Final del primer concurso de Fics

Estoy ¡¡FELIZ!! Contenta con la repercusión, con las historias que me toco leer, con el compromiso que le pusieron y el esfuerzo que se notaba detras de cada una de las historias. Gracias a todas las que se tomaron el tiempo de escribir, de pensar en una historia para participar.

Como hubo tan lindas historias, todas las que quedaron en el segundo puesto, con el mismo puntaje, tambien estan publicadas, asi que felicitaciones a ellas tambien !

Espero sus comentarios a ver que les parecieron las historias, y obviamente, cual les gustó mas!!

Las historias las pueden encontrar aquí: http://www.stillforyourlove.com.ar/fan-fics/1er-concurso-de-fics/

Gracias por participar y pronto, estaremos preparando el segundo concurso !!! ¿Ideas, sugerencias? Se aceptan !!

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¡¡Gracias por participar!!

Bottle

DISCLAIMER: Card Captor Sakura y sus personajes no me pertenecen, son del grupo CLAMP. Esta historia fue creada con fines recreativos y sin ánimo de lucro.

Nick: darkmaho
Resumen: Esta pequeña botella nos conecta, algo dentro de ella que brilla como si estuviera vivo me trae este profundo sentimiento de nostalgia. ¿Eres tu la respuesta a todas mis preguntas?
Genero: Romance, Fantasía.

Frente a las puertas del hospital de aquel pueblo olvidado en un rincón del planeta, una mujer de extraños ojos claros miraba intrigada al recién llegado médico rural que venía a reemplazar al que se fue la semana pasada. Algo dentro de su pecho se movió al reconocer aquel semblante. Una persona definitivamente especial, a la que jamás podría olvidar.
Mientras tanto, esa noche, cuando el doctor Syaoran Li ingresó al cuarto de descanso, abrió su casillero y encontró adentro una pequeña botella. Miró a su alrededor confundido, y sacó la pequeña garrafa que llevaba un rótulo que rezaba su nombre, aún más atónito la agitó y la volteó, y de la boca salió una pequeña estrella de cristal transparente que tenía atada en una de sus puntas una diminuta nota escrita en un rollo de papel raído. Antes de leerla siquiera, le llegó el olor salino que recordaba de aquellas playas, mezclado con una fragancia misteriosa a mujer que para su consternación no le era desconocida. Era el aroma que inundaba sus sueños desde que decidió no volver a pisar aquel lugar. Resopló sintiéndose ridículo, y bajó sus ojos al trozo de papel para terminar de una vez con un asunto que tachaba de estúpido. Sin embargo, La caligrafía grácil y antigua como el tiempo logró despertar la curiosidad de aquel médico. Y cuando procesó lo que había en escrito allí quedó aún más pasmado.
“Estaré por siempre atada a tu amor”
¿Quién se habría molestado en escribir eso?, estaba realmente intrigado, Misteriosa frase, tenía que averiguar de qué trataba aquel asunto. ¿Por qué estaba extrañamente feliz?, era una nota peligrosa, llena de amor, una cosa que no estaba dispuesto a probar, pero que aun así sonaba exquisita resumiendo en el lenguaje de un amante un significado más grande que el mundo entero. E iba dirigida a él, Syaoran Li, que no había tenido una novia en toda su vida, él que siempre se había mantenido bajo perfil como un joven enclaustrado y antisocial.
Una extraña y contradictoria felicidad se anidaba en su pecho conforme leía y releía la carta, las manos le comenzaban a sudar, y las mejillas se calentaban con un desconocido rubor. El corazón le palpitó con fuerza, y cerró con su casillero con algo de brusquedad luego de colocarse la bata, para ir preguntando frenéticamente a todos los enfermeros de su servicio, quien había traído la botella, pero nadie parecía tener idea del lugar de su procedencia, y mucho menos quien la había traído. Supusieron que había sido una clase de broma por parte del servicio que andaba de turno en el día, pero al llegar la mañana, ellos tampoco tenían idea de donde había salido aquel elemento.
Ese era definitivamente el asunto más extraño que le había ocurrido, pero como estaba muy ocupado, decidió no tomarle mucha importancia. Sin embargo, su corazón tronó ésta vez medio feliz, medio alarmado cuando a la noche siguiente encontró otra nota en las mismas condiciones que la anterior. Abrió el envase y lo volteó, pero al desocupar la botella, la nota y su estrella no venían solas, junto a ellas había algunas joyas ovoides de translucido blanco opalescente, ¿perlas tal vez?, las guardó cuidadosamente en el envase y se dispuso a leer la nota.
“Cada vez que me miras no puedo evitar suspirar por cada beso que no te he dado”

