9. Si haces un pacto con el diablo, asegúrate de ganar

—¿Y… qué te parece la fiesta? —intenté entablar conversación con el lacónico tipo de al lado que parecía estar a punto de invocar un agujero negro que barriera en un segundo con la bella decoración del lugar y una buena dosis de invitados. Cuando Sakura me invitó a su boda supe perfectamente que me encontraría con él y el pequeño Ryusei. Lo que nunca imaginé fue que estaría sentada en la misma mesa que ellos y, aún más, justamente al lado de él. Aunque quizá debí suponerlo antes, pues desde un principio Sakura dijo que mi boleto había sido originalmente para la pareja de Touya, quien finalmente decidió no llevar a nadie.

Analizando mi pregunta, el padre de Ryusei se tomó su tiempo en lanzarme una mirada que difícilmente podría interpretar como amigable y lanzó un suspiro pesado.

—Creo que se excedieron en el número de invitados. Claramente algunas personas no deberían estar aquí —estaba tan de mal humor que no tuvo reparos en lanzar una pedrada directa y sin pizca de disimulo. Vamos Touya, creo que puedes dar algo más que eso.

—Tienes razón, algunas personas sobran —me acaricié el mentón con toda la lentitud del mundo para remarcar la última palabra, claramente dirigida a él, y a continuación me encogí de hombros—. Pero aún no has respondido. Te pregunté por la fiesta, no por los invitados.

—Apenas comenzó. ¿No crees que es muy pronto para dictaminar un juicio sobre la fiesta?

Muy astuto, pero no lo suficiente. Y me deleité de antemano con lo que le diría a continuación:

—¿Eso crees? Porque a simple vista podría decir que tu juicio ya está dado. Si no es así, ¿a qué se deben ese ceño y la cara larga? Cualquiera diría que estás molesto porque tu hermana menor se está casando y ya no podrás protegerla de “las fauces” del enemigo. De ahora en adelante ambos vivirán juntos y serán una familia feliz.

Era tan obvio que ni siquiera tenía por qué decirlo, pero no pude resistirme a ello. No sé por qué ese hombre despierta mi lado maquiavélico: invoca una parte de mí que cualquiera que me conociera difícilmente reconocería. Ahora casi podía escuchar los dientes de Touya rechinando unos contra otros y la verdad es que era un delicioso placer.

¿En qué te estás transformando Tomoyo?

—No te preocupes, no tienes por qué ocultármelo. Ya Sakura me contó cómo siempre la sobre protegías cuando era más joven y las peripecias que hiciste pasar al pobre Syaoran antes de que pudieras permitirles salir juntos —sentí su mirada oscura estrangulándome, pero continué con una inocente sonrisa—. ¿Sabes? Creo que eso es muy tierno de tu parte: el hermano mayor que no puede permitir que cualquiera se acerque a su pequeña protegida. Si hubiera tenido un hermano, definitivamente me gustaría que fuera como tú.

—No eres buena mintiendo —respondió al fin y se reclinó contra su silla—. Y para tu información, no estoy molesto, sólo aburrido.

Bueno, admito que en lo primero le debo dar la razón: como ya dije, de haber tenido un hermano o hermana, muy probablemente habría sido yo la que terminaría actuando como él, aunque jamás se lo diría en voz alta.

—Disculpa entonces —le sonreí nuevamente—, pero es difícil imaginar lo que estás pensando. Por un momento creí que ese ceño se debía a que estabas imaginando lo que pasaría más tarde en su “noche de bodas”.

Sal y limón a la herida. Insisto, no sé por qué lo hago. Puedo justificarme diciendo que él comenzó todo esto. Este estira y afloja que no da tregua cada vez que nos encontramos, ya sea en la calle, en la escuela o en la fiesta de bodas de su hermana. Él lo provoca, y yo simplemente no puedo negarme.

—No te metas en camisa de once varas, maestrita —me advirtió y supe que me estaba introduciendo rápida e intempestivamente en un pozo sin fondo. Su mirada era un kraken—. No entiendo por qué Sakura te invitó aquí, pero creo que estaba siendo demasiado amable contigo.

