10. La prueba de fuego

 —¡Uff! —se fue detrás de la barra para darse un respiro. El otro mesero, un vietnamita de nombre Chung-Ho, se unió a ella en un momento.

—¿Cansado? —preguntó con su curioso acento.

—¿De verdad se pone así todos los fines de semana? —hizo una mueca y el otro se encogió de hombros.

—A veces más, a veces menos lleno, pero prácticamente así es.

Sakura le dirigió una mirada condescendiente. A raíz del fin de semana anterior en el que se había ido a la playa con sus compañeros, tenía que compensar el día que había solicitado como permiso trabajando otro día, que había resultado ser el domingo, aparentemente el día más pesado de la semana como se iba dando cuenta ahora. De haberlo sabido, no lo hubiera escogido, aunque realmente tampoco dependía de ella, pues había sido su suplente quien había cambiado sus horas de trabajo dominicales por las horas trabajadas del viernes. En realidad, el chico sólo había sustituido a Sakura por cuatro horas y trabajaba a tiempo completo durante los fines de semana que ni Akira ni Yuuta laboraban, de manera que sólo había podido solicitar el turno matutino para descansar ese domingo. Eventualmente Sakura regresaría a su domingo tranquilo y el otro muchacho tendría que ocupar nuevamente su puesto de trabajo.

De cualquier manera, Sakura pensó que era una fantástica oportunidad para conocer el café en fin de semana, además de que se había encontrado con trabajadores del restaurante que nunca antes había visto. Uno de estos ejemplos era Chung-Ho, un animado muchacho que estudiaba en la facultad de leyes durante la semana y trabajaba jornada completa los fines de semana para poder pagar su matrícula y sus gastos de vivienda, pues evidentemente no era de Tomoeda.

—Apenas llevas dos horas y media —Chung-Ho le dirigió una sonrisa bufona—. ¿Aguantarás las cuatro horas?

—¡Claro que lo haré! Sólo siéntate y verás… —Sakura apretó la mandíbula aceptando el reto y caminó hacia la entrada al ver la puerta abrirse para dar paso a una joven pareja.

—Bienvenidos —inclinó la cabeza ligeramente hacia la pareja, demostrándole al otro mesero cuán dispuesta estaba a hacer bien su trabajo—. ¿Mesa para d-do…s?

El tartamudeo fue inevitable al momento de alzar la mirada y encontrarse frente a frente con Yukito Tsukishiro al lado de una mujer que no podía ser otra que Fuutie Li.

¡¿Qué rayos?!’

—Sí, para dos, por favor —ajeno al trauma que parecía generarse en la garganta del mesero, Yukito sonrió con la misma dulzura de su siempre ecuánime persona.

—¿Akira-kun? —Fuutie lo miró, extrañada—. No sabía que éste era el restaurante donde trabajabas.

—Jeje, hola —Sakura se mordió el labio—. Sí, aquí es, aunque normalmente estoy aquí sólo entre semana.

—¿Ustedes dos se conocen? —Yukito parpadeó mientras Fuutie le explicaba brevemente que Akira era amigo de su hermano—. Ahora que lo mencionas, tu rostro se me hace un poco conocido —sintió los ojos analíticos del hombre en ella y se volvió para darle la espalda.

—¡No creo! Sería mucha coincidencia —Sakura rió nerviosa—. Síganme, por favor… —habló en un hilo de voz y los dirigió a una de las pocas mesas que estaban desocupadas. Les entregó las cartas y se disculpó para ir con otros clientes. En ese momento una charola se cruzó ante su vista.

—Oye, se supone que me ibas a demostrar algo, ¿no? —era Chung-Ho—, pero no creo que lo logres enviando a los clientes a mis mesas —ironizó y la castaña intentó calmar sin éxito su risa nerviosa y miró hacia la mesa a donde había guiado a Yukito y Fuutie: en efecto, era una de las mesas que Chung-Ho debía atender.

—¡Lo siento, es que yo…! —después se inclinó para susurrar en su oído—. Perdón, es que ambos son conocidos míos, pero yo…

—¿No te caen bien? —Chung-Ho alzó una ceja y ella negó con la cabeza.

—No se trata de eso… —señaló Sakura, aunque se dio cuenta de que probablemente no existiría otra excusa razonable, a menos que quisiera confesarle su temor de que el joven sentado a la mesa pudiera descubrir que ella en realidad era la hermana menor de su mejor amigo, así que decidió seguir sobre la línea de Chung-Ho—. Está bien, sí hay algo de eso…

—Ok, ok… iré a tomar su orden —Chung-Ho caminó hacia ellos y Sakura dejó escapar un suspiro pesado caminando nuevamente hacia cocina para recoger los siguientes platos a repartir.

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—Veo que… tenías apetito —titubeó Fuutie con una mirada incrédula al ver cómo el varón terminaba su tercer plato fuerte y se dirigía sin miramientos hacia el cuarto, que ya había llegado a la mesa. Antes de atacar nuevamente con los palillos, Yukito le dirigió una extasiada sonrisa.

—Cuando era niño me educaron con la creencia de que mientras más comiera más saludable sería. Evidentemente ahora sé que eso no es 100% cierto —confesó—, pero de todas formas mi metabolismo es un poco más rápido de lo normal —comentó como si nada.

