Capitulo 3. Amargos Recuerdos

 “Extrañas Confusioness”

Historia Inédita no 2.

Por Crystal.

Basado en los personajes de CCS by Clamp. Hago esto sin fines de lucro y solo como entretenimiento.

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Capitulo 3. Amargos recuerdos.

Eriol Hiragizawa está nervioso. Observa con indecisión su reloj de pulsera mientras presta atención a los viajantes en el aeropuerto encontrarse con amigos y conocidos, tomar sus caminos como si supieran a donde se dirigen.

Y él lo admite: no tiene idea de adonde va.

¡Solo por la estrecha amistad que lo une a Li Shaoran se le ocurre esa locura de ir al oriente Medio por sus nupcias en un país tan desconocido para él como para su prometida!

¡Solo a Shaoran Li se le ocurre comprometerse y pretender casarse con una arqueóloga de renombre como Kinomoto Sakura!

Y es que Eriol había hecho su tarea: luego que terminaran su conversación aquella noche en donde el chino le pidió que fuera con los anillos a Túnez, comenzó a investigar todo lo que podía averiguarse sobre Sakura Kinomoto y su familia en la internet.

Y la información le había dejado bien impresionado: no solo Shaoran Li tuvo la presteza de enamorarse de una chica agradable (hasta donde conocía) y por supuesto bastante inteligente, su nombre precedía la nueva generación de Arqueólogos e investigadores de la rama del nuevo milenio. Shaoran no se iba por las chicas superficiales y poco inteligentes. Buscaba más allá de la belleza.

Y Sakura poseía ambas cualidades con creces.

¡Que suerte la de su amigo! Si tan solo hubiera sido lo bastante afortunado para dar con la bella Sakura primero que él.

Pero recuerda en ese instante que no fue la fortuna o buenaventura que hizo que Shaoran Li conociera a Kinomoto Sakura.

Fue la amiga en común entre ambos.

“Esa mujer” se dijo en su pensamiento.

Volvió al presente: ya es tarde, mucho más tarde de la hora acordada que pasarían a recogerle. Según las indicaciones de Shaoran, aquel día que llegara estaría una persona esperándole que le llevaría hasta donde los Kinomoto… y ¿por que no? Hasta Tomoyo Daidouji.

Tomoyo… su mente viajaría por los recuerdos de aquel pasado donde el sujeto no era una persona atractiva: siempre fue un niño que parecía un “angelito”. Era encantador cuando sus años previos a la adolescencia trajeron consigo a un pequeño niño que actuaba a veces mejor que un adulto: culto, educado y bastante reservado con sus conocidos y con unos perspicaces ojos azules que dejaban en la expectativa a todos a su alrededor. Luego que entrara en la adolescencia, jugaba una mala pasada, provocándole ataques repentinos de acné, gravando un poco su voz en un tono que lo provocaba hasta pasar el día sin hablar. No importaba que comiera o dejaba de comer, las señas del acné presentes en su rostro y las gafas no le ayudaban con el sexo opuesto. Su prima favorita, Nakuru siempre dijo que era asunto de la edad y que luego tendría todo un harem para su deleite.

Eriol creció un tanto acomplejado pero no dejó de ser como era aunque si un poco retraído y tímido en su momento cuando se refería al sexo opuesto. Haber sido educado en un colegio extranjero solo de hombres y luego ir a una universidad mixta trajo cierta etapa de timidez que Tomoyo y sus amigos (una vez llegó a coincidir con ellos), sobresalían y con creces.

Tomoyo no parecía ser una chica tímida.

Pero su relación con cierto grupo selecto de estudiantes, todos, hijos de personalidades de recursos y medios de Japón.

Por ello luego de un mes observándole interactuar con los demás, a la distancia y siempre sentado atrás en el salón auditorio donde impartían las clases, Eriol Hiragizawa, con apenas diecinueve años recién cumplidos, con gafas correctivas, unas cuantas espinillas en el rostro (Consecuencia de las hormonas) y un cuerpo larguirucho y sin músculos, caminó con determinación al grupo de jóvenes sentados en los pupitres y que conversaban animadamente.

Tomoyo de diecinueve años era preciosa: Cabellos hasta la mitad de la espalda, ojos azules bastante expresivos y siempre vestía impecable y a la última moda, tenía aquella algarabía que atraía a nuevos amigos y a pretendientes como abeja al panal.