La caligrafía de la primera frase parecía segura, dada con los trazos sensuales que solo una amante experta le podría enviar a su amado. Y no pudo evitar ruborizarse ante el atrevimiento implícito en lo que decía allí, llevando una y otra vez a su mente la certeza que era alguien que había visto muchas veces. Tragó algo del nudo que había en su garganta, tranquilizándose al sospechar fuertemente que se trataba de una broma, así que para poder digerir lo que veía, tomó un suspiro y se preparó para leer algo inclusive más osado, pero quedó de piedra al descubrir que  la letra cambió con la siguiente frase, pareciendo tachada una y otra vez, aunque aún podía leer las palabras.
“Vuelve, no me olvides, te necesito. Vuelve. Sólo vuelve.”
La frase sonaba triste, desesperada, con esto definitivamente la broma parecía salirse de concepto, tomando un matiz un poco más oculto. ¿Quién era esa mujer que lo buscaba con tal desasosiego?, pasó los dedos por el mensaje, mientras sus ojos se dirigían a la última frase que había escrito. Esta vez el papel estaba borroneado, como si su autora hubiera llorado cuando lo escribía.
“Recuerda el faro, por favor, recuérdame”
Soltó la nota de inmediato, y se pasó las manos agitadamente por el cabello, revolviéndolo más que de costumbre. No había pacientes esa noche y la nota estaba perturbándolo más de lo esperado, cuando algo borrosas, miles de imágenes de un faro antiguo acudían a su mente. Dio un suspiró y avisó a la enfermera jefe que iba a salir a fumar un cigarrillo.
No se fijó a qué hora se alejó de las puertas del hospital, sólo sabía que estaba caminando justo al pie de la playa, temblando un poco ante la brisa salina de esa noche fría, y por eso, le llamó la atención la figura de una mujer que vio unos metros adelante, vestida con un bikini y un pareo blanco que terminaba en un montón de cuentas que se movían con el viento. Decidió aproximarse sin ser notado, y por eso botó el cigarrillo apenas recién encendido en la playa y lo pisó para que el agua se lo llevara sin dejar rastro alguno, luego, se acercó despacio y lentamente a ella que miraba ensimismada al mar, botándole piedras mientras tarareaba una canción de letra desconocida para él. Sin darse cuenta, pisó una concha que crujió debajo de su zapato, alertándola de su presencia. Ella por su parte casi al instante se volteó algo sobresaltada, pero al verlo, le sonrió amistosamente con algo de alivio, haciendo que dentro de él naciera un sentimiento de familiaridad y comodidad desconcertantes.
  • Te he esperado por mucho tiempo, ¿Por qué no me contestabas? – le replicó con una voz suave y cantarina. A él se le atragantó un suspiro cuando ella se acercó aún más y lo miró, etérea, con sus ojos de jade que simulaban el mar del lugar donde vivía.
  • ¿Eres tú la que ha estado dejando esas notas en mi casillero? – ella sonrió ante esa pregunta, pareciendo la cosa más delicada y hermosa que había visto en su vida.
  • Sí. Gracias por venir. Te he esperado por muchos años.
Aquellas palabras dichas con cruda sinceridad, junto al abrazo que le ofreció algo temblorosa, lo terminaron de desarmar, al tiempo que  le hicieron comerse una a una las palabras de la respuesta caustica que había preparado para contraatacar lo que él pensaba era una broma de mal gusto.
  • ¿Tu nombre? – terminó preguntándole en vez de eso.
  • Sakura – y con la sonrisa que le dirigió todo pareció encajar a la perfección en el mundo de ambos.
Pasó medio año, en el que las visitas se hicieron más frecuentes, las conversaciones más confidentes, y los gestos amorosos más y más abundantes, hasta que se rumoraba en el pueblo, la posibilidad de un matrimonio cercano. Sin embargo, se acercaba ominosamente la fecha de partida de él, y ella se moría día a día de la angustia, porque en su corazón presentía que él se iría de nuevo. Esta vez definitivamente, si ella no hacía nada para retenerlo. Finalmente la última semana de su estancia llegó, y en una noche fresca en la que paseaban por la playa tomados de la mano, ella se recargó contra su hombro y suspiró entrecortadamente cuando unas lágrimas traidoras escaparon de sus ojos cayendo en la camisa de él.
  • No llores – le dijo algo asustado, limpiándolas de inmediato – sabes que no soporto verte llorar.
  • Entonces quédate conmigo –  dijo tomando de una vez por todas todo el valor que había acumulado por semanas enteras.
  • No digas eso, sabes que no puedo – le respondió casi inmediatamente, alejándola de inmediato, porque sabía muy bien que por su bien o tal vez su deseo egoísta de salir adelante, al acabar su rural, volvería a la ciudad sin siquiera mirar atrás.
  • ¿No puedes? – preguntó ella a su vez con la voz quebrada, mirándolo con intensidad.
“¿O más bien no quieres…?”
Se llenó de pánico al pensar en la frase suelta que quedó tras lo que ella dijo con voz dolida. Más aun cuando ella desapareció detrás de una roca corroborándole lo egoísta que había sido al pensar en si mismo como una unidad, cuando desde hacía tiempo, casi desde que la conoció, la única unidad que existía era ese tácito pero solido “nosotros”.
  • No yo… – trató desesperadamente de enmendar lo que había dicho, pero quedó de piedra al descubrir que ni siquiera sabía cuál era el orden que quería para sí mismo, antes de estar con ella.
  • ¿Sabes qué? Déjalo, no vale la pena.
Un sollozo suave se escuchó al otro lado de la roca, y oyó sus pasos alejándose frenéticamente. Sin embargo, esa sola frase lo dejó pasmado, clavado en ese lugar, con la mente confundida y desesperada por encontrar respuestas. Se pasó las manos una y otra vez por su cabello, alborotándolo más de la cuenta, hasta que algo hizo clic en su cerebro y una pieza perdida del rompecabezas encajó súbitamente al recordar una de las frases que ella le escribió en la botella.
“Vuelve, Sólo vuelve”
¿Por qué diablos no había querido volver a pisar esas playas?, una imagen de ella como niña, entró inmediatamente en su cabeza, una pequeña que nunca salía del mar y que cada vez que entraba en él lo empujaba a él consigo a hacer exploraciones que duraban horas. Dos colas de peces, multicolores y opalescentes, también hicieron su aparición, como una alarmante bandera roja. Nada de lo que estaba pasando por su cerebro parecía tener lógica o sentido, y sin embargo para él, esos trozos de recuerdos algo locos, parecían ser la explicación a muchos de sus problemas.