¿Un poco?’ Fuutie alzó una ceja. Ver al alto y delgado Yukito Tsukishiro engullir tal cantidad de comida con semejante facilidad era como presenciar un espectáculo surrealista. Ella miró su único plato, en el cual aún quedaba un poco de arroz que ella seguía comiendo con parsimonia, sabiendo que estaba a punto de quedar más que satisfecha.

—De cualquier forma la comida aquí es deliciosa, ¿no te parece? —sonrió él, ajeno a sus pensamientos.

—Sí. ¿Ya habías venido aquí antes?

—No, pero hace poco un amigo consiguió empleo como mesero eventual aquí. Me parece que trabaja los fines de semana, aunque hoy tenía la mitad del día libre porque hace una semana sustituyó a uno de los chicos.

—Ah, debió haber sido Akira-kun —recordó Fuutie—. La semana pasada se fue con nosotros a la playa.

—¿Quieres pedir algo más? —Yukito notó que su acompañante estaba por terminar—. Si quieres, podemos ir pidiendo el postre…

—¿Postre? —ella lo contempló con ambos ojos abiertos como platos— ¿Te has dado cuenta de que apenas va a ser mediodía? —él asintió como si nada—. Está bien, creo que podré pedir un helado pequeño o algo así.

—Perfecto —Yukito llamó al mesero y le pidió una copa de nieve, un pay de queso y tempura helado. Fuutie asumió que las últimas dos cosas eran para él.

—Comienzo a pensar que tu vida gira en torno a la comida —bromeó Fuutie.

—Bueno, no podía ser de otra manera, ¿o acaso no es así para ti? —ironizó, sabiendo que no era el único chef sentado a la mesa.

—Creo que sigue siendo algo diferente —Fuutie se acodó sobre la mesa y lo miró con una expresión más seria—. Te he visto cuando cocinas, realmente imprimes toda tu pasión en ello.

—No creo que sea más que el amor y la creatividad con la que tú lo haces —Yukito dio un último bocado a lo que quedaba en su plato—. Ese lomo de cerdo a la mostaza que hiciste para la recepción de Arakawa es el mejor que he probado en mi vida.

—No seas exagerado —ella intentó hacer el comentario a un lado, pero no pudo evitar sonrojarse un poco.

—Un helado napolitano —llegó el mesero y sirvió la copa a Fuutie—. Pay y témpura —sirvió el resto a Yukito y desapareció rápidamente. La breve interrupción sirvió a la china para enfriarse la cabeza y pasar a otro punto.

—¿Sabes? Todo está delicioso y me la estoy pasando bien, pero me gustaría saber cuál es el motivo de la invitación —lo miró directo a los ojos; un Li no se andaba con rodeos. Lo que sí le sorprendió fue que el otro no le rehuyera la mirada, ni siquiera parecía conmocionado por su pregunta directa.

—Supongo que tengo que decirlo, aunque ya debes saberlo de antemano, ¿cierto? —a pesar de que parecía un tanto nervioso, la sonrisa de Yukito no se borraba de su rostro por nada del mundo—. La verdad es que me gustas… y mucho. Sé que apenas nos conocemos, pero cada vez que te veo concentrarte preparando algo o discutiendo alguna receta con los demás chefs y ayudantes me cuesta trabajo poder centrarme en mis propios asuntos. En realidad podría pedirte en este mismo instante que fueras mi novia, pero algo me dice que aún tengo mis méritos por hacer antes de atreverme, ¿cierto? —se encogió de hombros con un gesto casi infantil y luego la observó con un par de ojos dulces como la miel, que con su tierno gesto intentaban ocultar su propio estupor, consecuencia natural de su reciente confesión.

Fuutie se encontró repentinamente sin palabras. Yukito tenía razón en todo: para ella no era desconocido que su compañero se sentía atraído hacia su persona (casi desde un principio había advertido que el característico trato amable del hombre era un poco diferente cuando se dirigía a ella); pero también en el aspecto de “hacer méritos” tenía mucha razón, aunque no probablemente de la misma manera en que él lo pensaba. Si bien era cierto que ella no confiaba tan fácilmente su corazón a cualquier hombre que le dijera palabras bonitas, también era cierto que había un problema particularmente más serio que eso: ella estaba comprometida con Eriol Hiragizawa, y aunque se tratara de un punto más en la intrincada estrategia del inglés para cumplir con una promesa que había hecho siendo apenas un niño, ella estaba tanto o más metida en ello que él y no arriesgaría tan fácilmente su futuro por algo así.

Porque, aun si aceptara que el gentil varón de ojos dorados y curiosos cabellos cenizos no le era indiferente, tampoco podía ser tan infantil y pensar que había llegado el momento de echarlo todo por borda a cambio de una sonrisa meliflua y un romance que podría ser tan fugaz como el helado que se desbordaba por su copa, agobiado por el calor de fines de mayo.

—Muchas gracias por tu sinceridad —fue lo único que se animó a decir, pero tampoco era necesario más.

—Disculpa, espero que esto no te incomode mientras estemos trabajando juntos —aunque la alegría de Yukito se había ido desvaneciendo poco a poco durante el silencio que había precedido a la “respuesta” de Fuutie, sus ojos no denotaban decepción—. Además, no pienso presionarte para que me des una respuesta. Sólo quiero que sepas que no soy precisamente un Don Juan —rió—, así que estaré esperando pacientemente hasta que estés dispuesta a corresponderme.

