La primera navidad con mi novio

OneShot inspirado en personajes del anime Card Captor Sakura de propiedad intelectual del grupo CLAMP.
Recorría los pasillos del supermercado en búsqueda de los ingredientes específicos. Ya tenía casi todo lo necesario para preparar la cena que serviría la noche antes de navidad. Sería la primera vez que pasaría las fiestas navideñas lejos de su casa, la compañía de su padre o el fastidioso de su hermano. Debía admitir que eso la entristecía un poco, sin embargo tampoco estaría del todo sola. En esta ocasión la acompañaría Shaoran, su lindo novio. Hace poco se había mudado a vivir con él; llevaban más de tres años de relación, por lo que ella decidió establecer una vida juntos. Siguió caminando en dirección a la sección de carnes. Ya tenía todo lo necesario, pero faltaba el platillo principal: el pavo. Debía comprar el mejor de la tienda, para prepararlo lo más delicioso que pudiera para Shaoran (quien le dijo le encantaba comerlo al horno). Avanzaba a paso lento que no se dio cuenta cuando topó a una señora de contextura gruesa, haciéndola botar las cosas que tenía en su canasta. Rápidamente dejó su carrito de lado y se agachó a ayudar a la mujer.
– “En verdad, lo lamento tanto. No fue mi intención.”- dijo mientras recogía los paquetes del suelo y los metía nuevamente en la canasta. – “Por favor, discúlpeme.”
– “Tenga más cuidado la próxima vez.”- contestó la señora con rostro adusto. -“Ustedes los jóvenes siempre andan en la luna. Traiga para acá.”- Le quitó la canasta y siguió su camino sin siquiera agradecerle a la castaña por el gesto.
– “Qué mujer para más grosera.” – murmuró la ojiverde mientras cogía su carrito de supermercado. – “Encima que le ayudo y ni las gracias me dio. Bueno, yo tuve la culpa que se cayeran sus cosas, pero que le costaba agradecer.”
Continuó su camino, y luego de dar unas vueltas, por fin llegó a la sección que buscaba, la de carnes. Caminó hasta el mostrador de cristal en donde pudo visualizar el ave que quería: el tan ansiado pavo (y el último que quedaba, se dio cuenta). Podía hasta oler el delicioso aroma que expediría cuando lo haya horneado para la cena. Cerró sus manos para cogerlo, pero sólo llegó a tocar el vidrio del mostrador. Dio un rápido vistazo al espacio y lo que encontró fue: nada. ¿Dónde estaba el ave? ¿No se había ido volando o sí? Qué cosas pensaba, ¡el animal estaba más que muerto! Volteó a uno de sus costados y observó que la rechoncha mujer, con la que se había topado hace unos minutos y había tirado sus cosas, metía un bulto (que Sakura reconoció como SU pavo) a la canasta que tenía entre sus manos. Se acercó y amablemente le dijo:
-“Disculpe, señora. Pero me parece que usted tiene en su canasta algo que me pertenece.”
– “¿Cómo dice?”- respondió la mujer de aproximadamente unos 40 años de edad, con gesto molesto.
– “Sí, me refiero al pavo.”- comentó la ojiverde con una sonrisita incómoda y señalando el bulto en la canasta de la mujer.- “Verá, yo lo vi primero y usted, supongo que habrá sido sin querer, lo cogió.”
– “¿Y?” – pronunció su interlocutora.- “Este es MI pavo. Y ninguna mocosa con cara de niñita boba me lo va a venir quitar.”
La aludida se sorprendió por el apelativo que había soltado la mujer. Se había atrevido a insultarla. ¡Ah no! ¡A ella nadie le decía niñita boba!:
– “¿A sí?” – replicó la esmeralda con un brillo de malicia en sus ojos. En un dos por tres ya tenía el ave dentro de su carrito.- “Pues me va a disculpar pero, este pavo es MÍO. Y ninguna mujer con cuerpo de ballena me lo quitará.”
– “¿Cómo dijo?” – protestó la aludida con rostro indignado y pequeñas llamitas de fuego brillando en sus ojos.
– “Como lo oyó.”- contestó la castaña con una sonrisa burlona.- “Ballena.”
Ya estaba por retirarse con gesto triunfal, cuando sintió que era embestida. La rechoncha mujer se le había lanzado encima y trataba de ahorcarla con sus regordetas manos. Sakura reaccionó al instante y sólo atinó a defenderse apartándola con sus brazos. Los esfuerzos eran inútiles, la señora debía pesar el triple que ella:
-“¡Auxilio!”- gritó a duras penas y con el poco aire que le quedaba. Luego sintió que el horrible peso sobre su cuerpo desaparecía. Varios empleados del lugar (unos 5) habían apartado a la mujer cogiéndola de los brazos y la seguían agarrando porque ésta luchaba por zafarse.
