Capitulo. 11. Verdades y Conclusiones

“Extrañas Coincidencias”

Historia Inédita no 2.

Por Crystal.

Basado en los personajes de CCS by Clamp. Hago esto sin fines de lucro y solo como entretenimiento.

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Capitulo. 11. Verdades y Conclusiones

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Tomoyo Daidouji trató de reintegrarse lo más posible a su vida rutinaria en Japón luego de su regreso de Túnez y todas las aventuras vividas en aquel exótico y místico país.  Sakura era una invitada en su casa pues los Kinomotos habían arrendado su vivienda en Tomoeda mientras durasen en el Oriente Medio en las excavaciones. La joven Daidouji había regresado con un tono dorado en su piel, en contraste con la palidez que siempre ha formado parte de su complexión.

Comprende el dejo de tristeza de su mejor amiga. Se vio separada del amor de su vida.  Pero por otro lado…

¡Maldito orgullo de Sakura! ¿Cómo pudo permitir que las palabras hirientes de la siempre fría Ieran Li, pudiera convencerle de abandonar a Shaoran!?

¡Condenado Shaoran Li! Éste sabe que Sakura está con ella en su casa. ¿Cómo es posible que haya dejado que pasaran dos semanas sin buscarle?

O peor aún: condenado Eriol Hiragizawa.

El hombre supo cómo hacerle pensar en él constantemente. No entendía como podía ocurrir algo así. Desde un principio, demostró su disposición odiarle. De despreciarle. Razones no le dio jamás mas allá del “No eres lo que aparentas”. Le molestaba la disposición de ella en ayudar a sus amigos a esconder su compromiso. Le molestaba que Amid en su momento, mostrara simpatía por ella, dando rienda suelta a la lengua víbora del sujeto de ojos azules. Y ese trato, le hizo sentirse mas intrigada acerca de su persona, de sus acciones…

… de sus pensamientos.

Y luego sonríe suspirando al recordar sus aventuras en Túnez.  Dos días atrás había recibido un correo de Fátima. La chica tuvo la cordura de mantener contacto vía internet y había valido la pena, pues la muchacha compartía la noticia que Amid le había propuesto matrimonio a su prima lo cual le llenó de alegría.

Al menos alguien tendría su final feliz.

Y el pensar en Amid y Fátima, vino a su mente la noche en el desierto.

En los brazos del varón de mirada azulada. ¿Qué demonio travieso se había apoderado de ella para lanzarse literalmente en sus brazos? Correcto, hacía frío. Esto es más que claro. Pero ella tenía su manta. ¿Por qué se levantó de la cercanía de la hoguera y se acomodó en los brazos del varón?

Estamos de acuerdo que el aroma varonil del sudor del desierto y el aroma a desodorante de hombre inundaron sus sentidos. Sentirse en sus brazos, le trajo un sentimiento de protección a su persona que jamás había percibido.

Se vio irremediablemente suspirando encima de los contratos de expansión y otras sandeces jurídicas.

¿A quien se le ocurre darle un último vistazo a papeles legales cuando tiene sus pensamientos en otra parte? La satisfacción de despertar con los brazos protectores del sujeto rodeándole con ternura y la cabeza de él apoyada en el tope de su cabeza. Fuera del miedo que sintió cuando recobró el conocimiento, la manera como la miró cuando los secuestradores hicieron el intercambio la confortó. Aquella expresión de seguridad en su expresión añil, que reflejaba a través de las rendijas del pañuelo que llevaba el hombre en su cabeza y cubriéndole el rostro.

¡Maldición! Se sintió como Kathleen Turner en “En búsqueda de la esmeralda perdida”, una película que viera ella junto a su madre cuando tenía trece años. La sensación de ser rescatada a ese estilo la pone a soñar nuevamente.

No va a conseguir nada esa tarde. Simplemente no puede concentrarse. Cierra el documento dándose cuenta que firmar aquello papeles prácticamente “soñando despierta” no sería muy sabio de su parte. Se incorpora tomando su bolso y saliendo de su despacho.

– ¿Vuelve más tarde señorita? – Pregunta su secretaría.

–No lo creo. Estoy demasiado distraída. – Y agrega– Voy a casa.

–Espero que eso no sea el plan final – Dice una voz detrás de ella haciéndole voltear de repente.