Fuutie quedó de piedra al entender el sentido que albergaban sus aparentemente sencillas palabras, pues su mirada de miel lo reflejaba todo: él lo sabía. No había dicho “hasta que me correspondas”, sino “hasta que estés dispuesta a corresponderme”. Yukito Tsukishiro sabía que ella se sentía atraída por él. Probablemente la había descubierto mirándolo más de una vez, o incluso sonrojándose ante sus palabras en alguna ocasión. El punto es que él sabía que ya era (en mayor o menor grado) correspondido.

Cohibida y ciertamente nerviosa, Fuutie desvió la mirada hacia donde estaba Akira, quien los contemplaba en ese instante desde otra mesa que estaba atendiendo. Los ojos del muchacho estaban abiertos como platos. Probablemente desde su posición el mesero podía ver claramente el inconfundible sonrojo que había trepado a sus mejillas.

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La verdad es que me gustas…y mucho”

Mientras pasaba al lado de la mesa donde se encontraban Yukito y Fuutie no había escuchado gran parte de la conversación, pero al menos sí algunas líneas, entre las que se encontraban esas ocho palabras inolvidables.

La charola había temblado en sus manos al escucharlas y los dos platillos que llevaba en ella casi habían caído al suelo de no ser porque alcanzó a darse cuenta de ello a tiempo. Dejó los platos sobre la mesa 4 y avanzó a la 6, en donde un grupo de muchachos parecían aún indecisos sobre lo que ordenarían. Mientras se decidían no pudo evitar dirigir una mirada a la pareja de la mesa 10, donde se vio descubierta por Fuutie, quien la contemplaba con la cara enrojecida. Yukito seguía observando a su acompañante sin prestar atención a nada más, sin saber que al otro lado del salón una joven escondida bajo una peluca y unas gafas podía escuchar los crujidos de su propio corazón al romperse.

—¿Hola? —el más alto de los muchachos de la mesa llamó su atención—. Ya sabemos qué vamos a ordenar.

—Perfecto, los escucho —Sakura volvió la mirada a ellos y fingió la más resplandeciente de sus sonrisas mientras anotaba su orden línea tras línea. Se concentró en apretar fuertemente el bolígrafo entre sus dedos para evitar sentir la debilidad de su cuerpo y el temblor en sus manos.

—¿Eso será todo? —preguntó intentando estabilizar su voz y se dio cuenta de que apenas quedaba un hilo de ella—. Entonces vuelvo enseguida, con permiso…

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—¿Sabes dónde está Fuutie? —preguntó al salir al jardín y ver al joven inglés reposando bajo la sombra de un árbol con un cuaderno en mano.

—Salió. Parece que tenía una cita.

—¿De trabajo? —Syaoran arqueó ambas cejas y el otro se encogió de hombros.

—No lo sé.

—No parece que le des mucha importancia para ser tu prometida —frunciendo el ceño, el ambarino se acercó al inglés para contemplarlo desde su altura. Eriol no se volvió a verlo.

—¿Sabes tú dónde está Meiling?

Syaoran hesitó. Ciertamente no tenía la más mínima idea del paradero de su prima.

—Qué extraño. ¿Es tu prometida, no?

Syaoran apretó los puños. Era difícil admitir que el argumento del otro era imposible de esquivar. Soltando un bufido, intentó defenderse un poco mejor.

—Sabes que es una situación diferente. Meiling y yo…

—Se van a casar, igual que Fuutie y yo, ¿cierto?

—… estamos comprometidos desde niños de acuerdo con la tradición de la familia —continuó Syaoran, haciendo caso omiso a la interrupción—. En cambio, tú escogiste a Fuutie aunque tu familia no tiene ese tipo de costumbres.

Al escuchar esto, Eriol se puso de pie y lo miró a los ojos. Su mirada serena y confiada resultó casi molesta para el chino.

—Si no me equivoco, tú también escogiste a Meiling antes de que tu madre te presentara a otras mujeres.

—Tú no entiendes —Syaoran apretó los dientes, cada vez más irritado—. Meiling y yo hicimos un trato. Nosotros sólo somos…

—¿Amigos de la infancia? —sonrió Eriol con una gentileza casi dolorosa para el otro, quien la sintió como una burla—. Aún así sabes que ella está enamorada de ti y de cualquier forma le romperás el corazón: ya sea casándote con ella o no.

—No, espera, yo… —Syaoran se descubrió sin palabras. Una parte de él quería ignorar a su molesto pariente, en tanto que otra encendió una señal de alarma frente a una inminente verdad.

—Ella ha estado esperando por ti todo este tiempo, así que si te enamoras de alguien más y rompes el compromiso será una terrible decepción —continuó el otro llevándose un pulgar al mentón, como si analizara alguna curiosidad matemática—; por otro lado, dicen que un matrimonio sin amor es como una muerte lenta y dolorosa…

—Eso no es de tu incumbencia —musitó Syaoran con mirada colérica y desvió la vista para cambiar el tema—, pero Fuutie es mi hermana y me gustaría saber cuál es el tipo de relación que hay entre ustedes dos.

—Estamos comprometidos —respondió Eriol con toda naturalidad, haciendo enojar aún más al castaño.

—¡Eso ya lo sé! —respiró profundo para calmarse—. Lo que quiero saber es por qué te quieres casar con ella. ¿Es por conveniencia, porque ella va a heredar una fuerte suma de dinero y acciones de la familia en cuanto se case?