Era momento de replegar fuerzas y encontrar otro objetivo de conversación. Yukito, un poco más para allá, parecía uno mejor y, sobre todo, más seguro. Pero mi boca comenzó a moverse mucho más rápido que mi sentido común:

—Ese ceño no te sienta bien Touya —sabía a dónde iba a llegar, pero no podía detenerme. El padre de Ryusei había halado un gatillo prácticamente desde el primer encuentro y ya no sabía cómo desactivarlo. Además, hacía ya un par de semanas que no lo veía, fuera de aquella imagen que había recibido en mi teléfono—. Definitivamente te ves mucho mejor cuando estás relajado… y aún más con bigotes y orejitas de gato.

—¿Cómo demo…? —Touya apretó los labios para evitar la emisión masiva de palabras insanas al ambiente de fiesta, pero su mirada me lo dijo todo. A continuación pareció poder controlarse y se acercó a mí para poder susurrar—. ¿Qué diablos sabes al respecto?

—Nada —sonreí—, sólo lo que pude ver en la foto.

De la ira total, su rostro tornó a la incredulidad absoluta, a la sorpresa y la angustia. Era un camaleón, pero al menos ahora estaba en aguas más seguras.

—¿Hay una foto?

—Si no la hubiera no la tendría —perdóname Sakura, pero al menos confío en que estarás segura en brazos de Li. Nadie mejor que él para protegerte de la furia de tu hermano.

—Déjame verla.

—Claro… —me encogí de hombros y tomé un poco de agua mineral tratando de evitar que no me temblaran las manos al mover el vaso. Podía sentir la “mirada Kinomoto” triturándome por el costado—. ¿Qué pasa?

—La foto.

—No dije que te la mostraría ahora.

—Tomoyo… —¿Por qué arrastraba así la voz cuando llamaba mi nombre? En primer lugar no podía acostumbrarme a que el padre de un alumno me hablara de esa manera. Tenía un algo que me sacaba de quicio.

—La tengo guardada en mi computadora —mentí.

—¿Crees que no sé que llevarías una copia en tu celular?

Kinomoto-san, se está creyendo muy importante —alcé una ceja—. ¿Por qué habría de llevar una foto suya en mi celular?

Me miró como asesino por dos segundos más y luego movió su silla para incorporarse sin dejar de clavar sus ojos altivos en los míos desde su nueva posición, aunque por nada del mundo le retiraría la mirada. Si creía que con su imponente altura me amedrantaría, estaba bastante equivocado.

—Eso mismo quisiera saber yo. Ya te lo dije: no eres buena mintiendo —a continuación la comisura de sus labios comenzó a arrastrarse en un atisbo de sonrisa ladina apenas visible, pero guasona como el demonio e imposible de pasar por alto. ¿Cómo diablos alguien puede cambiar la situación a su favor en tan sólo unos segundos? Si mal no recordaba, apenas un instante atrás él me estaba taladrando con la mirada y seguramente degollándome en su imaginación, frustrado de sólo imaginar que tenía semejante evidencia en mis manos. Esto hacía que su sonrisa me pusiera la piel de gallina. Claro, sin mencionar que era la segunda vez en apenas un par de minutos que conseguía deshebrar la mentira de mis palabras. Encima de ello, ¡Decía que no era buena para mentir! Eso sí que era inédito. No es algo de lo que pueda orgullecerme, pero al crecer en una familia como la mía es natural vivir usando máscaras permanentemente, una encima de la otra, y de buenas a primeras llega este hombre a leerme como si a sus ojos fuera un libro abierto—. Ya que parece que finalmente te quedaste sin habla, aprovecharé para ir a buscar a Ryu. Con tu permiso profesora —antes de darse la vuelta se dio el lujo de permitirme ver el último destello de su sonrisa burlona y ganadora mientras arrastraba a su placer cada letra de la última palabra.

Lo vi marcharse y me decidí a conversar con algunos de los demás asistentes. Fue especialmente interesante platicar con Yukito y Yue, aunque realmente podría decir que era el primero el único que decía palabra, pero lo hacía de una manera tan amena que rápidamente dejé de sentirme como huésped de improviso y comencé a disfrutar verdaderamente la fiesta. Mientras hablábamos intenté dirigir la conversación hacia un punto en donde pudieran darme información suficiente para saber el tipo de relación que tenían esos dos. No me culpen, simplemente no quería saltar a conclusiones antes de tiempo, pues aunque la sexualidad de Yukito está más que clara, Yue es punto y aparte; y es que no ayuda su belleza andrógina que tanto contrasta con su frialdad y ese aire varonil que lo diferencia tanto de cualquier gay que haya conocido hasta ahora. Por otra parte, ambos son como el agua y el aceite, y aunque forman una encantadora pareja (polos opuestos se atraen, dicen), también existe ese último detalle que no puede pasar desapercibido: físicamente son tan parecidos que podrían fácilmente ser hermanos. De modo que… ¿hermanos, amigos o pareja? Un error de cálculo y un comentario desatinado podrían costarme un momento muy incómodo y desagradable frente a estos dos.