–¡Shaoran! ¡Santo cielo! – Dice la  muchacha y luego frunciendo su rostro – ¿Dónde rayos te habías metido? – Dándole con su dedo índice en el pecho – ¿Sabes lo mucho que he esperado a que aparecieras? Tampoco respondías mis llamadas… – Con cada golpe de su dedo, el sujeto retrocedía medio paso y llevaba las manos alzadas a medio pecho.

–Lo siento Tomoyo. – No sorprendido ante los reproches de la mujer–  He estado bastante ocupado. ¿Tienes tiempo para un café?

–Debería rechazarte… eso debo de hacer. ¿Sabes lo preocupada que he estado? No por ti, por supuesto pero… ¡Ugh! ¡Lo que has ocasionado, no tiene perdón!

–Entiendo. Créeme y por eso mismo estoy aquí. ¿Por favor? No tardaremos mucho.

Aun ofuscada por el susto y la tardanza del sujeto en aparecerse en Japón, ella acepta ante la mirada curiosa de su secretaria en ellos.  Se marchan juntos y esperan por el elevador en silencio ante el escrutinio de la asistente personal de Tomoyo Daidouji.

Los rumores que su jefa estaba comprometida con el sujeto, adornaban las páginas sociales y sensacionalistas de Japón. Dos poderosos herederos de sus propios “imperios” comerciales cuyo enlace ha sido la comidilla de todos y propició la llegada imprevista de Ieran Li en el despacho de la presidenta general de la empresa, Sonomi Daidouji y ambas salieron de improviso del país.  Y cuando pensaban que pronto se enterarían de la fecha especifica de las nupcias, la joven vuelve a reintegrarse a sus labores, sin lucir un anillo de compromiso. Con un tono dorado en su piel y sin dar a entender que es una mujer a punto de casarse… un poco confundida y distraída si se le amerita, pero nada de investigación más profunda.

Luego de las vacaciones (sabiendo que no se fueron juntas),  llegan Tomoyo Daidouji y su madre en un vuelo privado. La prensa apostada en el aeropuerto por días para esperar tener las primeras imágenes de la pareja de recién casados o de comprometidos. Llegan acompañadas de una tal Kinomoto Sakura. Una muchacha que dos años atrás, era asidua visitante de la oficina de la joven Daidouji.

Pero no llega casada.

Tampoco dan respuestas de los medios.

Luego aparecen las imágenes del heredero Li en Hong Kong arribando con su madre.

Y ni una pista de la boda.

¿AHORA SE ENCUENTRA en el despacho de su jefa? ¿Y van por un café? ¿Ella le reclama su ausencia?

¡Vaya! Simuladamente comienza a mandar mensajes de textos a sus amigas en los otros departamentos de la empresa para encontrarse en el baño de damas.

¡Hay mucha especulación que poner en la mesa!

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–Has dejado el tiempo pasar demasiado callado, Shaoran. – Dice  Tomoyo para iniciar la conversación sentados ambos en un café a pocas cuadras de las empresas Daidouji– Yo pensara que no te intereso.

–Yo debería reclamar. Ella rompió el compromiso. No fue al revés.

–Tu madre la asustó.

–Lo se.

– ¿Ah si? – Levanta las cejas sorprendida.

– ¿Crees que es una “absurda coincidencia” que Sakura haya roto nuestro compromiso en menos de cuarenta y ocho horas de mi madre encontrarnos en Túnez? ¿Averiguando que no me casaba contigo sino con ella? – Niega con su rostro – Mi madre se sentía ofuscada, engañada… tonta… y totalmente enojada conmigo por haberle impedido escogerme esposa… – Aquello último lo dice con un tono de satisfacción y triunfo.

Y el brillo en sus ojos cafés confirman a la chica de ojos azules que no se imagina lo que el sujeto le irradia.

– ¿Por qué rayos pareces tan contento? Tú madre probablemente ha arruinado tu futuro con una chica estupenda y la  felicidad de mi mejor amiga en el proceso  – Torciendo su nariz– Mamá jamás se atrevería a tanto.

–Porque mi enojo con ella es tan grande, con tal que le hable nuevamente, que está dispuesta a darle una segunda oportunidad a Sakura. Ver más allá de todo eso de “apellidos, clases sociales y todo lo demás” – Sorprendiendo a la chica de ojos azules. – Todo porque le hable de nuevo. Mi madre no es tan dura como aparenta, Tomoyo. El hecho que tú y yo nos hubiéramos casado habría sido decepcionante para ella pero jamás te cerraría la puerta de la casa Li en tu cara.