Listo. Lo había dicho. Era lo que se había temido desde un inicio y no era nada raro. Así había sucedido con sus otras hermanas, pues, aunque se habían casado con hombres de renombre, el apellido Li había influido indudablemente en la decisión de éstos al escoger a su pareja. No obstante, aquellos matrimonios habían ocurrido bajo el permiso de su padre e incluso de su madre, además de que en aquel entonces él apenas era un niño, de modo que jamás hubiera podido mover un dedo para evitar que utilizaran a su familia como un escalón para ascender en riquezas y posición social, pero ahora las cosas eran diferentes: Eriol había firmado su sentencia al solicitar que fueran casados bajo la bendición del futuro jefe Li y ése era él, así que en sus manos estaba impedir una boda que terminaría por ser un lastre para su hermana.

No muy ajeno a los pensamientos del chino, Eriol sonrió.

—No necesito ni el dinero ni el renombre de la familia Li para satisfacer mis deseos.

—Entonces… —Syaoran centró sus sorprendidos ojos ámbar en él— ¿en verdad amas a mi hermana?

Estimo mucho a tu hermana —contestó él de manera esquiva—, lo suficiente para tomar algunos riesgos.

Syaoran sintió deseos de tomarlo del cuello de la camisa y zarandearlo hasta borrar esa estúpida sonrisa de su cara. ¡Ese tipo estaba jugando con él!

—Uno no se casa con alguien a quien “estima”—siseó con visible molestia, pero el otro no se inmutó y simplemente le puso una mano en el hombro, como si quisiera transmitirle un poco de confianza.

—Tienes razón —le guiñó un ojo—. Y lo mismo va para ti…

Con estas palabras el inglés caminó hacia la casa con su cuaderno en mano, dejando a un mudo Syaoran tras de sí, quien aún sentía sobre su hombro la extraña e incómoda calidez que el toque de su pariente había dejado mientras decía esas palabras.

—–

Miró con impaciencia su reloj: faltaban sólo diez minutos para salir, de manera que Tomoyo no debía tardar en llegar. Al menos Yukito y Fuutie ya hace un rato que se habían ido, aunque eso no le impedía dejar de pensar en el par.

Pero Fuutie está comprometida con Eriol’, pensaba y su cabeza sólo se confundía aún más. ¿Acaso lo estaba engañando con Yukito? Aunque parecía que no le había respondido nada al mejor amigo de su hermano. Aún así, tampoco había visto que lo negara, e incluso sospechaba que Yukito ni siquiera tenía idea de que la china ya tuviera un novio.

Sin embargo, no importando lo que pensara, una cosa sí era un hecho: a Yukito le gustaba Fuutie, y era ahí donde su pecho se oprimía y su corazón se agitaba convulsamente. No cabía duda: estaba sufriendo su primer desilusión amorosa. ¡Y qué ridícula se sentía! Porque desde un principio sabía (aún negándose a admitirlo) que el apuesto varón de cándida mirada jamás llegaría a pensar en ella como algo más que la hermana menor de su mejor amigo.

—Hey, si quieres puedes irte ya a cambiarte —Chung-Ho interrumpió sus pensamientos, sobresaltándola—. Tranquilo —rió—, sólo quería decirte que ya van a ser las 2. Sólo ibas a trabajar media jornada, ¿no?

—Ah, sí… gracias —asintió rápidamente y comenzó a caminar hacia la parte de atrás—. Entonces ¿está bien si me cambio de una vez?

—Claro, además ya llegó tu reemplazo —Chung-Ho señaló hacia la puerta, que justo en ese momento estaba atravesando un alto varón de piel trigueña y cabello oscuro que a ella no le resultó en absoluto desconocido.

—¿To… Touya? —Sakura palideció en su lugar al reconocer a su hermano.

—¿Lo conoces?

—¿Eh? —con el rostro marcado por el estupor Sakura se viró hacia él.

—Que si lo conoces —repitió Chung-Ho creyendo que no le había escuchado—. ¿No dijiste su nombre?

—¡No! —ella negó con frenesí—. Es que yo… él… ¡Ah! dijiste algo sobre él hace un rato y me grabé su nombre.

—¿Yo dije algo? —Chung-Ho pareció dudarlo, pero no le dio mucha importancia—. Ah, Touya, te presento a Akira, es el chico que supliste la semana pasada —saludó haciendo un gesto hacia un punto que estaba atrás del hombro derecho de Sakura y ésta se quedó helada mientras volteaba poco a poco hasta percatarse de que su hermano se encontraba ahora a escaso medio metro de ella.

—Hola —Touya centró sus ojos oscuros en ella—. ¿Akira? Tu rostro me parece familiar.

—Ho…hola —titubeó Sakura sintiendo su mirada analítica en ella. Sabía que ésa tenía que ser la prueba de fuego para su disfraz de Akira Yamamoto… y no estaba segura de estarla pasando.

Realmente te pareces a alguien que yo conozco —Touya continuaba con sus suspicaces ojos sobre ella, mirando a través de los lentes y bajo los flecos de la peluca de Akira.

Él lo sabía. Touya sabía perfectamente que era ella, podía verlo en sus ojos desconfiados y escrutadores. Y ahí debía ser el punto en donde todo se terminaba con su mascarada…

—¡Hola Akira! —reconoció la voz de Tomoyo y la vio entrar campantemente hasta que ésta descubrió a la persona que estaba a su lado— Touya… ¿qué haces aquí?

—Hola Tomoyo —Touya sonrió con una malicia indecible—. Creo que yo debería preguntarte lo mismo, porque Sakura me dijo hoy por la mañana que estaría todo el día contigo.