Media hora después, y aún sin conclusiones (cosa rara en mí, lo sé), fue Yue quien interrumpió la conversación en un determinado momento para preguntarme si no era acaso mi celular lo que estaba sonando. Yo, que no había escuchado nada aparte de la música y las voces a mi alrededor, agucé el oído y apenas así alcancé a percibir el apagado timbre que, en efecto, reconocí enseguida.

—Sí… es mi novio —susurré mirando la pantalla cuando finalmente conseguí desenterrar el aparato de las profundidades de mi bolsa y sólo entonces pude sentir su vibración—. Con permiso —me disculpé caminando rápidamente hacia el jardín para alejarme del bullicio. Mientras tanto, el teléfono dejó de sonar, así que decidí acomodarme en una banca al lado de una pequeña fuente para aves antes de regresar la llamada a Eriol. Pero cuando le eché un vistazo a la pantalla y me di cuenta de que tenía seis llamadas perdidas suyas me detuve.  Recordé entonces que por el momento no estábamos en los mejores términos, aunque tampoco estábamos precisamente peleados ni enojados el uno con el otro. Después de una semana cruzando apenas algunos mensajes de texto, aun quedaban ciertas trazas de nuestra última conversación vibrando en el aire entre nosotros.

¿Para qué me llamaría Eriol? Lo más seguro era que quisiera arreglar las cosas, y yo quería lo mismo, así que lo lógico era que llegaríamos a un equilibrio juntos, a un acuerdo satisfactorio sobre nuestro futuro como pareja. Muy bien, pensé, entonces ¿por qué dudaba tanto antes de regresarle la llamada? Pero el destino (mejor dicho, mi novio) no me dejó hacerlo por mucho tiempo: luego de unos minutos el teléfono volvió a sonar entre mis manos y contesté antes de pensarlo dos veces.

—Finalmente te encuentro —era raro que no saludara—. Tomoyo, ¿no contestas porque me estás evadiendo?

—No —contesté rápidamente—. Discúlpame. La verdad es que no escuchaba el teléfono. Hay mucho ruido a mi alrededor.

—¿Lo dices por esa música? —dedujo inmediatamente—, ¿Estás en una fiesta?

—Sí, es una… es la boda de una amiga —titubeé y sé que él se dio cuenta de la razón—. Te escribí en un mensaje que me habían invitado a una fiesta. Por eso no podía verte hoy, ¿recuerdas?

—Claro que recuerdo —no necesitaba ver su rostro para saber lo que estaba pensando—. ¿Te estás divirtiendo?

—Sí. ¿Qué me dices de ti? ¿Saldrás con tus amigos esta noche?

—Es probable —una respuesta incierta de él era rara, así que no me sorprendió lo siguiente—. Tomoyo, tenemos que hablar.

—Lo sé.

—¿Te parece si te busco mañana? Te invito a comer. Podemos ir al restaurante al que fuimos cuando te mudaste, o podemos buscar otro si quieres…

—Sí, ése está bien.

—¿Cómo has estado? —preguntó de pronto, pero continuó antes de que pudiera siquiera pensar en qué contestarle—. Lo siento, sé que estás de fiesta y no quiero incomodarte ahora. Diviértete y nos vemos mañana, ¿está bien?

—Sí… mañana —agradecí que no me hiciera pensar más al respecto. La situación no podía ser tan complicada; probablemente sólo me estaba ahogando en un vaso de agua y no quería hacer más drama del necesario. Eriol tampoco y eso era algo que me gustaba mucho de él.

—Muy bien, te marco temprano, cuando vaya en camino. Te amo, preciosa.

—Y yo a ti —contesté automáticamente, tomada un poco por sorpresa. Aunque no estábamos en malos términos, no me esperaba que se despidiera con un “te amo”. No era natural en él decir las cosas sólo por costumbre o sin pensarlas. Seguramente lo había decidido así para dejar en claro que no estaba molesto, y que su intención de verme mañana era para arreglar cualquier desperfecto que pudiera estar ocurriendo en nuestra relación.