– “¡Suéltenme!” – gritaba furiosa.- “¡Aún no acabo con esa mocosa atrevida! ¡Niñata insolente!”
– “¿Se encuentra bien?”- preguntó uno de los trabajadores. Ella asintió con la cabeza.- “Muchachos, llévense a la alborotadora afuera y no la dejen entrar.”
La de cabellos castaños se levantó dificultosamente del suelo y miró aterrorizada a la mujer. Tosió como acto reflejo. ¡Esa señora estaba completamente loca! ¡Intentó ahorcarla sólo porque le dijo ballena! Bueno, debía admitir que le respondió eso por mero impulso, sin embargo, esa mujer no tenía derecho a reaccionar de esa manera contra ella. Por suerte, el susto ya había pasado y lo único que deseaba en ese momento era irse lo más pronto posible de allí y preparar tranquilamente la cena que degustarían, su novio y ella, antes de la noche buena.
Se dirigía calle abajo rumbo al edificio en donde vivía, con las bolsas de su compra entre sus manos. Hacía mucho frío y las calles estaban cubiertas de nieve. Todas las casas, por las que pasaba, tenían decorados con motivos navideños, luces, ángeles y otros detallitos. Realmente le encantaban estas fechas y no sólo por esas cosas, sino por lo que navidad significaba: amor y paz en familia. Siguió avanzando mientras tarareaba una cancioncita alegre, en eso sintió que alguien le arranchaba una de sus bolsas. Se paró de golpe y volteó como acto reflejo, fue entonces que lo vio: un enorme mastodonte estaba parado frente a ella, enseñándole sus sucios y amarillentos dientes (en lo que se suponía era una sonrisa maquiavélica, pero que más parecía de idiota), mientras sacaba del paquete el pavo que compró hace un buen rato.
– “Toma, ma, aquí está el pavo que te quitaron en el súper.”- dijo el hombre como mala pinta, entregándole el bulto a una señora regordeta detrás de él. Sakura abrió los ojos como platos. Era ella, esa mujer, la loca que intentó ahorcarla en el supermercado.
– “¡Oigan!” – reaccionó la esmeralda poniéndose delante de ambas personas y deteniéndoles el paso.- “Les exijo que me regresen MI pavo, ¡ahora! O sino llamaré a la policía.”
– “Inténtalo y verás lo que te sucede.” – amenazó el tipo sacando un cuchillo de su pantalón. La castaña dio un respingo y se quedó aterrorizada. No se dio cuenta que el hombre estaba armado, aunque con esa facha de delincuente debía suponerlo desde un principio.
– “Déjala.”- se le escuchó decir a la mujer cogiendo del hombro al tipo.- “Tú niñata, intenta seguirnos y juro que no vivirás para contarlo, ¿entendido?”
La aludida asintió repetidas veces. ¿Qué era una simple ave en comparación de su vida? Ambas personas se retiraron dando grandes carcajadas. La ojiverde soltó el aire que no sabía había contenido y respiró dificultosamente. Quien iba a decir que esa regordeta mujer iba a seguirla desde el supermercado (con todo y su mastodonte) y le quitaría el pavo que hace unos momentos había comprado en ese lugar. Corrió lo más rápido que pudo, si a esos se les ocurría regresar, sabe Dios que le harían. Visualizó el edificio donde vivía y entró lo más veloz que pudo. Después de subir las escaleras, se adentró en su departamento y luego de cerrar la puerta tras de sí, dio un largo suspiro. Por fin estaba en casa, a salvo. Vio una pequeña notita pegada en el congelador, era de Shaoran. La leyó atentamente: “Sakura, mi amor, salí un momento a la oficina, se me olvidó firmar unos papeles. Regreso temprano. Siempre tuyo, Shaoran”. Sonrió ampliamente. ¿Acaso había hombre más lindo que él? No, su novio era único e irrepetible. Terminó de sacar las cosas que faltaban y después de ordenarlas, prendió la radio. Por suerte estaba en su emisora favorita. Subió el volumen. Ya era hora de empezar a arreglar la casa para la noche, después finalizaría preparando la cena. Limpió cada rincón del apartamento, se aseguró que todo estuvieran en su sitio (por suerte, unos días antes, ella y su novio, habían decorado el lugar). Ya eran las cinco, lo más seguro era que su Shaoran ya no tardaría en llegar. Lo mejor sería empezar a preparar la cena cuanto antes. Prepararía el puré de manzana, hornearía el pavo que compró y…
Se detuvo de golpe. ¿Cómo se le pudo olvidar ese detalle? Se dio una palmada en la frente. Con todo lo de la notita en la nevera y limpiar la casa, no recordó que el pavo, que supuestamente hornearía para su novio, se lo habían quitado la gorda esa y su hijo el malandrín. ¿Ahora qué haría?; ¿Volver a salir? No, ni que estuviera loca. No saldría del departamento ni a balazos. ¿Conformarse sólo con comer puré de manzana, ensalada y galletas? Tampoco podía hacer eso, no quería malograr la primera Navidad que pasaría en compañía de su novio. Necesitaba una solución y rápido. Algo que dijeron en la radio llamó su atención:
– “¿Ya tienes todo para la cena, pero te falta el pavo? Descuida, tu radio favorita te lo regala facilito. Sólo tienes que responder la pregunta que a continuación te plantearemos y listo. ¡Te llevamos el pavo a tu casa rapidito! Muy bien, ¿Cómo se llamaban los reyes magos que llevaron los regalos al niño Dios? Si sabes la respuesta llama al 55501244563 y gana ya.”