Se devolvió a su apartamento y buscó frenéticamente ese cobre que su madre le entregó el día anterior a su partida. Jamás se había molestado en abrirlo, nunca le pareció importante, hasta ese momento, donde una fuerza primitiva lo llamaba desesperadamente a buscar un recuerdo enterrado, de un pasado perfectamente olvidado que explicaba el encajamiento de las piezas que construían su mundo en ese momento. Recordaba que tras uno de los paseos con ella, despertó en una clínica atado a un ventilador que le daba aire a través de un tubo metido en sus pulmones, y que tras ese trauma había olvidado todo lo concerniente a Sakura y no había querido saber nada acerca de los hechos que lo llevaron a eso, y era por esa razón sencilla que nunca había vuelto a pisar una playa, ni había mostrado interés alguno en saber por qué su madre se consumió tan rápido después de no volver a aquellas playas.
  • No es verdad, no puede ser verdad, los cuentos como ese no existen, son fantasías – y aún así seguía buscando desesperadamente, algo que pudiera ser tangible y comprobara a sus ojos, la única e irreal verdad que explicaba el caos en el que andaba metido desde su niñez.
Sin embargo, cuando abrió la caja, un montón de estrellas de cristal se regaron en sus manos, las mismas que Sakura le enviaba, las mismas que parecían brillar desde adentro con luz propia. De alguna manera espeluznante y emocionante, todo estaba cobrando sentido. Su juventud solitaria, su falta de atracción a otras mujeres. Todo, absolutamente todo se resumía en el conocimiento de la existencia de ella. Y lo que era más importante, el deseo loco de quedarse a su lado, de compartir la vida con ella. “Porque desde el inicio de todo estábamos destinados”. El recuerdo de la voz de ella justo antes que él se fuera de ese lugar siendo aún niños, lo sacudió por completo. “Mía…” pensó frenéticamente una y otra vez, “siempre mía” escuchó su propia voz infantil en el proceso, tan espeluznantemente cercana, tan correcta que se mareó primero con horror al recordar donde y con qué cuerpo fueron dichas esas palabras, luego con pánico al descubrir que él no era un ser normal, y al final con alivio al pensar que ella tampoco lo era. Ambos habían estado nadando esa tarde y ella le había entregado un montón de esas estrellas después de darle un millar de besos de amante en las mejillas y en los labios. Luego algo tímida se había acurrucado en su pecho, enlazando su cola de pez con la de él en un gesto tan íntimo y antiguo como el mismo mundo. Era una sirena. Y por descontado, él era un tritón y en sus venas también corría esa misma sangre, porque su madre también era una de esas criaturas esquivas y maravillosas. Salió precipitadamente de su apartamento, hacia el único lugar donde sabía que podía encontrarla. El corazón le tronaba en los oídos, latiendo ruidosa y desacompasadamente ante semejante revelación. La encontró sentada, con la mitad inferior de su cuerpo inmersa en el agua, mientras miraba al horizonte con una expresión solitaria.
  • Decidiste venir, ¿para qué lo has hecho?, ya dejaste claro que no quieres tener ninguna relación conmigo, que mi existencia pudo ser borrada fácilmente de tu vida. ¿Por qué no me dejas en paz?, no volveré a buscarte, lo juro, pero por favor, vete, no me atormentes.
Su voz sonaba quebrada, como si de verdad hubiera estado llorando desde que dejaron de hablar hace ya seis horas. Se acercó un poco más antes de descubrir que el suelo estaba lleno de aquellas joyas opalescentes que acompañaron la segunda nota que envió, aquella que lo condujo a ella días atrás. Se agachó para quedar a su altura, cortándosele la respiración al instante cuando la luz del  faro la iluminó, y con pasmada fascinación, vio que no tenía piernas, la mitad inferior de su cuerpo terminaba en una iridiscente cola de pez que brillaba imponentemente sobre la roca en la que estaba sentada. El viento le agitaba los cabellos, y la piel le brillaba como si tuviera un montón de piedras preciosas incrustadas en ella. En su embeleso notó que brillaban de la misma forma que las estrellas de cristal que le había enviado con cada una de sus notas. Las mismas que estaban guardadas celosamente por su madre en la caja de recuerdos recién destapada.
  • Tu… ¿De verdad existes? – ante la pregunta idiota ella levantó sus cejas y lo miró con evidente incomodidad mientras agitaba su cola sobre el agua.
  • ¿Qué crees? – preguntó caustica.
  • Lo siento, a veces estoy un poco lento. Yo… oye, de verdad lo siento mucho, fui un bruto insensible.
  • Ya… – ella soltó una risa suave y se enjugó las lágrimas que se convirtieron al instante en más de esas perlas opalescentes – ¿a qué se debe tu presencia en este lugar?
  • Te debo una disculpa, y además, yo… necesito decirte que… que sin saber, yo también te he extrañado todos estos años.
  • ¿Qué…? – preguntó con voz quebrada cuando él se quitó el pantalón y se sentó a su lado.
  • Que me hiciste falta – y sin más hundió sus piernas en el agua salina que al instante las convirtió en una cola de pez similar a la de ella, tensándose un poco al saber que no podía echarse atrás ante la evidencia ahora si confirmada.
Ella lo miró al principio pasmada, con los ojos rojos e inflamados y el rostro ligeramente ruborizado, y luego, su sonrisa tenue le dijo a él que estaba perdonado, y por eso se relajó un poco. Entonces ella con un suave suspiro, alargó el brazo, tendiéndole la mano, en una seña para que se acercara, y él, hipnotizado se arrimó lentamente y se dejó abrazar por esa mujer que olía y se sentía como el mismísimo paraíso. Ella lloró un poco, llenándole el pecho de lágrimas que se convertían casi al instante en perlas, él sonrió y besó sus labios trémulos, abrazándola a su vez con fuerza.
  • Nunca te dejaré, a eso he venido. Ya no tengo miedo.
  • ¿Vivirás conmigo?
  • Si, para siempre.
Y así, ambos se hundieron en las aguas brillantes de aquel trozo de cielo donde se conocieron.