¿To-Tomoyo? ¿Puedo hablar contigo un segundo…?” Preguntaba un nervioso Eriol con un tono de voz apacible pero notándose inquieto. Seis pares de ojos se posaron en su persona haciéndole sentir mas tenso.

Tomoyo Daidouji lo observaba con aquella expresión tan típica de ella: Analítica, perceptiva, curiosa y paciente. “¿Si?”

Eriol observa aun el resto de los cinco pares de ojos que continúan preguntándose “¿Quien es este sujeto?”

A solas… si es posible…” Dice armándose de un valor que aun en el presente no explica de donde había salido.

Tomoyo observa a sus demás compañeros y se incorpora mostrándose gentil. Ambos caminan lentamente hasta la salida del aula aunque las miradas siguen sobre su persona incluso en el exterior del salón.

Finalmente Eriol, respira lento pero seguro diciendo “Se que no me conoces… pero llevo observándote por un mes y algo mas…?”

¿En serio?” Pregunta ella observando a su alrededor y luego al chico delante de ella. “¿Vienes a esta clase…?”

Si. Estoy en esta clase”

Ella sonríe que se le ilumina el rostro y hace que el sujeto comience a sudar rápidamente. “¿En serio…? ¿Y dices que te llamas…?”

Puñalada uno.

¿Hiragizawa… Eriol Hiragizawa…?” el hecho que tenga que decirle su nombre a pesar de tomar la misma clase juntos, no es una buena noticia para el joven.

Hiragizawa-san…” Repite ella con dulzura. El escuchar su apellido ser pronunciado de tan preciosa chica le trae una efervescencia a su corazón.

Si…” Rascándose la cabeza y sintiéndose más animado “Sabes… como te dije, la verdad vengo observándote ya por un mes… y me resultas una persona súper interesante… yo también soy una persona interesante…” dudando un instante y sintiéndose mas nervioso mientras ella le observa con atención. “Y quisiera saber si te hummmm interesaría… no se, un día de estos… ¿Salir conmigo? ¿A tomar un café…? ¿O ver una película… tal vez?”

Tomoyo se queda analizarlo por un instante; luego dice con una tenue sonrisa “¿Por que no?” Eriol sentía que su alma rugía en victoria por la respuesta obtenida. ¡Daidouji es la chica mas hermosa de la clase…! y ¿Por qué no? De toda la facultad.

¿Por que no me das tu numero?” Pregunta la chica con una sonrisa “Ahora tengo mucho que hacer pero prometo llamarte.”

Eriol anotaba rápidamente en un post-it el número de su teléfono móvil y se lo entrega a Daidouji y ella promete llamarle.

Eriol si hubiera bailado la “danza de la victoria” habría sido un espectáculo deprimente e hilarante para sus compañeros. Una vez Tomoyo llegara a alcanzar al resto de sus compañeros miradas llena de curiosidad arropan a la chica. Esta parecía explicar brevemente su conversación con el chico en lo cual (en especial los hombres), se reían a carcajadas y le observan con burla.

Pero aquello solo le avergüenza un instante. Había conseguido que Tomoyo tomara su número de teléfono y había prometido llamar. ¿Qué importan aquellas miradas burlonas?

 

-¿Hiragizawa? – La voz llamando a su nombre atrajo su atención al presente y por un segundo, olvidaba se encuentra en el Aeropuerto Internacional de Cartago, en Túnez. El hombre portando un turbante en su cabeza y vistiendo ropas sencillas hizo una leve inclinación de cabeza y dijo en un trastabillado japonés. – Soy Omar… vine a buscarle en nombre de ¿Kinomoto?

Sorprendido observa al hombre y su gesto de preocupación hizo que Eriol se relajara un poco para comentarle con ligereza- Estaba preocupado. Pensaba que se había olvidado de venir alguien a recogerme.

-Lo lamento señor – dijo tomando su maleta de sus manos y con un ademán, le guiaba a la salida. – Era la señorita Mitzuki que tenia que buscarle pero… algo ocurrió.

-¿Algo? Nada grave espero – Dice frunciendo su ceño.

-Salió con otra de las invitadas… la señorita Tomoyo. Iba a llevarla a las excavaciones donde la señorita Kinomoto, volver a buscar unos documentos y venir por usted – al escuchar su nombre siente un pequeño nudo en su estomago- aún no ha vuelto.

