Capitulo 16. Inevitable el día que la luna se ocultó

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Empezar Desde Cero”

Por Crystal

Capitulo 16. Inevitable el día que la luna se ocultó

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Han sido muchas las pérdidas que he tenido que soportar en el último año: La pérdida de Sying fue la primera. Siguiendo con la muerte de Femeeii y finalmente con Meiling hace unos momentos.

Mis pensamientos no se ponen en un correcto orden al recordar los últimos segundos de vida de mi prima: tal vez porque nunca la aprecié como merecía. Siempre la protegí… le quise… tanto así que para que no siguiera gritándome, me comprometí con ella cuando apenas éramos unos infantes. Aún recuerdo sus pataletas siempre persiguiéndome… protegiéndome… incluso, queriendo competir contra Sakura cuando observaba nuestros cambios de mirada…

los cambios en mis sentimientos.

Su última réplica fue, precisamente, pensando en mi bienestar… en el mañana… en lo que podía ocurrir.

Pensaba que Sakura me guardaba secretos.

Pero Meiling guarda… guardaba muchos más.

Sakura toma mi mano y aún no me digno a mirarle a los ojos. Se que si lo hago, me desplomaré.

Meiling no hesitó una sola vez antes de quitarse su propia vida… por el bien de todos.

Con tal de abrir la puerta.

¡Que precio más alto hemos pagado hasta el momento!

La llegada de Kanda, Yukito y Nakuru detrás nuestro no me alegra en lo mas mínimo. Tampoco a Sakura. Que decir de Hiragizawa: está molesto. Había dejado a sus guardianes a cargo del bienestar de Tomoyo.

Y ahora Nakuru está aquí.

¿Qué más podría salir mal?”

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–No puedo percibirlo – Dice Eriol atrayendo nuestras miradas de sus acompañantes y sonando en verdad muy consternado por lo ocurrido.

Sakura niega con su rostro para decir con voz temblorosa. – Tampoco detecto a Kero.

–Sabíamos lo que teníamos que hacer y no nos arrepentimos de ello – Replica Kanda segura y convencida ante su decisión para al mismo tiempo, evitar mas represalias departe de los dueños de los guardianes mágicos. Eso trae una expresión de molestia departe de Li. – Se que estás molesto pero…

– ¡Pero nada! ¿Quién mas sabía de esto? ¡¿Meiling?! – Ahí observando a Nakuru con una expresión que pudiera partir en dos a cualquiera.

–No. Ella no sabía nada. – Responde la guardiana de las cartas de Hiragizawa.

–Pero tú pasabas mucho tiempo con ella – Dice Li reincorporándose y pensando en lo ocurrido momentos antes con su prima.– Tú sabías lo que ella haría… – Avanzando amenazadoramente hasta la falsa identidad de Ruby Moon. – Que… Ella…- Entrecortando su voz por un momento.

– ¿Qué se quitaría su propia vida? – Pregunta con cierta precaución y observa como los ojos castaños cambian ante su declaración. –Puedo asegurarte que no me dijo nada a mi… lo juro. Leía sobre el precio de sangre pero nunca me comentó nada.

–Enojarte y buscar culpables no ayudará – Dice Eriol avanzando e interponiéndose entre la falsa identidad de su guardiana y el joven Li. – Lo hecho, está. No va a regresar a la vida.

– ¡Que fácil para ti decirlo! ¡No puedes saber lo que ….

– ¿Lo que pasa por tú mente? ¿Lo que sientes? – Pregunta Eriol con cierta ironía.– ¿Se te olvida acaso que Kaho se quitó su propia vida saltando de un balcón? Kaho era lo más cercano a lo que podría llamar a una familia, Li– Habla con firmeza y comprendiendo su pesar pero buscando también que el chino comprendiera que tenían cosas en común más que pudieran decir las palabras… o las acciones. – Ella se ha sacrificado para darnos una oportunidad. Porque confía en ti.

–En nosotros– Dice Nakuru con sopesar. – Ella hizo lo que en sus manos creyó correcto.

–No solo eso – Explica Yukito interrumpiendo. – Ella en su manera, es más valiente que todos nosotros.

–Eso es cierto – Replica Kanda comprendiendo las palabras de todos. – Ella, es muy valiosa. Quizá la mas valiosa de todos.

–Podríamos analizarlo y pensar que lo hizo de la misma forma… – Murmura Sakura recordando la escena del suicidio de su antigua profesora de primaria. – ¿Meiling fue influenciada para…

–No lo creo – Afirma Eriol sabiendo por donde iba la línea de pensamiento de Sakura. – Sabía del sacrificio de sangre. Lo decían sus anotaciones.

–Pero estaba la constancia que con uno solo no funcionaría. Que la extracción de la sangre de los hechiceros era solamente el puente. El indicador de quienes entrarían. Pero estaba segura que debía hacer algo… grande. – Dice Nakuru interviniendo. – Por un momento en el primer templo… pude verlo en su mirada.

– ¿Ver, qué?

–Su decisión de llevar consigo a uno de los guardias. Usarlo como sacrificio de sangre.

– ¿¡Y en aquel momento no pudiste decirnos nada!? Al menos a mi de todas formas –Ruge Li en contra de la alta mujer de cabellos castaños. – ¡Mi prima no se convertiría en una asesina! ¡Jamás daría para ello!

–No me grites que no estoy sorda. Si, vi que ella consideró el llevar a un soldado… ¡Estas circunstancias no son los más normales para deducir que haría o que no! Pero jamás imaginé que el máximo sacrificio de sangre, tenía que ser con su vida.

–Yûko Ichihara era una poderosa hechicera en el momento que ella sirvió para abrir el portal– Deduce Yukito – ¿Sería posible que Clow salvó su vida precisamente evitando que se matara?

–Eso ahora no es de importancia. – Replica Eriol atrayendo todas las miradas en su persona y ajustando su morral a sus espaldas. –Tenemos un problema mayor: Previmos el salir nosotros tres – Observando a Li, Sakura y los demás. – No previmos que tendríamos que abrir la puerta de salida para más personas.

– ¿Qué quieres decir…? ¿Qué ellos podrían no salir con nosotros? –Pregunta Sakura con un dejo de voz.

Un silencio sepulcral cae entre ellos. La joven de ojos verdes observa las expresiones de seguridad en los rostros de las falsas identidades de sus guardianes, luego a Eriol.

Finalmente a Shaoran. Pero éste, no los observa a ellos, sino a su alrededor.

– ¿Qué es este lugar? – Mira uno y otro horizonte donde se pueden observar dos lunas de igual tamaño y asentadas en horizontes opuestos.

Luego, no hay más nada alrededor.

Apenas se pueden observar ellos entre si.

– ¿Cómo llegaremos a donde se supone que tenemos que llegar? –Pregunta Sakura observando por igual las lunas.

Justo en aquel instante un camino sale debajo de ellos: Pueden observar unos adoquines perfectamente alineados y platinados que sorprende a todos.

–Creo que nos está indicando el camino a seguir. – Dice Nakuru sorprendida de aquello. – Supongo que será para allá. – Señalando a su izquierda.

–Pero también indica hacia ese otro lado – Explica Eriol señalando a su derecha.

Las miradas se reparten a uno y otro sentido.

– ¿Cuál tomar?

– ¿Separarnos tal vez?

–No. No nos separaremos. – Dice finalmente Shaoran sonando su tono de voz grave. –Tomaremos… – Duda un instante. – Hacia el este – Señalando a la derecha de Nakuru.

– ¿Cómo sabemos si es la derecha? – Pregunta ella.

– ¿Qué hacemos ahora? – Pregunta Sakura mirando a Li. – No podemos quedarnos aquí.

– El hecho que no supiéramos por donde tomar, no lo tomamos en cuenta. – Explica el varón. – No sabemos que tiempo nos tome dar con los jinetes y restaurar los sellos.

– ¡Miren allá! – Dice Nakuru señalando a la izquierda y los demás observan – Alguien viene.

Y tienen razón. Una figura se aproxima a ellos caminando lentamente y a la distancia no lo pueden identificar. Sakura instintivamente se aferra del brazo de Shaoran mientras Nakuru se aproxima suspicazmente hasta donde Eriol. Igual Yukito y Kanda cuando se trata de sus correspondientes amos.

Solo cuando la figura se aproxima lo suficiente para su campo de visión es que todos se sorprenden e incluso Shaoran se separa de Sakura para aproximarse a la persona que se acerca a ellos.

Sus cabellos se encuentran atados en una larga trenza y sus ojos se ven gentiles y expresivos. Porta unos pantalones blancos y una camisola del mismo color. Su sonrisa se ensancha hasta llegar al grupo.

–Bienvenidos…

–Femeeii– Finalmente balbucea Shaoran llegando hasta encontrarse frente a frente con la figura de una de sus cuatro hermanas.

– ¿Femeeii? – Pregunta Sakura por lo bajito. Observa a los demás y Yukito asiente recordando a la chica que conociera más de una década atrás en un viaje a Hong Kong.

Solo que esta mujer ya no es una adolescente.

Ya es una mujer madura.

Shaoran trata de tocar su mejilla pero sus manos traspasan la figura de su hermana como si cruzara una neblina corpórea. Los ojos de ella muestran por igual su frustración ante las circunstancias.

– ¿Qué haces aquí…? ¿Por qué… – Pregunta con voz acongojada aunque trata de mantener la postura y sus sentidos alerta.

–No estoy aquí para perjudicarlos… soy yo – Explica la muchacha mirando a los demás – La misma que conociste… la misma que amaste como hermana.

Ella aproxima su mano y aunque trata de acariciar sus cabellos, su figura etérea no puede hacerlo. Sin embargo, Shaoran percibe aquel intento de contacto como un sutil toque de un pétalo de flor… sabe que hace contacto con tu piel pero es tan delgado que apenas lo percibe.

–El camino que deben de seguir es aquel – Señalando atrás de ello: totalmente al sentido opuesto que se dirigirían en un principio. – Tienen que tener mucho cuidado: obstáculos han sido puesto en su camino para hacerles no llegar a su destino. Hay muchas trampas, ilusiones…

– ¿Acaso no eres una de esas trampas? – Pregunta Sakura avanzando hasta colocarse frente a frente a la figura fantasmal quien no parece ofendida o molesta con sus palabras.– Hemos visto como utilizan las “esencias” de nuestros seres queridos para hacernos desistir… incluso lastimarnos. Ya lo hiciste una vez.

–He servido mi propósito y me han dejado seguir mi camino – Explica ella con firmeza.– Saben que no pueden utilizarme mas… – Ahí prestando atención a Shaoran– Mamá lo ha impedido.

– ¿Cómo?

–Mamá se auxilió de una espiritista… una experta en el ocultismo. Me ha liberado de los hilos que me ataban a los vivos… a él – Ahí frunciendo su mirada. – Siento su olor… está cerca…– Ahí observa preocupada a su alrededor. – Vayan por aquel camino… no todo lo que aquí pasa es verdadero… nada es lo que parece. – Ahí dirigiendo su mirada a una de los integrantes a la cual no puede reconocer como japonesa. Aproximándose a ella (acto que pone a la defensiva a la sioux), dice con cierta nostalgia. – Has estado para mi hermanito querido… cuando las demás no hemos podido… – Observando detenidamente a sus ojos y su complexión física. – Hemos pasado muchas tristezas y complicaciones en nuestra existencia… Pero lo protegerías… con tú vida incluso, dejando atrás lo que más has llegado amar. – Haciendo una pausa. – Nunca he conocido lo que has sentido… pero creo que todo tiene su propósito. – Sonriendo con tristeza y bajando su mirada añade. – Todo está claro para mi ahora… –Asiente lentamente. – No todos saldrán de aquí. ¿Están claro en eso? – Avanzando hasta su hermano. – Solo hay un desenlace en todo esto… pero tendrán lo que quieren al final. – Ahí comenzando a desvanecerse. – Ya tengo que irme… Xiao Lang… Te amo, hermanito. –Añade con congoja. – Estaremos juntos… siempre estaré cuidándote.

– ¡No, no te vayas!

–Ya no me necesitas… tienes todo lo que puedes necesitar a tu lado – Observando atrás y a lado del sujeto. – Será en una siguiente oportunidad. – Ahí finalmente desapareciendo.

Todos se quedan en silencio. Esperando que algo más ocurriera. Tal vez, deseando que nuevamente apareciera. Pero no rompen el silencio.

Son los débiles pasos de Sakura que se escuchan, al voltearse nuevamente al sujeto de ascendencia china y buscar sus ojos para decir con voz dulce. – Tenemos que continuar.

Shaoran reacciona al sentir la mano de la chica apoyarse en su brazo. Recupera la compostura y avanza incluso cruzando por delante de Eriol y los demás para dirigir la caminata, no sabiendo en realidad a donde se dirigen.

Solo confiando que lo ocurrido momentos atrás haya sido en verdad una figura fantasmal de su hermana.

Y que luego no se tratara de una trampa.

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Los médicos de emergencia estaban perplejos. Había pocas urgencias en esos días fuera de las emergencias por las plagas de enfermedades que arreciaban todo Japón y Kioto no era la excepción. Pero aquel extraño virus era tratado en los pisos superiores aislados del resto del centro de atenciones médicas.

Pero cuando comenzaron las ambulancias y vehículos militares a estacionarse en la entrada vehicular de emergencias solicitando ayuda y aquella mujer con las manos manchadas de sangre comenzó a exigir atención para los desconocidos, entre ellos militares, no quedaba duda.

Algo había pasado.

El Doctor Hirome, médico de emergencias por más de quince años, quedó atónito cuando las camillas con pacientes comenzaron a copar la sala. Las enfermeras se movían de un lado a otro, con gasas en sus manos, colocando las intravenosas en los colgadores y alejando a los curiosos de la zona de trabajo.

– ¿Qué tenemos? – Hirome pregunta mientras colocaba el estetoscopio en el pecho de la desconocida a la cual le habían abierto la camisa para revisar. Su ropa interior color celeste estaba empapada de sangre.

. –No identificada. – Explica el paramédico que le ayudaba a trasladar a la camilla de atenciones médicas. – Estaba junto a ellos – Mira más adelante. – Y a unos metros, aquellos soldados. Los soldados están con quemaduras de primer y segundo grado, además de heridas de algún animal salvaje.

–La joven lo que tiene es… ¿Herida de bala? ¿Orificio de salida?

–Por el abdomen. – Explica el hombre mientras colocan a la muchacha en aparatos de control de sus latidos y presión. – Hay otros más heridos, peores que ella. Algunos muertos… – Señalando a los demás. – ¿Está solo en emergencias?

–Es un día lento – Explica el galeno observando las camillas que llegan una tras otra– Observa a un hombre alto de cabellos oscuros como van dándole CPR y lleva una mascarilla de oxigeno puesta y sus ropas bañadas de sangre. – Era un día lento – Corrige, observando las otras camillas – ¿Y los guardias?

– Solo traje a esta… – Responde el sujeto, viendo como el aparato marca unas palpitaciones lentas y que continúan descendiendo además de la respiración que se le dificulta.

– ¡Enfermera! Traiga el carro de choques… ¡Rápido! – Ruge al ver como los latidos van descendiendo paulatinamente. Comienza a dar masajes de pecho para subir el ritmo cardiaco. – Noshime: – Grita a otra de las enfermeras– Norikabu está en la cafetería… ¡Vaya por él, rápido!

El galeno toma la decisión de dejar los masajes a otra enfermera que se encuentra cerca mientras se aproxima a otra de las camillas: esta tiene a una joven de cabellos claros quien inconsciente. Colocando el estetoscopio contra su pecho y revisa una contusión que parece tener en su frente.

– ¿Qué le pasa a ésta?

–Solo una herida superficial. No ha recobrado el conocimiento. Monitoreamos su presión y su corazón y todo está bien. – Dice ahora una mujer paramédica. – ¿Quién iba a creerlo? Estaban en medio de la nada en la montaña Kurama. Recibieron una llamada del centro de emergencias que había un accidente a mitad de la montaña… se necesitó de helicópteros para llegar a esa zona y sacarlos a todos.

La puerta de emergencias se abre, ahora mostrando un nuevo herido: otro desconocido. Este de tez oscura.

Pero contrario a los demás, parecía estar consciente.

–Soy el doctor Hirome ¿Me comprende?

El extranjero asiente lentamente. Hirome observa los vendajes en sus brazos.

– ¿Qué pasó? ¿Sabe que le ocurrió?

El hombre parece analizar un instante las palabras del galeno.

–Soldados…– Murmura lentamente observando a los demás a su alrededor. – Ejecutaron…

– ¡Ejecución! – Dice uno de los paramédicos sirviendo de ayuda.

En aquel instante entra otro hombre vestido de blanco acompañado de una de las enfermeras. Mucho más joven que Hirome dice con estupefacción. – No exageraba… ¿Qué demonios pasó?