 

FIN

Heroe

Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor le pertenecen al grupo Clamp.

Nick: LadyMoon6
Resumen: Chiharu Mihara es una de las herederas de un importante imperio que construyó sus padres, pero ellos tenían otro plan: Desear el hijo varón que se hiciera cargo de todas las empresas y vieron en Jirou, el ex-enamorado de su hija, la oportunidad. Takashi Yamazaki se enteró de los planes de este y salió corriendo detrás de su mejor amiga de la infancia para salvarla. Las preguntas del millón es: ¿Podrá hacerlo? ¿Se convertirá en el héroe que ella necesita?
Genero: Drama/Romance


El tren recorría un largo trayecto hacia su destino. Muchas personas se movilizaban hacia sus lugares de trabajo, otros a la escuela y otros a la universidad, como mi caso. No es que no estuviese emocionada por ir, que si lo estaba, simplemente ya nada era igual desde lo que sucedió aquella vez. Parece mentira que el tiempo no vuela, ¿verdad?

 

Las cosas cambian, las personas también, y eso es lo que más duele. Dejar atrás todo, una infancia, una adolescencia y casi una juventud a causa de la gente, a quienes creías  honestas, que poseían valores, al final no lo fueron, y mintieron. Lo bueno es que yo me marche justo antes de que estallara la bomba. Y que bomba, ¡por Kami-sama!

 

—La tristeza de tus ojos siempre se verán reflejados, aunque digas lo contrario, Maia.

 

Alcé la mirada para ver a través de la ventana el hermoso paisaje que había, y no pude evitar sentir tristeza, melancolía. Nunca más volví a saber de ellos. Moví la cabeza en forma negativa, tratando de olvidar todo, incluida a mí misma. Pose mis ojos color miel sobre el cuaderno que llevaba y en todo el viaje, sólo logre escribir una línea. No frustrarse.

 

Por fin llegué a mi lugar de destino: la universidad de Tokyo. Suspiré resignada. No quería, pero debía, las obligaciones llaman. ¿Dije que estaba emocionada por ir? Bueno, seré sincera; si lo estaba, sin embargo, a medida que avanza en mi viaje, ese ánimo lo fui perdiendo. Los recuerdos matan muy lentamente.

 

Tan imponente como es ella, me abrí paso hasta llegar al aula que me correspondía para recibir mi clase.  No vi a nadie, abrí mi cuaderno y me perdí…

 

—No sabes nada, James. Absolutamente nada.

 

Él se dio medía vuelta para emprender su camino, pero antes de partir, dejó un susurro en el aire que no pasó desapercibido por mí: volveré. Por ti, volveré.

 

¿Cursi? ¿Anticuado? ¿Tonto? La verdad, no sé qué hago escribiendo, aunque reconozco, y por las circunstancias dadas, ese ha sido el único método que he tenido para desahogar mi dolor, mi ira y mi vacío. No tenía a nadie, ni siquiera a mis padres, que, por cosas de la vida, prefirieron creer en otra persona y no en su propia hija. Destroza el corazón.

 

Sumida en mi misma me encontraba y no me percate que el salón se iba llenando de a poco, y como es primer día, de seguro no habrá mucha actividad. Mejor para mí. O peor, dependiendo del caso. Y las horas pasaron muy silenciosamente. Ya casi al final del día y decidí faltar a clases de la última hora, no habría mucha gente y el profesor se pondría hablar de temas que para nada son interesantes, bueno, en lo que se refiere a mi persona.

 

Camine y camine, por un segundo quise ser libre: no pasado, no memorias. No podía. A cada paso que daba me sentía cada vez más sola, sin una persona con la cual compartir mis penas, mis pensamientos, abrir mi alma.

 

—El mundo es pequeño, ¿verdad Tomoyo?

 

—Así veo.

 

Esas voces, me resultaba un tanto familiar. No podía ser. Levante mi vista y me encontré con nada menos y con nada más que con Sakura Kinomoto y Tomoyo Daidouji. No sabía si alegrarme o irme corriendo para que no se burlaran de mi desgracia. Antes que tomara una decisión, ellas lo hicieron por mí. Me llevaron a un café que quedaba cerca de la universidad. Y la perturbación, aniquila.

 

No negaré en ningún momento que el ambiente estaba pesado, porque era, precisamente lo contrario. Me costaba pensar con claridad, tenía el miedo atorado en la garganta, y mi estómago hecho un nudo del estrés que me causaba ese momento incómodo. Intuía Yo sé, que ellas sabían, de algún modo u otro, lo que había pasado; yo no iba a sufrir una humillación, tenía mi dignidad y mi orgullo. Pequeños, pero los tenía.

 

Cuando me quise dar cuenta, estaba en la calle con las dos persiguiéndome. Había salido disparada del lugar, no deseaba hablar, no estaba en mi mente recordar aquello, porque me producía dolor y angustia. Mire hacia atrás, Sakura me estaba alcanzando, pues claro, ¿cómo no lo iba hacer quien fue la mejor deportista del instituto Seijo? Mi mente estaba perdida, la gente me gritaba, no entendía nada y cuando lo hice, todo estaba oscuro.

 

Desperté con un dolor de cabeza insoportable. Me fijé en lo poco que podía hacer, es que no estaba ni en mi departamento, ni en un hospital, entonces ¿dónde diablos me encontraba? Fuere el lugar que fuere, me sentía desprotegida, sola. Todos me habían dado la espalda por culpa de él, incluido mis padres, excepto mi abuela y ella es la única que me ha ayudado hasta ahora. Nunca dudó de mí, y eso me hacía sentir bien, pero no mejor.

 


De pronto me miras, te miro y suspiras. Yo cierro los ojos, tú apartas la vista, y ese beso que esperaba con ansias, simplemente quedó en el aire.

 

Sabía que James nunca sería mío, y sólo quedaríamos como lo que siempre fuimos: mejores amigos desde la infancia. Así es la vida y yo no podía hacer nada, no estaba en mis manos el control del destino.

 

El joven de ojos color gris cerró el libro con cuidado y se quedó observando la portada del mismo como si fuese lo mejor en ese momento. Alzó la vista al sentir que alguien lo estaba mirando profundamente, que no era otra persona que su amiga, Sakura. Cuando supo lo que estaba sucediendo con su mejor amiga de la infancia, utilizó todo los recursos para atrapar al desgraciado y revelar todo. Las cosas salieron a la mitad, la otra, ya se sabe el resultado.

 

—Está despierta. Por si quieres hablar con ella —le dijo Tomoyo. Él asintió con un movimiento de cabeza.

 


Sentí la mirada de alguien clavada en mí, aquella que me penetraba como queriendo saber lo que estaba pensando o sintiendo. Alcé la vista y la respiración se me cortó. Ahí estaba él, vestido con pantalón de tela y camisa con sus mangas recogidas. Se le veía tan guapo. No lo había visto desde que me fui a raíz de ese problema, pero no ha cambiado mucho, eso supongo. Nunca es bueno suponer. Lo que más extrañaba de él, eran sus mentiras, es muy conocido por inventarse cualquier cosa o tomar una, y modificarla a su gusto, agregando cosas que no son.

