Los tipos de amor según Shaoran

Disclaimer: Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad intelectual del grupo CLAMP.

¿Te has puesto a pensar alguna vez en los diferentes tipos de amor? Pues, yo sí. Como es de suponerse, existe una clasificación bastante particular para ese sentimiento tan especial. Comencemos por el amor filial, creo que es el primer amor que todos experimentamos, digo, amamos a nuestros padres en primer lugar, por darnos la vida, luego, por aguantar nuestras travesuras, y finalmente, porque el tiempo para ellos transcurre tan lento que aunque ya tengas un par de canas, sigues siendo su niño. Después de dicha etapa, conocemos el amor fraternal, principalmente en tu etapa de escolar, podríamos decir que allí inicia tu vida social. Con el paso de los años o quizá siendo unos mocosos, nos enfrentamos al primer amor, el cual puede ser muy lindo e inocente, pero si no tienes el valor para confesarlo o sencillamente no eres correspondido, y sigues “enamorado” de esa persona, se convierte en tu amor platónico.

Y se preguntaran: ¿Por qué nos dices todo esto? Bueno, faltando dos semanas para San Valentín, quien no hace sus reflexiones sobre el amor. Si estudian detenidamente mis palabras, se darán cuenta que no les hablé del amor de pareja. Bueno, yo fui débil y decidí adentrarme en tan complicado mundo siendo apenas un adolescente. Y de esta clasificación, se desprenden varias categorías. Sin embargo, les diré que yo soy una mezcla explosiva de amor romántico, comprometido, y un poquitín posesivo, ¿Qué esperaban? Soy hombre y debo cuidar a mi chica.

Sonrío ante ese pensamiento porque… Hace dos años para estas fechas, no tenía novia. Y es así como comienza mi historia…

En aquel entonces, residía en la ciudad Tokio, un lugar desesperante y fascinante a la vez. Me había mudado hacía dos años con toda mi familia, ya saben, negocios. Pero, como era un joven guapo, soltero, y disponible, decidí vivir solo. No mal interpreten mis palabras, no iba por el mundo seduciendo a cuanta mujer se me cruzara por el camino, no. Shaoran Li, un romántico empedernido, y fiel defensor de la monogamia, jamás haría eso.

Estaba en espera de mi chica ideal, aunque a madre le urgía que me casara pronto, y es que no me hacía más joven cada día. No obstante, a mis veinticinco años aún conservaba las esperanzas porque para todos hay alguien, ¿cierto? Le di un último sorbo a mi café frío, me ajusté la corbata, tomé mi portafolios, y por último, me despedí de mi preciosa mascota Kerberos, un simpático perro dachshund.

-“Adiós, amigo” – grité cerrando la puerta del departamento. El ingrato no me respondió, y con el corazón herido por su indiferencia, me enfrenté al desafiante mundo de los negocios o eso planeaba hacer cuando llegara a la oficina. Miré mi reloj, y suspiré. Había programado el reloj despertador demasiado temprano. Me encogí de hombros, y comencé a caminar sin rumbo aparente.

Mis atractivos ojos marrones ignoraban los escaparates de las tiendas a mí alrededor, no tenía ninguna razón para observarlos. ¿A quién le regalaría chocolates, flores o una romántica tarjeta de San Valentín? Exacto, no había respuesta porque no había persona. Sin embargo, en un acto de rebeldía y traición, mis ojos se desviaron por unos instantes a una pastelería. Después de un exhaustivo análisis, llegué a la conclusión de que el negocio era nuevo en la ciudad, y que la chica que estaba cambiando el anuncio de la entrada de “cerrado” a “abierto”, era la persona más bella de este mundo.

Guiado por mis instintos masculinos o por una repentina sensación de vacío, empujé la puerta, y entré. La hermosa, y menuda joven dio un respingo al notar mi presencia. Me acomodé en una mesa cerca del mostrador. Ella caminó torpe y grácilmente hacia mí. Estaba vestida con un pequeño delantal rosado, un vaquero azul, y una camisa negra de botones, el atuendo más sencillo que alguien pudiese imaginar, pero a mí me pareció una espectacular indumentaria.

-“Buenos días” – me saludó.

-“Hola” – contesté con una sonrisa. Con la mano temblorosa ella me ofreció el menú. Al leer la gran variedad de postres se me abrió el apetito, y es que, un café frío que seguramente llevaba más de un día en la cafetera no era un desayuno nutritivo. Terminé escogiendo una tarta de tiramisú, y un capuchino clásico.