-¿Eso es extraño en ella?

-En Mitzuki es algo raro. Pero nada de que preocuparse. Cuando vimos que no llegaban, la Señorita Sakura pensó en venir por usted… Espero no le moleste.

¿Esperar en un aeropuerto atestado de personas que no hablan su mismo idioma? ¿Esperar como un idiota que alguien se apiadara de venir a buscarlo? ¿Esperar por una hora, una hora, tiempo que jamás recuperaría…? No… no estaba enojado.

Responde con una fría sonrisa que Omar solo acepta en silencio.- No, no me molesta.

Estaba furioso.

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Kaho observa con desesperanza el radiador del jeep y suspira resignada. No solo estaba seco (si el sonido de evaporación no era suficiente), sino que no lleva una reserva de agua con ella en la parte de atrás del jeep.

-El contenedor está pinchado – Dice Mitzuki con aturdimiento mientras observa a Tomoyo con los binoculares observando a su alrededor.

-¿Qué tan lejos estamos del campamento?

-A un par de horas a pies. Pero en este sol, es insoportable. Incluso si ambas vamos, no puedo llevar todo lo que tiene el jeep atrás y podría ser saqueado. Hay piezas invaluables que han sido encontradas en la excavación.

-¿Qué tan cerca estamos de una fuente de agua?

-Aproximadamente a una hora. – Admite ella señalando por el camino. – Hay un pequeño pozo para viajantes pero de nada sirve con el contenedor pinchado.

Tomoyo observa un lado y el otro del camino: solo arena, arena y mas arena.

Ni un mortal a su alrededor.

Y la temperatura en su cúspide: Eran las once de la mañana.

Ella portaba gafas, camisa blanca abotonada y una camisilla debajo además de unos pantalones vaqueros que le llegan hasta las pantorrillas. Con una pequeña mochila en el asiento trasero saco su teléfono móvil y busco señal… absolutamente nada alrededor.

-Podrían pasar horas antes de que alguien nos recoja…- Dice Kaho verdaderamente preocupada. –Si subimos la capota, podremos soportar un poco más la espera. Alguien tarde o temprano tomara este camino para llegar al campamento o subir de el.

Tomoyo quien había visto bastante del lugar y el movimiento de personas, dudaba seriamente que fuera muy pronto.

-Olvídalo. – Dice Tomoyo sorprendiendo a la chica – Yo no puedo esperar tanto. – Tomando la camisa que traía puesta y amarrándola en su cabeza para usar una especie de capucha que le protegiera del sol.

-¿Qué piensa hacer?

-Quédate aquí con el coche. Yo iré al campamento a pies y traeré ayuda.

-¿TU? ¿Irás por ayuda?

-Claro que si. – Afirma la chica – Se que estamos a dos horas del campamento pero de nada sirve que dejemos el vehículo aquí y sea saqueado. Y además no se hablar el idioma. Estoy en desventaja quedándome en él. Se donde estamos y estoy segura que caminando todo el tiempo hacia allá – llegaré al campamento.

-Pero Daidouji… – Dice Kaho no muy segura. – Tal vez sea mejor que yo vaya…

Tomoyo dice luego de un instante- No, no… me volveré loca esperando aquí. Tranquila.

-Al menos toma esto – dice abriendo la cajuela del jeep y colocando el objeto en sus manos. – Es una brújula. Manténgase siempre dirección noroeste y llegara al campamento en poco tiempo. Trate de evitar salir del camino y no caerá en una trampa de arenas. O tampoco será mordida por escorpiones.

Los cabellos del cuello de Tomoyo se levantaron al pensar en aquellos bichos que había visto en tantas películas del oriente pero asintió segura de sus intenciones de llegar al campamento.

La chica asintió y finalmente se puso en marcha: suerte para ella había tenido el tino de calzarse con zapatos deportivos en vez de zapatillas planas descubiertas. Luego de un buen rato de caminar, al observar detrás se percata que no ve ya el jeep a la distancia.

Y continúa su camino.