– ¡Doctor! – Dice la enfermera aproximándose al galeno. – Hubo uno que no sobrevivió. – murmura entre dientes. – No tiene identificación.

–Cubre su cuerpo… hasta que sepamos que hacer… esto no pinta nada bueno – Observando los pacientes a su alrededor, siendo atendidos rápidamente. – Tendremos que llamar a la policía… o a la fuerza militar. Tenemos soldados entre los heridos.

–Otro no sobrevivió– dice un paramédico entrando a la sala de emergencia con manchas de sangre en su camisa de Cruz Roja.

– ¡Demonios! ¿Es que inició la guerra en definitiva y nadie nos dijo nada? – Dice el otro galeno recién llegado quien nervioso observa al otro compañero de oficios.

–No sabía de ningún incidente cerca de Kioto – Dice la enfermera mas antigua del hospital observando nerviosa como los heridos estaban acumulados en emergencias. Al sujeto de tez oscura tuvieron que colocarle un sedante luego que tratara de levantarse de la camilla y murmurara palabras que no entendía ninguno de los presentes.

Y es entonces con un pitido que se vuelve permanente llama su atención y segundos después escucha la voz de una enfermera diciendo. – ¡Doctor! La joven ya no respira…

– ¡Rápido! Hay que entubarla… listos para choques eléctricos. – Decide Hirome apresurándose a prestar masajes cardiovasculares a la primera mujer entrara en la sala de emergencias como paciente.

El galeno procede a entubar a la chica y por un momento perdieron sus palpitaciones. Fue necesaria más de tres choques eléctricos con el aparato de restauración de ritmo cardiaco para estabilizarla y luego de ello y un gran esfuerzo dice sin preámbulos.– Tenemos que intervenirla para salvarle… ¡A la sala de operaciones dos, rápido! – Los que se encuentran de servicio bajo la supervisión del hombre y que asisten en salvarle la vida a la muchacha no dudan mas mientras el médico dice– Alguien llame a Taikamasi que está en el cuarto piso … en consulta. Díganle que tiene un paciente de emergencia y explícale los detalles– Dice a una de las enfermeras que atendió con él a la joven.

Hirome procede a cambiar los guantes y seguir con el siguiente paciente: un soldado joven que con mascara de oxigeno, presenta quemaduras en su uniforme y gran parte de su piel.

– ¿Me escucha? – Pregunta el hombre tratando de ver en sus pupilas. – ¿Me escucha soldado?

–Ellos nos atacaron… – Dice el hombre balbuceando y con los ojos bien abiertos. Se quita la mascara de oxigeno y agarra al galeno por la tela de su bata.– ¡Nos atacaron! ¡Demonios!

– ¿Demonios? – Pregunta a uno de los paramédicos.

– ¡Teníamos nuestras órdenes… fusilarlos… no debimos de obedecer!

– ¿A quien fusilaban? – Pregunta el galeno ahora preocupado.

–Estábamos cumpliendo órdenes… ellos nos atacaron… no bien disparamos… no bien disparamos…– Murmura echando su cabeza para atrás y su piel calcinada por el fuego al cual fue sometido. – ¡Los demonios nos atacaron! ¡Los demonios con alas nos atacaron!

– ¿Estará alucinando? – Pregunta otra de las enfermeras., viendo como el efecto del sedante dejaba aquel soldado herido, inconsciente.

–Tiene que estarlo… ¿Demonios? – Pregunta alzando una ceja mientras dice. – Tiene que ser llevado a la unidad de quemados. Aquí no puedo hacer mucho. – La enfermera asiente. – ¡Rayos! ¿Qué es lo que ha pasado en la montaña? – Pregunta, perturbado observando el panorama de heridos entre civiles y militares.

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–Me sorprende en verdad que no te hayas asustado – Refiere Eriol bajito a la chica de ojos verdes quien camina detrás de Li y una vez el sujeto de ojos azules quien cuidaba la retaguardia, cambiase lugar con Yukito.

–¿Hoe?

–Eras muy miedosa de niña, Sakura – Refiere Eriol recordando las peripecias de su amiga.– Recuerdo una vez que nos fuimos a un viaje de esquiar de la escuela. Estábamos contando historias del “Enorme hombre de las nieves”.

Shaoran y los demás escuchaban la apacible voz del británico japonés contando aquella anécdota infantil. Li no pudo más que sonreír aunque tiene la impresión a pesar que no está cansado, que llevan caminando por horas ya. Sakura parecía no estar cansada, e igual los demás.

¿Qué lugar era aquel?

Aun así y ante sus sospechas mantiene el silencio. Las palabras de su hermana lo habían dejado entre optimista y preocupado. “No todos saldrán de aquí” una frase que lo lleva bastante perturbado a pesar que antes de ingresar por el portal, era mas que obvio gracias a las investigaciones de Meiling, que ocurriría.

Meiling: Una mujer que lo sacrificó todo, incluso su vida, por el éxito de la misión. Una mujer llena de convicciones y que si, llena de preocupaciones. Nunca le dio la importancia que tal vez merecía.

Nadie en su familia se la dio.

Y eso consumió incluso su existencia.

–A veces yo misma me sorprendo de lo ingenua que llegué a ser. – Dice Sakura atrayendo los pensamientos de Shaoran e incluso una sonrisa a Nakuru y Yukito. Eriol asiente en silencio teniendo una pizca de nostalgia ante los recuerdos. –No creo que me llegara a sacudir esa ingenuidad hasta la muerte de papá.

–Porque nunca recordaste como era antes, Sakura. –Refiere Yukito interviniendo. – Incluso creo que Touya y yo ayudamos bastante para ayudar a crear una personalidad desconfiada y por supuesto, recta… eras demasiado simpática según Touya “Para tú propio bien”. Incluso como eras en la primaria y la preparatoria, atrayendo pretendientes sin proponértelo.

–Entonces Sakura no ha cambiado nada desde la primaria… con memoria o sin ella – Opina Nakuru con una sonrisa de oreja a oreja.

–No se burlen – Dice la chica enrojeciendo violentamente. – No es mi culpa… nunca los he alentado para eso – Observando la espalda de Li quien avanza pareciendo aparentar que no sabe de que hablan.

–Creo que nunca lo has hecho, querida Sakura – Afirma Eriol. – Has atraído admiradores sin proponértelo… ¿No es así Li?

–Es cierto. Recuerdo al pequeño Shaoran cuando no se daba cuenta que le gustaba la pequeña Sakura… ¡Eran tan lindos de pequeños!

Lentamente comenzó Shaoran a sudar en el cuello. ¡Y ahí no hace calor!

–Eran adorables.

– ¿Es eso cierto? – Pregunta Kanda.

– ¿No lo sabías? – Dice Eriol divertido a costa del chino, al cual comenzaba a latirle la vena en su frente. – Shaoran fue el primer amor de Sakura… – El tono de voz del sujeto era de inocencia pero su intención era precisamente hacer que Li se distrajera pues la aparición de su hermana ciertamente lo había afectado.

La chica de ojos verdes roja de la vergüenza ante lo que contaba el sujeto de cabellos negros.

–Recuerdo que a Li le molestaba bastante que me acercara a Sakura… ya me conocen – Guiñándole el ojo a Kanda. – Pero en aquellos instantes, era bastante ingenuo también.

–Tratar de recordar ese pasado me tomó tiempo luego de mudarnos a Tokio – Admite Sakura con una tenue sonrisa y abochornada. – Pero me alegré cuando pasó. – Shaoran está más que atento a sus palabras. – Recordar la primaria… nuestros amigos… todo lo que pasó en aquel entonces. Tú regreso Shaoran. – Ahí atrayendo una mirada de reojo del sujeto. La sonrisa en los labios femeninos hizo que del sujeto surgiera una tenue sonrisa. – Tal vez en aquel entonces cuando las cartas pararon, buscabas alejarte. Pero es el destino el que nos ha mantenido unidos…

–Lo se… se que debí continuar escribiendo… pero…

–Tenías tú vida. Tus responsabilidades. No podía achacarte eso. – Explica Sakura y los demás escuchan en silencio la conversación mientras avanzan por el camino indicado por la hermana Li. – Yo seguí con mi vida también… solo que nadie era como tú.

–Tener un final de historia con un primer amor es tan difícil en estos tiempos. –Opina Nakuru suspirando y con una mirada pícara. – He tenido muchos amores… pero nunca uno intenso.

– ¿Es eso cierto?

–Así es. No soy de la personalidad de entregarme a una sola persona. Siento atracción y solo eso. No amor.

– ¿Nunca lo has experimentado?

–No. Jamás.

–Yo si. – Refiere Yukito con una tenue sonrisa. – Con Mariko. No pensé que ocurriría.

–Mas tomando en cuenta que es mucho menor que tú.

–Eso también. – Explica el hombre.

– ¿Qué dicen sus padres de que seas tan mayor para ella?

–Pues lo aprueban, aunque en un principio tenían sus reservas– Ahí su expresión se endurece.

–Ellos están bien – Dice Kanda presintiendo el camino de los pensamientos del sujeto de cabellos canos. – No dudo que estarán sanos y salvos.

Entonces todos observan a una distancia prudente como hay algo o alguien a mitad del camino.

–Creo que ya no es momento de dar vuelta atrás – Dice Nakuru poniéndose a la defensiva. Yukito se pone en guardia y para sorpresa de ellos se transforma sin premura en Yue.

–Es uno de ellos – Dice el diligente guardián de cabellos blancos.

Imitando a su compañero, tanto Nakuru como Kanda se transforman en sus verdaderas identidades poniéndose delante de sus amos.

Eriol se mantiene pasivo aunque sus palpitaciones se disparan al observar a la distancia el hermoso corcel de color blanco.

Este parece estar impasible, a mitad del camino que le queda por recorrer al grupo.

–Creo que tenemos que avanzar… – Dice Li luego de unos instantes que ellos no se mueven: tampoco el corcel o su jinete.

Duran caminando unos instantes hasta que se detienen a unos escasos metros del jinete. Lo bastante para estudiar su armadura de color plata y la armadura que lleva su corcel el cual da golpazos con sus patas en el piso adoquinado del camino.

Aun no sale su arma pero no dudan que las posea.

– ¿Será uno de ellos? – Pregunta Sakura hablando bajito.

–Si, es muy parecido… – Murmullan entre ellos. El sujeto tiene una armadura y su casco no deja ver su rostro. Desciende del corcel en un movimiento hábil atrayendo con ello a Yue y Ruby Moon a portar cada uno en asunto de segundos, sus armas y defender a los demás.

El jinete aun no se retira el casco pero su movimiento de cabeza y su forma de caminar ligero a pesar de llevar armadura, les revela a los protagonistas que es una mujer y que los estudia uno a uno.

–Soy Shaoran Li. – Dice el hombre que responde al nombre mientras aferra a Sakura de la mano (la joven sutilmente había tomado su mano al notar por primera vez al jinete a mitad del camino). – ¿Quién es?

–Vuelvan por donde vinieron. – Dice luego de unos breves momentos. – Este no es su lugar.

Shaoran frunce el ceño al notar la suavidad de la voz de su interlocutor pese la armadura. Levanta la visera de la misma denotando unos misteriosos ojos pero unas cejas perfiladas y cuidadosamente mantenidas.

En sus amaneramientos es lógico que se trate de una mujer.

–Vinimos a detener el “Fin de los Días”

–Este no puede ser detenido. Vuelve a tú hogar hechicero.

. –Si volvemos infructuosos, no tendremos hogar al cual volver– Dice Sakura a la defensiva atrayendo la atención del jinete.

Su contrincante desenvaina una espada larga y brillante con una empuñadura negra. Shaoran invoca su poder a la espada e igual Eriol.

–Atentos…

–No tienen porque temer que los mate a todos… Uno puede quedarse… los demás morirán adelante.

–Li… vayan ustedes. – Dice Eriol avanzando hasta colocarse delante del grupo.

– ¿Qué? ¿Tú?

–Mis amigos pueden avanzar – Dice Eriol ignorando a Shaoran. – Yo me quedaré a combatirte.

–Si yo triunfo, iré en persecución de sus amigos… Hiragizawa. – Dice sorprendiéndole que tenga conocimiento de su apellido.

– ¡Eriol!

–Tranquila Sakura – Dice el sujeto con una tenue sonrisa que demuestra su confianza. – Esto no durará mucho.

–No nos iremos sin ti.

–Si no se marchan, no podremos cumplir lo que vinimos a hacer. Y en verdad, estamos perdiendo mucho tiempo con toda esta discusión.

–Yo me quedo con usted Amo…

–No.

– ¡Eriol! No puedes quedarte solo.

–Ruby Moon irá con ustedes… – Insiste el varón de mirada azulada. – Yo los alcanzaré mas adelante.

– ¿Alcanzarnos donde? ¿Cómo lo harás? ¡No! Me niego a que nos separemos – Dice Sakura renuente a la idea de verse separados.

–Sakura…

–No, Shaoran. No nos iremos sin Eriol – Aferrándole por el brazo al varón de mirada azulada. Sus ojos chocan con la mirada suplicante de la joven Kinomoto. – ¡Tienes que venir con nosotros! – Ya al borde de las lágrimas.

–Mí querida Sakura: – Dice Eriol no dudando tocar su mejilla con ternura. – Tienes un corazón tan puro y bondadoso que muchos quisieran ganar… pero esta no es tu lucha… aún no. – Sakura se sorprende al notar como aquella declaración le recuerda al mismísimo Clow Reed. – Li: Nos veremos mas adelante. – Colocando la mano de la chica entre las del chino. – Ahora váyanse…

A pesar de la diligencia del sujeto chino de aferrar las manos de Sakura, ésta se lanza a los brazos de Eriol, sujetándole con firmeza y no evitando besar su mejilla con ternura, acción que sorprende al británico, pone a Li a botar humo por las orejas y los guardianes se observan entre si. Finalmente Sakura se separa de él y comienza a caminar al lado de Shaoran pasando ambos, Yue y Kanda por los lados de la Jinete y esta no hizo ápice de intención de retenerles o lastimarles.

Pero Ruby Moon no se mueve.

–Ven con ellos. – Solicita el hombre de ojos azules.

–Amo…

–Por una vez en tú vida… obedece Ruby Moon – Dice Eriol con la voz cargada de autoridad. – Tienes que volver y cuidarla a ella… tienes que hacerlo.

La guardiana duda por unos segundos y al final, hace una reverencia delante de su amo y no duda pasar por el lado del jinete y avanzar tras los demás que se han marchado.

La jinete en ningún momento se volteó a los demás.

–Tienes mucha fe en tus aliados… a sabiendas que van a perder sus vidas en esta misión…

–No tenemos nada que perder…– Dice Eriol notando la considerable distancia que llevan recorrida ya Sakura y los demás. Prácticamente son unos pequeños puntos en la distancia.

–Me digno a deducir lo contrario. Tienes familia del otro lado. Aunque consideres a estos, parte de tú familia. Es triste… que hasta aquí llegues.

–Soy un caballero ingles señora, pero primero ante todo protejo a los míos. – Dice Eriol con diligencia. – Vamos a ver que es lo que tiene…

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–Tienes que hacerlo – Dice Kero en su falsa identidad mientras sostiene el teléfono portátil de Tomoyo Daidouji y observa a Spinnel Sun quien aun lo observa con desconfianza. –Tienes voz de adulto… a mi no me tomaría en serio.

–Aún no comprendo porque no podemos tratar de entrar en el hospital y dar con la habitación de Mi Señora Tomoyo – Como el guardián llama a la joven Daidouji desde que se comprometiera con su creador.

–No nos podemos exponer abiertamente. No nos arriesgaremos… mas aún con ellos– Mirando por el borde de la azotea, pisos mas abajo, donde el estacionamiento está lleno de unidades militares e incluso de prensa. – No sabemos nada de ese monje… o del africano… o de Kinomoto…

–A buena hora Nakuru y los demás siguieron a Li y los otros.

–Esos que llamas “Otros” son nuestros amos… no se te olvide. Y nosotros hicimos un juramento.

–Yo no estaba muy de acuerdo.

–Deja de estar dando vueltas al asunto. Si queremos saber de Tomoyo, tendremos que llamar a su mamá… ella podrá venir al hospital.

– ¿Has pensado esto con calma? Podría darle un infarto cuando nos vea.

–Ya lo pensé. Escuché muchas noches a Tomoyo hablar con Sakura sobre que su madre y la madre de Sakura son descendientes de un linaje con dones. Ella confiará en tú palabras y podrás guiarla al hospital. Ya cuando nos presentemos, nos dará acceso a donde están Tomoyo y el hermano de Sakura… – Viendo a Spinnel dudar de su plan. – Es la única alternativa.

