Chocolates… ¿Es en serio?

Disclaimmer: Los personajes de SCC no me pertenecen a mí, si no a las CLAMP. Yo sólo los uso para una historia con fines de entretenimiento, sin ánimos de lucro.

Ella se quitó de su cabello castaño la doceava serpentina de color rosa que caía en su cabeza en ese día. Bendito San Valentín ¿es qué no podían dejar de gastar enormes cantidades de papel en una festividad sin sentido? ¡No! Tenían que llenar los salones de cupidos, de tarjetitas, de globos, de chocolates, de flores y de otra cosa más interesante… la basura que estos generaban. Observaba distraída la ventana, harta de todo. Podría decirse, sin temor alguno a equivocarse lo poco que al parecer le interesaba ver el buzón que Tomoyo le había obligado a instalar a un lado de su pupitre, o la cantidad de cajas de chocolates dadas por los chicos. No quería pensar siquiera en el Día de Blanco, en que ella tendría que darle unos. Ya todos sabían que ella no devolvía las cosas. No entendía la necedad de seguirlo intentando.
-“Bueno, al menos deberías comer uno Sakura, se ve que algunos son deliciosos”-Una de sus amigas intento abrir la caja, pero ella la detuvo con rapidez.
-“Ni lo intentes Tomoyo, que apenas los abra voy a tener que dar unos el Día de Blanco”-se quedó viendo a la cajita como si esta tuviera un arma de destrucción masiva, capaz de lanzarla a miles de kilómetros o de explotar.-“Y francamente, no quiero hacer más gastos, y menos por unos chocolates que yo no pedí”.
-“Oh vamos, tanta aversión a San Valentín no puede ser por nada, dime ¿por qué no te gusta?”-Tomoyo no podía comprender como una chica como Sakura era tan dura en la festividad más linda del año. Era febrero, nieve y amor flotaban por todo Japón, ¿qué pasaba en ella, en su sistema límbico, en su cabeza, en lo que fuera?
-“Empecemos por el hecho de que no entiendo porque se celebra en Japón siendo que nosotros no tenemos nada que ver con la tradición, luego independientemente de eso la cantidad de papel que se gasta haría que los de Green Peace se dieran de topes en la cabeza, por no mencionar a los kenianos esclavizados para suplir la demanda de rosas rojas para tu amor, sin considerar a las personas que rompieron, que no tienen novio o tienen alguien que no las quiere”-Sakura ni siquiera había tomado aire para explicar las razones de por que no le gustaba el San Valentín, de hecho parecía haberlo estado esperando.
-“Pero si parece que tienes una lista memorizada Kinomoto”-estaba tan entusiasta respecto a sus argumentos que no se dio cuenta de la llegada de la persona que menos quería ver ese día. Shaoran Li a sus dieciocho años ya era el sueño de casi todo el campus. Aunque no era para menos con ese cabello desordenado y de color chocolate, esos ojos ámbar encerrados por unas hermosas pestañas largas, en esa cara demasiado varonil y seria como para mover corazones.
Como era de esperarse, su pupitre estaba lleno de cajas de chocolates para regalar. Él simplemente los dejó a un lado, tomo una de las cajas y se metió un puñado de chocolates en la boca, sin siquiera ver quién le había dejado la caja.
-“Me parece que andarás ocupado el Día de Blanco”-Sakura se había alterado. Si, increíble pero cierto, ella formaba parte del club de fans de Shaoran Li. Soñaba, añoraba, se ilusionaba tan sólo con verlo. Ahora la había escuchado decir cosas que la hacían ver como una amargada. Podría reclamarle a los dioses, al karma, a muchas cosas el hecho de ser escuchada por él hablar de forma tan cínica del romance.
-“No, no es necesario devolver nada. Aunque por lo menos debo ir a darles las gracias. Son demasiado amables en darme un detalle este día”-la sonrisa de Shaoran la mandó a un estado de emoción tan grande, como para llegar al techo.
-“No deberías agradecerles el detalle Li, ellas lo hacen por el sueño de que les des algo el Día de Blanco, no lo hacen con el fin altruista de darte algo”-Sakura no pudo evitar decir eso. Generalmente era controlada, fría y lógica, pero nadie dijo que los celos son siempre la voz de la razón ¿verdad?
-“Bueno, ellas por lo menos se toman la molestia”- el tono de Shaoran al decir eso era demasiado helado, tan duro que se sentía como un cuchillo.-“Te lo dejo para reflexionar Kinomoto, y no te preocupes por mi molestia, cuando yo le dé chocolates a una chica es por que ella me importa, no por que considere la tradición de San Valentín… ¿cómo lo dijiste? Una forma para explotar kenianos”-Shaoran salió realmente enfadado, sin prestar atención a las chicas que buscaban desearle un feliz San Valentín o preguntarle si le habían gustado los chocolates. Tomoyo y Sakura contemplaron en silencio como el chico salía del aula. Apenas salió, la segunda suspiró.