Sus recuerdos y pensamientos se alejan del posible peligro que la rodeara o que no conoce el territorio. Sus memorias abarcan desde su tierna infancia, la primera vez que recuerda haber jugado con Sakura. La primera obra que protagonizara… la primera vez que fue la líder del coro de la clase… su primer concurso de coros… la primera vez que fue invitada por un chico al baile de fin de cursos… su primer beso… la graduación de la preparatoria Seiyû. Cuando Sakura le informaba que estudiaría Arqueología como su padre.

Cuando murió su padre.

Esos recuerdos la hicieron sentir bastante aturdida. Incluso observa delante solo viendo arena y montañas de arena por kilómetros a la redonda.

¿Cuánto había caminado?

Consulta la hora en su teléfono móvil y para su sorpresa nota que ha pasado una hora y media… pero ¿Dónde estaba el campamento? ¿Ya debería de verlo a la distancia?

Fue con horror que se fijaba en la brújula que luego de consultarla, no estaba siguiendo el noroeste.

Se había desviado un poco. Ya no estaba en el camino. Había hecho una especie de zigzag y no tenia la mínima idea de donde se encontraba.

Comenzaba a entrar en pánico.

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Kaho comenzaba a hacer señas al vehículo que avanzaba por su misma dirección y este se detuvo a pocos metros antes de llegar a ella. Aliviada, nota que no es otro que el mismísimo Omar quien llega a su encuentro, preocupado observa la tapa del vehículo abierta y dice al descender.

-¿Problemas Mitzuki san?

-Por decir lo mínimo. – observando al segundo hombre que observa desde el vehículo y dice. – ¿Quién es el?

-Hiragizawa- Responde observando el rostro de horror de la asistente de Fujitaka Kinomoto. – La persona que debías recoger al aeropuerto.

-Oh rayos… lo se… ufff es la transmisión, esta seca y el deposito de agua que tiene esta pinchado. – observando a Omar ir a la parte de atrás del otro jeep y sacar su propia reserva de agua.

-¿Dónde está Daidouji?

-Andaba conmigo pero la he mandado al campamento – Admite la chica de ojos rojizos y observa como el sujeto que estaba en el jeep momentos antes desciende. Puede ver un rostro sumamente gallardo, pálido como la nieve y unos cabellos negros azulados brillantes ante la luz del sol. No puede sino mas que tartamudear y decir una vez el sujeto les da alcance- Lamento mucho esto… soy Mitzuki Kaho… debía ir por usted al aeropuerto – haciendo un saludo y una disculpa japonesa. – No sabe cuanto lo siento.

-¿Tuvo problemas con el coche?

-Si. Mi acompañante salió a buscar ayuda al campamento que está a dos horas a pies de aquí. Aun no vuelve.

-¿Hace cuanto ha quedado de volver?

Kaho consulta su reloj y responde- Tres horas.

-Ya debió haber vuelto. En vehículo, no es tan lejos. – Responde Omar viéndose preocupado. – Será mejor que vaya por ella.

-No. – Dice Eriol rápidamente sorprendiendo a ambos. – Yo iré por ella.

-¿Usted? – Preguntan al unísono. Es Omar quien dice. – Pero señor… no conoce el territorio… podría perderse.

-No. No lo haré. Me has dicho todo el camino por donde es el campamento. Tengo un excelente sentido de orientación. – Ocurriéndosele algo.-¿Tienes una brújula?

-En el compartimiento – Responde el sujeto – Pero… señor… – Viéndole caminar al jeep.

-Voy adelante.- Dice el sujeto – ¿Crees que con el agua resuelves el problema?

Kaho responde por Omar. – Por supuesto. Solo es falta de agua. Es todo… y el motor se ha enfriado.

Eriol asiente y tomando una decisión aun portando sus gafas de sol, saca la brújula del compartimiento y dice. – ¿A que distancia esta el campamento?

-Aproximadamente veinte minutos al noroeste. No se perderá.

Eriol asiente y toma el volante del jeep en el que llegaron el y su acompañante y no pierde tiempo, poniendo la marcha y levantando tras este una nube de polvo y arena.

-Vaya que es un sujeto decidido – Opina Kaho observando admirada su rápida marcha de allí. – Solo espero que esto no sea necesario y Daidouji se encuentre sana y salva.

Omar asiente mientras comienza a vaciar el líquido al radiador del vehículo.

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Eriol puso la marcha un poco aturdido por haber tomado “Las riendas del asunto” y salir por aquella mujer que recordaba de su etapa inicial en la universidad. Nunca mas la volvió a tratar…

… Simplemente porque se decepcionó de ella.