En vista de que era el único cliente en el local, la chica demostró su eficiencia sirviéndome la orden en menos de dos minutos. Atrás del mostrador se encontraba un joven alto, de cabello café oscuro, quizá de mi edad, lo importante es que el chico me asesinaba con la mirada. Sacudí la cabeza para alejar esas ridículas suposiciones, fijé la vista en el postre, tomé una cucharada, y literalmente, probé un pedacito de cielo.

– “¡Lo sabía, no te gustó!” – La pequeña castaña seguía a mi lado abrazando una bandeja, y con un encantador puchero en su rostro de porcelana.

Deslicé la cuchara fuera de mi boca, y tomé un sorbo de café. -“No, no me gustó”

Ella dejó caer los brazos derrotada, y se acomodó en la silla frente a mí. –“Sabía que esto era una mala idea, hasta convencí a mi hermano para que invirtiéramos juntos en este negocio” – señaló al tipo del mostrador. ¡Qué alivio! Por un momento pensé que era su novio.

-“¿Tú lo preparaste?” – pregunté.

Ella esbozó una mueca de preocupación, y se sonrojó lindamente. –“Si”

Corté un trozo de la tarta, y se lo ofrecí. -“Anda, pruébalo” – insistí ante su renuencia.

Los finos y rosados labios de la joven se abrieron ligeramente, y yo me apresuré a introducir la cuchara en su interior. Un plato se rompió en la cocina cuando llevé acabo semejante acción. La chica me miró con sus resplandecientes ojos esmeraldas, y sacó la cuchara de su boca.

-“¿Te gustó?” – le cuestioné cruzándome de brazos.

Ella pareció dudarlo unos instantes. -“Lo importante es que te guste a ti” – respondió.

-“Hay algo malo en todo esto” – dije observando mis alrededores. La niña era bonita y talentosa. Obviamente, poseía un gusto exquisito. Y no solo me refiero al paladar sino también a la decoración, ya que había jugado perfectamente con los colores. Algunas mesas estaban colocadas estratégicamente junto a la ventana, eso resultaría atractivo para aquellos que degustan de un buen café, y una excelente lectura. Las mesas y sillas de roble, contrastaban perfectamente con el color vino oscuro de la alfombra. Lo único malo, era el tipo gruñón del mostrador.

-“¡¿Qué es?! Te suplico que me lo digas” – Ella colocó sus manos sobre la mesa, y se inclinó ilusionada hacia adelante.

-“Que desconfías de ti…” – Hice una pausa para ver si ella se dignaba a decir su nombre.

-“Sakura Kinomoto”

-“Eres una excelente repostera, Sakura” – le felicité con una sonrisa. Di un último trago de café, y me levanté de la mesa. Ella se puso de pie al mismo tiempo. – “Solo confía más en ti. La seguridad y el éxito van de la mano.”

Ella me sonrió con ternura. -“Gracias. Entonces, asumiré que te gustó”

Caminé hacia el mostrador para cancelar la cuenta. -“Me encantó”

-“Gracias por tu compra. Que tengas un buen día” – musitó el hermano de Sakura, pero en realidad con su mirada me dijo: “Espero no volverte a ver y ojala te mueras”. Reí bajito por semejante pensamiento. Sakura me acompañó hasta la salida.

-“Adiós”

-“¡Espera! No me has dicho tu nombre”

Comencé a caminar, y volví a sonreír porque seguramente creyó que la dejaría con la palabra en la boca, pero si no me distanciaba un poco de su exquisito olor a vainilla me volvería loco. Saqué el móvil de mi bolsillo, y marqué el número de la pastelería Sweet Temptations. Lo ven, este mundo es para las personas astutas, y el hermano de Sakura me había facilitado demasiado el contacto con ella, ¿cómo? El muy bruto me dio recibo de cancelación, el cual contenía todos los datos del negocio.

-“Buenos días, pastelería Sweet Temptations” – ¡Oh! Como es de irónica la vida, contestó el hermano de Sakura.

-“Comunícame con Sakura, por favor”

-“¿De parte de quién?” – masculló.

-“Shaoran Li” – respondí con orgullo.

-“No te conoce”

-“¿Estás seguro?” – Con diversión escuché la disputa de los hermanos por el teléfono. Cerré los ojos e imagine a Sakura dando saltitos para arrebatarle el teléfono al gruñón del mostrador.

-“Hola…” – contestó agitada.