–De acuerdo… Pero tendremos que tener un plan en caso de que no nos crea. – Dice Spinnel finalmente marcando el número del directorio que leía “Mamá” en el aparato propiedad de Daidouji.

–La llamas del número de Tomoyo–chan… por supuesto que no le quedarán dudas…

– ¿Y si pregunta quien soy? ¿Qué le diré?

–Dile que eres pariente de Hiragizawa. Que venga a Kioto lo más rápido que pueda y que no puede perder tiempo… que la vida de Tomoyo corre peligro. Yo comenzaré a inspeccionar ventana por ventana de este lugar… tendremos que dar tarde o temprano con alguno de ellos… – Dice Kero finalmente despidiéndose de Spinnel Sun y marchándose a cumplir con su cometido.

Spinnel solo condena tener una voz más o menos confiable: porque darle las noticias que tiene a la señora Daidouji no será nada fácil.

––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

¿Bueno? ¿Tomoyo? ¡Hija que gusto…! Ya no creía que volvería a saber de ti en un buen tiempo. 

El lugar donde se encuentra es un confortable camarote dentro de uno de los trenes más rápidos interestatales de Japón. A su lado, su tía descansa la siesta mientras uno de los acomodadores le dijera veinte minutos antes que pronto llegarían a su destino.

Señora Daidouji: habla un… amigo de su hija.

¿De Tomoyo? – Pregunta ella levantándose en un respingo.– ¿Quién es? – Pegando más el auricular a su oreja.-¿Por qué tiene su teléfono?

Eso no importa: Tengo un importante mensaje. El joven Hiragizawa desea que venga a Kioto.

– ¿A Kioto? ¿Por qué a Kioto? ¿No está en Kioto?

La joven Tomoyo y su prometido viajaron a Kioto ya unos días atrás– Explica la voz al otro lado de la Línea. – Es necesario pues… su hija…

– ¿Qué? ¿Qué pasa con mi Tomoyo?

A partir del uso de aquel exaltado tono de voz, la tía abuela de Tomoyo se sobresalta y la enfermera sentada al otro lado presta atención a la expresión de Sonomi.

–Sonomi… cuelga el Teléfono –dice la anciana atrayendo su mirada– Algo pasó con mi sobrina nieta…– Añade con la voz entrecortada y niega con su cabeza. – Y no es bueno… no es bueno, para nadie.

Sonomi aun escucha a la persona al otro lado del aparato diciéndole que y donde encontraría a su hija.

Y Sonomi por primera vez en mucho tiempo siente que tiene el peso de todo el mundo sobre sus espaldas.

–––––––––––––––––––––

Ebisawa recibe la llamada y se extraña de lo que le informan al otro lado: Su amigo y camarada esta muerto e igual destino se ha presentado a gran parte de los hombres bajo su mando. Todo ocurrió en la Montaña Kurama.

  • Que hay de Tomoyo? Tomoyo Daidouji? Es mi hijastra… – Dice con la voz baja aun no dando crédito a las noticias.

No se de ninguna Tomoyo” Habla la mujer al otro lado informándole de lo ocurrido: La viuda del oficial pero esta habla con profunda naturalidad pese a la muerte de su esposo. “Solo se lo que acaban de informarme de un Hospital en Kioto… El me pidió que saliera de Tokio y eso he hecho. No puedo ir por su cadáver…”

–Lamento mucho su pérdida… – Dice Ebisawa pero su mirada indiferente podría decir todo lo contrario.

Le advierto de su muerte porque mi esposo llego a informarme de los negocios que llevaba con usted. – Explica la mujer con frialdad e igual desinterés que el hombre al otro lado de la línea – Subirá un nuevo oficial a cargo y hará muchas preguntas sobre la administración de los fondos para el uso de armamentos en los cuales tanto usted como mi esposo sacaron ventaja.

–Señora: No se lo que le habrá dicho su esposo, pero yo…

Ahórrese las explicaciones Ebisawa – Replica ella cortando lo que podía ser un improvisado monologo: Y estaba en lo cierto– Se en lo que estaban usted y mi esposo… se como han engañado al Emperador, a sus asesores… probablemente a toda Asia y en verdad, no me interesa en lo mas mínimo lo que pueda decir. Mi esposo… – Hace una pausa – no es… no “Era” un buen hombre. Y usted tampoco lo es, conociendo a la Señora Sonomi. No es secreto para mí como separo a Madre e Hija para proponerse su cometido. Tampoco es desconocimiento para mi las múltiples ocasiones que mi esposo tuvo que acudir en el rescate de su hijo Kana quien ahora huye de las autoridades por sabrá usted que acusaciones en su contra. Le advierto desde ahora que si me interrogan, diré la verdad. Así que le conviene salir del país de ser necesario no quiera usted saber que pueden arrestarle y un tribunal de Guerra es mucho peor que la Justicia de una democracia – y con ello, cuelga la llamada.

Luego de unos instantes escucha la voz de su hijo quien le pregunta – ¿Quien era ese…?

–No importa – Responde con la voz entrecortada. Con una expresión fría pero intensa responde a cambio – Pero tengo noticias para ti… Tomoyo… sigue con vida.

– ¿QUE? Pensé que te habías encargado de eso – Replica Kana avanzando hasta su progenitor. No puede esconder aun las consecuencias físicas para el desde su altercado contra Tomoyo en la casa de Sonomi y por lo cual terminara en el hospital.

–Así pensaba yo.

– ¿Que piensas hacer…?

–Por lo pronto, salir de Japón. Sorprendiendo con ello a su hijo. El General está muerto. No tardarán mucho por venir por nosotros…

–¿Por qué?

– ¿Por qué? En los últimos años el general ha estado comprando armamento militar por encima de las necesidades bélicas tradicionales del siglo Veintiuno, Kana. Nos ha hecho muy ricos pero también, ha violado varias leyes Nacionales y militares concernientes a presupuesto. Estamos en peligro y ahora estalla la guerra. ¿No crees que las autoridades competente se encontrarán esto muy “Extraño”? – Replica su progenitor ya mostrando su preocupación a todo lo que acontece. – Por lo pronto procurare un salva conducto para nosotros… seguramente a Dinamarca… donde están nuestras cuentas internacionales.

– ¿Que pasará con Tomoyo? ¿Con Sonomi? – AL notar el silencio de su padre añade. – Te recuerdo que el desquitarnos con Tomoyo, poníamos fin a la venganza que planeabas contra su madre por humillarte como lo hizo. Y yo tendría mi venganza contra esa maldita zorra y ese sujeto Hiragizawa…

–Bueno Kana, lo último que tengo en mi mente en estos instantes es Sonomi o la malcriada de su hija. – Replica el sujeto tomando un trago de la mesa de licores de una asentada. – Quiero que salgamos del país antes de que las indagaciones comiencen.

–¿Cuánto nos tomaría eso?

–Unos dos días aproximadamente. – Replica Ebisawa y al notar el rostro pensativo de su hijo añade– ¿Por que? – Alzando una ceja.

El guapo rostro se enciende mas con una sonrisa cínica pero su corazón es tan oscuro que se transparenta en sus atractivas facciones dando un aspecto lúgubre, al responder. – Nos da tiempo para obtener lo que queremos…

–No, Kana. – Replica Ebisawa contradiciéndolo – Y te aconsejo que te olvides de eso…

–Pero si está viva…

–Estás Obsesionado… Hasta ahora, tus intentos para conseguir a Tomoyo Daidouji han fallado y siempre han sido contraproducentes. Mira como te ha dejado en esta ocasión… – Dudando continuar ante la peligrosa expresión en el rostro de su único hijo– Kana: No vale perderlo todo por esa mujer… hijo, no lo vale.

Se quedan en silencio, debatiendo con los ojos al otro. Finalmente el más joven de los Ebisawa asiente lo que hace que su padre exhale tenuemente y diga en voz baja. – Vamos, empaca… lleva tu pasaporte y todo lo demás. Tenemos que salir de este país y pronto – Retirándose del saloncito con camino a su propia recamara y colectar sus objetos personales.

Kana se queda a solas observando los lujosos muebles a su alrededor y su mirada se turba por un segundo cuando sus pensamientos van dirigidos a la chica de cabellos bucleados.

No, ahora Tomoyo… tal vez tampoco mañana. Pero tú y yo arreglaremos cuentas incluso en otra vida, de ser necesario”

––––––––––––––––––––

El sonido de su nombre le ha despertado. Siente el sabor de metal en su boca y recuerda que lo último que ocurrió antes de perder el conocimiento fue un gran golpe provocado en su rostro por la barra que la mujer usase como arma de defensa.

Cuando recobra el conocimiento, ve una hoguera encendida. Observa al cielo para observarlo oscuro, como si ya fuera de noche, pero sin ninguna estrella fuera.

–Veo que has despertado… que bien – Dice una voz de mujer, hablando con firmeza y a Eriol le cuesta trabajo el poner la voz en su lugar: De repente recuerda que estuvo combatiendo a esa mujer… a la jinete y ésta con suma agilidad le había no solo evadido cada uno de sus ataques sino que con su barra de hierro le había probablemente partido la nariz.

Y no estaba equivocado: cuando tocó esa parte de su rostro, el dolor lo hizo retorcerse en el suelo rojizo mientras la extraña expresión de indiferencia adorna el rostro de una mujer que en la Tierra hubiera sido sumamente atractiva con aquellas facciones tan oscuras y diferentes a las suyas.

Pero aquí, representaba un peligroso contrincante.

Más peligrosa que la misma Kanda en su verdadera forma.

Y eso es mucho que decir.

Sin mucho preámbulo, adquirió fuerzas, respiro profundo y procedió a tocar su nariz con los dedos colocando el hueso del tabique en su lugar: Aquello le proporciono un dolor mucho mayor, dado que la herida estaba ya fría y por supuesto duele veinte veces mas que al hacerlo justo cuando se provoca.

Pero había perdido el conocimiento.

Se enderezó, mirando a la mujer quien atiza el fuego. Se dirigió a pocos pasos de donde su cuerpo yace para tomar en sus manos el Báculo que se había convertido en la pequeña llave mágica.

Y Neiva no lo impidió.

–Tienes muchas ansias de pelear – Dice la mujer en un lenguaje que es comprendido por le hombre. – Estás… ansioso de dejar este lugar. – No se molesta en observarle a él.

Eriol si vislumbra que se ha retirado las pesadas armaduras. Que su cabello está trenzado hacia un lado y que contrario a el que parece estar alerta, ella parece encontrarse calmada.

–No nos temen.

–No a meros mortales.

– ¿Por qué no?

–Porque a diferencia de mis otros tres hermanos, no estoy hecha para la guerra… – Explica con notable tranquilidad pese a la situación.

Eriol trata de moverse un poco notando un dolor insoportable en su abdomen. Trata de sentarse y lo hace, con mucha dificultad.

Aun así trata de llevar una actitud diplomática, pese a que un momento atrás (¿En realidad se trata de un momento atrás?) Sin muchas explicaciones o presentaciones trataron de matarse el uno al otro.

–Esta no es tú guerra hechicero – Empieza Neiva. Eriol le observa finalmente a los ojos. Ella le responde la mirada. – Tienes la magia y la capacidad de huir del desenlace.

–Tampoco era la suya, por lo que veo.

–Fuimos convocados a descender… pero eso… lo sabe. – Replica ella volviendo su mirada a las llamas encendidas.

–Aquí funciona el fuego….

–No como en la Tierra, pero si, lo hace.

–No eres como tus compañeros…

–Los demás jinetes… tienen misiones particulares. No soy dado a la pelea.

– ¿Qué eres entonces?

La expresión de la mujer se llena de cierta amargura mientras una sonrisa cínica adorna sus gruesos labios. – Soy al que reemplacé antes de mí. Soy la hambruna.

– ¿Hambruna?

–Represento lo que el Cristianismo llama “Apocalipsis” Somos cuatro destinados a hacer la voluntad en el retorno del “Fin de los Días” entonces unos mortales han desencadenado la apertura de los sellos a destiempo. – Levantando del interior de su túnica de color blanco la cual siempre va escondida bajo la armadura que usa un medallón, grande y pesado que en la iluminación proporcionada por las llamas le da una tonalidad de color ocre. – Este es el sello.

Eriol lo observa perplejo aunque no se atreve a moverse de su lugar. La conversación que llevan ellos es tan “civilizada” que no se atreve a amenazarle.

–Peleas bien… para ser hechicero del siglo veinte.

El sujeto levanta sus cejas, perplejo por el cumplido.

–¿Por qué has arriesgado todo para venir? Pudiste escapar de todo esto…

–Lo dice como un lamento.

–Es un lamento. – Suspira. – no deseo matarte…

–Eso es agradable de saberlo – Replica el hombre no evitando soltar una carcajada sutil atrayendo la atención de su interlocutora. – Lo siento… – llevando una mano a su esternón pues el dolor es insoportable. – No suelo tomar las cosas muy en serio.

–Hay situaciones que ameritan seriedad. – Explica la mujer. – Están metidos en un serio problema… tu, tus amigos, los que dejaron en la tierra… y sus creaciones.

– ¿Creaciones?

–Reconocí a uno de los que te acompañan… sentimos la energía de otro.

– ¿Reconocen las energías que emiten los guardianes?

–El Poder del Sol… el Poder de la Luna. Estuvimos presentes en el momento del nacimiento de los Guardianes… Los guardianes de Clow.

Eriol borra su sonrisa sintiendo un escalofrío en su espina dorsal.

Y de repente, todo cobra sentido de una manera peligrosa y fría.

–Ya veo.

–No puedo entregarte el sello. – Explica el jinete con una sonrisa triste y melancólica. – No es tan simple. Tienes que matarme.

–Tomar tú lugar…

La mujer asiente– No tuve el valor de acabar conmigo misma en aquel entonces. Desde hace siglos vemos la tierra en un contaste cambio y evolución. Como los siglos pasan y seguimos observando su evolución. Noveros y Biktwpia seguirán hasta el final. No son contrincantes para hechiceros que han borrado de sus memorias y de su sangre siglos de entrenamiento y de magia pura.

– ¿Ustedes pudieron derrotar a sus contrincantes… no es así? Y se dice que ustedes aquí tienen menos capacidad de destrucción que en la tierra.

La mujer levanta la mirada a su oponente al otro lado de la hoguera y asiente lentamente – Pero… así mismo tenemos la capacidad de arrastrarlos hasta la tierra… y acabarlos.

–Ustedes…

–Fuimos entrenados como hechiceros desde que fuimos concebidos. Ustedes son hombres y mujeres contaminados por la nueva era. Por la tecnología, la gula, la accidia* de la Magia. ¿Que son ustedes contra nosotros que no solo hemos permanecido entrenando y nunca hemos dejado nuestro poder mermar?

–Entiendo eso señorita… Con el paso del tiempo y gracias a las persecuciones la magia se vio como algo negro y prohibido. Fuimos exterminados y creo que los pocos que hemos nacido con aquellos dotes, los usamos escondidos y hasta puedo decir que si, nos hemos convertidos en unos haraganes. Pero no puedo irme sin una solución. ¿Sabe? Tengo una prometida a la cual debo de volver… o me seguirá al mismo infierno de ser posible para matarme una y otra vez… – Reclama con jocosidad. – Y debo de volver, porque no la conoce. – Incorporando al mismo tiempo que invoca su báculo y lo usa para sostenerse. – ¿Así, que le parece si me da el sello y seguimos nuestros caminos?

Neiva le observa con indiferencia pese a su tierna sonrisa, cálidos ojos azules que brillan ante la danza de las llamas y su mano extendida a un lado para que deposite el sello que cuelga en su cuello.

Pero contrario a lo que Eriol supone, la mujer empuña su barra que se encuentra descansando cerca de ella.

–Igual a Clow – Replica sorprendiendo a su interlocutor. – Si, tienes razón. Conocí a Clow. Muchos nos aventuramos a cruzar la puerta. Su único deber fue el mantenerla abierta de aquel lado. Mientras Yûko la mantenía abierta de este lado… – Borrando su mirada cálida y mostrando cierto rencor en la misma– Contrario a ello, nos traicionaron ella y él– Incorporándose lentamente para darle la cara al sujeto y Eriol se percata que es una mujer sumamente alta… o nunca se había fijado en ello. – Nos dejaron aquí, para eliminar no solo a los Jinetes sino a ocupar sus lugares… ¿Como llamarías a eso, Hiragizawa…?

– ¿Sabes mi nombre?

–Sabemos bastante de ustedes… y se… que la vida de esa mujer que amas… está ahora mismo en manos de Davatoc… en manos, de La Muerte.

 

––––––––––––––––––––––––

–No debimos dejarlo, no debí de dejarle – Murmura Nakuru al lado de Yukito mientras avanzan a unos pasos detrás de Li, Sakura y Kanda. Estos regresaron a sus falsas identidades una vez estaban en una distancia considerable de Eriol y el extraño jinete y el propósito es el ahorrar magia ya que podrían necesitarla mas adelante.– Si algo le pasa… tengo un raro presentimiento.