Jaque. Era la delicia del ganador. Sakura estaba perdida.

—Ése era el plan —contrario a la palidez de su amiga, Tomoyo sonreía igual que siempre—, íbamos a salir ella, Naoko, Chiharu, Rika y yo, pero mamá se sintió mal esta mañana y me quedé a esperar a que la viera el médico. Afortunadamente sólo se le bajó la presión, así que me reuniré con ellas en una hora en el centro comercial. Sólo pasé a comer algo porque Chiharu me mandó un mensaje para avisarme que ya comieron.

Como si fuera posible, la estupefacción de Sakura se incrementó al doble al constatar la naturalidad con la que su amiga podía idear un plan en tan sólo unos segundos. En pocas palabras, la habilidad de Tomoyo para mentir la dejó sin habla.

—¿En serio? —Touya, en cambio, no parecía del todo convencido—. Sakura no me dijo que iría al centro comercial. Tengo una idea —nuevamente esa sonrisa mezquina de estratega—: la llamaré al celular, sirve que le encargo algo que se me olvidó pasar a comprar ayer.

Jaque mate. Sakura ya sentía que había sobrepasado el límite de la palidez y ahora estaba diáfana. Tomoyo entretanto sacó su móvil.

—Mejor le marco yo, así puedo decirle que mejor nos veamos directamente afuera del cine.

¡¿Qué rayos haces?!’ el terror de la castaña había alcanzado un punto álgido al ver a su amiga maniobrar rápidamente con el teclado de su teléfono. Touya, en cambio, observaba esto con la misma desconfianza, aunque con una creciente curiosidad al notar la seguridad con la que Tomoyo usaba su teléfono para llamar a una supuesta Sakura en el centro comercial.

¡Tomoyo!’ Sakura hubiera querido gritar al verla llevarse el aparato al oído y esperar por el tono de marcado. Su celular estaba junto con sus cosas, en el casillero de los empleados, así que no se alcanzaría a escuchar desde donde estaban, pero evidentemente nadie contestaría al llamado.

—¡Sakura-chan! —habló Tomoyo como si alguien hubiera contestado al otro lado de la línea.

Hola Tomoyo, ¿en dónde estás? —en ese momento todos pudieron escuchar claramente la inconfundible voz de Sakura Kinomoto en el teléfono. Touya frunció el ceño y dio un paso hacia Tomoyo. Akira, en cambio, quedó boquiabierto. ¿Qué demonios estaba pasando ahí?

—Déjame hablar con ella —exigió Touya.

—Oye, estoy en el restaurante donde trabaja Touya y él quiere hablar contigo. Te lo paso —extendió el teléfono hacia el trigueño y le dirigió una sonrisa inocente, a lo que él solamente frunció más el ceño. No obstante, tomó el aparato y lo llevó a su oído.

—Oye monstruo, ¿en dónde…?

¿Qué? Oye, ahorita no puedo hablar, estoy en… ¡aaaay! —a continuación se escuchó un estruendo alternado con un montón de ruidos que sonaban como a cosas cayendo una tras otra entre gritos de la castaña.

—¿Qué…? —Touya se vio interrumpido por otro grito— ¿Qué rayos estás haciendo?

¡Hoeeeeee! —después de un último y casi resignado grito de Sakura, la llamada se cortó y Touya se quedó mirando el teléfono un momento.

—¿Qué pasó? —se adelantó a preguntar Tomoyo, aunque claramente había escuchado la “conversación”.

—Parece que el monstruo ya está causando desastres en alguna tienda —alzó los ojos al cielo—. Me pregunto cuánto me costará esta vez…

—Espero que no sea tan grande como la última vez —rió Tomoyo. Sakura sintió ganas de protestar al ver cómo su hermano y su mejor amiga recordaban aquella vez en que había sufrido un “pequeño percance” en una tienda de curiosidades de la India.

—Toma —Touya devolvió el móvil a Tomoyo.

—¿No quieres que la llame otra vez para saber qué pasó?

—Está bien, mejor le preguntas cuando la veas. De cualquier manera, las malas noticias vuelan —él chasqueó los dientes y dirigiendo una última y extraña mirada a Akira se despidió—. Tengo que ir a trabajar, así que nos vemos después.

Sakura también se disculpó un momento para ir al casillero a recoger sus cosas y dejar el mandil. normalmente se quitaría el uniforme y se cambiaría detrás de los lockers, pero Touya estaría ahí cambiándose y prefirió apurarse a salir para encontrarse afuera con Tomoyo, chocando en su carrera hacia la entrada con una joven cliente que iba llegando.

—¡Lo siento mucho! —se disculpó, roja como un jitomate.

—No te preocupes, fue mi culpa —la mujer sonrió—. Oye, tú eres mesero de aquí, ¿verdad? ¿Acaso es requisito ser modelo o algo así para trabajar aquí?

—N…no —dudó Sakura, extrañada—, ¿por qué?

—Humm… ¿es necesario responder a eso? —soltando una risita, la mirada de la mujer se dirigió hacia Touya, quien se acercaba a ellas con el uniforme ya puesto. Sakura pasó saliva al ver nuevamente esos desconfiados ojos oscuros sobre ella. ¡Tenía que salir de allí cuanto antes!