-“Mi nombre es, Shaoran Li”

¿Qué puedo decirles? Ese fue el inicio de una maravillosa amistad. Sakura al igual que su pastelería era nueva en la ciudad, por lo que cortésmente me ofrecí de guía turístico. Cada día con ella era… Como nacer de nuevo. Y pese a que no teníamos mucho tiempo libre, nos encargábamos de hacer cada segundo el más fascinante de nuestras vidas. Ya nos imaginaran los primeros días, ella tímida, y yo casi un sin vergüenza. Es broma, nos pasamos sonrojados la mayoría de tiempo. Mi perro Kerberos conoció a Sakura y se enamoró de ella al instante, podríamos decir que fue amor a primera vista. Lo más triste, es que a Sakura le sucedió lo mismo. En vista de que mi relación con Kerberos era la más decadente que puedan imaginar, decidí regalárselo. Sufrí el síndrome del nido vacío por unos días, pero luego lo superé.

Así, entre postres, citas, y sonrisas de mi querida Sakura, llegó el trece de febrero. Ese día no visité a Sakura en Sweet Temptation como de costumbre, su negocio subió como espuma en pocos días, y como entenderán “la fama requiere sacrificio” y ella estaba dispuesta a hacerlo. Rechazó una cena romántica conmigo esa noche, poniendo como excusa a los cien pasteles que debía hornear para el siguiente día. Estaba de un humor pésimo. A la mañana siguiente fui abordado por Tomoyo, quien aseguraba ser la prima de Sakura. -“¿Qué tipo de presente le compraste?” – preguntó. ¡Oh, rayos! Ninguno, no habia comprado nada. Me maldije una y mil veces, debí conservar a Kerberos hasta ese día. Secuestrarlo y hacerle creer a Sakura que se fugó era una opción. No, ella sufriría por algunas horas y no quería eso. Le encargué mi portafolios a Tomoyo, y corrí al ascensor. Cuando estaba a punto de cerrarse, Eriol mi primo entró pálido y jadeante.

-“¿Tú también… lo olvidaste?” – cuestionó apoyando las manos en sus rodillas. Asentí. – “No sabias que tuvieses novia.”

-“No es mi novia”

-“Pero lo será. ¿Vamos juntos por el regalo?”

-“Si, yo conduzco” – indiqué. Eriol metió su mano al bolsillo, y sacó las llaves de su auto.

-“¿Estás loco? Mi abuela conduce más rápido que tú” – Así es como nos aventuramos en el salvaje mundo de las compras. El centro comercial estaba atestado de personas olvidadizas y atenidas como nosotros. El primer lugar a visitar fue la florería.

-“¡Muy bien Shaoran, al ataque!” – Eriol se lanzó a un mar incierto, profundo y violento. Al parecer, todos los novios de Tokio se habían aglomerado en ese lugar. Lo único que pudimos rescatar fueron algunas rosas blancas y rojas. Recordé que a Sakura le gustaban los ositos de peluche, y nos dirigimos a comprarlo. El establecimiento era un caos total. Los estantes que suelen estar llenos de peluches estaban casi vacíos, lo que si abundaba eran los hombres peleando por llevarse el mejor muñeco. Admiré la lucha de Eriol con un tipo el doble de grande que él por un osito blanco abrazando un corazón azul, en pocas palabras, fue formidable. El sujeto ganó la pelea, y Eriol se ganó un puñetazo. Terminamos comprando un diminuto oso café sin ninguna belleza y gracia, igual que nosotros. Decepcionados, nos dirigimos a la dulcería, ¿y que creen? Ya no había chocolates.

-“¿Qué haremos ahora?” – pregunté a Eriol.

Él se ajustó los lentes torcidos por el golpe y dijo: -“¿Tu qué crees? Vamos a poner en práctica las clases de economía doméstica”

-“Insinúas que…”

-“¡Exacto!” – Me tomó del brazo para arrastrarme al supermercado, antes de cometer cualquier locura, recorrimos los pasillos en busca de chocolates decentes y comestibles, pero no encontramos nada. Suspiré y comencé a cargar la canastilla con los moldes y materiales para cocinar los chocolates.

Eriol condujo a su departamento. Según mis memorias, el experto en postres era él, por lo que yo me limité a observar y probar la calidad de los ingredientes. Hiraguizawa me miró ceñudo durante treinta minutos aproximadamente, luego vertió el chocolate en los moldes, y los rellenó de almendras. El siguiente paso, fue esperar a que el frigorífico hiciera su magia.

-“¿No crees que sería conveniente hacer un viaje a la joyería?” – interrogué frustrado.