Sakura por un momento se quedó paralizada. Pero luego se dio cuenta que lo que estaba esperando, llegó como caído del cielo. Claro que sabía la respuesta a la pregunta, era demasiado fácil. Rápidamente cogió el teléfono y marcó el número que escuchó. Solamente oyó el pitido que indicaba que la línea estaba ocupada:
– “¡Rayos!” – exclamó desanimada y colgó la bocina. Escuchó como el locutor de radio saludaba alegremente al dueño de la llamada: – “Hola, ¿cómo te llamas?”
– “Yasuki.”- respondió la voz al otro lado de la línea.
– “Bien, Yasuki” – continuó el locutor.- “Ya escuchaste la pregunta, ahora dime tu respuesta.”
– “A ver…” – dudó el hombre.- “Melchor, Baltasar y Gas… ¡Ay! ¿Cómo se llamaba el último? ¡Ah sí! Gastón.”
– “Yasuki, déjame decirte que…” – se escuchaba de fondo el redoble de tambores.- “¡Pediste! Pero no importa, igual gracias por llamar.” – anunció el de la radio.- “Bien, aún nadie responde correctamente. Si están escuchando esto llamen ya y se pueden llevar un pavo gratis.”
La ojiverde marcó el número. Esta era su oportunidad, no la podía desaprovechar; por suerte, esta vez sí escuchó timbrar el teléfono:
– “Hola, ¿cómo te llamas?” – contestaron al otro lado de la línea.
La hermana de Touya se sorprendió. Su llamada había entrado. Quería saltar de la dicha, pero sólo balbuceó:
– “Sa…kura. Me llamo Sakura.”
– “Muy bien, Sakura.” – respondió el locutor.- “Ya escuchaste la interrogante. Ahora dime: ¿Cómo se llamaban los tres reyes magos que fueron a dejarle regalos al niño Dios?”
– “Gaspar, Melchor y Baltasar.”- se le escuchó decir a la esmeralda pausadamente, para que sus palabras se oigan claramente.
– “Sakura, déjame decirte que…”- pronunció el de la radio, con musiquita de redoble de tambores.- “¡Ganaste! ¡Te llevas un pavo para que lo disfrutes en esta Navidad!”- la ojiverde dio un enorme grito de emoción.- “Quédate en interno para que nos des tus datos.”
– “¡Gracias!” – dijo aún con la emoción desbordándola.- “¡Muchas gracias!”
Luego de dar los datos que le pidieron, le dijeron que el ave se la traerían dentro de unas cuantas horas. Al fin hornearía el pavo que Shaoran tanto quería. Ahora sólo le quedaba esperar.
Unas horas después…
Ya tenía preparado casi todo para la cena. Decidió adelantarse con lo demás, para así tener tiempo de sazonar y hornear el pavo. El timbre de su piso sonó. Rápidamente abrió la puerta y un joven vestido con uniforme de correos le dio una carpeta para que confirme la entrega. Sakura puso el respectivo sello y con una sonrisa preguntó:
– “¿Y el pavo?”
– “¡A sí!” – exclamó el muchacho.- “Aquí está.”- El hombre se hizo a un lado y le mostró algo que la dejó estupefacta. Allí, enfrente suyo, estaba el bendito animal, sólo que no como se lo imaginó.
– “Disculpe, señor. Aquí debe haber una equivocación.”- reclamó la hija de Fujitaka al muchacho.- “Este pavo está vivo. V-I-V-O, vivo. ¿No se suponía que me lo debían traer ya muerto?”
– “Lo siento, señorita.” – se excusó el del correo mientras cogía al animal y lo colocaba dentro del apartamento.- “En la radio le dijeron que regalaban un pavo entero, mas no especificaron si éste iba a estar vivo o no. Ahora, si me lo permite, debo seguir entregando pedidos. Con permiso.”