 

Sonreí ante el recuerdo. Pero también era una sonrisa irónica ante lo que estaba pasando. Nada es igual, ni tampoco se podrá regresar al tiempo para remediar las cosas. Hechas estaban, y nadie haría por cambiar eso. Lágrimas salen de mis ojos sin ser detenidas, sentí unos brazos fuertes rodearme. Era él que me abrazaba.

 

No podía creer lo que mis ojos veían, ni entender lo que mis oídos acababan de escuchar. Que yo había robado dinero de mis padres, que tenía planeado tomarme la corporación, dejándolos a ellos en la calle. ¡Era absurdo! Yo jamás haría algo así y trate de hacerles entender, pero le creían ciegamente en Jirou, como si él fuese un santo bajado del cielo y no lo era.

 

Y yo sabía lo que estaba planeando. Lo que quería. Lo que deseaba con esa ambición desmedida, y no le importaba nada. Era cierto, y yo no podía revertir las cosas. Esa misma noche, armé mi maleta, llamé a mi abuela y le explique lo sucedido; sus palabras quedaron grabadas en mi mente y en mi corazón:

 

“Sabía que ese chico no era bueno para ti, que planeaba algo malo y no me equivoque. Ven a donde mí, yo te ayudaré en lo que más pueda. Y sobre tus padres, no le digas nada ni con quien estarás. Ellos no entenderán razones. Lo ven como al hijo que nunca pudieron tener, el heredero del imperio Mihara. Bah, bober+ías querida niña, boberías.”

 

Esa noche, en silencio y sin decir nada a nadie, emprendí un viaje hacia la capital. Atrás quedó todo, mi familia, mis amigos, el amor. Jirou había ganado, y él debía sentirse victorioso de todo lo que hizo, porque me utilizó, de la peor manera, pero lo hizo. Y en el amor y en la guerra, todo se vale. Peor si de por medio hay un imperio, dinero, fortuna.

 

—Lo bueno de tener amigos como Eriol y Shaoran, ¿no? —su voz me hizo regresar del recuerdo.

 

—No entiendo, Takashi. Deberías estar…

 

—¿Y no lo estoy? ¿No estoy haciendo bien el papel de héroe, en donde debo rescatar a la princesa? —me miró profundamente con esos ojos color gris, hasta tuve miedo —Yo lo sabía todo. Supe lo de Jirou, lo que había hecho. Digamos que él también quiso estafar a Eriol, Shaoran y a Tomoyo. Pero no lo logró.

 

—Entonces, ¿por qué…?

 

—Porque tú fuiste una ingenua y tus padres aún más. Ellos y sus deseos de tener al varón de la casa, al heredero. Hice mis averiguaciones y me encontré con ciertas cosas que me provocó coraje. Salí como loco a buscarte. Tu abuela me ayudó, cabe decir.

 

Ahora entendía todo. Y hasta cierto punto tenía lógica. Me abracé más hacia él, buscaba seguridad y él me la estaba dando, en ese momento.

 

Seis meses después.

 

Héroe
No sé si soy un héroe,
Sólo sé que soy un hombre enamorado;
Por amor se hace cualquier cosa,
Por amor se mueve cielo y tierra.


No me llames héroe,
Nunca lo fui, nunca lo seré.
Sólo soy aquel muchacho que un día conociste,
Del cual te enamoraste perdidamente.


Seré tú ángel guardián,
Quieras o no, no es una elección,
Así lo determina la ley de la vida,
Ese es mi destino.


Tú eres la princesa y yo el ángel,
Tú eres la dama en apuros,
Yo soy el caballero que te rescatará;
Por eso no me llames héroe. No lo soy.


Te amo como no tienes idea,
El mar conspira con el cielo,
El ambiente se vuelve romántico,
Yo soy el pobre muchacho que se te declara.


Princesa mía: no me llames héroe,
Sólo dime que serás mía por siempre,
Como yo lo soy desde hace tiempo,
Sólo dime que estarás a lado, eternamente.


Takashi Yamazaki

 

PD: No seré tan buen escritor como tú, pero al menos hago el intento de decirte lo que siento y que espero que me des un sí. Te amo.

 

Lo leí una y otra vez. No podía creer lo que mis ojos estaban mirando. Takashi nunca fue conocido por tener un talento en la literatura, pero para alguien que dice ser no-escritor, lo hace bastante bien. Puede haber dos cosas, o lo copio de alguien, o lo mando hacer. Sonrío ante esas ideas. Quiero creer que él lo hizo. Me lo dejó antes de marcharse a Tomoeda arreglar algunos asuntos, y yo pase a vivir con Sakura y Tomoyo en el departamento de ellas. En realidad, es el departamento de solteras de las dos cuando los chicos están de viaje.

 

Dos semanas después de lo sucedido, me enteré que mi abuela se había comunicado con Tomoyo y Sakura para decirles donde estaba y que hacía; no estoy enojada con ella, pero al menos quise desprenderme de mi pasado, aunque al final no lo hubiese podido hacer. Regresaba para ver a Takashi, aunque sea con otra. ¿Masoquista? Si, un poquito.

 

Y ahora me encuentro aquí, en la entrega de premios de literatura juvenil. Ellos habían leído mi libro y me apoyaron para que lo publicara, aunque yo tenía mis dudas, no era tan buena escritora como decían ellos, pero bueno, había que soñar por una vez en la vida y arriesgarse. Lo hice.

 

Al final de la velada no gané un premio, pero si empecé hacerme reconocida, y me editor, que cabe decir que a Takashi no le cae muy bien, empezó hablar con otras editoriales y es posible que empiece a sacar otro libro. A veces es bueno escribir, desahoga mucho lo que uno lleva por dentro, a mí me sirvió.

 

—No me cae bien tu editor —me dijo mi novio. Qué bonito suena, ¿no?

 

—Takashi, él es gay. Y es un amor de persona.