—Suficiente Tomoyo. Ya lo verán mañana —me reprendí al darme cuenta que seguía viendo la pantalla del celular. ¿Qué me estaba pasando? Nunca había dudado sobre tantas cosas al mismo tiempo. Ya no era una adolescente, y a mi manera de ver las cosas no valía la pena partirse la cabeza por algo que de todas formas no puedes cambiar. Sea lo que sea que Eriol tenga que decirme, lo haría mañana, y entonces ya decidiría qué responder o cómo actuar. Por lo pronto estaba en una fiesta y una Daidouji siempre se comporta de acuerdo con las circunstancias, el momento y el lugar.

Así que diviértete por ahora, me convencí y caminé con paso decidido hacia el interior, aunque tampoco me esperaba lo que pasaría en cuanto cruzara la puerta:

—Ahí estás —escuché la voz de Touya y al virar la cabeza hacia un lado lo vi acercándose dando largos pasos hacia mí y con una expresión absolutamente indescifrable en el rostro.

—¿Alguien me buscaba? —pregunté confundida, pero mi confusión se multiplicó por diez cuando él llegó a mi lado y tomó mi mano.

—Por supuesto: yo. ¿Quién más tendría que ser? —sonrió como lo haría un ser humano común y corriente (es decir, nada de medias sonrisas) y rápidamente acercó su rostro al mío. Por un momento incluso pensé que me besaría la mejilla y me quedé de piedra.

—¿Qué…?

—Sígueme la corriente —me dijo de pronto al oído mientras apretaba más fuerte mi mano—. Si lo haces, te deberé un favor, el que sea.

Tentador, pero… ¿Seguir la corriente? ¿De qué diablos estaba hablando? Si el altivo y engreído Touya Kinomoto estaba dispuesto a deber un favor (el que sea) a cambio, no debía ser nada bueno. Y supe que estaba en lo correcto cuando fuimos rodeados por cuatro mujeres que de pronto comenzaron a tocarme el cabello y a tomar mi mano y partes de mi vestido.

—¿Es ella?

—¡Eres hermosa!

—No podía esperar menos del guapísimo Touya. ¡Qué buenos gustos tienes!

—¡Uff! Creo que no podemos competir con alguien así, chicas.

Una de ellas incluso me pellizcó la mejilla. ¿Quiénes eran esas psicópatas?

—Tomoyo, ellas son las hermanas del nov… de Li —masculló entre dientes—: Fuutie, Feimei, Xie Fa y Fanren —cada una asintió con una enorme sonrisa al escuchar su nombre—. Les presento a Tomoyo.

—¡Mucho gusto! Finalmente conocemos a la novia de Touya-kun.

¿Touya-kun? No, un momento… la novia, ¿dijeron?

—Y yo que en verdad pensaba que nos estabas mintiendo con eso de tener novia para librarte de nosotras.

—¿Mentirnos? Xie Fa, ¿cómo no va a tener novia alguien como Touya? ¡Si cualquier mujer…!

Y seguían diciéndolo una y otra vez: yo… ¿la novia de Touya? Entonces sentí un apretón en la mano y me di cuenta que Touya aún no me soltaba. Volví la mirada hacia él y sus ojos parecían un poco más grandes. Entonces noté que era porque no estaba frunciendo el ceño… y tampoco parpadeaba. Me miraba fijamente como si me estuviera transmitiendo algún mensaje con código secreto. Aunque el código no pareció tan secreto en ese preciso instante. Claramente me decía “no es broma: ayúdame”.

¿Y por qué yo tenía que ayudarlo? Con treinta años encima ya debería saber muy bien cómo librarse de las mujeres, porque lo único claro ahí era que estas cuatro hermanas (anímicamente muy distintas al esposo de Sakura, por cierto) lo acosaban sin la menor vergüenza, pero consideraba a Touya al menos lo suficientemente capaz para lidiar con esa clase de cosas…

Otro apretón en la mano y entendí que había estado divagando. Al mirar a mi alrededor supe que se me había hecho una pregunta y ni siquiera tenía idea de cuál era.

—Tiene veintitrés años, la misma edad que Sakura —al parecer Touya contestó por mí y soltó mi mano para entonces rodearme con un brazo los hombros para acercarme más a él—. Con permiso, creo que debemos volver a la mesa antes de que Ryu se aburra entre los adultos.