– ¡Por Dios, Shaoran! Tú madre aniquiló el autoestima de mi amiga.  Sakura está inconsolable. Es lo bastante orgullosa para saber que el hecho que tú madre no la aprueba, significa que tú jamás irás en contra de Ieran Li. Y el hecho que escondiéramos  la boda tanto de Ieran como de mi madre, significa que te avergüenzas de ella.

–Mi madre sabe que ha cometido un error– Replica el hombre con el rostro no dando espacio a duda de sus palabras– Sabe que Sakura es la mujer que amo. Sabe que no amaré a otra mientras tenga vida y ella prefiere tener descendientes de apellido Li, que el hecho que no le agrade mi prometida.

–Sakura te rechazará, Shaoran. No irá en contra de Ieran Li o de tu familia.  Además, para ella no será bastante razón eso de que tu madre, prefiere tener herederos de tu linaje. No le importará esas razones por la por las cuales la aceptará y es porque esta relación es de ustedes dos nada más. No importa lo que los demás digan…

–No me marcho de Japón hasta que vuelva conmigo. No acepto que me haya abandonado. La necesito en mi vida y la amo.

Tomoyo toma un sorbo de su té frío (fue lo que pidió al llegar al establecimiento), – Pues tendrás que hacer muchas enmiendas pero… Creo que después de mucho rogar y arrastrarte en el suelo, lograrás que te dirija la palabra.

– ¿Cómo está ella?

Se encoje de hombros. – Ella no habla mucho. Lloró bastante cuando salimos de Túnez y llegamos a casa. Mamá ha tratado de ayudarle y mantenerle distraída. Ella, te ama.  Y el hecho que Ieran le diera no solo razones para dudar que sea la persona adecuada para ti, dio a entender que por algo mantuviste todo este tiempo en secreto la boda. Y entonces está lo otro.

– ¿Otro?

–Lo de Amid. El secuestro de Fátima y mío. Se cree culpable de todo lo que ha ocurrido.

-Si alguien tiene que sentirse responsable, soy yo. De todas maneras fue mi idea casarnos allá.

Y de repente sus mejillas se encendieron al recordar los eventos.

Al recordarlo a él.

– ¿Supiste? Fátima y Amid se casarán. – Le regresa a la realidad la pregunta del hombre.

–Si, lo supe. Fátima me ha escrito para contarme. Según supe, el señor Kinomoto estará presente. – Haciendo una larga pausa– ¿Has sabido… algo de… Eriol?

Shaoran deja su taza de café en el plato. – Si. Hasta donde se, la semana pasada estuv de viaje. ¿Has mantenido contacto con él?

Niega con su rostro.

–Escucha: no debería meterme donde no me llaman… Los Dioses saben que es lo último que deseo hacer,  pero nos ayudaste a mí y a Sakura, tanto. – Haciendo una pausa. – Llámalo.  Se que ha pensado en ti. – Sonrojándola.

– ¿Qué te hace pensar eso? ¿Te ha dicho algo?

El brillo en su expresión no pasa desapercibida al varón de mirada chocolate.

“Está enamorada de él. Puedo notarlo”

– Ya te dije. No lo he visto y tampoco he hablado con él. Si supe antes de que se marchara, que iba a hacer un viaje de negocios que lo mantendría fuera de Japón. Desde que lo conozco siempre ha sido muy reservado con sus sentimientos. O sus relaciones. – Haciendo una pausa. – Pero… puedo decirte esto: Se sintió muy ambiguo contigo en Túnez.

– ¿Ambiguo?

–Sentimientos encontrados. – Tose incómodo – Le recuerdas a una chica que conoció una vez. Una mujer que le rompió el corazón.

Tomoyo alza las cejas interesada y pasmada a lo que el hombre le cuenta en aquellos instantes.

–Él siempre había sugerido que nos conocíamos. Pero nunca dijo de dónde o como.

Shaoran asiente débilmente y saca un porta tarjetas. Buscando una en particular la extrae y dice– Este es de su número privado. Él sabrá que te lo he dado. Llámalo.

–Shaoran… –  Replica dudosa.

–Llámalo, Tomoyo. Se lo que significas para él aunque no lo creas. Y él necesita poner su pasado finalmente atrás. –Tomoyo toma la tarjeta de las manos del hombre y éste añade. – ¿Dónde crees que pueda encontrar a la cabeza dura de Sakura?