 

Y dí por finalizado el asunto. Además, a mi editor lo conocí en un evento hace tiempo y fue él quien me ánimo a escribir. Cuando viajaba, enseguida mi cabeza se llenaba de imágenes y buscaba algo en donde plasmar la idea, no era bueno dejar pasar una oportunidad.

 

Lo que más contenta me tiene, es que llegó mi héroe y me salvo de una depresión en la cual había caído. Una de la cual pensé no saldría nunca. A mis padres no les guardo rencor, pero sí un profundo dolor y era mejor hacer mi vida y ellos la suya, hasta que se dé una oportunidad y podamos zanjar todo el asunto. Aunque nada volverá a ser igual.

 

James y yo nos fuimos a vivir a Grecia. Él descendía de padres griegos y a mí me fascina la mitología griega, era perfecto para cambiar de ambiente y respirar aire nuevo. Y no, no tuvimos un final feliz, porque ambos no creemos en esas cosas. Podría decirse que tuvimos un final aceptable para que sea nuestro punto de partida para nuestra vida de pareja.

 

Porque al final, todos tenemos un héroe se quiera o no.

 

The end

Una serie de eventos ¿Desafortunados?

OneShot inspirado en personajes del anime Card Captor Sakura de propiedad intelectual del grupo CLAMP.

Nick: Stefanny777.
Resumen: Sakura Kinomoto es una joven que no puede negarle ningún favor a su mejor amiga, Tomoyo, y debido a ello es que se meterá en una serie de eventos ¿desafortunados?. ¿Podrá librarse de ellos?
Género: Comedia.

-El mapa indica exactamente que el está justo aquí. No me pude haber perdido – dijo una Sakura Kinomoto, algo preocupada y cansada de tanto caminar, mirando el papel con garabatos que le había hecho su mejor amiga. Ya estaba empezando a oscurecer y el lugar a donde había ido a parar no le gustaba para nada.

 

La joven tenía un buen sentido de orientación y estas cosas nunca le habían pasado a lo largo de su corta vida. – Bueno, salvo la vez en que se extravió por perseguir un ave, cerca al faro de la playa a donde había ido con sus padres, pero vamos ¡tenía tan sólo 6 años! Y el pajarillo vaya que era muy lindo; además esa es otra historia.

 

El problema radicaba en que al parecer – sólo al parecer – se había extraviado, pero ¿cómo es que llegó a una situación como aquella? La respuesta es simple: TENÍA UN GRAVE COMPLEJO DEL USO DEL “NO”.  Y es que no podía negarse a hacerle favores a su mejor amiga, más aún cuando ésta ponía esa carita de cachorrito a medio morir. Ya conocía como era Tomoyo y porque sabía como era ella, se había propuesto no hacerle caso a todo lo que le proponía, sin embargo el método no estaba funcionando del todo bien.

 

Habiendo tantas agencias por correos, a Tomoyo no se le ocurrió mejor idea que mandarla a ella a entregar una caja sellada, con órdenes estrictas de no abrirla y con la indicaciones de que sólo se la diera – en sus manos – a un tal Shaoran Li. ¿Por qué no entregaba el paquete la propia Tomoyo? Sencillo: no podía, debía salir a una reunión de negocios de la empresa de su madre, Sonomi Daidouji.

 

Inicio del Flash Back.


-Recuérdalo bien, Sakura. Este paquete es muy importante, solamente lo puede abrir Shaoran Li y nadie más que él.- dijo la amatista con mucha seriedad.


-Sí lo sé, me lo llevas repitiendo como 30 veces, oye ¡no soy una niña! Y no estoy sorda – respondió la chica Kinomoto.


-Eso ya lo sé, pero eres demasiado despistada y no quiero que la caja no llegue a su dueño.- dijo sonriendo Daidouji.


-¡Yo NO soy despistada! Y ¿por qué, si esta caja es tan importante como dices, no la entregas personalmente tú?- protestó la ojiverde.


-¿Ah, no eres despistada? ¿Recuerdas la vez en que te quedaste dormida en el tren camino a Tokio y llegaste tarde a mi cumpleaños? ¿Y la vez que saliste apurada al trabajo y te olvidaste ponerte los zapatos? ¿Y que me dices de la vez en que olvidaste ir a…– preguntó Tomoyo, siendo interrumpida por su mejor amiga:


-Está bien, no sigas, ya entendí. Pero eso no quiere decir que sea despistada, lo que soy es algo distraída. Además no has respondido mi otra pregunta- dijo Sakura haciendo un puchero.
-Créeme, que si pudiera la entregaría yo, pero no puedo faltar a esa reunión. Ya sabes como es mi mamá y si no llegó, es capaz de no sólo desheredarme, sino también de estrangularme, cortarme en pedacitos y tirárselos a los tiburones.- le respondió la joven Daidouji.- Tú sabes, ella es muy apegada a las normas de “puntualidad y protocolo”.


A la castaña le salió una gotita en la nuca, estilo anime; definitivamente su amiga tenía una imaginación colosal y una excelente memoria, también.


Fin del Flash back.

 

El sólo acordarse de la conversación, hizo que le saliera una gotita en la nuca nuevamente. Esa Tomoyo era todo un caso.

 

El tiempo pasaba y el dichoso Li aún no llegaba. Ella se estaba impacientando, habían quedado a las 6:00 PM y ya iban a ser las 6:30 PM. Al parecer el amigo de Tomoyo era igual o peor de tardón que ella. Bueno, Sakura tenía que admitir que se demoró un poco duchándose y llegó a las 6:15 PM, pero vamos ¡fueron unos insignificantes 15 minutos! No era para matar a nadie por la espera, a menos que el tal Shaoran Li fuera un maniático de la puntualidad.

 

-Será mejor que llame a Tomoyo, parece que Li no vendrá. – dijo la castaña sacando su teléfono celular. – ¡Rayos! ¡Me quedé sin batería! – exclamó la ojiverde. Buscó con la mirada un teléfono público y ¡BINGO! Éste estaba al frente suyo. Sólo debía cruzar la calle y por fin se libraría del problemilla en el que se había metido.