–Si es la sensación de un nudo eterno en tu estómago, todos lo tenemos – Replica Yukito seriamente. – No eres tú solamente.

–Yo no… – Replica Sakura. – Solo me siento algo nerviosa, es todo.

–Es extraño. Llevamos horas caminando en este sentido – Dice Kanda – Aun no encontramos nada… y tampoco nadie. No parece haber nada a millas y millas… solo este camino – mirando el paso adoquinado el cual siguen.

–No tengo hambre. – Explica Yukito. – Eso si es extraño.

–Aunque vinimos preparados con agua y algo de comida, sabíamos que las cosas no eran como son en la tierra. – Opina Li , prestando atención su reloj de pulsa escondido bajo la manga de su chaqueta – El tiempo no marcha igual tampoco… señalando la parte de el día y el mes… llevamos mas de siete días aquí.

– ¿QUE? – Sale Nakuru avanzando hasta ellos y tomando abruptamente el brazo de Li, incluyendo llegándole a sobresaltar. – ¡OH NO!

–Que pasa Nakuru?

–Estoy mortificada… – Duda unos segundos teniendo a todos un poco tensos por su expresión– ME he perdido el inicio de Temporada de SHERLOCK.

– ¿SHERLOCK? – se escuchan cuatro voces al unísono.

–Una serie de televisión – Dice suspirando dramáticamente – Voy a tener que ver la repetición una vez avance bastante…

– ¿En serio estás lamentándote por eso? – Pregunta Kanda sumamente sorprendida de la línea de prioridades de la guardiana. – ¿Hablas en serio?

– ¿Por qué no?

–Déjame ver: estamos en una dimensión desconocida para todos, podríamos morir, estamos a siete días de nuestro verdadero tiempo en nuestro mundo… y tú ¿te quejas que te perderás el inicio de temporada de serie de un programa?

Yukito tiene una gota rodando por su cuello.

–Es muy buena serie – Es su sincera respuesta.

Li suspira pidiendo paciencia.

Sakura solo se queda observando la interacción de las personas que le acompañan.

–Chicos… – Dice Kanda dudando un segundo y mirando al horizonte. – Miren allá… – Señalando ahora con su brazo.

A la distancia pueden observar una elevación parecida a una montaña. La primera que ven en todas las horas que están caminando (ahora comprobado por Li que se tratan de días en su propia dimensión), o desde que llegasen a aquel desértico lugar.

–No recuerdo que eso estuviera ahí. – Murmura Yukito.

–Creo que no nos percatamos. – Opina Sakura.

–Será mejor que avancemos allá. Probablemente tengamos una mejor visión de ahí arriba.

Avanzaron un poco más en grupo incluso hasta trotando y para su sorpresa nadie se encuentra cansado. Solo cuando se acercan lo suficiente es que se percatan que no es una montaña.

Parece ser las ruinas apiladas de un enorme edificio de piedra.

–Esto sería un templo… – Explica Yukito después de unos instantes acercándose a las ruinas del lugar. Shaoran se aproxima también dejando a Sakura, Kanda y Nakuru a una distancia a salvo.

–Los bloques tienen escritos… observa – Explica Li tocando una de las piedras que tiene cincelado en el material unas líneas y otras dibujos.

–¿Qué será esto…?

–No podemos entretenernos más. – Dice Li luego de unos momentos en silencio mirando las piedras. –Tenemos que… – En aquel momento observa como una figura con Alas sobrepasa su altura, dirigiéndose a la cúspide del edificio. – ¡Sakura!

–Voy tras ella – No pierde tiempo Yue, al cual Yukito se percata que se trata de la chica de ojos verdes, procede a transformarse y seguirle hasta las alturas.

Nada los prepararía para lo que Sakura encontraría en las alturas de aquellas ruinas.

–––––––––––––––––––––––––

Sonomi encendió la televisión de aquella habitación privada que solicitara para su hija una vez dio con ella en Kioto. No fue difícil pues andaba con una foto reciente de ella y la identificaron como una de las victimas de lo ocurrido en la montaña Kurama.

Ya habían pasado dos días desde que fue informada de la estadía de la chica en el hospital y cuando llego no la prepararon para las condiciones que encontraría a la chica.

Estaba con muchos cables y monitores que seguían desde su respiración, sus palpitaciones e incluso sus ondas cerebrales. Para los pacientes que se encuentran en coma es más que común.

Tomoyo recibió múltiples heridas de bala. Por fortuna, todas habían podido ser extraídas.

Pero la condición de la chica de cabellos bucleados era aún de preocupación.

Su madre no ha dormido desde que dio con ella. Incluso su condición es deplorable ya que no duerme, va con la misma ropa con la que llegara al hospital y tampoco come nada. No se atreve a dejarle sola en ningún momento.

Tokio ha recibido gran parte de los bombardeos y aunque se advirtió desde hace días a donde nos encaminábamos, sus habitantes se negaban a dejar la ciudad.” Dice el comentarista con un tono de voz tenue y pausada mientras las imágenes de la devastación, congojan el corazón de Sonomi. “Lo que fue considerada como una de las mas grandes ciudades comerciales y de punta tecnológica del mundo, ahora se encuentra en ruinas… los edificios colapsaron al momento que los misiles que tocaron sus rascacielos y los suelos. No se sabe hasta donde el daño al subterráneo aunque hay paradas de las líneas del metro, las cuales colapsaron a la caída de los primeros misiles. Se hablaba que había cientos de personas atrapadas en la estación cuatro pero un derrumbe anoche, ha agrandado la posibilidad de que no estén con vida. Aun así, las autoridades de Defensa Civil procuran atender a los heridos y subir en los camiones de salvamento a las pocas victimas que aun continúan con vida. El Emperador Akihito llamo a esto, una defensiva abierta y directa contra el gobierno Japonés y Aliados. Las Naciones Unidas han sancionado lo que ha ocurrido aquí en nuestro suelo y condenan dichas acciones. Las pruebas muestran que el responsable de este ataque fue Europa Oriental, a quien por años Estados Unidos insto al desarme de armas Nucleares y nunca fueron escuchados.” Muestra otras imágenes donde parte de la ciudad esta clausurada por su inestabilidad. Los helicópteros sobrevuelan una ciudad en ruinas, mientras niños y mujeres son llevados a centros de acojo– La ciudad mas brillante del mundo es la antesala para lo que podemos describir como la tercera guerra mundial… – Un movimiento en la ventana lateral de la habitación, llama la atención de la mujer de negocios haciendo que coloque el televisor en mudo.

Se aproxima lentamente. A pesar de encontrarse en un tercer piso, le resulta extraño que algo “o alguien” puedan aproximarse a tocar la ventana.

No hay ningún árbol cerca.

Observa el lecho de su hija una vez se cerciora que no hay nada en la ventan; pero débiles toques la hacen mirar de nuevo. Y es ahí cuando se fija en el rellano de la misma, para prestar atención a una extraña criatura de pelo azabache y enormes ojos azules.

Abre la ventana para decir. – ¿Un gato…?

–Me han confundido con cosas peores – Replica la criatura una vez es alzado hasta el rostro de la mujer para observarle mas de cerca.

A lo próximo Sonomi Daidouji lanza un grito, suelta la criatura y este no cae al suelo por su agilidad y el movimiento de sus alas.

–Gracias a los cielos – Dice otra voz, ahora más chillona abriendo paso a la habitación.– Ya se me congelaba el trasero.

–Gracias a mi, más bien.

El rostro de Sonomi es de total espanto mientras observa a las dos criaturas discutir entre ellas.

–Que…. – señala una y otra – Como…. ¿Quien….?

–Permita que nos presentemos… – Explica la criatura sorprendiendo a la mujer al dirigirse a ella con tanta formalidad y decoro. La pobre ya cree que esta perdiendo la cordura debido a lo poco que ha dormido.

– ¿Está todo bien aquí? – Pregunta una enfermera sobresaltando a la mujer de negocios y ese momento ambas criaturas se esconden una detrás de una jarra de agua a poca distancia del lecho de Tomoyo y otro bajo la cama de hospital.

–Si… creo que todo… está bien – Replica Sonomi aturdida y muy nerviosa.

– ¿Está segura…?

–Totalmente…

La enfermera asiente retirándose silenciosamente como ha llegado. Sonomi los ve salir de sus escondites.

–No… No comprendo. Si estuviera imaginándolos, no se habrían escondido.

–En eso tiene toda la razón. Aunque es comprensible. – Replica el inteligente guardián de Eriol. – Mi nombre es Spinnel Sun… soy creación del Prometido de la Señorita Tomoyo.

– ¿Eriol…?

–Soy Kerberos. Y soy el guardián de Sakurita.

– ¿SAKURA? No comprendo. ¿Donde están Eriol y Sakura…?

–Fuimos nosotros que le llamamos – Explica Spinnel – Por cierto el móvil esta en la azotea. – Sentándose en las sabanas que cubren el cuerpo de la chica que yace en el coma– No pudimos impedir las primeras balas…

–Necesitamos encontrar a Kinomoto.

– ¿SAKURA? ¿SAKURA está aquí?

–No, señora. Hablo de su hermano Touya – Explica Kero lentamente

– ¿Touya…? ¿Está en el hospital?

– ¿COMO? No lo ha visto.

–Solo me informaron de mi hija. No pregunté en ningún momento por nadie más… supuse que si Sakura o Eriol no estaban aquí, tampoco lo estarían los demás.

–Señora: esto que le ha pasado a Tomoyo fue una ejecución – Replica Kerberos con un tono de voz bien frio y marcado. – Tomoyo conocía al sujeto.

– ¿COMO? ¿Cómo que una ejecución…? – tartamudea- ¿Quién… ¿Por qué?

–Estábamos cerca… pero no lo bastante cerca para impedir los primeros disparos. No pensábamos que dispararían.

Sonomi los observa a uno y otro.

–Debo de estar perdiendo la cordura – Opina cerrando sus ojos un segundo– Si abro los ojos, ya no estarán…ya no estarán aquí…

–Corrección: Estaremos aquí mientras podamos. – Explica Kero ocasionando que la mujer abriese sus ojos. – Créanos: No queremos hacerle daño.

–Queremos localizar a Kinomoto.

–¿Por qué a Kinomoto?

–Sakura nos dejó a cargo de proteger a sus seres amados. No podemos encontrar a Kinomoto o a los aliados de Li.

–Haré lo que pueda por ustedes… por Sakura y por mi hija. Pero díganme donde está ella. Dónde están Sakura o Eriol.

–Esa si es una historia larga – Replica Kero después de intercambiar una larga mirada con el otro guardián. –Mejor, localicemos a Kinomoto y los demás y le contaremos… toda la historia.

–No pienso dejar a mi hija.

–No lo hará. Yo la cuidaré.

–Podría darse un buen susto si le ve aquí – Opina observando al guardián de de ojos azules.

–No se preocupe Señora. Tomoyo está acostumbrada a vernos.

– ¿Los conoce?

–Le contaremos todo. – Insiste Kero. – Pero necesitamos localizar a los demás. A Touya… Mariko… Radjetsû. Tenemos que encontrarlos a todos en este hospital. Y pronto.

––––––––––––––––––––––––

– ¿Estás seguro de ello? – Pregunta el sujeto de mirada oriental al hombre que se encuentra de rodillas en medio de quienes parecen ser dos hombres a su servicio: visten de chamarras oscuras, pantalones del mismo color y utilizan micrófonos cerca de sus bocas y micro auriculares que los mantienen en contacto con el resto de los miembros de seguridad.

–Por supuesto. Se encuentran en la dimensión de los jinetes.

–¿Quién te lo dijo? – Pregunta el hombre incorporándose.

–Lo vi con mis propios ojos. – Refiere el hombre con profunda reverencia y temor hacía el hombre que se encuentra a pocos pasos y le observa con temor: aquello hace que su autoestima se eleve mucho más. – La prometida de la Reencarnación de Clow Reed está en coma. El hermano de Kinomoto está a un pie de la tumba. Los demás, no sobrevivieron.

Por años tuvo que fingir ser un hombre inferior, casi sin estatus y sin poder, o Autoridad. Dentro de la vida como esposo de una de las Hermanas Li, supo ser confidente de unas de las familias mágicas más poderosas del oriente pero que nunca aprovecharon todas sus ventajas mágicas o no, como supo el sujeto apreciarlas, disfrutar y por supuesto, sacar ventaja de las cualidades de su ahora difunta esposa.

El don de ver el futuro.

–¿Todos están en el hospital de Kioto?

–Muy mal heridos y sino que muertos. – Explica el hombre y el chino sonríe con frialdad. Se incorpora lentamente y camina hasta aproximarse al hombre que se encuentra arrodillado frente a él.

–Gracias por tú valiosa información Radjetsû: Me has servido bastante.

El monje no se atreve a levantar su cabeza: por meses ha ido alimentando las ansias de información de aquel poderoso hombre chino. Por meses sabiendo incluso en los últimos días al lado de Xiao Lang Li que no solo se había convertido en un enemigo mortal del joven Li al momento de volverse el victimario de una de sus hermanas.

Sino que también tuvo que ver directamente con la muerte de su esposa.

Radjetsû terminó herido en el intento de ejecución de los soldados japoneses. Rápida y ágilmente activó un campo de fuerza pero resultando protegerse solo él: observó como los demás eran abatidos por las lluvias de bala de los guardias. Se echó igual a la hierba mojada para fingir su muerte.

Vio los ojos de súplica de la más joven de todas: de Mariko. Vio cuando los guardianes salieron al rescate de Kinomoto y de Daidouji, quienes resultaron tan heridos como los demás. Los otros dos aliados de Li murieron.

Los soldados muchos murieron. Otros estaban gravemente heridos gracias a las garras y los ataques de los guardianes mágicos defendiendo a la comitiva de Li.

Pero por días no ha podido borrar la expresión de suplica y estupor departe de los ojos claros de la joven Mariko.

Y aquello le había llenado de una profunda culpa.

Sin nada que responder y tampoco respondiendo las preguntas de las autoridades, negándose a dar su nombre en el hospital, esperaba pacientemente en una habitación semi–privada a que la muerte llegara.

Porque merecía la muerte por tanto tiempo haber traicionado la buena voluntad y confianza de Xiao Lang Li.

El chino se aproxima lentamente a su persona y aun Radjetsû no levanta su rostro.

–Tus hermanos fueron muy ignorados en la historia. – Refiere el chino con voz tenue y educada. – Por siglos, sacados incluso de los libros de historia. Toda la gloria del primer Fin de los Días, fue para aquellos al círculo de Clow Reed y de los demás. Nuestras familias, fueron muy ignoradas. Brindando su sangre para detener el Fin del Mundo y al final, ignoradas de los libros y leyendas.

El monje tembló levemente y siente como el sudor corre por su cuello.

–Sin embargo, requeriré de una última misión de tu parte, mi estimado Radjetsû. Una última Labor para que alcances la “Gloria Divina”

El silencio cae en aquella habitación. Los guardias no hacen ningún movimiento.

–Xiao Lang Li no sabe lo que has hecho…– Dice con voz apacible y que tampoco trabajabas para mi… todo este tiempo. – Así que tu presencia entre ellos, será el catalizador para que encomiendes tú última misión.

–¿Cuál es esa? – Pregunta finalmente levantando su rostro al de su “Jefe”.

El hombre sonríe para decirle. –Matar a Li… y a la Dueña de las Cartas de Clow.

–¿Matarlo? ¿Cuándo retorne de la otra dimensión?

El sujeto lanza una carcajada y observa de reojo al rincón mas oscuro de la habitación en donde una figura alta y en túnica se aproxima a ellos rápida y silenciosamente.

Y en aquel momento desempuña una daga con la cual corta la yugular del monje rápidamente desangrándose a los pies de los cuatro.

–¿No podías esperar al menos a que me retirara?

–Silencio– Dice Davatoc sin inmutarse de la acción que acaba de cometer. Con la sangre del monje aun en el metal de la daga, la extiende al chino para decir.– Su sangre es pura y cargada de energía. Te permitirá no solo eliminar a tus contrincantes con suma facilidad sino también romper cualquier campo de fuerza mágica a su alrededor.

–Muy bien.

El sujeto de armadura oscura dice.– No puedo viajar al otro lado ya: una vez que desciendo es final. Pero mi sello se queda del otro lado. Impide que restauren el sello y yo cumpliré mi parte del trato hecho con ustedes, mortales.