—Veo que te gusta usar a Ryusei-kun como excusa para librarte de momentos incómodos —solté cuando nos alejamos lo suficiente—. Con su personalidad, él jamás se aburriría entre adultos; menos si se trata de Yukito-san y Yue-san. Ahora, volviendo a lo importante: ¿me puedes decir qué rayos fue eso? —y quise agregar “¿y puedes dejar de abrazarme?” pero decidí esperar a escuchar sus razones.

—Esas mujeres están locas —bufó—. La mayoría sabe alejarse después de un “gracias, no me interesa”, pero ellas parecen de otro mundo. Incluso creo que serían capaces de compartirme o repartirme entre las cuatro.

—¿Repartirte? —me reí—. ¿Acaso eres un premio o un pastel?

Touya también se rio y sentí que su brazo alrededor de mis hombros se relajaba un poco.

—Más bien, creo que me ven como un botín.

—¿Sabes? Cualquier hombre en tu lugar se sentiría en un sueño —reflexioné intentando recordar las situaciones que solían plantear algunos compañeros en la universidad—. Cuatro hermanas (muy bonitas, por cierto) dispuestas a satisfacerte, sin celos ni tonterías, como un sultán y su harem.

Touya rio nuevamente. No era una carcajada, sino apenas una especie de resoplido. Aun así era evidente que estaba de mucho mejor humor.

—Suena tentador, pero paso. No olvides que son las cuñadas de Sakura. Un error de mi parte y esa familia de dementes es capaz de hacerle la vida de cuadritos a mi hermana. ¿Viste a su prima? —alzó una ceja—. Otra loca en la lista. Al principio odiaba a Sakura y fue una auténtica pesadilla. Después decidió convertirse en su casamentera y prácticamente les arregló toda la boda.

Lo miré de reojo, hablaba en serio. Admito que me sorprendió en exceso: antes de ceder a los “bajos instintos” con el panorama de ensueño que esas extrañas pero hermosas mujeres le presentaban, Touya había pensado en el bienestar de su hermana. Me pregunté cuántos hombres harían eso.

—¿Quieres decir que si no fueran familiares de Syaoran-kun lo harías? —deslicé la pregunta sin poder evitar mi curiosidad.

—No lo sé. Quizá, si tuvieran un poco más de cerebro.

—Si tuvieran más cerebro no te compartirían con ninguna otra mujer, aunque fueran hermanas —me encogí de hombros.

—Tomaré eso como un halago de tu parte —esa detestable sonrisa burlona comenzó a estirarse desde su boca.

—No lo es. Se llama sentido común, inclusive instinto —me crucé de hombros y detuve la marcha. Él hizo lo mismo y entonces se volvió hacia mí. Procuré enmascararme con mi mayor seriedad—. ¿Y se puede saber qué es lo que ganaré yo de todo esto? Ahora se supone que debo actuar como tu novia. Me vas a arruinar la fiesta —dramaticé, aunque por su ceja alzada pude ver que no se creyó la última parte.

—Te devolveré el favor como tú prefieras. Sólo tienes que pedirlo.

—¿Cualquier cosa? —arrastré las palabras con sumo deleite y advertencia. Debía dejarle en claro que no se la iba a poner tan fácil.

—No creo que la maestra favorita de Ryu sea una desequilibrada mental, así que sí: cualquier cosa —me miró con la misma firmeza con la que yo la estaba observando a él.

—Muy bien, es un trato —le tendí una mano, pero antes de que él la tomara la aparté para agregar—. Pero tampoco me voy a prestar a escenas innecesarias. Nada de besos apasionados ni cosas demasiado comprometedoras. Recuerda que tengo novio.

—Hecho —él tomó mi mano y de un rápido tirón hizo que prácticamente me estrellara contra su pecho. Entonces me ciñó con la otra mano en la cintura y se acercó a mi oído—. Aquí viene la madre. Pórtate bien.

—Claro, soy la novia perfecta —me reí tratando de ignorar el calor de su abrazo.

—Ah, y sólo por si preguntan: llevamos tres meses juntos, mi cumpleaños es el 29 de febrero y tratamos de ser discretos con lo nuestro por las normas de la escuela.

—Entendido —tragué saliva—. ¿En serio cumples años el 29 de febrero?

—Sí. ¿Y tú?