 

-Bien, no hay ningún automóvil. Libertad ¡Allá voy! –dijo mirando a ambos lados de la calle. Puso un pie en el pavimento y justo cuando se disponía a ir a la otra acera: -¡Ahhhhhhhh! – gritó Sakura cuando un carro pasó rozándole el vestido y haciéndole botar el paquete que tenía en las manos debido al susto. Inmediatamente buscó con la vista la caja y dijo: -¡Genial! Esta intacta, o al menos eso creo. Espero que Tomoyo no haya puesto nada delicado o me asesinará si he roto algo.

 

Se paró de la pista, puesto que había caído de espaldas, y caminó hasta el paquete que estaba al otro lado de la calle. Buscó en su bolso unas cuantas monedas y las colocó en la rendija del teléfono. Miró su reloj de pulsera.- ¡Las 7:00 PM!- Su mejor amiga tenía que devolverle el favor y con creces.- Contesta, por favor.- dijo la castaña mirando las estrellas en el cielo ya oscurecido.

 

-Hola, soy Tomoyo Daidouji. Si estas escuchando este mensaje es por que no me encuentro disponible. Deja tu recado después de la señal y yo te devolveré la llamada en cuanto pueda.- se escuchó en la bocina antes del pitido.

 

-Aló, Tomoyo; soy Sakura. Si llamo es para decirte que me perdí, estoy cerca en la calle Hokkaido, por favor en cuanto escuches el mensaje ven a recogerme o juro que… ¡te mataré!, Hablo en serio, con muchísimo cariño: tu mejor amiga.- dijo la chica Kinomoto de forma irónica.

 

Bien, ahora sólo le quedaba esperar. Se sentó, en una banca cercana a la cabina de teléfono, con el paquete sobre sus piernas. Lo más seguro era que Tomoyo vendría a recogerla en cualquier momento; claro, si es que escuchaba el mensaje y si antes no le pasaba nada… malo. Miró a ambos lados de la calle de forma algo paranoica a ver si no venía nadie. El punto era que, cuando por fin entregue el dichoso encargo que le dio su mejor amiga, regresaría al departamento que había rentado y no volvería a salir de allí hasta el fin de sus días o cuando el agua y la comida de la despensa se terminen. De eso estaba segura; era obvio que estaba exagerando, pero no era para menos: estaba perdida, cansada y con un paquete que ni siquiera era de ella.

 

-¡Hey! ¡Quítate esas ideas de la mente, Sakura! NO te va a suceder nada.- se dijo a sí misma pero aún así dudando de sus palabras. En un lugar como aquel, cualquier cosa podía pasar.

 

En eso se escucharon varios pasos: eran unos hombres de una muy mala pinta, que no le daban buena espina para nada y que se estaban acercando poco a poco a ella. Sakura buscó apresuradamente en su bolso su roceador de pimienta; cuando lo encontró, lo cogió entre sus dedos – aún dentro de la cartera – y en caso de que los tipos se acercaran a ella de forma peligrosa, se los echaría y saldría corriendo lo más rápido posible.

 

-¿Estás perdida, lindura?- preguntó, con una sonrisita algo socarrona, uno de los desconocidos a la joven de ojos verdes.

 

Sakura se hizo como que no escuchó nada y miró a otro lado un poco nerviosa. Tenía el atomizador en su mano y al parecer si lo terminaría usando.

 

-¿Acaso estás sorda, muchacha?- preguntó nuevamente el sujeto con un brusco tono de voz. Se acercó de forma peligrosa a la joven y ésta le roció la pimienta en el rostro, saliendo apresuradamente.- ¡Mis ojos! ¡Me dejó ciego! ¡Atrápala!, ¡rápido antes de que se escape!

 

-¿A dónde crees que vas, preciosa?- dijo el otro hombre cogiendo, con mucha fuerza, a la joven de la cintura.

 

-¡Suélteme, o juro que no respondo!- exclamó la castaña con una mirada decidida. Y ahora ¿cómo iba a salir de este embrollo? ¿Por qué estas cosas sólo le pasaban a ella?, al parecer era un imán para los problemas y uno enorme. La culpa de todo la tenía ese Shaoran Li; si éste aparecía, juraba que le propinaba un puñete en el rostro y con muchísimo gusto.

 

OoºoOoºoO

 

Caminaba muy apurado calle abajo. No entendía como es que se había quedado dormido, aún sabiendo que tenía que ir a recoger el paquete que su amiga le iba a entregar. Él siempre era muy puntual en sus compromisos y citas, pero justo hoy se le ocurrió hacerse tarde. Sólo esperaba que la amiga que había mandado Tomoyo – ella misma le dijo por teléfono que no podía asistir – no se haya cansado de esperarlo o sino se metería en graves problemas.

 

-Son casi las 7:00 PM, de seguro ni siquiera ha llegado. Bien dicen: “Las mujeres siempre tardan mucho en asistir a compromisos y citas; con todo lo que se tienen que arreglar”.- dijo mirando su reloj. Y es que Shaoran era testigo de ello, sólo bastaba ver a su prima Meiling para afirmar lo dicho. Cómo mínimo, ésta se demoraba alrededor de una hora sólo bañándose y otra, arreglándose. Por eso no le gustaba salir con ella, ya sabía lo que le esperaba.

 

Siguió avanzando lo más deprisa que pudo y ya casi visualizaba el sitio: -¡Ayúdenme! ¡Auxilio!- se escuchó muy cerca de donde estaba. Corrió a donde se escuchaban los gritos y lo que vio lo dejó perplejo…

 

-Pero, ¡qué rayos!- exclamó el joven Li al ver la escena. Había dos hombres con pinta de ladrones y una muchachita allí, la cuál estaba ¡¿luchando con uno de los delincuentes?! Mientras el otro yacía desmayado sobre la banca. Caminó hacia la chica, la cogió de los hombros:-Oye, ¡detente! O lo vas a asesinar de tanto golpe.- le dijo el joven Li a Sakura, antes de que sea tirado al suelo por la misma.- ¡Alto, alto, alto!, yo note voy a hacer nada.- dijo extendiendo sus manos en símbolo de paz

 

La castaña se detuvo al escuchar lo dicho y le dijo muy furiosa: -¡No me vuelvas a poner un dedo encima!