-“Si hubiera un premio a la tontería del año causada por celos, yo me gano el premio”-sin duda la reacción de Shaoran y su comentario la colocaban en el sitio de menos infinito para que él se fijara en ella. Y eso, por lo difícil de llegar a una cantidad más lejana del infinito, si no también podría ser un buen ejemplo.
-“No lo creo, algo me dice que los celos no fue lo que enfado al joven Li, si no algo más profundo”-Tomoyo era más observadora con todo y la lógica de Sakura. Por lo menos había visto algo más interesante en su enfado, pero no sería una buena amiga si se lo explicara a la castaña. Sería mejor y más gratificante para ella llegar a sus propias conclusiones.
-“¿En serio lo crees?”-la sonrisa de Sakura era algo bueno para demostrar lo que sentía. Ella en verdad era buena escondiéndolo, pero en ese momento cualquiera que la hubiera visto, entendería sus verdaderos sentimientos.-“Pero, ¿qué será?”
-“Te lo dejo para que lo reflexiones, Kinomoto”-Tomoyo trató de imitar el tono de Li, pero de verdad estaba riéndose. Sin duda, le esperaban buenas cosas a su amiga si abría un poco más los ojos. No dudaba de su capacidad, pero a veces era demasiado despistada como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Era demasiado ingenua para su propio bien.
-“¿Tú también Tomoyo?”-eso era el colmo, no podía creer que también su amiga estuviera en ese mismo plan. La vida era injusta.
El resto de las clases pensó demasiado en lo que querían decir Tomoyo y Shaoran. Su cabeza trataba de darle un sentido a la escena de menos de diez minutos que había transcurrido en el lapso del descanso. No tenía ni forma ni detalle, ni siquiera una interpretación aceptable. Según Tomoyo, Shaoran no estaba enfadado. Según ella si lo estaba. Era demasiado confuso. Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no podía ni siquiera rechazar chocolates. Ese año su pupitre de verdad estaba más lleno de lo normal, pero su mente no podía pensar en lo detestable que sería devolverlos, o comerlos. Fue hasta el momento en que las cajas no le dejaban escribir en cuál se animo a moverlos. Por primera vez pasó por su cabeza los chocolates hechos a mano escondidos en su casillero. Había tenido la necesidad de pedirle a su hermano la receta de su madre, con la condición de hacer las labores de la cena por un mes, era demasiado por una simple receta, pero de verdad valía la pena por el placer de hacerlos. Sin embargo, su alegría se había venido abajo en el momento en que al llegar vio el sitio de Shaoran lleno de ellos. He ahí la verdadera razón de su aversión. Simples celos, capaces de invadirla.
Ella sabía que amaba a Shaoran ¿cuándo lo supo? No recordaba, sólo refería de un día en el cuál lo supo. No necesitó dar razones, se había enamorado del joven chino llegado hacía unos meses a su clase. Al principio le pareció aterrador, incluso un poco intimidante por su seriedad, y su ceño fruncido, pero después vio lo amable, atento, decidido que era. Su seriedad era producto de su timidez. Incluso, era hasta gracioso en algunas ocasiones. Empezó a tener novias en el campus, pero no le duraban demasiado tiempo. Ella se alegraba en secreto cuando terminaban, pero el suplicio venía de nuevo cuando empezaba a andar con otra. Era muy bueno con ellas, nadie se atrevía a decir que no, pero terminaban a unos días por razones incomprensibles.
La clase de deportes conseguía alegrarla, e incluso quitarle todas las angustias que tenía. Estaba en los vestidores cuando escuchó una conversación que la dejó pasmada. Las chicas hablaban de él.
-“Pues a mí me ha dado las gracias por los chocolates ya, pero me ha dicho que no puede aceptarlos por que quiere a alguien más”-Eran chicas de otros salones, no dudaba de su popularidad, pero en esos momentos era evidente.
-“A mí me ha dicho lo mismo, pero aun así no me importa, le dije que podía quedárselos”-otra contestó con alegría.-“Se ve tan lindo, incluso cuando te rechaza. Me parece que es la misma razón por la que termina con sus novias”.
-“¿De verdad? No te creo, ¿entonces por qué anda con ellas?”-preguntó otra. Era cierto, si quería a otra chica, ¿por qué andaba con muchas? Eso de verdad no tenía sentido.
-“Según Mei Lin es por que ellas se lo piden”-Mei era la prima de Shaoran, su confidente, y su protectora. Aunque era menor, sin duda era demasiado impulsiva e inteligente para ser igual que todas ellas.