–Intenta en la universidad. Está equipando la oficina para cuando su padre vuelva a impartir clases.

Shaoran levanta las cejas visiblemente asombrado—Pensé que eso lo tomaría Mitzuki San. Eso fue lo que me dijo el padre de Sakura, el día que me despedí de él.

Tomoyo sonríe –Si, eso planeaba. Pero… El hermano de Sakura se le declaró a Mitzuki San. – Sorprendiendo al varón –Así como escuchas. Según Mitzuki le contó a Sakura, fue todo muy romántico. Muy atípico de Touya. Él le dijo que la amaba. Que quería formar un hogar con ella y que de igual modo quería quedarse en Túnez. Allá necesitan buenos doctores.

–Supongo que así es.

–Así que el profesor Kinomoto regresa en unas semanas a tomar el puesto como profesor en la universidad. Y Mitzuki se queda en Túnez dirigiendo las excavaciones.

Shaoran no puede evitar sonreír tenuemente al analizar en voz alta – Si Kinomoto es obsesivo protector siendo hermano ¿Te imaginas siendo esposo?

–Ji ji ji ji si, lo imagino. Y no envidio a Mitzuki San.

–Tomoyo: llama a Eriol. – Insiste el varón de mirada chocolate una última vez antes de dejar a la chica a solas en el café. Sus intenciones es ir a la universidad y rastrear a Sakura Kinomoto, perseguirle, acosarla y volver a colocar el anillo de compromiso en su dedo.

Dios sabe que esa belleza de ojos verdes que le trae loco, pronto tendrá pretendientes babeando por ella en par de días. O estudiantes…

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Tomoyo estaba recostada relajadamente en la sala de su casa observando la tarjeta que Shaoran le diera con los números privados de Eriol y con el teléfono sobre su pecho. Se había despojado de sus ropas de trabajo y se puso una camiseta de algodón y pantalones vaqueros holgados. Observando a su alrededor respiró profundo y se llenó de fuerzas para lo que tenía que hacer.

Los Dioses saben que se necesita de mucho valor para aquello.

El teléfono repicaría tal vez dos veces cuando escucha la voz masculina al otro lado saludar distraídamente. – ¿Eriol? Espero que no te importe, Shaoran me dio tú número…

Del otro lado de la línea y en otro país totalmente diferente,  el sujeto de ojos azules acaba de salir de una reunión y se sorprende al escuchar el sonido de la voz de la chica.

Que ella se atreviera a llamar ha sido una agradable sorpresa. Pero por supuesto, sabe que Shaoran le dio su número. Y ella le ha confirmado esto.

Nadie más lo tiene.

–¿Te he llamado en mal momento?

–No para nada– Saliendo de su estupor y recibiendo saludos de los hombres y mujeres que estaban con él en la reunión. – ¿Cómo estás?

–Estoy bien. – Haciendo una pausa– ¿Tu?

–Estoy bien. Trabajando…

–¿Estás ocupado?

–Ahora mismo saliendo de una reunión. 

–Oh– Su corazón se aprieta ante aquella revelación. – Bueno, no te quitaré mucho tiempo.

–No tengo otro compromiso por el momento. – Dice tomando asiento en una de las bancas del lobby del lugar.

–Yo… Tengo muchas cosas que decirte– Inicia la chica explicando. – Tal vez no lo sepas… o no lo sospeches. Pero… he pensado en estos días en ti y… que dejamos algo inconcluso en Túnez. Algo entre nosotros…

– ¿Si?

La chica lo piensa dos veces antes de continuar, a lo que añade –Shaoran me ha dicho que vuelves a Japón pronto. Me gustaría decírtelo frente a frente. De ser posible. – Eriol sonríe nervioso observando alrededor. – ¿Tendrás tiempo luego que regreses? Tenemos que hablar.

Creo que si. – Dice con un tono de voz aparentando calma. Y tratando de sonar lo más casual posible añade– Creo que estaré de vuelta en la ciudad de Tokio en diez días justos. Podríamos vernos al día siguiente si lo prefieres.

–Perfecto. Déjame darte el número de mi teléfono particular para que me llames cuando llegues.

Creo que podríamos seguir hablando por teléfono en estos instantes ¿No crees?

– ¿Acaso no tienes otra reunión a la cual asistir?

No por otra hora. Y no me molesta hablar con alguien interesante mientras tanto – Sonriendo de lado y sus ojos brillan al escuchar la tenue y relajada carcajada de la chica.