—Oye tú…

—¡Touya! Adivina quién llegó… —el aludido, quien por estar prestando atención a Akira no se dio cuenta de quién estaba a su lado, abrió los ojos en una expresión de casi terror al ver a la joven morena que con voz cantarina se abalanzaba sobre él en menos de un segundo.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a visitarte a tu trabajo, ¿qué más podría ser? —sonrió la otra sin soltarlo ni un ápice.

—¡Con permiso, tengo que marcharme! —Sakura aprovechó la oportunidad para deslizarse hacia la puerta y prácticamente desvanecerse tras ella.

—¡Oye…!

Una vez afuera se reunió con Tomoyo y ambas caminaron (prácticamente corrieron) sin hablar hasta doblar la esquina, en donde finalmente pudieron relajarse para platicar un poco.

—¿Por qué no me dijiste que Touya estaba trabajando ahí? —fue Tomoyo la primera en hablar.

—¡Porque yo misma no lo sabía! —se quejó Sakura, respirando para recuperar el aire que parecía haber estado conteniendo desde el momento en que Touya había cruzado la puerta—. Ya sabes que todo el tiempo está cambiando de trabajo.

—Pues eso estuvo cerca —suspiró Tomoyo aliviada y Sakura secundó esa opinión.

—Oye, pero ¿cómo hiciste…? —empezó la castaña, confundida—. Quiero decir… ¿de dónde sacaste esa grabación? ¡Realmente ésa parecía mi voz!

La morena soltó una carcajada al ver el rostro extrañado de su amiga.

—¡Ésa era tu voz!

—¿Qué? Pero ¿cómo…? —la mirada esmeralda se perdió en su mar de confusiones— ¿cuándo…?

—No es la única que tengo —sonrió con sus alegres ojos violetas y sacó su teléfono de la bolsa para pulsar algunas teclas y mostrarle la pantalla a su amiga, quien contempló sin entenderlo muy bien una carpeta con el nombre de “Sakura”.

—¿Qué es esto?

—Ya te lo había comentado, pero creo que no me pones mucha atención. Con este teléfono tengo la opción de guardar las conversaciones que me parezcan importantes —pulsó un archivo en la carpeta y al instante comenzó a escucharse la grabación que habían escuchado antes.

—¿Y eso cuándo lo grabaste?

—El año pasado —Tomoyo soltó una risita—. ¿Recuerdas la semana cultural de diciembre? Te dejamos a cargo del puesto del salón durante una hora y terminaste destruyendo la mitad en un instante.

—Ah, ya me acordé —¿cómo olvidar aquella caída que había ocasionado toda una trifulca en el salón? Desde entonces habían decidido no dejar a Sakura Kinomoto como responsable de cosas que pudieran quebrarse fácilmente—. ¿Y por qué lo tienes grabado?

Como respondiendo a su pregunta, Tomoyo regresó un poco la cinta que ya había terminado de tocarse y claramente se escuchó el desesperanzado grito de Sakura al final.

—¡Ese grito tuyo es tan tierno! —sus ojos destellaron luz al decir esto y Sakura entornó la mirada al cielo. Conociendo a su amiga, ¿cómo se le había ocurrido que pudiera ser de otra manera?

—Está bien, al menos sirvió para evitar que Touya siguiera sospechando de que soy Akira —se miró el disfraz—. Hablando de eso, ya quiero cambiarme. ¿Quieres ir a mi casa? Al cabo ahora sé que Touya no regresará hasta en la tarde.

—Claro, vamos —sonrió Tomoyo a su amiga, pero había una cosa que no dejaba de incomodarla. Sakura podría pensar que Touya se había creído todo el cuento, y probablemente al trigueño no le había quedado otra opción que aceptarlo por el momento, pero a Tomoyo no le parecía que se rendiría tan fácilmente. Touya tenía una suspicacia incomparable, máxime tratándose de su hermana, y no le sorprendería que en un futuro el muchacho intentara averiguar más al respecto.

Por lo pronto, habían estado muy cerca de ser descubiertas, y lo peor era que no se trataba de la primera vez. Tan sólo pensar en su conversación de la semana anterior con Eriol Hiragizawa le hacía pensar que tampoco sería la última.

Una semana antes, casa de playa Hiragizawa.

Después de comprobar que estaban solos y nadie más podía escucharlos desde donde estaban, Tomoyo decidió ir directo al grano, aunque sabía que tenía que hacerlo con sumo cuidado.

—Dime Hiragizawa-kun, ¿Qué opinas de Akira-kun?

—¿Akira-kun? —Eriol, que estaba sirviendo en una olla el agua que utilizarían para el ramen, se volvió a mirarla—. ¿Para qué deseas saber mi opinión, Daidouji-san?

—Tengo la impresión de que sabes ver muy bien a través de las personas. ¿O me equivoco? Además, me gustaría conocer la opinión que otras personas tienen de Akira-kun, ya que apenas lo conozco.

Lo miró a los ojos y podía ver en ese profundo azur que él sabía algo que no diría tan fácilmente. Igual que siempre, para Eriol no se trataba más que de un juego

—Es curioso que preguntes. Me parece que tú le conoces mucho mejor que yo, que apenas lo he visto en un par de ocasiones.

Respuestas esquivas, la especialidad de Eriol Hiragizawa, pero ella no dejaría el tema a un lado tan fácilmente, sobre todo tratándose del secreto de su ingenua y despistada mejor amiga.

—Quizás estoy en un error, pero creo que alguien tan perspicaz como tú no necesita de más para generar un perfil bastante preciso de una persona.