-“Pero él les puede decir que no”-dijo otra en un tono más débil.
-“Me parece que la chica que le gusta no le corresponde”-dijo una con cierto resentimiento. Sakura estaba de acuerdo ¿qué chica podría ser tan tonta como para no aceptar a Shaoran? De verdad el mundo estaba al revés.
-“Bueno, esa chica es una tonta. De cualquier forma tenemos que ir a clase”-salieron del vestidor dejando a Sakura con los ojos como platos. Terminó de vestirse, y buscó a Tomoyo. Ella apenas seguía vistiéndose.
-“¿Escuchaste eso, verdad?”-su voz estaba llena de sorpresa y de aturdimiento. Ni siquiera podía creerlo. Su respiración y pecho estaban agitados, la tristeza la llenaba de alguna forma. Shaoran quería a alguien más.
-“Cada palabra, pero no estoy de acuerdo en una cosa; no creo que la chica sea una tonta, simplemente no se ha dado cuenta”-Tomoyo guardaba sus cosas con demasiada calma. Muy elegante e incluso distinguida. Eso era lo que le encantaba a Sakura de ella, era como una pequeña muñeca de porcelana, tan fina, tan adorable y tan hermosa.
-“¿No crees qué alguien cómo Shaoran puede decirle a la chica que se él quiera y le dirá que sí?”
-“No, de hecho creo justamente lo contrario. Es demasiado reservado con sus sentimientos”-Tomoyo guardó la ropa en el casillero y se trenzó el cabello.
-“¿Quieres qué te ayude?”-Tomó el cabello de su amiga, y lo trenzó con cuidado. El cabello de su amiga era muy lindo. Sin duda, estaba llena de virtudes.
-“Muchas gracias, ahora me pregunto una cosa ¿lo reflexionaste?”-preguntó con una sonrisa que indicaba diversión. Le encantaba la ingenuidad de Sakura. Era su inocencia lo que la conmovía, una inocencia oculta bajo una fría capa de lógica y palabras mordaces.
-“Todo el día, pero no llegué a una conclusión capaz de complacerme”-su cara era demasiado graciosa para pasarla por alto. Se veía realmente adorable.
-“Vamos Sakura, sólo tienes que pensarlo. No se trata de quemarte el cerebro, no es una ecuación para que te esfuerces demasiado”
-“En este momento preferiría las ecuaciones, y mira que ya es mucho decir”-contestó la otra y decidieron irse al gimnasio.
Trató de concentrarse en deportes, por que lo menos deseado en esos momentos por ella era demostrar su amor por el suelo y caer de golpe a besarlo. Shaoran iba a estar en esa clase, y no deseaba caerse por nada del mundo. Toda su concentración era para la barra, él podía verla. Realmente le encantaba ver como se comprometía con pasión con lo que le gustaba, al punto de abstraerse en ello totalmente. Era demasiado bonita con sus ojos verdes decididos, con su cuerpo casi formado a la perfección deslizándose con maestría a través de las barras, al punto de sentirse un tonto viéndola. Ni siquiera estaba de ánimo para creerse las mentiras de Yamazaki, ni de Eriol. Y esos dos si que eran buenos tomándole el pelo, pero en esos momentos no les prestaba atención a sus dichos sobre los magos de Roma, ni de cómo los centuriones les pedían consejo para ponerse sus armaduras, y que incluso algunos se las ponían al revés. Era una historia interesante, pero no podía dejar de pensar en lo pasado en la mañana. Él trataba de no demostrarle sus sentimientos, mas su reacción lo había hecho enfadar, ¿por qué tenía que ser tan difícil llegar a ella? ¿Por qué le tenía que poner tantas barreras? Lo había intentado dándole celos, andando con miles de chicas, lo había intentado siendo serio, luego amable y ella simplemente seguía encerrándose en ese mundo tan suyo, dónde le estaba prohibido pasar, y lo desesperaba al extremo.
La clase de deportes fue normal, pero eso desespero a Shaoran. San Valentín, sábado… ¿por qué no podía ir a tomar un buen chocolate o lo que fuera después de clases con ella? No, ella siempre tenía que irse con Tomoyo. Era inútil, nunca le correspondería y él ya estaba perdiendo los estribos. Bien, si ella no quería darse cuenta, tendría que tomar cartas en el asunto.
Sakura tomó la pequeña bolsa de chocolates de su casillero absolutamente frustrada. No había llegado a ninguna conclusión, y lo peor, tendría que preparar la cena por nada. Decidió que le daría los chocolates a Yukito, el mejor amigo de su hermano y su amor platónico hasta la llegada de Shaoran. Bueno, por lo menos sabía que él se pondría contento, no le haría ningún reclamo. Espero encontrarse con Tomoyo, pero en su lugar llegó Rika corriendo.