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Sakura colocaba en el enorme librero del despacho del edificio de arqueología, todos los títulos de libros que ella tenía en su poder, mas los de su padre los cuales estaban almacenados en una bodega.  Con un plumero va pasándole a los pesados volúmenes y colocándolos en su correspondiente espacio. Uno de los libros que toma a continuación, se cae al suelo abriéndose justo donde usaba una fotografía como marcador del mismo.

Y no evita sonreír con nostalgia al levantar el libro y la fotografía. Era una de Shaoran y ella en Túnez. Fue una de las primeras fotos de la pareja luego que la joven decidiera irse al desierto con su padre, luego de conocer a Shaoran.

Fue precisamente en aquel viaje, que el chino le dijo que estaba enamorado de ella.

No pudo evitar que unas lágrimas salieran por sus ojos.

– ¿Sakura? – Aquella voz masculina la hizo sobresaltarse y guardar la fotografía dentro del libro. Se voltea lentamente para observar ya dentro del despacho a la alta figura de su amigo de cabellos cafés y ojos chocolates.

Trata de no parecer sorprendida, al notar que en realidad el hombre estaba allí. – Shaoran… – Finalmente dice. Tratando de mantener un rostro sereno (y limpiando sus lagrimas), agrega– ¿Qué haces en Japón?

– ¿Estás llorando? – Pregunta el sujeto acercándose lentamente y preocupado por la muchacha.

– No. Estos libros están llenos de polvo. Tengo alergias.

Shaoran levanta la ceja perspicazmente ante su respuesta. Ella pasó todo aquel tiempo en una excavación y ¿Sufre de alergias al polvo?

– ¿Cómo estás? – Pregunta al verle avanzar hasta ella. Prefiere ponerse a trabajar por lo que abre otra de las cajas y comienza a sacar más libros.

–Quisiera decir que estoy bien, pero no es cierto. No cuando mi prometida me abandona sin ninguna razón sustentable. – Explica colocando una de sus manos en el bolsillo del pantalón. Sakura continúa sacando libros y colocándolos en el escritorio para quitarles el polvo y procede colocarlos.

–Yo estoy bien, contrario a ti– Añade la joven tratando de parecer serena. – Como puedes ver, tengo aquí mucho por hacer.

Shaoran le extiende un pañuelo y ella lo toma para usarlo tenuemente en su rostro. Se queda con este en sus manos. –Sakura: lo siento. No quise en ningún momento ofenderte. O hacerte pensar que no eras lo suficientemente valiosa para mí.

–Ese nunca fue el problema –  Dice sin mirarle. Prosigue a colocar más libros en el librero mientras trata de sonar fuerte. – Tú siempre dejaste bien claro lo que valía para ti. Lo que no coincidía con el valor para tú familia.

–Con respecto a eso…

–No. Deja que termine, por favor. – Le interrumpe ella finalmente colocando sus ojos verdes en los marrones del sujeto. – Finalmente comprendí donde estuvo mi error. Donde me equivoqué cuando pensaba que me amabas por encima de todas las cosas. Pero lo cierto es que jamás será suficiente para poder superar la idea que no sería aceptada por tu familia. ¿Por eso insististe en hacer la boda secreta?- Viéndole negarse pero no le interrumpe-  Fui una ilusa al pensar que el hecho que usáramos a Tomoyo para escondernos era por un asunto de la prensa y de mi familia.  Pero lo cierto fue dejado bien claro por tu madre: Tomoyo es la clase de mujer que tú necesitas. Una como ella. Aunque el problema que  sea una heredera por si misma, es un impedimento para una relación sana entre ustedes.

–Jamás me avergoncé de lo nuestro. Y el hecho que lo pienses me preocupa… y me decepciona.

–No más que yo al pensar que por un momento, estaba a un paso de cometer un terrible error. – Dándole la espalda.

–Sakura…

–Vete. – Dice con la voz quebrada. – Por favor… márchate. Haz tu vida con otra mujer. Una que sea idónea para formar parte de la familia Li. – Aquello último lo dice con sollozos. – ¡Largo!

Siente las manos masculinas en sus hombros y no puede sostener más la mala charada puesta en escena. Sus hombros se contraen ante sus sollozos. Shaoran la deja desahogarse unos instantes para luego voltearle hacia él y aferrarle en sus brazos con delicadeza, logrando que Sakura busque refugio en el cuello masculino.