El hombre empuña con firmeza la daga y Davatoc extiende su mano hacía el muro diciendo al momento que abre una especie de puerta– Espéralos del otro lado. Ellos llegarán hasta ti. Tienes la fortaleza de invocar a los espíritus a tú voluntad. Usa aquellos que aun divagan en el mundo a tú servicio para destruirlos. Recuerda: El sello por ningún motivo puede ser restablecido o volveremos a donde empezamos.

––––––––––––––––––––––––––

Shaoran observa desde abajo los movimientos de Yue y Sakura en la cúspide de aquella montaña de escombros.

–Esto es absurdo – Dice Nakuru ya preocupada pero observa el camino ya recorrido y donde supone que se encuentra Eriol a solas con aquel jinete. – Debí quedarme con él.

–Órdenes son órdenes Nakuru – Replica Kanda pensativa mirando el nerviosismo de la guardiana pero tampoco pierde de vista a su propio señor. – Y por la forma que te respondió, no creo que te quedara otra alternativa.

–Ya debió de habernos alcanzados: tiene el poder para ello.

–Tal vez aún no ha concluido. Si le tienes fe, no dudo que logrará su cometido… – Sonríe la muchacha.

Mientras ellas conversan al pie de la montaña de bloques, Sakura coloca sus pies con seguridad casi en el tope de la misma mientras Yue se encuentra unos pasos mas arriba.

–Hay muchas lenguas… – Dice Sakura dudosa, quitando arena de los relieves de uno de los bloques, que cubre lo ahí escrito.

Ambos observan lo escrito: Muchos jeroglíficos escritos en la piedra. Pareciera que todas las piedras estuvieran cubiertas de extremo a extremo por ellas. Sakura se mueve entre una y otra roca.

–Será mejor que bajemos – Dice Yue escuetamente. – No es seguro.– Mirando a su alrededor y velando por la protección de la joven de ojos verdes.

–Tienes razón. Aquí no hay nada…– viendo como algo en aquellas piedras llaman su atención– Mira esto… –Aproximándose hasta una de las rocas. Sus manos pasan con suavidad por aquel relieve con un nombre gravado. – Es en japonés.

Yue se aproxima y lee el gravado en la roca. “Nadeshiko”

–¡Del otro lado dice Fujitaka! – Dice Sakura abruptamente ahora llamando la atención del guardián.

¿Qué puede significar aquello?

–Mira: Aquí, del otro lado… – Moviéndose al otro lado de la roca.– Se lee algo… pero no logro entenderlo… no está muy legible… faltan algunas palabras.

Mientras Sakura se encuentra agachada, por el otro lado una figura portando una túnica de color gris se aproxima a ella con una espada a punto de atacar. Rápidamente Yue se antepone impidiendo que la espada cayera en contra de la chica de ojos verdes quien cae de bruces hacía atrás de la sorpresa.

Yue mantiene la espada lejos de la ojiverde y se mueve llevándose consigo al atacante encapuchado.

–¡SAKURA! – Grita Shaoran desde la base de la montaña. Ruby Moon aparece abruptamente alzando el vuelo para auxiliar a los atacados. Mientras Shaoran asciende a saltos agiles entre bloque y bloque, es Kanda quien asciende rápidamente para auxiliar al guardián de cabellos platinos.

El choque de las armas hace que surjan chispas. Para el guardián le cuesta bastante poder combatir al desconocido encapuchado y es mucho que decir ya que de por Si, los poderes y la Fuerza de Yue, es fuera de lo normal en hombres.

El combate va muy parejo y en ocasiones la espada resbalaba contra la roca, prácticamente partiéndola en dos. Sakura se mantiene al margen y alejada a pesar de las intenciones del encapuchado de darle alcance pero Yue se lo impide.

A Shaoran le cuesta trabajo llegar hasta la muchacha. Cuando lo hace finalmente ya Kanda y Ruby Moon se encuentran en la cúspide, acompañando a Yue e incluso atacando al sujeto encapuchado quien muestra resistencia al ser atacado en tres direcciones y evadiéndoles a cada uno.

–¿Estás bien? – Pregunta Shaoran a la chica.

–Si….

–Es muy fuerte – Replica Shaoran mirando a los tres guardianes pasar dificultades contra el disfrazado.

– En un momento en que evade los tres movimientos entre los guardianes para atraparlo, el sujeto salta evadiéndoles y en aquel momento que la capucha se desliza de su cabeza, mostrando sus facciones y cabellos oscuros.

Y un exhalo unánime ocurre en aquel lugar.

–No, no puede ser…– Murmura Sakura siendo aferrada a la defensiva por Li quien se encuentra sin palabras.

Y es entonces que el hombre alto de tez dorada aprovecha para incorporarse y blandir su espada en contra de los atacantes.

–Touya…

–Hermano…

–––––––––––––––––––––––––

Cuando Sonomi arriba a la habitación y cierra detrás de ella, por un instante su mirada va al lecho donde yace su hija. A los pocos momentos, los movimientos de los pequeños guardianes quienes salen de sus escondites atraen su atención.

Avanzando hasta ellos dice.– Efectivamente, Kinomoto está en el hospital. – Revela suspirando y negando con su rostro– Al igual que mi hija está en coma. Según el médico que le atendió, sufrió unas heridas de bala muy peligrosas. No le dan muchas esperanzas de vida. – No evitando acongojarse ante las noticias.

–Kinomoto se puso en la línea de las balas cuando dispararon – Revela Kerberos.– incluso creo que se puso delante de Tomoyo para protegerle.

–Jamás podre pagarle si ese fue el caso – Revela Sonomi acongojada por lo que el pequeño guardián le revela. – He solicitado que le trasladen a la habitación contigua a esta y cubriré todos los gastos. Por el momento hay una alerta general ya que Kioto puede ser atacada y tendríamos que abandonar el hospital. He asegurado que las primeras ambulancias sean de Touya y Tomoyo.

–Gracias Señora.

–Es mi hija. No es mas nada de lo que una madre haría por su hija. Y pese a mis diferencias con Fujitaka en su momento, el hombre es hermano de Sakura. Y protegía a mi Tomoyo – Observando de reojo a su hija inconsciente. – Eso aun no explica donde están Sakura y Eriol.

En aquel momento unos toques a la puerta hacen que se callen de inmediato, los guardianes tomen sus posiciones debajo de la cama y detrás de una jarra de agua de la habitación. Sonomi procura ir a abrir la puerta, encontrándose con dos personas: una enfermera y en una silla, una chica de expresión melancólica y en sillas de ruedas.

–Me dijeron que aquí estaba Tomoyo.

–¿Quién eres tú?

–Mariko: soy la prometida de Tsukishiro Yukito.

–Pasa querida: – Dice la mujer abriendo paso y la enfermera sale una vez Sonomi le asegura que estará bien.– Estabas en la montaña también.

–Así es. Mí prometido… Sakura y los demás, cruzaron el portal. Los pequeños guardianes– Declara al ver a Kero y Spinnel salir de sus escondites. –¿Saben algo de Sakura? ¿O de Yukito?

–Nada… Mariko ¿Resultaste herida?

–Una bala me atravesó el hombro. Touya nos protegió a mi y Tomoyo – Ahí mirando a la madre de la susodicha.– ¿Él no…?

–Salió muy mal herido pero no está muerto. Aún no. – Afirma Sonomi.

–Gracias a Dios. – No evitando acongojarse. – He estado todos estos días tratando de salir de mi habitación… de ver a alguno de los demás en el hospital. No me daban información.

– ¿Qué pasa Mariko? Te ves muy alterada… mas de lo usual – Reclama Kero observándole intensamente y conociéndole de los últimos días que vivieran todos en la casa de Alquiler. Y más después de esta descubrir quienes eran.

Y luego su ascenso a la montaña de Kioto en compañía de los hechiceros y los guardianes.

–Es sobre uno de los hombres que vivían en la casa. El que siempre estaba cerca de Li.

–¿Quién? ¿El monje?

–Radjetsû. – Dice Kerberos observando seriamente a la jovencita quien palidece al escuchar el nombre y asentir.

–No me lo vas a creer Kero: Pero creo que él sabía lo que iba a pasar.

–¿Qué?

Antes de los guardias disparar, Radjetsû ya se había echado al suelo.– Sorprendiendo a ambos guardianes e incluso Sonomi se lleva una mano a su boca. – Se percató que lo vi. Ese hombre, no es bueno Kero.

–¿Cómo lo sabes?

–Porque la otra noche, estuvo en mi habitación. La noche que nos ingresaron al hospital. No me vio despierta por supuesto; fingí que dormía pero estaba revisando mi condición. Quería asegurarse que estuviera inconsciente. Creo que buscaba a Tomoyo y a Kinomoto Touya.

Kero niega con su cabeza ante la preocupación de Sonomi por lo que escucha–Eso no significa que no es una buena persona. Por meses ha estado ayudando al mocoso Li con sus investigaciones y buscando aliados en el mundo.

– No. Ese hombre no es bueno. Y me he enterado que Radjetsû no está en el hospital.

–¿Cómo?

–Esta mañana he hablado con el doctor y varias enfermeras que nos atendieron al llegar a emergencias. Uno de los que llegó consciente fue Radjetsû y desde hace tres días nadie ha sabido nada de él. Ni médicos o enfermeras.

–Espera un segundo… – Dice Sonomi interviniendo. – ¿Un sujeto de tez dorada… ojos redondos…?

–ES probable que hable de él.

–Estuvo aquí… preguntando por mi Tomoyo.

–¿Qué?

–Pensaba que era un auxiliar medico o conocido de los Kinomotos aquí en Kioto. Mi Tomoyo conoce muchos de sus amigos…

–Esto no me gusta. – Dice Spinnel Sun.– No me gusta nada.

–¿Qué demonios es lo que pasa? – Replica Kero preocupado por donde sus pensamientos iban encaminados. – No desconfío del mocoso pero lo que dices es muy delicado Mariko – Dice el guardián observando a la joven prometida de Yukito. – ¿Cuándo sales del hospital?

–Mis padres vendrán por mi mañana temprano – Revela la chica con una congoja.– Les están aconsejando que salgan de la ciudad. Mamá me lo ha dicho anoche antes de irse a casa a descansar pero no quiero irme a ninguna parte… no hasta que sepa que Yukito está bien.

–Eres una gran persona niña– Revela Spinnel notablemente conmovido por el apego de la chica con la falsa identidad conocida como Yue. – Pero lo mejor sería que nos dejes algún indicativo de donde estarás. Procuraremos que Yukito lo reciba una vez vuelvan.

Kerberos observa al pequeño guardián de reojo y es que él mismo no estaba seguro que ellos podrían volver muy pronto.

Y por la mirada que el Guardián de Hiragizawa le retornara, estaba seguro que eso mismo cruzaba por su mente.

–––––––––––––––––––––––––

–¡Hermano, soy yo, Sakura! – Dice la chica viendo como el sujeto combate contra Yue y Kanda tratando de llegar hasta ella. – ¿Acaso no me reconoces? – Dice con súplica.

–¡Sakura, cuidado! – Dice Shaoran viendo las intenciones de la ojiverde de llegar hasta donde su hermano. La hala rápidamente por un brazo haciéndole retroceder. –¡ESE HOMBRE NO ES TU HERMANO!

–¡Si, si lo es! – Dice con un sollozo.– ¡No lo ves! ¡Es mi hermano! – Viendo combatir a Ruby Moon y a Yue una vez Kanda se aleja de ellos para darle alcance a Shaoran y Sakura. – ¡Lo van a lastimar!

–Ese hombre no es tú hermano Sakura – Dice Li con firmeza tratando de hacerle entrar en razón a pesar de que las lagrimas ya mojan sus mejillas. – Recuerda que ellos usarán todos los trucos, bajo su manga para hacernos flaquear… para engañarnos.

Kanda escucha en silencio mirando a los guardianes llevar a la par el combate contra el sujeto y guarda silencio al lado de su señor en caso que tuviera que defenderle.

Pero aquello no le agrada para nada.

 

 

–––––––––––––––––––––––––

Eriol observa a su alrededor que aquél páramo. Observa el camino adoquinado que siguieran sus amigos y luego observa atrás, donde se encuentra el jinete, observándole imperitamente.

Y es entonces cuando ella se incorpora al mismo tiempo.

–No tienes alternativa– Tomando el medallón que cuelga en su cuello entre sus dedos largos y limpios. –Para alcanzar tus amigos con el sello, debes de derrotarme.

Eriol frunce su ceño.

–Aunque llegue a mi destino…

–No podrás abandonar este mundo. Debes de quedarte en él.

Eriol retrocede. Lo piensa un instante.– No es mi costumbre, pelear contra mujeres. Fui educado a la británica. Pero si es necesario, desearía que me entregaras el sello. – Extendiendo su mano.

El gusto al sujeto le duró poco pues la mujer invocó su arma e inmediatamente se lanza contra el británico. La fuera de su embiste fue tal que hizo que las rodillas de Eriol se torcieran y retrocedieran unos metros levantando arena a su paso.

Eriol cruje sus dientes. Su visibilidad no es muy buena sin las gafas pero aun así trata de contener la furia de su contrincante y la fuerza de su embiste. Se separan saltando hacía atrás una distancia considerable.

–No tienes alternativa: perdonaré tú vida si te marchas… ahora.

–Debo de llegar a donde Li con el sello. Creo que eso debería de ser de tu comprensión. – Admite el hombre en voz alta. Siente la transpiración que le empapa la camisa que lleva puesta. Incluso la chamarra le resulta pesada y se desviste de ella.

Neiva lo observa detenidamente y vuelve a atacarle. Se encuentran en una danza de batalla en donde embiste y se defienden con una agilidad que atrapa de sorpresa a la mujer.

Eriol invoca su magia, provocando un salto digno de un atleta olímpico, elevándose varios metros sobre la mujer y logra distraerla y hasta marearle al momento de la mujer querer seguir con su vista, sus movimientos. Vuelve a arremeter en contra de Neiva provocando que ésta perdiera el equilibrio.

–Creo que le he subestimado – Admite la mujer con un lenguaje sobrio– Es mas fuerte de lo que pensé.

Eriol invoca un rayo el cual cae justo en medio de ellos dos provocando que se separen abruptamente y guarden distancias.

El punto donde el rayo cayó provocó que la arena se convirtiera en cristal.

Neiva lo observa desde la distancia moviéndose de un lado a otro. Su medallón, baila sobre su cuello mientras Eriol no le pierde la mirada.

La mujer vuelve a atacar esta vez aumentando la velocidad de sus embestidas y la dirección de las mismas. Ágilmente domina sobre el hombre quien recibe par de los golpes en un extremo de su abdomen y sobre su hombro, provocando por un instante, que el mismo retrocediera.

Respira con dificultad y nota que igual su contrincante está cansado. La mirada de la mujer cambia de la expresión admirada y loable a la frialdad y desconfianza.

Nadie dijo que sería fácil.

Nunca él lo pensó.

Y pensándolo un instante, en aquellos momentos estaría en su solitaria casa londinense probablemente en compañía de Nakuru.

O tal vez, ya habría sido desalojado por la orden de evacuación de las ciudades.

Fue sacado de sus pensamientos abruptamente cuando la mujer se aproximó a él a toda velocidad, Eriol cambia de táctica volviendo su báculo una espada larga y plateada con la empuñadura llena de zafiros y ónix. Sus manos aprietan la empuñadura y el acero rebota chispas al dar en contra de la barra de la lanza de Neiva.

La mujer se sorprende por el despliegue de conocimiento de defensa departe del hombre: no duda que uno de los múltiples talentos concentrados en su magia.

Combaten unos momentos que resultan eternos en donde se defienden uno del otro. En un instante Eriol recibe un golpe en un costado de su pecho que le hizo que los pulmones le fallasen por un instante, pero la voluntad de sobrevivir todo aquello y volver al lado de su amada Tomoyo, es lo que lo impulsa a seguir adelante. Faltando poco para que las chispas que el choque de sus armas emitan, enciendan sus vestimentas. Eriol se defiende como fiera a sabiendas que la mujer no le daría la victoria tan fácilmente. No como pensaba en un inicio.

Esa mujer desde el primer momento, le dio la impresión de un alma atormentada: cansada de interpretar un papel del cual posiblemente nunca tuvo la intención de ocupar.

Y sin embargo, ahí se encontraba defendiendo su rol con uñas, dientes y sudor.

Un momento de flaqueza hizo que el golpe de la mujer, lo tumbara al suelo, sacándole el aire de sus pulmones en la caída. Cuando levanta la mirada ve la barra que Neiva utiliza apuntándole justo en la cara.

–Si te pego en el pecho, la fuerza hará que tú corazón se detenga… si te golpeo en la cara, te destrozaré el cráneo… pero no morirás inmediatamente. – Revela con una frialdad escalofriante. –¿Cuál prefieres? ¿Larga letanía o muerte instantánea y terminar tu suplicio?

Eriol le observa con intensidad a sabiendas que podría morir en cualquier momento. Empuñó con más fuerza su báculo para ejecutar su último recurso.