Al igual que muchas, seguro la apariencia lo era todo. Tomoyo Daidouji siempre rodeada de aquellos sujetos de mirada perfecta, perfectos apellidos, perfecta fisonomía… parecían modelos de portada. Ella no era la excepción.

¡Era la mujer mas linda del curso!

Una vez superado el desplante de Daidouji, se juró a si mismo que nunca, ninguna mujer volvería a tomarle en broma. Él hizo lo imposible por mejorar su físico, se concentró en sus estudios y destacar en actividades deportivas.

Pasó el curso de economía y las clases que compartiera con Daidouji de ahí en adelante, que resultaron pocas porque a los pocos meses el padre de la muchacha fallecía. Tomoyo se ausentó un buen período y luego la volvería a ver a la distancia, en la facultad de negocios pasando a clases intensivas y avanzadas.

Pero ahí, Eriol Hiragizawa, el encantador y dulce hombre había desaparecido.

Existía el Hiragizawa práctico hombre de negocios. Aquella lealtad, honestidad y sinceridad además de sus sonrisas pícaras y actitud “Traviesa”, que solo conserva para sus amigos y familiares mas íntimos.

Amigos como Li Shaoran.

En cuanto a las mujeres, Eriol ha sabido relacionarse con muchas, intimar con pocas…enamorarse de ninguna.

Tomoyo le había demostrado que contrario a él, lo físico es muy importante en una relación.

Y él no era igual a ella. Había hecho amistad y había llegado a relacionarse con mujeres de muchos estratos sociales, económicos y también físicos diversos. Buscando aquello que encontraba que pocas podían poseer. Pero a su edad, aun no podía decirse que conocía lo que es estar verdaderamente enamorado.

La atracción física es un arma muy poderosa. La sexual es muy ventajosa.

Poseía ambas y con creces. Había madurado para convertirse en un hombre que no entrega su corazón con facilidad.

Y que aprovecharía los próximos días de interacción con Daidouji para saldar cuentas.

Entonces luego de un rato de manejar observando el paisaje, algo captura su atención: algo justo encima de lo que parecía ser una montaña de arena.

Divisa una persona y luego, detiene el jeep en el camino.

Desciende de él y observa la imagen que juraría que estaría en sus recuerdos por mucho, mucho, mucho tiempo.

Podía diferenciar que era una mujer: una mujer con una especie de velo en su cabeza que no divisa con exactitud: se encuentra a treinta metros de altura y parece forzar su vista a la distancia.

-¡HOLA! – Grita el sujeto y la mujer parece sobresaltarse ante su saludo y verse de repente con una persona cerca. Eriol se congela pues a pesar de forzar su visión la sonrisa a la distancia es la misma que recordara de una chica de diecinueve años, la última vez que la vio de cerca.

En aquel instante ve como la chica parece tropezar con algo en la altura donde se encuentra da un traspiés y como en cámara lenta comienza a descender la montaña arenosa dando vueltas.

Eriol como si fuera impulsado por un resorte de sus pies, camina a toda prisa mientras la mujer literalmente “Rueda” pendiente abajo y espera el golpe sordo al llegar al final de la misma.

Siente los raspones en sus codos y piel expuesta gracias a la camisa que llevara atada en su cabeza y frente pero la cual se resbala de su posición librando su melena de bucles platinos y espera el golpe final al terminar de dar vueltas.

Solo que ese golpe no llega a ser tan fuerte como piensa en un principio.

La cabeza le da vueltas. Le duele cada músculo de su cuerpo y contrario a la arena que rozó con su cuerpo durante la caída que era ardiente y le producía escozor, donde se encuentra no es ardiente. Es más bien, tibio… suave…

Y con un agradable aroma…

…un aroma a colonia masculina y jabón.

Entonces es cuando abre sus ojos para encontrarse con un rostro muy cercano al suyo. Unos ojos azules que a la luz solar centelleaban como el mas puro de los mares y parecía observarle con atención.

Una boca sugerente y carnosa que estaba en ese momento con los labios entreabiertos.

Una piel blanquecina y suave pese a tener los poros marcados por la rasuradora.

-¿Estás bien? – Pregunta el hombre bajo la figura femenina. Observa unos ligeros raspones en sus mejillas y estas se encuentran visiblemente afiebradas.