Luego de un largo silencio (donde son sus sollozos los que se escuchan pero mas calmadamente), Shaoran finalmente dice. – Yo he sufrido mucho Sakura. Pensando que jamás te volvería a ver. Quisiera no solo que me dieras una nueva oportunidad, sino también a mi familia. – La joven levanta su rostro – Ellos quieren disculparse contigo.

– ¿Cuándo te refieres a ellos…

–Mi madre en particular. Ella sabe que se ha equivocado. Quisiera que le otorgaras el placer de una entrevista con ella. Y que también nos acompañe tu padre… – Sorprendiéndole.

– ¿Papá? Papá está en Túnez… – Recibiendo un beso casto y largo en su frente que la pone repentinamente colorada. Una tenue carcajada de la garganta del varón la hace levantar su rostro para encontrarse con la sonrisa gallarda y los ojos expectantes de su novio.

–Ay pequeña Sakura. Desde que existen las videos conferencias, no hay imposibles.

–Shaoran. Tu familia te necesita… no puedo ir a China contigo. Ya firmé el contrato de ser profesora de arqueología y conducir varios seminarios. Papá no puede venir por el momento… tampoco Mitzuki San.

– ¿Para qué demonios tengo tantos cuñados sino puedo depender de ellos en mi ausencia?– sonríe con astucia de tenerlo todo explícitamente calculado. –  Y para lo que necesite mi firma, existe mensajería expreso.

–Pero… tu madre…

–Mi lugar está contigo. Tú eres mi familia ahora.

– No Shaoran. No voy a casarme contigo – Le dice sorprendiéndole. – No mientras tu madre me pruebe que no me guarda rencor. – Al notar el rostro ofuscado del varón, agrega– Tu madre ha dejado bien claro su descontento hacia mi. No es algo que se borre de la noche a la mañana y con una mera disculpa de tu parte. Tengo algo que se llama orgullo.

–––––––––––––––––––––––– Una semana después…. 

 

Tomoyo vestida con un conjunto de oficina, camina distraídamente por aquel campus universitario que sirvió de segundo hogar durante sus años de estudiante. Observa como hay cosas que no cambian en el mismo: las personas reunidas estudiando bajo las sombras de los árboles. Los estudiantes de arquitectura cargando pesados modelos y maquetas. Parejitas sentadas en bancas alejadas buscando algo de privacidad mientras hablan entre ellos.

Ella conoce aquella zona bastante bien.  Su mirada se pierde ante los recuerdos de cuando era una muchacha caprichosa y algo orgullosa. Se juntaba con personas de su misma clase social, creyendo que aquellas amistades le durarían.

La única que pudo haber durado de aquel entonces, y mucho más. Fue la de Sakura.

– ¡Vaya no pensé que me ganarías! – Dice un sujeto de mirada azulada por saludo, trayendo una sonrisa de parte de la mujer.

– Este es un lugar un tanto… extraño para una cita. – Dice por saludo.

– ¿En serio? – Pregunta con una ceja alzada y una expresión misteriosa. –  Supe que aquí hacen unos almuerzos muy buenos.

Le extiende su mano y la chica lo toma yendo ambos de esa forma y caminando por el paseo estudiantil.

Eriol Hiragizawa regresó tres días atrás. Podemos decir que al día siguiente de su regreso de Londres, Tomoyo y él tuvieron una primera cita.

Un restaurante muy lindo y una función de piano de uno de los artistas favoritos de la chica de ojos azules. Luego de dejarla en su puerta, Eriol se despidió de ella dándose ambos su primer beso como pareja.  Aunque Tomoyo no lo dejara ir tan simplemente y tratara de comportarse como un perfecto caballero. Pero sus intenciones se van a volar al Tomoyo halarle por la solapa de la camisa y prolongando aun mas la despedida. Finalmente, faltos de aire, cabellos revueltos y los labios hinchados finalmente son capaces de despedirse deseando las buenas noches.

Luego de eso, al día siguiente, fueron a montar bicicleta al parque. Tomoyo se divirtió como nunca y Eriol demostró su capacidad deportiva al recorrer el enorme parque sin agotarse.

Y en aquella tercera ocasión… le dice que quiere hablar con ella y que si puede reunirse fuera de la oficina. Ella accede aunque advierte que no le daría tiempo a cambiarse a su casa.  Entonces  ¿La hace ir la universidad?