Y de repente la figura caída de Hiragizawa desaparece del suelo y de debajo de la barra de la Jinete para sorpresa y furia de la mujer.

La mujer empuja su barra debajo de momentos antes se encontraba Eriol sin poder golpear nada. Comienza a observar a su alrededor para captar al menos un movimiento a su alrededor.

Lo admite aquel truco le deja desconcertada. Atenta y perspicaz a cualquier movimiento abrupto a su alrededor, mantiene una tensión en todo su cuerpo y todos sus sentidos alertas.

No hay ningún lugar en aquella meseta donde pueda esconderse: todo es un terreno llano cubierto de arena por millas a la redonda.

Arena.

Observa al suelo donde combatían y se ven las marcas de pasos tanto de ella como del sujeto: señas en el suelo del combate entre ambos y se fija particularmente en las señas a su alrededor y cerca de sus propios pies.

No hay marcas de pasos alejándose. Todo a su alrededor son pasos con sentido a su persona.

Así que no es un truco de invisibilidad: sus pasos le habrían revelado que caminaba a su alrededor para esconderse.

Neiva agita su túnica y va a su corcel que se encuentra a poca distancia para sacar del bolso del mismo un frasco con un polvo traslucido y brillante. Sin pensarlo mucho se mueve hasta el centro del camino adoquinado y estrella la botella por lo que su contenido se eleva a metros sobre ella y a su alrededor.

Entonces escucha el golpe sordo de algo pesado cayendo de bruces.

Entonces levanta su barra de defensa y comienza a atacar a Eriol quien coloca su báculo entre su cuerpo y la barra de la mujer. Sus movimientos son mas agiles parecidos a los de un felino pero él no se queda atrás.

Pareciera que los segundos de debatirse entre el truco hecho por Eriol y el usar su propio truco mágico le diera tiempo para el sujeto de ojos azules recuperar algo de fuerza.

Y es entonces cuando Eriol mueve su báculo en forma diagonal, saliendo del mismo una lengua de fuego que se dirige peligrosamente a la túnica de la mujer incluso chamuscando su borde. Una segunda lengua de fuego bastante grande le sigue haciendo un circulo a sus pies y rodeándole pero esta salta tratando de esquivarlas.

En aquellos momentos de despliegue de habilidades mágicas y físicas ambos se debaten en silencio; uno atacando y el otro respondiéndole. Sus movimientos son símiles pero Neiva parece llevarle un poco de ventaja por los siglos de conocimiento y de poder.

Eriol aprovecha un ataque doble invocando todo su poder en donde la fuerza de un rayo se enreda con la llamarada de una de las lenguas de fuego y hacen una especie de trenza perfecta mientras él empuña con fuerza su báculo y este brillando con notable intensidad.

Neiva es tomada de sorpresa por aquel ataque, dando demostración que ha subestimado al joven mago. Sus capacidades son muy parecidas a las suyas y aunque lo nota cansado, saca fuerza no sabe de donde para aun mantenerse de pie.

Aunque un rato atrás lo tuvo entre la vida y la muerte.

Un movimiento de Eriol hace que Neiva se retuerza de dolor al encontrarse con su espada, atravesándole un costado. La filosa arma atraviesa su carne como si se tratara de un ser humano como Eriol. Incluso no puede dejar de sorprenderse al lograr hacer que su contrincante sangre.

Eriol respira agitado, con mucha dificultad en donde cada músculo de su cuerpo grita de dolor por el combate y los golpes recibidos.

Pero sabe que no puede desfallecer: aun le queda un camino desconocido por recorrer.

–Bien Hechicero… me has herido… – Añade ella incluso soltando una triste sonrisa mientras sujeta su herida para que la sangre no fluya– ¿Ahora terminarás tú misión para tomar mi lugar?

Las cejas del sujeto se levantan ante la pregunta. Se aproxima hasta su figura y dice con un murmullo. – Yo no deseo quedarme en este mundo. Tampoco deseo tú puesto… y mucho menos mis intenciones es matarle. – La mujer abre los ojos ampliamente mientras la mano del sujeto va hasta el sello en su cuello y dice con amabilidad mientras procura retirar la cadena con ella colgando.– Debe de quedarse en su posición. Restauraremos los sellos y volveremos a casa…

–No volverán. – Admite la mujer y le mantiene la mirada sobre la suya.– Aunque restauren los sellos Davatoc ha descendido. – Atrayendo la mirada del sujeto.– Pero… Si le interesa saberlo, hay una manera de sobrevivir.

–Dice que ese Davatoc…

–Davatoc… el ángel de la muerte. ¿No lo sabe? Davatoc descendió ya… ya el mundo ha recibido su sentencia…

–¿Su sentencia?

–Su iniciación. El tiempo… ya ha iniciado su cuenta regresiva.

––––––––––––––––––––––––

Sonomi Daidouji se encuentra en la cafetería del hospital tomando un poco de té y tratando de comer algo pero es inútil: no tiene apetito. Ha dejado más de la mitad de lo que había ordenado en el plato. Su mirada se pierde al observar la desolada cafetería. Su mirada fue a los enormes ventanales donde los camiones militares se abordaban y las ambulancias esperaban en fila para llevar los heridos.

Muchos de los heridos en Tokio, una vez estuvieron en condiciones de viajar eran enviados a los hospitales fuera de la ciudad que tuvieran cupo y disponibilidad de camas. Kioto hace tres días, ha recibido mas de cien pacientes entre ellos, muchos soldados.

El teléfono móvil que descansa a pocos milímetros de una de sus manos comienza a sonar. Había decidido tenerlo abierto por si se presentaba alguna emergencia relacionada a su hija (ya que el guardián Spinnel Sun y Kerberos –¡Aun le costaba trabajo creer todo aquello! – cuidaban a su hija en la habitación).

–Aquí Daidouji.

–Sonomi.

–¡Tía Kobawa!

–Sonomi – Replica la mujer con un hito de voz que tensa a la mujer sentada en la cafetería.

–¿Tía que pasa? ¿Qué ocurre?

–He tenido un sueño…– Declara con sollozos y la voz entrecortada. – Un sueño con Tomoyo…– Los ojos de Sonomi se abren de par en par ante la revelación y la actitud de una mujer que pocas veces la ha visto llorar.– Se despedía de mi… mi niña… se despedía de nosotros.

–Fue solo un sueño – Replica Sonomi tratando de controlar los sentimientos de su tía y el nerviosismo que de repente invade su persona al escuchar las palabras de su siempre perceptible pariente.

Por años renegó esos “dones” de la familia a la cual pertenecía. Incluso, quiso alejar a su propia hija de las influencias “fantasiosas” de una de sus parientes más excéntricos y volverla una mujer racional y consciente de lo que era real y lo que era puras leyendas y fantasías dentro de una familia que creía en cualquier cosa.

Y descubrió dolorosamente que sus parientes tenían algo de razón. Y que la tonta había sido ella por no escuchar.

–No tía – Dice Sonomi finalmente conteniendo su nerviosismo y tratando de convencerse a si misma. – Lo que has tenido ha sido una pesadilla… no me sorprende con todo lo que ha pasado con mi Tomoyo. Pero ella está estable. Los doctores así lo dicen.

La anciana sentada al otro lado del país sostiene el auricular a duras penas. Los nervios no le permiten sostenerlo con firmeza y la enfermera a su disposición tiene que ayudarle.

–Ten mucho cuidado Sonomi. Y protege a mi sobrina–nieta– Dice apreciando las palabras de su pariente.

–Así lo haré tía. No te preocupes.

En aquel instante que Sonomi cuelga la llamada se escucha por los parlantes del hospital “Atención: todos los pacientes que se encuentren fuera de sus habitaciones deben de regresar inmediatamente. A los visitantes se les informa que las horas de visitas han sido suspendidas indefinidamente. A todos los médicos y enfermeras se les exige presentarse a sus correspondientes atrios para información de importancia”

Sonomi no esperó un segundo llamado: se incorpora caminando a toda prisa para llegar a la habitación de su única hija.

Porque su esperanza es salir de aquella pesadilla y que el presagio de su pariente no se hiciera realidad.

––––––––––––––––––––––––

–¡Touya! Detente por favor – Súplica Sakura mientras su hermano mayor intenta con mucha destreza y agilidad evadir a los guardianes que se interponen entre éste y su objetivo.

Sakura y Shaoran.

Con lágrimas en los ojos la ojiverde observa sin poder hacer nada como Touya trata de contraatacar a Kanda y Yue pareciendo incluso que su fuerza sobrepasa a la de ambos guardianes juntos.

Shaoran observa dubitativo la escena que se devela ante sus ojos: ¿El hermano de Sakura en aquella dimensión? ¿Atacando e incluso igualando la habilidad de los guardianes que son tan habilidosos en defensa y combate?

Hay algo que no le cuadra en toda aquella situación.

Sakura lucha por librarse de su aferre para llegar a donde se enfrentan los tres. Pero Shaoran se lo impide. A cada imploración de Sakura, el sujeto que conocen como Touya trata de evadir los ataques de los guardianes para descender hasta donde la joven Kinomoto y atacarle.

Pero ambos se lo impiden.

Ruby Moon se concentra en mantener resguardo en el joven Li y Kinomoto. Su estrategia fue aclarada incluso antes de cruzar el portal: siempre debía de haber uno de ellos, al lado de sus correspondientes amos. En caso de una situación como aquella, al menos uno de ellos se debe de quedar cuidando las espaldas a los jóvenes.

Esa parte debía de cumplirse a cabalidad.

Observa a Kanda y Yue defenderse y atacar al sujeto con una maestría digna de ambos guardianes. Ellos siempre fueron mas versátiles que ella en lo que ha combate se refiere. Para Nakuru Akizuki o su contraparte, lo más cercano a combate se resumía en batallas campales contra mujeres de su misma naturaleza durante las rebajas de sus tiendas favoritas.

El guardián de las Sakura– Cards observa y estudia con detenimiento los movimientos del hermano de su ama mientras combate prácticamente cuerpo a cuerpo.

–Es Touya – Dice el sujeto cuando nota que Kanda va a atacar directamente al hombre, ya harta probablemente de esquivar sus golpes.– ¡No puedes matarlo!

–Trata de eliminar a nuestros amos. Es nuestro deber protegerlos. –Replica incomoda al verse impedida al cumplir su objetivo. – Amenazan sus vidas.

–No vas a herirle de muerte. Solo hay que inmovilizarlo.

“Tiene razón” surge una voz del interior de su cabeza estando de acuerdo con lo dicho por el guardián de cabellos blancos.

“No intervengas. No puedes opinar… no tienes ningún derecho”

“Lo tengo… tengo derecho de hacerlo” Replica la mujer dentro de su propia conciencia con la identidad de la guardiana de los Sioux. “El nos importa. Y no digas que no te interesa…”

“Nuestro deber como guardianes sobrepasa cualquier desvío sentimental de cualquier índole. Mas cuando amenazan la vida de nuestros amos. Dependemos de ellos. Podríamos morir en caso que algo les pase…”

“¡No me importa morir! No lo lastimarás….”

“No tienes ninguna opinión en mis decisiones. Yo vivo y muero para proteger a Li Xiao Lang… y eso haré. Por encima de lo que tú o este guardián quiera.”

“¡Basta! No lo lastimes” – Grita la americana dentro de la mente de la guardiana pero es inútil. Esta se dirige con firmeza y la espada alzada en alto contra el cuerpo de Touya pero Yue se lo impide haciéndole retroceder ante un golpe asestado en contra de ella.

–No puedes matarle. Es uno de los nuestros…

–¡Con un demonio que si puedo! – Ruge en respuesta la mujer de tez oscura pero ojos orientales. – ¡Me importa lo que tú o ella digan! – atrayendo la atención del guardián. – No le debo nada a él. –Esquivando a Yue pero este le da alcance justo antes de que la guardiana pudiese tocarle con su arma.

–¡Kanda! ¿Qué haces? – Grita Sakura ya al borde de las lágrimas y tratando de darles alcance.– ¡Suéltame Shaoran!

–¡Sakura Calma! No puedes intervenir… ese hombre no es tú hermano.

–¡Si, si lo es…! ¡Es Touya! ¡Hermano! – Dice para atraer la atención de los guardianes y del sujeto desde arriba.

–Sakura… – Murmura el hombre siendo escuchado por la guardiana de Li y Yue. Ambos se observan un segundo. En aquel momento Touya toma con más firmeza su arma y comienza a descender para alcanzar a Sakura y es bloqueado su paso nuevamente por los guardianes a quien vuelve a combatir con fiereza.

“Maldita sea… es Touya” piensa Yue en su mente “Es él” observando los movimientos tanto de Kinomoto como de la guardiana de Li, en caso que quiera asestar un movimiento que se cobre la vida de quien ha sido siempre uno de sus mejores amigos… quizá el único. “Pero si él está aquí… significa que…”

–¡Cuidado Yue! – Ruge Ruby Moon viendo como el guardián es atestado con el filo de la espada en una de sus alas provocando un quejido de dolor y comienza a caer rápidamente. Antes incluso de que caiga al suelo, se transforma en Yukito.

Sakura y Shaoran corren en su auxilio, siendo adelantados por la guardiana de Eriol. Al llegar a su persona se sorprende de ver al japonés inconsciente y ya en la forma física del joven Tsukishiro.

–No está muerto… ¿Cierto? – Pregunta Sakura en un hilo de voz.

–No. Pero está herido.– Revela Ruby Moon sorprendida.– Este lugar… no solo debilita a los jinetes – Mirando a Li a los ojos.– También nos vuelven vulnerables a nosotros… los guardianes.

Shaoran observa la herida de Yue y como ésta corre sangre como si se tratara de un ser humano normal. Sakura rápidamente deshace su morral y saca un pequeño botiquín aplicando unas gasas contra la herida del sujeto que permanece inconsciente.

Luego su mirada se va a la distancia donde Kanda aun combate con el sujeto.

Entrenando todo aquel tiempo, uno y otro previenen los ataques y respuestas de defensas. Es como observar una extraña coreografía bien practicada dentro de una obra de teatro.

Sus movimientos símiles no le da la ventaja a ninguno. Por lo pronto Kanda solo se conforma con tal vez, hacerle debilitarse pues su capacidad de resistencia es por mucho, más avanzada de la de un hombre normal.

“Este no es el mismo Touya del mundo que conocemos” replica Kanda a la guardiana en su cabeza. “Puede incluso emparejar el ataque simultaneo de Yue con nosotras… tiene… mas fuerza”

“Una consecuencia de esta dimensión. Ya ves con que facilidad hizo que cayera el guardián”

“Debes de tener cuidado con su espada entonces”

“Voy a desarmarlo…”

“Es tan bueno como tú… ¿Cómo pretendes hacerlo?”

–¡Deja de debatir contigo misma! – Ruge Ruby Moon sorprendiéndole a su lado: esta había ascendido hasta colocarse a su par y ahora desafía con la mirada al hermano de Sakura. –¿Touya? ¿Por qué no sueltas la espada? De todas formas ella no te permitirá darte el triunfo.

–Tengo que eliminarlos… tengo que evitar que lleguen hasta el final.

Kanda y ella escuchan sus palabras. Es la voz de Touya: es la misma voz firme y seria que han conocido.

Pero para ambas, es claro que su mirada es vacía y fría. Ambas guardianas se observan al unísono.

–Está más que claro que no podemos permitirte lastimar a Li… o a tú hermana – Dice Ruby Moon con voz gentil. –No es una opción. Pero… podríamos ayudarte.

–No hay opción. No hay forma. Debo de cumplir mi objetivo.

–Primero te mataríamos antes de dejar que toques a mi amo Li. – Replica Kanda con voz autoritaria. Nakuru hizo un gesto de hastío.

–Por favor. Estás durmiendo con él. Dudo mucho que vayas a lastimarlo… demasiados conflictos de interés.

–Si quiero puedo hacerlo. No podrás impedirlo.

–¡No te permití que te quedaras con Touya para que termines matándolo! – replica la guardiana de Eriol atrayendo la atención de Kanda y del mismo Touya en su discusión. El hombre aprovecha la distracción de ambas mujeres para atacar a la mujer de cabellos magenta. –¡Ey! ¡Estamos discutiendo! ¿Quién te dio permiso para intervenir? – Replica no dudando atacar a Touya con sus cristales como método de defensa. Los cristales rebotaron antes de tocar la piel de Touya y cayeron haciéndose añicos entre los bloques de la ruina.

–¡Grandioso! Ahora es intocable… lo has hecho enojar. – Dice Nakuru a Kanda.

–¿Yo?

La guardiana no hesita para atacar a Touya tratando de atraparlo en una especie de jaula de cristales gigantes los cuales conjurase uno por uno. Touya con habilidad felina esquiva dichos cristales colocándose del otro lado de ellas.