 

-¡Auch! Lo siento, yo sólo quería ayudar. Te vi cuando forcejeabas con uno de los tipos y te iba a defender.- le respondió el chico de ojos ámbares levantándose del suelo.

 

-Soy cinturón negro en karate y no necesito que nadie me defienda.- dijo la ojiverde recogiendo su bolso y el paquete sellado de la acera, y disponiéndose a irse de allí.

 

Shaoran notó la caja que tenía la muchacha y le preguntó: -¡Hey! Espera. Oye, ¿tú eres la amiga de Tomoyo?

 

Sakura al inicio no le hizo caso y siguió caminando, pero cuando escuchó el nombre de su mejor amiga, volteó y le preguntó al aún desconocido: -¿Li, Shaoran?, ¿Es usted Li?

 

-Sí, mucho gust…- respondió apenas el ambarino, extendiendo la mano, antes de recibir el pequeño puño de la joven en su cara.- ¡Oye, por qué me golpea!- protestó el muchacho.

 

-Se lo tiene bien merecido. Llega una hora tarde de lo acordado; casi me atropella un coche, estuvieron a punto de hacerme no sé que cosas por esperarte. Estoy cansada, sucia; y tú sólo atinas a decir: “Mucho gusto”.- dijo la chica Kinomoto, con llamas en los ojos, al estilo de los dibujos animados.- Aquí está tu bendita caja, yo me largo de aquí.- respondió, tirándole el paquete al joven. La caja casi le da en el rostro; si no fuera porque la cogió a tiempo, ya se hubiera quedado sin ojo.

 

¡Vaya que la chica estaba muy molesta! Y tenía un puño de acero. Quien pensaría que con esa manita podría llegar a dislocarle la mandíbula a cualquiera. Él era fiel testigo de ello.

 

Caminó, con el paquete en los brazos, de regreso a casa. Al parecer la muchachita no mentía cuando dijo que se iba largar de allí, no había ni rastro de ella. Rogaba al cielo que no apareciera, porque si lo hacía, de seguro era para darle otro golpe. Bien dicen: “Una mujer furiosaza miedo”.

 

-Creo que me he perdido, ¿me puede ayudar a regresar al lugar donde vivo?- se escuchó que preguntó una voz melodiosa.

 

Shaoran volteó, pensando que tal vez era una chica linda que estaba necesitando ayuda, pero cuando giró no creía lo que estaba viendo. Si era una bella joven de ojos verdes que necesitaba de su ayuda; el problema era que, hace un rato, ésta casi le vuela la quijada de un golpe.

 

-¡¿Tú?!- exclamó el ambarino con una cara de pánico. Definitivamente le había agarrado fobia a la muchacha.

 

-Oye, lo siento. No quise pegarle tan duro, pero es que me agarró en mis 5 minutos de furia.- dijo la castaña extendiéndole la mano.- Y me llamo Sakura Kinomoto, por cierto.

 

Él era conocido en China, su tierra natal, por ser muy valiente y excelente en el kung fu; claro, siempre y cuando no sea con mujeres. Es que de donde venía eran muy tradicionalistas – eso incluía a su madre -, además desde pequeño le habían enseñado que: “A una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa”. Sólo que estaba empezando a dejar de considerar esa frase, puesto que habían mujeres que pegaban y muy duro. Extendió también su mano y saludo a la joven aún con desconfianza.

 

-No le pienso golpear de nuevo, si eso es lo que cree.- dijo la chica Kinomoto con una sonrisita graciosa.- Generalmente no suelo comportarme de esta manera con nadie, pero es que esos tipos me sacaron de quicio. Los pobres pensaban que no sabía defenderme, y es que con mi aspecto cualquiera dudaría.

 

-Y tienen toda la razón.- pensó el joven Li mirando a la muchacha incrédulamente. Con esa delgada figura, como de lady inglesa, cualquiera dudaría que supiera pelear al mismo estilo de Bruce Lee o Jackie Chan. Como diría su abuelita, que en paz descanse: “Cuídate de las aguas mansas, que de las bravas me cuido yo”.

 

-¡Hola!, ¿está aquí?, ¡despierte!- exclamó la ojiverde sacudiendo sus manos delante del rostro del muchacho.

 

-¿Eh?, ¿dijiste algo?- preguntó el ambarino despertando de sus cavilaciones. Miró nuevamente a la amiga de Tomoyo, no sé había dado cuenta de que era TAN linda y eso lo ponía nervioso.

 

-Usted es extraño.- respondió la chica Kinomoto observándolo de reojo. El no estaba NADA feo, hasta tenía bonito rostro, quitándole el moretón que su puño le había dejado. Se sonrojó hasta las orejas; esta vez se le había pasado la mano con el pobre.

 

A él le causó mucha gracia cuando ella se puso rojísima. Y reflexionó un refrán muy conocido: “El león no es tan fiero como lo pintan”, ¡vaya que tenía mucha razón!

 

-Tengo hambre, ¿conoce algún restaurante bueno por aquí?- preguntó la menuda joven.

 

Al inicio pensó que lo había dicho de broma, pero al ver que la chica hablaba en serio sólo atinó a decir: -Sí, hay uno a la vuelta de la esquina y déjeme decirle que la pasta que hacen allí es exquisita. Pero yo invito; en compensación por haberla dejado esperando tanto rato.

 

-Está bien, pero con la condición de que a la próxima yo pago.- dijo sonriendo dulcemente Sakura.

 

Shaoran se sorprendió, acaso ¿habría un nuevo encuentro?, miró nuevamente a la muchacha y dijo: -Por favor, trátame de tú. El “Usted” me hace sentir viejo y mire que tengo sólo 24 años.

 

-Bueno, pero te pido lo mismo. Dime sólo Sakura.- respondió la ojiverde.- Oye, por cierto, ¿Qué contenía la caja? Tomoyo no me quiso decir y la verdad ni sé porque. El joven se acercó lentamente a su oído y muy bajito le dijo: -La caja contenía…

 

FIN