Eriol sonrió apaciguadoramente y dijo: -“No, Shaoran. Sé que piensas que estos detalles son muy simples para nuestras mujeres, pero…” – Se encogió de hombros y acunó al horrible oso café entre sus brazos. -“Los aceptaran gustosas. Ellas nos conocen y saben que somos tipos acaudalados. Tú chasqueas los dedos y en segundos tienes a la mitad de los empleados sobre ti para ver qué es lo que necesitas. Entonces, ¿imagina lo que apreciarían más? Una costosa y frívola joya o unas flores sencillas, pero difíciles de conseguir, acompañadas de un gracioso osito de felpa, al cual seguramente bautizara con tu nombre y dormirá con él cada noche imaginando que eres tú. Súmale a eso los chocolates que hiciste personal y exclusivamente para ella. En cada mordisco, la chica pensara en ti porque el deleite no se lo dará el dulce, y mucho menos el relleno de almendras, sino el amor con el que los preparaste” – Eriol me hizo abrir los ojos, tenía razón. Lo importante no eran los presentes, sino, los sentimientos que le expresaría a mi persona especial esa noche. Mi primo continuó filosofando acerca del significado de San Valentín, así que, para evadir sus extrañas conversaciones saqué los moldes del frigorífico y envolví los chocolates en pequeñas bolsitas de celofán. Una vez listos, cada quien tomó un rumbo diferente. Eriol regresó a Corporaciones Li por su novia Tomoyo, y yo abordé un taxi a Sweet Temptatons.

Antes de entrar desajusté mi corbata, tragué en seco y les dediqué una última mirada a los presentes. Para mi sorpresa la cafetería estaba totalmente vacía, ni un alma, ni siquiera un pequeño cupcake habitaba las vitrinas, pero estaba abierto, eso significaba que… Un débil sonido proveniente de la cocina llamó mi atención. Como un ladrón, me desplacé sigilosamente hasta el lugar, ahí descubrí que aquellos graciosos sonidos eran en realidad ronquidos de un monstruo, digo, de Sakura. Mi pobre pastelera se había quedado dormida sobre una almohada de harina. Aprovechando ese magnífico y oportuno detalle, me apresuré a escribir un mensaje bastante simple pero significativo. Dejé mis presentes a un lado de ella para cuando despertara, solo rogué a los cielos que fueran bien recibidos y que mis sentimientos fuesen correspondidos, algún día. Caminé lentamente hasta mi departamento, creo que tarde más de lo habitual porque Sakura me estaba esperando afuera con los ojos adormilados, un poco despeinada, y el rostro cubierto por una fina capa de harina. Mi corazón se aceleró al notar que ella cargaba mis presentes, y una pequeña cajita. En silencio, Sakura colocó entre mis manos aquella caja blanca con un moño verde coronándola, un color inusual en San Valentín, pero al fin y al cabo mi favorito. Ella me indicó que debía abrirlo en ese momento, lo hice, y encontré la respuesta a mi mensaje grabado en un delicioso pastel de chocolate. “Tú también me gustas, Shaoran”. Las palabras estaban de sobra en ese momento, por lo que resolvimos sellar nuestra unión con un beso. Nuestro primer beso con sabor a vainilla y chocolate.

A partir de ese día, Sakura y yo nos volvimos inseparables. Nuestra relación avanzó a pasos agigantados. Cuando cumplimos un año de novios, decidimos que habia llegado la hora de vivir juntos, yo hubiese preferido casarme, pero Sakura alegó ser demasiado joven para hacerlo. Le doy la razón, ella estaba en sus veintiuno. Ese conjunto de acciones, la convivencia y la eminente atracción entre ambos, nos llevó a conocer otro tipo de amor: el sensual y pasional.

Y es así mis queridos amigos, como llegamos a la actualidad. El primer día de San Valentín con Sakura me enseñó que debo realizar mis compras con antelación. Este año, tengo preparada una cena romántica junto al mar, y ahí entre el sonido de las olas desvaneciéndose en la arena, le declarare una vez más mi amor. ¿Por qué no le pides matrimonio? Ya se los dije, ella piensa que es muy joven para casarse. Actualmente está en sus veintidós, y yo con orgullo en mis veintisiete. La verdad, no necesito de ningún papel que me asegure que ella es mía, y yo suyo. Nos pertenecemos tanto, que estamos a la espera de nuestro primer hijo. ¿No les parece risible? Sakura piensa que está muy joven para ser una mujer casada, pero no protestó cuando le pedí que me diera un hijo. Esa es la muestra más clara de que nuestro amor es reciproco, un poco idealizado y definitivamente infinito.