“Maldición… es muy rápido” Piensa Kanda en su interior.

“Tengo una idea…” Dice la sioux dentro de su cabeza. “Touya tiene que estar ahí dentro…e n alguna parte….”

Mientras eso ocurre en las alturas, Sakura logra que Yukito recobre la conciencia. Con lagrimas en sus ojos dice la chica.– Al fin Yukito… me tenías preocupada.

–¿Qué pasó?

–Esa cosa con la imagen de mi hermano te atacó arriba. No pudiste defenderte. – Mientras Sakura habla, Yukito revisa sus heridas. –Te he vendado pero no se que mas hacer.

–Aquí parece afectarles mas las heridas o los ataques.– Explica Shaoran.– Aunque vimos esa posibilidad solo era una teoría. Jamás nos imaginamos que podía en verdad ocurrir.

–Es solo un rasguño. Creo que fue mas la caída.– Explica Yukito incorporándose.– Tenemos un problema mayor. Ese sujeto es Touya.– Con su revelación provoca que Sakura palidezca casi al instante.

–No… no puede ser. Mi hermano no puede estar en esta dimensión… no con intención de lastimarnos.

–Sakura…

–¡No Shaoran! Ese no es mi hermano. Debe de ser alguien mas… usando su físico. Es posible. Como si fuera una ilusión. Todos vemos a Touya pero no es Touya.

–Sakura, escúchame… hay una posibilidad. – Dice Yukito con cierta dulzura pero claro para que la joven comprendiera sus palabras. – ….una posibilidad que cuando cruzáramos el portal, algo pasara…

–¡No. No. No! – Replica la joven con aprehensión y ya las lagrimas saliendo por el contorno de sus ojos.

–Sakura… – Dice Shaoran tomándole por los brazos y haciendo que le mirase.– Yukito tiene razón: Tienes que enfrentar la posibilidad…

–¡No Shaoran! No mi hermano – Dice con un hito de voz y llorando.– ¡No él también! – Echándose a llorar sobre su pecho.

Ambos hombres se observan mientras las lágrimas también surgen en los ojos del hombre de ojos gentiles. La sola idea que Touya haya… que él esté…

–No muerto – Dice Ruby Moon analizando por un instante a la sioux mientras ambas tratan de analizar el mejor modo de acabar con todo aquello. Touya camina de un lado a otro sobre la pila de rocas agrupadas pues cada vez que trata de bajar, las mujeres se lo impiden. – No es un espíritu…

–Eso ya había notado – Refiere la sioux – Tiene que estar en una especie de trance. – Analiza unos segundos. –No en este mundo… tampoco en el de los vivos. No está como se encontraba la hermana de Li.

–Exacto. No es un fantasma. Está con vida. Pero lo que ocurra en este lugar, puede repercutir en su existencia entre los vivos.

–¿Cómo lograron dar con él? – Pregunta la sioux. – Saben quien es… que es importante… – duda un instante.–Para cualquiera de nosotros…

–Y saben que no está bien. Lo dejamos con los demás donde se invocó el portal. – Refiere no gustándole por donde van sus pensamientos.– Alguien… les dijo… – Duda un instante.– Tenemos un espía entre nosotros. Sabían que Sakura jamás atacaría a su hermano. Tampoco se defenderían. Y saben que tu otro yo jamás permitirá que lo lastimes. O Yue… tampoco… Tenemos un espía en nuestras filas. – Refiere Ruby Moon con una notable decepción en su tono de voz. Observa mas debajo donde se encuentran los demás y luego al hombre que conocen como Touya. –¡Demonios! – Ahí atrayendo la atención de la Sioux y una expresión de incredulidad. – ¡Vamos! No hay otra alternativa. Alguien sabía todo esto…

Kanda no responde a su teoría. Que por cierto, la inquietud revelada por la guardiana de Eriol Hiragizawa no estaba muy lejos de la suya, ahora que mencionan esos detalles. ¿Utilizar a Touya para atacarle? A sabiendas no solo de la debilidad humana de su propia hermana y su mejor amigo… sino la de su otra identidad.

“Es una cruel artimaña…” piensa la joven americana revelando sus opinión ante todo el asunto. “Yo jamás…no me atrevería”

“Por suerte no es tú decisión. Tampoco la de su hermana… o la de Yue. Debo hacer lo necesario para proteger a mi señor. Incluso si eso significa sacar a este sujeto del medio”

Kanda extiende su espada observando con desafío al hermano de Sakura Kinomoto. Ruby Moon la observa con atención y dice. – Vuelve abajo. El otro está herido. No podrá proteger a los demás en caso de ser necesario.

–¿Qué vas a hacer?

.–Lo que sea necesario para poder avanzar. – Refiere la guardiana de Shaoran Li. – Tú vuelve abajo.

La guardiana observa a la sioux un instante y asiente en silencio finalmente alejándose del par.

Ya a solas, ésta observa con detenimiento al hermano de Sakura. Es una lucha de miradas las que se devuelven mutuamente.

–Para llegar a ellos, tendrás que eliminarme a mi, mortal. Y no te será tan fácil. No como con el amigo tuyo. Definitivamente no soy tan débil como esa mujer de cabellos rosa. Conmigo, te será un poco mas difícil.

La expresión de satisfacción del rostro del sujeto toma de sorpresa no solo a la guardiana sino a su contraparte, escondida en una parte recóndita del alma de su verdadera identidad, observa aquella sonrisa que se parece un poco al hombre al cual ha aprendido a enamorarse con el paso del tiempo. Y aquello le dolía mucho mas que usar el físico de Touya Kinomoto en un plan maquiavélico y frívolo para evitar avanzar del grupo.

––––––––––––––––––––––––––––

Eriol cae abatido contra la arena del lugar. Hace un largo rato que le costaba incluso caminar. Se coloca boca arriba tratando de atrapar un poco de oxigeno pero el respirar mismo le causa un dolor descomunal incluso llegando al borde de las lagrimas.

Sus pensamientos se pierden lejos de ahí. Lejos del dolor. Lejos del sufrimiento.

Lejos de aquel presente tan horroroso para él. Las quemaduras que sufriera el día del ataque del jinete protegiendo a Kanda no son nada comparados con el dolor que sale de su propio interior. Tose y tiene convulsiones que le provocan incluso nauseas.

No puede evitar el vomitar. Pero no sale nada: no tiene nada en su estómago. Vuelve a toser como si fuera una reacción o una convulsión de la cual no tiene control.

Y el dolor vuelve a hacerle caer retorciéndose de dolor.

“Dios… déjame morir ya… evita este dolor y si quieres, déjame morir…” súplica ya al borde de desmayarse a causa de la desesperación. Siente su cuerpo hervir de adentro hacia afuera. como cada órgano lucha contra algo dentro de su ser y al mismo tiempo, quisieran abandonarle y dejarle a su suerte.

Siente como pierde el conocimiento. Como su cuerpo se vuelve mas ligero y al mismo tiempo, el dolor apenas es perceptible. Sus sentidos se tranquilizan y deja de forzar la quijada para evitar la pena de gritar.

Percibe un aroma familiar y querido cerca de su persona.

Ya no siente dolor.

–––––––––––––––––––––––

La mujer vestida con bata de médico se pasea con decisión por los pasillos del segundo piso del hospital. Ingresa a la sala que lee en una placa “Unidad de Cuidados Intensivos” y justo en el cubículo D, observa una mujer de ojos violeta que le observa sorprendida ante su presencia. Puede solamente notar sus ojos violáceos porque el resto de sus vestimentas están cubiertas por una bata esterilizada y sobre su rostro utiliza una mascarilla.

Había pasado las últimas dos horas velando por el coma del hombre una vez diera con el según sus descripción física a los empleados del hospital de Kioto. Cubierto por parches conectados a monitores que revisan su ritmo cardiaco y enviarían una alarma a la estación de enfermeras en caso de que su ritmo cardiaco descendiera.

El hombre ya estaba cubierto por vello facial. Para Sonomi fue un poco difícil el reconocerle en aquellas condiciones, pálido y por supuesto cubierto de vendajes por la sustracción de las balas que dieron contra su cuerpo.

La descripción del galeno que lo atendió fue “Una situación extraña en la Montaña Kurama mi señora. Pero el hombre según nuestro diagnostico pareciera que recibiera mas de diez disparos… es un milagro que aun esté con vida”

“Un verdadero milagro” Pensaba Sonomi mientras el sujeto le explicaba las probabilidades de que el hijo mayor de su amada Nadeshiko pudiera sobrevivir no solo a los disparos y luego posterior cirugía para extraer las balas sino también al hecho de que aun seguía con vida.

Su ritmo cardiaco sin embargo, había descendido unas horas atrás. Las enfermeras habían logrado estabilizarlo pero aun luchaba entre la vida y la muerte.

–¿Quién es usted? – Preguntara Sonomi al incorporarse y darle la bienvenida a la mujer cubierta por la bata de médico.– No le había visto antes aquí.

–Soy la doctora Ichihara… vine a ver como sigue el paciente.

–¿Doctora Ichihara? – Pregunta Sonomi aturdida. – Usted no está en el historial de médicos que le atienden.

–¿Y usted señora? ¿Quién es?

–Soy Sonomi Daidouji…– Dudando unos segundos.– Soy la madrina de este hombre.

–¿Madrina?

–De bautizo – Replica ella desafiante a la pregunta de la mujer.– Y aun no explica que hace aquí.

–Tranquila señora. Solo estoy aquí por un favor prestado a un “viejo amigo” – Sonomi alza una ceja dubitativa ante su declaración y se aproxima al cuerpo inconsciente de Kinomoto revisando con cuidado sus pupilas y las lecturas del aparato que monitorea su presión cardiaca. Observando el historial, la mujer de cabellos largos amarrados en una coleta, frunce su rostro.

–¿Ocurre algo malo?

–No debería estar tan inquieto – Refiere la mujer de manera tranquila pero sus ojos irradiaban algo completamente diferente.– Seguro está soñando.

–¿Soñando? ¿En su condición puede soñar?

–¿Dónde está la muchacha? – Pregunta volteándose a la mujer y sorprendiéndole a sus palabras.– ¿Su hija?

–¿Tomoyo? ¿Qué quiere con ella?

–No estoy aquí para responder sus preguntas. Usted responda las mías – Aproximándose a ella y mirando firmemente sus ojos.– ¿Dónde está Tomoyo?

–Tercer piso… – Replica Sonomi y cuando parpadea lo hace sintiéndose repentinamente mareada. En aquel instante y luego de sujetarse de la silla, observa que se encuentra sola en la habitación.

Aturdida sacude su cabeza y se fija en Touya quien está en su cama y luego revisa nuevamente aquel lugar. No hay mas nadie.

“Debí haberme quedado soñando despierta… o tal vez mi imaginación me juega bromas pesadas… no me sorprendería con lo cansada que estoy”

––––––––––––––––––––––––

El sujeto recobra el conocimiento sintiendo menos dolor. También siente una suave caricia contra su frente y sus mejillas mientras una suave tonada llena sus oídos y calma su persona.

Es una canción para ti.

Para ti que vives en mi corazón:

Como un río

Dentro de mi corazón

Tu voz fluye

El eco de la noche estrecha su mano al cielo”

Mantiene sus ojos cerrados disfrutando de la caricia, de la hermosa voz de la intérprete. De la belleza del sueño del cual es victima. Sueño del cual no quisiera despertar.

Es la voz de ella…

…de la mujer que ama mas que nada en el mundo.

La voz de su Tomoyo.

Te escucho llamar mi nombre

Incluso si estamos separados, no puedo olvidar.

Así que rezo:

Siempre he creído que ha sido el destino.

El amor es para siempre por siempre.

Como una flor,

La flor florece adentro:

Si pudiera entregar mi voz

Solo a ti.

Te escucho llamar mi nombre

Puedo escucharla.

Así que rezo.

Creo que fue destino

Amar es por siempre para siempre.

Este momento que me diste.

La guardaré en mi corazón.

Creo que es fé.

Amor es por siempre para siempre.

Gloria” de la serie Angel Heart.

–Eres tú…. Mi Tomoyo. – Replica el hombre al finalizar la canción no atreverse a abrir sus ojos. Pero aferra su mano y la lleva a sus labios.– Mi Tomoyo.

–Sentí tú llamado. Acudí a ti – Replica la mujer con su dulce voz. Eriol aun creyendo que es una alucinación o un sueño no abre sus ojos. La solicitud de ella lo provoca hacerlo.– Ábrelos… no soy producto de tú imaginación.

Así lo hace. Se observan un instante. Se encuentra recostado contra el regazo de ella, quien acaricia aun su mejilla con ternura y le observa con los ojos expresivos y brillantes.

Eriol estudia sus facciones y no puede dejar de sonreír. Luego su expresión cambia a preocupación y cuando trata de incorporarse, su pecho le provoca un dolor exhaustivo recordándole que no puede ser producto de su imaginación.

–Ten cuidado. No estás bien…

–No… Tú no deberías estar aquí. – Ella voltea su mirada hacía el horizonte.– ¿Tomoyo?

–No. Yo no debería estar aquí. – Revela con un suspiro.– Pero no pude negarme a tú llamado. Gritabas mi nombre. Percibí tanto dolor… tanto…

–¿Qué haces aquí? No creo que tus dones lleguen a tanto.

–Eriol…

–Debes de volver a casa. Volver a nuestra dimensión. No deberías estar aquí.

–Eriol: no volveré a casa. – Revela la joven con la voz comenzando a acongojarse y las lágrimas llenan el contorno de sus ojos.– No volveré. – Niega con su rostro.

–No…

–Eriol…

–¡No! – Ruge pero sus costillas reclaman su atrevimiento al provocarle un dolor extremo en su abdomen. Pero eso no es nada contrario a las palabras que la mujer expresa. – ¡Tienes que volver! ¡Tienes que estar ahí para cuando yo vuelva! ¡Porque pienso volver! ¡Por ti lo haré!

Con sus manos sucias acaricia su rostro y no puede dejar de acariciar su rostro con vehemencia. Situación que hace que ella tome sus manos masculinas y las aferre entre las pequeñas pálidas y bien cuidadas.

–Escúchame por favor Eriol: esto supera por creces nuestra relación. Lo que pudo ser y no será en el otro lado. Ya se dio lo que debía de ser…

–¡No!

–Eriol: por favor. – Súplica ella.– Sakura y Shaoran deben de llegar al final. Siempre fueron ellos… ¿Comprendes? Tienen que ser Li y ella. – Atrayendo su atención aunque se encuentra en negación.– Esto fue siempre más grande que todos nosotros. Pero no ellos.

–Tomoyo…

–No te preocupes. – Replica ella con las mejillas ya mojada por sus lágrimas. Recuesta su frente contra la del varón quien también no puede evitar el sollozar. – Estaremos juntos…– Murmura– Al final estaremos juntos… y yo siempre… siempre, siempre, estaré junto a ti. Ahora tienes que mejorar… tienes que reunir fuerzas… usar la Heal e ir a darles alcance. Ellos aun te necesitan para llegar al final. Tienen que ponerle fin a todo esto. Te amo… te amo… te amo…

–Tomoyo, yo te amo – Dice no evitando besar sus labios y la joven le responde.– Te amo…

–Estaremos juntos.– Murmura ella por lo bajito.– Al final, estaremos juntos… – Acariciando nuevamente su rostro y limpiando sus lagrimas.

Cuando Eriol pestañó se encontró solo en aquel paramo desierto. Incluso observó a todas partes y llamó su nombre. Nadie le respondió.

“Solo fue un sueño…” Se dice a si mismo aunque siente su rostro mojado. Observa las lunas que adornan el horizonte. Luego el camino adoquinado que tomarían Li y los demás– Solo era un sueño. – Tratando de incorporarse pero el dolor no le deja avanzar.

“Usa la Heal e ir a darles alcance”

La voz de Tomoyo retumba en su persona. Hace que su corazón se acongoje. Horas atrás, no había tenido fuerzas de usar la Heal. Se había entregado ya a su muerte, porque el dolor era insoportable.

Pero ahora, la duda de que fue todo aquello, si fue real o no, le hace adquirir fuerzas y procurar darle alcance a los demás.

“Siempre han sido Li y Sakura. Siempre han sido ellos. Ellos tienen que llegar hasta el final”.

–Si es un sueño o no, lo cierto es que te escucho, mi querida Tomoyo.– Murmura Eriol incorporándose parcialmente e invocando a la carta de curación para que le ayude al menos a recobrar un poco de la salud que es tan necesaria en aquellos instantes para forzarse en avanzar hasta donde se encuentren Li y Sakura además de los guardianes.