-Lo siento Sakura, pero Tomoyo me manda a avisarte que nos quedamos a limpiar el salón, que te adelantes y te ve en el Café Kuroi Bara en dos horas”-dicho esto Rika se fue, dejándola sola. No entendía el por qué tanto tiempo, si el Café estaba a menos de veinte minutos de la escuela, y no se tardarían tanto tiempo en limpiar el salón. Sin embargo, decidió ir a su casa a cambiarse el uniforme. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se percato del momento en que alguien jaló su brazo. Fue demasiado fuerte, incluso le dolía.
-“Se puede saber quién… Shaoran”-de las personas que esperaba que le jalaran nunca espero encontrarlo a él. No tenía el gesto serio y amable de siempre, si no que ahora se veía molesto.-“Oye, disculpa no quería decirte eso en la mañana, no tenía el derecho de…”
-“¿Me puedes hacer el enorme favor de callarte por una vez? Eres molesta cuando empiezas a hablar sin sentido”-adiós al chico amable, en verdad él estaba desesperado.
-“No tienes derecho alguno de hablarme así, estaba disculpándome”-ni siquiera se dio cuenta del momento en que empezaron a discutir. Estaban mal.
-“Te hablo así por que lo decido así, ¿eres ciega o te haces?”-Sakura estaba tan concentrada pensando en un buen argumento, que no se dio cuenta de cuándo él la arrinconó en la pared.-“Sabes, fui muy paciente, intenté cualquier método, sin embargo estoy harto de tu actitud”-su corazón latía a mil por hora, tanto que le sorprendió no derretir a los chocolates.-“Espera ¿qué traes en la mano?”
-“No es asunto tuyo…son para el amigo de mi hermano”
-“Si son para el amigo de tu hermano ¿por qué los trajiste a la escuela?”-eso era un buen touché. No le había encontrado ningún argumento.
-“No te importa, ahora si me permites…”
-“No, no te permito nada, ya me tienes desesperado y harto, traté de darte tu espacio, pero ahora no importa nada”-se acercó a ella para besarla, pero la pequeña tarjeta decorada de los chocolates llamó su atención. Tenía algo escrito, se la quitó antes de que ella pudiera reclamarle algo. Era su nombre, escrito con la letra de ella.-“Son para mí…”-el chico empezó a reírse como un loco, incluso Sakura pensó en que estaba demente.- “Todo este tiempo…que irónico…”
-“Si, búrlate de mis sentimientos, la fría y lógica Sakura anda tras de ti como cualquier otra chica de este campus. Sigue riéndote, vamos”-Sakura se zafó de su agarre y trató de contener las lágrimas de sus ojos. Él se acercó a ella, ya no con furia, si no con ternura y le quitó las lágrimas del rostro.
-“No me entiendes, no es una burla, estoy demasiado feliz. Tanto, que podría explotar en este instante. Eres una tonta. Mi tonta”-el chico sonreía con ternura, y le dio un beso en la frente.-“Tú eres la chica que me gusta. Me has gustado desde hace mucho, pero era imposible acercarme a ti, siempre parecías estar en otra parte, entonces intenté todas esas tácticas sin sentido, cómo dice Mei”-acto seguido la abrazo, y le devolvió los chocolates. Se alejó un poco de ella para explorar en su mochila y sacó una taza blanca llena de chocolates con un bonito moño rosa.- “No sé si sean tus favoritos, pero me esforcé escogiéndolos”
Sakura se quedó de piedra, a punto de desmayarse, y le abrazó con fuerza. Su cara se escondió entre su ropa y se puso a llorar. Él le abrazaba en silencio, feliz de ser correspondido.
-“Ten, son para ti. Feliz San Valentín”-Sakura le dio los chocolates, rodeó su cuello con sus brazos y le dio un beso en los labios.
-“Está nevando un poco, espero que quieras ir a tomar algo en una tienda llena de serpentinas rosas y con rosas por doquier”-Él sonreía.
-“Si, pero ¿Y Tomoyo?”-preguntó Sakura con preocupación. No quería dejar a su mejor amiga plantada.
-“Ella y Mei son muy buenas amigas, ¿no te sorprendió que te dejara sola, o qué te mandara a avisar que te vería en el Café Kuroi Bara en dos horas? Ella me dijo que tenía que decírtelo, aunque pensaba ser amable me enfado ver que no te dabas cuenta que yo venía atrás de ti”.
-“Bueno, si un poco…pero aun así…”
-“Ellas querían darme tiempo para estar con la novia que amo, además de que tenía que recibir tus chocolates, hechos por ti”-él la abrazó suavemente, mientras veían los copos de nieve caer.-“Es San Valentín, después de todo”.