—Tres de septiembre —respondí rápidamente—. Me gustan los fideos y el sushi —con la oreja en su pecho, escuché claramente cuando ahogaba una risa.

—Suena bien, aunque prefiero un buen filete asado, y el sexo al menos tres días a la semana, de preferencia más de una vez al día. Si es necesario entrar en detalles, la posición la puedes escoger tú; estoy a favor de la variedad.

—¿De qué diab…?

—Nunca sabes cuándo pueden preguntar —a pesar de no poder verla, podía imaginar su sonrisa socarrona desde donde estaba.

—¡Aunque me preguntaran, no…!

—Buenas noches señora Li —saludó con toda la calma del mundo, como si dos segundos antes no me hubiera dicho la cosa más inesperada e innecesaria (y bochornosa) que se le pudo ocurrir. Estaba jugando conmigo, lo supe en ese instante, mientras él conversaba tan tranquilamente con la seria dama y me apretaba contra su pecho, sabiendo que yo no podía dar la cara con lo roja que estaba. Ese zorro astuto.

————-

Cuando la música lenta comenzó llegó el momento de sentirme incómoda. Eriol es un gran bailador y siempre es el primero en levantarse y tenderme su mano para guiarme hasta la pista de baile conociendo desde siempre mi fascinación por el vals. Sus movimientos son generalmente muy gráciles y gentiles y es capaz de hacerme sentir como si flotara, tal como a cualquier mujer le gustaría ser guiada por su pareja de baile.

Miré de reojo a los hombres de mi mesa. Lamenté en ese instante que Yukito y Yue  se hubieran marchado al jardín, aunque era lo más esperable de cualquier pareja que no estuviera en la pista. Pero lo que más me llamó la atención entre los rostros a mi alrededor fue el de Touya, que parecía más aburrido que un mono enjaulado, con el mentón apoyado en una mano acodada sobre la mesa y aprovechando alguno que otro momento para lanzar miradas suspicaces a los recién casados.

—Nunca lo aceptarás, ¿verdad?

Lo tomé por sorpresa. Lo noté en el instante en que me miró como si hubiera olvidado mi presencia a su lado. Sin embargo se repuso rápidamente y me frunció el ceño.

—Me refiero al hecho de que tu hermana ya es toda una mujer.

—Tiene tu edad —me contestó secamente—. Y tú no pareces tener planes de casarte.

Eso había sido demasiado directo. ¿Acaso Touya sabía algo sobre la propuesta de Eriol y mis dudas al respecto? No pude evitar titubear y seguro mi sorpresa fue muy evidente, pues Touya pareció desconcertado.

—¿Los tienes?

—¡No! —respondí con más presteza y firmeza de la que hubiera esperado. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué tenía que convencerlo de eso? O quizá era simplemente yo la que necesitaba convencerse. Pero entonces la pregunta se volvía más incisiva: ¿de qué necesitaba convencerme? ¿Por qué?

—Oye —no me di cuenta de que me había espaciado hasta que sentí su sombra justo frente a mis ojos. Esta vez se había inclinado y su cabeza colgaba justo debajo de la mía. Su mirada maquiavélica me contemplaba con autosuficiencia—. Ésa es una reacción muy interesante, profesora Daidouji. Normalmente hubiera esperado que te conmocionaras y derramaras lágrimas de emoción imaginando tu propia boda con tu amado.

Tienes que recomponerte Tomoyo, me recordé y le dirigí la sonrisa de una princesa.

—Me temo que ves muchas películas. En la vida real las mujeres no reaccionamos así.

—¿Ah, no? —los ojos de Touya cambiaron de dirección y yo volteé para seguir su mirada, encontrándome de pronto con las hermanas de Li conmovidas hasta las lágrimas contemplando a la feliz pareja de novios. Sentí que me caía una roca en la cabeza: ¿realmente había mujeres así?—. ¿Por qué crees que decidí venir sin pareja? Todas suelen ilusionarse cuando un hombre las invita a una boda. Es como si tuvieran un circuito especial para pensar que eso y pedirles matrimonio es lo mismo.

—No todas son así —le obsequié una risa de “pobre niño ingenuo” y me encogí de hombros—. ¿Ves? No estoy llorando de emoción justo ahora, ni creo que lo llegue a hacer en toda la velada.

—Eso es porque eres una rareza —se encogió de hombros por igual dejándome con la duda de cómo debería tomarme aquel comentario. Viniendo de él, no podía ser un cumplido. Me sentí un poco irritada.

