en lágrimas y parecía haber una dolorosa súplica en ellas, pero lo que más le estrujó el corazón fue el hecho de que por encima de su dolor y luto ella aún tuviera espacio en su corazón para preocuparse por los hijos del bastardo que había segado la vida de su padre.

—No puedes cambiar lo que pasó —admitió él sin apartar sus ojos de los de ella—, pero al menos hoy evitaste que la historia se pudiera repetir. No puedes regresar a la vida a tu papá o a los papás de esos niños, pero al detener a Fugunaga esta noche probablemente salvaste a los padres o a los hijos de alguien más.

—Supongo que tienes razón —Sakura se secó las lágrimas con el pañuelo y le regaló una triste sonrisa—. Gracias.

Pero él negó con la cabeza.

—Fuiste valiente y firme hoy. Gracias a ti —tomó el pañuelo de su mano y la ayudó a limpiarse el rostro sin dejar de estrecharla con ternura con su otro brazo.

—Seguramente Takumi hubiera conseguido sus llaves nuevamente si no hubieras estado ahí —la sonrisa de Sakura se hizo un poco más sincera—, por eso te agradezco.

—Pero no…

—¡Oigan ustedes dos! —Meiling pareció salir de su ensimismamiento y los alcanzó para separarlos, quitando rápidamente el brazo que Syaoran mantenía sobre los hombros femeninos— ¿Qué se supone que está pasando aquí? ¿Qué haces con mi prometido? —se dirigió a una asustada Sakura.

—Es…estábamos hablando.

—¡Ja! ¿Y esperas que te crea? —Meiling bufó con rostro carmesí por el coraje—. Lo estabas abrazando, ¡Y enfrente de mí!

—Deja de imaginar cosas, ¿quieres? —Syaoran entornó los ojos bastante irritado—. Sakura tiene razón: sólo estábamos hablando.

El tiempo se detuvo y Syaoran vio a las dos mujeres con expresiones congeladas frente a él, ambas contemplándolo con sendos gestos estupefactos.

—¿Qué? —quiso saber, confundido—, ¿Qué dije, o qué pasó?

—Dijiste… la llamaste Sakura —Meiling fue quien habló sin variar su expresión incrédula y herida. Syaoran se quedó de piedra al escucharla decir eso. ¿En verdad lo había hecho? Pero la sorpresa de la misma Sakura lo confirmaba.

—Yo… ¿hice eso?

(1) “El agua debe fluir”, frase clave utilizada por Clow en la primera película de CCS

(2) Ryo Nikishido. Actor japonés que a sus 26 años es considerado uno de los más atractivos del momento en el país del Sol Naciente.

Notas de la autora: las relaciones entre los personajes acaban de dar pasos agigantados: Tomoyo y Eriol finalmente se han abierto más el uno hacia el otro (aunque fuera por causas ajenas a ellos); Nakuru va logrando atrapar a Touya en ese estira-y-afloja que los caracteriza; y Sakura y Syaoran han tenido uno de los más grandes acercamientos en su relación, pues se está estrechando ese lazo de amistad entre ellos, de tal manera que ni el mismo Syaoran se ha dado cuenta hasta qué grado… hasta el último minuto. Mientras tanto, Meiling y Takumi siguen en su fallido plan de separar a S&S. De hecho, más que separarlos creo que están logrando lo contrario (pobres criaturas).

Por cierto, no pude evitar dejar algo de mí en cada uno de los personajes. Pensé que Nakuru sería con quien más me identificaría, pero creo que es con todos en alguna forma, aunque definitivamente uno de los que más he notado es Eriol, a quien incluso transmití mi más grande pasión: la natación y la apnea (nado subacuático sin respirar). Para quien desee saber lo que es una monoaleta, pueden acudir al buen google o bien ver el dibujo de Eriol que tengo en mi perfil de FanFiction o en mis imágenes de Facebook.

Una vez más gracias a todos por su apoyo y espero que el capítulo haya sido de su agrado. Dudas y comentarios son siempre bien recibidos. ¡Saludos!