Eriol sonrió. Seguramente sabía que se estaba encontrando con alguien que utilizaba las mismas armas que él: persuasión y gentileza, pero sobre todo mucha, mucha astucia.

—De acuerdo, si tanto te interesa conocer mi opinión, te diré que Akira-kun me parece una persona muy… singular. Casi no conozco a alguien tan carismático y alegre como él, pero lo que más llama la atención es su inocencia… —hizo una pausa significativa en la que su sonrisa se torció de manera enigmática—, a pesar de que a veces da la impresión de tener un gran secreto.

Él lo sabía. Tomoyo se dio cuenta de que estaban jugando al gato y al ratón: él contestaría con evasivas a cualquier pregunta, esperando a que ella intentara acorralarlo haciendo una pregunta más exacta e ineludible, para lo cual tendría que mencionar la relación entre Sakura y Akira, cosa que ella no estaba dispuesta a hacer.

—¿Esa impresión te da? —Tomoyo sonrió abriendo la bolsa de ramen, esforzándose en mantener ésa como una conversación casual, cosa que a cada minuto le costaba más trabajo.

—No sería nada extraño… permíteme ayudarte —él tomó la bolsa de sus manos y la forma en la que sus dedos la rozaron al hacerlo la hizo estremecer; había algo en el aire que manaba de él que simple y sencillamente le causaba escalofríos—, después de todo, todos guardamos algún secreto. ¿No es así, Daidouji-san?

¿Y cuál es el tuyo, Eriol Hiragizawa?’ Tomoyo asintió.

—Ahora perdona que yo lo pregunte, pero esta conversación me intriga un poco —él continuó preparando la sopa tranquilamente—. ¿Por qué Akira-kun te causa tanta curiosidad, estimada Daidouji-san?

—Él me agrada mucho; incluso comienzo a pensar que podríamos llegar a ser buenos amigos. Eso es todo.

—¿Y eres así de curiosa con todas las personas que te agradan? —él alzó una ceja.

—Simplemente soy una persona curiosa por naturaleza —ella se encogió de hombros y le dirigió una de sus mejores sonrisas, sabiendo que ahora quien pretendía llevar el ritmo de la conversación era él, pero Eriol igualmente le dirigió una de esas sonrisas que solían derretir a la mitad de las mujeres del instituto.

—Qué bien, porque yo también.

Tomoeda, tiempo presente.

—¿Tomoyo-chan? —el ceño en el gesto extrañado de Sakura la trajo de vuelta al presente—. ¿Pasa algo?

La aludida recuperó rápidamente la compostura y sonrió a su amiga. No podía decirle que las sospechas sobre su identidad falsa estaban despertando. Conocía a Sakura y sabía mejor que nadie que generarle inseguridades innecesarias era algo que era mejor evitar.

—Me preguntaba si vamos a estar a solas en tu casa. Espero que no te quieras aprovechar de mí, Akira-kun —se llevó una mano a la boca para ahogar una risita y le guiñó un ojo “coqueto”.

—–

—¿Ahora sí vas a decirme lo que pasa? —preguntó Tomoyo directamente al verla transformada nuevamente en mujer. Aunque no lo había mencionado, sabía desde el mismo momento en que la vio en el restaurante que había algo perturbando a su amiga, algo aún mayor que el hecho de que estuvo a punto de ser descubierta por su hermano. Ahora que el susto inicial ya había pasado, su mirada esmeralda no parecía ya sorprendida ni asustada, sino inquieta e incluso un tanto triste.

La conocía mejor que nadie, y supo que había dado en el blanco cuando Sakura lució derrotada al verse descubierta. Tomoyo se sentó entonces sobre la cama de la castaña y la invitó a hacer lo mismo.

—¿Qué ocurre? —insistió con un suave tono. La ojiverde bajó la cabeza.

—Yukito fue hoy al restaurante.

Tomoyo tomó aire. Por el tono apagado en su voz sospechó lo que se avecinaba aún antes de escuchar la historia completa. Minuto a minuto fue testigo de cómo su amiga cambiaba de estar luchando por restarle importancia al asunto hasta el punto de no poder contener más las lágrimas.

—Sabía que sucedería, sabía que él sólo me veía como a una hermana pequeña y que encontraría a alguien más adecuado para él —Sakura intentó ahogar su amargura con una sonrisa—. ¿Entonces por qué me siento así?

—Porque no puedes ordenarle a tu corazón cómo sentirte —Tomoyo la abrazó—. Lo has querido desde que tienes 10 años. Eso es mucho tiempo.

—Quiere decir que me hice tonta durante 6 años con un amor platónico e imposible.

—No era imposible —quiso consolarla Tomoyo, pero no logró convencerla.

—Claro que sí, pero soy muy terca y una cabeza dura como dice mi hermano.

—Sakura, estás diciendo tonterías —Tomoyo intentó aligerar el momento—… tu hermano dice que eres un monstruo, no una cabeza dura.

Funcionó. Quizás durante un breve momento, pero al menos pudo verla sonreír entre un mar de lágrimas. Después de eso Sakura meneó la cabeza, como si negara algo que prefería no exteriorizar.

—Soy una llorona, ¿verdad? —intentó sonreír—. Debería estar feliz mientras él sea feliz, ¿no?

—Podrías intentarlo —Tomoyo tomó un pañuelo para secar el rostro empapado en llanto de su amiga—, o podrías intentar hacer tu propia felicidad.