—Suficiente plática. Vamos a bailar —me levanté de pronto y le tendí mi mano. Touya me miró como si me hubiera salido un cuerno de la frente.

—¿Vamos? —ironizó torciendo la boca. Se ahorró el “estás loca” porque ni siquiera era necesario después de ver su gesto. Sonreí aún más: aún tenía una carta bajo la manga. Sí, Touya, esta noche gano yo.

—¿Eres mi “pareja”, no?

—Eso no significa que…

—Touya: voy a bailar, ya sea contigo o sin ti. Si no vienes tú, encontraré a alguien más. Mi pregunta es ¿qué crees que harán las hermanas Li cuando te vean solo en la mesa y a “tu chica” bailando con alguien más?

—Tenemos un trato —me miró amenazante—. No lo harías.

—Entonces es tu responsabilidad poner algo de tu parte para hacerlo posible. De lo contrario, sólo mírame —y con esto me di la vuelta, pero antes de siquiera comenzar a caminar sentí su mano tomando mi muñeca.

—Vas a pagar por esto.

—No, tú vas a pagar —pese a su ceño, yo mantuve mi sonrisa de querubín—. Después de todo, te estoy haciendo un favor, ¿no?

Touché.

“Maldita bruja”, podía leer en sus ojos, pero daba igual mientras él tomaba mi mano y caminábamos juntos hacia la pista. Me apretaba los dedos un poco más de la cuenta, de manera que podía sentir su incomodidad mientras encontrábamos un hueco entre las parejas danzando. Al final encontramos un lugar y adoptamos nuestras posiciones para comenzar a bailar con el suave ritmo de la melodía. Su gesto se había vuelto impasible.

—De todos los ritmos, ¿por qué siempre tiene que ser vals? —le escuché murmurar para sí. Si seguía con su berrinche, terminaría revolcándome a carcajadas sobre la pista, pensé. Este hombre sacaba mi lado “anti-Daidouji” todo el tiempo.

Terminamos la primera pieza y comenzó la segunda, un poco más tranquila que la anterior. Pensé que sería buen momento para fastidiarlo un poco más y me acerqué unos centímetros más, dirigiéndole una mirada retadora cuando me contempló con estupor, “Ahora las reglas las pongo yo”. Pero su sorpresa pronto cambió y fue sustituida por la mía cuando me tomó más firmemente de la cintura y me apretó contra él.

—¿Qué…? —me quedé sin garganta cuando sentí sus labios cerca de mi oído y sus cabellos rozaron mi cuello y mejilla izquierda. ¿Qué diablos haces?, tragué saliva.

—¿Por qué pones esa cara, Tomoyo? ¿Acaso no puedo abrazar bien a mi novia? Si te ven así nadie se va a creer que le estoy diciendo a mi chica lo hermosa que luce esta noche.

Así que a ésas íbamos, pensé. Touya finalmente había aceptado el reto y estaba jugando muy bien sus cartas. Había conseguido mover la balanza, pero eso no significaba que ganaría.

—Tienes razón, “cariño” —le sonreí como si fuera mi rayo de luz y continuamos bailando pegados durante media canción. Podía sentir sus dedos jugando con los míos y su otra mano cálida en mi espalda. Su cuerpo estaba tan cerca que sentía su calor irradiando hacia mí. Pero aún no terminaba mi jugada final: a unos momentos de terminar la melodía me incliné hacia él y apoyé mi cabeza contra su pecho, como una quinceañera enamorada. Desde esta posición ya no podía verlo, pero pude sentir la tensión en sus dedos y hombros. Y como él tampoco podía verme, me liberé de mi sonrisa angelical y me concentré en mantenerme así hasta que él se rindiera.

Pero la rendición nunca llegó. Se terminó la canción y yo seguía apostada en su pecho. Comencé a sentirme nerviosa. ¿Por qué Touya no se apartaba de una buena vez y me gruñía con el ceño fruncido? Eso significaba que tendría que ser yo la primera en deshacer la postura, pero eso sería igual a replegarme, aunque aún podría hacerlo con toda la dignidad del mundo, como si fuera parte del plan inicial, como si hubiera esperado su resistencia desde un principio… como si no lo hubiera subestimado como a un adolescente inexperto.