– ¿Qué hacemos aquí? – Pregunta ella.

– ¿Acaso no reconoces tu propia alma mater?

Tomoyo parpadea. Se deja guiar por el sujeto dentro de la facultad de negocios, que conoce en su totalidad gracias a los cuatro años que hizo la carrera allí.  Ya en un aula particular, el varón le abre la puerta e ingresa llevándole de la mano. – Está bien… – Al notar la expresión de preocupación de la joven.– No hay clases en las próximas dos horas.

La chica entra y se voltea al sujeto. – No comprendo. ¿Qué hacemos aquí? – Y alzando una ceja dice con una sonrisa tenue. – ¿Acaso vinimos a besarnos aquí? ¿Algún tipo de fantasía juvenil?

Eriol reprime una carcajada y camina a su alrededor observando las paredes, los pupitres y todo a su alrededor. – No. Aunque no niego que la idea resulta tentadora. – Sus ojos oscurecieron y las mejillas de la chica se encendieron ante la proposición. – Tal vez después…

– ¡Eriol! – Dice la chica nerviosa y con una tenue risilla ante el guiño coqueto de su pareja.

–Aquí, debo decir que fue que mi vida cambió. Justo en esta aula.– Explica con un tono de voz lento y moviéndose entre los pupitres hasta el escritorio del profesor, mientras la chica permanece en el mismo lugar. – Me prometí a mi mismo hacer todo lo posible para no ser humillado… nunca más.

Tomoyo mantiene silencio observándole.

Esperando que es lo que le tiene que decir.

–Una vez… conocí a la chica más hermosa que jamás había soñado. La piel tan pálida como la leche, delicada y atractiva. Esta chica tenía admiradores por doquier. – Baja su mirada con una tenue sonrisa navegando por sus recuerdos.– Esa chica, pertenecía a un selecto círculo de amigos. Todos como ella: atractivos, de una posición económica envidiable. Todos hijos de banqueros, empresarios de alto calibre y embajadores…

– ¿Tomamos una clase juntos? – Pregunta la chica aturdida. Sabe que aquella historia, la tiene a ella de protagonista.

–Varias. Antes de que tu padre falleciera. Un par de asignaturas después de que muriera y regresaras a retomar la carrera.

Tomoyo se queda observándole aturdida por sus palabras. Él tal vez esperaba que ella recordara años atrás, a una persona que tal vez, no compartieron juntos más de diez minutos. Seguro un sujeto que fuera de los “Buenos días” y no intercambiaran más de ahí.

–No pertenecías al grupo de mis amigos.

Eriol asiente en silencio. La observa detenidamente cuando comienza a recorrer el aula en pasos lentos. Y nota como ella se dirige rápidamente al asiento donde usualmente se sentaba ella y acaricia la madera con sus dedos. Luego dirige su mirada a otro lado en el aula.

Eriol la observa en silencio recorrer con su mirada el salón de clases. Dentro de Tomoyo, brotan las voces de aquellos del pasado, que compartieran con ella. Aquellas caras borrosas que aun permanecen en su memoria y les trata de poner voz a ellas.

Y de repente todo tiene sentido.

– ¿Eras tú? – Pregunta finalmente avanzando hasta el otro lado del salón. Cruzando la primera fila y ocupando la segunda silla, en un ángulo de cuarenta y cinco grados de su persona. – El muchacho… eras tú. – Dice ella observándole con sorpresa y la vergüenza es legible en sus pupilas azules. – Eras él… el del número telefónico… me diste tu teléfono. Me dijiste que querías ser mi amigo…

–Si…

–Oh santo cielo. Eres él… – Dice finalmente y no evita sentirse sumamente nerviosa y abochornada. – Eriol… yo… – Ahí comprendiéndolo todo – Ahora comprendo.

– ¿Comprendes, que?

-Comprendo tu actitud conmigo. Todo lo que me dijiste en Túnez. Tu conducta con respecto a mí. El hecho que dudaras de mi amistad con Sakura o Shaoran… mis intenciones en ayudarles… todo – Tomoyo se ve visiblemente avergonzada bajando su mirada mientras continúa sentada en el pupitre que el sujeto ocupaba durante aquel semestre de universidad. Una sonrisa triste y avergonzada cruza el rostro femenino al lograr levantar la mirada y ver al hombre de ojos azules. – En aquel momento era lo que mis padres esperaban de mí. Lo que mis amigos esperaban que fuera. – Dudando un instante tose incómoda. -¿Sabes que es lo mas vergonzoso? Que fuera de ti, otra persona que sufrió por mi conducta y notable distanciamiento sería Sakura.