—Gracias —Sakura se dejó secar las lágrimas—. Aunque no creo que pueda encontrar a alguien como Yukito.

—No tiene que ser alguien como Yukito, sino alguien a quien tú quieras. Sólo tienes que aprender a ver a Yukito como a un hermano mayor, o de lo contrario sólo te vas a lastimar a ti misma cada vez que te encuentres con él.

—Tienes razón, aunque no creo que sea tan fácil —Sakura suspiró. Su mirada era melancólica, pero al menos ya no lloraba. Quizás era ser demasiado optimista, pero definitivamente no era como Tomoyo lo hubiera esperado de una joven que llevaba casi la mitad de su vida enamorada del mismo hombre (después de todo, 6 años es una eternidad a los 16). No podía negar que su amiga estaba muy triste y probablemente nunca la había visto así, pero muy en el fondo Sakura parecía dispuesta a superar el trago amargo y salir adelante. ¿O dónde estaba el “no puedo vivir sin él” y el “quiero morirme” y esas frases tan clásicas que había escuchado decir a la mitad de sus compañeras cada vez que les rompían el corazón? Claro, Sakura no era tan fatalista y dramática como esas muchachas, pero aún así esa aparente resignación era probablemente demasiado madura para alguien que sufre su primera desilusión amorosa.

Así que, o Sakura era una adolescente muy madura, o realmente no estaba tan enamorada de Yukito como lo había creído, o como alguna vez lo había estado. De ser así, ¿acaso sus sentimientos estaban cambiando?

—Quizás no sea tan difícil como piensas —alzó el mentón de su amiga para verla a los ojos—. Sólo no te cierres, ¿de acuerdo? Probablemente haya alguien esperando por ti a la vuelta de la esquina.

Sakura asintió sin muchos ánimos y se puso de pie para tomar otro pañuelo desechable de su cómoda para limpiarse la nariz, pero al mover la caja casi tira algo que se apresuró a recoger antes de que cayera al suelo.

—¡Uff, casi! —suspiró de alivio.

—¿Es uno de los caracoles que trajiste de la playa? —Tomoyo intentó cambiar el tema viendo el objeto que la castaña sostenía entre sus manos. Ella negó.

—Éste me lo regaló Li. Como pensó que yo no había ido con ustedes, me trajo una de la playa. ¿Verdad que está muy bonito? —sonrió viendo la bella caracola entre sus dedos y se la extendió a Tomoyo, quien la contempló con curiosidad.

—¿Así que Li te trajo un presente? —no pudo simular su curiosidad al decirlo y la otra asintió con una nueva sonrisa. Entonces todo encajó perfectamente en el rompecabezas para Tomoyo. Syaoran no parecía ser un tipo que se molestara en hacer regalos, e incluso era conocido por rechazar los presentes de otras mujeres, aunque evidentemente había hecho una gran excepción con Sakura.

Además, la mirada esmeralda que se posaba en ese pequeño cascarón de crustáceo era toda la explicación que Tomoyo necesitaba para sus recién planteadas dudas, reafirmando lo que había comenzado a sospechar el fin de semana anterior: algo estaba surgiendo entre los dos castaños… aparentemente sin que ninguno de los dos se diera cuenta de ello.

La idea la alegró: al menos su amiga no estaría triste por mucho tiempo, pero no dejaba de haber algo que la preocupaba, pues cuando Sakura se diera cuenta de sus propios sentimientos (al igual que el chino), indudablemente alguien terminaría con el corazón roto.

La pregunta era: ¿cuál sería la parte “perdedora”?

Notas de la autora: el disfraz de Akira-kun finalmente ha sido sometido a la prueba de fuego: Touya, y ciertamente no la hubiera podido pasar de no ser por la siempre astuta (y obsesiva) Tomoyo. ¿Qué clase de persona mantiene en su teléfono conversaciones cotidianas con sus amigas, y además las conoce de memoria? Definitivamente sólo alguien como Tomoyo, capaz de fundar un club de fans para su amiga y disfrazarla de hombre para hacerla probar sus diseños. Creo que da un poco de miedo…

Por cierto, este capítulo incluyó dos escenas que inicialmente no estaban planeadas: la de Nakuru yendo al restaurante a visitar a Touya y la de la conversación que Eriol y Tomoyo mantuvieron en la playa. Ciertamente no había pensado más que hacer alguna mención al respecto, pero me di cuenta de que levantó mucha intriga entre los lectores, así que pensé que preferirían saber a detalle lo que había ocurrido.

Hablando del capítulo anterior, la respuesta correcta al reto que abrí era el dije con grabados chinos que porta Syaoran en una cadena. ¿La ganadora? Vivi-chan ¡Felicidades! Y para quien quiera saber cuál fue el premio, se encuentra entre mis imágenes en Facebook.

Por cierto, todas me sorprendieron con sus respuestas, algunas de las cuales hasta me gustaron como alguna idea para próximos capítulos. Sin embargo, contrario a lo que había pensado en un inicio, más del 30% adivinó la respuesta correcta. La segunda respuesta planteada por ustedes, con el 16% fue el caracol que dio Syaoran a Sakura, y muchos pensaron que sería el compromiso de Eriol y Fuutie, lo cual definitivamente será algo muy importante, pero no hay que esperar hasta el capítulo 14 o 15 para saber más al respecto.

Muchas gracias a todos por sus comentarios. ¡Hasta la próxima!