Y ahí comprendí mi error: por más que a veces se comportara como tal, Touya no era ningún adolescente, sino un hombre hecho y derecho en sus treinta. ¡Había subestimado a mi contrincante por completo!

—¿Lista para otra melodía?  —susurró apoyando su mentón en mi cabeza. La balanza seguía inclinándose hacia él. Haciendo aplomo de toda la entereza que pude sacar me enderecé y alcé el mentón. Apenas tuvo tiempo de apartar su barbilla de mis cabellos, aunque aún pude ver sus ojos muy cerca de los míos. De reojo pude ver a una de las hermanas Li (creo que era Fanren) observándonos con intensidad. Tenía que ser convincente, tenía que ser superior. Quité la mano que tenía en su hombro y la llevé a su mejilla. Le sonreí nuevamente como quinceañera.

—Cuidado, Fanren está mirando justo hacia acá. No la convencerás con esa cara, cariño —me deleité con su gesto de desconcierto cuando sintió mi mano en su rostro y aún más cuando supo que estaba siendo observado y se tuvo que forzar a sonreírme con “amor”

—Lo siento, bonita, es que a veces me sigues sorprendiendo —pude ver el brillo de sus ojos maquinando un contraataque y a continuación levantó nuevamente el rostro para besarme la frente con toda la naturalidad del mundo. Por debajo de mi sonrisa pude sentir literalmente cómo el alma se me caía al piso y mi cuerpo se quebraba al contacto. Ese hombre era un diablo. ¿Cómo podía hacer algo así sin titubear? Alguna vez me habían dicho que era buena actriz (y vaya que tenía que hacer uso de todas mis dotes en ese instante), pero él parecía más que dispuesto a superarme.

—¿Papá? ¿Qué haces con la señorita Daidouji?

Mierda. Ahora sí quedé helada. Prácticamente pude sentir cómo mis tacones se clavaban en el piso. La actuación supuestamente era exclusiva para las hermanas Li. Lentamente ambos nos separamos para enfrentar al pequeño Ryusei de pie frente a nosotros. La música continuó y ahí estábamos los tres estáticos. Mi alumno nos contemplaba con sus gigantescos ojazos oscuros y una curiosidad aún más grande detrás de éstos. ¿Cómo explicarle a un niño de ocho años que nada de eso es lo que parece?

Pero Touya avanzó con decisión hacia él y se inclinó para quedar a su altura.

—La señorita Daidouji quería bailar, y recuerda lo que dice Yuki sobre dejar a una dama esperando sentada, así que la invité a la pista. Pero ahora tengo que ir al baño. ¿Quieres tomar mi lugar?

Simple y directo (no muy cierto, pero tampoco mentira), sin mayor explicación de la necesaria. Aún me sorprendía la manera en la que ese hombre le hablaba a su hijo, quien por cierto se dio por satisfecho y ni siquiera se le ocurrió preguntar sobre el beso en la frente. ¿Acaso llegaría a pensar que eso también era normal? De manera que pronto padre e hijo cambiaron de lugares y Touya se perdió entre la gente para dirigirse a los lavatorios.

—El tío Yukito me está enseñando a bailar, pero aún no soy muy bueno. Aun así, espero ser una buena compañía, señorita Daidouji —llamando nuevamente mi atención, Ryusei se inclinó cortésmente e infló el pecho tendiéndome una mano como todo un caballero. Yo la tomé sin titubear, aunque por dentro aún me preguntaba qué clase de pequeño era ése tomándose las cosas con tanta seriedad y hablando de semejante manera. Sus consideraciones y delicadeza hacia el sexo femenino lo hacían todo un caballero enclaustrado en un diminuto cuerpo y un poco oculto tras su inocencia natural.

Tan diferente a su padre.

Notas de la autora: suficiente, no puedo más. Voy a atar a padre e hijo con una soga y me los llevaré muy lejos de aquí, donde sólo yo pueda estar con ellos. Me encanta la forma que tiene Touya para contestar a cualquier cosa que pueda decirle Tomoyo. Por eso precisamente son tal para cual.

Bueno, iba a comentar algo del capítulo, pero me estoy cayendo de sueño después de un día pesadísimo, así que creo que así lo dejaré para irme a soñar con Touya.

Muchas, muchas gracias a todos aquellos que me leen y me escriben capítulo con capítulo para dejar su opinión. La retroalimentación entre un escritor y sus lectores es una de las cosas más importantes y bellas.

¡Hasta la próxima!