– “Oiga, espere…”- apenas pudo decir la castaña. Escuchó un glugluteo. Miró hacia abajo y vio que era su dichoso premio. Dio un suspiro. ¿Y ahora que iba a hacer?: ¿Matar al pavo? No, ella no sería capaz de hacerlo. ¿Privar a Shaoran de comer su platillo favorito? No, tampoco podía hacer eso. Suspiró nuevamente. ¿Por qué estas cosas le sucedían a ella? Sólo quería que todo saliera perfecto y recordar gratamente la primera navidad con su novio. Sin embargo, no todo siempre sale como uno lo desea. Una caprichosa lágrima se deslizó por su mejilla. Genial, ahora se pondría a llorar. La puerta se abrió de repente. Ella alzó la cabeza y vio que era su querido Shaoran. Al que no podría prepararle el pavo que tanto deseaba. Sollozó fuertemente y lloró desconsolada.
– “¿Por qué lloras, mi amor?”- preguntó el ambarino con rostro preocupado.- “¿Qué fue lo que te pasó? ¿Acaso te sientes mal? ¡Sakura, por lo que más quieras, respóndeme!”
– “¡Shaoran!”- gritó la castaña mientras lo abrazaba y seguía derramando sus lágrimas.- “¡Perdóname!”
– “¿Cómo dices?”- interrogó extrañado el de cabellos chocolates y aún más angustiado.- “No entiendo de qué me hablas. Pero, por favor, ya no llores. Me parte el alma verte así.”
La joven Kinomoto trató de controlarse y el llanto pareció ceder. Cuando por fin pareció calmarse, Li le preguntó: – “¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué estabas llorando?”
– “Es que… yo quería pre-prepararte… una cena de-deliciosa.”- hipó la ojiverde mirándolo a los ojos.- “Pero… hoy… to-todo me… salió muy mal.”- su respiración se acompasó.- “Fui al supermercado y… compré un pavo para horneártelo, pero… una señora lo cogió antes, yo le dije que… yo había visto primero al ave. La mujer me insultó… y yo me enojé, así que… le respondí y… le quité el pavo, se me abalanzó y me trató de ahorcar. Luego, viniendo para acá… alguien me arranchó la bolsa y…”
– “Ya no sigas.”- interrumpió el de ojos miel volviéndola a abrazar.-” Todo está bien ahora. Yo estoy aquí contigo y nada te pasará.”
-“Lo siento.”- se disculpó la esmeralda acongojada.- “En verdad quería prepararte ese pavo al horno.”
– “Cariño.”- dijo el ambarino separándola suavemente y dándole un tierno beso en los labios.- “En esta fecha, lo más importante no es comer del banquete más delicioso o recibir el regalo más caro. Navidad es sinónimo de compartir; estar todos juntos con tus seres queridos. En mi caso, contigo. Así que no te preocupes si hoy no degustamos un gran pavo al horno, sino de pasarla en armonía.”- Se escuchó un glugluteo cercano. La pareja volteó hacia donde provenía el ruido. La ojiverde dio un suspiro, mientras que el ambarino miraba sorprendido al enorme pavo, echado a unos cuantos centímetros de ellos.- “¿Y eso?”- preguntó asombrado.- “¿De dónde salió?”
– “Lo gané a través de la radio.” – sólo dijo la de cabello castaño señalando al animal.- “Los payasos esos de la emisora me lo mandaron vivo y yo no tuve corazón para acabar con su vida.”
– “Wow.”- pronunció el de cabellos chocolates.- “Eso sí que es extraño. Oye, eso quiere decir que, tal vez, sí podamos cenar pavo al horno esta noche.”
– “Oh no. Ni lo pienses.”- replicó la muchacha.- “No tocarás a Yui.”
– “¿Yui?”- preguntó extrañado Shaoran.- “¿Le pusiste nombre al pavo?”
– “Sí, ¿hay algún problema con eso?” – protestó la chica Kinomoto.- “Y ojo: NO NOS LO COMEREMOS.”
El muchacho dio un bufido de exasperación. Ni modo, no podía contradecir a su novia. Por lo menos no antes de Navidad y tampoco después de haberle dado ese discurso sobre el significado de la misma. Él y su bocota. Tal vez si hubiera visto al pavo antes, mejor no hubiera dicho nada.
Sakura sonrió ampliamente. Al menos, no todo resultó ser un desastre. Debía admitir que habían pasado cosas que jamás se imaginó para estas fechas. Sin embargo, también sucedieron otras que si valían la pena evocar como recuerdos gratos de la primera navidad en compañía de su novio.
FIN