Podía justificarlo a todo el tiempo bajo el inclemente sol del desierto.

Pero en verdad la posición que la chica tiene sobre el hombre es todo menos casto. Sus piernas se encuentran una sobre uno de los muslos torneados del hombre. El otro descansa hacía el otro lado.

El pecho femenino ligeramente descubierto por la falta de la camisa y que vislumbra la piel transpirando por la temperatura y cubierta en ciertas partes de arena fina.

Eriol jamás se imaginó que la tendría en tales circunstancias.

Y notablemente sorprendida que no dice nada.

-¿Estás bien? – Pregunta nuevamente temiendo que estuviera golpeada en la cabeza o sorda.

-Tienes… tienes… los ojos del color del mar…- Responde ella finalmente cayendo inconsciente sobre su figura.

Situación que al hombre, recordando el pasado con aquella mujer, no le agrada en lo mas mínimo.

Comienza a zarandearla pero ella ha perdido el conocimiento. El sonido de un motor de vehículo que ruge a la distancia le hace colocar a la joven delicadamente a un lado y divisar en la distancia a Omar y a la mujer de apellido Mitzuki desmontarse a toda prisa y correr hasta darles alcance.

-¡Santo Cielo! ¿Qué ha pasado? – Pregunta Kaho visiblemente preocupada por la joven inconsciente. Puede observar sus raspones en las mejillas, toda llena de arena y sus codos, aun mas lacerados. -¡Dime que no esta herida de gravedad!

-Se cayó por la montaña de arena – dice Eriol tomándola en brazos ágilmente – Creo que será mejor que la lleven a un hospital o centro de cuidado… el sol puede tenerla también deshidratada.

-¡Que hacía ahí arriba! – Replica Omar con una mirada de estupor y notable preocupación al observar a la muchacha inconsciente que era puesta en el asiento de atrás del jeep por parte de Eriol. –Pudo haberse matado.

-Seguro se perdería… le dije que no saliera del camino – Dice Kaho con pesar tomando el asiento del piloto y dice- No tenemos tiempo que perder: Omar, lleva al Señor Hiragizawa a la casa del jeque. Yo llevo a Tomoyo a la policlínica donde presta servicios Kinomoto.

-¿Kinomoto? ¿Sakura presta servicios en una policlínica? – Pregunta Eriol pero Kaho no le escucha pues toma el camino a toda velocidad en el jeep.

-No señor – Dice Omar atrayendo su atención y con una tenue sonrisa agrega- El hermano de la señora Sakura… se llama Touya.

————– Continuará.

Saluditos y saludos a todos y todas. 😀 Estoy super contenta pues me programe para actualizar hoy jueves y lo he logrado. Muchas gracias a Mi beta en esta historia Nodoka Chan por tratar de hacer lo posible para enviarme sus correcciones para atrás y así presentarles algo de calidad y que les sea de mucho agrado. Como pueden leer, tenemos a un Eriol muy diferente al que conocemos todas: siempre ha sido el caballero que ha tratado a la dama o su co-protagonista como objeto de interés y de romance y ahora lo tenemos con planes muy diferentes: pagarle a Daidouji con su propia moneda. La verdad que las mujeres no sabemos la capacidad que tenemos para lastimar al sexo opuesto; nuestras acciones pueden sopesar incluso años después. Aunque por supuesto Tomoyo ya no es la misma chica de años atrás y la muerte de su padre la hizo madurar.

Ahora bien ¿Tomoyo reconocerá a Eriol? ¿Será capaz de explicar que ocurrió en aquel entonces? ¿Cómo iniciara Eriol su confrontación o primero le hará probar de su propio remedio?

Ya saben que acepto sus comentarios respecto a la historia. Recibo sus impresiones muy optimistas por FB y también unos cuantos se toman su tiempo vía ffnet. Les agradezco sus palabras y también a mis correos 😀 se que la historia les ha gustado y saben lo bien que me hacen sentir cuando me hacen llegar sus impresiones y esta vez no es la excepción: Comentarios, dudas, tomatazos o Criticas constructivas a mis correos, vía ffnet, por Still, o Ficmania y ¿Por qué no? Tb por Facebook y Twitter.

Un beso a todos.

¡Nos leemos en la próxima entrega!

Crys.