-¿Sakura?

-Mis amigos no aprobaban a Sakura- Encogiéndose de hombros.- Siempre supusimos (y nunca la saqué de dudas) que no la invitaba a mis fiestas o salidas con mis amigos, porque ellos pensaban que era inferior a nosotros,  jamás le dije a Sakura la verdad.  Pero lo cierto que me dejaba influenciar por mis amigos. En especial de mi “pretendiente” en aquel entonces- Frunciendo su rostro.- Yo… te observaba. Siempre tan aplicado. Siempre tan cordial con los demás- Sorprendiéndole y ella mostraba una tenue sonrisa en aquel instante- Sabía que estabas ahí.  No eras invisible para mí.

-¿A pesar de mi problema de piel? ¿A pesar de mis frenillos? ¿De los lentes?

-Por encima de todas esas cosas. Siempre he juzgado a las personas por la forma en que actúan con los demás: tú siempre ayudabas a quien necesitaba ayuda. Siempre le abrías la puerta a nuestros compañeros que necesitaban ayuda en ello.  Nunca juzgabas a los demás por como se veían. Actuabas con una extrema caballerosidad. Siempre me intrigó.

-¿Tu me observabas? – Pregunta aturdido y no creyendo las palabras de la mujer.

-Así es. Me emocionó mucho cuando me diste tu número. Sabía que podíamos ser buenos amigos… Pero…

-Pero ¿Qué?

-Mis amigos no pensaban lo mismo. Misteriosamente el número que anotaste desapareció de entre mis cosas. – Encogiéndose de hombros- Siempre supuse que había sido uno de mis amigos… siempre se llevaban de las apariencias. Pero luego que papá muriera pocos de ellos siguieron siendo mis amigos. Sakura fue la única que estuvo ahí, para mí, cuando papá murió. Los demás solo me contactaban por la casa de verano o la cabaña para esquiar en las montañas. Siempre para las fiestas… pero nunca para los verdaderos problemas de aquel entonces… la pérdida de papá. Tuve que ayudar a mamá con la empresa. Tuve que madurar de repente y volví a encaminarme a la persona que siempre he sido. No la que aparentaba ser por los demás.

Incorporándose ante la mirada incrédula añade- Lo se. ¿Cómo creerme? Ha pasado tanto tiempo. Incluso puedo estar tergiversando la historia a mi favor… ¿No es cierto?

-Tomoyo…

-Intuyo porque me has traído aquí. Para comprender las cosas… como actué contigo en aquel entonces. Ahora entiendo porque incluso me ignorabas luego en las clases que compartíamos. Te lastimé tanto en aquel momento.

-Lo único que se vio lastimado fue el ego de un muchacho inmaduro. Alguien que pensaba las cosas de manera muy diferente. Debí de saber que no actuarias de aquella manera tan ruin y frívola.

-¿Cómo ibas a saberlo? Yo misma sabía que actuaba mal y nunca hice nada por impedirlo. O resarcir mis errores. Ver quienes podían ser mis verdaderos amigos.

-No te traje aquí para hacerte sufrir. – Explica el varón—Quería explicarme.

-Y lo hiciste. – Añade con gesto avergonzado. – Gracias…

-Tomoyo…

-Ahora si me disculpas, tengo que estar a solas- Dice con un aspecto triste y Eriol se percata que algo mas le molesta a la mujer.- Hablaremos luego. No me tienes que acompañar; ambos sabemos que se bien el camino.

Y aunque llamó dos veces el nombre de la chica, esta no volteó a su llamado.

––––––––––––––––– Continuará.

Bien, la próxima actualización es el final de la historia Extrañas Coincidencias. Contrario a SBN vemos unas relaciones de parejas bien reservadas y los roces o contactos de los personajes son ínfimos tratando de captar mas sobre la cultura oriental que en efecto, las parejas, tanto de Túnez como de Japón, no necesitan tener contacto físico para expresar lo que siente por la otra persona. Incluso un beso en publico es considerado falta de educación en Japón y es prohibido en Túnez. Esta historia ha sido bastante corta comparado con mis previos trabajos y espero que este y el capitulo final llenen sus expectativas. Un beso y nos leemos la próxima semana.

 

Besos Crys.