––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Yûko se aproxima al mago mientras éste se encuentra mirando a los insectos sobrevolar la laguna en los jardines traseros de la casa Li de China. Su mirada se dirige a la mujer ataviada con el kimono de mariposas negras quien se acompaña de un jovenzuelo de cabellos negros y expresión perpleja al observar todo a su alrededor.

–Así que éste es tú asistente.

–Es Watanuki.

–¿Hiciste lo que te pedí?

Yûko asiente lentamente para responder.– No comprendo porque has solicitado esto. – Extrayendo de su bolso un relicario muy bonito y femenino.

–Porque se que le darás uso… en un futuro un tanto lejano.– Explica el hechicero con lentitud.– verás… dentro de unos siglos, volveremos a enfrentar el Fin de los Días. En aquel instante, mis cartas y mis guardianes, estarán en manos de alguien… alguien muy especial.

–¿Cómo? Pensé que las cartas y los guardianes me los darías a mi.

–Mí querida Yûko: En aquel instante tu mejor arma siempre será el mantenerte en la oscuridad de todo lo que ocurra. Puede ser que hayamos impedido el fin de los días pero recuerda nuestro papel en el mismo – Atrayendo una expresión de consternación a los siempre ojos fríos de la “Bruja de las Dimensiones” – Recuerda el precio a pagar por haber aniquilado a los jinetes. Sabíamos lo que ocurriría a aquellos que enfrentasen a los jinetes y colocaran nuevamente los sellos. Sabemos el precio que corrimos tú y yo en el proceso.

–Yo viviré por siempre.

–Yo no. – Refiere Clow atrayendo una expresión de sorpresa departe de la mujer, por la ligereza en sus palabras y la sonrisa del rostro del hechicero por revelar aquel detalle.– No le temo a la muerte Yûko. – Incorporándose e indicándole que le sigan por los pasillos de la casa. Llegan a una habitación cerrada y que tiene las ventanas cerradas herméticamente pero unas velas iluminan el lugar y se encienden ante la entrada de los hechiceros seguidos por Watanuki.

Al entrar el jovencito la puerta se cierra y las llamas de las velas se acrecientan. Yûko observa al sujeto y como el relicario que esta le paso comienza a levitar cerca de ellos.

–Este relicario será lo que necesitemos para proteger a los que irán a enfrentar no solo a los jinetes. – Explica Clow.– La amenaza no culmina con el encierro de los otros hechiceros en la Dimensión de los jinetes. Volverán a intentarlo.

–¿Volverán a intentarlo?

Clow asiente lentamente. El relicario comienza a brillar con intensidad.– En aquel momento, llegarán las personas idóneas para detenerles. Incluso es posible que des con mi reencarnación. – Sorprendiendo a la mujer con su revelación.

–¿Has podido ver al futuro? – Replica con un tono de voz exaltado sorprendiendo a Watanuki con su ímpetu a lo revelado.

–No te revelaré mas.

–Pero…

–Escucha Yûko: voy a abusar de tú confianza y de tú deuda hacía mi, una vez mas. – El relicario sigue levitando y brillando mientras Clow sigue girando sus manos alrededor de éste pero sin tocarlo.– Voy a usar lo último de mi poder en este relicario. Es imperativo que tanto el Heredero de las Cartas Clow tenga este relicario en su poder cuando viaje a la otra Dimensión. Es sumamente importante.

–¿Cómo lograré eso Clow? – Pregunta ella cruzándose de brazos y no segura de que le guste que le incluyan en planes a los cuales no le han hecho participe en primer lugar o le han pedido su opinión.

–Ellos irán a ti.

–¿Ellos? ¿Quiénes ellos?

–Preguntarán por la profecía. Preguntarán por muchas cosas Yûko.

–¡Lo escrito en el Diario de los Li! Me había olvidado de ello… fue hace semanas que escribí eso.

–Silencio – Replica el hombre. Pocas personas tienen el respeto de la Bruja de las Dimensiones ganado y una de esas es Clow. Un hombre que puede pedirle que saltase de un pie y ésta lo haría. – Guarda esto contigo. Cuando el momento llegue (y sabrás cuando sea), inventarás uno de tus precios querida Yûko. Algo para que no despierte sospechas y asegurarás que la persona lleve esto consigo.

–Es un objeto femenino. – Replica ella luego de tener el relicario nuevamente en sus manos. Siente el poder encerrado en el mismo. – ¿Acaso el dueño de las Cartas Clow, será una mujer?

–Yûko: el hecho que utilice un objeto femenino no quiere decir que irremediablemente ese objeto sea destinado para una mujer. El Fin de los Días tendrá a sus contrincantes, pero al final solo uno será necesitado para poner en marcha lo escrito en la profecía. Y no estarás muy lejos para verla realizada… no te preocupes. – Explica el hechicero tocando sus hombros con confianza y sonriéndole.– Se que puedo contar contigo.

Y con aquello surge un sutil sonrojo de las mejillas de la pálida hechicera.

–Odio que hagas eso – Murmura haciendo un puchero y negando a observar el rostro del hechicero. – Haré lo que me pidas… porque por algo lo haces. Pero… ¿Quiere decir que esas personas están en el tiempo donde ahora mismo me encuentro? ¿En el futuro?

–Aun no los conoces. Pero lo harás. Y por supuesto, te darás cuenta a quien está dirigido ese relicario una vez se presente a ti. – Sonríe.– Ahora vete… estas gastando mucha magia.

Yûko asiente y hace una reverencia leve… Watanuki repite la reverencia al hechicero y se retira detrás de la mujer.

Ya fuera de la casa Watanuki quien pregunta.– No comprendo nada de lo que ocurre.

–No por supuesto que no. Hay muchas cosas que no comprendo yo misma. Es el problema con viajar a través del tiempo y de las dimensiones. Hay momentos en el pasado que puedes llegar y han pasado o tal vez no pasan del todo. Saltas momentos, tiempos y horas… o tal vez décadas. Según él, tengo que entregar esto, a personas que aun no conozco, pero conoceré. Odio visitar a Clow para consulta cuando estoy en el futuro… trae enormes confusiones incluso conmigo misma.

–Pero ¿Hará lo que le ha solicitado?

–Por supuesto. Nadie se niega a Clow Reed. Hay que cumplirlo. No sabes que repercusión puede tener en el futuro. – Colgando el relicario en su cuello y ocultándolo bajo su túnica.– Probablemente pasen décadas, quizá siglos antes de que entregue esto a quien se supone que debe de ser entregado… – Duda un instante.– A veces no comprendo a este hombre.

–––––––––––––––––––––––––––––––––––

–No tienes ningún derecho de impedirnos el paso – Refiere Kanda al hombre de tez oscura con quien mide distancias y expresiones de desafío entre uno y otro. – Y tampoco permitiré que lastimes a Li… o tú hermana. Jamás te lo perdonarías.

Kanda en su falsa identidad adoptó esta forma momentos atrás. Al momento de hacerlo pudo detectar un atisbo de sorpresa y también de reconocimiento en los orbes oscuros que eran los ojos de Touya Kinomoto.

–Debo de detenerles. No pueden llegar a donde Noveros.

“Noveros… un avance al menos” – Noveros no quiere que Sakura y Shaoran lleguen hasta él. ¿Por qué?

–Noveros no quiere que lleguen. Estoy destinado a impedir su paso. – Responde el sujeto.

–Es tú hermana… ¿Estás consciente que podrías matar a tú hermana?

–Jamás lastimaría a Sakura. – Replica el sujeto sorprendiendo a la mujer.

–¿Y a mi? ¿O a Yukito? ¿Nakuru? ¿Li?

Silencio.

–Guarda tú espalda… o al menos suéltala. Es inútil que luches contra nosotros Touya. No vale la pena…– Refiere ella levantando sus manos en señal de tregua. – Lucha con lo que te controla… con quien te controla…

–No puedo – Replica con los dientes rechinando al apretarlos intensamente.– No puedo… – Retrocede lentamente sujetando la espada con firmeza.

–Algo pasó cuando nos marchamos… ¿cierto? ¿Por eso estás aquí?

Touya retrocede mientras la mujer trata de aproximarse a él. Ella se detiene al notar que el hombre pone distancia entre ellos. Tal vez previendo algo.

O tal vez buscando un ángulo para atacarle.

–Fuimos atacados…– Replica el hombre sorprendiendo finalmente con sus palabras a la mujer.– Tomoyo… Radjetsû…. Los demás…

–¿Touya?

–Soldados… los soldados– Cierra sus ojos. Kanda no puede percibirlo pero en sus oídos se escuchan los sonidos de los disparos. Los gritos de la prometida de Yukito y de Tomoyo; como él se interpuso entre las balas y el cuerpo de la joven Daidouji.

Aun así no pudo impedir que saliera muy herida. Por las balas.

Todo fue oscuridad, caos y gritos.

–¿No estás…

–No lo se– Responde con seguridad abriendo los ojos. Respira profundo llenando sus ojos de lágrimas. – Oh Dios…Kanda…

–¡Touya! – Replica ella al finalmente ver como sus esferas oscuras recobran el brillo de conocimiento… del reconocerle a ella y todo lo que ha pasado. No puede evitar lanzarse a sus brazos y abrazarle. Incluso acaricia su cuello y besa sus labios con ímpetu a lo que el hombre responde mientras deja caer la espada.

–¿Qué demonios hago aquí? ¿Qué estás haciendo aquí? – Separándole un instante observándose aturdido. – ¿Dónde estoy? – Fijándose en las dos lunas. – ¿Qué es este lugar?

–Esta es la dimensión de los jinetes– Replica con un atisbo de alivio y sin poder evitar sollozar. Una sonrisa de satisfacción embellece su rostro. Él lo acaricia tenuemente. – No se como has llegado aquí pero no fue solo.

–Oh santo cielo. Dime que no lastimé a nadie… ¡Yue! – ahí recordando.

–Yukito está bien – Replica ella señalándole a la base de la montaña de escombros. – No se como llegaste aquí pero estoy feliz de verte…

–No debería estar aquí y lo sabes. – Refiere Touya escuchando a su hermana llamar su nombre desde abajo. Kanda se abraza a su persona y este saluda de lo lejos. – Los soldados nos dispararon… ¿Estoy muerto? – Pregunta mirando con firmeza a los ojos de la sioux.

Ella duda un instante al responderle.– No lo se… pero estás aquí.

–No se por cuanto tiempo. – Admite el varón.– Tú me ayudaste a romper la conexión. – Refiere el sujeto murmurando mientras se mantiene abrazada a ésta y comienzan a bajar la montaña de escombros de roca.

–¿No recuerdas que estabas haciendo? ¿Quién te invocó?

–Recuerdo la voz de Sonomi – Dice luego de unos segundos. – Sonomi Daidouji.

–¿La madre de Tomoyo?

–Recuerdo su voz… lo demás es bien borroso. – Analiza un instante. –A lo próximo, estabas hablándome.

–Alguien invocó tú espíritu… – Explica ella luego de unos momentos mientras descienden ayudándose uno y otro. – No estás muerto…

–Gracias a los cielos. – Dice el hombre exhalando. – Definitivamente no quiero morir.

–Nadie lo desea. – Explica ella sonriendo.

–¡Hermano! – dice Sakura separándose de Shaoran y corriendo a su alcance.– ¡El susto que nos has dado!

–¡Volviste en sí, Kinomoto! Gracias a los cielos…habría sido una pena matarte – Saluda Ruby Moon.

Shaoran se aproxima a él ayudando a Yukito quien con los vendajes se maneja con cierta dificultad.

–¿Yo hice eso?

–No fue tú intención como me di cuenta.– Explica el varón.– Así que necesitabas que tú novia te hiciera entrar en razón para que nos reconocieras ¿eh? – Dándole una palmada en su abdomen. – ¿Ahora quien es que está dominado por la novia?

–Yuki: Cállate.

–Me alegra que esté bien Kinomoto. – Explica Li extendiendo su mano– Pero por lo pronto debemos hacerle regresar. –Touya asiente lentamente.– No debería de estar aquí.

–¡Shaoran! – Acusa Sakura.

–Él tiene razón Sakura– –Dice Touya sorprendiendo a su hermana de que esté de acuerdo con el chino. – Yo no crucé el portal como ustedes, fui invocado.

–Eso dijeron Yukito y Ruby Moon… también Shaoran… pero no comprendo.– Responde la ojiverde e inmediatamente agrega– Para ser invocado ¿No tienes que estar muerto?

–O entre mundos – Aclara Kanda mirando preocupada a la ojiverde.

–No se cual es mi caso – Dice Touya tomando la palabra y aproximándose a su hermana le dice con agilidad y firmeza al ver como ella palidece por lo que le informan– Pero sea cual sea la razón, tienes que ser fuerte.

–Hermano…

–Sakura: promételo. Promete que serás fuerte… yo te protegeré mientras pueda. Todo el tiempo que me sea posible. Pero tú tienes que prometerme que serás fuerte.

Sakura asiente débilmente con los ojos nuevamente abnegados de lágrimas.

–No es que me queje de la reunión, pero será mejor que sigamos avanzando. No lograremos nada quedándonos aquí. Ya no hay más nada que hacer.

Touya asiente lentamente mientras comienzan a caminar nuevamente por el paso adoquinado. Ahora con la mano de la sioux entre una de las suyas, avanzan delante mientras que Yukito cierra el grupo yendo atrás con Ruby Moon a su lado.

–¿Qué pasará con Eriol, Ruby Moon?

–Mi amo Eriol es un hombre fuerte. Podrá avanzar y dar con nosotros. Podrá percibirnos. – Duda un instante– De todas formas no le ha pasado nada. – Sonríe confiada. – Aun sigo aquí ¿No?

Pero algo que Ruby Moon no le había revelado a nadie, es el hecho que un tiempo atrás, había sentido una notable debilidad en sus poderes y que mantenerse con su identidad verdadera le estaba costando esfuerzo.

“¿Amo Eriol? ¿Dónde estarás?” pregunta dentro de su cabeza al momento de observar a su alrededor.

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-Lo siento señora – Dice el galeno que en los últimos días había atendido a su hija. – Lamento mucho informarle esta situación.

-Debe de estar equivocado – Replica ella incrédula ante las palabras del galeno.- No mi hija. – Ruge mientras el cuerpo de Touya Kinomoto permanece en el coma.

-Lo lamento señora. – Repite el sujeto.- Hemos hecho todo lo posible.

-No, se equivoca. – Repite la empresaria ahora perdiendo el control de su persona al comenzar a caminar de un lado a otro de la habitación. – ¡Tiene que ser un error!

El hombre consternado y acompañándose de una enfermera, muestra su tristeza al revelarle las tristes noticias a una mujer que se niega a creer sus palabras.

-Se equivoca… ¡Tiene que estar equivocado! – tomando una decisión y pasando por delante de ambos servidores públicos sale para llegar a la habitación donde había dejado a su hija descansando horas antes ya que los médicos habían indicado cierta mejoría en su persona.

Aquella mejoría que le había animado a investigar por Touya y velar parte de su coma. Como había hecho cada día desde el momento que descubriera su locación en el hospital.

Al salir el médico acompañado de la enfermera, Spinnel Sun y Kerberos salen de su escondite metros arriba y entre los plafones de la habitación de cuidados intensivos. Descienden hasta el lecho del varón y se observan mutuamente. Ambos con las orejas caídas y bastante apesadumbradas por todo lo escuchado en el lugar.

––––––––––– Continuará. ––––––––––––

Diccionario de Términos:

*Accidia: Pereza.

Comentarios de la autora. No se si querrán matarme pero tengo que añadir en mi defensa que estos capítulos finales fueron concebidos gracias a la mente maquiavélica de quien ha sido mi beta hasta este momento y ese es Chinito_jorge. A los que quieran localizarle por las ideas que me dio desde un principio con respecto a la historia Empezar desde Cero que me mande un mensaje o correo y le doy su dirección electrónica ji ji ji ji

Ya estamos en la recta final… solo dos capítulos mas para el esperado final. Este fue un capitulo bastante intenso y triste también. ¿Acaso Tomoyo ha muerto? ¿Qué ha pasado con Touya entonces? ¿Cuánto tiempo estará al lado de los demás? ¿Qué pasará con Eriol? Solo el capitulo siguiente nos revelará que parte de la profecía escrita por Clow es verdadera… ¿Cuál será el papel de Radjetsû ahora desde la muerte? ¡Todo será revelado en los siguientes dos capítulos que son los finales de la historia!

A todos los que me han acompañado hasta ahora, muchas gracias por sus comentarios y buenas vibras. Recibo cada uno de sus mensajes y aunque no los pueda responder inmediatamente siguen en mis corazones. Por ustedes, la historia ha llegado hasta aquí. Así que a todos y cada uno, gracias.

Ya saben que comentarios, dudas, tomatazos o a mi pobre Eriol – El pobre ya lo dejé viudo antes de casarse ¡Musa cállate!- A mis correos.